«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 6: Revolución y comentarios
Sus labios apenas lo rozaron por menos de dos segundos, pero un calor le recorrió todo el cuerpo y bajó la cabeza entre avergonzado y asustado.
– Mejor será que vayamos a casa – susurró mirando a otra parte con sus mejillas ardiendo – quiero decir…tu a la tuya y yo a la mía.
– Sí – respondió distante algo triste por el rechazo. Cargó a la niña en brazos y le pidió al de rastas que le cruzara su bolso por la cabeza quien lo hizo sin decir más.
Tomaron el ascensor y caminaron en silencio hasta el estacionamiento.
– Tendré que pasar hasta el lunes solo con ella, no se como diablos haré – pensó en voz alta caminando hasta su vehículo.
– Tom – lo llamó el diseñador – tomate el día de mañana. Yo no vendré estoy realmente cansado y también estaré solo en casa. Aprovecha para descansar después de todo esto y para pasar tiempo con ella.
El de trenzas le sonrió agradecido – muchas gracias de verdad.
– No me agradezcas – suspiró tontamente caminando hasta su auto – hasta el lunes Thomas.
– Hasta el lunes Billy – qué? Qué acababa de decir? Quiso desaparecer. Era la segunda vez que intentaba…gustarle? Sacudió la cabeza y se metió en el coche más relajado dispuesto a ir a casa.
Departamento de Bill.
Genial, tres días solo y encerrado en su casa. Cerró la puerta cansado, agotado después de tanto trabajo. Entró a su habitación con sus ojos ardiendo del cansancio, se dejó caer en la cama con sus pies colgando del borde de la cama. Miró al techo y su corazón se agitó desesperado al recordar la cercanía que había tenido con el fotógrafo. Parpadeó varias veces, nunca había sentido esa revolución en su cuerpo teniendo tan cerca de una persona. Él que siempre había coqueteado sin llegar a nada con sus modelos y empleadas ahora se sentía intimidado por su empleado. Sintió sus ojos pesar hasta caer rendido.
Una toma de fotos, se podía ver ahí él mismo con su fotógrafo posando sensualmente. Se había colocado entre sus piernas sintiendo ese roce que estaba enloqueciéndolos. Se acercó con un sensual meneo de caderas mientras el muchacho de trenzas se mordía el labio y lo pegaba salvajemente a él frotándose con desesperación. Su intimidad crecía bajo sus boxers por culpa de las caricias que Tom estaba regalándole. Lo tumbó en el piso mientras devoraba su cuello con toda la lujuria existente. Se oyó gemir y buscó inquieto esos labios mientras sus lenguas comenzaban a pelearse por profundizar ese beso caliente, erótico y pasional. Sus manos recorrían ese cuerpo bien formado sin vergüenza alguna, y arqueado en el suelo sintió como el fotógrafo comenzaba a adueñarse de su cuerpo llenándolo de él por completo.
Narra Bill.
Me desperté agitado, con dos lágrimas mojando mis mejillas y mis rastas alborotadas en medio de la oscuridad. Tomé aire y lo exhalé con una mano aferrada a mi sobresaltado pecho y la otra presionando las sábanas con fuerza. Traté de calmarme, pero mi cuerpo ardía como si esas caricias hubiesen sido reales. Sus besos me habían estremecido y casi casi que los podía sentir ahora, me había dejado llevar prácticamente por un desconocido y se me notaba feliz, pero ¿por qué era solo un sueño? Me tiré hacia atrás con un nudo en la garganta y mi cabeza reposó en la almohada, pensé; pensé mucho. No le encontraba la vuelta a toda esta situación, lo miraba, lo buscaba, siempre tenía excusas para estar cerca y me irritaba demasiado que le coqueteara a todas. Abrí los ojos para luego cerrarlos con fuerza y sollozar sonoramente dejándome romper en llanto mitad dolido, mitad confundido cuando comprendí que por primera vez me había enamorado.
Mansión Kaulitz.
Jörg vivía con Caroline, madre de Bill y esposa. Antes se dedicaba más a su empresa y su editorial, pero desde que su hijo había terminado la preparatoria y se había convertido en mayor de edad le dejaba gran parte de su dinero y trabajo a él.
Caroline no tenía una buena relación con su hijo, jamás había estado de acuerdo con su aspecto, estilo y apareciencia y siempre en las cenas familiares dadas en la mansión era un motivo de discusión. Que Bill estás más femenino, que Bill córtate el cabello, que Bill por qué pintas tus uñas… definitivamente los Kaulitz preferían otra visión masculina para su hijo. Como cada mañana, ella salía a desayunar al jardín junto a la piscina con el periódico diario para informarse. Pero los días que la revista salía a la calle, así como el catálogo esperaba más que ansiosa el número para dar su opinión y su crítica femenina al respecto.
-¿Jörg? –llamó desde la reposera– ¿ha llegado el número nuevo?
– Sí, está en el sobre marrón – le respondió entregándole cientos de sobres – Bill no me dejó chequear el material dijo que era sorpresa.
Caroline notó el sobre el cual contenía una BF de color plateada cerca del sello y lo abrió ansiosa. Sacó la revista sonriente y al darla vuelta dejó la tapa al descubierto.
– “Existe el amor Homosexual?” – leyó impactada para sus adentros. Observó detenidamente la tapa. Su hijo con los ojos cerrados dejando apreciar su perfecto maquillaje y sus arqueadas pestañas, de perfil con ese muchacho tomándolo de la cintura y sus labios casi pegados. La mirada de ese joven de ropa de talla enorme, estaba clavada en los labios de su hijo y brillaba como un jovencito enamorado. Su corazón se agitó, los nervios se apoderaban de ella y temía confirmar las dudas que nacieron en su interior desde que Bill entró en la adolescencia. Hojeó con sus dedos temblorosos buscando la nota y comenzó a lagrimear al ver más fotos con miradas y sonrisas cómplices y enamoradas. Leyó unas pocas líneas cuando su estómago se revolvió.
– Jörg! – le gritó desesperada y su marido corrió ante su llamado – desde cuando la revista dejó de ser para la mujer y la moda y se convirtió en un número para maricas?
Golpe bajo. El hombre se la vió venir.
-¿Qué? –preguntó asustado y su mujer le extendió el número. Por un momento creyó que todo era una pesadilla, definitivamente ahora la revista se vendría abajo, se fundiría. Adiós todo ese maldito esfuerzo. Miró el extremo de la revista “Billy Future”, sí era su revista. Miró la foto y maldijo a su hijo, solo a su hijo.
– Bill no trabajará más – gritó revoleando el numero sobresaltando a su mujer– él como director tendría que haber negado a esto. Tendría que haber conseguido a otro tipo para que saliera con Trümper, qué mierda tiene este mocoso en la cabeza? ¿Para qué se empeñó en negar cada uno de los rumores? Si ahora con esto, alimenta a los odiosos periodistas. Salió furioso rumbo a la empresa dispuesto a escuchar su fracaso, mientras Caroline no podía dejar de mirar la revista y llorar decepcionada.
Departamento de Bill
Preparó el sofá y el televisor, ya que probablemente pasaría todo su fin de semana acostado. Recién era viernes y ya se aburría fatalmente. Llevó una bandeja con su desayuno y el número que el portero le había dejado por debajo de la puerta. Encendió la tv, mientras se acomodaba entre las mantas y tomaba el número junto con una taza de café. Le dio un sorbo y lo dejó a un lado mientras admiraba la tapa.
– Diablos – suspiró sonrojándose al ver su expresión y la del fotógrafo tan cerca de él. Admiró todas las fotografías de ellos sin darle importancia al resto de la revista, cuando sintió esas cosquillas en su estómago otra vez, esas ansias de que lo besara, de lo que abrazara – que ganas tengo de que me ames – susurró triste.
Empresa Billy Future.
Y como era de esperarse, todos los empleados reunidos en la sala de juntas esperaban ansiosos ver el nuevo número.
– Derek no llega más – se quejó Victoria – no se por qué, pero este misterio me está matando.
– Qué te parece? – Suspiró Nick – a mí Bill no me dejó chequear nada, por eso siento que será realmente una sorpresa.
– Pero cómo es posible que nadie sepa de que se trata? – agregó impaciente Natalie.
– Si supiéramos no estaríamos así – interrumpió Violeta.
Las mujeres comenzaron a discutir causando un gran murmullo cuando Derek entró corriendo gritando silencio alzando la revista sonriente y todos lo atacaron para quitársela.
– Esperen! – les ordenó tomando distancia – siéntense.
Todos revolearon los ojos y se sentaron en la gran mesa ovalada. Él se sentó en la silla de la punta la cual pertenecía a Bill y apoyó el número de la revista con la portada boca abajo.
– Es fuerte – advirtió – picante…
– Ya! – gritaron todos ansiosos y el subdirector alzó la revista dejando a la vista la comprometedora y sensual foto de Bill y el fotógrafo. Todos impactados permanecieron en silencio – sí, no miren así es nuestro jefecito y el fotógrafo nada más ni nada menos que una nota sobre el amor homosexual.
– Increíble – murmuró Jenny.
– Impactante – suspiró Lily – son más tiernos.
– Asqueroso – interrumpió Natalie – veras que no venderemos nada por esa idiotez, a quien carajo en este país le importan los gays?
– Perfecto – añadió Charly, quien era abiertamente homosexual – este número arrasa, acuérdense lo que digo.
Casa de Tom.
El de trenzas desayunaba en el comedor junto a su pequeña hermana, en la alta mesada con la revista entre sus manos. Estaba sorprendido ante los gestos suyos y de su jefe.
– Te gusta? – le preguntó Melisa con una sonrisa de oreja a oreja.
– Las galletas? – Añadió sin comprender – creo que le falta algo de azúcar, pero serás buena cocinera algún día.
– No tonto! – Rió tomando la revista entre sus pequeñas manos – no hablo de las galletas, hablo de él.
– Bill? – sonrió tontamente Tom.
– Sí, anoche se miraban raro y él estaba como un tomate – sonrió sacando la lengua – creo yo que le gustas.
– Eso crees? – Cuestionó el de trenzas con picardía – es muy guapo y muy dulce.
– Te gusta – afirmó la pequeña – mi hermano está enamorado, mi hermano está enamorado!
– Cállate enana – rió el muchacho – yo enamorado?… muy graciosa…quién dice que me haya enamorado eh?
Continuará…