
Fic TWC de Setsuka
Capítulo 8: Perdición (P.1)
Bill suspiró largamente. El y Andreas estaban sentados en las terrazas de un café, bebiendo.
—Debimos invitar a los chicos—se quejó Andreas.— Estás en otra.
El pelinegro no prestó atención, dio un sorbo a su café, volviendo a suspirar.
—Ok, haber, ese no eres tú,¿que pasó?—alzó la ceja.—Esos son suspiros de quinceañera.
—Umm…
—¿Pasó algo en la fiesta? Una chica—trató de adivinar.—Una maldita chica y un beso fogoso,¿uh?.
Bill asintió, tocándose los labios. La misma mañana, al despertar, había vuelto a besar a Tom y ahora las cosas habían parecido menos incómodas, más naturales, como si se tratara de un acto al que estaban acostumbrados a realizar en conjunto. Parecía como un pacto silencioso, porque un poco más tarde, Tom salió del departamento ofreciéndose a llevarlo al colegio, como si nada hubiera sucedido.
—Wow, debió ser muy bueno—sonrió el rubio.
—Lo fue—ladeó su cabeza, aún tocándose sus labios.
—¿La conozco?—preguntó con curiosidad.
—Da igual, Andreas—se encogió de hombros, volviendo a tocar el café olvidado.
—Oh, vamos, me cuentas todo.
El pelinegro rió mentalmente. Andreas no tenía idea de nada. El rubio se había perdido de tantas experiencias de Bill, que este ya no podía ni contarlas con los dedos. Se creía el conocedor, cuando la verdad es que no tenía idea de las cosas que había estado haciendo en esas últimas semanas.
—Bien, bien, bien. Hay buenos besos, pero no significa que las chicas sean lindas, ¿como era?
—Bastante atractivo—se le salió sin pensar.—Era un profesional.
—¿Atractivo?—alzó la ceja.— Oh mi Dios—se tapó la boca con la mano derecha, mientras con la otra trataba de mantener el equilibrio con el vaso plástico.
—Uh, como sea—trató de restarle importante. Ya se le había salido; no podía desdecirse.
—Mi Dios—seguía diciendo, consternado por la noticia.—¿Lo conozco?
—No, Andreas—mintió.—No lo conoces.
—Quiero conocerlo,Bill—sonrió ampliamente.
—No—se apresuró.—Fue cosa de un rato—volvió a mentir. Aunque la verdad es que no era nada seguro. El beso en la mañana fue culpa nuevamente de él y sus provocaciones. Ambos habían despertado en la cama del mayor, después de una larga noche de cuentos de terror, y a Bill le había dado una sensación de ternura ver a su hermano recién despierto, que simplemente se acercó, volviendo a besarlo hambrientamente.
—¿Cosa de un rato?—casi bota el contenido de su boca.—¿Crees que soy idiota? Sabía que caerías un día—rió.
—Andreas,no…
—Gay.
—No soy gay—se cruzó de brazos.—Sólo jugábamos. No es nada serio como te imaginas. No estoy enamorado de él, ni lo estaré, porque no tiene ningún sentido. No me gustan los hombres y jamás me gustarán.
—Pero aún así reconoces que fue un buen beso.
—El mejor que he tenido hasta ahora—asintió.
—Gay—volvió a decir.
—Eres un idiota.
—Incluso eso te hace más gay que yo en la escala del mundo homosexual. Yo sólo he rozado labios en un juego; tú te besaste con este chico incógnito,¿lenguas y todo,verdad?
Bill asintió, ya no teniendo vergüenza de admitirlo frente a su amigo.
—Eso es aún más gay—se carcajeó.
—Di lo que quieras. Yo también estaba jugando con él. Jugábamos—se corrigió. No le gustaba que sonara como si se había burlado de Tom, porque no había sido así para nada. Los dos se divirtieron en el juego, sabiendo que no era más que eso.
—¿Y es gay tu amiguito?, porque ya sabes cuán sentimentales son ellos. No puedes traicionarlos, se enojan fácilmente, bueno, se sienten.
—¡No!—gritó, levantándose. Volvió a sentarse correctamente,añadiendo.—Sé que no es gay.
—Calma,amiguito. Esto huele a amor.
Bill frunció el ceño, ¿él enamorado de su propio hermano?, tonterías. Eran hombres, los hombres entre ellos no se enamoran. Bueno, si, pero los gays, no él que sabía bien para donde su orientación se dirigía.
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Tom y sus amigos habían decidido pasar un tiempo juntos, ya que el último tiempo la tesis lo había estado separando. Cada uno tenía sus asuntos, sus propias investigaciones que hacer, lo que había aminorado el tiempo de juntas. Ya hace una semana que ninguno salía con el otro y era hora de dejar de lados el computador, los libros, para pasar un buen rato.
También se trataba de la excusa perfecta para evitar a Bill, o más bien, olvidarse de su burbujeante presencia.
—Entonces,¿qué película arrendaste?—preguntó Alain.
—La huérfana—el de rastas mostró la película a su amigos.
—¿Miedo?—interrogó el moreno.
—Si, Adelin ama esas películas—abrazó a su novia.
Estaban prácticamente llegando al departamento. Planeaban pasar la tarde donde Tom y luego ir a la fiesta del cumpleaños de uno de sus cercanos.
Al entrar, Bill estaba sentado en la cocina americana, comiendo un pote de cereal.
—Hola, Bill—saludó Adelin.
—Hola—saludó.—¿Qué tal?
—Todo bien, pequeño—desordenó sus cabellos.
—No soy pequeño—puso sus dos manos en sus caderas.
—Lo que digas—rió la mayor. Y para Adelin si era un poco menor Bill. Ella tenía veinticinco años, era tres años mayor que Tom.
Los demás chicos también saludaron a Bill y se sentaron en el amplio sofá. Todos tenían mucho que hablar, así que apenas lograron acomodarse bien, la conversación no te detuvo.
—Hola—saludó Tom, asegurándose de no mirar demasiado al menor.
—Hola, Tomi—le entregó un bella sonrisa, que desapareció inmediatamente al comprobar que el otro no le estaba poniendo atención. Frunció el ceño, entrecerró los ojos. No le agradaba ser ignorado.—¿Tom, que…?
—¿Te quedas a ver la película?—ignoró lo que el otro tenía que decirle. Le dolía hacerlo, pero no podía hacer como si nada hubiera pasado entre ambos. La mañana había sido algo muy estúpido, que había estado pensando toda la tarde, dándole vueltas, ¿iban a continuar así?
Bill ladeó un poco su cabeza, con una mirada melancólica contempló a su hermano. Claramente el mayor no quería su presencia si lo trataba con ese desdén.—Creo que mejor me iré a casa —dijo bajito.—Nos veremos…¿luego?—dijo un tanto inseguro.
—Ok, nos vemos —asintió, mientras vaciaba un paquete de papas fritas en un bowl.
El corazón de Bill se apretó frente a esa actitud fría. En otra ocasión, Tom le hubiera rogado que se quedara un poco más con él; ahora no hacía más que evitar que sus miradas se encontraran.
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—¿Bill?—preguntó un poco temeroso al otro lado de la línea.
—¿Tomi?—se sorprendió el menor.
Hace dos semanas que Bill no sabía nada del mayor. Tom había estado con su vida, su mundo, sus cosas y Bill se vio relegado al último lugar dentro de la lista del otro.
—Um, si —dijo un poco cohibido.
—¿Estás enojado? —preguntó con voz asustada.
—¡No!, no. No, Bill, no. Demonios. Jamás podría estar molesto contigo. Lo siento—se escuchaba su voz frustrada.
Bill sonrió aliviado.—Me alegra saberlo—reconoció.—Estuve pensando toda esta semana que me odiabas.
—Jamás, Bill. Tu sabes que no te odiaría por nada del mundo—dio un respiro.—Lo siento, he sido un idiota —volvió a lamentarse. No sabía como pedir disculpas propiamente sin que Bill no quedara afectado por esas dos semanas de indiferencia.
—Ok…—pareció meditar, por un largo silencio que se hizo presente.—Estás perdonado, Tomi—sonrió para si.—¿Y qué hay de nuevo?—pareció recobrar su voz animada.
—Hoy hay fiesta —se detuvo. Su estómago sintió cosquilleos y su corazón palpitó con fuerza al pensar que hoy vería a Bill. Lo extrañaba, no podía explicar cuánto extrañaba ver esos pestañas revolotear con fuerza, coquetamente, una característica típica, innata en el otro.—Me encantaría que nos acompañaras a un club.
—¡Fiesta!—saltó en su silla,emocionado. Luego bajó el volumen, volviéndole la conciencia que estaba en su casa, que su padre había llegado hace algunos minutos, y podía estar rondando.—Pero…—dudó.—Soy menor de edad, Tomi.
—Un amigo estará en la entrada. Si supiera con no podrías pasar, no te hubiera invitado, bobo—ocupó un tono bromista.—Entonces, ¿te animas?—preguntó, sabiendo la respuesta con anterioridad.
—No diría que no, aunque tuviera mil pruebas para las cuales estudiar —saltó en su cama, como un loco, imaginando cómo sería un ambiente en un club. Esto era totalmente distinto al ambiente teenager de sus fiestas. Esto era en definitiva algo mucho más maduro, más interesante, así como Tom.
—Entonces te paso a buscar en una hora.
—¿Qué? ¡Tom, no! Tengo que escoger mi maquillaje, mi ropa. No puedo hacerlo en una hora—hizo un puchero. Se pegó mentalmente, deseó estar más que nunca allí, en frente de su hermano, porque sabía que podía convencerlo más fácilmente.
—Bill, una hora y media más—suspiró.—No puedo transar más contigo. Los chicos iban a estar a cierta hora y…
—Ok—se oyó. Bill ya estaba en el closet, eligiendo la ropa que usaría luego de su baño.
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Ya estaban dentro del club. El ambiente era tal y como lo había imaginado. Por fin conocía lo que era un lugar más maduro, distinto a todo lo que estaba acostumbrado antes.
Estaba mucho más poblado que una fiesta normal. Su cuerpo estaba totalmente pegado a la espalda de Tom. Podía oler el delicioso aroma que desprendía el cuerpo del otro, mezclado con la esencia propia de este. Olía más que delicioso, era intoxicante, distinto al olor de sudor y adrenalina que podía percibir en ese lugar.
—Creo que los perdimos—dijo volteándose para hablarle al menor al oído.
Bill sintió un escalofrío. El piercing de Tom rozó un punto sensible en su oreja, haciéndolo estremecer.
Tom quedó viendo atentamente a Bill, esperando alguna reacción, pero todo lo que vio fueron dos ojos abiertos de par en par, sus labios ligeramente abiertos. Su boca se hizo agua en ese mismo segundo. Contempló esa boca más de lo debido, pero no temió mucho, porque estaba seguro que Bill no podía verle muy claramente.
—Creo que más tarde los encontraremos —recobró la compostura el menor.—Yo me voy a bailar—rió.
—Bill, no puedo perderte de vista. Vamos por un trago y te dejo bailar, sólo que te estaré cuidando —advirtió.
—Bueno, mamá—rodó los ojos.
Caminaron por la pista, donde Bill pudo divisar varias chicas atractivas. Una incluso le cerró el ojo. Ese definitivamente era un lugar para él, lleno de mujeres guapas y maduras, totalmente distintas a las acostumbradas para sus salidas.
Tom le había pedido una bebida. No pudo evitar querer estrangularlo. Si lo traía aquí, mínimo que lo dejara comportarse como un grande, pero no, Tom había decidido tratarlo como un bebito como siempre lo hacía, pidiéndole bebidas de fantasía.
De camino a la pista, encontraron a Adelin y al resto de sus amigos. Todos se fueron a sentar, cuando Bill sintió a alguien que tiraba de su cinturón. La misma chica madura que le había lanzado una sonrisa lujuriosa se lamía los labios con la expresión » te voy a comer» calcada en rostro.
—Baile y trago—ofreció la chica. Bill miró a su hermano, que se veía un poco borroso, sentado. Parecía divertido besando a su novia, por lo que decidió que él también podía tener diversión.
—Ok—asintió, tomando sus caderas.
Cuando había finalizado el tercer baile, Bill ya se había bebido tres tragos distintos. Se habían ido acercando poco a poco a la barra y la chica le había ofrecido por cada baile un vaso diferente. Ahora el pelinegro se veía mucho más prendido que al principio y besaba descaradamente el camino a sus pechos.
—Eres muy bueno para ser un pequeño—soltó la chica, mucho más alcoholizada que Bill.
—Como lo…
La chica puso dos dedos en los labios de Bill, haciéndolo callar y ambos continuaron moviendo sus cuerpos, hasta que el menor recordó que no había venido solo.
—Fue un gusto —empezó.—Debo encontrar a los míos—dijo. Sintió su propia voz un poco rara, prueba del efecto que estaban logrado los tragos.
Caminó medio atontado entre la muchedumbre, divisando a lo lejos a Tom. Si Tom sabía que había tomado, lo llevaría a casa, así que decidió permanecer en silencio y lo más tranquilo posible, al menos en su presencia.
—Bill —miró severo el mayor.—Te estaba dando cinco minutos más—se cruzó de brazos, frunciendo el ceño.
—Hey, Tom —besó su cuello Adelin.—Agradece que el muchacho está entero—rió y bebió de un vaso con un contenido dorado.
Bill aprovechó de sentarse a un lado de Tom, en silencio.
—Creo que tengo un juego—comentó Alain.—Tragos, tragos, tragos—sonrió.
—Bill no juega—saltó Tom, bebiendo un poco de su cuarta cerveza.
—Oh, vamos—dijo Alain.—Tu hermano en un macho valiente, ¿verdad, Bill?
Bill asintió. No tenía que hablar nada, sino Tom iba a saber que no estaba muy centrado. Agradecía a Dios que el mayor estuviera con su peso hacia la izquierda, con Adelin, porque sino inmediatamente lo hubiera descubierto.
—Yo creo que Alain tiene razón —intervino Adelin.—Bueno, sé que lo cuidas, pero ya está grande.
—No lo está —negó.
—Bueno, haber—dijo Alain.— Si pasa los tres tragos de ron, no más para tu hermano,¿ Estás de acuerdo?.
Tom asintió, rindiéndose. Achinó los ojos en dirección donde su hermano le sonreía tontamente.
Comenzaron el juego. Bill era el peor del juego. De todos modos el juego no era muy fácil, porque habían decidido jugar con nombres de marcas de autos, cosa de las que todos, incluso Adelin y Silvana eran conocedores, menos Bill.
Tom, que estaba por entero concentrado en el juego, no se dio cuenta del trago que le había llegado de obsequio a Bill desde una mesa cercana. El menor ya se lo había tomado todo, quedando mareado y feliz. Se estiró, golpeando a Tom, que lo miró con una ceja alzada, pero luego le sonrió.
Pasaron los minutos y ya todos se encontraban un poco más que felices. Adelin besaba eufóricamente al de rastas, mientras Bill se escondía debajo de la mesa para llevar su plan a cabo.
Hace semanas que se había estado masturbando y dilatando pensando en Tom, hace una semana que lo había besado, entendiendo cuál era el significado de un buen beso. Ahora quería subir un escalón dentro de su calentura. No podía negar que durante toda la noche su ingle le había estado dando problemas. Cada cinco minutos, al mirar o rozar a Tom, sentía cosquilleos allí. No era tonto para no saber que era lo que quería. Y ahora, en su estado de alcoholismo, se sentía mucho más valiente para hacer cosas sucias.
Manteniéndose en su posición de antes, pero ahora debajo de la mesa, afirmó su mano derecha en el muslo derecho de su hermano, acariciando la zona, frotando, sin pudor alguno, de arriba a abajo. Tom abrió los ojos en medio del beso, entendiendo enseguida que no se trataba de la mano traviesa de su novia, sino que la de alguien más.
—Demonios—saltó de su asiento. Ante eso, su cabeza se sacudió violentamente, dándole un horrible dolor de cabeza. Ahora podía tener una cuenta más clara de cuánto había bebido.
—¿Soy tan buena?—preguntó Adelin, sonriendo en el beso.
Tom continuó besándola, con más pasión, para distraerla. Su mano se dirigió a la de Bill para apartarla de allí, pero Bill parecía no rendirse en su labor, y comenzó a rozar sus muslos interiores, acercándose peligrosamente a su entrepierna. Lo que terminó por atemorizar al mayor fue cuando las diestras manos de Bill se dirigieron a su cinturón, peleando con la polera para acceder mejor. Aunque quería negarse al toque, su cuerpo reaccionaba, siguiendo esas manos, levantándose un poco para hacerle más fácil la tarea.
Al finalizar el beso, Adelin parecía en otro planeta.—¿Y tu hermano?—preguntó.
—Creo que oí que estaba cansado—golpeó con su rodilla la quijada del menor.
—Ouchhhh —se oyó. Tom abrió desmesuradamente los ojos. El dolor, seguido de mareo, se agudizó.
—¿Está debajo de la mesa?—agachó la cabeza la mayor. Bill estaba sentado, ya más lejos de Tom, pero su cuerpo apuntando a la dirección de este.
—Creo que Bill no se siente muy bien—se paró de repente, sacando en velocidad récord al menor de debajo.—Lo llevo a casa.
—¿Te acompaño? —preguntó Adelin.
—No, la fiesta recién empieza. No te fastidies por mi. Prometo que lo voy a dejar y vuelvo.
Adelin pareció más calmada y asintió.
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—No puedes hacer esas cosas, Bill—dijo, besándolo con pasión. Sus manos vagaron debajo de la polera de Bill, logrando que el otro cediera ante el toque propinado.
—Tomi —suspiró. Tomó con ambas manos las caderas de Tom, conduciéndolo al enorme sofá del departamento. El de rastas dejó caer todo su peso, viendo anonadado como las suaves manos de Bill trabajaban con audacia en su cinturón.
—No puedes hacerlo—repitió.
—Si que puedo—sonrió con su sonrisa risueña y perdida.—He querido hacerlo hace mucho tiempo —reconoció. Tiró el cinturón al suelo, ubicándose a horcajadas sobre sus rodillas. Miró con ensueño el cierre, sabiendo que había abajo de todo eso. Desabrochó su pantalón, bajó el cierre, encontrándose con la molestosa tela de su boxer. Ladeó el rostro y Tom, en su estado se semi alcoholismo, pudo reconocer esa mirada perversa.
—Sabía que no tenía que almorzar nada —dijo el menor.
—Bill—abrió los ojos con sorpresa. El pelinegro no le dio tiempo de pensar, cuando ya había bajado su boxer. Tom sentía aún la tela molesta en su trasero, así que reuniendo fuerzas, levantó su cuerpo para que Bill pudiera bajar más la prenda.
—Oh mi Dios—pestañeó varias veces, antes la perfecta imagen del pene erecto de su hermano. Era como lo había visto, grueso, largo preciso, con algunos pelos y lo más importante, suave. Pero ahora se agregaba algo mejor, estaba erecto, rojo, de tamaño familiar.
Acercó su nariz para olerlo. Inhaló profundamente, reuniendo en sus sentidos toda esa masculinidad, luego exhaló extasiado.—Esto es mejor de cerca.
—Estamos tan mal —dijo Tom.
Bill volvió su rostro, pero esta vez para darle una lamida a la punta que brillaba de líquido. Nunca había sentido un sabor así de extraño. No era lo mejor, pero si podía resistirlo.
Volvió a lamer, esta vez más largamente, recorriendo de la base a la punta. No se detuvo por un buen rato, realizando la misma labor una y otra vez, hasta que deseó tenerlo por completo en su boca. O todo lo que podía.
—Oh —gimió. No tenía ni siquiera fuerzas para alejar o acercar la cabeza de Bill.
—Mmmm—respondió Bill. Lo retiró de su boca, lamiéndolo nuevamente, como si se tratara un anhelado dulce.
—Oh, mi, Dios. Bill—apretó sus ojos. La visión de Bill lamiendo desinhibidamente se hacía demasiado. Cada vez sentía que estaba más cerca de explotar en su cálida boca.
Si había recibido con anterioridad sexo oral, pero con Bill algo de eso se volvía más emocionante, extremo, mucho más especial y enloquecedor. No podía alejar esa boca que golosamente devoraba toda su longitud, tratando de no dejar espacio intacto.
En silencio, Bill succionó, lamió, frotó y disfrutó contento todo lo que había a su alcance. Era su primera vez, pero Tom pensó que Bill tenía el don para complacer. Parecía un experto en lo que hacía y era que Bill había recordado cada una de las cosas vistas en la película porno. Las guardó, memorizó para un futuro uso, porque siempre pensó que algo así de extremo pasaría con Tom.
Ahora oía gemir a su hermano, mientras trataba de darle un placer que no olvidara fácilmente.
Uno de los sueños de Bill se había vuelto realidad.
Continúa…
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Que pecado dejarme así 😡
Eso no es de amistad 😮💨🥹
De ahorita que sea lunes 😖jaja
Gracias por actualizar pero piedad 🙏🥺