Segundas oportunidades 37

Parte II, Capítulo 5

 

 

Se levantaron al día siguiente como si no hubiera tenido lugar la conversación de la noche anterior, lo mejor era comportarse como si no pasara nada y así no estar tan tensos. Levantaron a Richard entre los dos y tras vestirle y darle de desayunar le llevaron a la guardería. Luego se dirigieron los dos al club de Gustav, donde les esperaba una sorpresa.

— ¿Cómo que lo dejas?—preguntó Bill sin podérselo creer—Este club es tu vida, y está lleno de miles de recuerdos.

No podía creerlo, allí fue donde conoció a los dos amores de su vida. A Richard en la barra del bar, y a Tom en la cabina del DJ. Gustav no podía decirlo en serio…

—No lo dejo del todo—aclaró Gustav—Tras la celebración de la boda de la hermana de Tom, he estado pensando y creo que podíamos dedicarnos a eso.

— ¿A qué exactamente?—preguntó Bill intrigado— ¿Y cómo que «dedicarnos»?

—A celebraciones de ese tipo—explicó Gustav—Preparar bodas, comidas de trabajo, recepciones… Y eso a ti se te da muy bien.

—La hermana de Tom me echó una mano—dijo Bill—Y tu club…no lo puedes cerrar.

—No lo cierro, lo dejo en manos de Andreas—aclaró Gustav—Nos hemos asociado, y voy a comprar el local de al lado que usaremos para las recepciones. El club seguirá siendo lo que es, además es algo pequeño para lo que planeo.

—Eso es una idea estupenda—intervino Tom por primera vez—Tras la boda o lo que sea, podrán pasar al club a seguir con la fiesta.

— ¡Eso es!—exclamó Gustav sonriendo—Doblaremos los clientes.

—Pero yo…no sé si podré hacer lo que me pides—murmuró Bill.

—Te has encargado de dos fiestas y la boda de mi hermana—le animó Tom.

—Con ayuda de más gente—repitió Bill.

—Ya cuento con July, Janet y Ralph y Klaus—enumeró Gustav—Ellos se ayudarán una mano en el club y las chicas con los preparativos. Janet ya se ha encargado de buscar camareros y July nos echará una mano con la empresa de catering que nos servirán. Tú te encargarás de la página Web, la publicidad y de que todo salga bien, con mi ayuda claro.

—Lo tenías todo ya planeado—comentó Bill sonriendo.

—Y has dado empleo a media familia mía de paso—apuntó Tom también sonriendo.

—Os quería dar una sorpresa—se explicó Gustav—Llevo unos días planeándolo todo, fue idea de Janet al ver lo bien que había organizado Bill la recepción de July, y como ella siempre quiso trabajar en algo así, pues empezó a imaginar cómo sería hacer algo parecido con la ayuda de Bill y todos los que se quisieran apuntar.

— ¿Y mi hermana como se ha enterado?—preguntó Tom extrañado.

—Ya sabes que ella, Sonhia y Janet se han hecho íntimas. Janet se lo comentó a Sonhia y Sonhia a tu hermana. Entre las tres terminaron de convencerme y llevamos unos días haciendo cuentas—explicó Gustav.

—Pero… ¿vas a dejar a Andreas solo con todo el jaleo del club?—intervino Bill.

—Está más que preparado, y Ralph está aprendiendo todo el trabajo tras la barra—explicó Gustav—Las primeras semanas seguiré en el club, luego estaré más pendiente de las fiestas que hagamos en el local de al lado.

Bill y Tom se miraron. Se lo habían pasado muy bien organizando la boda de July, buscando catering por Internet, centros de flores y alquilando los coches que llevaron a la familia. Si, definitivamente Gustav había tenido una buena idea.

— ¿Cenamos esta noche y hablamos más en serio?—preguntó Gustav.

Tom miró a Bill antes de aceptar, esa mañana se había levantado algo revuelto y aunque no habló del tema, sabía que era por las pruebas del día anterior. Estaba todo aún muy reciente, pero como ya les había recetado la doctora Allen lo mejor era relajarse y distraerse.

—Claro—contestó al cabo de un minuto.

—Genial, Janet y yo os esperamos a las 7—concluyó Gustav frotándose las manos—Llevad a Richard, Sonhia y Georg traerán también a Sophie y los dejaremos en nuestro dormitorio durmiendo.

Bill asintió y tras despedirse él y Tom de Gustav, salieron del club.

— ¿Estás bien para ir?—preguntó Tom pasando el brazo por la cintura de Bill.

—Nos hará bien—contestó Bill sonriendo con esfuerzo.

Tom asintió no muy satisfecho de su sonrisa. Aún estaba triste por la charla que habían tenido el día anterior, él más que nadie necesitaba distraerse.

—Vayamos al centro comercial—propuso Tom de repente—Podemos llevar un par de botellas de vino, y algo de postre.

—También hay que comprar pañales—apuntó Bill—Y leche en polvo.

Tom asintió y se dirigieron andando a hacer la compra. Luego regresaron al piso recogiendo a Richard por el camino. Le dieron de comer, comieron ellos y mientras le dejaban dormir la siesta se empezaron a preparar para esa inesperada cena.

Le dejó ducharse primero, y mientras se secaba y cepillaba el pelo, Tom ocupó la ducha tras acercársele por la espalda y dejarle en el cuello un beso. Abrió el agua y se metió bajo ella suspirando con los ojos cerrados. Tenía el cuerpo tenso, no lograba relajarse por más que le pedía a Bill que lo hiciera. Si no predicaba con el ejemplo, iban a subirse los dos por las paredes.

Se duchó con rapidez y fue al dormitorio a vestirse. Bill estaba ya preparado, con unos vaqueros azul claro y un jersey negro de cuello alto. Calzaba unos botines de tacón medio y llevaba suelto su largo pelo. Se entretenía jugando con Richard mientras que Tom se ponía una muda limpia y se vestía. Sentado en la cama con su hijo e su regazo, trataba de que le soltara el collar que se había puesto. Era una cadena plateada con una cruz colgada y que Richard cogía entre sus deditos.

—Al final la romperás—murmuró Bill resoplando.

Tom sonrió al verlos, como Richard sonreía ante el enfado de su padre sin soltar la cruz en ningún momento. Terminó de vestirse y acercándoseles se inclinó y besó la frente de Richard.

—No seas malo—susurró contra su piel.

Como si le hubiera entendido, Richard soltó el colgante y echó los brazos para que Tom le cogiera.

— ¿Estamos?—preguntó Bill pasándole a su hijo.

Tom asintió y cogiendo en sus brazos a Richard salieron del dormitorio. Tenían todo preparado en la mesa del recibidor, la bolsa con las cosas de Richard y el vino que iban a llevar a la cena. Salieron del piso y tras asegurar a Richard en su sillita, entraron en el coche y Tom arrancó.

 

 

 

Eran los últimos, todos ya le estaban esperando. Nada más entrar por la puerta Janet los recibió con un fuerte abrazo y cogió a Richard de inmediato.

—Gustav y Georg están en la cocina terminando de poner la mesa—explicó Janet—Sonhia y yo jugábamos en el dormitorio con Sophie antes de que se durmiera.

Bill se dirigió a el de inmediato, sabía que Sophie se quedaría dormida de inmediato y quería cogerla unos minutos. Entró y saludó a Sonhia con un beso en la mejilla, recibiendo en sus brazos a su hija que le pasó encantada.

—Está muy grande ya—comentó sonriendo ampliamente.

Había cumplido ya 1 mes y estaba muy grandecita. El pelo se le notaba más el color castaño claro de su orgulloso padre, también había heredado sus ojos verdes y sonrisa, pero la nariz y el carácter eran los de Sonhia. La acunó en sus brazos y se inclinó para besarla en la mejilla, suspirando con los ojos cerrados. Despedía un dulce olor a bebé que tanto le gustaba, una mezcla a colonia infantil y toallitas húmedas.

—Mira que camión te hemos comprado—explicó Janet entrando con Richard de la mano.

Le llevó hasta la cama y le sentó en ella, dejándole sobre el regazo un camión rojo que Gustav había comprado esa misma tarde. Richard sonrió ampliamente nada más verlo y se puso a jugar con el sobre la colcha de la cama.

—Quítale los playeros, que no pise la colcha con ellos—dijo Bill sin dejar de acunar a Sophie.

Janet le obedeció y descalzó a Richard, que se dio la vuelta y empezó a gatear por la cama haciendo rodar su camión nuevo. Sonhia y Janet jugaron con él mientras Bill terminaba de dormir a Sophie. Ya tenía los ojitos medio cerrados cuando la cogió y tras acomodarla en sus brazos y mecerla tarareando por lo bajo, se fue quedando profundamente dormida.

—Una que ha caído—susurró dirigiéndose a Sonhia.

Se la pasó a su madre y observó como la acostaba en el coche capota que había en una esquina del dormitorio. La dejaron bien arropada y salieron con cuidado de no despertarla, llevándose a Richard con ellos.

—No ha aguantado hasta su toma—explicó Sonhia una vez en el pasillo—Se despertará en media hora solo para comer, y luego seguirá durmiendo como si nada.

—Richard era igual de bueno—comentó Bill suspirando—Dormía de un tirón toda la noche y nada más darle el biberón volvía a caer rendido.

— ¡Me dais una envidia!—exclamó Janet—Llevo poco tiempo con Gustav, pero ya hemos hablado de que nos gustaría tener un hijo y llamarle como él.

Sonhia y Bill se miraron y sonrieron al imaginarse a un pequeño Gustav jugando con sus hijos. Entraron en la cocina donde estaban Gustav, Georg y Tom metidos de llenos en la cena y les echaron una mano.

—Hemos traído vino—dijo Tom señalándolo.

Estaba en la encimera ya abierto para que se aireara. Sería un buen acompañante para los entrecots con salsa de cebolla caramelizada que Gustav y Janet habían preparado.

—Nosotros hemos traído el postre—explicó Georg relamiéndose—Una deliciosa tarta de chocolate.

—Perdonadle, no ha parado hasta que la compramos—dijo Sonhia sonriendo—Le dio un antojo.

—Georg… ¿hay algo que no nos has contado?—preguntó Gustav alzando una ceja.

— ¿Qué? ¡No!—contestó Georg muy serio—Tengo ya bastante con Sophie, y yo no me planteo tener yo mismo un bebé….en serio Bill, te admiro. Solo acordarme de lo que se alargó el parto de Sonhia y me dan sudores.

—Gus, ¿hablaste con mi hermana?—preguntó Tom de repente.

Quería cambiar de tema, Georg no lo había hecho a posta pero sacar el tema de los bebés y dirigirse a Bill en particular…podía sentir la tristeza que se había apoderado de él sin poder evitarlo.

—Sí, hoy tenían otra cena planeada pero mañana nos veremos en el local y empezaremos con las reformas—explicó Gustav—Hay que tirar una pared para hacer el comedor más grande, y tenemos que mirar las sillas y mesas que pondremos. Tiene una amiga que nos hará un buen descuento si queremos tapizar las sillas a juego con el color de las paredes.

Empezaron a hablar de negocios y siguieron durante la cena, parando solo cuando Sophie se despertó hambrienta y Richard se caía dormido en brazos de su padre. Sonhia se levantó a atender a su hija y Bill la siguió para acostar a su hijo.

Janet y Gustav habían preparado su propia cama, llevando a ella todas las almohadas que tenían y que Bill dispuso alrededor de su hijo para que no se cayera de ella. Mientras se ocupaba de eso, Sonhia se sentó a los pies de la cama con su hija en brazos y el biberón que ya tenía preparado y que Georg había calentado. La acomodó contra su pecho y la dio de comer ante la atenta mirada de Bill.

Eso era lo que más echaba de menos, recordaba a Richard cuando era aún un bebé, como le daba el biberón con él recostado contra su pecho. Le gustaba sentir como sus manitas le cogían un mechón de pelo y retorcía entre sus dedos mientras se terminaba todo el biberón, como le sonreía cuando terminaba y le echaba contra su hombro para que expulsara los gases…

Regresaron a la cocina una vez Sophie se hubo terminado el biberón y quedó dormida de nuevo al igual que Richard, al que Bill acunó en sus brazos suspirando y acostó entre las almohadas y arropó una vez que hubo cerrado los ojos.

— ¿Todo bien?—preguntó Georg mirando a Sonhia.

—Tu hija es muy tragona—contestó Sonhia sonriendo—Se ha tomado el biberón en un santiamén, ¿verdad Bill?

—Eh…si—murmuró el aludido.

Estaba distraído. Había ocupado su asiento al lado de Tom y cogido su copa de vino. Bebió un sorbo y la dejó sobre la mesa de nuevo, suspirando sin poder evitarlo. Siguieron cenando hablando aún del trabajo que les quedaba por delante.

—Tus hermanos valen para todo—comentó Gustav mirando a Tom—Les hablé de las reformas que quería hacer en el local y enseguida me dieron unas ideas estupendas, incluso ellos mismos se ofrecieron a trabajar en la reforma junto con un grupo de amigos que se dedican a eso.

—Puedes confiar plenamente en ellos—dijo Tom asintiendo—Cuando mi madre remodeló la cocina el año pasado lo dejó todo en sus manos y quedó encantada con el resultado. Fueron rápidos y no ensuciaron mucho, y eso que mi madre es muy maniática del orden y de la limpieza, ¿a que sí, Bill?

Todos miraron esperaron a que contestara, pero de nuevo Bill estaba distraído bebiendo de su copa de vino. Tom puso la mano sobre la suya con disimulo y esperó un minuto hasta que fijó los ojos en él.

—Perdona, ¿me decías algo?—preguntó carraspeando.

—Nada—murmuró Tom apretándole la mano.

Todos callaron sin saber que decir, estaba más que claro que los pensamientos de Bill estaban a kilómetros de allí. Terminaron de cenar hablando de cualquier cosa que se les ocurría para el nuevo local, o de la publicidad que le iban a dar. Sonhia tenía varios contactos en su bufete de abogados y se ofreció a echarle a Bill una mano con la página Web nueva que iban a hacer. Nuevamente Tom tuvo que avisar a Bill con disimulo de le hablaban, viéndole asentir con la cabeza mientras se servía otra copa de vino.

Arrugó la frente preocupado, era la tercera copa que se tomaba y apenas había probado la cena. Se le iba a subir rápidamente a la cabeza y al día siguiente desearía no haber bebido tanto.

Llegaron al postre y mientras que Sonhia y Janet lo preparaban, Gustav, Georg y Tom retiraban los platos usados. Bill se excusó diciendo que iba al baño, pasando primero por el dormitorio donde dormía su hijo para comprobar que estaba todo bien.

— ¿Qué le pasa a Bill?—preguntó Gustav una vez a solas.

Tom suspiró, sus amigos estaban preocupados por su comportamiento y aunque pensaba que ese tema era muy privado, Georg y Gustav le conocían mucho mejor que él y desde el incidente en el cementerio les había prometido avisarles de cuando algo fuera mal.

—Está muy preocupado—empezó a explicar en voz baja—Ayer fue al médico, no consigue quedarse embarazado y le han hecho unas pruebas.

—Dios…—susurró Sonhia— ¿Os han dado ya los resultados?

—No, aún es pronto pero Bill ya piensa que no vamos a poder tener un hijo y se está deprimiendo—contestó Tom mordiéndose el labio—La doctora Allen le ha dicho que tiene que relajarse y dejar obrar a la naturaleza, y que el día menos pensado se quedara embarazado, pero Bill no puede evitar ponerse en lo peor…

Dejaron de hablar al escuchar que se abría la puerta del baño, señal de que Bill regresaba.

—Por favor, no le digáis nada—pidió Tom en voz baja—Le costó contarme sus miedos, y no quiero que piense que le he traicionado. Yo…necesitaba hablarlo…

—Te entendemos Tom, tranquilo—dijo Gustav con firmeza al tiempo que los demás asentían con la cabeza.

Siguieron preparando el postre, cortando la tarta en raciones iguales que sirvieron en platos en el momento en que Bill entraba por la puerta. Ocupó su sitio de nuevo y sonrió levemente cuando Tom le puso su ración delante.

Apenas la probó como el resto de la cena, gesto que no pasó desapercibido por sus amigos. Se le veía muy deprimido, más que cuando había llegado al piso. Con cada hora que pasaba, el ánimo de su amigo bajaba y bajaba….

por lyra

Escritora del fandom

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