Autora: Esta historia se desarrolla en un mundo de corrupción, ilegalidad, violencia y mentiras.
Fic Toll de BitchUnleashed
Capítulo 1
—Lo siento mucho Tom…— Murmuró David, uno de sus guardaespaldas
—Lo siento mucho Tom…— Murmuró David, uno de sus guardaespaldas. Los demás asintieron mientras el trenzado contenía la respiración para no echarse a llorar y mandar al diablo su reputación.
Jörg: su padre, su amigo, su maestro, su guía… Tendido en el suelo de ese sucio callejón y sin vida.
—Esta no le saldrá barata.— Prometió en voz clara y firme. —Trümper me las va a pagar…
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• Día 1 •
—¡Déjame!— Reía Bill colgado como bolsa de papa en un hombro de Bob, su hermano mayor. —Me estás haciendo pasar vergüenza.— Murmuró con las mejillas ardiendo. Estaban en un parque.
—De acuerdo.— Rió Bob y le bajó. —¿Quieres un helado o algo?— Ofreció sonriendo. Su hermanito frunció la nariz.
—No soy tu novia ‘Bobo’, no me trates así.
Es que le molestaba. Odiaba cuando Bob se comportaba de esa manera con él. Como si fuese una muñequita de porcelana solo porque no tenía cicatrices de balas en el cuerpo.
Y eso era culpa de Gordon, su padre. Que le ponía monos gigantes tras él hasta para ir al baño.
—Bill no te enfades.— Sonrió el pelinegro mayor, de unos ojos color agua iguales a los de su madre, y le presionó un hombro con camaradería.
—Bueno pero ya no me molestes.— Aceptó zafándose y caminado lejos de su hermano. —Iré a dar una vuelta.— Dijo exasperado al ver que un seguridad le seguía. —Por favor…— Gimoteó.
—Bill compórtate.— Amonestó su hermano mayor y no le quedó más que bufar y seguir caminando con el guardaespaldas tras él.
—¿No te aburres de seguirme?— Le preguntó al hombre luego de unos minutos dando vueltas por el parque.
—Mucho.— Aseguró el mayor.
—Te doy cincuenta euros si me dejas.— Ofreció sonriendo.
—No gracias, tu padre me paga más por seguirte.— Sonrió divertido, ese niño era una pasada.
—¿Cien?— Negoció, el hombre negó. —Doscientos.— Sonrió. El hombre ni se inmutó. —Vamos, que no tengo más y no se van a enterar…— Aseguró.
—Para nada.— Susurró un hombre en su oído mientras le tapaba la boca con una mano y le alzaba por la cintura con la otra.
Llegó a tiempo de ver como disparaban al guardaespaldas y este se desvanecía.
—¡Mhmm!!— Gritó como podía y le mordió la mano al tipo. —¡Auxilio!— Gritó cuando le liberó la boca y pateándole logró zafarse y salir corriendo.
De repente su corazón latía como loco, todo había sido tan rápido y sin previo aviso. Estaba muy asustado a pesar de que su papá le había enseñado a no temer a nada.
Corría tan rápido como podía pero sentía y oía los pasos tras él. Eran varios.
—¡Bob!— Gritó cuando le vio a poca distancia.
En seguida su hermanó se alarmó y los guardaespaldas de este entraron en acción corriendo hacia él y sacando las armas.
—¡Bill!— Gritó su hermano corriendo a toda velocidad para llegar a él y protegerlo colocándolo tras él.
Entonces los hombres que le seguían, que resultaron ser cinco, se detuvieron y ambas bandas quedaron enfrentadas, cual pelea del oeste en las películas.
Jadeando con su pecho subiendo y bajando frenéticamente Bill se colocó junto a su hermano.
—Bill…— Murmuró Bob, tratando de que retrocediera, pero el menor no hizo caso.
—Bob.— Saludó sonriendo un chico de la edad de Bob, trenzado y abriéndose paso entre los cinco que estaban enfrente. —Tanto tiempo…
—Tom…— Farfulló Bob. Y entonces Bill le recordó, le había visto un par de veces en la distancia. El de trenzas pertenecía a la familia Kaulitz, los principales enemigos de su familia. —¿Qué mierda crees qué haces?
—Mmm resuelvo asuntos pendientes, ya sabes…— Contestó relajado, como si estuviese hablando con un buen amigo. —Tengo una agenda bastante agitada.— Sonrió. —Hoy en la mañana desperté y me fijé que decía “secuestrar a la princesa menor de los Trümper”.— Bill le miró con odio. —Así que aquí estoy…
—Estás violando el trato Kaulitz. La familia no se toca.— Le recordó Bob muy enojado.
—Eso deberías habérselo recordado al maraca de tu padre el fin de semana pasado, cuando mató a mi padre.— Escupió con furia. —Dame al niño ahora.— Ordenó con una voz más grave de lo normal. Bill tembló de pies a cabeza.
—¿Por qué tú lo dices nada más?— Sonrió Bob divertido.
—Pues si.— Sonrió Tom enseñando sus blancos dientes.
En ese momento Bill notó que Tom sonreía mirando más atrás y cuando volteó para asegurarse de que no hubiera nada fuera de lo normal vio que detrás de cada uno de sus guardaespaldas había otro más pero seguramente de Tom.
—Joder…— Susurró y codeó a su hermano. Este le tomó suavemente de la muñeca y giró encontrándose con la sorpresita de Tom.
—Kaulitz eres tan sucio…— Dijo casi con asco.
—Gracias.— Sonrió el de trenzas y sacando su arma apunto a la cabeza de Bob. —Billy ¿serías tan amable?— Sonrió.
—Bob…— Susurró temblando.
—No Bill.— Negó su hermano mayor. Entonces Tom quitó el seguro del arma.
—No Bob.— Murmuró mirando el suelo y dio un paso al frente. —Déjalo.— Ordenó a Tom con una deja alzada. —Déjalo y vámonos.
—Bill ¿qué mierda estás haciendo?— Casi gritó su hermano.
—Cállate Bob.— Le riñó y Tom sonrió pasándole un brazo por los hombros.
—Deberías aprender más de tu hermanito.— Le sonrió a Bob bajando el arma. —Es un niño muy inteligente.
—No jodas. ¿Me vas a llevar o no?— Cuestionó tratando de no lucir débil.
—Si bebé, vamos.— Sonrió Tom con ironía y le empujó suavemente hacia el auto aparcado frente a ellos. —Será divertido. La vamos a pasar bien.— Aseguró tomándole por el mentón y besándole una mejilla. Luego se irguió y le guiñó un ojo a Bob.
—Hijo de puta.— Le dijo este hirviendo de furia. —Si le tocas un solo pelo, te juro que te cortaré los huevos y te los vas a comer.
—Yo me voy a comer otra cosa.— Sonrió abriendo la puerta trasera del Audi R8 negro y haciendo ingresar a Bill.
—Eres un puto pervertido.— Bufó este sentándose bien contra la puerta contraria. Pensando que si no hubieran cinco monos apuntando a su hermano mayor la abriría y correría tan lejos como pudiera.
—A mí me respetas ¿ok?— Le retó Tom sentándose junto a él y cerrando la puerta con fuerza. —Que yo a ti no te he insultado.
—Como sea.— Bufó.
—Pídeme disculpas.— Ordenó Tom mientras el auto arrancaba conducido por un guardaespaldas y con otro de copiloto.
—Si, claro.— Rió Bill cruzándose de brazos. Entonces el trenzado volvió a tomarle por el mentón bruscamente con una mano y le obligó a mirarlo.
—Te he dicho que me pidas disculpas. ¿Acaso no te han educado? ¿Tan malos padres has tenido?— Le preguntó serio, para molestarle.
Y entonces Bill volvió a bufar pero de bronca. Gordon había sido un buen padre, y su madre le había educado para que sea un caballero. Y eso era, se lo demostraría.
De un manotazo le apartó la mano de su rostro y le miró desafiante.
—Lo siento.— Sonrió irónicamente y volteó a mirar por la ventana.
—Así está mejor.— Murmuró cubriéndole los ojos con un pañuelo negro de seda. —Sabía que eras un buen niño.— Sonrió atándolo alrededor de su cabeza.
—No soy un niño, y mucho menos bueno. Te arrepentirás de esto Kaulitz.— Aseguró dejándose hacer.
—¡Pero vean ustedes!— Rió el mayor. —Tenemos a un buen imitador de Bob aquí.— Rió con ganas. —Parece que ya te has recibido de profesorado en Trümper.— Bromeó.
—Te odio.— Aseguró volviendo a cruzar los brazos.
—Es una lástima porque tú me caes bien.— Sonrió y tratando de molestarlo le acarició una rodilla.
—¡No me toques!— Exclamó histérico apartándole la mano. Tom se aguantó una risa. —Eres un asco.— Y alzó las piernas contra su pecho, rodeándolas con los brazos.
—Tú una delicia.— Le picó muy cerca de su oído. Bill se estremeció y apoyó su frente sobre sus rodillas. —Y por favor, baja los pies de mi asiento.
—Me quiero quedar así.— Murmuró esperando que le dejara.
Y como no recibió respuesta y tampoco podía ver que cara ponía Tom, sonrió suavemente quedándose acurrucado en si mismo.
Luego de un largo rato a juzgar por Bill el auto se detuvo y al oír que las puertas del auto se abrían se incorporó y estiró las piernas.
—Vamos.— Dijo Tom tomándole la mano, pero Bill la revolvió y se soltó. El trenzado suspiró cansadamente. —Te vas a caer si no me haces caso. Hay muchos escalones.— Explicó.
—Si me quitaras este pañuelo ridículo todo sería más fácil.— Ironizó.
—Pero no te lo pienso quitar así que no te pongas terco. Yo no te voy a aguantar los caprichitos.— Advirtió volviendo a tomarle la mano, esta vez bruscamente y tiró de él fuera del auto.
—¡Espera!— Se quejó Bill tropezando. —Me vas a tirar…
—¿Qué quieres? ¿Qué te cargue?— Bufó sin detenerse.
—No.— Negó frunciendo la nariz.
—Aquí hay tres escalones.— Avisó. —Uno…— Dijo mientras Bill subía el primero. —Dos…
—Se contar.— Le interrumpió subiendo el tercero. Tom rió.
—De acuerdo… Aquí hay uno pequeñito.— Bill lo subió sin problemas y entraron a la casa. —Bienvenido a mi casa, espero que te guste.— Bromeó guiándolo con las manos unidas.
—Ah, si. Es muy bonita. Me gusta el color de las paredes…— Ironizó. —Idiota.— Murmuró.
—Gracias.— Rió. —Yo lo elegí. Me encapriché un poco con la temática victoriana, pero queda bien.— Bill bufó suavemente. —Muy bien, aquí llegamos a las escaleras, así que sube.— Bill buscó la baranda y la tomó con fuerza. —Tómate de la baranda.— Sonrió divertido.
—Ya lo hice, duh.— Contestó sin darse cuenta de que Tom se divertía con él.
—¿Por qué eres tan gruñón?— Preguntó sonriendo mientras subían lentamente.
—Tú me pones gruñón. Eres bastante tarado. ¿No te lo han dicho?
—Creo que nunca me he topado con nadie tan directo como tú.— Sonrió. Bill rió por lo bajo. —Aquí viene el último. Listo.— Sonrió. —Ahora doblamos aquí… Y seguimos.
—Esta casa es grande…— Comentó.
—Si, para poder tener a varios secuestrados a la vez, sin que se choquen uno con el otro.— Bromeó.
—Claro, que bien.— Quiso rodar los ojos. El de trenzas rió una vez más.
—Muy bien. Mira esa es tu habitación.— Señaló una puerta al final del pasillo.
—Luce bien…— El mayor rió.
—La he preparado especialmente para ti. Por eso demoré una semana en ir a buscarte. Quería que todo estuviese perfecto.— Confesó sinceramente.
—Mhmm… ¿Gracias?— Dudó alzando una ceja.
—No ha sido nada.— Sonrió y trató de soltarle la mano, pero Bill se aferró a ella con fuerza. —¿Qué?— Sonrió ampliamente.
—¿A dónde vas?
—Necesito abrir la puerta.— Entonces le soltó.
—Ah…— Tom rió. Enseguida se oyó el ruido de una llave girando y luego la cerradura.
—Entra.— Le dijo empujándole suavemente. Bill avanzó lentamente.
—¿Ya me puedo quitar el pañuelo?— Preguntó girando, hacia donde creía que estaría Tom. Pero todo lo que recibió de repuesta fue el ruido de la puerta cerrándose. —¿Tom?— Preguntó y se quitó el pañuelo, hallando al trenzado parado frente a él sonriéndole ampliamente. Respiró profundamente. —Ahí estás…
—Si señor.— Sonrió. —¿Te gusta tu habitación?— Preguntó interesado.
Bill echó un vistazo alrededor y casi se cae de espaldas.
Era una habitación de lo más espaciosa, casi un apartamento. Tenía una enorme cama matrimonial, una pequeña mesa de cristal con sillas de hierro fino, un sofá forrado en pana color crema frente a una chimenea enorme y encima de esta un TV plasma de 42’, que de seguro se vería genial desde la cama. Todo era de estilo victoriano, como había mencionado Tom, pero con un excelente toque moderno.
—Valla…— Susurró viendo el enorme ventanal en la pared contraria a la puerta. Había una gran terraza. —¿De verdad voy a estar aquí?— Preguntó escéptico.
—Claro Bill.— Sonrió amablemente. —¿Qué te parece?
—Pues está genial.— Sonrió sin poderlo evitar.
—Te dije que iba a ser divertido.
—Si…— Sonrió.
—Y ven, mira.— Caminó hacia una de las puertas que estaban en cada esquina de la pared tras la cama. —Aquí si que te divertirás…— Aseguró entrando en la pequeña habitación.
Ahí dentro había un sofá negro de cuero en el centro y en frente contra la pared otro plasma de cómo 56’ o más, y en las paredes de los lados dos bibliotecas altas hasta el techo. Una con juegos para Play Station y otra con películas.
—Súper.— Sonrió Bill. No era que no lo tuviera en su casa, pero definitivamente no estaba todo en su habitación.
—La puerta del otro lado es el baño y da a un vestidor que, dependiendo de lo que tarde tu papi en venir a buscarte, usarás o no.— Explicó suavemente.
—De acuerdo…— Frunció el ceño. —No lo voy a usar, pero gracias.— Estaba seguro de que esa misma noche estaría durmiendo en su casa.
—¿Tienes hambre?— Preguntó tratando de cambiar de tema.
No había comprado todas esas mierdas para nada. Bill iba a pasar unas cuantas semanas en su casa y estaba más que seguro.
—Un poco, si.— Asintió.
—¿Qué te gustaría comer?
—¿Pasta?— Tom sonrió.
—¿Spaghetti?— Bill asintió.
—Enseguida vuelvo.— Prometió y se fue de la habitación cerrando con llave.
Bill suspiró y se sentó en la cama, era muy suave y parecía cómoda. Aunque en realidad estaba rezando por no tener que usarla…
Continúa…
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