El Heredero 23: Valdric

Notas de la autora: Este es uno de los caps qué más he disfrutado en escribir. 🙂

Fic TWC de Shugaresugaru. Temporada II

El heredero 23: Valdric

No hubo ceremonias ni recibimiento especial para el Rey Valdric, porque simplemente él no lo permitió.

Su poderoso galeón atracó con un potente retumbar de madera y agua en el muelle señalizado con antorchas. El monarca francés desembarcó apenas las amarras fueron arrojadas. La prisa lo carcomía, y el hecho de ver al lado de su barco, al galeón de Calabria con la madera de los barandales chamuscada y la maltrecha vela principal ondeando desgarrada y lánguida al suave viento de la noche, le hizo sentir un extraño estremecimiento de miedo. El apretado nudo de su garganta le decía que todo aquello era en vano, pero el necesitaba creer que pronto iba a reunirse con su hermano menor, o terminaría perdiendo el juicio.

Ni siquiera se molestó en abordar el sobrio carruaje que sus reales anfitriones le habían enviado. Sus sirvientes hicieron desembarcar a su propio corcel tan negro como la noche, y tras montarlo, el Rey partió a todo galope, seguido por sus propios guardias y un puñado extra de gendarmes calabreses cabalgando detrás de él.

Fue recibido con presteza en el palacio de Calabria y escoltado hasta el salón del trono, donde los afligidos reyes de Italia lo recibieron tratando de mostrarse optimistas, mientras ambos príncipes permanecían en silencio a un lado del trono de su padre, con las cabezas agachadas.

—Saludos querido Valdric — saludó el rey Jörg, al mismo tiempo que abría los brazos ampliamente y bajaba del trono para estrechar la mano del rey Valdric . La reina Simonetta imitó a su esposo. La mirada febril del rey Valdric apenas si registró los movimientos, sus ojos recorrían el salón entero como si esperase qué Billam estuviera escondido detrás de los cortinajes o fundido con algún pilar. Pero era evidente que el duque no estaba ahí. Aunque por un momento, el rey Valdric, presa de la confusión, dio un anhelante paso hacia donde estaban los príncipes gemelos, pero el destello de sus ojos se apagó al contemplar dos pares de ojos del mismo color que el chocolate fundido y no el par de fanales azul cielo que el buscaba.

—Buenas noches Rey Jörg, Reina Simonetta — respondió al fin, levemente intrigado al mirar a los jóvenes tan idénticos que estaban de pie, callados y a la espera. Dos segundos después, reverenció con la cabeza al rey y besó el dorso de la mano de la reina.

—En verdad lamento que nuestra reunión sea bajo estas circunstancias tan adversas — comentó Jörg, estrechando la mano de Valdric.

Los príncipes gemelos observaban la escena con pesar. Tom se sentía como un completo fracasado y la rabia a ratos lo consumía al recordar las incontables oportunidades que había tenido para desollar a aquel malnacido pirata, y en como las había desaprovechado todas.

Bill por su parte, se dedicaba a observar en silencio a Valdric, encontrando un tremendo parecido entre él y Billam. Había ínfimas diferencias en cuanto al cabello, ya que el de Valdric era castaño oscuro, y el del Duque era totalmente negro, pero los ojos tenían prácticamente el mismo tono azul de un océano tranquilo, y su rostro, apenas azuleado por un leve rastro de barba, tenía la misma estructura angulosa de la mandíbula de Billam.

—Entiendo entonces — murmuró el rey de Francia, mirando las voraces chimeneas encendidas reflejarse en el espejo que era el piso de mármol pulido antes de volver su cristalina mirada a los reyes italianos — que mi hermano ya no está aquí…

—Lo lamentamos en verdad— murmuró la reina — todo sucedió tan rápido…

El rey Valdric cerró los ojos con cansancio y se frotó la frente, a lo que el Rey Jörg reaccionó de inmediato, invitándolo a tomar asiento en torno al elegante juego de sofás que estaba en la esquina opuesta a los enormes tronos, ordenando a su vez a sus sirvientes ofrecer vino, bocadillos y aperitivos al Rey de Francia.

Una vez sentados, el monarca francés le lanzó una fatigada mirada a los herederos de Jörg, recordando fugazmente que nunca supo que el rey de Italia tuviera dos hijos, enteramente iguales además. Pero su mente estaba demasiado agotada y torturada como para indagar aquel tema en ese momento, empero se sabía que era un monarca con modales exquisitos, por lo cual, saludó a ambos jóvenes con una cortesía impecable.

—Saludos, mis jóvenes amigos. Tienes unos hijos exquisitos querido Jörg — murmuró, sonriendo apenas ante la seriedad absoluta de aquel par de frescos nobles.

—Te lo agradezco Valdric — sonrió Jörg con orgullo — Billam es también un joven realmente excepcional, pero debo admitirlo, que es también un excelente actor.

—¿Qué sucedió aquí con mi pequeño hermano?

—Primeramente — murmuró la reina con voz suave — sería mejor que nos cuentes que sucedió con Billam desde un inicio.

Y escuchar la voz de la reina de Calabria, que era suave como el roce de una pluma, la melancolía se decantó en la voz del recién llegado. Con ojos cristalizados como dos gotas de rocío, el rey Valdric les contó detalles los que ellos desconocían.

—Mi hermano fue raptado en un día cualquiera, paseando por Marsella… sé que no debí dejarlo solo… es tan joven, debí estar ahí para él y no confiar su seguridad a nadie más que a mí mismo — se lamentó, intentando suspirar, sin lograrlo. La presión en el pecho lo ahogaba — entonces llegaron esas escorias que surcan los mares arrasando con todo a su paso… destruyeron gran parte del puerto, mataron a mi pueblo, saquearon valioso recursos y se llevaron lo más valioso que poseo, y ahora temo — la mandíbula de Valdric temblequeó de pura pena — que Billam piense que no me interesa, que no he movido el cielo y la tierra para encontrarlo, que no me lancé hacia Italia apenas supe que había sido localizado… y ha sido en vano, pues se lo han vuelto a llevar…

Después de decir aquello, ya no pudo seguir hablando. Su pena era atroz y tan palpable que hasta el desconfiado corazón de Tom estaba sufriendo por la aflicción del Rey.

—Hemos lanzado muchas embarcaciones escolta y varios acorazados a buscarlo querido Valdric, la mitad de mi ejército lo busca con vehemencia, no hay que perder las esperanzas. Cuando Billam estuvo aquí, estaba bien. Su estampa era rozagante, totalmente magnífica. — dijo el Rey de Italia, omitiendo sabiamente el detalle revelado esa misma tarde por sus hijos. El pirata había herido a Billam para impedir su rescate…

—Confiaré en que no me mientes para tranquilizar mi espíritu…

—De ninguna manera — se lanzó Bill en ese momento, obteniendo como respuesta la atención entera de Valdric.

—¿Y tú quién eres, querido muchacho? — le cuestionó, mirándolo con interés y curiosidad. Sin embargo, toda su actitud era amistosa, pues Valdric ya había notado que tanto los reyes como el príncipe Thomas, al que sí conocía, parecían estar al pendiente incluso de cada parpadeo que daba aquel chico de tan magnífica estampa, y tampoco es que su tremendo parecido para con el otro príncipe y el tener exactamente el mismo color ocre que tenían los ojos del Rey, dejasen lugar a dudas.

—Soy William Von Kaulitz— respondió el príncipe, lanzando su torso hacia adelante, hasta apoyar los codos sobre las rodillas — y tuve la grata oportunidad de compartir más que un par de momentos con Billam, él es mi amigo…

—¿Es tu amigo? — Valdric arqueó una ceja — ¿confía en ti?

—Me entregó una nota de auxilio, se puede decir que confía en mí, solo lamento que haya tomado la decisión tan tarde— respondió el príncipe, extendiendo hacia Valdric el arrugado y quebradizo papel. El rey la tomó y leyó en tiempo récord.

—¿Cómo fue posible…? — comenzó, pero se calló abruptamente, pues no deseaba que sus anfitriones se ofendieran si el verbalizaba el cómo habían sido tan ciegos como para no notar a la escoria que viajaba con el Duque. Alguien a quien evidentemente un Rey como el, jamás confiaría la seguridad de su hermano menor.

—Lo sospechábamos— gruñó Tom, sin molestarse un ápice en ser correcto. No le había gustado en absoluto la soltura y la confianza con la que Valdric le había hablado a Bill ni sus insidiosas insinuaciones. ¿Como demonios iban a atacar si Billam se comportaba como un gatito sin dueño cuando estaba con el asqueroso pirata? Finalmente, no era culpa de nadie en Calabria el hecho de que Billam hubiese preferido proteger a esa escoria del averno en lugar de solicitar ayuda al haber puesto un solo pie en Calabria. El ejercito habría convertido a los piratas en picadillo en cuestión de minutos — pero Billam se negó en cada ocasión en que le ofrecimos nuestra ayuda y nuestra protección.

El rey Valdric le dedicó entonces su atención al mayor de los príncipes, mientras meditaba sobre lo recién escuchado. No sabía en qué demonios estaría pensando su hermano como para no pedir a gritos que lo rescatasen. ¿Por qué esperar tanto? ¿Por qué arriesgar tantas vidas de aquella manera cuando todo pudo ser tan sencillo? Valdric comenzaba a sospechar que algo muy fuerte y profundo motivó a su hermano para terminar incluso protegiendo a sus secuestradores. Y ahora, media Europa lo buscaba con más desesperación y ahínco que nunca. ¿lo sospecharía al menos? ¿Viviría al menos?

—Nadie sabe aun lo que ha sucedido con vuestro hermano, querido Valdric, pero sin duda ayudaremos — el Rey Jörg interrumpió el hilo de sus pensamientos — en mi palacio están alojadas las familias reales de Mónaco y de Baja Normandía, y puedo asegurarte que, en cuanto se enteren de lo sucedido, harán lo mismo que yo y enviarán tropas en búsqueda del joven Billam.

—No esperaría menos de ustedes — respondió en el acto, luciendo quizá aliviado por la disposición que mostraba el soberano de Calabria por ayudar, empero nada podría calmar la desesperación que corría por sus venas. La impotencia amenazaba su cordura peligrosamente — si me disculpan, debo seguir con mi búsqueda en este momento.

—Querido Valdric, lo mejor será que descanses esta noche en Calabria — sugirió la Reina Simonetta casi de inmediato — se lo que es estar sumido en la desesperación por la falta de un ser amado— añadió, haciendo que los príncipes y hasta el Rey se pusieran tiesos, y Valdric no pudo protestar al ver como los ojos de la reina se cristalizaban en un millar de gotitas de zafiro — debes descansar y reponer tus fuerzas y energías para continuar con la búsqueda. Todos te ayudaremos.

Y aunque Valdric deseaba negarse, no pudo hacerlo, de modo que aceptó pernoctar en el palacio de Calabria solo por aquella noche.

Se enviaron sirvientes a su barco, mismos que le llevaron ropa limpia, y luego de agradecer nuevamente a sus anfitriones, decidió cenar algo ligero en el aposento que le asignaron, y se retiró a descansar.

—Ha sido un día muy largo— murmuró la reina en cuanto Valdric se marchó. Su voz denotaba fatiga y su semblante estaba pálido —vayan a descansar queridos míos— habló a los príncipes, que aún estaban en el salón del trono sentados juntos y sumidos en sus pensamientos.

—Así lo haremos madre— Tom respondió casi en el acto, poniéndose de pie, acción que su hermano imitó al segundo siguiente.

—Lo que ha sucedido este día sin duda es una tragedia — dijo el Rey — pero no podemos hacer nada más de lo que hemos hecho por Billam, recuerden por favor que tenemos visitas y deben ser atendidas.

—¿Pretendes que finjamos que nos apasiona dar paseos ridículos, que escuchemos fruslerías y aparentemos que nos encanta tener visitas que no deseamos? — gruñó Tom con la mala hostia que le caracterizaba, y la cual no sorprendía en absoluto al Rey.

—Exactamente, y procura que se vea y se sienta creíble — repuso el rey con el mismo tono sardónico de su hijo mayor. Bill y la reina intercambiaron una mirada nerviosa, pero Bill estaba comenzando a irritarse. No deseaba contemplar una interminable disputa verbal entre su hermano y su padre, principalmente porque la más afectada era la reina y a Bill le dolía ver sufrir así a su madre. Ya había experimentado el insoportable dolor de perder una madre. Esa herida no paraba de sangrar en su alma, y estaba decido a cuidar a la que le quedaba.

—Ya basta Tom, mamá no se merece esto— susurró Bill, volviendo a medias su afilado rostro hacia el pecho de su hermano mientras le rodeaba el antebrazo con sus largos dedos. La sangre ardiente de Tom dejó de hervir en cuanto sintió el toque de Bill. — ya vámonos.

—Será lo mejor ir todos a descansar— comentó la reina, agradecida por la intervención de su hijo menor.

Los príncipes reverenciaron a sus padres, Bill medio distraído y Tom de modo muy rígido y casi en el acto se retiraron a sus aposentos.

Ninguno habló ni pizca hasta que estuvieron encerrados en la enorme habitación.

—Apenas puedo creer todo lo que ha pasado hoy—musitó Bill, recargando la espalda contra la puerta cerrada. Tenía los hombros hundidos y el semblante cansado. Sus ojos se cerraron y un suspiro quebrado hizo ondular su pecho — ¿Cómo estará Billam?

—No podríamos saberlo, y no quiero que te atormentes de más con ello.

—Pero…

—Pero nada— cortó el mayor.

Tom suspiró, se despojó de la pesada capa, tomó a Bill de la mano y lo condujo hacia el centro de la habitación, junto a la cama. El menor de los hermanos se dejó hacer ante su hermano, que desató su capa con suavidad y aspiró la potente nube cargada con el aroma de Bill que se desprendió de forma densa desde su cuello caliente.

—¿Te apetece un baño? — pero Bill ya estaba negando. Se sentía como si lo hubieran apaleado, demasiado cansado incluso como para tomar un baño, no tenía energía, pero le dolía la cabeza y el cuerpo. La adrenalina había abandonado sus músculos hacia rato, y comenzaba a experimentar retazos de profundo dolor desde cada parte de su cuerpo. Claro que aquel dolor no era nada comparado con las agonías que Bill ya conocía, pero de cualquier manera le fastidiaba sentirse así. Y quizá era peor, porque sentía dolor multiplicado, pues su conexión con Tom estaba trabajando fieramente y saber que Tom estaba sufriendo, potencializaba la agonía.

Tom lo sabía perfectamente, pero sabía también cómo arreglar las alas de su hermano. Luego de quitarle suavemente la camisa de seda, pasó la punta de sus dedos por los morados que Bill lucía en la blancura de su piel, y sus manos continuaron reptando por su fuerte espalda hasta tomar los frescos y negros mechones de la cabellera de Bill, para luego apretarlos en un puño y tirar suavemente hacia abajo. Tom sabía que quizá no era el momento de hacer lo que planeaba hacer, pero quizá también era precisamente lo que necesitaban.

De la garganta del príncipe menor surgió un quejido bajo y ronco, empapado de dolor y pasión. El tirón le destensó las vértebras cervicales y el dominio en los modos de Tom despertó el deseo escondido en su bajo vientre.

—Vamos hermanito, abre la boca— canturreó Tom, y Bill le obedeció en el acto; y de ese modo, Tom dejó caer unas cuantas gotas de láudano en la garganta de su hermano, y un segundo después le besó con fiereza, metiendo la lengua en la boca de Bill una y otra vez, devorándolo a bocados casi desesperados, sintiendo el potente sabor del opio impregnando cada parte de su boca, imaginándolo viajar por su torrente sanguíneo como un rio de agua dulce que consumía y apagaba todo el dolor que ambos sentían. Bill le respondió con entusiasmo. Parecían jamás cansarse de besarse. Jalaban el aire a bocanadas sin despegarse siquiera, sus bocas parecían dos magnetos incapaces de estar separadas por mucho tiempo.

Se metieron bajo las sabanas de seda unos segundos después, el tiempo exacto que tardaron en desnudarse el uno al otro. Tom se acomodó de lado, detrás de Bill, y aspiró de nuevo el aroma de su blanca piel. El olor de su hermano le aturdía las neuronas, le embotaba la mente, lo hacía, literalmente, salivar de puro gusto. Se preguntaba a que se debía ese enloquecedor aroma. Quizá era la dieta, quizá todo el té de cardamomo que Bill bebía, quizá era la fruta fresca que diariamente comía, o la miel pura con la que el príncipe endulzaba casi todo. Incluso sentía, con la nariz clavada en el costado de su hermano, el picante aroma del azafrán, del ámbar y la suave dulzura del regaliz con el que estaba sazonado el láudano que acababan de ingerir.

—No sabes el miedo que tuve hoy— confesó Tom, paseando la punta de su nariz por el canal intensamente blanco de la espalda de Bill, mientras la punta de sus dedos recorría con suavidad todo el costado de su hermano — creí que te perdía…

—Como si pudiera atreverme a pensar en alejarme de ti…— la mano de Bill sujetó la mano de su hermano, y la llevó directamente a su pecho, ahí donde retumbaba pesadamente su corazón — estoy aquí, es lo único que me importa Tom…

—Lo sé. Y no tienes una idea de lo agradecido que estoy por tenerte ahora entre mis brazos — murmuró aun contra la espalda su gemelo. El olor lo tenía completamente dopado ya, mezclado con el opio y el vaivén del corazón de Bill… era demasiado. Tom alargó la mano hacia la ornamentada mesita que estaba al lado de la cama, y se hizo con un pequeño frasco lleno a medias con aceite puro de almendras.

Bill sonrió de anticipación y no le sorprendió en absoluto sentir, entre los intensos besos que Tom regaba por su cuello, una mano traviesa y empapada en aceite, que acariciaba suavemente ese punto escondido entre la redondez de su trasero.

—Chico travieso— murmuró Bill, sonriendo. Tom sonrió a modo de respuesta en su cuello, agitándole el cabello con su intensa respiración.

—Espero que hayas sido concienzudo esta mañana hermanito.

—Siempre lo soy, porque siempre quiero estar así contigo…— y la frase se le atascó a Bill en la garganta al sentir como un par de dedos juguetones se abrían paso lentamente hacia su interior. Le gustaba cuando Tom se tomaba su tiempo y cuando utilizaban esos costosos aceites esenciales. También disfrutaba esa leve sensación dolorosa cuando no los usaban, pero quizá ahora, con el opio haciendo estragos en su sistema, sentía todo más nítido y multiplicado.

El placer consumía sus neuronas. La plenitud de sentir a la persona que había sido creada con y para él no era comparable con nada. Sus cuerpos encajaban a la perfección, como si hubieran sido modelados a mano con amor y con esmero.

Ninguno estaba interesado en hacer de su noche un juego de pasión que fuese muy intenso. No necesitaban tampoco de palabras para comunicarse, se entendían perfectamente incluso al respirar. El opio había apagado todos los dolores y se había llevado las preocupaciones, pero aquella noche deseaban sentirse con suavidad y con cuidado, por eso mismo, Tom penetró en Bill de modo muy lento, deliberadamente lento. La sangre corría con fuerza por todo su cuerpo, agolpándose en la parte más tensa de este. El movimiento de su cadera era rítmico e hipnótico, como el viento que mecía las cortinas, como las tenues llamas de la chimenea. Se deslizaba hacia adentro y hacia afuera casi completamente, haciendo a Bill casi delirar por tantas sensaciones. Tenía las pupilas dilatadas, la mirada perdida en la nada, y el placer le consumía cada gota de cordura. Su mente estalló en mil espirales de colores cuando la mano de Tom acarició la parte más firme de su anatomía. Su miembro chorreaba de puro gusto, pulsando y palpitando al lento ritmo de la cadera de Tom. No necesitaban apresurarse; drogados como estaban, se estaba muy bien.

Bill jadeó, ciego de pasión cuando la mano de Tom se volvió más firme y adquirió algo de velocidad. Solo un poco. Su cabeza se revolvía sobre la almohada, ni como para quedarse quieta.

—Pero que inquieto hermanito tengo— gruñó Tom, y su mano libre volvió a tomar en su puño la fresca cabellera de Bill, quien totalmente dopado y dominado, terminó estallando en un orgasmo intenso y acuoso que le arrancó un prolongado jadeo más que ahogado.

La mano de Tom quedó totalmente impregnada por la suave y resbalosa semilla de su hermano, y mientras sentía esa sedosa y tibia viscosidad resbalándose entre sus dedos, su mente pensaba que en realidad todo se reducía a ese codiciado elixir que danzaba entre sus dedos, expulsado lentamente por el cuerpo tembloroso de Bill. El imbécil de Magnus quería casar a su hija con Bill para que el llenase su cuerpo con aquella perlada sustancia capaz de crear a otro ser humano. Uno que pudiera continuar el linaje del reino.

«Pero esto es totalmente mío por ahora» pensaba la mente posesiva de Tom, quien se dejó ir por el puro de gusto de tener entre sus brazos a quien tenía. El que había burlado a la muerte más de una vez, el guerrero que había asesinado a un pirata de un solo tiro, el príncipe por el cual mas de dos reinos se habían reunido y por el cual, hasta podría desatarse otra batalla, estaba ahogado en gemidos entre sus brazos.

Los cuerpos de los príncipes llegaron casi a su límite aquella noche, heridos, cansados y medio drogados por el opio y por el éxtasis de sus orgasmos, no fueron capaces de aguantar casi nada. Se quedaron dormidos entre suspiros casi enseguida, abrazados, tan apretados como cuando habían sido concebidos y estaban seguros en las entrañas de la Reina.

Continúa…

Regalito de medio año

Give me feedback porque lo necesito T_T han sido meses muy horribles y temí abandonar la historia. Pero le debo mas. Pronto vendrán mas actualizaciones, gracias por su paciencia y espera. Gracias infinitas <3

P.D. este cap esta retroalimentado por Monnica16, autora de Barrabás.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

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