Parte I, Capitulo 22
Se despertó sintiendo una agradable sensación. Aspiró hondo sonriendo, el dulce aroma que emanaba del dormido cuerpo que yacía a su lado le llenó por dentro haciéndole pensar que se encontraba tumbado en un bosque…
Abrió los ojos y suspiró al verle dormir, con su largo pelo extendido por la almohada. Extendió una mano y cogiendo un mechón se lo acercó más a la nariz y de nuevo aspiró…le encantaba el champú que usaba Bill…
Le sintió gemir en sueños y moverse. Le soltó de inmediato, habían quedado en dormir juntos, nada más. Por muchas ganas que sintiera en esos momentos de cogerle en sus brazos y despertarlo llenándole la cara de besos, sabía que no sería lo correcto. Había pasado por un mal momento y necesitaba un abrazo, que él le dio encantado una vez se metió en su cama.
Todavía recordaba cómo se desnudó delante de él sin ningún tipo de timidez. Él también se quitó la ropa y quedándose en bóxers esperó hasta que Bill terminó de ponerse su pantalón de pijama y una camiseta blanca.
Entonces se metió en la cama y levantando la sábana le invitó con una sonrisa. Asintió y se tumbó a su lado suspirando cuando se le acercó y acomodó entre sus brazos. Le estrechó con fuerza y sintiendo que se acomodaba en su pecho, bajó la cara y le besó en el pelo sonriendo.
Y así pasaron esa primera noche, el uno dormido en los brazos del otro, que temía cerrar los ojos y ver que se lo había soñado… Pero una vez que llegó el nuevo día, pudo comprobar que había sido real. Que seguía dormido a su lado y descansaba en paz.
Le vio darse la vuelta en sueños y se le quedó observando en silencio, sonriendo al verle a él hacerlo en sueños…suspirando cuando sus labios se separaron y le echaron su cálido aliento…
Extendió otra vez una mano dispuesto a acariciar esa sonrosada mejilla, cuando escuchó unos gorgoritos procedentes de la habitación de Richard. Se levantó de inmediato a atenderlo sin despertar a Bill. Salió del dormitorio y recorrió el pasillo descalzo hasta llegar a la del niño, que ya no quería dormir y en pocos minutos reclamaría su desayuno.
Se acercó a la cuna e inclinándose sobre ella le cogió con suavidad, viendo como le sonreía y no se echaba a llorar porque fuera un extraño. Pero ya se conocían y sabía que podía confiar en él.
Le acostó con suavidad sobre la cómoda que hacía las veces de cambiador y le puso un pañal limpió al notar que lo necesitaba. Le volvió a poner en su sitio el pijama y pensando que a Bill le gustaría despertase y ver a su hijo en la cama, lo cogió de nuevo y se lo llevó al dormitorio.
Se metió en la cama y recostado en las almohadas, dejó a Richard cómodamente sentado en su regazo. Le entretuvo con caricias y mimos hasta que la risa del niño sacó al padre del sueño en el que estaba.
—Buenos días—saludó Tom cuando sus ojos se fijaron en él.
Obtuvo una amplia sonrisa como respuesta, que imitó al tiempo que pasaba el niño a su padre y él se tumbaba a su lado. Lo dejaron acostado entre los dos, jugaron con él al ver que estando entretenido no pedía su desayuno y mientras hicieron planes para esa mañana.
— ¿Vendrás al club al final?—preguntó Tom acostándose de lado para verle mejor.
—Si, quiero estar entretenido y así no pensar en Molly—contestó Bill suspirando.
—Entonces podrás conocer a dos de mis hermanos—dijo Tom muy orgullosos—Tienen 18 años y ya verás lo bien que te caen.
Bill asintió preguntándose cómo serían, si se parecían tanto a Tom o no eran tan guapos… Se ruborizó al pensarlo, no debía hacerlo con él metido en su cama y medio desnudo.
Como si Tom le hubiera leído el pensamiento, se inclinó hacia él y pasando por encima de su hijo le besó con brevedad en los labios suspirando.
—Tenía que hacerlo, o me daba algo—se excusó recostándose de nuevo en las almohadas.
—Mejor nos levantamos y desayunamos—dijo Bill sonriendo—No hay que llegar tarde al club.
Tom asintió y se levantó de la cama pensando en la excusa que había dado Bill, sabiendo que en el fondo lo que quería era no pasar más tiempo en la cama estando los dos con tan escasa ropa, sobre todo él…
Se vistió con rapidez y luego siguió a Bill a la cocina. Preparó café para los dos mientras que él sentaba a Richard en su sillita y calentaba su primer biberón de la mañana.
— ¿Lo llevarás al club?—preguntó de repente Tom.
—Me temo que si, no puedo avisar a mi madre con tan poco tiempo—contestó Bill mirando la hora en el reloj de la pared.
Se dieron prisa en desayunar y mientras que Bill se daba una ducha, Tom se encargó de vestir a Richard y tenerlo listo en menos de una hora. Le abrigaron bien para que no cogiera frío y tras sentarlo en su silla de paseo, salieron a la calle en dirección al club de Gustav.
Llegaron y Tom le ayudó a entrar la silla por la puerta de atrás, a la que llamaron y fueron abiertos por un sonriente Andreas.
—Al fin has llegado—saludó sonriendo a Bill.
— ¿Pasa algo?—preguntó Tom preocupado.
—Tus hermanos, están revolucionando a las camareras—explicó Andreas riendo.
Tom le imitó suspirando aliviado, por un momento pensó que iba a hacer un comentario porque viniera acompañado de Bill y le preguntara delante de él que tal lo habían pasado la noche la anterior.
—Ven, que te los presento—dijo Tom cogiendo del codo a Bill.
Recorrieron el largo pasillo que conducía al club, y tras dejar la silla de Richard en un rincón para que no molestara, entraron en la zona del bar. Habían colocado unas sillas en fila donde estaban sentados la mitad de los empleados charlando animadamente. Había algunos de pie mientras esperaban a que Gustav les hablara, siendo los hermanos de Tom dos de ellos.
Nada más verle, dejaron al grupo de chicas con las que tan cómodamente estaban hablando y corrieron a saludar a su hermano.
— ¡Tom!—exclamaron dos chicos totalmente idénticos.
Le dieron un fuerte abrazo y besaron su mejilla entre risas.
—Nunca llegas puntual—le riñó uno de ellos.
—Si, nosotros llevamos un cuarto de hora contemplando el panorama—comentó el otro, guiñándole un ojo.
—Chicos, calmaos un poco que os quiero presentar—pidió Tom resoplando.
Sus hermanos eran buenos chicos, pero no dejaban de tener 18 años recién cumplidos y estaban saturados de hormonas. Esperó hasta que sus ojos se centraron en él y entonces les presentó a sus acompañantes.
—Chicos, ellos son Bill y Richard—presentó ante la pasmada mirada de sus hermanos.
—Pero Tom… ¿cuánto hace que no vas por casa?—preguntó uno de ellos sin dejar de mirar a Richard.
— ¿Mamá sabe que ya es abuela?—preguntó el otro.
—Seréis bobos…—gruñó Tom, preocupado por si Bill se había molestado.
Pero la sonrisa que lucía en sus labios le decía todo lo contrario. Le habían caído muy bien sus hermanos, tan bromistas y honestos, que no cortaban un pelo a la hora de decir las cosas.
Se les quedó mirando, asombrados de que fuera tan idénticos. Además, llevaban la misma ropa y eso le chocaba, pues de niños lo entendería pero no siendo ya tan mayores. Le era muy difícil averiguar quién era Ralph y quien Klaus, recordaba lo que le contó Tom acerca del lunar que los diferenciaba, pero los dos llevaban un jersey negro de cuello alto y manga larga y no iba a pedirles que se la subieran para reconocerles.
Lo que más gracia le hizo fue su cara, eran casi un calco de Tom pero con los ojos claros en lugar de castaños. El pelo lo llevaban corto y bien peinado, destacando unas mechas rubias en su melena castaña, lo que le dio por pensar si Tom también era rubio y se había teñido el pelo de oscuro.
Carraspeó al ver que todos los ojos estaban fijos en él y se dispuso a hablar para aclarar la situación.
—Tom y yo somos…amigos—explicó, no atreviéndose a usar la palabra novio.
Tom asintió de acuerdo con él, no había que precipitar las cosas. Se estaban conociendo y aunque habían compartido ya la cama y algunos besos, no quería que por usar la palabra equivocada su relación se fuera al traste.
—Bill—siguió Tom con las presentaciones—Él es Ralph y el otro Klaus.
Antes de que pudiera pestañear, cada uno de los hermanos de Tom le dio un beso en la mejilla al tiempo que se presentaban ellos mismos entre risas.
—Yo soy Ralph—explicó el que Tom erróneamente había llamado Klaus.
—En serio, debéis dejar de vestiros iguales, ya sois mayorcitos—gruñó Tom resoplando.
—Oh, ahí está Gustav—dijo Bill señalando la barra—Tengo que comentarle un par de cosas.
—Déjanos a Richard, cuidaremos muy bien de él—pidió Klaus.
Asintió y se lo pasó, sonriendo al ver como su hijo no lloraba al sentirse cogido por un extraño. Pero enseguida Klaus empezó a hacerle carantoñas imitado por su hermano, llevándose a su hijo con ellos y siendo rodeados por las camareras a las que se les caía la baba al verlos tan encantadores con el niño.
—Tus hermanos son un peligro—comentó Bill sonriendo—Están ligando gracias a mi hijo.
—Ya verás cómo te lo piden prestado otro día—dijo Tom riendo.
Bill le imitó y antes de reunirse con Gustav, se inclinó y le besó en los labios sin importarle que la gente estuviera mirando. Se separaron y fue hasta la barra, donde Gustav estaba con el portátil ya encendido.
—Antes que nada, dime que tal estas—fue lo primero que dijo Gustav.
—Bien, he pasado una buena noche—contestó con sinceridad.
Gustav asintió absteniéndose de preguntar si Tom había tenido que ver en ello. Carraspeó y abriendo la página web del club, dejó que Bill le mostrara los 3 modelos de invitaciones que había escogido y de las cuales se decidieron por uno entre los dos. Luego pasaron a los catering y Bill le enseño el que más le había gustado, viendo como Gustav asentía satisfecho.
—Buen trabajo—dijo Gustav frotándole el brazo.
—Entonces ya les llamo esta tarde y lo confirmo—murmuró Bill apagando el ordenador.
—No, deja ya me ocupo yo—se ofreció Gustav—A partir de mañana esto va a ser una casa de locos, disfruta del día libre.
Bill asintió sonriendo y dando por terminada la conversación, se fue a sentar con el resto de sus compañeros. Tom le había guardado un asiento a su lado y lo más cerca del pasillo por el que habían ido, no ser que Richard se pusiera pesado y se tuviera que levantar a calmarlo.
En esos momentos, estaba sentado en el regazo de Tom, que se lo pasó tras sentarse a su lado.
—Klaus tiene una cita para esta noche—explicó Tom en voz baja—Y Ralph me ha pedido que si se puede llevar a Richard al parque mañana.
Soltó una carcajada al escucharlo, mucho se temía que su hijo iba a pasar de mano en mano hasta que tuviera una cita el otro hermano.
—Ya le he dicho que ni hablar, que se trabaje a su ligue él mismo—explicó Tom entre risas.
Dejó de hablar al ver que Gustav les pedía un poco de atención. Empezó por presentar a los camareros de refuerzos que habían ido para echarles una mano en esas especiales fechas. Luego se metió en materia, quería que el día de Navidad estuvieran todos a las 11 en el club, lamentando que tuvieran que acortar cualquier cena familiar. Abrirían a las 12, que era cuando la gente salía de sus casas a divertirse, y lo mismo harían en Noche vieja, prometiendo que ese día abrirían a y media y tomarían todos juntos las uvas.
Siguió explicando cual iba a ser el papel de cada uno, necesitaban dos chicas en el guardarropa, un chico que le echara una mano a Tom en la cabina y el resto se repartiría en la barra y recogiendo vasos, además de echar un vistazo a los baños cada media hora para asegurarse de que estaban en condiciones de ser usados.
—Gracias a todos por trabajar tan duramente estos días, recordad que tenemos una cena el día de reyes y habrá algunas sorpresas—dijo Gustav a modo de despedida.
Se levantaron y tras charlar unos minutos entre ellos mientras dejaban las sillas en sus sitios, cada uno se fue a su casa.
—Tom, hemos quedado con mamá en ir a comer a casa, ¿vienes o tienes otro plan?—preguntó Klaus.
Miró a Bill antes de contestar, no quería dejarle solo tras lo pasado el día anterior, pero también era cierto que su madre pocas veces tenía a la mayoría de sus hijos comiendo en casa a la vez. Solo se le ocurrió una idea…
— ¿Quieres venir a conocer a mis padres?—preguntó antes de arrepentirse.
—Claro—contestó Bill sin pensárselo dos veces.
Los hermanos de Tom le habían caído muy bien, y en vista de lo que habían empezado, le parecía un buen día para conocer al resto de la familia.
—Estupendo, ya verás que sorpresa se lleva mamá—dijo Ralph aplaudiendo.
Se pusieron en camino, y tras sentar a Richard en su sillita, salieron a la calle. Los gemelos tenían el coche aparcado dos calles más abajo y entraron en el planeando parar en una pastelería y llevar una tarta de postre.