
Fic TWC de Setsuka
Capítulo 7: Primer beso
—¿Cómo está todo con la tesis?
—Bien, padre—respondió escuetamente. La verdad era que no tenía ganas de estar en la casa de su familia por esa razón, sino para ver a sus hermanos y a su madre para pasar un buen momento en familia.
Su padre lo había llamado a su estudio para preguntarle cosas sobre su vida, como siempre hacía. No era que no quisiera contarle , pero a veces su padre llegaba a ser hostigante, demasiado corto de genio si había algo que no calzaba dentro de su esquema mental.
—¿Bill ha estado distrayéndote?—utilizó la típica voz demandante, seria y molesta.
—No, Bill jamás me distraería—mintió. Si lo distraía, pero no cuando tenía algo muy importante que hacer. Bill era una distracción por el hecho de existir, porque cada cosa que hacía llamaba a Tom, lo convertía o lo embobecía.
—No me agrada que Bill vaya a tu departamento ¿Lo sabes, verdad?
—Papá—suspiró.—Es mi hermano.
—Angelo y Mandy también lo son, pero no pasan yendo a tu departamento como si se tratara de un albergue.
—Bill no…
—No lo quiero más allá—lo cortó.
—No puedes prohibirlo—abrió desmesuradamente sus ojos.
—Tal vez…—pensó un poco.—deba buscarle un tutor.
—¡No! Yo estoy ayudándolo con las materias.
—Es demasiado consentido. Tu lo consientes demasiado; lo mal acostumbras. Bill necesita reglas duras, sino no va a cambiar. No quiero a un vago como hijo.
—No lo será; yo lo apoyaré.
—Algún día te casarás y no podrás cuidarlo. Algún día tu madre y yo estaremos demasiado mayores para seguir sus pasos, para darle el confort que tiene.
Tom arrugó la nariz ante la primera afirmación, pero ante lo otro sonrió imperceptiblemente.— Verdaderamente te importa.
—¡Claro que me importa! Le he pagado el mejor colegio de la zona. Les he pagado a todos ustedes la mejor educación, pero el único que no parece valorarlo realmente es Bill.
—Bill necesita algo más que eso—contrajo los puños, mirando seriamente a su padre.
Bill necesitaba cariño, atención, más que los mejores colegios, la mejor ropa y esas cosas que sólo eran eso, cosas. Jorg jamás le dio cariño a Bill, suponiendo que cubriendo todas sus necesidades financieras podría mantenerlo tranquilo. Pero Bill no era una máquina traga monedas, sino un humano que requería de una palabra de apoyo, de ser escuchado atentamente. Su padre no lo entendía, sólo Simone y Mandy, pero su madre trabajaba y Mandy era una adolescente que debía concentrarse en su propia vida. Tom también tenía su propia vida, pero gran parte de ella era Bill, por eso no podía descuidarlo. Además de decir que ambos se hacían bien mutuamente.
—Tom—su padre habló serenamente.—Bill no merece tu cariño.
Tom quería llorar. Jamás podría entender como trabajaba la mente de su padre, como era capaz de decir esas cosas sin siquiera arrugarse. Negó con la cabeza, abandonando la habitación a paso apresurado.
Ya en el pasillo se chocó directamente con el menor de los hermanos.
—¡Tomi!—lo abrazó cariñosamente, depositando un beso en su mejilla.—No sabía que ya habías llegado.
—Aum…estaba hablando con papá en el estudio.
—Oh, ok—guardó silencio por un segundo. Se imaginaba que no había sido una experiencia muy agradable para el mayor, puesto que su cara aún tenía un rastro de amargura, como cuando se enfrentaba a él.
—Y…¿Cómo estás? ¿Todo bien?
—Siiii—sonrió.— Sólo que cinco días sin verte es malo—se quejó.
—Bill, no han sido ni dos días.
—Jajajaja, buen punto—sacó su lengua juguetonamente, mostrando su piercing.
Tom tuvo que apartar su vista. Rodó los ojos ante lo bobo de Bill en ocasiones.
—Entonces… que hay algo bueno para comer. La comida rápida me está matando.
—¡Pizza fría sobre la mesa!—rió y salió corriendo.
&
En la mesa, Bill miraba atentamente a Tom. Tom hablaba con sus familiares, ignorante del escrutinio del que era objeto. Bill se preguntaba por qué tenía tanta suerte de tener al de rastas como su hermano. El mayor era atento, ligero de genio, alegre, entusiasta, inteligente…atractivo. Tom era el chico perfecto, al igual que Angelo, con la diferencia que el segundo de los hermanos no era tan atractivo. Quizá y hasta era guapo, pero tenía actitudes feas que lo convertían en un ser aborrecible.
Suspiró. Se preguntaba si algún día encontraría a una chica así. Tom era todo lo que quería en una mujer, sólo que nunca lo había encontrado, porque estaba seguro que el único que poseía esos atributos en el mundo entero era Tom, y este era alguien ocupado, hombre y su hermano.
Cuando por fin despertó de sus pensamiento, Angelo lo miraba con una ceja alzada. Bill trató de ignorar esa mirada acusadora. Él no hacía nada, sólo estaba observando a alguien que quería mucho. Ni idiota que estuviera observándolo a él, que no le inspiraba nada más que decepción. No era culpa de Bill, sino de Angelo, que jamás le dirigía la palabra, jamás pedía su opinión, jamás le dedicaba una sonrisa amistosa. Nada.
Desvió la mirada, volviéndola a enfocar en el mayor. Sonrió ampliamente cuando Tom le devolvió la mirada, entregándole una cálida sonrisa para luego volver a hablar con su madre.
Tom era el chico perfecto.
&
Tom contestó el teléfono, asombrado de observar en el visor que era su hermana.—¿Si?
—¡Hola,Tom!—saludó Mandy, con una voz animada, pero aún así poco propia de ella.
—¿Estás borracha?—quiso saber, utilizando su voz de preocupación.
—Aum…no…si. No, la verdad es que más o menos—largó una risa tonta.
—Debería ir a buscarte—sonó realmente serio.—Debe…
—No te llamé para eso—se quejó.
—Dime la dirección—exigió.
—¡Tom!—volvió a quejarse.—No te llamé para eso—pareció volverle la sobriedad.—Te llamé porque Bill está más destruido que yo. Acabo de verlo en la piscina y no parece nada bien.
—¿Qué?—abrió los ojos enormemente.
—Que Bill también está en la fiesta y parece que tomó más que algunos tragos.
—Dejaste que ughhh…
—Mira, me haría cargo de él, pero…—pensó un poco.—No puedo ni hacerme cargo de mi misma, así que…
—Demonios—susurró.—Quiero verte en la puerta cuando llegue.
—nuuuuuuhuuu—se oyó.— La mamá de una amiga vendrá a buscarme ¡Pijama party!—anunció, al mismo tiempo que al otro lado de la línea se escuchaba un enorme alarido.—Ahora tu misión es el borracho Bill—rió
Tom no entendía cómo Mandy dejó que Bill tomara siquiera dos vasos, cuando el menor de los hermanos era bien conocido por tener cero resistencia al alcohol. Todo el mundo debía saberlo, porque cada celebración familiar se veía cuando Bill sólo bebía un vaso de champan y se empezaba a hablar estupideces. O quizá solo él lo notaba.
El mayor pensó en regañar a su hermana, pero prefirió dejar el tema hasta allí ya que era tiempo preciado. No podría perdonarse si alguien se acercaba a Bill en su estado y empezaba a molestarlo, propasarse, toquetearlo o algo similar.
Pidió la dirección, rápidamente se vistió y salió lo más rápido posible.
&
Al llegar a la fiesta, Tom se detuvo un par de veces por algunas chicas que querían ganar su número o deseaban bailar con él. En otro momento probablemente no hubiera declinado por cordialidad, pero en ese instante tenía sólo un objetivo en su mente: su hermano.
Caminó con prisa cuando una chica afirmó conocerle. Aunque hubiera sido cierto, no tenía tiempo para perder en una charla que se imaginaba que sería larga. Lo más seguro era que no la recordara y lo más seguro era que la chica siguiera insistiendo hasta sacar una respuesta positiva, que finalmente tendría que haber inventado para dejarla feliz. Así funcionaba, no lo había olvidado.
No se dio ni tiempo para sonreírle a nadie, cosa que no era muy común de su persona.
Llegó al patio trasero donde Mandy le informó que el menor estaba. Rogaba que aún fuera así, que todo estuviera bien, que Bill sólo estuviera dormitando y que nadie se le hubiera acercado para tomar ventaja de su estado, de su inocencia que desde grandes distancias podía notarse.
A lo lejos divisó una figura inmóvil que estaba seguro que era Bill. Tenía que ser, por más decadente que se viera en medio de la nada. El lugar no se encontraba completamente vacío, habían algunas parejas en los alrededores, pendientes de toquetearse y besarse como si fuera la última oportunidad que tendrían en sus vidas.
—Bill—llamó, cuando ya le quedaban un par de pasos para llegar al pelinegro.
El menor se encontraba acostado en la orilla de la piscina, su brazo izquierdo descansaba sobre su estómago, mientras su brazo derecho estaba sumergido en la piscina. Se veía patético, pero dentro de tu pateticidad aún Tom podía ver su ternura. Era algo que Bill no perdía en ningún momento.
—¿Tomi?—llamó el menor. Su cara dentro de su estado se veía aún shockeada y Tom se preguntó si verdaderamente estaba tan borracho como Mandy había descrito.
—¿Te sientes bien? ¿Puedes caminar?
—Eres un espejismo—dijo en menor.—Veo cosas—volvió a cerrar los ojos. Sus pálidos labios se movían lentamente, como arrastrando las palabras.
O quizá Mandy tenía razón, pensó.
—Ok, vamos a casa—declaró, tomando en brazos al menor.
Bill era tan ligero que daba placer llegarlo en brazos. Era mucho más palpable de esta manera que cuando Bill se sentaba sobre él. Incluso podía decir que era más agradable que tenerlo encima.
No tomó demasiado para que llegaran al departamento. Tom había decidido llevarlo a su departamento para no crear conflictos con su padre. Si este se enteraba, iba a encargarse que definitivamente Bill perdiera todas las cosas que estaban a su alcance, incluyendo sus visitas frecuentes donde amigos o familiares.
Tom no podía imaginarse sin el pelinegro.
Lo llevó inmediatamente a su habitación. El aroma de Bill impregnaba el lugar. Hace un par de días el pelinegro había estado allí, no tanto en la habitación, pero el lugar estaba aún así, lleno del menor. Y era que paradójicamente al lugar que Bill llegara impregnaba de su energía, de todo de si, haciéndole recordar constantemente a Tom por qué se había enamorado tan profundamente de él.
Cuando lo depositó en la cama, Bill pareció despertar.—Hey—saludó, abriendo los ojos,acostumbrándose a la penumbra.
—Hey—saludó de vuelta Tom, observando esa hermosa mirada, esos ojos que a pesar de desenfocados lucían brillantes y dulces.
—¿Quién demonios prendió la luz?—se quejó. Sus palabras continuaban saliendo de su boca de manera torpe, prueba de su estado.
Tom rodó los ojos. Nunca había tenido que lidiar con un Bill así de borracho. Quizá y había tomado un poco más que un par de copas.
—Ok, hora de dormir. Mañana hablaremos de esto ¿De acuerdo?
—No me quieres—lloriqueó.
—No, no te quiero—volvió a rodar los ojos.— Y te querré mucho menos si no te duermes en este instante.
Tom quedó cuidando el sueño de Bill. Se quedó allí un par de minutos, simplemente viendo detenidamente la expresión dormida de Bill. No era una oportunidad que siempre tenía, de hecho la última vez que había tenido el placer de verla fue la última noche en su antigua casa, cuando Bill se quedó a dormir en su habitación.
De repente Bill se levantó un poco, abrazó del cuello a Tom, que estaba sentado en el borde de la cama. El de rastas pensó que soñaba cuando los labios de Bill chocaron contra los suyos, en un beso lánguido, confuso, pero aún así un beso. El pelinegro incluso se atrevió a introducir su lengua inexpertamente, sorprendiendo al mayor, que luego del asombro la recibió con gusto.
Tom sabía bien como besar. Era uno de los mejores besadores, según las chicas, así que a pesar de estar en medio de un beso extraño, puso todo de si para hacerlo valer. Tomó fuertemente la cintura de Bill, acercándolo más a su cuerpo, ya que el agarre de Bill a su cuello era flojo y profundizó el beso hasta que sintió que no había más lugar que recorrer en aquella húmeda cavidad.
Si bien Bill no respondió como debía, ya fuera porque se veía visiblemente adormecido o por su estado etílico, Tom disfrutó cada segundo de ese beso. Nunca en su vida podría sentirse más contento de lo que se sentía en ese minuto. Era la experiencias más extraña y al mismo tiempo más placentera que había experimentado a sus cortos veintidós años.
Cuando el beso finalizó, Tom trató de recuperar el aliento. Vio como Bill volvía a su posición original y se lamía sus labios sin abrir los ojos. De hecho en todo el beso Bill había estado con sus ojos cerrados, moviéndose como un sonámbulo, cosa que inquietó un poco a Tom.
Después de eso no había nada que decir. Tom salió de la habitación preguntándose si Bill recordaría el día siguiente, si estaba tan borracho como Mandy y él imaginaron.
No se arrepentía de nada, pero sabía que existirían consecuencias.
&
A la mañana siguiente, Tom se dirigió al living. Bill ya estaba sentado viendo televisión. Tom no pudo evitar golpearse internamente por no haberse levantado más temprano para evitar todo contacto hasta que pudiera reunir el valor suficiente para enfrentarlo.
Definitivamente necesitaba al menos un día para ganar personalidad o hacer como si nada hubiera sucedido.
—Ughhh—escuchó que el menor se quejaba.
No podía ignorar aquellos quejidos, así que retrocedió, quedando enfrente del menor, tapando la vista a la televisión.
—¿Estás bien?—preguntó.
—Me duele la cabeza—se quejó.
Al menos la ventana estaba opuesta al televisor, pensó Tom. Los rayos entraban con fuerza desde el ventanal atrás del menor, casi cegándolo, casi impidiéndole verlo.
—Iré por una pastilla.
—Gracias. Y de vuelta asegúrate de cerrar la cortina.
Tom asintió, desapareciendo enseguida. Volvió un minuto después con una pastilla y un poco de agua. Se la entregó, cerró la cortina y se sentó a su lado.
—Sabes que debería estar molesto contigo…
—Lo sé…Ughh—tomó su cabeza con ambas manos.—Lo siento— se disculpó.—Pensé que era jugo—soltó una risilla traviesa que aligeró los ánimos.
Tom sintió un gran alivio. Todo esa molestia en los hombros, esa expresión apretada en su rostro se calmó.
Comenzó a reír con el menor.—Mentiroso.
—Eso también lo sé—continuó riendo. De pronto esa expresión risueña cambió por una seria.—Gracias.
—¿Uh?
—Por anoche—miró hacia la televisión.
Lo primero que llegó a la mente de Tom fue el beso. Su cara se palideció a tiempo que se desfiguraba.
—Gracias por haberme traído aquí. Sé que papá me hubiera matado al verme en ese estado.
Tom pareció botar todo el aire contenido en un largo suspiro.—Ok…aum…está bien…
No sabía si sentía decepción o alivio. Era idiota que no quisiera que Bill supiera lo del beso al mismo tiempo que si. No tenía sentido querer y no querer ¿Cómo se podía? Quizá quería que supiera, pero no se molestara. Eso era.
—Anoche no estaba borracho—soltó de repente.—Sólo medio atontado, cansado, adormecido.
Tom se congeló. Sabía perfectamente lo que venía a continuación. Conocía como Bill procedía cuando quería decir algo más complejo, algo que tenía muy guardado. No por nada era su hermano que lo cuidaba la mayoría del tiempo, que conocía todas sus trampillas, defectos y virtudes.
—Lo que significa que sí se lo que pasó anoche—rió un poco.
Aunque no fuera su iniciativa se sentía culpable, desesperado y atrapado. Se preguntaba si Bill lo molestaría para siempre o si lo molestaría hoy y algún día lo olvidaría.
Iba a ser una agonía si la persona que más amaba en el mundo se mofaba despiadadamente de él.
—Gracias—continuó el menor.—Pensé que me alejarías.
¿Era correcto decir de nada? No, no era correcto. La situación era lo suficientemente bizarra para que el continuara la payasada.
—Ahora estoy súper despierto—miró a Tom con una mirada especial, esa mirada que Tom vio el día que Bill quería ser su gatito.
Tom lo único que podía hacer era abrir la boca como un pez. No tenía palabras para responder a nada de lo que el pelinegro le decía.
—Quiero mi beso de buenos días.
—¿Qué?
Bill había olvidado ya su dolor de cabeza, moviéndose como un verdadero felino hasta llegar a un lado de Tom, tan cerca que el mayor podía respirar el aroma del cabello del otro.
—Beso—repitió.
Tom quería morir de un paro cardiaco. Mil veces se habían dado besos cariñosos en la cara, donde el pelinegro ponía su expresión tierna, juguetona. Pero esta vez era algo muy distinto y Tom podía leerlo en las facciones del otro, en su mirada llena de algo más que el cariño fraternal que siempre había demostrado profesarle. Algo oculto, místico, distinto existía esa lagunas de perdición.
—Ayer no parecías tan tímido—frunció sus labios, que Tom miró nerviosamente.
—Yo…
Bill alzó una ceja.—Es un juego—rió malévolamente.
—No se supone que debemos…—Bill lo cortó, besando sus labios. Lo besó cortamente y se alejó.
—Muy corto—ladeó su cabeza, mirando directamente a los ojos del mayor,entregándole esas dulces sonrisas que lo caracterizaba.
—¡Bill!—saltó del sofá, escandalizado. No era que no quisiera, pero el otro lo había pillado sin armas.
—No es nada serio. Ughh…¡Tom!—se cruzó de brazos, sin alejarse del otro.
Continuaron en silencio por un rato. Tom no sabía como actuar. Podía sentir lo cálido de los labios de Bill aún presente en los suyos, como si siguieran allí.
No podía ponerse más raro que esto, pensó. Miró los ojos de Bill que miraban hacia un punto imaginario en el piso, su rostro que seguía cerca, sus labios brillaban. Seguro se los había lamido recientemente e invitaban a explorarlos igual que la noche anterior, pero esta vez estaba convencido que sería mejor.
No supo como sucedió, pero sus labios estaban sobre los de Bill, al igual que su cuerpo. Todo su peso sobre el menor, cuidando de no dañarlo. Besó sus labios con más pasión que el día anterior, sintiendo que la respuesta era mucho mejor. Bill respondía con entusiasmo, frotando su lengua enérgicamente sobre la de Tom, imitando los expertos movimientos del otro, dejándose hacer en ocasiones, rindiéndose ante la maestría del mayor.
Tom pensó estar en el cielo. Lo mejor era saber que Bill quería ese beso tanto como él. Podía notar la fogosidad de la acción tanto de su parte como la del otro.
A pesar de la falta de aire, Bill continuaba inmerso en ese perfecto beso. Estaba consciente de su desesperación, pero era que jamás en su vida había recibido un beso tan bueno.
No estaba equivocado, Tom era perfecto…
Continúa…
¡Qué descaro! Dos besos en un mismo capítulo Lmaoo
Gracias por la visita.
Mmmm sabroso 🤤🤍
Q capítulo ufff