Segundas oportunidades 31

Parte I, Capitulo 31

 

 

No entraba en sus planes pasar la mañana en casa de sus padres, pero su madre le llamó y fue a verla tras el desayuno. Se había levantado tarde esa mañana, la noche anterior se quedó a echar una mano en el club y salió a las tantas de la madrugada. Necesitaba un día de descanso con urgencia, y más pasarlo entero con Bill en la cama…

Al final se dejó convencer por su madre y hermana y se quedó a comer con ellas, esperando a que su padre llegara de trabajar y entonces se despidió. Nadie le preguntó dónde iba, pero su madre le abrazó a modo de despedida y le pidió que le diera recuerdos a Bill cuando le viera.

Entró en el coche justo cuando empezaba a llover con intensidad. Se estremeció y arrancó el coche mientras esperaba que la calefacción se pusiera en marcha, poniendo la radio para no escuchar las gotas cayendo sobre el parabrisas. Parecía que era de noche y solo eran las 4 de la tarde, pero tenía mucho tiempo por delante que pasar en buena compañía.

Puso el coche en movimiento con esa idea en mente y condujo hasta casa de Bill. Aparcó a dos manzanas y corrió sonriendo bajo la lluvia, imaginándose que Bill le recibía con una toalla para que se secara y le pediría que se quitara la ropa húmeda…y una cosa llevaría a la otra y…

Dejó de sonreír cuando salió del ascensor y se encontró con la puerta del piso de Bill abierta. Arrugó la frente, no creía que le hubiera visto llegar asomado a la ventana. Cogió el móvil y lo dejó a mano mientras entraba en el piso.

— ¿Bill?—llamó en voz alta.

No obtuvo respuesta alguna. Primero miró en la habitación de Richard, pero ahí no había nadie. Sobre la cómoda había un paquete de pañales abierto y a su lado un par de baberos recién cogidos del tendero. Salió de la habitación arrugando la frente y entró en el dormitorio de Bill, quedándose con la boca abierta al verlo desordenado.

— ¡Bill!—gritó más asustado.

Recorrió la estancia con la mirada y luego fue al baño, hallándolo también vacío. Regresó al dormitorio en busca de una pista que le dijera que había pasado y donde estaban Bill y su hijo. Se encogió al sentir cristales rotos bajo sus pies, se inclinó y recogió los restos de un marco de foto, reconociendo a Richard entre los cristales rotos.

Sus ojos se dirigieron a la deshecha cama. Toda la ropa estaba por el suelo tirada y se puso a recogerla mientras pensaba, encontrando una carta bajo una de las almohadas. La cogió y leyó pensando que allí encontraría la respuesta que buscaba…sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas al percibir todo el amor que la carta emanaba.

—Bill….—susurró al tiempo que le caía una lágrima.

No podía pasarle eso, le había costado mucho que Bill le abriera su corazón para dar un gran paso atrás por culpa de los recuerdos. Pero no podía luchar contra Richard, siempre tendría un hueco en su corazón y jamás podría expulsarle de el.

Se puso en pie y cogió el móvil. Lo desbloqueó y marcó el número de Gustav mientras salía del piso, cogiendo un juego de llaves que tenía Bill sobre una mesa y dejando bien cerrada la puerta. Ya sabía dónde se encontraba y bajó a la calle como una exhalación mientras hablaba por el móvil.

—Gustav, Bill…no está en casa—jadeó mientras corría por la calle bajo la lluvia.

— ¿Cómo que no está?—repitió Gustav gritando.

—Ni Richard, creo saber donde está pero espero que no haya llevado a su hijo allí…al cementerio—explicó entre jadeos.

— ¿Al cementerio?—repitió Gustav de nuevo.

—Si…había quedado con él y me he encontrado la puerta de su piso abierta. He entrado y he descubierto una carta que Richard le escribiera—contestó Tom sin dejar de correr bajo la lluvia intensa.

No le tuvo que explicar más, Gustav ya se hacía una idea de lo que esa carta podía decir y cuál había sido la reacción de su amigo al leerla.

—Llamo a Georg, seguro que Sonhia y él se han hecho cargo de Richard. Nos vemos en la puerta del cementerio—dijo Gustav colgando.

Se guardó el móvil en el bolsillo de la sudadera y arrancó el coche. Se dirigió al cementerio sin poder evitar llorar por el camino, pensando si lo suyo con Bill estaba perdido…

Nada más colgar, Gustav llamó a su amigo. No quería que Sonhia se asustara y menos aún que Richard se enterara de lo que le había pasado a su padre.

—Gustav—saludó Georg entre risas.

— ¿Tenéis a Richard?—preguntó Gustav sin pararse a saludar.

—Por aquí anda jugando con Sonhia y la hermana de Tom—contestó Georg sin dejar de sonreír—Ha venido a hablar de adornos florales y no sé que más…

—Georg, no digas nada pero Bill nos necesita—explicó Gustav por encima—Te recojo en 10 minutos, dile a Sonhia cualquier excusa.

—Claro—murmuró Georg con torpeza.

Se cortó la comunicación y sonriendo esa vez con esfuerzo regresó a la cocina, donde Sonhia y July preparaban un café mientras entretenían a Richard.

—Cariño, salgo un momento a comprar…unos bizcochos—murmuró Georg, pensando lo mal que mentía estando nervioso.

—Si tenemos bizcochos de sobra—dijo Sonhia mirándole extrañada.

—Ya, pero no son los que le gustan a Richard—siguió Georg con su mentira.

Salió de la cocina antes de tener que mentir a su novia en la cara, que miró a su nueva amiga encogiéndose de hombros. Bajó a la calle y ya le estaba esperando Gustav aparcado en doble fila. Entró en el coche y esperó a que su amigo hablara mientras conducía.

—Me ha llamado Tom—explicó Gustav maldiciendo por lo bajo el tiempo que hacía—Dice que Bill no estaba en su casa y había quedado con él, se ha encontrado la puerta abierta y una carta que al parecer había dejado escrita Richard antes de morir.

—Joder…—susurró Georg.

—Tom cree que está en el cementerio y yo también—dijo Gustav con firmeza.

Georg asintió al tiempo que se acomodaba nervioso en el asiento, imaginándose a su amigo bajo la lluvia que estaba cayendo, de rodillas en el suelo ante la tumba del que fue el gran amor de su vida…

 

 

 

 

 

No pudo esperar en la puerta a que llegaran Georg y Gustav. Dejó el coche con las llaves puestas y entró corriendo en el cementerio. Solo había estado el día del entierro pero aún así sabía dónde encontrar a Bill. Solo tenía que seguir los dictados de su corazón, y dos minutos después le tenía ante sus ojos.

Frenó en seco entre jadeos mientras le estudiaba. Estaba de rodillas en el suelo, con su largo y húmedo pelo cayéndole sobre la cara. A pesar de la lluvia, pudo escuchar sus sollozos desde donde estaba…eso y unas palabras que le llegaron al alma…

—Richard…lo siento…—sollozaba Bill con los ojos cerrados.

Suspiró sintiendo mucho tener que actuar con cierta brusquedad, pero no podía dejarle más tiempo bajo la lluvia y menos en ese estado. Se acercó y se inclinó sobre él, cogiéndole con firmeza entre sus brazos y levantándolo.

— ¿Richard?—susurró Bill abriendo los ojos.

—No, lo siento—contestó Tom echando a andar con su ligera carga.

Salió del cementerio al tiempo de ver como Gustav aparcaba al lado de su coche. Salió de el seguido de Georg con una manta en sus brazos, con la que cubrió a Bill por encima.

—Llevémosle a mi piso—dijo Tom entre jadeos—No quiero que abra los ojos en un sitio que le recuerde a Richard…no en su estado.

—Tal vez quiera ver a su hijo al abrir los ojos—intervino Georg.

—Mejor que no le vea así—negó Tom.

Gustav asintió y le dio las llaves de su coche a Georg para que los siguiera. Entró en el de Tom y esperó hasta que se hubo acomodado en los asientos de atrás con un semi inconsciente Bill en su regazo. Arrancó y condujo hasta el piso de Tom. Georg aparcó tras ellos y entre los dos ayudaron a Tom a llevar a su amigo, que había perdido el conocimiento del todo por el camino.

Entraron en el piso y Tom les condujo hasta su habitación, dejando a Bill suavemente sobre la cama.

—Está ardiendo de fiebre—murmuró poniendo una mano en su frente.

—Yo le preparo un té caliente—se ofreció Georg al momento.

—Gustav, llena la bañera con agua fría—ordenó Tom tomando el mando—Hay toallas en el armario del baño, hay que bajarle la fiebre como sea.

Gustav asintió y corrió al baño al tiempo que Georg iba a la cocina. Mientras, Tom se puso a desnudar a Bill dejándolo en bóxers para resguardar su intimidad. Le cogió de nuevo en brazos preocupado porque tenía los labios medio morados. Entró en el baño y lo dejó recostado en el fondo de la bañera que estaba ya medio llena de agua.

—Os dejo a solas, si necesitas algo estamos en la cocina—dijo Gustav saliendo del baño.

Tom asintió suspirando. Se arrodilló en el suelo del baño y pasó un brazo por los hombros de Bill, atrayéndole al borde de la bañera, acerando la cara a la suya para besársela con suavidad.

—Vamos cariño, debes olvidar—susurró contra su piel—No te aferre al pasado, es duro pero debes hacerlo por el bien de tu hijo. Te necesita sano y salvo a su lado…Richard te necesita…

Dejó de hablar al ver que sus labios temblaban. Levantó una mano y le apartó a un lado un mechón de su pelo que le cubría la cara. Sus ojos se movieron un poco pero no se abrieron. Esperó unos minutos más en silencio y luego le sacó de la bañera. Cogió las toallas que Gustav había dejado preparadas sobre el lavabo y cubrió su cuerpo con ellas.

Salió del baño llevándole en brazos de nuevo y lo acostó en su cama suspirando. No sabía qué hacer o decir para sacarlo de su estado. Se sentó en el borde de la cama y metió las manos bajo las toallas, quitándole la ropa húmeda que aún llevaba puesta. Luego cogió una manta y le cubrió mejor con ella, esperando que entrara en calor y abriera los ojos.

— ¿Tom?—llamó Gustav desde la puerta.

Se giró y asintió para que entraran. Traían una taza de té caliente y la dejaron en la mesilla al lado de la cama.

—Me ha llamado Sonhia para ver donde estaba—explicó Georg arrugando la frente—No os quiero dejar solos con Bill, pero tampoco quiero preocuparla contándole lo que ha pasado. Además, está también tu hermana…

—Ve con ellas—dijo Tom entendiéndolo—Gustav y yo te mantendremos al corriente.

—Llévate mi coche—intervino Gustav dándole sus llaves de nuevo.

Georg asintió y salió del piso resoplando. No sabía cómo iba a actuar delante de su novia sin delatar que su amigo lo estaba pasando realmente mal.

Viendo que «sobraba», Gustav regresó a la cocina a prepararse él también una taza. Había cogido otra toalla y se secó el pelo con ella. No estaba tan calado como su amigo, pero el verle en ese estado hacía que su cuerpo fuera recorrido por escalofríos. ¿Cómo se sentiría él si recibiera así de repente una carta del gran amor de su vida, que ya no estaba a su lado por caprichos del destino?

Tom agradeció que le dejaran a solas con Bill. Cogió la taza y tras cogerle con un brazo y dejarle medio recostado, llevó la taza a sus labios y le dio poco a poco el té. Luego le acostó de nuevo y viendo que sus ropas estaban también caladas se cambió de ropa y sin pensárselo dos veces se metió con Bill en la cama.

Le abrazó con fuerza y poniendo los labios en su ardiente frente cerró los ojos rezando para que Bill los abriera….

por lyra

Escritora del fandom

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