«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 41

—¿Está dormido?— Lindemann me esperaba fuera de la habitación de mi amo— Fue un día duro, ¿no?— asentí y comencé a bajar las escaleras— ¿Te gustaría salir a comer algo? Yo invito.

—No puedo salir de la casa, es una regla. Solo beberé un vaso de agua y me iré a dormir, me lo merezco después de todo— él soltó una leve risa.

—Te prepararé algo, si me lo permites. ¿Compartimos un licuado de frutas?— esta vez fui yo quien rió—. También estoy cansado, ¿sabes cuánto me costó subirlo hasta allá arriba? Lo he hecho cuatro veces hoy. Es hora de que ponga un baño cerca de la cocina y que se acostumbre a dormir en el sofá como un ser humano normal.

—Está bien, aceptaré ese licuado solo porque aún me queda energía para una charla— me di la vuelta—. Detesto el mango y la piña.

—Lo sé. Ve y siéntate, volveré en un momento— al menos Lindemann conservaba su buen humor. Había sido un largo día para todos. Incluso para Kate, quién prácticamente se había acostumbrado a no hacer nada.

Me senté en el sofá y encendí la tele, bajándole el volumen inmediatamente. Puse un canal de música, cualquiera. Me gustaba dormir con la tele encendida, me ayudaba mucho a relajarme.

Él lo detestaba. A él le encantaba poner una película que se supiera de memoria y así se quedaba dormido, y yo odiaba eso. Debía quedarme a su lado hasta que se quedara dormido y, a pesar de que aquello era tierno, también era cansador. Prácticamente él se había convertido en un niño malhumorado, pero no cualquier niño, sino uno al que no podías regañar sin importar cuan malo sea lo que haya hecho.

—Fresas— un vaso de cristal se posó frente a mi rostro, despejando cada pensamiento—. Si no me equivoco son tus favoritas.

—Sí, lo son, gracias— tomé el vaso y me quedé mirando fijo al televisor.

—¿Sucede algo? Creí que tenías ganas de charlar con tu viejo amigo Till— no pude evitar soltar una leve risa. Había necesitado sonreír desde que desperté y por fin logré hacerlo.

—No, solo… estoy algo cansado. Ha sido un largo día— suspiré y comencé a hacer zapping, intentando distraerme con cualquier cosa.

—¿Cómo van las cosas?

—Bien.

—Con él.

—Bien— se formó un silencio muy incómodo en ese momento. Tal vez él temía preguntar, pero yo no quería responder— ¿Y tú?

—Hoy llorabas.

—Siempre lloro.

—¿Qué te hizo?

—Nada.

—¿Nada?

—Nada y es todo— el hecho de que me lo recordaba me resultaba molesto. Si Lindemann se entera de que tenía razón me lo restregará en la cara hasta cansarme— ¿Y tú cómo estás?

—Hablaste con Kate— evadió mi pregunta—. Tú nunca hablas con ella. Debió haber sido algo muy serio como para que te pongas de esa forma— le dio un sorbo a su batido y fijó su vista en la tele—. Te hará bien descargarte con alguien que no sea ella. Ella está tan acostumbrada a que la traten mal que no sentirá pena por ti.

—Dije que no quería hablar de eso. Solo fue un desliz, ya he pasado por esto. Es lo mismo de todos los días y cambiará.

—Pues han sido mucho los tropiezos desde que estás aquí. Ya es una costumbre el verte llorar por los pasillos.

—¿Y en qué se diferencia esta vez?

—En que yo tenía razón— cerré mis ojos fuertemente y dejé el vaso sobre la mesa, intentando no arrojarlo contra algo—. ¿Ahora estás convencido de que no te miento? Salió de sus labios, ¿qué más tiene que pasar para que te des cuenta?

—No sé de qué me hablas— él dejó el vaso sobre la mesa de igual forma y se reincorporó, sentándose frente a mí.

—Él te ha dicho que no te ama. No soy un idiota, él me cuenta todo. Sé todo y por eso intento advertirte que no es una buena idea que sigas aquí.

—Déjame en paz.

—Cálmate, solo intento que te sientas mejor. La única forma es superarlo, no dejes que te haga esto— las lágrimas se agolparon y no tardaron en aparecer—. Bill, por favor…— su cuerpo se fue acercando lentamente al mío y así sus brazos rodearon mi cuerpo. Un abrazo cálido y casi sincero por su parte—. Deja de llorar, Bill, él no merece tus lágrimas.

—No quiero perderlo, no me importa lo que pase conmigo— dije con voz temblorosa.

—No puedes hacerte esto. Te ha maltratado mucho. Comprendo que te sientas de esa forma— terminé llorando entre sus brazos cual niño pequeño y él intentaba calmarme—. El estar estresado ya no es una excusa. Debes comprender cómo es él realmente, él nunca te va a valorar como lo mereces. Bill, pequeño, mereces algo mejor que una vida junto a él. Debes dejar de sufrir por alguien que no lo merece.

—Es que no sé si no lo merece. Lo amo, Till. Solo… solo quiero que me trate bien. Hago todo lo que puedo por él. Doy mi vida por él… y siento que no le importa. Siento que no toma en cuenta las cosas buenas, solo me maltrata por lo que hago mal. Antes… antes al menos reconocía lo que hacía por él, al menos antes había palabras de aliento pero ya no tengo nada.

—Bill…— Los manos de Till acariciaron mi rostro con suavidad. Eran ásperas y grandes, casi sentía que me raspaba la piel tras cada roce. Me recordaba a sus caricias casi bruscas, todo me recordaba a él. Todo me recordaba que lo amaba— Tom nunca te ha amado, ¿está bien?— limpió una de mis lágrimas— ¿Qué te hizo pensar que a él le importabas en serio? Ya te he dicho esto muchísimas veces y tú no quisiste escucharme, ¿por qué? Yo sabía que terminarías sufriendo de esta manera y me duele por ti.

—¿Qué estás diciéndome? El hecho de que él lo haya dicho no significa que sea así. Aun… aún no estoy seguro de que lo haya dicho en serio. Tal vez solo está un poco confundido por estar en esa silla de ruedas, solo… solo está cansado.

—¿Acaso estás escuchando lo que dices? ¡Bill, por favor, es hora que dejes de engañarte de esta forma! Estoy diciéndote esto únicamente por tu bien. Por Dios, abre los ojos de una buena vez. A él no le importas. No le importas en lo más mínimo y dudo en que algún momento le hayas importado lo suficiente. De haberle importado tu amor no te hubiera dicho eso, ¿no es verdad? Compréndelo, por favor, para él no eres nada más que una molestia. Solo en eso te has convertido. Ya no significas nada, sus palabras no significan nada.

—No. No, no, eso no es verdad. Yo sé que hubo algo más que solo eso, yo sé que él fue sincero cuando me dijo que me amaba. Él era sincero conmigo, él me decía la verdad.

—Él dice muchas cosas de las que luego se arrepiente y tú estás cayendo de nuevo en ese estúpido juego mental que te lleva siempre al mismo lugar. Deja de rogar por su amor, él no siente afecto por nada ni por nadie ¡Y menos por ti! ¡Eres su maldito esclavo!

—¡Cierra la boca! ¡No es así! Él me ama, él me lo dijo y me dijo que quería ser feliz conmigo, lejos de este lugar y…

—y tú le creíste. Tú sabes que él miente, él lo hizo solo porque se sentía miserable y no quería aceptar que no tiene a nadie en su mierda de existencia. Él solo te ha usado, nunca te amó realmente. Ya, deja de ser tan crédulo. Respeta un poco tus sentimientos, no mereces ser pisoteado por él. Tú eres más que esto y no debes permitirlo.

—Eso es una gran mentira. Él no mentiría con algo así. Tú no sabes nada de nosotros, no puedes ni siquiera opinar— Alejé su tacto de mí—. No sabes nada de él y no estás en mi lugar. Tú solo quieres manchar su imagen y parece que es todo lo que te importa.

—Estoy diciéndote en la cara la verdad que tus ojos no pueden o no quieren ver. Mereces ser feliz, alejarte de ese monstruo y comenzar desde cero, ¿quieres ser una inútil basura toda la vida? No tienes por qué hacer esto, Bill, escúchame. No desperdicies tu jodida vida con ese tipo. Es un monstruo. Lo que ya ha hecho a otras personas te lo hará a ti y mil veces peor, ¿y luego? ¿Volverás a poner el arma en tu cabeza? ¿Desperdiciarás tu vida por él? ¿Solo por él? ¡Eres patético!

—¡Y tú eres un idiota!— me levanté y caminé hasta la cocina, pero él me siguió, escuchando atentamente mis palabras— ¡No sabes nada de lo nuestro y solo estás resentido por no tener a alguien que te quiera tanto como yo lo quiero a él! ¡Ese es tu jodido problema, no soportas que él sea feliz y eso es decepcionante! ¡Eres un idiota!

—¿Tú desperdicias tu vida con un tipo que te usa como se le da la gana y yo soy el idiota? ¡Pues creo que tu concepto es muy errado y estás siendo desconsiderado!

—¡Eres un idiota por querer separarme de él! ¡Eres un idiota por creer que puedes evitar que yo lo ame! ¿Y sabes algo? ¡No lo vas a lograr! ¡Nadie me va a alejar de él! ¡Estás comportándote como un completo imbécil, sabiendo que él te aprecia incluso más que a mí!

—¿Yo estoy comportándome como un imbécil? Oh, ¿es eso lo que piensas de mí?— Me detuve y apoyé mis manos sobre mi cabeza, intentando ignorarlo, pero eso no importaba. Me dolía saber que a pesar de todo Till tenía razón— ¿Quieres saber por qué no tengo alguien que me ame? ¡Por su culpa! ¡Todo es por su maldita culpa!— Sentí un fuerte agarrón en mi brazo y con un brusco movimiento me di la vuelta— Por él perdí a mi esposa y a mi hijo. Por culpa de ese monstruo perdí todo lo que me importaba en la vida y ahora quiere hacer lo mismo contigo. Te quitará todo lo que tienes y te abandonará, ¿crees que no lo ha hecho antes? ¡No vales nada para él!

—¿Quitarme qué?— él guardó silencio y yo tragué saliva— ¿Quitarme qué? ¿A mi familia? ¿Amigos? ¿Dinero? ¡Maldita sea, no tengo nada! Solo lo tengo a él, ¿no comprendes eso? Si nada más me importa es porque no tengo nada más por lo que luchar y él lo es todo para mí— suspiré profundamente—. A diferencia de ti yo no tengo nada que perder. Prefiero amarlo y que me trate con una mierda a abandonarlo. Lo amo y tu pasado no cambiará eso.

—¿Todo lo que tienes? ¿Es tu problema? ¿Te gusta que te hagan sufrir? Lo que tú tienes con él no vale nada. Tú no vales nada. Intento ayudarte. No puedes arruinar tu vida de esa manera. Bill, por favor. Eres más que esto. No soportarás mucho más de esta manera.

—Soportaré todo lo que sea necesario por ayudarlo y no vas a impedirlo. Nadie va a impedir que me quede aquí y lo ayude a recuperarse. Ni tú ni nadie podrá evitar que yo sea feliz con el hombre que amo. No me importa lo que tenga que sufrir por estar con él, pero lo soportaré. —A mí me importa la situación por la que estás pasando. Me importa que estés mal y me importa mucho. Ya te lo han advertido y tú no quisiste escuchar. Ahora pagarás las consecuencias. Te lo advierto, esto no es lo correcto. No te estoy amenazando, ¿sí? Pero solo te pido que me escuches y decidas, por una vez, qué es lo mejor para ti. No puedes vivir preso de él. Tienes la oportunidad de irte y ser libre, ¿cuál es tu problema?

—Mi problema es que no iré a ninguna parte y tú no vas a convencerme de nada. Guarda tus estúpidos consejos para alguien más— él no estaba para nada contento con mi respuesta. De hecho, cada vez se veía más enojado y, si mal no recuerdo era la primera vez que lo veía de esa forma—. Suéltame de una maldita vez y déjame solo. Me las arreglaré por mí mismo. No te necesito.

—No dejaré que arruines tu vida sirviéndole a él.

—¿Y qué harás al respecto? ¿Alejarme de él?

—Si eso es necesario, lo haré.

—¿Y luego pretendes que no te considere un idiota? ¿En verdad crees que puedes separarme de él? ¡Por favor, Lindemann, ni siquiera Jake pudo cumplir con ese cometido! Murió intentándolo y tú, justamente tú, ¿crees que serías capaz? Solo eres un tipo normal como yo en esta casa, sin poder alguno sobre mí. No eres nadie, no eres ni la mitad de lo que él es.

—No te atrevas a compararme con él. Él es un asesino por gusto, yo lo ayudé con la esperanza de que se convirtiera en una buena persona, pero ahí lo tienes. Te tortura y te humilla y no lo mereces. Lo que sí merece es estar postrado en esa cama, sin poder moverse. Se merece todo lo que le está pasando, se merece estar muriendo como una basura ¡Merece pudrirse ahí, encerrado y solo!— lo quise bofetear con mi mano libre, pero él me detuvo con su mano contraria rápidamente—. ¡A mí no vas a faltarme el respeto, mocoso!

—Eres un imbécil. No fue su culpa lo que sucedió. Tú quisiste ayudarlo, en todo caso fue tu maldita culpa. En vez de tener esperanzas de que él se convierta en alguien diferente te pones allí a insultarlo. Me das asco. Pretendías ser una buena persona y solo eres una porquería ¡Tal vez tú seas el que merece lo que le está pasando y no él!— Empujó mi cuerpo contra la pared. Mi espalda sintió instantáneamente el dolor del fuerte golpe. Ni siquiera se detuvo a pensar en lo que hizo, él nunca me había levantado la mano.

—Tú no sabes nada de mi vida. Él recibió toda la ayuda que necesitó y aun así sigue haciendo con las personas lo mismo que su familia hizo con él. Es una mierda igual que su padre— sus manos se aferraron a mis muñecas fuertemente, con un poco más de fuerza me habría hecho sufrir con razón un inmenso dolor— ¡Y tú estás defendiendo al monstruo que te usó, te humilló, te vendió y te violó! ¡Maldita sea! ¿¡Si quiera piensas en lo que estoy diciéndote!?

—¡Suéltame, Lindemann! Aleja tus jodidas manos de mí o te juro que lo vas a lamentar. Te juro que…

—¿Qué?— me interrumpió— ¿Vas a acusarme con él? ¿Crees que le tengo miedo a un jodido paralítico? Yo podría matarlo si así lo quisiera y tiene suerte de que tenga algo de respeto por él. No soporto la manera en la que te trata, no soporto que mate y lo peor es que tú lo amas por ello. Lo amas por ser un jodido asesino y eso me hace sentir mucha lástima por ti.

—Él no va a matar a nadie. Solo intenta seguir adelante. Está triste por esa jodida condición en la que está y tú hablas de ello como si en verdad se lo mereciera. Él no es un monstruo, es un ser humano y sufre igual que tú. Parece que nunca hubieras conocido esa parte de él que yo amo, tú no lo conoces en lo absoluto y pretendes que crea en tus palabras.

—¡Merece estar muerto! Pero Dios es justo. Dios no va a llevárselo de está mundo sin antes hacerlo sufrir por todo el daño que ha hecho. Estoy feliz de saber que recibirá lo que se merece. Te ha hecho defender a un asesino, a una persona igual que tu padre. ¿Eso no te ha hecho reflexionar? Mira en lo que te has convertido, Bill.

—Si no te gusta en lo que me he convertido puedes alejarte de mí y también de él. No me importa si ya no estás, no me importa quedarme solo si sé que estoy junto a él. Sigo aquí y no me iré. No te necesito ni a ti ni a nadie más.

—Si yo te lo pido…

—No eres nadie— lo interrumpí—. No haré nada de lo que me pidas. No eres mi amo.

Significas tanto para mí como cualquier otra mierda que haya cruzado en mi vida. Lo elegiré a él ante todo y no me importará nada más. No me pidas nada porque no significas nada para mí.

—Él ya no es tu amo. Va a deshacerse de ti en cuanto tenga la oportunidad.

—No me interesa.

—A mí sí— besó mis labios, sin darme tiempo a reaccionar.

Me había besado. Me apresó entre sus brazos y la pared y dejó mis muñecas libres solo para tomar mi rostro y obligarme soportar aquello. No era posible que luego de todo lo que dijo esté besándome. No lo permití, golpeé su rostro con mi puño cerrado y logré alejarlo. Me limpié la boca con el puño de mi polera y me quedé viéndolo, indignado. Cuando él intentó avanzar hacia mí yo retrocedí, pero no lo suficiente. Él volvió a tomar mis brazos, esta vez apresándome boca abajo contra la misma pared.

—¡Suéltame! ¡Él lo sabrá! ¡Se enterará de esto y me encargaré de que sufras!— su mano tapó mi boca, mientras la otra apresaba mis muñecas fuertemente.

—No, no le vas a decir ni una sola palabra— susurró a mi oído—, ¿crees que sería capaz de tomar en serio tu palabra? En estos momentos él creerá que lo engañaste y volará tu cabeza de un disparo. Solo imagínalo. Tú, diciéndole que su mejor amigo te besado, ¿siquiera sabes lo ridículo que aquello se oye? Tú mismo me lo dijiste, él me aprecia más a mí que a ti— su mano se deslizó desde mis labios hasta mi torso, más no emití palabra alguna. Me quedé quieto, en silencio y analizando sus palabras, sabiendo cuan ciertas eran— ¿Estás convencido ahora de lo que intento decirte? A él ya no le importas en lo absoluto— su cuerpo dio una fuerte estocada contra el mío y me pegué aún más al muro—. ¿Ya no dices nada?

—Ya no pienso en nada— dejé reposar mi frente en la pared—. Es estúpido…— sentí un cálida aliento en mi nuca y su mano introducirse bajo mi polera, acariciando mi abdomen—. No…— hablé rápidamente—. No quiero.

—Yo sí. ¿Qué importa?

—¡Suéltame, imbécil!— logré alejar sus manos y empujar su cuerpo, pero nuevamente volvió a apresarme y besó mis labios una vez más.

—¡Tú eres un imbécil!— escupí en su rostro ante sus palabras y él me abofeteó para luego tomar mi mandíbula y volver a besarme. Era tan… tan él. Me recordaba a él.

Por un momento lo tuve en mi mente y disfruté de aquello. Sus labios ásperos sobre los míos, una de sus grandes manos acariciando mis cabellos casi de manera salvaje. Aferré mis dedos a su playera y él me devoró completamente, y yo lo permití. Permití que disfrutara de mí así como mi amo lo había hecho antes. Quería cada vez más cercanía, quería que cada aroma y sabor me recordara a sus labios, pero no era lo mismo.

—No, ya…— giré mi rostro nuevamente, pero él procedió a besar mi cuello— ¡He dicho que no!— cerré mi puño y lo golpeé en la sien, a lo que él al final me soltó— ¡Eres un completo imbécil!— él se quedó parado, mirándome sin comprender— ¡P… púdrete!— me alejé unos cuantos pasos y corrí hasta las escaleras.

Escalón por escalón fui subiendo tan rápido como pude. No podía mentir y decir que no deseé por un momento que él me tuviera para sí solo, sobre una cama. Quisiera poder decir que no quería que él se apoderara de mi cuerpo, pero tampoco podía decir que hubiera traicionado a mi amo. Le hubiera hecho más daño y hubiera cargado en sus hombros aún más dolor del que carga ahora. Entré en mi habitación y cerré la puerta con llave. Apoyé mis manos en esta e intenté normalizar mi respiración, pero sentía mi pecho arder tras cada suspiro.

Fue casi inconscientemente que llevé mi mano hasta mi entrepierna y comencé a acariciarme, intentando calmar el sofocante dolor que se esparcía por cada parte de mi cuerpo.

Lentamente me dirigí a mi cama y allí me desplomé boca arriba, dejando deslizar mi propia mano debajo mi ropa interior. Imaginé que era él, imaginé que era su mano la que me tocaba, como en un principio. Yo en la cama y él alimentándose de mi placer, consintiéndome como a mí me gustaba. Susurrándome esas obscenidades que solo en sus labios podían oírse agradables. Quería que fuera él quién me usara esta vez, pero él no estaba y dudaba que quisiera verme ahora. Ni siquiera yo mismo podría verme al espejo luego de permitir que alguien más posara sus manos sobre mí.

—Bill, abre la puerta— ¡Maldita sea! Era él de nuevo, era él.

—No, l… lárgate— extendí mi mano por mi miembro cada vez más rápido. Los cosquilleos comenzaron a surgir en mi abdomen bajo, casi torturándome—. Por favor, lárgate… —Entraré.

—¡Vete!

Bajé mis pantalones hasta las rodillas y dejé mis manos recorrer cada espacio de piel libre. Su aroma. Recordé su aroma en ese momento. Recuerdo su perfume varonil y yo aspirándolo mientras él se posaba sobre mí y me hacía suyo. Así lo recordaba. Diciéndome pequeño, tomando mi cuerpo como un juguete y haciéndome gemir de placer. Lo extraño, extraño ser su juguete.

—¡Bill!

—Lárgate, por favor…— susurré.

Enarqué mi espalda al sentir un fuerte espasmo de placer. Mordí mi labio inferior, intentando no gemir demasiado alto. Él me cubría la boca y jugábamos un juego. Si él me oía gemir había un castigo y si yo era bueno… era yo quién elegía el castigo. Quería jugar con él justo ahora. Quería ser parte de sus extraños y profundos deseos, quería ser suyo de una maldita vez.

Giré mi cuerpo, completamente extasiado y me llevé dos de mis dedos a la boca, imaginando que era él. Yo lograba que él suspirara y gimiera cuando posaba mis labios sobre su miembro.

Él amaba mis movimientos y yo su brusquedad. Amaba cuando arrastraba mi cuerpo por las sábanas y estas me acariciaban hasta llevarme hacia otro mundo. Un mundo donde solo estábamos él y yo, devorándonos como animales salvajes.

Oí el ruido de la puerta abrirse, pero no hice caso. Cerré los ojos y fingí que nada pasaba, solo con la esperanza de que fuera él. Sabía que no sería así, pero nunca podría conformarme con cualquiera. Solo… solo podía pensar en él.

Unas manos ajenas se posaron sobre mi miembro y comenzaron a moverse rápido, muy rápido. Suspiré profundamente, dejando escapar un agudo sonido. Llevé mis dedos hasta mi entrada y los introduje. Mi cuerpo temblaba como nunca antes y no me importó nada más que el placer de ese mismo momento. Me arrepentiría, pero no quería detenerme.

—¿Esto es lo que tanto te importa, niño?— oí un susurró cerca de mi oído—. Eres patético, realmente patético— ahora sí podía sentirme humillado. Permitiendo que otro hombre me tratara así y yo, pudiendo hacer algo al respecto, no lo hago— ¿Dónde está tu dignidad?

—No lo sé— susurré— ¡No lo sé, maldita sea!— gruñí.

Apresé las almohadas entre mis dedos al correrme. Hundí mi rostro en las mismas, acallando mis gemidos y él… él simplemente me soltó. Comencé a temblar y a llorar. No lloraba por placer, lloraba por lo que acababa de permitir. Lloraba porque alguien que no era él me tocó y no solo era alguien cualquiera, era una persona a la que mi amo apreciaba mucho. Lindemann lo ha traicionado y yo… yo también.

—¿Estás bien?— dejó una caricia casi imperceptible en mi mejilla y yo solo me coloqué en posición fetal, abrazando las sábanas, suplicando en mi mente que nada de eso fuera real.

—Vete de aquí.

—Él nunca lo sabrá, Bill.

—Solo vete. Por favor…

Por primera vez me había escuchado. Me dejó tirado en la cama y salió de la habitación.

Nuevamente solo quedamos yo y mi dolor. La humillación me abrazaba más fuerte que nunca y entonces me di cuenta de que sus palabras no eran lo más doloroso, lo más doloroso era saber que le he fallado. Lo más doloroso era saber que esta vez podía perderlo para siempre.

Continúa… 

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar.

por administrador

Publico con autorización del autor

Un comentario en «El amo 41»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!