Parte I, Capitulo 6
Simone Trümper no podía estar menos equivocada. A la mañana siguiente su hijo se despertó con unos extraños dolores en la espalda y el bajo vientre lo que para Simone significaba dolores de parto, pero prefirió no decir nada para no alarmarle. Eran suaves, pequeños calambres como Bill los calificaba y decidieron no darle importancia…de momento.
Tenían cita con la doctora Allen a las 11 de la mañana y a las 10 mientras su hijo desayunaba Simone se llevó aparte a su marido y le explicó la situación.
—Bill se ha puesto de parto—le dijo en voz baja.
— ¿Cómo?—casi gritó Gordon.
—Sshhhh…..baja la voz—le riñó Simone—No quiero asustarle, tiene pequeñas contracciones que son normales en los primerizos. No ha roto aguas y calculo que estará así unas horas. Tenemos tiempo de llevarle con la doctora Allen, y que no sospeche nada.
Gordon asintió y mientras que su mujer terminaba de vertirse, él cogió con disimulo la maleta que ya tenían preparada, por si acaso. La bajó y metió en el coche, su hijo seguía desayunando como si nada, frotándose la barriga con una mano para calmar así sus calambres.
—Cuando quieras nos vamos—dijo Simone entrando en la cocina.
Sonrió a su hijo y le ayudó a ponerse en pie, mordiéndose los labios cuando le escucho gemir por lo bajo. Le frotó el vientre suspirando, sabía con certeza que esa misma noche tendría a su nieto en brazos.
Le ayudó a ponerse la chaqueta y tras cerrar la puerta subieron al coche en donde les esperaba su marido todo nervioso. Tras un corto trayecto de media hora, Bill recibía una grata noticia recostado en la camilla.
Nada más llegar y mientras se desnudaba y ponía un camisón de hospital, Simone contó a la doctora Allen sus temores, que ella confirmó tras comprobar que estaba dilatando y tenía contracciones suaves.
—Bill, te tienes que quedar ingresado—comunicó sonriendo la doctora Allen.
— ¿Por qué? ¿Le pasa algo malo al bebé?—preguntó Bill asustado.
—Que ya quiere nacer—contestó Simone riendo.
Bill miró primero a su madre y luego a la doctora Allen, las dos asentían con la cabeza. Se recostó de nuevo en la camilla tragando con esfuerzo, había llegado el momento de traer a su hijo al mundo, y no se sentía preparado…
Le llevaron a una habitación particular y enseguida le conectaron a un monitor por donde salía un dulce sonido. El corazón de su hijo latía con fuerza la doctora Allen opto por ponerle una epidural sentándolo en la camilla mientras Bill se apoyaba en el hombro de su madre, sin poder evitar dejar salir un par de lagrimas, por Richard y el dolor de no tenerlo en este mundo. Al poco rato hizo efecto y Bill se quedó dormido bajo los efectos de la droga y arrullado por los latidos rápidos de su bebe.
Durmió unas cuantas horas, mientras sus padres se paseaban a su alrededor, casi en la noche una enfermera les informo que tenían que despertar a Bill y que la epidural ya no haría efecto, tan solo era un paliativo para que el nacimiento sea menos tortuoso
—Bill, hijo tienes que despertar
— ¿Richard? —preguntó Bill al abrir los ojos.
De alguna manera había creído que la voz cariñosa que le hablaba era del padre de su hijo y al darse cuenta de que no era así apenas si pudo contener su decepción
El tiempo seguía pasando y para entonces las contracciones no eran tan suaves, y no podía impedir morderse los labios para no gritar muy alto. A su lado estaba su madre cogiéndole de la mano y recordándole como respirar mientras se pasaba la contracción, pero ni eso daba resultado. Le dolía, más el no tener a Richard a su lado…
En la sala de espera estaban Georg y Gustav. Simone los llamó nada más ingresar a Bill y le hicieron compañía hasta que las contracciones fueron más fuertes, entonces salieron para darle más intimidad. Se llevaron una sorpresa al ver a David, por lo visto también le habían llamado.
Se saludaron con algo menos de frialdad que en las anteriores ocasiones, desde la muerte de Richard David se había vuelto más «amable», sobre todo con Bill. Le llamaba dos días a la semana y se pasaba a verle siempre que tenía una oportunidad. Había cogido un nuevo socio pero no era tan eficaz como Richard y se le acumulaba el trabajo.
— ¿Lo sabe el padre de Richard?—preguntó Gustav de repente—No sabemos su teléfono, o si a Bill le ha dado tiempo de avisarle él mismo….
—En cuanto me llamó Simone se lo dije yo—contestó David—Se encuentra en viaje de negocios y Molly…bueno, está algo resfriada y es mejor que no venga, por el bien de Bill y el bebé.
Georg y Gustav se miraron resoplando. ¿Resfriada? ¡Qué excusa más patética! Sabían por Bill lo mal que le trataba desde que tuvo la osadía de enamorarse de su único hijo, le miraba por encima del hombro torciendo el gesto, como si le desagradaba su mera presencia.
Si, resfriada, ojala se mantuviera resfriada y lejos por un buen tiempo, sus comentarios fríos y displicentes era lo que menos necesitaba Bill solo el llanto de su hijo cuando lo tuviera e sus brazos.
Las horas pasaron entre contracción y contracción, que se fueron intensificando por medio pasaba la noche el bebé se hacía de rogar. Para entonces Bill estaba muy débil, agotado por las contracciones y deliraba como si tuviera fiebre. Llamaba a Richard con los ojos entrecerrados, y Simone no podía hacer nada por consolarlo. Solo cogerle de la mano y pedirle que resistiera, que muy pronto todo habría terminado.
—Mama, por favor Richard ya debe estar aquí, por favor
Simone solo le acariciaba para darle fuerza
La doctora Allen iba ya cada media hora a visitarle, arrugando la frente al ver que en la ultima hora apenas había dilatado.
— ¿No le puedes dar algo?—preguntó Simone en voz baja—Se está cansando y cuando llegue el parto apenas tendrá fuerzas.
—Le pondremos oxitocina, con esto aceleraremos las contracciones y dilatará lo suficiente para dar a luz—contestó la doctora Allen mirando a una enfermera.
Esta asintió en silencio y cogió la inyección que ya tenía preparada por si acaso. Se la puso a Bill en la vía que tenía en su mano derecha y solo quedaba ya esperar. A los 15 minutos empezó a dilatar y las contracciones eran más seguidas y dolorosas Bill gritaba sin poderse contener hasta que al fin rompió aguas y se lo llevaron corriendo a un quirófano.
Sentía unos grandes dolores de cintura para abajo, pero más en el corazón al saber que Richard no iba a estar presente cuando naciera su bebé. Exhausto de todo el día y noche, Bill se incorporaba cuando se lo pedían y trataba de empujar con todas las pocas fuerzas que le quedaban mientras deliraba…
— ¿Aun no ha llegado Richard?—preguntó a su madre cuando le mandaron dejar de empujar.
Simone solo pudo negar con la cabeza, no se sentía con fuerzas para mentirle y decirle que si, que llegaría en unos minutos.
—Vamos Bill, empuja en la siguiente contracción—pidió la doctora Allen.
—Esta bien cariño, ya falta poco, déjame conocer a mi nieto –le animó Simone.
Le ayudó a incorporarse y le animaba a empujar viendo como arrugaba la frente y gritaba por el dolor que sentía.
—Ya le veo la cabeza…empuja un poco más y con suavidad—pidió de nuevo una emocionada doctora Allen.
Bill hizo todo lo que pudo, agarrando con fuerza la mano de su madre, resoplando cuando le dijeron que dejara de empujar y se recostara por unos segundos. Simone aprovechó para pasarle una gasa húmeda por su sudada frente. Llevaba el pelo recogido en una coleta y algunos mechones se le habían escapado, teniéndolos en esos momentos pegados a su cara.
—Venga, la última vez. Incorpórate del todo y podrás traer al mundo a tu hijo con tus propias manos—dijo la doctora Allen sonriendo.
Bill logró sonreír con esfuerzo y se incorporó. Apretó los labios y empujó con las pocas fuerzas que le quedaba. Puso sus temblorosas manos entre sus piernas alzadas y sintió como la doctora Allen le pasaba con cuidado a su hijo, sujetándolo para que no se cayera.
Tiró con suavidad de él y le sintió salir del todo, viendo la pelusita oscura en su húmeda cabecita. Soltó el aire retenido en un hondo sollozo, mientras que una enfermera ponía sobre su agitado pecho una mullida toalla en donde acostar a su hijo recién nacido, que lloraba desconsolado.
Lo acostó sobre su pecho y le tapó con rapidez para que no cogiera frío. No podía evitar llorar, sus lágrimas caían por sus mejillas y caían sobre la frente de su hijo, cuyos sollozos remitían con el contacto del cuerpo de su padre.
Ya solo se oía un ligero hipo, las risas de las enfermeras y los suspiros de la abuela. Bill se recostó en la camilla sin dejar de acunar entre lágrimas a su hijo, pensando en lo pequeño que era….y guapo…
— ¿Cómo le vas a llamar?—preguntó la doctora Allen.
—Richard—contestó Bill muy bajito mientras depositaba un suave beso en la frente de su hijo.
Simone lo miró sorprendida, después de todo un Richard tenia que llegar esa noche y su hijo ya lo tenía en brazos
Una enfermera le pidió que se lo diera para limpiarlo un poco y ponerle su primera ropita, Bill no quería apartarse de él pero la doctora Allen aun no había terminado con él, así que tuvo que colaborar
Simone dejó un momento solo a Bill para dar la maravillosa noticia a su marido y los amigos de su hijo que no tuvieron más que reacciones de alegría por la buena noticia. David fue un poco más discreto, felicitó a los abuelos y se fue unos minutos después
Era aun las horas de la madrugada y un agotado Bill fue llevado a su habitación junto con su hijito que se portó bien y durmió todo lo posible
En la mañana las muestras de cariño no se hicieron esperar, varios ramos de flores, globos, mantas y peluches de los más variados tipos llegaron de parte de los amigos de los padres de Bill, y un llamativo oso gigante de parte de David.
Perdido entre todos aquellos objetos Bill pudo ver unas discretas rosas blancas, le pidió a su madre que se las acercara y cogió la tarjeta para ver de quien eran.
“Muchas felicidades, Tom”
Solo decía eso, pero por alguna razón hizo sonreír a Bill, un gesto simple pero sincero como lo había sido Richard.
Ahhh Tom se hizo presente con las flores. Al parecer lo de Tom fue amor a primera vista desde que lo vio y ahora dado estas circunstancias le toca enamorar a Bill♥
De mis Fics favoritos de Lyra♡♥
ese Tom, que no lo puede olvidar…
muchas gracias Ady!!