«EaaRumA» Fic de MissAnunnaki
Capítulo 10
Las cosas se ponían difíciles, todo a nuestro alrededor se tornaba complicado, y lo hacía peor, cuando el día se encontraba nublado. Mis pasos iban acorde al ritmo del corazón, tomando aire por la nariz, exhalando por la boca, siendo tan sigiloso como pudiera, intentando no llamar la atención. Y a pesar de que el año nuevo había llegado, la situación se había puesto algo tensa, por lo que debía estar atento o todo podía irse a la mierda.
— ¡Cuidado! —gritó el vampiro a mi espalda, sentí como su cuerpo golpeó el mío, ambos terminamos tirados en el suelo, con el rostro cubiertos de nieve. Percibí como unas bolas de nieve pasaban por sobre nosotros, la risa de Bill me advertía de que casi íbamos a perder la partida. Nos levantamos al mismo tiempo, nuestro don nos ponía demasiado precavidos, por lo que empezamos a correr, debido a que sentía que Riza andaba pisándonos los talones.
El grito exagerado de Bill se hacía presente, me giré para observarle pero no dejé de correr, él se caía al suelo de forma desesperante. ¿Por qué habíamos sido convencidos de jugar a esto? Quería reírme, pero él me alejaba con sus manos, para que continuara la fuga hacía la victoria. Habíamos colocado un punto final en el interior del bosque donde nos encontrábamos, la mundana vigilaba ese lugar, ya que era del grupo contrario. Y en verdad me daba algo de vértigo volver a mirarle el rostro, después de lo que había sucedido con respecto a la chimenea, estuve debatiendo sobre su verdadera persona, hasta comencé a inspeccionarla desde lejos. Actuaba tal humana, era demasiado tierna como para ser real, más se asemejaba a un personaje ficticio de cuentos de hadas.
No le dije nada a Bill, apenas habían pasado unos días de lo sucedido y no sabía como demonios decirle que sospechaba de la mundana, ¿Por qué ocultaría ese don? ¿Por qué no lo había dicho desde un principio? Había una parte de la población, un porcentaje pequeño, de mediums, personas que tenían la capacidad que un vampiro clase C, pero eran humanos. Eso surgió de la mezcla de brujas y mundanos. Poco y nada se sabía de la existencia de ellos, preferían estar ocultos, porque la ambición abundaba por las calles mundanas, y si se topaban con los mediums, querían obtener todo a cualquier costo.
Mis piernas se movían ahora con más velocidad, no había medido aquello por pensar en la mundana. La tenía presente la mayor parte del tiempo, y de tan solo hacer eso, me producía una leve migraña, no podía saber el motivo. Riza aún seguía con esa idea de alejarla de nosotros, comenzaba a pensar que debíamos hacer eso, o interrogarla en el momento adecuado. No sabía si era pavor o qué, que había algo que me impedía preguntarle, oportunidades infinitas tenía para saber su verdadera identidad, pero me retraía por un motivo desconocido hasta el momento.
— ¡Estás vivo! —escuché la voz de Riza, entonces me di cuenta de que estaba corriendo a mi lado, debíamos llegar a la meta final, pero Hagen rondaba cerca. Este tipo de juegos también lo aplicábamos como método de práctica, cuando no había vampiros a quiénes cazar. Era más para no perder la costumbre y seguir sintiendo la adrenalina. Ella efectuó un movimiento y logró derribarme, por lo que me encontraba descalificado del juego. Me pareció raro que ella decidiera formar equipo con Georg y la mundana, pero luego recordé que ellos estaban durmiendo juntos y tenía que saber qué había sucedido entre ellos.
Ella siguió corriendo, tenía que avisar que habían ganado. Yo me quedé tumbado en el suelo por un instante, mirando esas nubes blancas y grises que lucían amenazadoras. Estaba como si fuera una estrella de mar, sintiéndome un infante, con todo el derecho a disfrutar de un día tan gris como el que se presentaba. No estábamos tan lejos de esa cabaña, apenas unos metros.
La nieve que me cubría se deshacía en mi abrigo, por lo que me senté y comencé a sacudirme para no estar tan empapado. El silencio era tan tenebroso, como una película de terror, o algún documental de lobos intentando sobrevivir a una helada. Me puse de pie y observé a mi alrededor por unos instantes, el ambiente se sentía demasiado pesado, y no era solo por la humedad, había algo más. Pronto me sentí demasiado intimidado y no había nadie cerca, o por lo menos eso era lo que pensaba. Fruncí el entrecejo, tenía absoluta curiosidad por lo que estaba sucediendo; entonces, como por arte de magia, a unos pasos de distancia, dándome la espalda, podía ver a la mundana correr entre los árboles a una velocidad no normal.
No sabía si estaba queriendo atraparme, aunque ya había perdido, pero ella estaba yendo del lado contrario a donde estaba el punto final del juego. La curiosidad tomó lugar por completo en mí, entonces me vi obligado a seguirla, quería correr tan rápido como podía, pero ella me ganaba por ventaja. Era tan extraño que una mundana pudiera hacer eso, a menos que ella fuera una corredora profesional, pero tenía mis dudas. Le seguía los pasos, tratando de ser cuidadoso, ella se detuvo en un momento, por lo que yo tuve que esconderme. Me apoyé contra un árbol y un arbusto; como un espía observaba curioso lo que ella estaba haciendo.
Se quedó parada por un momento, como si estuviera esperando a alguien, ¿Qué hacía sola por aquí? Percibía ondas demasiado densas mediante el don, no era Bill, ni Riza, era otra persona, alguien con un aura poderosa. Un constante agite de viento se podía escuchar, como si unas inmensas alas se extendieran por todo el bosque, me incliné un poco para no ser visto, no estaba comprendiendo lo que estaba ocurriendo.
—Hasta que ya era hora —podía escucharlos, era una voz masculina totalmente autoritaria, tenebrosa y firme. Miré que alguien estaba con la mundana, no sabía en qué momento había llegado ese sujeto. Aquel hombre no era tan alto, pero la mirada que traía lo hacía lucir como todo un grande. — ¿Cuándo pensabas salir de ahí?
—No podía hacerlo de la nada, Shannon. — ¿Shannon? ¿Quién era este tipo? —No puedo desaparecer de repente.
—Como sea, tienes que venir conmigo ahora, Bart lo quiere así.
Bart, ¿Qué mierda? ¿Cómo era posible? ¿¡Qué era esto de hablar de Bart normalmente!? ¿Quiénes eran éstas personas? Todo empezaba a darme vueltas, todo se me tornaba tan difuso y se volvía complicado de entender. Ese tipo estaba hablando de Bart con la mundana, ¡La mundana! ¿Por qué con ella? La puta desesperación venía, las ganas de salir del escondite para interrogarlos era inmensa, pero había algo que me detenía, la parte lógica me decía que no lo hiciera, que podía ser un error.
—Puedo sentirlo. —decía el sujeto, llevaba ropa oscura, un camperón largo como el de Georg, lo hacía más pequeño de lo que era, pero no dejaba de ser intimidante con su presencia. — ¿Cuántos son? ¿Hay un lobo?
—Es un grupo extraño —ella se cruzó de brazos. —Será mejor irnos antes de que vengan a buscarme.
Bajé la mirada, absorto en todo lo que sucedía, tratando de asimilar lo ocurrido. Ella sabía de Bart, parecía saber más de la cuenta sobre él, ¿Cómo podía suceder eso? La traición se asomó a mi cabeza, el espionaje y la vigilancia le siguieron después; una impotencia e ira iban dominando mis manos, todo se ponía más interesante, pero también molesto, porque no podía comprender todo. ¿Quién era Bart? ¿Qué hacía este Shannon en su nombre? Era inconclusa la situación, y la única que podía otorgar pistas era la mundana, aunque ella no era una mundana, en realidad era una traidora.
Volví a mirar y ninguno de los dos estaba ahí, habían desaparecido, salí del escondite y comencé a buscarlos con la vista por donde podía, pero era inútil, ellos se había esfumado del lugar. Apreté mis dientes, la lealtad se había ido a la mierda con ella, cuando pensaba que podía confiar en las personas, salía una mundana traicionera. La locura comenzó a invadirme, la mente ya me hacía malas jugadas y empezaba a dudar de todos, ¿Todos estaban conmigo? ¿Podía confiar en ellos? Era imposible describir con lujo de detalles como me sentía, un vacío enorme y la inseguridad eran parte de la vaga descripción.
Quería buscar a los demás, tenía que decirles, ahora no pensaba dejarlo en secreto, debían saberlo pero… ¿Podía otorgarles el voto de confianza?
— ¿¡Tom!? —A lo lejos, debatiendo y caminando durante varios minutos, podía escuchar como Riza me llamaba. No tenía ánimos, estaba desconcertado, quería entender todo eso, me esforzaba demasiado para poder comprenderlo, más no podía, me sentía tan fracasado entonces. Ella logró verme y comenzó a venir en mi dirección, parecía preocupada. Los copos de nieve descendían con suavidad, otra tormenta, tal vez, se avecinaba. —Dónde… ¿Por qué tienes esa cara?
Preguntó cuando nos encontramos en un punto medio, eso me hizo enfurecer más porque volvía a recordarlo con intensidad. Una vez más me recriminaba que debía ser más precavido, tenía que pensar las cosas antes de hacerlas. La jodida mundana actuaba con tanta naturalidad que nadie sospecharía de que fuera parte de un clan. No la había juzgado como Riza y Bill lo habían hecho, me sentía peor sabiendo eso, ellos dudaban de la mundana, no confiaban, y sin embargo, a mí me había comprado y todo por ese estúpido aspecto de niña buena.
— ¿Dónde están los demás? Hay algo que tengo que hablar con los tres. —Ella se sintió desorientada al decir tres, ya que faltaba una. —La mundana queda afuera de esto.
A ella se le brillaron los ojitos al escuchar eso, Riza siempre tenía algún método para calmarme, aún cuando no sabía lo que sucedía. El alivio llegó de apoco, al tiempo que nos adentrábamos a la cabaña, ella me miraba fijo, tal vez quería deducir lo que me pasaba; ya me hacía la idea de su reacción al enterarse de la verdad de la mundana, me daría un sermón tan grande que sería humillación para lo que me quedara de vida.
Minutos bastaron para que estuvieran en la cabaña, Riza estaba sentada cruzada de piernas, cerca de la chimenea, parecía un cachorro intentando calentarse. Georg estaba apoyado contra la ventana y observaba la densa tormenta de nieve; por otra parte, Bill estaba sentado en el sofá, mirándome. Parecía percibir mi malhumor y disgusto a través de la conexión, y evitaba pensar en el tema para que no se enterara antes. Les llamé la atención y me preparé para darles la mala noticia, esperaba que ninguno estallara como yo lo hubiera hecho, al momento de enterarme, pero la realidad iba a ser distinta a la expectativa, siempre era así.
—La mundana no está, ¿Alguien sabe a donde fue? —empecé por eso, ninguno supo contestarme, Hagen había propuesto que saldría en su búsqueda ahora mismo, Riza emitió un gruñido al oír eso, pero yo les frené, diciendo que no iba a ser necesario. —No sé si van a creerme pero… Ella no es lo que parece.
— ¿De qué estás hablando? —cuestionó la loba, con toda la incertidumbre que podía juntar.
—Tú y Bill tenían razón… —Empecé a contarles sobre lo que había visto, tanto lo que sucedió hacía unos instantes, como la magia que ella había efectuado. Aunque no estaba seguro de si era magia, bueno, lo era, pero hasta no confirmar lo que ella era verdaderamente, yo pensaba que era una medium.
— ¡Puta madre! —exclamó Riza, se levantó de inmediato, la histeria era su mejor aliada. — ¿¡Cuántas veces te dije que ella no era de fiar!? ¿¡Ahora debe estar con ese idiota!? ¿¡De seguro le contó todos los pasos a seguir!? ¿Y cómo fue que nadie se dio cuenta de eso? ¿Por qué no detectaste que tenía algún poder, Bill?
Todos postramos la atención en él, también parecía sorprendido de lo que había contado. Los más antiguos podían percibir lo que fuera, hasta el sonido más suave, y era bastante raro que no pudiera percibir que una medium estuviera entre nosotros. Él se cruzó de brazos, parecía que estaba pensando, haciendo hipótesis, o buscando respuestas concretas a su don fallido con respecto a la mundana.
—Ella puede ser una medium, pero también puede ser… —abrió grande los ojos. Su boca se entreabrió unos instantes, plasmando toda la sorpresa en todos nosotros. —Ronda.
Georg parecía estar atento a toda la conversación, no hablaba mucho pero por su rostro me podía dar cuenta de que estaba sorprendido. Él había estado más tiempo con la mundana, tenía que decirnos si había un comportamiento extraño, pero jamás habló de eso, por lo que podía ser que la mundana actuaba normal con él. Pero, y en ese caso, ¿Por qué había decidido estar con él y no con nosotros, cuando tuvimos que separarnos?
— ¿Quién mierda es Ronda? —preguntó Riza toda cabreada. El vampiro exhaló el aire, parecía que había escarbado en el tortuoso pasado, capaz tenía que ver con mi muerte y con las reencarnaciones.
—Ronda es la primera bruja que ha existido en el mundo. El poder que tiene es… Es realmente increíble.
Riza se sobaba el cabello, el vampiro parecía sumergirse en recuerdos, y yo, yo quería saber más sobre esa tal Ronda. Quería todas las respuestas, y las iría a buscar aunque fuera a parar a manos de Bart. Antes de morir necesitaba saber toda la verdad.
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A mitad de la noche, con plena luna llena entrando en la etapa umbra, cabalgaba con suma rapidez por la carretera, tratando de llegar a tiempo al último aquelarre. Sería el último llamado que las brujas tendrían para poder completar con sus brujerías, ellas querían buscar el método indestructible para volverse inmortales y bellas, su obsesión por aparentar ser humanas era infinita, y cada luna sangrienta ellas intentaban efectuar ese conjuro. Dicho conjuro consistía de cuatro sesiones, en la última luna sangrienta se cumpliría su deseo, pero yo no iba a permitírselos, porque para llevar a cabo necesitaban bebes recién nacidos, y no dejaría que se llevaran a mi pequeño hermano.
Yo no era un experto en cazador de brujas, pero el ser hijo de un herrero me había enseñado a utilizar las herramientas de forma adecuada, a defenderme muy bien con lo que tuviera a mano. Y defendería la vida de mi hermano menor, costara lo que me costara, no dejaría que un aquelarre de brujas arruinara la vida de mis padres. Ellos lucharon por tener un hijo propio, y luego de muchos años pudieron tener uno. Yo no era hijo legítimo, había sido adoptado por ellos, el paradero de mis verdaderos padres era un misterio, no sabía qué había sucedido con ellos.
Golpeaba al caballo para que siguiera su trayecto, me daba algo de pena tener que presionarle, pero era la única manera de poder llegar a mi objetivo tan veloz como quería. La carretera no era oscura, los árboles no eran tan tenebrosos, y todo gracias a la luz de la luna, que iluminaba todo con más intensidad debido a su proximidad con la tierra. Habían pasado diecinueve años desde la última luna sangrienta, y ahora que había vuelto a aparecer, ellas no desperdiciarían la oportunidad de concretar su tan esperado conjuro. Empecé a sentir que alguien más venía conmigo, miré de reojo un par de veces hacia atrás y no conseguía ver a nadie, pero no quitaba esa sensación de que alguien estaba cerca. Pronto la idea de que una bruja venía pisándome los talones se presentó, entonces la adrenalina aumentó una dosis y el sudor comenzó a salir por los poros, sintiéndome ansioso. La respiración se aceleraba, el aire fresco que otorgaban los árboles se iban hasta lo profundo de mis pulmones, haciéndome sentir a gusto, aunque solo fuera eso, ya que la incomodidad de que no estaba solo empezaba a acecharme.
Segundos después, el caballo se detuvo de repente, levantando sus patas delanteras, estableciendo un equilibrio perfecto, pero amenazaba con hacerme caer de espalda. Emitía llamados en su nombre para que se calmara, más no lograba hacerlo, retrocedía en dos patas y temía porque ambos cayéramos al suelo y él se pusiera sobre mí. Volvió a su posición normal pero estaba descontrolado, intentaba establecer una conexión que lo mantuviera seguro, yo no podía ver lo que él sí; tal vez alguien se puso frente a nosotros y reaccionó de inmediato. Retomó el equilibrio, esta vez logró caerse y mi pierna quedó bajo su peso, eché un grito debido al dolor que eso provocaba, solté las riendas y él se levantó al instante. Corrió hacía no sabía donde, me dejó solo en medio del bosque.
Suspiré, mientras alzaba la vista para buscar la luna, la misma estaba siendo tapada, tan solo la mitad, pronto la luna sangrienta se completaría, y yo no llegaría a salvar a mi pequeño hermano. La impotencia brotó, la ira e incertidumbre se plasmaron con desesperación, por lo que me puse de pie, importándome un comino si me dolía la pierna, yo debía seguir hacia el destino establecido. Esas brujas no se saldrían con la suya, no iba a permitir ese horrible final para mi hermano y los demás niños.
— ¿Qué ha pasado, Tomy? —escuché esa voz femenina y me giré, no había nadie detrás. Emitió una risa totalmente escalofriante y yo la buscaba alrededor. Poco y nada sabía de las brujas, la que más tenía presente en mi memoria, era la de una tal Ronda. Ella era la bruja más antigua, había podido escapar de los cazadores de brujas por años, y siempre tenía éxito en sus planes. Creía que ella llevaba a cabo estos aquelarres, ya que se pensaba que era la más inteligente, aunque todas lo eran a su manera, me refería a que ella era la más sabia de todas las que existían en el mundo.
— ¿Quién eres? —pregunté de forma estúpida, giraba sobre mí lugar, sintiéndome intimidado por esa voz femenina que me provocaba escalofrío. El miedo se me apoderaba debido a que no sabía con qué me iba a encontrar, los nervios me llevaron a quitar de la funda el cuchillo que se asemejaba a una pequeña espada. Me puse en posición, extendiendo la mano con el arma blanca señalando hacia arriba, mirando todo lo que me rodeaba.
— ¿Así que quieres rescatar a tu pequeño hermano? —Los ojos estaban abiertos de par en par, necesitaba precisión para poder ver como quería. Su pregunta me ponía incómodo, el hecho de que supiera porqué estaba armado y yendo hacia la boca del lobo, me ponía en aprietos, porque la maldita sabía lo que planeaba. —Una lástima que no puedas llegar a tiempo.
Sentí como una chispa, como que un objeto se prendía fuego, fue entonces que algo se arrojó en mi dirección, cuando quería darme cuenta, se extendió toda una línea arqueada de fuego a mi alrededor, pronto las llamas se alzaron en lo alto, formando una pared de rojo, naranja y amarillo. El calor me dio la bienvenida de manera repentina, estaba acorralado como un insecto en ese círculo de fuego. No podía hacer mucho, si quería saltar no iba a lograrlo ya que me quemaría, aunque si corría con toda velocidad podía salir sin ningún tipo de daño, pero solo era una hipótesis, hacía falta verificarla.
—La luna de sangre se pondrá pronto —al oír eso, levanté la vista, la luna comenzaba a tomar un color rojizo, casi anaranjado, producto de la alineación del sol, la tierra y la mencionada luna. —No hay nada que puedas hacer. Ni siquiera el amor de tu vida podrá salvarte esta vez.
Me quedé anonadado al escuchar esas palabras, ¿De qué amor me estaba hablando? Desconocía totalmente lo que me decía, era indiferente. En mi vida me había enamorado, admito que había tenido algún que otro ligue, pero nadie me había hecho sentir de forma especial, no tenía tiempo para enamorarme, ¿Y qué era enamorarse en ésta época? Solo había matrimonios arreglados y por conveniencia, nada era de verdad, solo apariencias.
La voz femenina por fin tenía cara, en lo alto de las llamas ella se dejó ver. Su apariencia era increíble, tenía una mirada angelical, con una sonrisa tan tierna que dolía de tan solo observarla, su cabello largo y ondulado era envolvente. Estaba levitando en el aire, con un vestido color negro que parecía sucio y malgastado. Cruzamos miradas, esos ojos se me hacían familiares, esas facciones ya las había visto en algún lugar, ¿Pero dónde? Esa angelical mirada, se transformó en una pesadilla, lo tierno se volvió horripilante. Con la piel verdosa, luciendo resquebrajada, esos dientes se enseñaron y me dio pavor, lanzó un grito que más parecía un llamado de auxilio.
Las llamas empezaron a sofocarme, el calor y el humo que emprendían me asfixiaban y me tomé el pecho con la mano. Ella extendió sus manos, esas largas y afiladas uñas eran temerarias, ¿Cómo podía pasar de un ser humano a un monstruo? Solo tenía una explicación para ello, y era que estaba enfrentando a una bruja. Recordé que en el pueblo, se decía que no todas las brujas podían engañarnos con apariencias, solo las más antiguas y sabias podían hacerlo. Entonces, la bruja que me estaba acorralando era una antigua, probablemente podría ser…
— ¡Ronda! —Ese llamado advirtió a la bruja, entonces una luz blanca se le aproximó de forma veloz, logrando que ella aterrizara de forma violenta contra el suelo, oí el impacto pero no podía verlo, ya que las llamas me obstruían la vista.
Me sentía mal, me puse de cuclillas mientras tosía y me secaba el sudor que aparecía debido al extremo calor que sentía. Estaba siendo prisionero del infierno, estaba por morir en manos de una bruja y sin siquiera haber rescatado a mi hermano. Los recuerdos me invadían, esa imagen familiar adoptiva se me almacenaba en la cabeza y el corazón, por lo menos moriría recordándoles, y agradeciéndoles por haberme acogido en su hogar, criándome y amándome como si fuera su verdadero hijo de sangre, formando parte de su familia sin importar que yo no pertenecía en realidad, porque ningún vínculo de sangre me unía.
Poco a poco sentía menos presión en el pecho, el calor iba descendiendo la temperatura, entonces levanté la vista y las llamas se iban apagando, por lo que podía ver que alguien caminaba de derecha a izquierda. Un sujeto de cabello corto oscuro, con ropas holgadas. Extendió su mano y señaló con el dedo índice hacia algún punto, por consiguiente me di cuenta de que la bruja levitaba en el aire y movía sus piernas de un lado a otro. Su rostro era de sufrimiento, su cuello se volvía más delgado con el pasar de los segundos. Pero no duró mucho, ya que formó un círculo de llamas con su mano y fue lanzado directo hacia el sujeto, por lo que bajó su brazo, y con ello, la bruja impactó contra el suelo de nuevo.
Me exalté de inmediato, logrando sentarme, la respiración estaba bastante acelerada, sentía los latidos del corazón por mi cabeza, el sudor bajaba por la frente y una brisa fría me cubrió de inmediato, sintiéndome inestable. Me encontraba en movimiento, en el sector de carga de la camioneta; una mano se depositó sobre mi hombro y una descarga eléctrica agradable se originó, por lo que mi cuerpo se tranquilizó en ese instante, volví a retomar la posición y mi cabeza se apoyó sobre algo cómodo. Miré hacia arriba y el vampiro me observaba curioso.
—Soñaste con ella. —me dijo sin vueltas, yo asentí y tragué saliva. Había recordado a Ronda de otra vida, y el vampiro apareció en el momento justo. En ese entonces yo no sabía de su existencia hasta que la bruja lo había mencionado, por lo que su plan era terminar conmigo antes de que me conociera, ¿Por qué todo debía ser así?
— ¿Por qué Ronda no me eliminó cuando tuvo la oportunidad? —le pregunté, él miró hacia adelante. Ronda estuvo con nosotros mucho tiempo, tenía motivos para asesinarme, sabía porqué quería hacerlo también. Ahora no solo tenía a Bart y a todo el mundo en mi contra, sino que, además, una bruja quería terminar con mi vida.
—Ronda es inteligente, ella te pone a prueba primero, mide tus estrategias. Examina cada movimiento que efectúas, a ella le gusta informarse antes de eliminar. —su mano se paseaba sobre mi cabello y eso me armonizaba mejor. —Ahora que eres cazador, ella quiere saber tus capacidades. El que seas cazador es un reto para ella, en esta vida tú puedes derrotarla.
¿En verdad podía derrotarla?
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—Si quería ser nómada, hubiera permanecido con mi jauría. —Riza arrojó una rama a la reciente llama que Hagen había originado. Todos estábamos cansados, debía admitirlo, pero el que al fin pudiéramos encontrar un lugar donde pasar la noche sin problemas, era una luz al final del túnel.
Bajo un puente de una carretera que no había sido transitada en décadas, nos encargábamos de armar un temporal refugio, aunque solo fuera para descansar la espalda y pensar muy bien lo que debíamos hacer. Yo había tomado la decisión de enfrentarme a Bart, pasara lo que pasara, no me importaba si debía morir de nuevo, aunque por un lado no lo deseaba. También quería comprobar si podía derrotarle, a él y a la bruja que también parecía seguirme los pasos para ver que todo iría, según pensaba, acorde al plan de deshacerse de mí.
La camioneta descansaba bajo un sendero clandestino que se encontraba al lado del puente, dicho sendero iba en picada hasta chocar contra un río. Por suerte las aguas andaban tranquilas y no había amenaza de algún animal salvaje que rondara cerca. Debajo del puente había miles de piedras y debía ser cuidadoso para caminar, o podría resbalar y caer al río que se encontraba a pocos pasos de las piedras. Y aunque no era tan profundo como lo pensaba, no quería andar empapado en pleno invierno.
—Cuando vea a esa mundana o lo que sea, la voy agarrar del cuelo y la ahorcaré hasta que muera —decía a regañadientes Riza, el odio que sentía hacia la bruja era inmenso. Ahora que se sabía la verdad, o por lo menos creíamos en eso, ella demostraba su intolerancia sin filtro; insultaba y decía las atrocidades que le haría si la tuviera en frente.
—Cálmate, lobita, no vaya a ser que después termines agrediendo a otro por accidente —Hagen siempre la cagaba en todo momento, últimamente molestaba a Riza y ella le respondía, a lo que iniciaban una discusión que duraba años, y uno debía estar aguantándose los aullidos y gritos de ambos.
—No me busques, o me vas a encontrar —se miraban, como si fueran cómplices de un crimen. Podía ser que había visto una sonrisa de Riza al terminar de decir eso, pero quería creer que era mi cabeza jugándome una mala pasada. Ellos siempre se llevaban mal y ya estaba acostumbrado a que se insultaran y todo lo que le seguía.
—No sé como es que pueden convivir el uno con el otro, si están discutiendo. —habló Bill, estaba cruzado de brazos a unos pasos de distancia, observaba a los dos con diversión.
— ¡Yo no discuto, ella empieza!
— ¡Yo no discuto, él empieza!
—Bien, para el tema de la coordinación, ustedes van muy bien. —No sabía porqué Bill les sonreía tanto, o qué era lo gracioso del asunto. Yo no aguantaba tener que lidiar con estos dos todo el tiempo, al principio no toleraba que Hagen tratara mal a Riza, pero luego había momentos en los que ella le atacaba el doble y se me pasaba eso de defenderla, ella podía hacerlo por su cuenta y hasta a veces le hundía demasiado al pobre.
Al ver como las llamas de la fogata se alzaban en el aire, se me venían miles de cosas a la mente, tantas situaciones en las que terminaban con fuego, demasiados asesinatos que se volvían cenizas. ¿Realmente merecía morir? El fuego me recordaba todo lo malo: los vampiros que había matado, las reencarnaciones que asesinaban a personas que querían matarme por el mismo motivo. ¿Qué iba a ser de mí si moría? ¿En qué iba a convertirme después? ¿Bill lo soportaría? No, él no lo soportaría más.
Podía notar que estaba demasiado cansado de repetir la secuencia, tenía que estar demasiado enamorado o loco para buscarme y cumplir el ciclo, y lo estaba. Sentía su amor tan fuerte, sólido y eterno; era tan real que me presionaba hasta dejarme sin aliento, amenazándome con quitarme el corazón de un sopetón. Me amaba con todo lo que era, y por eso pasaba todo el tiempo buscándome, esperando a que recordara, tomándose la calma con cuidado. En verdad, él merecía ser feliz, y no estar pendiente de la muerte anticipada de alguien. Pronto me ponía a pensar que, tal vez, yo no merecía ser amado por un ser tan maravilloso como él, Bill no tenía porqué sufrir por alguien como yo. Él debía enamorarse de alguien de su clase, todo sería más fácil para él si no me hubiera conocido.
—No pienses en esas cosas. —Oí en un susurro cerca de mi oreja izquierda, me recorrió un agradable escalofrío y me alejé un poco, giré y el vampiro me observaba de cerca con esos ojos, tan hipnóticos e intensos, como la interesante mirada de un felino.
—No puedo evitarlo, creo que es mejor así —de pronto la baja autoestima se adueñaba de mi ser, era tan nuevo para mí. Yo vivía del egoísmo y nada podía derrotarme, ¿Sería a causa del amor que sentía con respecto a él? Había cosas nuevas y cosas que ya tenía la costumbre de sentirlas. Podía recordar mis antepasados, lo que había sucedido, el amor que sentía hacía él, pero me sentía extraño. Era como si me encontrara atrapado entre dos mundos completamente distintos pero, de alguna forma, me agradaba sentirme así, porque sentía que todo se obtenía como quería.
—Mejor… Vamos a hablar a otro lugar. Creo que ellos necesitan algo de privacidad también. —Bill miró atrás de mí, viré y mi mejor amiga con el cazador discutían tan de cerca. Ella estaba de pie mientras que Moritz la mirada con unos ojos que… Jamás en mi vida había visto un brillo en sus ojos verdes, era como si estuviera fascinado con la obra que la loba estaba montando.
Les decía que los dejaríamos solos, pero ellos parecían estar encerrados en una burbuja, ya que ninguno se había percatado de mi aviso. Bill tomó mi muñeca y la tironeó con suavidad, ambos les abandonamos con cuidado, las piedras eran inseguras y no quería que, ni él ni yo, cayéramos al río. Aunque dicho río tenía un poco de hielo en los bordes debido a que ya se iba derritiendo, porque en estos días hacía mucho sol, y la tormenta de nieve ya había pasado. Logramos salir debajo del puente, el cuarto creciente de la luna nos daba un poquito de luz natural, aunque con la vista del vampiro, y mi sensibilidad desarrollada, podíamos desplazarnos por la oscuridad como se nos antojara. Caminábamos como dos niños siendo aventureros en un lugar completamente desconocido, íbamos dando pequeños saltos por las piedras, seguíamos el camino del río, dirigiéndonos a donde los pies nos llevaran.
—Este es un buen lugar —Bill se detuvo, por consiguiente yo también. — ¿Puedes imaginar este lugar de día?
Me preguntó, él miraba todo con suma fascinación, empezó a sonreír como un niño y yo le quedé mirando. Hice lo mismo y solo podía ver una leve oscuridad, la luz de la luna me ayudaba algo, y aunque quería imaginarlo, se me hacía difícil porque no sabía lo que había a mi alrededor. Oí una risita divertida, por la cercanía que tenía con él, noté su sonrisa, podía mirarle así toda mi vida y me olvidaría de todo. Pero sabía que tarde o temprano Bart me encontraría y terminaría conmigo.
—Es difícil para mí, no veo nada —le decía algo molesto.
—Eso no tiene nada que ver. Si tan solo te concentras en lo que te propones, lo puedes lograr. —se giró, no me observó, solo enfocó su mirada atrás de mí. —Como ellos.
Fui en la dirección que él indicaba. Riza y Hagen ya no discutían, ella se encontraba sentada a su lado, mirando el fuego con una sonrisa. Hagen le hablaba a centímetros, como queriendo susurrarle en el oído, podía notar como la curva de sus labios se elevaba un poco, haciendo de él una persona totalmente diferente a la que acostumbraba a ver. Había un aura que les rodeaba que era ajena a cualquier otra, se sentía una paz y afinidad inmensa entre ellos dos. Pronto me sentía desorientado por eso, ¿Qué pasaba con ellos? Idiota era al no darme cuenta enseguida, ellos bien podrían tener algo, pero me negaba a aceptarlo porque se comportaban de manera paralela a lo que eran cuando yo andaba junto a ellos.
—Desde un primer momento supe quién cortejaba a quien. Era obvio que ella no lo notaba en ese instante, pero con el tiempo pudo darse cuenta de lo que en verdad quería ver. — ¿Acaso me estaba diciendo que ellos dos salían? —Al igual que ellos, si te propones a ver lo que quieres, se cumple.
Sentí como sus dedos fríos se desplazaban por el dorso de mi mano hasta tocar los míos, los entrelazó. Apretujó su mano con la mía y sentía de repente que todo se volvía luminoso, como si una magia se hubiera presentado repentinamente. Todo lo que era oscuro se volvía claro, ahora podía notar los árboles y arbustos que nos rodeaban, pero lo que más me sorprendía, era saber que no era invierno, sino que había una agradable sensación de que era verano. Oía cantos de los pájaros, las brisas golpeando los árboles y el ruido del agua cristalina que chocaba con algunas piedras. Por eso Bill sonreía, porque él miraba un verano que para mí era invierno. No sabía si él podía hacer eso, o solo era un espejismo, si le ordenabas a tu cerebro algo, éste debía cumplirlo.
—A menudo suelo imaginarme el verano. —me decía, volteé a verlo y el sol nos daba en la espalda, su cabello se movía por el viento veraniego. Me sentía como en un sueño… Esperen, ¿¡Acaso había muerto, y todo esto era parte de un sueño eterno!? —No seas idiota, esto es real.
— ¿Cómo logras esto? —pregunté, inspiré y sí, era aire de verano, tan cálido y fresco. El cielo era azul, los árboles tan verdosos y el río de agua cristalina iba hacia la derecha, llevándose una fila de patos que parecían cantar una canción. Era inesperado, viajar del frío al calor en un segundo realmente era increíble.
—Solía gustarte el verano —la manera en la que lo había dicho me provocaba nostalgia. —Cuando me enamoré de ti, estábamos en un lugar similar a este, solo que en Egipto. Tú me describías como el verano, aunque yo no le encontraba el sentido debido a que tengo la piel fría, pero tú decías que…
—Al estar conmigo, tu piel se volvía tan cálida como el maravilloso verano que nos rodeaba. —Se quedó con la boca abierta, mirándome con sorpresa. —Lo recuerdo, aún no estoy muerto.
Esbozó una angelical sonrisa al escuchar la broma, sus colmillos no se notaban tanto, esa enternecedora mirada me atrapó en un instante. Lo jalé para que se acercara más a mí, él correspondió y sus labios fueron directo a los míos, provocando un beso que era necesario. Cerré los ojos y sus manos se pasearon por mi hombro, mientras que yo le tomaba por la cintura, sujetándolo con delicadeza. El aire calentito que nos abrigaba, de a poco se volvía más frío y denso, por lo que deducía que esa ilusión se iba apagando, volviendo a la oscuridad y el invierno.
Unos nervios me apretujaron el estómago, mis mejillas se tornaban cálidas y mi corazón aceleraba los latidos, sintiendo esa adrenalina. Aún habiendo reencarnado en un cazador, aún siendo adulto, me sentía como un adolescente, de esos que eran tímidos y entregaban todo al amar a alguien. Y mi realidad era que, hasta el más fuerte, tenía debilidades; la mía era Bill.
Besarlo era uno de los tantos placeres bonitos que existían, tenerlo solo para mí era un ilusión que no quería que acabara jamás. Estar cerca de él era todo lo que podía pedir ahora; disfrutar del momento, y vivir cada segundo… a su lado.
Continúa…
Esto es muy triste, porque creo que todxs saben lo que viene después. ;-;