Parte II, Capitulo 1
Habían pasado 2 meses y a Bill le habían parecido 2 días. Con Tom a su lado, era como si el tiempo se detuviera, sobre todo por las noches. Yacer en sus brazos, sentir su corazón palpitar en su pecho…apoyaba la cabeza en el y se quedaba dormido con ese magnífico sonido…
Luego amanecía y siempre se despertaba con una sonrisa. A veces era Tom, que no dejaba de besarle tras la oreja para hacerle abrir los ojos al tiempo que sus manos le hacían cosquillas al acariciar sus desnuda espalda…otras veces, Tom se levantaba antes de que se despertaba y era la risa de su hijo el que le sacaba de sus sueños.
Como esa misma mañana, que nada más abrir los ojos su hijo le sonreía señalándolo con su dedito y llamándole con su particular lenguaje.
—Buenos días, cariño—saludó Tom sonriendo ampliamente.
Se incorporó en la cama y primero besó la frente de su hijo, para luego apoderarse de los labios de Tom y besarlos dulcemente.
—Muy buenos días—susurró contra ellos.
Tom suspiró como respuesta, le había dejado sin aliento. Carraspeó acomodando a Richard sobre su regazo, que estaba muy entretenido ojeando un libro de cuentos que July y Robert le habían regalado la noche anterior cuando se quedaron a cenar con ellos. Era muy pequeño para entenderlo, pero el libro tenía dibujos muy llamativos y Richard lo señalaba con el dedo y sonreía.
—¿Qué quieres que hagamos hoy?—preguntó Tom mirando la hora.
Eran las 9 y media de la mañana, y domingo para más información.
—¿Pasarnos el día entero metidos en la cama?—preguntó Bill a su vez, alzando la ceja de esa forma tan sensual que tanto le gustaba a Tom.
—Una idea estupenda, pero ayer le prometimos a Richard ir a los columpios un rato—contestó Tom suspirando.
Le encantaba Bill, se estaba recuperando muy bien del pequeño incidente sufrido en las navidades. Poco a poco su vida había vuelto a la de antes, cuando se estaban conociendo y enamorando. Dos meses después de Navidad decidieron irse a vivir juntos, lo decidieron el día del cumpleaños de Richard.
Aún recordaba ese magnífico día. Reunieron a las dos familias, y a los amigos más cercanos. Gustav ofreció el club para celebrarlo, tras lo bien que le iban las cosas con toda la publicidad recibida por las dos magnificas fiestas que había dado, sabía que no pasaba nada si cerraba el club por un día.
Colgó el cartel de “cerrado por asuntos personales” y el club se llenó de globos de colores, guirnaldas y confeti. Richard lo pasó divinamente, era el centro de atención y fue obsequiado con muchos regalos, la mayoría ropa pues ese niño creía a pasos agigantados ante los ojos se su orgulloso padre.
Fue entonces cuando Bill se lo llevó aparte, dejando a su hijo al cuidado de su madre. Le cogió de la mano y mirándole fijamente a los ojos le dijo que ya estaba preparado.
—¿Para qué?—preguntó Tom esperanzado.
—Para amarte con toda mi alma—le respondió Bill en un susurro.
Se apoderó de sus labios besándole con pasión, le estaba haciendo el hombre más feliz del mundo.
Se mudó en esa misma semana, cediendo la habitación que tenía en el piso de Andreas a su hermano Ralph, que aunque iba a ser la primera vez que se separara de su hermano gemelo, sabía que cuando se enamorara uno de ellos iba a llegar ese momento y nada mejor que un amigo con el que compartir piso.
No había un día que no tuvieran un invitado a comer o cenar. Los hermanos y hermanas de Tom, Georg y Sonhia, Gustav…o eran ellos lo que iban a las casas de los demás. Al vivir algo más lejos los padres de Bill, siempre que iban se quedaban un par de días para que disfrutaran de su nieto.
Los padres de Tom quedaban más cerca y en más de una ocasión se quedaron con el que consideraban su nieto cuando les tocaba trabajar a los dos en el club. Gustav seguía contando con Bill como su relaciones públicas, pero no quería abusar de él y que se estresara. Pocas eran las noches en las que le tocaba acudir al club, habían contratado una chica que haría esa parte del trabajo y que al parecer sentía algo por Gustav.
Entre Sonhia y Bill le animaron a que le dijera una noche algo, y desde entonces empezaron a salir juntos. Primero fue una comida, luego una cena de trabajo…y dos meses después Gustav no dejaba de sonreír cada vez que veía a Janet.
—Entonces, ¿nos levantamos o qué?—preguntó Bill, sacando a Tom se sus pensamientos.
—Si—respondió Tom sonriendo—Además, me parece que alguien necesita ser cambiado.
Bill asintió arrugando la nariz. Se levantó de la cama y cogió a su hijo en brazos, llevándole a su habitación para cambiarle el pañal. Le dejó aún con el pijama puesto, no era la primera vez que terminaba con medio desayuno por encima.
Mientras, Tom ya estaba en la cocina preparando café y tostadas para los dos y calentando un bol de leche para Richard. Vertió en el sus cereales y lo dejó en la trona que habían instalado en la cocina, regalo de Georg y Sonhia.
—Entonces será, paseo hasta el parque y luego hacemos la compra—dijo Bill entrando en la cocina.
Dejó a su hijo sentado en al trona y le puso el babero que Tom le tendía.
—Y por la tarde podemos ir de visita—apuntó Tom—Hace un día soleado, al fin dejamos atrás el invierno.
Bill asintió sonriendo. Cada vez que hacía sol le gustaba ir a pasear de la mano de Tom, pero los días lluviosos los pasaban en la cama…
Desayunaron haciendo planes, Gustav le había dado ese día libre a Tom, que sería sustituido por su hermano Ralph.
—Podemos ir a ver a Georg y Sonhia—comentó Bill limpiando con el babero la barbilla de su hijo—Creo que estarán July y Robert, el otro día me pidieron el teléfono del catering que usamos en navidades y el de la imprenta que nos hicieron las invitaciones.
—Tendrías que dedicarte a eso—saltó Tom de repente—En un par de semanas organizaste dos fiestas.
—Me ayudaron más gente—dijo Bill sonrojándose—Yo solo no hubiera podido con todo.
—Puedes con todo lo que te echen—afirmó Tom sonriendo.
—Preparar una boda es distinto—insistió Bill.
No se veía capaz de hacer algo tan grande él solo, aunque le haría mucha ilusión que July contara con su ayuda…ya se imaginaba ayudándola a colocar a tanta gente, eligiendo los menús, los centros de mesa, las invitaciones…
—Tierra llamando a Bill—bromeó Tom chasqueando los dedos ante sus ojos.
Sabía que estaba soñando despierto, su mirada estaba perdida y en sus labios había una amplia sonrisa. Como si no supiera en lo que estaba pensando…
Terminaron de desayunar y mientras que Bill se duchaba Tom vistió a Richard en su propio dormitorio, desde el cual podía ver como Bill salía de la ducha y se envolvía en un albornoz. Dejó al niño en el centro de la cama junto con el libro que le había llevado esa mañana y entró en el baño con una amplia sonrisa en los labios.
—Hueles a fresas—susurró enterrando la cara en el cuello de Bill.
Cerró los ojos y aspiró profundamente al tiempo que le besaba y lamía el cuello.
—Tom…como sigamos así adiós al paseo—murmuró Bill entre jadeos.
—Pues deja de provocarme—dijo Tom soltándolo.
Salió del baño no si antes hacer una pequeña trastada, como aflojarle el cinturón y que se le abriera el albornoz.
—Esta noche te enteras—amenazó Bill cruzándose de nuevo el albornoz.
—Ah…promesas, promesas….—murmuró Tom entre risas.
Regresó al dormitorio, guiñándole un ojo a Richard que le miraba con una amplia sonrisa.
—Tu papá es muy malo, esta noche me quiere hacer daño—comentó Tom en voz alta.
Enseguida escuchó una maldición ahogada que le vino del baño y al poco entró Bill acusándole con un dedo.
—No digas esas cosas delante del niño—pidió entre risas.
—Al menos he conseguido que me dejes libre la ducha—dijo Tom sonriendo.
Abrió el primer cajón de la cómoda y tras coger una muda limpia pasó silbando por su lado. Entró en el baño y se dio una ducha rápida mientras que Bill se secaba el pelo en la habitación sin quitarle un ojo a su hijo.
Estaba hecho todo un trasto y no paraba ni un minuto quieto. El otro día habló con su madre de que tal vez era hora de que lo llevara a una guardería, no porque no tuviera tiempo para ocuparse de él si no porque necesitaba rodearse de niños de su edad con los que jugar. Quedaron en ver un par de ellas esa misma semana, sus padres y Tom.
—Todo tuyo—anunció Tom entrando en el dormitorio.
Llevaba puestos solo los bóxers y dejó la ropa sucia que llevaba de la mano en el cesto que había en un rincón de la habitación. Se vistió mientras que Bill se aplicaba un ligero maquillaje y luego hizo la cama, dejando a Richard sentado en el suelo unos minutos.
Pero Richard no paró quieto ni un segundo y al poco Tom salía a por él corriendo. Había empezado a dar sus primeros pasos y primero empezó gateando hasta que se puso de pie apoyándose en la pared. Cuando quiso mirar estaba asomado al pasillo buscando a su padre con la mirada.
—Vamos a tener que ponerte un cascabel—bromeó Tom cogiéndole de la mano.
Le ayudó a caminar y le llevó hasta el baño, donde Bill le vio a través del espejo y sonrió. Terminó de maquillarse y tras dejarlo todo recogido se hizo cargo de su hijo mientras que Tom terminaba de hacer la cama.
Ya se había vestido él también, con un jersey de cuello alto negro y unos vaqueros. Tom llevaba un jersey gris de ochos y también unos cómodos vaqueros. Luego se pusieron las cazadoras y abrigaron bien a Richard, que ese día iría andando hasta el parque. Ya no usaban tanto la sillita, le cogían en brazos cuando se cansaba pero desde que empezara a andar solo quería estar en el suelo y caminar cogido de la mano de uno de sus padres.
Salieron a la calle y echaron a andar hacia el parque. En el se encontraron con más padres y jugaron todos juntos mientras comentaban como crecían sus hijos.
Estuvieron media hora hasta que empezó a refrescar. Entonces se despidieron y fueron hacia el centro comercial donde hicieron la compra en el super. Un paquete de pañales, algo de fruta y unos potitos. Regresaron a casa y tras dejar a Richard sentado en la trona y viendo los dibujos en la tele de la cocina, colocaron la compra e hicieron la comida.
Comieron y luego echaron a Richard para que se durmiera un par de horas mientras ellos disfrutaban de la mutua compañía. Bill se puso a trabajar al ordenador actualizando la página del club y Tom le ayudaba aportando ideas. Iban a hacer una fiesta para la llegada de la primavera y estaban mirando un grupo nuevo que había salido y que se estaba dando a conocer.
—Los podía contratar Gustav—comentó Tom—Tener una actuación en directo una noche a la semana, por ejemplo. Más si son grupos nuevos que están saliendo, fijo que más de uno querrá tener esa oportunidad de que la gente los escuche en directo y vean lo buenos que son.
—Oye, pues es una buena idea—halagó Bill sonriendo—Tú también te podrías dedicar a esto.
—Prefiero dejarlo en tus manos, y dedicarme a algo mucho más…placentero—susurró alzando una ceja.
Se apoderó de sus labios sin esperar una respuesta, besándolo con suavidad hasta que le sintió suspirar.
—Te dejo trabajar—susurró Tom separando los labios.
Bill asintió carraspeando. Le había nublado la mente y ya ni se acordaba por donde iba. Pero con Tom a su lado, enseguida retomó el trabajo y entre los dos mandaron un e_mail solicitando una pequeña audición para que Gustav diera su visto bueno al grupo y pudiera actuar la próxima semana.
Pasaron el resto de la tarde trabajando en la página Web hasta que Richard se despertó y reclamó su merienda. Tom fue el encargado de dársela mientras que Bill apagaba el ordenador. Se sentó en el sofá con Richard en su regazo y le ayudó a beberse el zumo de manzana que había cogido de la despensa.
—Cuando termines, iremos a dar un paseo en coche hasta la casa del tío Georg—explicó Tom—Ya verás cómo está la tía Sonhia, dentro de su vientre hay un bebé como tú pero muy pequeñito y una vez que nazca podrás jugar con él, pero si acercas el oído y escuchas con atención, le oirás reír.
Bill le escuchaba sonriendo, no pudiendo evitar llevarse una mano a su propio estómago. Si se quedara embarazado, ¿Tom haría eso? ¿Se acercaría a su barriga y se la acariciaría con ternura, sintiendo a su hijo creciendo sano y fuerte en su interior?
Se levantó al sentir que se le llenaban los ojos de lágrimas, no podía evitar pensar en Richard y en lo que se había perdido. Fue al baño y se peinó mientras que Tom terminaba de dar de merendar a su hijo. Se aplicó un ligero maquillaje mientras respiraba hondo tragándose las lágrimas, no quería que Tom le viera y se preocupara.
Pero a Tom no se le escapaba nada. No se dio cuenta de lo que decía hasta que las palabras salieron de sus labios, solo quería entretener a Richard para que se tomara el zumo tranquilamente y no terminara tirándoselo por encima como era su costumbre. Fue mencionar el bebé que estaba esperando Sonhia y sus ojos se dirigieron a Bill, que estaba con la mirada perdida acariciándose el vientre distraído.
Le vio levantarse y se mordió el labio. Sabía que se le habrían llenado los ojos de lágrimas y decidió darle tiempo a que se las secara. Richard se terminó el zumo y se levantó llevándolo en brazos. Fue directo al baño, donde encontró a Bill aplicándose un poco de rímel en sus largas pestañas. Esperó a que terminara sonriéndole a través del espejo y luego entró en el baño.
— ¿Estás bien, cariño?—preguntó pasándole a su hijo.
Bill asintió cogiendo a Richard y besándolo en la mejilla. Alzó la mirada y la fijó en Tom, había algo que quería preguntarle y pensó que ese era un buen momento.
—Tom…—susurró.
—Dime—le animó a seguir Tom al ver que se paraba.
—Tom… ¿te gustaría tener un hijo conmigo?—preguntó conteniendo el aliento.
Tom no dijo nada. Solo sonrió y dando un pasó se apoderó de sus labios.
—Me harías el hombre más feliz del mundo—susurró contra ellos.
—¿Y cómo lo hacemos…?—preguntó Bill sin pensar, lo que hizo que Tom soltara una carcajada—Quiero decir, que…nunca hemos hablado del tema, si nos ves muy jóvenes para ser padres y habría que esperar un poco más, que si aún es muy pronto ya que nos conocemos desde hace poco…
—Bill, dejemos que sea cosa del destino—cortó Tom poniendo un dedo en sus labios—Nunca saqué el tema porque te veía aún afectado por…por lo que ha pasado, pero si tú quieres, nos pondremos manos a la obra esta misma noche si quieres.
Eso hizo sonreír a Bill. Tom era muy atento, siempre pensaba en su bienestar primero.
—También pensaba en Richard—dijo Bill suspirando—Aún depende mucho de mí, tal vez deberíamos esperar un poco más por él.
—Claro, no nos precipitemos—murmuró Tom—Pero tampoco digamos nada, no quiero que mi madre se haga aún ilusiones, por no hablar de mis hermanas…se pasarían todos los días preguntando si ya estás embarazado y no quiero que te agobien.
Bill asintió, no se sentía agobiado para nada por sus hermanas pero le comprendía. Si iban a espera un año como mucho, mejor no decir nada hasta que fuera seguro. Nunca se sabe que podía pasar….o si los acontecimientos se aceleraban de la noche a la mañana….