«Fic TOLL de lyra»
Capítulo 8
Regresaron a la casa y sin soltarle aún de sus brazos, subió las escaleras y entró en su propia habitación, dejándole tumbado sobre la cama. Se alejó dos pasos y le estudió atentamente, no quedaba nada del chico arrogante de esa tarde, parecía un niño asustado, ahí encogido en mitad de la cama sollozando por lo bajo.
Sintió mucha lástima, le había juzgado mal. Solo veía un chico caprichoso, pero tras el pasado que había tenido se merecía ser feliz. Poca gente alcanza la fama a esa edad tan temprana, había pasado de la noche de la mañana de no tener nada a tener todo lo que deseara. ¿Quién era él para criticarle?
Suspiró con cansancio, cogió una manta que tenía a los pies de la cama y se la echó por encima con cuidado de no asustarle.
—Por favor, no te vayas—dijo Bill sin descubrirse la cara.
—Estás en mi habitación—explicó Tom sentándose en el borde de la cama.
—No quiero dormir solo—susurró Bill extendiendo una mano.
Tom se la quedó mirando, había pensando pasar la noche en la butaca que había a los pies de la cama, no tumbado al lado de Bill. Pero aún estaba conmocionado por lo sucedido y necesitaba un fuerte abrazo.
Asintió en silencio y tras descalzarse se tumbó en la cama a su lado. Se quedó quieto sin saber que hacer, hasta que Bill se movió. Se le acercó todo lo que pudo y se abrazó con fuerza a su cintura, suspirando con los ojos cerrados.
Algo en su interior cedió, extendió los brazos y le estrechó en ellos con firmeza, bajando la cara y besándole en la frente para sorpresa de ambos.
—Duérmete—susurró Tom contra su piel.
Le sintió asentir y suspirar de nuevo, echándole su cálido aliento en el cuello, donde tenía la cara enterrada. Cerró los ojos sonriendo al tiempo que le pasaba las manos por la espalda, sintiéndole estremecerse bajo su contacto.
Estuvo así unos cuantos minutos, en absoluto silencio. No sabía que decirle para consolarle, pensaba que con abrazarle ya bastaba. Cuando Bill le habló, supo que había acertado de lleno…
—Mi madre solía consolarme de la misma manera—dijo Bill de repente.
Abrió los ojos al escuchar sus palabras, sabía que no quería hablar de su madre pero le había pillado con la guardia baja y decidió “aprovecharse”. Necesitaba obtener toda la información necesaria, saber que le pasó realmente para que fuera así de frío y cruel.
—¿De verdad?—preguntó Tom sin dejar de acariciarle la espalda.
—De pequeño tenía muchas pesadillas, y cuando mi madre no estaba puesta hasta las cejas era cariñosa y amable—explicó Bill en un susurro—Me despertaba llorando y se metía conmigo en la cama, abrazándome como tu lo haces y acariciándome la espalda hasta que caía de nuevo dormido.
—¿Has vuelto a tener pesadillas?—se interesó Tom.
—No—murmuró Bill.
Pero Tom sabía que le mentía. Estaba bajo mucha presión, era normal que soñara con ese loco que se había metido en su casa y hecho eso sobre su cama. Y tras el accidente con la serpiente y lo pasado esa noche, dudaba que las siguientes noches pudiera dormir plácidamente.
—Tu madre…—empezó a decir tras unos minutos en silencio.
—No quiero hablar de ella—cortó Bill con firmeza.
Pero Tom no se dio por vencido, Bill necesitaba hablar del pasado, lo presentía. Contarle a alguien sus miedos y problemas, y a él se le daba muy bien escuchar.
—Mi madre es una buena cocinera—empezó a decir Tom—Y mi hermana Claire le sigue los pasos, dice que si no se hace diseñadora de ropa abre su propio restaurante, y mi madre la apoya. Le encanta estar metida en la cocina, es su lugar preferido de la casa y la tiene decorada toda en azul pastel, su color favorito.
Esperó en silencio, que Bill interviniera contando algo más de su madre o le gritara pidiéndole que se callara. Esperó un minuto más y ya se iba a dar por vencido cuando le escuchó hablar.
—Verde…
—¿Qué?—preguntó Tom sin entender.
—A mi madre le gustaba el color verde—explicó Bill en un susurro.
Tom asintió sonriendo, estaba consiguiendo que se le abriera. Pasaron un buen rato hablando de su madre, y Bill le contaba lo poco que recordaba de la suya. No se le daba nada bien la cocina, siempre era su padrastro el que se encargaba de todo cuando su madre estaba…”indispuesta”.
—¿No pudo hacer nada por ella? ¿Llevarla a un centro de desintoxicación?—preguntó Tom.
—Mi madre era muy cabezota—contestó Bill—En eso, me parezco a ella.
Tom no pudo por más que darle la razón. Pero seguía sin entenderlo, ¿es que a Gordon Trümper le daba igual el estado en el que se encontraba su esposa? ¿Le pasaba él la droga? ¿Cómo cuidó de Bill tras su muerte?
No se atrevía a preguntárselo a Bill directamente, no quería que se enfadara si le insinuara que presentía que su padrastro había abusado de él, no en esos momentos que había conseguido que se le abriera.
No siguieron hablando, Bill había caído dormido y a Tom le daba pena despertarlo. Cerró los ojos y se dispuso a dormir a su lado, con un ojo abierto por si acaso.
Cuando se despertó, Bill seguía en sus brazos. Estaba también despierto, y fue verle abrir los ojos y alzar la cara en busca de sus labios. Tom se le quedó mirando, dudando…
“Un beso no mata a nadie”—pensó resignado.
Asintió levemente con la cabeza y vio la amplia sonrisa que apareció en los labios de Bill. Cogió aire y bajando la cara besó brevemente a Bill en los labios, que se le quedó mirando extrañado cuando dio el beso por finalizado.
—¿Ya?—preguntó alzando una ceja.
—Buenos días—murmuró Tom tratando de levantarse.
Pero no pudo incorporarse, Bill se le echó más encima acercando sus labios peligrosamente a los suyos.
—Bill, ¿qué quieres?—preguntó Tom resoplando.
—A ti—contestó Bill en un susurro.
—No—dijo Tom tajantemente.
—Hemos dormido juntos, me has besado…me has visto desnudo—enumeró Bill ofendido.
—Eres mi trabajo, y tengo unas reglas—dijo Tom tratando de mantener la calma.
—Pues rómpelas, maldita sea—estalló Bill—Sé que sientes algo por mi, lo noté la primera vez que te vi.
—Siento mucha pena por ti, Bill—susurró Tom suspirando.
—¡Pues no debieras!—gritó Bill levantándose con rapidez—Sé cuidar de mí mismo, no hace falta que vengas tú a guardarme las espaldas. Y la próxima vez que vayas a entrar en mi habitación, ten la gentileza de llamar primero, no me vayas a cortar el rollo de nuevo.
Salió de la habitación dando un sonoro portazo que despertó al resto de la casa. Tom se quedó donde estaba sin saber aún que demonios había pasado. Por la noche le tenía llorando entre sus brazos y temblando, y al día siguiente no hace más que abrir los ojos y todo se esfumó ante ellos. Ya no estaba ante él el chico asustadizo de la noche anterior, había sido sustituido por un ser frío carente de corazón.
Cerró los ojos y se pasó las manos por la cara resoplando. No terminaba de entender a Bill, ¿qué demonios le pasaba para actuar así?
Si, llevaba mucha razón cuando le dijo que sentía algo por él. Lo notó la primera vez que le vio, la foto que había en el informe que le pasó su superior. Pero era policía y Bill el caso que llevaba en esos momentos. Tenía que vigilar que no le pasara nada, no meterlo en su cama y hacerle el amor con todas esas ganas que tenía…
Salió de la habitación tras haberse dado una ducha fría, la necesitaba. Bajó a la cocina y saludó a Gustav, que sentado ante la mesa tomaba un café con los ojos enrojecidos, señal de que no había dormido.
—¿Cómo está Bill?—preguntó Gustav nada más verle.
—¿No has oído el portazo?—preguntó Tom a su vez.
—Ah…era él—murmuró Gustav carraspeando—Entonces ya está bien.
Tom asintió resoplando y se sentó a su lado, aceptando la taza de café que le pasaba. Se lo tomó en silencio mirando por la ventana, no había rastro de Bill por ningún lado. Pensó que a lo mejor había bajado a la piscina a nadar un rato, para descargar así algo de la tensión acumulada. Aunque conociendo a Bill, había otras maneras más….”placenteras”…
—¿Has visto a Georg?—preguntó tratando de no sonar enojado.
—No, él tampoco ha bajado—contestó Gustav.
—Ya—murmuró Tom.
Terminó su café de un trago y subió de nuevo a su habitación, pero se lo pensó mejor y se encaminó a la de Bill cuando el móvil le vibró. Maldijo por lo bajo y lo cogió separándose de la puerta no fuera una llamada de trabajo y Bill le escuchara.
Arrugó la frente al ver quien le llamaba…
—David, ¿pasa algo?—preguntó preocupado.
Tal vez había recibido otro anónimo, aunque desde que se había hecho cargo del caso no había vuelto a tener noticias de que se hubiera recibido otro.
—¿Qué si pasa algo?—repitió David enojado—¿Qué tal que anoche me dejaste tirado?
Maldijo de nuevo por lo bajo, al parecer tenía que tratar con un productor resentido.
—No estaba al tanto de tu plan de huida en el caso de que se produjera un altercado, me dejaste solo en el club como un imbécil sin saber qué le pasaba a Bill—estalló David—Que sea la última vez que pasa, de ahora en adelante tengo que ser el primero en saber que demonios planeas hacer.
—En primer lugar David, no es asunto tuyo como hago mi trabajo—explicó Tom manteniendo la calma—Y créeme, no entra en mis planes correr a contarte lo que planeo o dejo de planear, haré todo lo que esté en mi mano para que Bill se sienta a salvo.
—¿Y qué hay de Gustav?—saltó David de nuevo—¿Por qué se lo contaste a él? ¿Es qué te fías más de él de mí?
—Pues sí—contestó Tom dando la conversación por finalizada.
Colgó el móvil y se lo guardó de nuevo en el bolsillo del pantalón, girándose y plantándose delante de la habitación de Bill, acordándose de llamar antes de echar la puerta debajo de una patada.
—Adelante—escuchó la firme voz de Bill.
Cogió aire y abrió la puerta, entrando del todo en la habitación. Bill se encontraba delante del espejo. Se había duchado y cambiado de ropa, llevando unos pantalones que se había comprado la otra mañana que estuvieron de compras. Desvió la mirada y la fijó en la cama, donde había una maleta sobre ella medio llena.
—Salimos de viaje—explicó Bill.
Le había estado espiando a través del espejo, sintiendo que se fijaba en la maleta que había dejado sobre la cama.
—Bill, tras lo de ayer…—empezó a decir Tom.
—Dejé a mi público plantado—cortó Bill sin volverse—No volverá a pasar. Mañana tengo una actuación en Bruselas y quiero pasar esta noche allí para descansar.
—Lo sé, lo vi en tu agenda, pero…
—Pero nada—cortó Bill de nuevo—La agenda no se cancela, un puto loco no hará que me aleje de los escenarios. Si no te das prisa nos vamos en una hora sin ti.
Iba a negarse, pero la mirada que le dirigió Bill a través del espejo le hizo callarse. Salió de la habitación y entró en la suya a preparar un pequeño equipaje. Luego bajó al vestíbulo y se reunió allí con Gustav y Georg, cada uno con dos maletas en cada mano que Tom reconoció que eran de Bill.
Esperó a su lado en silencio, hasta que al cabo de 3 minutos bajó Bill taconeando por las escaleras. Llevaba un abrigo de cuero negro largo y se estaba anudando un foulard al cuello al tiempo que bajaba las escaleras con paso lento.
Gustav se puso en marcha sin que nadie dijera nada, abrió la puerta y dejó las maletas que llevaba en la furgoneta gris que les iba a llevar al aeropuerto. Bill salió tras él sin dirigir una mirada a Tom y ocupó su asiento. Georg fue tras él y Tom también, resoplando al pensar en el largo viaje que le esperaba.
Casi gritó de alegría cuando estuvo en su habitación de hotel. Había pasado todo el vuelo atento a la gente que les rodeaba, atento a cada uno de sus movimientos. Bill se encontraba en los asientos delanteros, bebiendo champán y riendo las gracias de Georg. A su lado, Gustav roncaba sonoramente.
Cuando tomaron tierra, les esperaba otra furgoneta que les llevó directamente al hotel que Gustav o Georg había buscado. Era muy lujoso, con un spa en el sótano provisto de sauna y un pequeño gimnasio. Pensó en bajar a relajarse un poco cuando dejara a Bill metido en su cama y solo, no quería pensar que se fuera a escapar del hotel mientras que él se relajaba haciendo algo de gimnasia.
Se levantó de golpe al sentir que el móvil le vibraba. Arrugó la frente al ver el número de Georg, señal de que Bill solicitaba su presencia de inmediato.
—Dime—gruñó cerrando los ojos.
—Bill quiere salir a cenar, pero antes bajará a tomar una sauna—explicó Georg.
—Dile que me espere, que le acompaño—gruñó de nuevo Tom, maldiciendo por lo bajo.
—Lleva abajo un buen rato, se me pasó llamarte antes—comentó Georg.
—¡Idiota!—gritó Tom al móvil—¿Por qué demonios le has dejado solo, cabeza de alcornoque?
Colgó antes de obtener una estúpida respuesta por su parte y salió de su habitación como una exhalación. Tenía un mal presentimiento, sabía que había alguien en el hotel donde estaban ellos, al acecho…a la espera de pillar solo a Bill y cumplir sus amenazas…
Continúa…
Gracias por la visita.