Segundas oportunidades 9

Parte I, Capitulo 9

 

Los primeros días de su «nueva vida» fueron muy especiales para Bill. Los dedicó a cambiar los muebles, se mantenía ocupado para no recordar dolorosos momentos vividos en cada rincón. Con ayuda de Georg y Gustav, se dedicó a cambiar los sofás de sitio, comprar una estantería nueva en la que poner algún que otro adorno, algo que no le recordara que se había quedado solo.

Esa tarde Sonhia se encargaba de vigilar al revoltoso Richard mientras que él y los chicos movían el televisor y lo ponían al otro lado del salón. Una vez terminada la tarea, Bill los invitó a comer y pasaron una agradable velada, comentando lo rápido que crecía Richard y ya balbuceaba sus primeras palabras, como bromeaba Georg. Eran gorgoritos nada más, pero algo parecido a papá.

A Bill se le llenaban los ojos de lágrimas cada vez que le escuchaba, era como si supiera que su papá estaba presente en cada rincón de la casa…

 

 

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Dos meses después ya se había acomodado a su nuevo ritmo de vida. Todas las mañanas daba un largo paseo por el parque llevando a Richard cómodamente instalado e su sillita. Jugaba con él sentado en un banco al sol y luego de regreso a casa pasaba por el super a hacer la compra.

Siempre tenía algún invitado para comer o cenar, Georg y Gustav iban casi a diario y a veces ellos mismos llevaban algo preparado para no darle más trabajo, ocuparse de un revoltoso niño de medio año ya era más que suficiente. Sonhia acompañaba a Georg casi siempre, le encantaba cuidar de Richard y así Bill podía tomarse un pequeño descanso.

David también le visitaba muy a menudo, le contaba como iba el despacho sin la eficaz ayuda de Richard, su nuevo ayudante era un inepto y mucho se temía que le tendría que despedir uno de esos días. En más de una ocasión trató de llevárselo fuera a comer o cenar, pero Bill siempre tenía una buena excusa. No podía dejar a su hijo con una desconocida, era muy pequeño todavía…no se había separado de él desde que nació y nunca lo haría…

Pero unas semanas después de dejó convencer por Georg y Gustav. Sonhia prometió quedarse con el pequeño Richard mientras que los chicos se lo llevaban a tomar algo al pub de Gustav. Solo una copa, no estarían más de una hora y Georg le llevaría a casa de regreso.

Suspiró mientras se peinaba delante del espejo, no sabía como había accedido. Le estaba entrando morriña y solo le apetecía arrebujarse bajo las sábanas viendo a su hijo dormir. Pensaba en Richard, sabía que no quisiera verle triste todo el tiempo anclado en el pasado y en los recuerdos. Dolía si, pero tenía que mirar hacia adelante…

Se echó un último vistazo al espejo. Esa noche iba todo de blanco, pantalones y cazadora vaquera, y una camiseta con un estampado rojo claro en el pecho. El pelo lo llevaba liso y suelto, sujetado a los lados con dos horquillas invisibles.

No pudo evitar sonreír, hacía mucho que no se arreglaba y se veía realmente guapo, aunque sexy sería la palabra adecuada. Sacudió la cabeza negando, esa noche solo iba a tomar una copa con sus amigos, nada más. ¿Con quién se iba a encontrar?

Corrió a abrir la puerta cuando le hicieron una perdida al móvil. Eran Georg y Sonhia, que sabiendo que a esas horas Richard estaría dormidito en su cuna no llamaron al timbre para no despertarlo. Les saludó con beso en la mejilla a ambos, sonrojándose antes los piropos que Georg le lanzaba con un silbido.

—Estoy sintiéndome algo celosa—bromeó Sonhia.

—Richard lleva una hora dormido—explicó Bill sin dejar de sonreír—Si se despierta le puedes leer el libro que te he dejado sobre la cama, le encanta. Y si tiene hambre en la nevera ya hay un biberón preparado y si llora porque no se puede dormir….

—Entonces le cojo en mis brazos y le acuno tarareando «luna, luna» por lo bajo—terminó Sonhia la frase por él.

Bill suspiró, lamentando ser a veces tan pesado. No tenía de que preocuparse, su hijo no podía estar en mejores manos. Entró en el dormitorio seguido de Sonhia y se inclinó sobre la cuna para besar a su hijo suavemente en la frente. Sonrió al verle hacerlo a él en sueños, y tras acariciar su rizado pelo se incorporó suspirando.

Sonhia se despidió de ellos deseándoles una buena noche y entraron en el coche de Georg. En media hora se encontraban en el reservado de siempre. Gustav se reunió con ellos nada más verlos entrar por la puerta y ya les llevaba sus bebidas. Dos cervezas para él y Georg y una botella de agua para Bill.

Enseguida le pusieron al día de las nuevas noticias relacionadas con el pub, que como ya predijera Richard estaba lleno todas las noches. Gustav tuvo que contratar a más camareros, pero ni por esa.

—No doy abasto—dijo Gustav suspirando—Tengo tres camareros de más en la barra, traigo loco a Andreas cada vez que le pido que se de prisa en servir a los clientes, es imposible hacerlo si solo tiene dos manos…

Bill reía a gusto. En verdad se lo estaba pasando bien, había echado de menos el caos que reinaba en el pub. Le encantaba la música que estaba sonando, se entretenía viendo a la gente bailar…

—Y dentro de poco es navidad—siguió relatando Gustav—Hemos empezado a imprimir las invitaciones, esa noche solo tendremos a nuestros clientes más especiales, lo siento por el resto.

—Vas a tener que instalar un ropero—dijo de pronto Bill—Hará frío y todos vendrán con sus mejores abrigos, y podías recibirlos con una copa de vino caliente con canela…

—Oye, pues es buena idea—intervino Georg.

—Me has salvado Bill, no sé que haría sin ti—dijo Gustav besándolo en la mejilla con toda naturalidad.

Se le quedó mirando con los ojos entrecerrados, una idea empezaba a formarse en su cabeza…

— ¿Qué?—preguntó Bill algo incómodo.

—Necesito un relaciones públicas, ¿te interesa?—preguntó alzando una ceja.

— ¿Cómo? Solo te he dado dos sugerencias….

—Dos buenas ideas—intervino de nuevo Georg.

—Sería en tu tiempo libre, incluso lo podrías hacer desde casa—insistió Gustav deseoso de que aceptara—Se te da bien la informática, podías llevar la página web anunciando las ofertas de la semana, las fiestas que organizaremos como la de navidad o año nuevo….y podías aparecer por el club alguna que otra noche, así yo podría echar una mano en la barra y dar algo de descanso al pobre Andreas…te pagare un buen sueldo, vales tu peso en oro.

Bill se le quedó mirando en silencio, pensando en esa atractiva oferta de trabajo. Era cierto que no quería separarse de su hijo, pero no podía pasarse toda la vida sin hacer nada, viviendo de lo que Richard le había dejado. Fijo que Molly pensaba que además de no ser el chico que le convenía a su hijo era un rematado vago…

—Sonhia y yo cuidaremos de Richard cuando tengas que venir al club—se ofreció de inmediato Georg.

—Oh, no os podría robar tantas noches y más teniendo tan cerca la navidad…—empezó a decir Bill.

—Tengo una habitación libre en el piso de arriba, al lado de mi despacho—dijo de pronto Gustav—Está insonorizada, la podemos decorar con motivos infantiles, poner una cuna…lo que pidas…

—Aún no he dicho que sí—cortó Bill levantando una mano.

—Pero sé que lo harás—dijo Gustav sonriendo—Tómate tu tiempo, no me contestes hasta después de Navidad….aunque si pudieras echarme una mano en esos días….

—Bueno, en eso si te puedo decir que sí, os lo debo por lo bien que me habéis tratado los dos—cedió Bill.

—No tienes que decir nada, era nuestro deber como orgullosos tíos—dijo Georg con una amplia sonrisa.

—Hablaré con mi madre, sé que esos días le hará mucha ilusión cuidar de Richard…

—Tampoco quiero que pases las fiestas separado de tu hijo….son las primeras navidades que pasarás sin…con él…—rectificó Gustav a tiempo.

Pero el «daño» ya estaba hecho, si serían las primeras sin Richard a su lado, pero también las primeras que viviría su hijo. Sentía que se iba a poner nostálgico en esos días y un poco de distracción le haría bien.

Asintió para alegría de Gustav y viendo que le Andreas le reclamaba, Georg y él se quedaron solos en silencio, disfrutando de la música que sonaba en esos momentos. Sus ojos se dirigieron a la cabina del DJ, y no pudo evitar sonreír ampliamente. Tras la mesa de mezclas estaban las inconfundibles trenzas negras de Tom.

Se disculpó diciendo que iba al baño y caminó abriéndose paso entre la gente que se agolpaba en la pista de baile. Se acercó a la cabina y esbozó su mejor sonrisa. Tom estaba inclinado y no se había dado cuenta de su presencia, así le pudo echar un repaso de arriba abajo. Vestía una amplia camiseta roja como desteñida, unos vaqueros que le quedaban holgados y un pañuelo negro en la cabeza.

De repente se irguió y sus miradas se encontraron. La sonrisa que le dedicó le hizo estremecerse sin poder evitarlo…

—Bill—dijo Tom medio suspirando.

—No te quiero molestar, solo venía a darte las gracias por el ramo de rosas que me mandaste—dijo Bill sin aliento.

—De nada, y no es ninguna molestia—aseguró Tom— ¿Qué tal estáis tú y tu hijo?

—Muy bien, gracias. Ya tiene 8 meses y crece fuerte y sano—contestó sonriendo.

—Me alegro mucho—susurró Tom.

Se quedaron en un incómodo silencio, roto por los abucheos de la gente cuando cesó la música de repente. Tom se apresuró a cambiarla y miró a Bill sonrojándose por el despiste.

—Te dejo, te estoy entreteniendo—se despidió Bill—Ya nos veremos.

Tom asintió y le dijo adiós con la mano. Se había quedado mudo de repente, fue ver a Bill y olvidar todo lo que tenía pensado decirle la próxima vez que le viera, si es que le volviera a ver…no se esperaba que sucediera esa noche, y menos que estuviera tan guapo…y sexy…

por lyra

Escritora del fandom

Un comentario en «Segundas oportunidades 9»

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