Segundas oportunidades 32

Parte I, Capitulo 32

 

No quería abrir los ojos, se encontraba muy cómodo sintiendo que le abrazaban con fuerza. Separó los labios y suspiró sonriendo al sentir como unas manos le acariciaban la desnuda espalda. Solo había una persona que le supiera tocar de esa sensual manera…

—Richard…—gimió en voz baja.

— ¿Si, mi amor?—contestó Richard.

Abrió los ojos de golpe, no se creía que estuviera pasando de verdad. Pero allí estaba ante sus ojos, Richard, tal y como le recordaba. Levantó una mano y le acarició la cara como si no se lo creyera, sintiendo la suavidad de su piel en la yema de sus dedos.

—Richard—repitió en un sollozo—Has vuelto.

—Nunca me fui de tu lado—dijo Richard suspirando.

Bill asintió con los ojos llenos de lágrimas, bajando la mano hasta sus labios y recibiendo un beso en ella.

—Te he echado mucho de menos—susurró incorporándose en la cama.

—Y yo a ti, mi amor—dijo Richard ayudándolo.

Pasó un brazo por sus hombros y le dejó recostado, mordiéndose el labio cuando le vio arrugar la frente y gemir por lo bajo.

— ¿Estás bien?—preguntó preocupado.

Bill asintió en silencio, habían notado una punzada en su estómago que le había cortado la respiración, no porque fuera dolorosa, sino porque al llevarse una mano al vientre se lo notó duro y firme. Bajó la mirada sin entender, se subió la camiseta que llevaba y observó con los ojos llenos de lágrimas que estaba embarazado de 5 meses.

— ¿Qué…?—empezó a preguntar mirando a Richard.

Richard no contestó, solo sonrió poniendo la mano sobre su vientre y acariciándoselo con suavidad.

—Nuestro hijo—susurró Bill emocionado.

—No cariño, este no es mío—dijo Richard suspirando—Es suyo.

Señaló la cama en la que se encontraba y Bill miró sin entender aún que pasaba. Ahogó un grito al ver a Tom tumbado a su lado, dormido.

—No…No lo entiendo—susurró a punto de desfallecer.

—Estoy muerto Bill—dijo Richard con pesar—Pero tú no. Tienes que vivir por nuestro hijo, y los que les vayas a dar a Tom.

—Pero…yo te quiero a ti—musitó Bill entre sollozos.

—Y nunca dejarás de hacerlo, pero también quieres a Tom y él a ti—explicó Richard—Nosotros ya tuvimos nuestro tiempo, es hora de que pases página y empieces una nueva etapa a su lado. Yo os veré desde el cielo, cuidaré de nuestro hijo y siempre estaré muy orgulloso de ti.

Se inclinó y rozó sus labios con un beso al tiempo que le hacía acostarse en la cama de nuevo.

—Eres lo mejor que me has pasado Bill—susurró cubriéndole con las sábanas—Cierra los ojos, cuando los abras yo me habré ido pero Tom estará siempre a tu lado.

—Te quiero…—susurró Bill sintiendo de pronto un sueño intenso.

—Y yo a ti, amor mío—susurró a su vez Richard.

 

 

 

 

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No quería abrir los ojos, se encontraba muy cómodo sintiendo que le abrazaban con fuerza. Separó los labios y suspiró sonriendo al sentir como unas manos le acariciaban la desnuda espalda. Solo había una persona que le supiera tocar de esa sensual manera…

—Richard…—gimió en voz baja.

—No mi amor, soy yo—murmuró con pena Tom.

Esperó hasta que sus ojos se abrieron del todo y enfocaron en él su borrosa visión. No se atrevía a decir nada, la expresión de su cara le estaba asustando. Le miraba como si fuera la primera vez que le viera, como si no se acordara de los buenos tiempos que habían vivido juntos los dos. Estaba a punto de decir algo, tenía los labios ya separados…cuando Bill se apoderó de ellos suspirando.

—Te amo—susurró contra ellos.

No pudo evitar echarse a llorar al tiempo que le abrazaba con más fuerza y le besaba. No entendía que había pasado, pero verle recuperado era por lo que había estado rezando. Sentía que había algo en él que había cambiado, le besaba con pasión en los labios, no dejaba de frotarse contra él desesperado…

Pero sabiendo que no estaban solos en el piso, tuvo que dar el beso por finalizado. Se separó con esfuerzo y se le quedó mirando, poniendo una mano en su frente suspirando.

—Ya no tienes fiebre—murmuró sonriendo.

—Siento mucho el susto que te he dado—dijo Bill mordiéndose el labio.

—Bill, fui al piso—empezó a decir Tom incorporándose en la cama—Vi la carta de…de Richard, sé que no tenía derecho a leerla pero estaba asustado y pensé que allí encontraría respuestas.

Bill suspiró cerrando los ojos. Estaba muy arrepentido por cómo había reaccionado tras haber leído la carta, enfadándose con Richard por haberle dejado y sintiendo repulsión por los buenos momentos que había compartido con Tom. Era normal que se sintiera confundido tras lo que había leído, pero había actuado de una manera descontrolada, echando a correr por la calle bajo la lluvia dando un susto a las personas que le querían.

Suspiró de nuevo y bajó una mano por su cuerpo, acariciando su vacío vientre…

—Soñé con Richard—susurró abriendo los ojos y fijándolos en Tom—Estaba embarazado de nuevo y me dijo que ese hijo que llevaba en mi vientre era tuyo.

—Quiero tener un hijo contigo Bill—dijo Tom poniendo una mano sobre su vientre—Pero solo cuando estés preparado, no quiero hacer nada que te haga daño…

—Jamás podrías hacérmelo—cortó Bill con firmeza—Y yo también quiero tener un hijo contigo, pero…voy a necesitar tiempo, y ayuda…

Tom asintió en silencio, no hacía falta que le dijera que tipo de ayuda especializada necesitaba.

—Iremos juntos, quiero ayudarte a superarlo—dijo Tom con firmeza.

—Estando a mi lado, me pondré bien enseguida—afirmó Bill.

Se inclinó sobre Tom y le besó en los labios. Luego dejó la cabeza sobre su hombro suspirando, jamás había pensado que necesitara ayuda para superar lo de Richard, pero le iría bien hablar con alguien. Sabía que siempre podía contarle a Tom como era la vida que había llevado junto con su primer amor, sabía que le escucharía sin juzgarle ni nada, pero…por mucho que le dijera que no le importaba, no podía vivir siempre en el pasado comparándole con Richard y pensando quien sería mejor padre.

 

 

 

 

 

Regresó a su piso dos días después. Sonhia y Georg le habían llevado a Richard junto con una bolsa que recogieron de su piso con las cosas que necesitara. Nadie le dijo nada, solo deseaban que se recuperara y sonriera, lo que consiguió su hijo nada más estrecharle en sus brazos.

Cuando regresó no había rastro de su…»arrebato». La cama estaba hecha como si nada y las fotos que cayeron estaban en su sitio de nuevo, incluso la que rompió de Richard en un marco nuevo.

El día que regresaron, Tom se quedó con ellos y desde entonces no le dejó solo nunca más. Empezaron una vida en común, compartiendo el cuidado de su hijo y haciendo planes todas las noches cuando estaban en la cama.

—Mañana termino de traer el resto de mis cosas—empezó a decir Tom acomodándose en la cama—Andreas me echó una mano el otro día, al parecer ya tiene un nuevo compañero de piso.

— ¿Tan rápido? ¿Quién?—preguntó Bill acomodándose a su lado.

—Mi hermano Ralph—contestó Tom riendo—Al parecer Klaus va en serio con la camarera que nos echó una mano en Navidad y se siente algo…»molesto» por ciertos ruidos nocturnos.

Bill rió por lo bajo, no se imaginaba que el hermano de Tom fuera tan tímido. Cerró los ojos suspirando y se recostó sobre el pecho de Tom, que le estrechó en sus brazos con fuerza. Suspiró de nuevo al sentir que le besaba en el pelo, pensando la paciencia que estaba teniendo.

Sabía que solo quería su bien estar y aunque se moría por hacerle de nuevo el amor, iba con tacto para que no hacerle sentir mal. Eso lo habían hablado el primer día que le acompañó al psicólogo, Tom habló del miedo que le daba hacer o decir algo que le hiciera sentirse mal otra vez. Decidieron tomarse un tiempo antes de volver a hacerlo, no planearlo y que surgiera cuando menos lo esperaran

Y sucedió una semana después de Navidad. Era la última noche del año y no pudo tener un final mejor. Cenaron en casa de los padres de Tom como la otra vez y de nuevo los padres de Bill fueron invitados. Estaban muy preocupados por lo que le había pasado a su hijo, pero Tom les prometió que estaba recuperándose poco a poco y él jamás se alejaría de su lado, siendo ellos los primeros en saber si su hijo se sentía mínimamente mal.

Una vez más Richard se quedó con los abuelos a dormir y Bill y Tom se fueron a trabajar al club una noche más. Gustav era reacio a que Bill trabajase tras lo pasado, pero le insistió que le haría mucho bien, distraerse y no pensar en nada triste por una vez. Aún así, no le encargó tanto trabajo como la última vez y los hermanos de Tom volvieron a echar una mano, estando muy pendientes de su futuro cuñado.

Cuando terminó la noche, regresaron al piso y se fueron directamente a la cama. Se estaban desnudando cuando Bill se acercó a Tom por la espalda y le besó en el cuello gimiendo por lo bajo. Le había echado mucho de menos y no encontraba las palabras necesarias, así que fue directo al grano.

Tom se volvió y terminó él mismo de desnudarlo, acostándolo con suavidad en la cama. Se tumbó encima de él y aunque se moría por estar dentro de su cuerpo otra vez, se contuvo y se dedicó a hacerle disfrutar, llenándole el cuerpo de besos mientras que Bill arqueaba la espalda y se frotaba con insistencia contra su entre pierna.

Paró cuando le sintió listo y entonces entró en su cuerpo suavemente. Soltó un gemido incontrolado cuando empezó a hacerle el amor, enterrando la cara en la curva de su cuello y besando esa vena que le latía con fuerza.

Se derramó en su interior sonriendo al sentirle hacer lo propio contra su estómago, que subía y bajaba agitado.

—Te amo…—susurró Bill en su oído.

—Y yo a ti—susurró Tom a su vez.

Salió de su cuerpo y se acostó a su lado atrayéndolo hacia él suspirando. Sonrió con los ojos cerrados al sentirle acomodarse y enterrar la cara en su cuello, donde le gustaba dormir abrazado con fuerza a su cuerpo.

No trabajaban al día siguiente y habían hecho ya planes. Comerían en casa de sus padres y cuando se fueran los de Bill regresarían al piso con Richard y pasarían el resto del día juntos, y la noche también. Bill ya le había hecho hueco en el armario para que dejara allí algo de ropa, y también tenía dos cajones libres en la cómoda.

Arrugó la frente al pensar en los cambios que habían hecho esos últimos días. Con todo el dolor de su corazón, Bill había retirado todas las fotos de Richard y puesto en su lugar algunas de sus padres con su nieto en brazos, y las que se hicieron en Navidades en casa de sus padres.

Pero en la habitación de Richard no podía faltar una foto de su padre, al lado de la cuna para velar el sueño de su hijo, al que no pudo conocer en vida. Cuidaría de él desde el cielo, sonriendo al verle crecer feliz y sano al lado del nuevo padre que Bill le había buscado.

Porque Bill se merecía ser feliz, disfrutar de esa segunda oportunidad que el amor le había dado…

 

 

 

notas finales:

FIN

pero…fin de la primera parte, en el siguiente cap SEGUNDAS OPORTUNIDADES II

por lyra

Escritora del fandom

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