Largo invierno 8 (P.1)

Mit dir, in die Nacht II: Largo Invierno

Capítulo 8: Nombres confusos (P.1)

-Viernes 11 de Diciembre-

Bill

-¿Ashley dónde estás? – después de que el teléfono diera como cuatro tonos, la pelirroja por fin se había dignado a contestar al teléfono. – Se supone que ya deberías estar aquí.

– Sisisisi, lo siento Bill, es que ha habido una caravana increíble en la entrada del centro y no he podido aparcar hasta ahora, ¡lo siento! En un segundo estaré girando la esquina, ya verás. – a la espera de que esa promesa fuera cierta, me encaminé hacia ese sitio, de dónde pronto, apareció. – ¡Hola! – su voz en la vida real y en el teléfono sonó con un instante de diferencia. Le sonreí y mientras colgaba y me acercaba para abrazarla esta se quedó pasmada. – Oh dios mío…

Se me quedó mirando con una mano en la boca, y me observó bien de arriba abajo.

-¿Te gusta? – dije dando un pequeño giro, para que me pudiera ver bien del todo.

Llevaba dos horas en la peluquería porque había decidido hacer algo con mi pelo después de tantos años. Llevaba un tiempo cavilando esa pequeña posibilidad, y cada vez iba cobrando más sentido, pero no me apetecía cortármelo. Así que estuve dándole vueltas y al final me decidí por una gran solución. Bueno, en realidad la idea me la dio Jake.

Rastas.

¡Pero que nadie se alarme! Son falsas y apenas tengo en la mitad del pelo. Por encima sigo teniendo el pelo negro y liso. La verdad es que no quedaba nada mal. Unas eran negras y las otras blancas.

-Bill, estás increíble… – dijo, aún algo embobada. Me acarició el pelo y lo examinó un poco. – Es genial, enserio.

Nos encaminamos juntos hasta esa calle tan conocida para los dos dónde había una pequeña cafetería a la que acudíamos con demasiada frecuencia. Sí, la cafetería de Carol, cómo no.

Y como era evidente, Georg iba a estar ahí esperándonos, mientras ardía en celos de cómo el resto de clientes miraban con deseo a su recién declarada novia. ¡Sí, iuju! Después de casi un mes entero han empezado a salir. Menos mal, empezaban a ser demasiado pesados. Gracias a dios que al final Georg dio el pequeño paso que faltaba y le pidió salir. Aunque la verdad es que si antes eran inseparables, ahora Georg era como una especie de cliente VIP de ese lugar, dándole las mayores propinas que podía siempre.

.

Caminamos como mucho diez minutos y ya pudimos ver de lejos los pelos tiesos del castaño, que le caían en cascada hasta los hombros. Se estaba tomando un café humeante en la terraza, justo debajo de esas sombrillas con estufa. ¡Si no llega a haber ese aparato ahí lo agarro de la oreja y lo arrastro adentro con el máximo sufrimiento! Madre mía, qué frío hacía. Lo que tenemos que aguantar los fumadores…

Georg estaba de espaladas a nosotros así que cuando llegué le tapé los ojos con las manos y este se sobresaltó. Me tocó las manos y empezó a intentar averiguar quién era.

-Mmm… Con estos deditos y estas uñas de mujer, no puede ser nadie más que… Mi machote amigo Bill – dijo entre risas. Yo le pegué una pequeña colleja cuando separé las manos y me puse delante de él, para tomar asiento. Ashley le daba un pequeño abrazo como saludo antes de acompañarme en la toma de asiento.

-Muy gracioso Georg. – dije con sorna.

-¡Mamma mía! ¡Bill! Wow, ahora estás más machote que nunca. – dijo con la mano en la boca, apunto de reírse. – Si te digo la verdad, me dan ganas hasta de pedirte el número. –extrañamente esa broma me hizo sonrojar, pero lo intenté disimular con una mirada asesina.

Mientras, Ashley se reía como una poseída a mi lado.

-¡Ya basta! – dije cuando los dos no paraban de reírse.

-Perdón Bill, perdón… – dijo la pelirroja, intentando respirar con tranquilidad. Puse los ojos en blanco y saludé a Carol de lejos, que se acercaba a saludar. Ya de lejos puso los ojos como platos al verme.

Al ponerse a nuestra altura casi me obligó a levantarme de nuevo de la silla y a observarme bien del todo.

-Me encanta. – dijo finalmente, mordiéndose el labio inferior. ¿Se supone que es porque le gusta como peinado para ella? Vale, creo que me he puesto más femenino si cabe…

Estuvimos comentando la llegada próxima de las navidades y por lo tanto de las vacaciones en las que desgraciadamente todos tendríamos que estar estudiando para los finales, pero al menos no teníamos que asistir a la universidad.

Comentamos posibles planes de final de año porque si queríamos ir a algún sitio con fiestas bien organizadas, las entradas se acababan enseguida. Carol no estaba muy de acuerdo con gastarse demasiado dinero para una fiesta. Su discurso siempre era el mismo “pues hacen una fiesta en una casa ocupa que apenas vale un par de euros…”. Pero todos habíamos cedido demasiadas veces a eso, y esta vez aceptó unirse a una noche “de las nuestras”. Bueno, en realidad de las mías, porque Ashley era más o menos como ella (pero como antes estaba enamorada de mí, pues me seguía a todas partes), y Georg está justo en el medio, ni le desagrada, ni le vuelve loco.

Ahora me faltaba arrastrar a Jake…

Jake… ¿Cómo estábamos él y yo? Bueno, es una gran pregunta. Hace como dos semanas que ha dejado ese tono en la voz que indicaba un medio tonteo y ahora sólo me trata como a un colega más. Bueno, en realidad como a un gran colega porque siempre me llama y estamos en su casa jugando a la consola o haciendo cervezas varias, pero… No sé, no parece que le guste. Y eso me frustra porque si él, con anterioridad, ya había estado con más tíos, no muestra ningún interés sobre mí, quiere decir que no soy su tipo, si no, ya habría intentado algo conmigo ¿no?

Si fuera hetero, aún podría intentar hacer lo que hice con Tom, pero esto es distinto…

A mí en realidad él tampoco me gusta, o al menos no tanto como para querer nada serio con él, pero si que me pone un montón, y cada día que pasa me pone más. Se ha apuntado al gimnasio y ya no está tan escuálido, se ha cortado más rastas de la nunca y apenas le caen unas seis o siete. El resto del pelo lo tiene medianamente corto y alborotado, como uno de esos adolescentes rompecorazones rubios con cara de niña.

Sí, joder, me pone un montón. Y encima te mira con esos ojos verdes…

Pero no, no me gusta. Sólo me pone. Sólo me lo quiero tirar. Puede que unas cuantas cientos de veces… Pero ya está.

-Mirad a Bill, está pasando de nosotros y está pensando en Jake. – en cuanto oí eso salí de mis pensamientos, muy sobresaltado, y miré al culpable de aquella acusación; Georg.

-¡Pero qué dices! ¿Por qué dices eso? – dije indignado. ¿Cómo demonios lo ha adivinado?

-Pues porque llevas sonriéndole al café como diez minutos. Incluso te has mordido el labio un par de veces. Y la verdad, no creo que el café te despierte ningún tipo de apetito sexual, ¿me equivoco? – dijo enseñando la lengua entre los dientes, divertido. Me quedé parado con lo que me acababa de decir y fui a replicar. ¡Acababa de tirar por los suelos mi teoría! Fui a replicar pero entonces sonó el móvil. Era Jake. Me apresuré a cogerlo. – ¿Veis?

Lo que decía. Ahora se ha puesto más contento que antes, ¿a que es Jake, Billi? – dijo con un tono burlón.

-Cállate. – mi tono no fue agresivo, si no de indignación fingida, y todos se empezaron a reír cuando me fui a alejar. Pero su voz me paró en seco.

-Eh Bill, no te enfades. Me alegra verte feliz, no te veía así de embobado con la nada, y feliz, desde verano. – me miró con unos ojos fríos que me atravesaron, dejando claro de qué etapa del verano estaba hablando, y de quién era el dueño de esa felicidad. Me entristeció eso pero solo asentí, dándole a descolgar, y alejándome más.

-Hola Jake, ¿qué pasa?

-¡Hey Bill! Nada, acabo de salir del curro, ¿qué haces? – me entró una sonrisa traviesa porque parecía como un novio que nada más acabar sus obligaciones intentaba enseguida venir a verme.

-Estoy haciendo un café con Georg y las chicas. Faltas tú. – uh mierda, ¿eso ha sonado muy provocativo? – Aunque te queda bastante lejos de aquí el curro, para cuando llegues no sé como estará la cosa… – reflexioné lo primero que me vino a la mente, intentando desviar la atención del anterior comentario.

-Sí, tienes razón, a demás me quería pasar por casa para ducharme. – hubo un momento de silencio en el que yo esperé paciente que me invitara a su casa, o a su ducha… Pero no fue así. – Hostias, ¿sabes qué? El pobre chaval, no para de llamarme, ya no sé qué hacer para quitármelo de encima. – dijo como quién no quiere la cosa.

-¿Qué chaval? – no entendí a quién se refería.

-Aquel chico que conocí el sábado. ¿No te acuerdas que te hablé de él? Que nos viste meternos en el baño, Bill. – AH SÍ… Ya lo recuerdo.

-¿Ryan? – al día siguiente me explicó buenamente lo que se acordaba de la noche anterior, y ese era el nombre que me dio del susodicho.

-¿Se llamaba Ryan? Vaya, te acuerdas tú más que yo.

-Sí, y yo no me lo follé… – me reí, aunque en realidad el tema no me hacía ni puta gracia.

Me reventaba muchísimo que Jake no se hubiera fijado en mí. Como ya he dicho antes, quiero tirármelo joder, es el único al que le he echado el ojo, y él pasa olímpicamente de mi culo. ¿¡Cómo es posible?! Y pues sinceramente, me repateaba que me hablara de otros chicos… Y no porque estuviera celoso, si no porque me hacía pensar que no era suficiente.

-Pues eso, lleva toda la mañana llamándome. Por cierto, gracias por recordarme su nombre, ha habido un momento bastante incómodo al teléfono. – se empezó a reír y yo puse los ojos en blanco.

-¿Y qué te ha dicho? – pregunté, como quien no quiere la cosa. Bill, te estás comportando como una mujer celosa. Ya no como un hombre, ¡si no como una mujer! Plantéate la vida, chaval.

-Pues nada, para alegrarlo un poco, y de paso a mi polla también, le he invitado a mi casa esta noche. Como hoy por fin mis compañeros de piso no están… – ¿Qué? ¡NO! Yo quería decirle de pedir pizzas y ponernos hasta el culo de pelis malas…

-Oh… – dije, mostrando abiertamente mi descontento.

-¿Qué pasa? – preguntó, algo preocupado. Había notado mi tono de voz.

-No… Nada. Pensé que me dirías de hacer algo precisamente porque tenías la casa sola.

Como poder estar en el salón a gusto. Siempre estamos recluidos en tu cuarto. – se lo solté, sin importarme muy bien qué podría pensar al respecto.

-Pues nada, le digo al otro que no. Que ya me lo follo mañana en otro baño. – dijo enseguida, sin pensárselo.

-¿Qué dices? No digas gilipolleces.

-Que no que no, que prefiero mil veces ese plan que al mocoso ese. – soltó rápidamente. –Bueno entonces ¿nos vemos esta noche? Tú haz el café tranquilamente y yo me pondré a estudiar para los exámenes. – Jake había pensado sacarse la prueba de acceso a la universidad, y yo le estaba ayudando a estudiar muchas veces. Me emocionaba que quisiera hacer algo con su vida.

-Está bien. Pues después hablamos y concretamos hora.

-¡Vale, hecho! ¡Te cuelgo que me meto en el coche! – y casi no me dio tiempo a contestar que ya me había colgado.

De camino a la mesa en la que estaban mis amigos, pude casi sentir como empezaba a caminar sobre una pequeñita nube. Me parecía increíble que Jake hubiera pospuesto un polvo por pasar la noche haciendo el tonto conmigo. No pude evitar que me saliera una sonrisa traviesa hasta que noté la mirada de alguien en mi frente.

Georg me miraba divertido a lo lejos, y alzó las cejas un par de veces. De golpe me puse serio y desvié la mirada, rojo como un tomate.

Ya de lejos, mientras me acercaba, podía oír sus carcajadas.

.

Tom

-¡Putoooom! – Mario abrió la puerta de mi casa como si nada, y yo desde el sofá pude ver como prácticamente se abalanzaba encima de mí. Me dio un abrazo enorme, con los ojos llorosos.

-¿Mario? – dije apartándolo un poco de mí, para poder verle bien. – ¿Qué mierdas te pasa? – estaba muy preocupado y lo miré a los ojos, viendo algo de pánico reflejados en él.

-Yo… Andreas, Andreas se ha enfadado conmigo… – cuando dijo eso, en vez de abrazarme de nuevo se encogió en si mismo y se abrazó la piernas. – Nos enfadamos ayer y he pasado una noche horrible. Me he calmado esta mañana pero entonces he visto que me ha eliminado del Facebook… ¿¡Te lo puedes creer?! Te prometo que no estaba llorando cuando he venido para aquí, pero me he derrumbado en tu ascensor… Siento haber hecho el espectáculo.

-Dios… ¿Enserio ha hecho eso? – Vale que el tema de las redes sociales es una tontería, pero en ellos dos… Algo muy gordo ha tenido que pasar. Mario no pudo contestar a mi pregunta ya que enseguida se puso a llorar desconsoladamente, de nuevo. Esperé paciente a que se le pasara un poco el ataque de pánico. – Mario, cuando te sientas bien me explicas qué ha pasado… – me fui a la cocina y saqué el cenicero de un estante. Lo llevé a la mesa, y dejé el paquete encima de la mesa, para que supiera que era libre de coger los que fuera.

Yo mismo me serví y me puse a fumar. Me senté al lado de él y le pasé una mano por la espalda, que pareció notar que se tranquilizaba y que su respiración volvía un poco a su velocidad normal.

-Llevo un mes entero que apenas nos hemos visto por culpa de la universidad. – asentí ante eso. – y él está pesado en que cree que me aprovecho de esa excusa para seguir distanciándonos, como si no le quisiera más. ¿No es eso ridículo? – preguntó casi al aire, sabiendo que no necesitaba una respuesta. – El caso es que me enfadé tanto con él por acusarme de algo así que le pedí un tiempo…

-Espera espera, ¿cuándo? – ¿Porqué mierdas no estaba yo enterado de esto? No es que los problemas entre los maricas sean mi prioridad, pero joder, son mis mejores amigos.

-Hace una semana… No te dijimos nada porque no queríamos que te preocuparas por nada. Ya sabes, por fin has empezado a verte con chicas y eso… – no sé porque pero, me dio vergüenza oír eso. – El caso es que como “no éramos nada serio” anoche nos encontramos en el bar ese de ambiente, y lo vi hablando con uno… Me puse muy celoso.

-¿Qué hiciste? – dije casi asustado. Oh dios mío, lo peor es que de él me espero una barbaridad antes que liarse a hostias, así que no creo que “solucionara” ese problema con los puños. Miedo me estaba dando oír el final de su relato.

-Me fui con uno a un baño… Y nos pilló.

-¡¿Que qué?! – dije atónito. – ¿Pero tú estás majara? Mario por Dios, no sabías siquiera si él estaba ligando…

-Lo sé… Pero me había puesto tan celoso que quería que él sintiera lo mismo. Joder, no sé, no me entiendo a mi mismo.

-Dios, Andy debe de estar que se querrá tirar a las vías del tren, Mario. ¿Cómo se te ocurre tirarte a otro? – es lo más estúpido que se le podía haber ocurrido.

-No… Sólo me la chupó. Pero sigue siendo pecado capital. Yo probablemente habría actuado igual… – recapacitó. Madre mía, no sé ni por dónde coger esta situación.

-No sé ni qué mierdas decirte, Mario.

-¡Y encima se ha puesto una foto con el chico de ayer! Así de rápido. Está claro que me odia, ¿verdad…? ¿Qué hago sin él, Tom? – lloriqueó.

-Por lo pronto enseñarme esa foto, porque el comportamiento de Andy también está siendo de niño pequeño. – y era cierto. Estas cosas no se discuten en redes sociales, se tienen que hablar en persona, no me jodas. Mario abrió el portátil de mi padre que siempre solía estar o encima de la mesa, o al lado de la tele. Mientras se estaba iniciando pensé en qué consejo darle. – A ver Mario, sabes que yo no soy muy propenso a dar buenas charlas y eso, pero creo que lo has hecho fatal. Sinceramente, creo que debes sufrir las consecuencias, pero intenta yo que sé… Recordarle que sigues ahí y que lo sientes. – en realidad acabé la frase como si fuera una pregunta. No estaba seguro de qué haría. El tema de los cuernos es algo que llevo demasiado bien. Ni me preocupa que ellas se enteren de que he estado con otra, ni me preocupa que ellas se tiren a todo, porque probablemente no duren más de dos noches más en mi cama.

-Supongo que tienes razón, pero tengo un agobio dentro de querer hablar con él, y no poder… No te lo puedes ni imaginar. – dijo, enterrando la cabeza entre las manos. Suspiré ante esa frase.

-Algo me puedo imaginar… – Esa frase me salió del alma y Mario levantó la cabeza enseguida, consciente de lo que acababa de ocurrir.

-Tom… Lo siento. Sé que lo tenías superado, no he querido remover en la mierda… – dijo con cara triste. – Lo siento, de verdad

-Qué va, eso solo que lo he recordado. Todo en orden. – en realidad ellos se pensaban que lo tenía superado, pero no era del todo así. Bill siempre acababa volviendo a mi mente de una forma u otra.

-Mira su foto… – en este tiempo Mario había encontrado la página. Me acerqué a la pantalla y pude ver que apenas podía ver la miniatura de esta, ya que desde el Facebook de Mario, no podía ver las fotos en grande. Lo había eliminado del todo, y su perfil era completamente privado. Achiné los ojos y me fijé en las dos personas que salían en ésta, pude reconocer enseguida a Andy, pero al otro no lo había visto en la vida. – No sé qué hacer…

-No te preocupes Mario, yo hablaré con ese capullo… Ni lo que has hecho tú está bien, ni lo que ha hecho él, tampoco. Así que ambos necesitáis un escarmiento.

-¿Y él que martirio está sufriendo? – dijo él, algo indignado.

-Joder, te parecerá poco saber que tu polla ha estado en la boca de otro. – era raro hablar de esto, sobre todo desde que había vuelto a ser heterosexual, pero bueno, era mi colega.

-Ya… Tienes razón. – suspiró y apoyó su cabeza en mi hombro. Se tranquilizó un poco y yo me puse a ver la tele.

-Quédate a comer si quieres Mario, podemos pasar la tarde haciendo el capullo un rato, hoy no entro a trabajar hasta la noche. – le dije amistoso, sabiendo que ahora necesitaba la compañía de alguien que fuera su amigo.

-Sí, gracias Tom. – dijo sin apartarse de mi hombro. Se puso a mirar en el ordenador y a curiosear cosas y yo continué viendo la serie de moteros que veía mi padre, la verdad es que estaba increíble.

Estuvimos una media hora sin decirnos nada, cada uno en su mundo, y de pronto pude notar cómo se estaba tensando por momentos. Me giré algo extrañado a mirarle y con algo de pánico cerró la tapa del ordenador, enseguida.

-¿Mario? ¿Qué diablos pasa? – dije algo extrañado.

-No… Nada.- Se sentó más alejado de mí, y volvió a abrir el portátil, pero yo no podía ver la pantalla ya que por su posición, este no me dejaba. Parecía apurado en cerrar cosas y me aproximé con rapidez para ver qué era. No le di tiempo a cerrar las cosas y volvió a bajar la pantalla enseguida.

-Oh vamos, si es porno no te preocupes… Yo también veo. – dije riéndome. – Aunque no con el ordenador del padre de un colega… Ni con el colega delante. – reflexioné. Mario ser rió nervioso.

-No no… De verdad, da igual. – su voz temblorosa empezó a preocuparme.

-¿Qué mierdas tienes ahí, Mario? Va dímelo. – intenté quitarle el ordenador pero parecía que lo sujetaba con su vida. ¿Qué mierdas…?

-Nono, Tom por favor. Enserio, olvídalo. – dijo empezando a suplicarme.

-Mario, no me jodas, dímelo ya. Qué es. – intenté alzar la voz, y este pareció encogerse por momentos, después cerró los ojos con fuerza y fue a hablar.

-Es que… Con el comentario que te he soltado antes me he… Acordado de… Bueno…

-¿De quién? – dije impaciente.

-…De Bill. – se me congeló la sangre a oír ese nombre. – He encontrado su Facebook. – lo miré a los ojos esperando que me dijera que era mentira, pero ese momento no llegaba. El corazón empezó latirme con tanta fuerza que me dio hasta rabia. – Mejor lo cierro… – sin esperar una respuesta se puso a abrir el portátil, sin dejar verme aún y se dispuso a cerrar.

-Enséñamelo. – exigí.

-Pero Tom…

-Enséñamelo, joder.

-Tom, no deberí…

-O me das el portátil o te lo arranco a hostias, tú decides. – No debería estar comportándome así porque el tema de Bill debería estar zanjado, pero esta era la primera noticia que tenía de él desde que nos separamos. Lo primero que sabía de él. Aún me cuesta pensar que saliera todo así.

Mario bajó del todo la pantalla del ordenador y lo dejó con sumo cuidado encima de la mesa. Se apartó un poco y se empezó a morder las uñas, nervioso. Eso me puso completamente taquicárdico, ¿porqué Mario se estaba poniendo así? ¿Es que acaso pasa algo? Bueno, sabemos que el perteneciente de esa red social es “alguien importante”, pero no va a cambiar nada en mi vida, nada de nada. Todo seguirá como hasta ahora. Tenía que seguir así.

Me coloqué delante del aparato y con el corazón a mil por hora levanté la tapa. Pronto se iluminó todo y apareció el perfil de alguien. El mundo se paró un instante, y yo sentí náuseas. Al igual que Andy, mi ex, no salía solo en la foto, y eso hizo hacer arder un sentimiento que creía enterrado. ¿Era así como se sentían los celos?

Intenté ver en grande la imagen y parece que él no lo tenía en privado. Nos mostró en grande la fotografía y creí sentir que me caía del sofá. Verle de nuevo hacía que se me revolvieran las entrañas de una manera que no sabía identificar. Estaba un poco más delgado, y con algo de sombra en la mirada. ¿Estaría triste?

Había un chico que le rodeaba por el cuello, con una especie de porro en esa mano, y un cubata en la otra. Bill llevaba otro entre las manos, que reposaban debajo de su barriga, con una pose algo tímida, a diferencia del acompañante, que lo atraía hacia si, sonriente y posesivo.

El chico tenía un par de rastas por lo que se veía, pero el resto del pelo era corto y rubio. Vaya Bill, está claro que tienes un prototipo muy marcado.

Me daba rabia mirar al piojoso que lo abrazaba, y sobre todo me daba rabia ver el brazo al rededor de Bill. Me extrañó verle vestido tan “normal”. En principio si llevan alcohol en las manos es porque están de fiesta, ¿no? Bill suele ir a sitios más selectos.

Me los quedé mirando un buen rato más, y me fijé en Bill de nuevo, en su cara, en su rostro, en sus piercings, en sus ojos, en su nariz, en su boca… Tenía los labios brillantes y rojizos, como si se los hubiera estado mordiendo toda la noche o… Se hubiera estado besando con alguien. El corazón empezó a irme más deprisa si cabía y sentía que me temblaban las manos, tuve que pegarlas a mis piernas porque pronto empezaría a convulsionarme si no. No podía apartar la vista de él, y en el estómago empezó a formarse una lava que me quemaba por dentro. ¿Qué era todo eso? ¿Rabia? ¿Rabia de qué? ¿De él en sí? ¿Del capullo que tenía al lado? ¿De seguir sintiendo toda esta mierda después de todo este tiempo?

-¿Tom? ¿Estás bien? – la voz de Mario me sacó de mi volcán personal, pero este seguía en erupción. Sentía ganas de estrellar el portátil. Aún así, no desvié la mirada de la pantalla. Simplemente, no podía. Me vi a mi mismo acariciándole el pelo y la piel, acercándolo a mí, y bebiendo de la sonrisa que pondría en cuanto me viera tan cerca de él, que sabía que iba a besarlo. Me lo imaginé tumbado en el sofá, dormido, como cuando se vino a dormir a casa, que se tumbó un rato en el sofá. Me lo imaginé conmigo, a mi lado. Para mí.

No contesté a Mario y me dirigí al ratón para seguir viendo más imágenes. Encontré que las más recientes eran una sesión entera de esa noche. Las vi una a una, y en absolutamente todas salían ambos. Como si fueran una puñetera lapa el uno del otro. Me empecé a dar cuenta que me daba pánico encontrarme con una foto en la que salieran besándose. Yo no sabía si estaban saliendo o no, pero por las fotos que estaba viendo, en casi todas salían hablándose a la oreja y sin apartarse el uno del otro. ¿No estaba claro?

Cerré el ordenador con un golpe y empecé a pensar que igual me había cargado algo de la maquinaria. Me encontré a mi mismo, aguantando la respiración para aguantar las lágrimas, mirando al infinito y mordiéndome las uñas nerviosamente. Contrólate Tom, contrólate.

¿Así has rehecho tu vida Bill? ¿Así de fácil? ¿Sin un remordimiento por mí?

-Oye Tom, me tienes aquí. – Mario me frotó en el brazo con su mano un par de veces, y eso más que calmarme hizo que me aumentaran más las ganas de llorar. De hecho, no pude contener un par de lágrimas que se deslizaron por mis mejillas, precipitándose contra el vacío. – Mieerda… No Tom, tú eres el fuerte de los dos, me vas a hacer llorar a mí…

-Supongo que has encontrado mi punto débil – dije lo más sereno que pude. – Pero no por mucho más tiempo. Eso se acaba de zanjar.

Continúa…

Gracias por la visita.

por administrador

Publico con autorización del autor

2 comentario en “Largo invierno 8 (P.1)”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!