Parte II, Capítulo 4
Nunca quisieron hablar del tema, porque según ellos…no había nada de qué hablar. Pero la verdad era que tras tantos fracasos, tras tantos esfuerzos negativos sin ver su deseo hecho realidad, la relación entre ellos se había enfriado. Pasado un mes, ya solo hacían el amor por obligación para ver si esa noche iba a ocurrir ese milagro que no llegaba nunca. Ya no lo disfrutaban, eran como dos robots cuya misión era practicar sexo sin amor.
Había una salida, y Bill lo sabía….
Odiaba mentir a Tom, pero quería ir él solo a la consulta de la doctora Allen. No supo otra excusa más que darle que había quedado con Gustav por asuntos del club. Tom asintió sin decir nada y esa tarde se llevaría a Richard a casa de sus padres mientras Bill trabajaba. Habló de pasarle a buscar cuando terminaran, pero enseguida Bill se inventó que Gustav mismo le llevaría a casa y que no se molestara.
—No es…no es ninguna molestia—murmuró Tom.
—Lo sé, pero fijo que se me hace tarde y Richard querrá su cena—dijo Bill sin atreverse a mirarle a los ojos—Puede cenar en casa de tus padres, pero no quiero que andéis tan tarde con el coche.
—Lo sé, cariño—suspiró Tom, estrechándole en sus brazos.
Se apoderó de sus labios y le besó con pasión, hasta que Bill sintió que le faltaba el aliento. Entonces le soltó y le dejó que se siguiera vistiendo. Volvió a la cama, donde estaba Richard muy entretenido jugando con un puzzle de cubos que ayudó a montar.
Una vez terminado de vestirse, Tom se levantó y le pasó a Richard mientras iba a su habitación y preparaba una bolsa en donde metería un par de pañales de repuesto y baberos, aunque desde que Richard frecuentaba la casa de sus padres, no hacía falta que llevaran nada. En su antigua habitación había un cajón de su cómoda llena de pañales, baberos y algo de ropa de repuesto por si se manchaba.
Metió también un peluche y algunos juguetes para que se entretuviera y salió de la habitación colgándose la bolsa del hombro. Bill le esperaba en el pasillo con Richard en brazos.
— ¿Te llevamos a casa de Gustav?—preguntó Tom cogiendo a Richard.
—No, me viene a buscar—mintió Bill de nuevo—Pero se está retrasando, no os quedéis por mí.
Tom asintió suspirando y tras despedirse de él con otro beso en los labios, bajó a la calle. Dejó a Richard bien sujeto en su sillita y partió rumbo a casa de sus padres, dejando a Bill a solas con su mentira.
Media hora después, entraba en el despacho de la doctora Allen, que le recibió con una amplia sonrisa.
—Bill, no teníamos cita hasta el mes que viene. ¿Va todo bien?—pregunto Allen.
—Si, no es nada—contestó Bill carraspeando.
Entró del todo en el despacho y se sentó ante la doctora Allen, que le miraba esperando a que hablara. Cogió aire y se dispuso a contarle cual era su problema.
—Tom y yo queremos tener un hijo en común—empezó a decir—Llevamos unos meses intentándolo, pero no consigo quedarme embarazado.
—Ya entiendo—murmuró Allen.
—Amo mucho a Tom, no pensé que tras Richard me volviera a enamorar pero ha pasado y estoy muy ilusionado—explicó Bill—Quiero darle un hijo, y un hermano a Richard. Pero con el tiempo empiezo a pensar que a lo mejor hay algo en mí que…que no va bien, y quizás no pueda tener más hijos…
Allen negó con la cabeza al tiempo que le tendía una cajita de pañuelos de papel. Bill se había echado a llorar sin poderlo evitar, se sentía muy impotente por lo que estaba pasando, y llevaba varios días callándolo, necesitaba desahogarse y no quería que Tom se enterara de momento si le podía hallar una solución antes.
—Te haré todas las pruebas que quieras, pero pienso que más bien está todo en tu cabeza—explicó Allen —Quieres darle un hijo a Tom y todo ese estrés al que estás sometido es la razón por la que no te quedes. Tienes que relajarte y no pensar que cada vez que hagáis el amor te tienes que quedar embarazo en ese mismo instante.
Bill asintió al tiempo que se enjuagaba las lágrimas. Eso mismo era lo que le decía Tom cada vez que se hacía una prueba con resultado negativo, que no había prisa y que el día menos pensado tendría un hijo creciendo en su vientre fuerte y sano.
—Estoy muy preocupado—murmuró Bill—Y he hecho cosas horribles. He mentido a Tom, no le he contado cómo me siento y le he dicho que estaba en otro sitio para venir aquí solo. Incluso he llegado a pensar…he pensado que a lo mejor es en Tom donde algo va mal. Yo tuve a Richard, y con él no me quedo embarazado…
—Podía ser—dijo Allen arrugando la frente—Pero antes vamos a ir descartando. Empezaremos contigo, te haré todas las pruebas necesarias y si son negativas traes a Tom y hablo yo con él.
—Se lo debo contar yo—murmuró Bill—Me siento muy mal mintiéndolo y sin que sepa lo mal que lo estoy pasando. Nuestra relación se basa en el amor y la confianza, no tengo que tener ningún miedo a decírselo.
Allen asintió con la cabeza y se puso en pie.
—Como ya he dicho, no saquemos conclusiones antes de tiempo—dijo cogiéndole con suavidad del codo—Entra en la sala de reconocimiento, te haré un examen completo y cogeré unas muestras para analizar.
Bill asintió y se dejó llevar. Haría todo lo necesario para preparar su cuerpo, estar en buen estado para poder gestar ese hijo tan deseado.
Bajó de la camilla y se vistió tras el biombo mientras que Allen cogía las muestras que le había extraído y las dejaba en manos de su enfermera para que fueran analizadas de inmediato. Sentía el cuerpo algo resentido, se vistió con lentitud y volvió a tomar asiento en el despacho de la doctora.
—Tendré los resultados mañana—explicó Allen—Puedes que estés molesto por el examen, pero descansa esta noche y mañana estarás como nuevo.
Bill asintió y se puso en pie.
—Te llamaré con lo que sea, y procura relajarte—se despidió Allen.
Le acompañó hasta la puerta y Bill salió de la consulta. Había estado dos horas en ella y ya era casi de noche. Tom estaría aún en casa de sus padres, podría coger un taxi y acercarse mintiendo de nuevo diciendo que Gustav y él terminaron antes de tiempo, pero le apetecía estar a solas.
Regresó al piso dando un paseo y se tumbó en la cama nada más llegar. Le dolía la cabeza, y humedeciendo una toalla se la puso sobre la frente. Cerró los ojos, y no los abrió hasta que escuchó el dulce sonido de la risa de su hijo.
Se giró con pereza en la cama y echó un vistazo al móvil para ver que hora era. Casi las 9, llevaba hora y media dormitando. Iba a levantarse cuando Tom entró en el dormitorio y se le quedó mirando.
— ¿Estás bien?—preguntó muy preocupado.
—Si, me dolía la cabeza y me vine a casa antes—explicó Bill tratando de incorporarse.
Pero Tom se lo impidió sentándose en la cama a su lado. Puso a Richard en su regazo, le retiró la toalla a un lado y comprobó con su mano que no tenía fiebre alguna.
—Es un simple dolor de cabeza—repitió Bill dejándose hacer— ¿Qué tal Richard con tus padres?
—Se lo ha pasado genial—contestó Tom, consciente de su cambio de tema—Ha estado pintando con Emily y mi madre le ha hecho un puré de verduras para cenar.
Sonreía mientras Tom hablaba, se le veía muy ilusionado con Richard, con cada avance que hacía cada día. Ya daba sus primeros pasos, les llamaba papá a los dos por igual, la familia de Tom estaba loca por él…
Decidió levantarse a cenar, no tenía ganas pero tampoco iba a dejar a Tom cenando en la cocina solo. Viendo la hora que era, dejó que bañara a Richard y lo acostaron entre los dos. Luego fueron a la cocina y se sentó mientras que Tom le preparaba el té que le había pedido.
— ¿No quieres comer nada?—preguntó Tom preocupado.
—No, tengo el estómago revuelto—contestó Bill resoplando.
Fue decirlo y Tom sonrió ampliamente, acercándosele y poniendo una mano en su vientre.
—¿Estás…?—empezó a preguntar.
—No Tom, no es por eso—murmuró Bill con un hilo de voz.
—No pasa nada, seguiremos intentándolo—dijo Tom suspirando.
Volvió con lo que estaba, el agua que había puesto al fuego ya estaba lista para ese té. La sirvió en una taza y tras añadirle una bolsita, se la pasó a Bill sin decir nada. Pero no hacían falta las palabras, Bill notaba su decepción.
—Lo siento mucho, Tom—murmuró a punto de llorar—Sé cuanto quieres que tengamos un hijo, pero tras estos meses intentándolo…
—No Bill, perdóname tú a mi—le cortó Tom—Te he estado atosigando, quiero que me des un hijo pero puedo esperar. Que venga cuando sea, no hay prisa.
Asintió suspirando, se estaban sincerando y era la oportunidad de contarle por lo que estaba pasando, sin esperar a los resultados. Se levantó y cogiendo a Tom de la mano, le hizo sentarse a su lado.
— ¿Pasa algo?—preguntó Tom.
Asintió suspirando mientras apretaba su mano entre la suya, buscando la fuerza necesaria para contarle que creía que no iban a poder tener hijos en común.
—Bill, me estás asustando—murmuró Tom.
—Perdona, no era mi intención—se disculpó Bill—Te he mentido esta tarde. No he estado con Gustav, fui a la consulta de la doctora Allen para que me hiciera unas pruebas para ver si hay algo en mi que impide que te dé un hijo…
Dejó de hablar para coger aire, sentía las lágrimas agolpadas en la garganta y respiraba con dificultad. Esperó en silencio que Tom le riñera por haber ido solo a algo que les concernía a los dos, pero en vez de eso lo que hizo fue darle un fuerte abrazo.
—Bill, no te pasa nada—murmuró Tom contra su pelo—Tenemos que darnos más tiempo.
—No lo sé, llevamos más de 4 meses intentándolo y nada—sollozó Bill contra su pecho.
Le escuchó suspirar al tiempo que le pasaba las manos por la espalda, reconfortándolo.
— ¿Has pensado que tal vez…soy yo el que no puede?—preguntó Tom con esfuerzo.
El silencio de Bill fue una clara respuesta. No sabía cómo decirle que podía ser que fuera estéril y jamás iban a tener ese hijo tan deseado.
—Claro que soy yo—murmuró Tom—Tú ya has tenido un hijo, si ahora no puedes es solo culpa mía.
—Tom, no—dijo Bill con firmeza—Esperemos a los resultados de la prueba. La doctora Allen me ha dicho que también puede ser por los nervios y el estrés, que nos relajemos y el día menos pensado me quedaré embarazado.
Tom asintió en silencio. Se sentía muy impotente, pensar que le pasaba algo que impedía que Bill se quedara embarazado. O…a lo mejor tras su primer parto Bill quedó mal y ya no podía tener más hijos. No le importaba cambiar los papeles, ser él quien lo tuviera aunque sabía que a Bill le hacía mucha ilusión verse de nuevo con barriguita. Y a él también…
Esa noche ninguno de los dos pudo cenar. Se fueron a la cama y por primera vez sintieron que se había abierto un abismo entre los dos. Estaban tumbados de espaldas, mirando el techo en silencio. Cada uno perdido en sus pensamientos sin saber que el de al lado se moría por ser abrazado.
—Lo siento—susurró Bill de repente.
Al momento sintió la mano de Tom buscando la suya, y fue a su encuentro.
—Por eso no quería decirte nada, al final estamos los dos preocupados…
—Mejor que no pases por esto tú solo—dijo Tom llevándose su mano a los labios—No tenemos que ponernos en lo peor, ya has oído a la doctora Allen. Será estrés, queremos tener ya el bebé y a lo mejor hay algo que no estamos haciendo bien.
Bill asintió suspirando. Tenían que relajarse, dejarse llevar y que la naturaleza hiciera su trabajo. Con esa idea en mente, se dio la vuelta en la cama y fue al encuentro de los brazos de Tom, que le recibieron abiertos.
Durmió entre ellos, soñando en un futuro no muy lejano en donde bajo la dulce sonrisa de Tom mecería a su hijo recién nacido en sus brazos…