Segundas oportunidades 14

Parte I, Capitulo 14

 

Aparcó delante del edificio en el que vivía Bill y se armó de valor. Llegó a la puerta e iba a llamar al telefonillo cuando la puerta se abrió de repente y salió un señor mayor. Le saludo con educación y entró aprovechando que ya le habían abierto.

Entró en el ascensor y pulsó la planta de Bill. Cuando llegó salió y se detuvo en la puerta, pensando si debería haber llamado antes. Tal vez no le apeteciera recibir visitas, o tendría dormido a Richard… Pero el llanto que escuchó al otro lado le dijo todo lo contrario.

Cogió aire profundamente y pulsó el timbre. Esperó unos minutos mientras escuchaba como Bill calmaba a su hijo y los sollozos remitían. Al momento se abrió la puerta y esbozó su mejor sonrisa.

— ¡Tom!—exclamó Bill muy sorprendido.

—Me he enterado de lo de Richard y venía a ver qué tal estaba—se explicó Tom sin aliento.

—Mejor, gracias. Está algo empachoso y solo quiere estar cogido—dijo Bill suspirando.

Tom se mordió el labio, no debería haber ido. Se le notaba muy cansado y su aspecto era…una coleta baja mal peinada, una camiseta roja y un pantalón gris de chándal. No esperaba recibir visitas y puede que le hubiera sentado mal que se hubiera presentado así de improvisto.

—Si estás ocupado…—empezó a decir.

—No pasa—cortó Bill echándose a un lado.

Le dejó pasar y cerró la puerta tras él. Le señaló el salón y se volvió a sentar en el sofá en el que estaba antes de que Tom llamara. Acomodó a Richard en su regazo y empezó a acunarlo para que se volviera a dormir.

—Se te ve muy cansado—comentó Tom sentándose a su lado.

—Llevo dos noches sin dormir—explicó Bill—La novia de mi amigo Georg me ayudó el primer día, pero entonces mi amigo se contagió…Gustav está muy ocupado con el club, aunque me llama a todas horas para ver si necesito algo, y mi madre quería venir a echarme una mano, pero le dije que podía yo solo…

—Y Richard ha podido más que tú—rió Tom—Pero bueno, ahora estoy yo y puedo hacerme cargo.

—Es que…no se dormirá si no es mis brazos, y esta mañana no atiende a razones…—empezó a decir Bill—Además, no quiero que te contagie…

—Pásamelo y ya verás—dijo Tom con firmeza—Y no te preocupes, estoy inmune a todas las enfermedades infantiles.

Bill asintió y se lo pasó con cuidado de no despertarlo, ya se le habían cerrado los ojitos y el llanto había dado paso a un ligero hipo. Sonrió al ver como Tom lo acomodaba en sus brazos y empezaba a acunarlo antes de que se despertara y viera que no estaba con su padre.

—Vaya—susurró sonriendo Bill.

Tom le devolvió la sonrisa y siguió acunando al pequeño Richard.

—Ve a hacer lo que sea, que no se despertará—dijo Tom en voz baja.

—Me doy una ducha rápida—dijo Bill levantándose.

Salió corriendo en dirección al baño mientras se quitaba la camiseta por el camino. Abrió el grifo y se desnudó del todo. Gimió con los ojos cerrados cuando sintió el agua caliente caerle por la espalda, estaba muy tenso desde que su hijo había caído enfermo. Además, le estaba saliendo su primer diente. Si se ponía así por uno solo, ya sabía lo que le esperaba cuando le salieran los demás…

No se entretuvo mucho, Richard podría despertarse y ver que le había dejado con un extraño….aunque conocía a Tom y se llevaba muy bien con él. Se lavó el pelo con rapidez y salió de la ducha. Se puso un albornoz y recogiendo la ropa que se había puesto esa mañana entró en su dormitorio.

La dejó sobre la cama y se vistió con otro chándal. Se secó el pelo con una toalla y se lo peinó aún húmedo, dejándolo caer sobre su espalda. Entonces regresó al salón, en donde su hijo estaba profundamente dormido en los brazos de Tom. Sonrió y señaló el pasillo, para que le acompañara a acostar a su hijo en la cuna.

Tom se levantó con cuidado y le siguió. Se inclinó sobre la cuna y le acostó con suavidad. Le arropó él mismo antes de que Bill se diera cuenta y entonces se incorporó. Regresaron al salón, en donde Bill se sentó suspirando al tiempo que se recostaba en el sofá y cerraba los ojos.

—Te ofrecería una taza de café, pero creo que no tengo café y ni una taza limpia—explicó con una sonrisa.

—Bajo en un momento y te compro lo que necesites—se ofreció Tom.

—Café, de momento—dijo Bill aceptando su ofrecimiento—Pan y una caja de leche. Luego saldré a la tarde con Richard y compraré el resto.

—No, dime lo que sea. No me importa—insistió Tom.

—Bueno…también necesitaría un paquete de pañales, pero no sé si sabrás cuales son…

—Pues me lo dices y asunto arreglado—interrumpió Tom sonriendo—Hazme una lista.

Bill asintió suspirando y cogió la libreta que tenía en la mesa baja que había en medio del salón. Apuntó todo lo que recordaba que le faltaba, sin olvidarse de señalar la talla de pañal que su hijo gastaba. Luego se levantó y fue a su dormitorio, regresando con dos billetes de 50€.

—Espero que tengas bastante—murmuró entregándole el dinero—Te dejo mi móvil, así me haces una perdida cuando llegues…para no despertar a Richard.

Tom asintió cogiendo el dinero y grabó en su móvil el número de teléfono que Bill le daba. Una vez terminado, se apresuró a bajar al supermercado. Mientras, Bill aprovechó para limpiar la cocina. Fregó los platos que había y puso una lavadora. En eso estaba cuando sintió vibrar su móvil. Se secó las manos a un paño de cocina y corrió a abrirle la puerta a Tom.

Una vez de nuevo en el piso, Tom le ayudó a colocar la compra hasta que se escuchó el llanto de Richard resonar por todo el piso.

—Ya voy yo—se ofreció Tom al momento.

Salió sin esperar una respuesta de Bill. Entró en la habitación del niño y le cogió en sus brazos susurrándole para que se calmara. Regresó a la cocina y se lo pasó a su padre suspirando.

—Bueno, ha dormido casi una hora—murmuró Bill.

Se sentó en una silla acomodándole en su regazo.

— ¿Puedes abrir el congelador?—le pidió a Tom—Tengo allí un mordedor, a ver si se tranquiliza un poco.

Tom le obedeció de inmediato y le entregó un mordedor en forma de osito que Bill puso en los labios de su hijo. Mientras se puso a hacer café, aunque se lo pensó mejor y cambió de opinión.

— ¿Qué te apetece comer?—preguntó mirando a Bill fijamente.

—Lo que sea, un sándwich…—empezó a decir sin muchas ganas Bill.

—Venga, aprovéchate de que estoy yo—cortó sonriendo Tom—Soy un excelente cocinero, pide lo que quieras.

—Tú mismo, sorpréndeme—dijo Bill encogiéndose de hombros.

Tom se puso manos a la obra. Abrió el armario que Bill le señaló cuando le preguntó por un cazo grande y luego cogió los espaguetis que acaba de comprar. Echó agua y los puso a cocer mientras cortaba cebolla y preparaba la salsa que los iba a acompañar.

Bill lo observaba moverse en la cocina con toda naturalidad, intrigado en esa salsa que le estaba preparando y cuyos ingredientes Tom se negó a revelar cuando le preguntó con interés.

—Es un secreto—dijo sonriendo con maldad y guiñándole un ojo—He jurado no desvelarlo nunca.

Bill resopló en broma y siguió meciendo a su hijo que poco a poco se estaba quedando de nuevo dormido. Le acostó en su cuna con cuidado y regresó a la cocina para echar una mano. Puso la mesa y se sentó mientras Tom servía esa deliciosa comida.

Mientras comían, hablaron sobre todo del pequeño Richard. Bill le explicaba lo mayor que se estaba haciendo y que cada vez era más travieso

—Me tiene detrás de él todo el día—comentó Bill con una sonrisa—Ahora estando malito no da tanta guerra, pero en cuanto haya recuperado fuerzas…me iré unos días a casa de mi madre para que me eche entonces una mano.

—Si, se te ve muy cansado—murmuró Tom suspirando.

Bill asintió. Era en esos momentos cuando más echaba de menos tener a alguien a su lado, que le ayudara con si hijo y viera que estaba muy cansado y se ofreciera a echarle una mano. Como Tom, al que apenas conocía y se había pasado toda la mañana metido en su cocina.

Se le quedó mirando mientras comía, se le daban muy bien los niños y había conectado enseguida con Richard. Sería el…»padre» que su hijo necesitaba, eso si era lo que Tom buscaba. Era muy difícil empezar una relación en la que desde el primer día ya se sabía lo que se le venía encima.

 

por lyra

Escritora del fandom

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