Parte I, Capitulo 4
No podía creerse lo que estaba pasando. Sentado en la sala de espera de la comisaría, tomaba con calma el té que David le había llevado. No tenía ganas de tomar nada, tenía el estómago revuelto y no dejaba de pasarse por el una mano sollozando por lo bajo. Su hijo acababa de quedarse sin padre…
Cerró los ojos respirando hondo, sintiendo moverse a su hijo tan inquieto como él lo estaba en esos momentos. Desde que abrió la puerta y vio a David, no fue consciente de sus actos.
Sabía que David hablaba porque se le movían los labios, que se mantenía de pie porque le sujetaba con firmeza los brazos. Si no lo hubiera hecho, estaría tirado por el suelo llorando sin poder evitarlo.
David le explicaba que Richard había tenido un accidente, de regreso de la tienda perdió el control del coche y se estrelló contra una farola muriendo en el acto. Por el asfalto quedaron esparcidas las tarrinas de helado que había comprado…
Le ayudó a vestirse con la misma ropa que había llevado esa tarde y estaba colgada aún en el respaldo de una silla. Llevaba el mismo jersey de rayas que le hacía estar más embarazado de lo que estaba…y desvalido…
—Bill….
Escuchó su nombre y abrió los ojos. David le miraba esbozando una sonrisa con esfuerzo, con los ojos llenos lágrimas y un gesto de dolor intenso en la cara.
—Han llegado los padres de Richard—explicó David en voz baja.
Sintió que le cogía la mano que tenía sobre su estómago y se la apretaba con cariño. Alzó la mirada y la fijó en la puerta, donde Molly Carpenter caminaba agarrada al brazo de su marido, el único que le dirigió la mirada y le hizo una señal con la mano.
Asintió en silencio y les vio entrar por la misma puerta que él había entrado. En esa sala un agente de policía le explicó lo mismo que David, que todo ocurrió de repente y Richard no pudo evitarlo.
Pero eso no le servía de consuelo, solo le quedaba el recuerdo de haberse quedado dormido en la cama mientras que él moría a escasos metros…
—Aquí ya no hacemos nada, volvamos a casa—dijo David tratando de levantarlo.
Le miró suspirando. ¿Qué casa? No podía volver al piso que compartía con Richard, todo lleno de recuerdos. No podía enfrentarse a ellos esa noche.
— ¿Llamo a Georg y Gustav?¬—preguntó David en voz baja—Puedes quedarte conmigo, pero ellos son tus amigos…
Asintió levemente y metiendo la mano en la chaqueta de lana que llevaba cogió su móvil y se lo pasó suspirando. David lo abrió y buscó e su agenda, pasando por alto la foto que llevaba en el salva pantallas, la última ecografía de un hijo que se había quedado huérfano de padre.
El primer nombre que apareció fue el de Georg. Lo marcó y esperó a que lo cogiera. Eran las 4 de la madrugada y estaría dormido en la cama, pero era muy importante que se despertara…
—Georg, soy David—se presentó cuando descolgaron—Bill está a mi lado, pero necesita un lugar donde pasar esta noche.
— ¿Qué? ¿Por qué?—preguntó Georg sentándose de golpe en la cama.
Ya le pareció extraño que Bill le llamara a esas horas de la madrugada, tuvo un mal presentimiento nada más leer su nombre en la pantalla.
—Ha habido un accidente de coche…Richard…—empezó a decir David.
No pudo seguir hablando. Sentía un nudo en la garganta, su mejor amigo había muerto, su socio…su hermano. Era cierto que desde que supo que Bill se había quedado embarazado se habían distanciado, pero hubo una época en la que eran como uña y carne…y él creía sentir algo más que una simple amistad…
—Voy de inmediato—dijo Georg con un hilo de voz.
—No hace falta, llevo a Bill a tu casa—negó David carraspeando—No quiero que esté más tiempo en comisaría.
—De acuerdo, despertaré a Gustav. Esta noche va a necesitar más de un hombro sobre el que llorar—dijo Georg a modo de despedida.
David asintió y colgó la llamada. No se atrevían a llamar a los padres de Bill, era un viaje de dos horas y en esa noche Bill no quería que nadie más cogiera un coche.
Le ayudó a ponerse en pie y guardó de nuevo el móvil en el bolsillo de su chaqueta. Salieron de comisaría y le ayudó a entrar en su coche que dejó aparcado justo en la puerta. Le abrochó el cinturón al ver que le temblaban las manos y cerró la puerta. Rodeó el coche y entró por el otro lado. Arrancó y quince minutos después Bill rompía a llorar desconsolado en los brazos de Gustav.
Sintiéndose como que sobraba, David hizo una señal a Georg y caminó hacia la puerta del apartamento que compartía con Gustav. Esperó a que se reuniera con él, escuchando desde allí los sollozos incontrolados de Bill.
—Aún no lo saben sus padres—le explicó a Georg en voz baja—No quería que viajasen de noche.
—Mañana les llamamos…bueno, en unas horas—contestó Georg suspirando.
—Y yo vendré en cuanto sepa algo del entierro, Molly y Bill no se llevaban bien…
Dejó la frase sin terminar, era obvio que Georg supiera que no se trataban, por el gesto que puso resoplando. Pero no dejaba de ser el padre de su nieto, y tras lo ocurrid deberían estar más unidos.
—Hasta mañana, te dejo mi tarjeta por si Bill me necesita—se despidió David sacando su cartera.
Georg cogió la tarjeta asintiendo y se despidió de él. En esos momentos no le parecía ese tío prepotente que nos les podía ver ni en pintura. Se preocupaba mucho por Bill, y acababa de perder a su mejor amigo…
Regresó a la habitación de invitados en donde Gustav trataba de consolar a su amigo en vano. Tumbado en mitad de la cama, encogido mientras se frotaba su abultado estómago, Bill derramaba todas las lágrimas que le quedaban.
—Voy a por agua, se va a deshidratar—dijo Georg sintiendo que se le llenaban los ojos de lágrimas.
Gustav le miró y asintió, llorando él también sin poder remediarlo. Le vio salir de la habitación y se sentó en el borde de la cama, pasando una mano por la espalda de su amigo, impotente por no hallar las palabras que le consolaran.
¿Qué decir en esas circunstancias? ¿Qué luchara por el bebé? ¿Cómo hacerlo si se sentía roto de dolor?
&
El funeral se celebró a la tarde siguiente. Como muestra de respeto, Gustav no abrió ese día el pub. Puso un cartel en la puerta anunciando que por la muerte de una amigo muy querido esa noche no abrirían y pedía disculpas.
Por la mañana habían llamado al padre de Bill mientras que él dormía casado de tanto llorar desconsolado. Le cubrieron con una manta cuando de sus labios solo se escapaba un pequeño hipo, pero él y Georg pasaron la noche en esa misma habitación. No querían que se despertara y se asustara al ver que no estaba en su casa, más sin Richard a su lado.
Simone Trümper se encargó de ayudar a vestirse a su hijo. Llevaba algo de ropa que había dejado una vez en su casa cuando les hizo una visita, unos pantalones oscuros a los que Simone sacó de cintura para que los pudiera seguir aprovechando, y una camiseta negra que le estaba algo justa.
Era pronto para ir al piso que su hijo compartía con Richard…
Le obligó a comer por el bien de su hijo, y le pidió hora con la doctora Allen para el día siguiente, quería asegurarse de que tenía bien la tensión y si algo no iba bien ponerle remedio cuanto antes.
Bill se dejaba hacer como un sonámbulo. Casi le tuvieron que dar de comer entre Gustav y su madre, no tenía fuerza para sostener la cuchara con la que le dieron una sopa caliente.
Tenía la mirada perdida y no podía dejar de temblar. Ni de llorar… cada dos por tres su madre le tenía que secar con un pañuelo las mejillas.
Tras la comida David le hizo una visita. Había hablado con el padre de Richard, Philip Carpenter y le mandaba sus más sentidos recuerdos. Ya lo tenían todo preparado, enterrarían a Richard en el panteón familiar esa tarde a las 4. Luego habría una pequeña recepción a la que Bill se negó a acudir. Ya no era por estar bajo el mismo techo que Molly, sino porque no se sentía con fuerzas para ver a nadie más.
Una limusina negra les llevó a todos al cementerio. Era finales de abril, y soplaba una fría brisa que les hizo estremecer a todos. El tiempo acompañaba, nubes grises cubrieron el cielo de repente amenazando con descargar con furia una lluvia intensa.
Cogido al brazo de su padre, Bill caminaba con la cabeza inclinada sujetando su chaqueta de lana negra sobre su estómago. Llevaba los tristes ojos escondidos tras unas gafas grandes oscuras y el pelo agitado por el viento.
Tomaron asiento en primera fila, el lado opuesto a los padres de Richard. Entre sus manos apretaba una rosa roja mientras escuchaba las palabras del cura, diciendo que el joven Richard había pasado a una mejor vida…
Lo dudaba, sin él a su lado se debía sentir tan triste y solo como lo estaba él. Sino fuera por el bebé….le hubiera seguido, no merecía la pena vivir sin él.
Se mordió los labios cuando el cura le mencionó. Hablaba de la gente que Richard había dejado atrás, a sus desconsolados padres, a ese hijo que no vería crecer nunca más….solo desde el cielo….y a ese joven chico de que Richard estaba locamente enamorado…
Sintió que se le saltaban las lágrimas. No pudo seguir escuchando las palabras del cura. Se puso en pie cuando su madre le ayudó y cogida a su brazo llegó hasta donde estaba el ataúd y tras llevarse la rosa a sus temblorosos labios, la besó y la dejó sobre él, limpiándose con una mano la lágrima que rodaba por su mejilla abajo.
Retrocedió dos pasos y desde esa posición vio como se llevaban el ataúd al nicho que ya esperaba a Richard vacío. Ya no había nada más que hacer, Richard se había ido para siempre, nada ni nadie se lo iba a devolver….
Regresó al coche en el que había ido. Por el camino recibió el pésame de la gente allí reunida, la mayoría amigos de Richard que no conocía. Se fundió en un sentido abrazo con el padre de Richard, Molly se había desmayado y estaba en un coche descansando.
—Llámame con lo que sea, Bill—murmuró Philip tras soltarle—Si tú o el bebé necesitáis algo…o cuando nazca. Me gustaría mucho ver a mi nieto, es lo único que me queda de Richard.
Bill asintió en silencio. Sentía un nudo en la garganta que le impedía respirar. Siguió con su camino, llegó hasta la salida del cementerio y cogió aire profundamente para soltarlo en un hondo suspiro. Se volvió antes de entrar en el coche. La gente se iba retirando, la mayoría iría a esa recepción que los Carpenter habían preparado.
Arrugó al frente. A través de sus oscuras gafas había divisado a una persona que le resultaba familiar, pero no lograba ponerle un nombre a esa cara…
—Bill….
Se volvió al escuchar que le llamaban. Era David, tampoco tenía fuerzas para asistir a la recepción y se despedía de él con un fuerte abrazo y un beso en su húmeda mejilla.
—Llámame con lo que sea—susurró David a su oído—Además, hay un tema que tengo que tratar contigo, pero no hay prisa alguna.
—Gracias por todo, David—logró murmurar con voz ronca.
Se separaron y vio como se despedía de sus padres y sus amigos. Entró en la limusina y se recostó en el asiento cerrando los ojos y suspirando. Se llevó las manos a su abultado estómago, pensando en la vida que le esperaba… con 20 años, un bebé en camino al que le tocaría criar solo….sin nadie a quien amar porque el cruel destino se lo había llevado…
Este capítulo es muy triste, pobre Bilito 😢😭😭😭
LLORE NUEVAMENTE AL LEERLOOOO Y MI NIJA PREGUNTANDO PORQUE LLORABA…. Katchen