«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc

Capítulo 32

Estaba seguro de que el lugar que me había recomendado Till estaba muy cerca. Cartel rojo, letras doradas en cursiva. Maldita sea, si llega a ser uno de esos lugares baratos juro que soy capaz de ahogar a Till. Imaginaba encontrar un pequeño lugar, apunto de derrumbarse, lleno de joyerías de plástico, pero no.

Me encontré con un enorme local, con un enorme cartel rojo, tal como él lo había dicho.

Estacioné mi auto e inmediatamente pensé que me dolerían los bolsillos después de esto, pero todo sea por Bill. Joder, ¿cómo es que he llegado hasta estos extremos? ¿Cómo es que ese niño me ha vuelto tan loco?

Avancé, sin mirar atrás y entré al lugar. Todo era impecable, el lugar parecía bañado en oro de tan bello que era. Los mostradores de cristal, dejaban a la vista alhajas de todo tipo y color.

Puedo asegurar que en cada estante había unos quinientos mil, o tal vez más. Todo se veía perfecto para lo que planeaba hacer. A mi pequeño le hubiera encantado venir a este lugar, es perfecto para él.

—¿Disculpe? ¿Puedo ayudarlo?— Una mujer rubia, muy elegante se acercó a mí. Parecía revolcarse en dinero de tan bien que vestía. Llevaba joyas y un atuendo digno de una empresaria.

—Sí, estoy buscando un anillo de compromiso. Quiero ver qué es lo mejor que tiene aquí— La mujer sonrió, juntando ambas manos en su pecho.

—Usted parece ser un hombre que en serio quiere hacer feliz a su futura esposa— se atrevió a decir— ella es afortunada, no todas las mujeres consiguen un hombre tan guapo y considerado como usted.

—¿Está coqueteando conmigo o algo por el estilo?— Alcé una ceja, notando como la mujer comenzaba a sonrojarse inmediatamente.

—No, señor, ¿cómo cree?— Habló, con cierto nerviosismo.

—Que bueno, porque voy a casarme con un chico— La mujer enmudeció— Si no le molesta, ¿puede atenderme? En verdad quiero comprar algo especial.

—Lo siento mucho, señor. Pase por aquí, por favor— Avanzamos hasta los estantes del fondo, en ellos había piedras pequeñas, muy pequeñas. Supuse que esas tonterías valdrían mucho, pero yo quería lo mejor para mi pequeño— Aquí tiene una variedad. Son de oro auténtico, con incrustaciones de rubíes. Serían perfectos como anillo de compromiso. El tamaño es pequeño, pero su belleza opaca el tamaño.

—No quiero un anillo de compromiso pequeño, quiero la piedra más grande que tenga. Un diamante, tal vez— La mujer abrió la boca, descolocada por un momento y asintió— El diamante más grande que tenga, quiero lo mejor para mi novio.

—le mostraré lo mejor que tenemos.

&

—Maldita sea, mi pequeño. Más te vale decir que sí a esta locura— Susurré mientras llegaba a la casa, pensando en el anillo que casi me deja en bancarrota.

Estacioné el auto y me apresuré a quitar los disfraces del baúl. Había conseguido un bonito disfraz para él. Merecía que usara lo que yo quisiera, teniendo en cuenta lo que haría esta noche. Merecía más que eso, de hecho, por haber gastado semejante fortuna en él, para hacerlo feliz, para sacarle al menos una sonrisa. Joder, todo sea por mi pequeño…

Estaba seguro de lo que haría, lo estoy desde hace mucho tiempo. Pedir su mano en matrimonio era el primer paso para unir nuestras vidas para siempre. Aunque estaba más que seguro de hacerlo, temía a su respuesta. Tal vez lo asustaría o lo alegraría, no lo sé. Todo lo que sé es que me he enamorado de él, ¿cómo lo sé? Porque nada me importa más que él. Me importa hasta el punto de perder mi vida por salvar la suya. Solo sé que quiero salir de este lugar, quiero mantenerlo a salvo y, sobre todas las cosas, quiero hacerlo feliz. Quiero darle la vida que se merece, quiero amarlo sin necesidad de estar constantemente detrás de él, intentando cuidar su espalda o la mía.

Entré a la casa y lo primero en lo que fijé mi mirada fue en el líving. Allí estaba mi pequeño, charlando con mi viejo amigo Till. A veces me molestaba que hablaran tanto. Había muchas cosas que Till sabía, las mismas que yo no quería que mi pequeño supiera.

—¿Interrumpo algo?— Hablé, logrando llamar la atención de ambos— Si están demasiado entretenidos, puedo volver a irme.

—Solo hablábamos— Habló primeramente Lindemann— Estábamos esperándote, de hecho.

—¿Ah sí?— mi pequeño estaba detrás de él, como temiendo que yo fuera a enojarme. Bien, tenía sus razones para temerme pero… verlo hablar con alguien más me resultaba más molesto que cualquier otra cosa— ¿y cuánto tiempo hace que me esperan?

—Unas horas, para ser sincero.

—Unas horas es mucho tiempo, Lindemann. Cómo sé que no estás tratando de conquistar a mi pequeño— Till comprendía mi juego a la perfección. Sabía cuando yo solo estaba jugando y cuando hablaba bien en serio. Esta vez, comprendió que solo estaba bromeando.

—No pasa nada entre Bill y yo, le gustan los hombres mayores pero…— se giró y observó a Bill.

Mi pequeño estaba aterrado y me encantaba verlo así, era completamente adorable— pero soy una excepción, supongo. Solo somos amigos, buenos amigos.

—Lo he notado…— mi pequeño intentó escabullirse hasta la cocina lentamente, pero no lo dejaría— ¿A dónde crees que vas?— Hablé con el tono autoritario que él tanto odiaba.

—N… No le he dado de comer a Zeus y a Parker— Titubeó— V… volveré en unos minutos. —Till, déjame a solas con mi pequeño— Till asintió y se retiró inmediatamente. Mi pequeño solo bajó la mirada mientras yo me acercaba lentamente— Mírame— Le ordené.

—Solo hablábamos, amo— se excusó inmediatamente— L… le juro que no hacíamos nada malo y…— estaba desesperado por darme una explicación, hasta temblaba. Joder, estaba loco por este imbécil— y es que usted nunca está en casa, me aburro aquí y Till y yo solo somos amigos y…— Besé sus labios antes de que pudiese pronunciar otra palabra.

—Cállate, niño— Susurré sobre sus labios— hoy no me importa las tonterías que hagas— Miró a un lado y frunció el ceño, estaba confundido— No preguntes nada. Traje los disfraces.

—¿Puedo verlos?— Esta vez su preocupación pareció convertirse en una emoción repentina— ¿Qué disfraz trajo para mí?— Caminé hasta el living y él me siguió— ¡Amo, dígame que trajo!— Comenzó, prácticamente, a dar saltos a mi alrededor— ¡Amo!

—¡Silencio! ¡Déjame al menos ponerlos sobre la mesa!

—¿Qué es?— Dejé mi disfraz sobre la mesa. El fantasma de la ópera. Solo lo conseguí porque no había ninguno de mi gusto, ese era el único de mi estilo— ¿El fantasma de la ópera?— Habló, tomando la máscara en sus manos— ¿Voy a disfrazarme del fantasma de la ópera?

—No, ese es mi disfraz. Este es el tuyo— Dejé el disfraz que elegí para él sobre la mesa y él quitó el plástico negro que lo cubría. Su expresión al verlo fue aterradora. Se puso pálido y la mandíbula le comenzó a temblar.

—No usaré eso— Dijo, mirándome fijo— No lo usaré, ni en sueños.

—¿Por qué no? Serás el gatito más lindo de la fiesta— él bajó la mirada, poniendo esa expresión de cachorro que siempre podía conmigo— Si no lo usas, no habrá sorpresa para ti.

—Pero es que…

—¿Qué? ¿No quieres tu sorpresa?— Él se sentó en el sofá y comenzó a revisar cada parte del disfraz.

—Claro que sí, pero…

—¿Qué?

—¿Por qué esto? Pudo haber elegido cualquier cosa, ¿Por qué me humilla de esta manera?— me senté junto a él y dejé una caricia en su mejilla— Habrá mucha gente y todos se reirán de mí.

—¿Por qué te molesta tanto? Eres precioso, cualquier cosa que uses te hará ver hermoso. No deberías sentirte incómodo. Además, estarás conmigo todo el tiempo, nadie te dirá nada— él parecía no estar convencido por mis palabras y me molestaba que fuera tan desconfiado— Haremos una cosa, lo usarás y luego te permito cambiarlo durante la noche, ¿qué me dices?

—¿Promete que la sorpresa valdrá la pena?— Soltó un largo suspiro y me miró— No quiero usar esto por nada— sonreí levemente y dejé un beso en sus labios, uno más largo y tierno.

—Valdrá totalmente la pena, pequeño. Ve a prepararte, saldremos en una hora— Asintió y se levantó, tomando el traje que yo había elegido para él— no tardes mucho— se dio la vuelta sin siquiera decirme nada y se fue a su habitación.

Sé que le molestaba tener que vestir de esa forma, pero era lo que yo quería. Yo aún era su amo y él debía obedecerme, aunque a veces me encantaba decirle que sí a sus tontos caprichos. Era un muchacho único, realmente. Provocaba cosas en mí que nadie más provocaría jamás. En verdad debía reconocer que esto iba en serio, que yo en serio lo quería y que él me quería a mí. En serio merecíamos vivir felices, en serio él merecía una vida sin preocupaciones después de todo.

&

—¿No pensarás hablarme en toda la noche? Podemos volvernos a casa justo ahora y te quedas sin tu sorpresa— sonreí ampliamente, intentando no carcajearme en su cara Sabría que eso lo enojaría aún más y, aunque se veía precioso con esas actitudes, no podía arruinar esta noche.

—Borre esa sonrisa de lobo hambriento. Hasta aquí puedo oler su asqueroso aliento— refunfuñó, cual niño enojado.

—Puedo parar aquí en mitad de la carretera y si quieres…

—¡No!— Me interrumpió.

—Estás jodidamente hermoso, pequeño— le dediqué una mirada rápida, de los pies a la cabeza y volví a poner mi mirada en el camino— En verdad hice un buen trabajo eligiendo ese disfraz.

Él, cada que podía, bajaba esa preciosa falda negra intentando cubrir sus piernas. Se sonrojaba y suspirada, completamente abochornado. Era adorable y, a su vez, quería follarlo hasta que no pudiera ni siquiera respirar. Esos gestos tontos e inocentes que a veces hacía, tenían algo muy provocador y yo no podía resistirme a ello.

Físicamente, era hermoso y de eso no había dudas, pero ver lo que había dentro de su corazón, no tenía comparación. Su inocencia no tenía comparación, sus caprichos tontos tampoco ni mucho menos esa bondad. Él era bueno, el ser más puro y bueno que jamás conoceré. Era increíble como lograba ser bueno con todo el mundo, incluso conmigo. Todo el mundo me detesta por ser como soy, pero él no. Él me ama y yo lo amo, y esta noche se lo diré todo.

—¿Es ahí?— señaló a través de la ventanilla, colocando su dedo índice sobre el vidrio.

—Sí, es allí— «El palacio de cristal». Era una especie de bar donde siempre se juntaban los más adinerados de la ciudad y los alrededores. Siempre me han invitado a sus celebraciones a lo grande, pero nunca he venido. Bueno, lo he hecho una vez y las cosas no terminaron bien, así que no regresé. Esta vez volví, solo para que mi pequeño se divierta.

—Es un lugar muy grande, ¿y si me pierdo?

—Fácil, no te alejes de mí en ningún momento.

—Pero…

—¿Qué?— lo interrumpí— ¿Te irás con alguien más?

—No.

—Entonces no hay ningún problema— Estacioné el auto y suspiré. Antes de bajar, toqué mi bolsillo y allí estaba la pequeña cajita roja con el anillo para él. Si perdía esto, prefería tirarme de un puente antes que volver a comprar otro.

—No quiero bajar— Lo miré, estaba temblando, completamente sonrojado— Hay mucha gente desconocida y hace frío.

—Eso se puede solucionar— Bajé del auto y caminé hacia su puerta, la abrí y le di mi mano— Ven, no tengas vergüenza. Solo será esta noche, luego te disfrazarás así solo para mí— él me extendió su mano, bajando la mirada. Así logré que al menos bajara del auto.

—No quiero estar en este lugar. Tengo un mal presentimiento— susurró— Mejor vamos a otro lado, a dónde sea, pero…

—Hey— posé mi dedo en sus labios, logrando que mantuviera silencio— todo va a estar bien— Hablé con toda la tranquilidad del mundo en mis palabras— Confía en mí, soy tu amo— Quité la capa que era parte de mi disfraz y la coloqué sobre sus hombros— ¿ves? Todo tiene solución— él sonrió levemente y me abrazó. Me abrazó tiernamente, tal vez como agradecimiento o, simplemente, estaba a asustado. Nunca se sabe, las veces que me abraza así, no sé que es lo que pasa por su mente— Vamos.

Se mantuvo pegado a mi cuerpo en todo momento. Llevaba la capa apretada entre sus dedos, temiendo que alguien fuese a arrebatársela, pero, ¿quién se metería con él estando yo aquí?

Todos aquí sabían perfectamente quién era yo y de lo que era capaz si alguien tocaba mis cosas. Esta vez sería capaz de seguir a cualquiera hasta el fin del mundo si a mi pequeño le ponen un dedo encima. Nadie va a hacerle daño, nadie va a tocarlo.

Era difícil pasar entre tanta gente, algunos llevaban disfraces ridículos, coloridos y enormes. Mi pequeño parecía más asustado cada vez que chocábamos con alguien al entrar. EL lugar estaba bañado en color rojo, por las luces. Logré reconocer alguna que otra persona, pero muchos eran irreconocibles con sus disfraces.

—Mire— Habló mi pequeño, señalando la gran fuente en medio del lugar— ¿qué es eso?

—Es chocolate. No querrás saber lo que hacen con eso aquí— Hablé en su oído, a causa de la música en alto volumen— ¿quieres beber algo?

—¿Qué?— No pude evitar reír al verlo tan concentrado en la fuente, tal vez pensando realmente en las cosas que sucedían aquí en ciertas ocasiones.

—Que si quieres beber algo— le di una nalgada y él reaccionó, posando sus ojos en mí esta vez. Supuse que se habría sonrojado, aunque la luz roja que impactaba en su rostro no me dejara verlo.

—Ah…— Volvió a ver la fuente, sin siquiera saber qué contestar.

—No beberemos eso, pequeño— Tomé su brazo y lo llevé hasta la barra. Su rostro seguía fijo en la fuente, al parecer le había gustado— Ven— lo puse de espaldas a mí y desaté la capa, pero al intentar quitársela, él volvió a aferrarse a ella.

—No…— Habló, moviendo su cabeza negativamente.

—Pequeño, aquí no hace frío.

—No quiero.

—Sí, sí quieres— besé su mejilla— Compré este disfraz para verte usarlo, no para ocultarlo con una capa— él aflojó el agarre y pude quitársela.

Joder, se veía sublime. Sabía que no era el disfraz adecuado para un hombre, pero a él le quedaba realmente perfecto. Creo que era el único hombre que podía usar falda sin verse ridículo. Unas botas altas, junto con las orejitas negras de gato que se mezclaban a la perfección con su cabello. Al verlo de frente ni siquiera podía creer que lo hiciera por provocador, su rostro te decía algo totalmente diferente. No había rastro de provocación en su mirada, pero él verlo te incitaba a desearlo y querrías tenerlo solo para ti al menos una noche.

—Están mirándome— Se dio la vuelta y volvió a abrazarme— Vámonos de aquí, por favor. No me gusta este lugar— me miró, nuevamente ponía esa carita de cachorro— Puedo esperar hasta mañana por otra sorpresa.

—No hay otro mañana ni otra sorpresa. No nos iremos de aquí, no temas. Estás conmigo y yo no dejaré que nada malo te pase— Acaricié su mejilla— ¿Confías en mí?— Él mordió su labio inferior y asintió— Te mirarán cuanto quieran, pero tú eres solo para mí— Acaricié su mentón y logré hacer que sonriera un poco. Por lo menos me tranquilizaba que intentara relajarse.

Luego de pedir unos tragos, lo llevé a un rincón apartado. Sabía que le molestaba que cada persona en la barra le mirara el culo descaradamente y, no iba a mentir, a mí también me molestaba. Solo mantuve la calma por esa noche. Pobre del que se atreva a mirarlo luego de esto.

Me senté en uno de los sillones y lo senté a él sobre mis piernas, sin siquiera preguntarle. Él apoyó su cabeza en mi hombro, tiernamente. Comencé a jugar con uno de los tiradores sobre su pecho desnudo. Lo estiraba y lo dejaba caer sobre su piel.

—¡Auh!— Susurró él, dándome un manotazo— ¡Eso duele!— Posé mi mano sobre una de sus nalgas y la apreté. Él soltó un gemido casi al instante— No, no, aquí no…— Susurró con la voz temblorosa.

—¿No?

—No, amo, por favor.

—¿Por qué no? Eres mío y hay mucha gente deseándote aquí, debo enseñarles a todos a quien perteneces.

—No lo haga, por favor— Escondió su rostro en mi cuello. Yo tomé su mentón y lo obligué a mirarme fijamente.

—Escucha mis palabras, nene: Yo hago lo que quiero contigo. Eres mío y si quiero golpearte, lo hago en medio de toda esta gente. Si te quiero follar, no importa donde sea, lo hago— Tragó saliva y yo reí levemente. Joder amaba verlo asustado— ¿Comprendes eso?

—Sí, amo— Habló, asintiendo— lo siento— En verdad amaba que él no olvidara quien mandaba aquí. Joder, me encantaba.

&

—Aquí estamos…— Suspiré, apoyando mi espalda en el árbol— Esto es muy difícil, pequeño— Él parecía no comprender ni una sola palabra de todas las tonterías que yo estaba diciendo.

—¿Me dará mi sorpresa ahora?— Nuevamente estaba jalando con ambas manos esa maldita falda, intentando cubrir sus piernas. Por un momento, pensé en que yo no era el único que estaba nervioso aquí.

—Supongo que debo hacerlo. Te prometí que esta sería la mejor noche de tu vida— Miré al cielo y suspiré, no creía que esto fuera tan difícil. De hecho, ni siquiera sé como es que a él le fue tan fácil decirme que me amaba.

—Sí, lo prometió— y esas palabras no ayudaron en mucho— Pero… si no quiere hacerlo, está bien— en verdad él estaba tan nervioso como yo— ¿No habrá animales esta vez, cierto? —¿Quieres dejar de echarme en cara eso?— Reí junto a él y me acerqué dejando un beso en sus labios, uno corto— Joder, me siento un cobarde en este momento. No tienes idea de cuanto me tiemblan las manos.

—Todos lo somos alguna vez… no debe avergonzarse por eso. Yo no quiero que usted sienta que está siendo presionado de alguna forma— Su mano acarició mi mejilla suavemente, impregnándome en su confianza y entusiasmo— Comprenderé si quiere esperar un poco más por esto.

—No hay tiempo para que esto sea en otro momento. Es ahora y, la verdad, es que no quiero esperar ni un segundo más. Ya te he hecho esperar suficiente, Bill.

—Bill…— Susurró, bajando la mirada. Él sabía que yo solo lo llamaba por su nombre cuando hablaba realmente en serio— Entonces… está hablando en serio— Esta vez suspiró él— Vaya, ahora sí estoy muy nervioso.

—Te dije que no habría animales esta vez…— Acaricié su mentón— Eres la persona más especial que he conocido, ¿sabes eso?

—Creo que ya me lo ha dicho— sonrió levemente— Usted también lo es para mí y eso lo sabe.

—¿Recuerdas que te hablé de irnos de aquí para comenzar de cero en otro lugar? ¿Recuerdas que te lo dije, cierto?

—Sí, lo recuerdo.

—Creo que el primer paso para poder irnos de aquí es decirte…— Joder, ni siquiera podía decírselo. Me jodía ser tan cobarde.

—¿Sí?

—Yo…— Suspiré y bajé la mirada— ¡Joder!

—Tranquilo, todo va a estar bien.

—Estoy loco por ti. No puedo dejar de pensar en ti, hago todo lo que hago solo por ti porque… porque estoy enamorado de ti, completamente. Quiero que nos larguemos de aquí, quiero hacerte realmente feliz. Quiero que estemos solos, que se joda el mundo. Eres mi pequeño y haré lo que sea por ti, lo que desees, todo lo tendrás. Te amo, ¿entiendes? Cada parte de mí te pertenece, así como tú me perteneces a mí. Te amo y debía decírtelo. ¡Te amo, joder, te amo!— Fue él quien saltó sobre mí y besó mis labios. Abracé su cintura y lo besé como si nunca lo hubiera hecho, como si hubiera pasado meses sin probar sus deliciosos labios.

—No puedo creerlo— Habló, finalmente, abrazándome fuertemente— No puedo creerlo, dígame que no estoy soñando.

—No estás soñando, esto es tan real como tú y yo. Esto es real, lo que siento es real. Todo es real y lo será para siempre.

—Yo no creía…

—¿Qué?— Vi sus lágrimas caer y limpié cada una de ellas con mi pulgar— Joder, dime algo, no dejes que me preocupe de esta forma.

—No creía que se trataba de esto, es una sorpresa demasiado… es demasiado, no puedo creerlo— Cubrió su rostro y yo no pude evitar sonreír— No puedo creerlo, en serio.

—Pero eso no es todo— Él me miró y yo sonreí levemente— Hay más.

—¿Qué puede ser mejor que esto?— Habló completamente entusiasmado.

No alcancé a inclinarme, mi teléfono comenzó a sonar. Decidí tomarlo. La pantalla mostraba un número desconocido. Corté la llamada y fijé mi mirada en mi pequeño. Nuevamente decidí intentarlo, pero el teléfono volvió a sonar una vez más. Otra vez el jodido número desconocido.

—Atienda— Habló mi pequeño— En serio, no me molestará esperar un poco más.

—Pero yo no quiero esperar— Corté la llamada, pero a los dos segundos volvió a sonar de nuevo. Lo peor era que no tenía idea de quien era. Iría a buscarlo y lo mataría por llamar en un momento así— ¡Joder!

—Atienda, seguro es una tontería y le tomará dos segundos— Fijé mi mirada en él, estaba demasiado feliz como para molestarse por una llamada. Pero el que estaba molesto era yo por un imbécil que me interrumpía justo ahora.

—¿Quién mierda eres? Estoy ocupado— Hablé al atender la llamada. Mi pequeño se dio la vuelta, como si fingiera no escuchar la conversación.

—Tu pequeño luce muy bien esta noche— Sentí una brisa helada recorrerme el cuerpo y miré a mi pequeño— Sí, ese mismo— Habló la voz al otro lado del teléfono— Sé todo sobre él y también sé todo sobre ti. Míralo, es tan inocente, ¿no crees? Agradezco que no esté escuchando mis palabras ahora mismo. Apuesto a que se asustaría mucho de que un completo desconocido esté apreciando su belleza.

—No te muevas de aquí— Hablé a mi pequeño.

—¿Qué sucede?— preguntó él.

—Nada, debo arreglar un asunto, pequeño.

—¿Todo está bien?

—Tranquilo, no te muevas de aquí— le repetí, antes de alejarme— ¿Quién mierda eres y que quieres?— Hablé a la voz al otro lado del teléfono— Dime donde estás, arreglaremos esto como hombres.

—¿Cómo hombres? Pero tú no eres un hombre, Thomas. Te has vuelto el maricón del que todos se ríen y todo por culpa de él.

—¿Quién mierda eres?

—Seguro me conoces. Estoy cerca de ustedes, más cerca de lo que crees. Es una verdadera lástima que tu pequeño esté en plena oscuridad, no puedo divisar demasiado ese lindo cuerpo desde aquí, pero sí logro ver su rostro. Está preocupado, pensando en que le dirás algo malo.

—Juro que si lo tocas…

—No estás en posición de amenazarme— me interrumpió— Estoy más cerca de él de lo que crees. Puedo, incluso, dispararle desde aquí.

—No lo harás.

—Puedo hacer lo que se me de la gana. Es un muchacho terco, pero con unos buenos golpes se le pasa. Puedo hacer lo que sea con él.

—Escúchame bien. No vas a acercarte a él, lo lamentarás el resto de tu vida si le tocas un pelo, juro que te encontraré y te mataré, no importa quien mierda seas o qué quieras.

—Lo quiero a él.

—Lo tendrás sobre mi cadáver.

—También quiero eso— soltó una leve risa— De todos los que desean tu muerte, yo tengo el derecho de ser recordado.

—¿Entonces por qué no me disparas? Si estás viéndome en este momento, dispárame y mátame. Sé que no eres capaz, ni siquiera puedes mostrarme tu rostro.

—No soy tan idiota como para dejar que me reconozcas. Quiero destruirte lentamente, así como tú lo hiciste con mi vida.

—Haz lo que quieras, pero no te atrevas a tocarlo a él. Él no ha hecho nada, no tiene la culpa de las mierdas que he hecho. Vas a sufrir el doble si lo tocas, eso es una promesa.

—¿Una promesa? Más bien me suena a un reto, un reto que estoy dispuesto a aceptar— Alcé mi mirada hacia la entrada del estacionamiento. Logré ver una figura, llevaba un celular en su mano, sombrero y una capa. Di una mirada rápida a mi pequeño, estaba allí, esperándome.

—Si quieres, puede ser un reto.

—Lo acepto, entonces.

—Voy a matarte en cuanto te encuentre.

—¿Debo temer por eso?— Caminé lentamente hacia ese sujeto. Solo lo iluminaba una pequeña lámpara, pero confiaba y apostaba todo a que lo mataría en cuanto lo alcance. Seguro que era él, no había nadie más allí, solo él, yo y mi pequeño y no iba a tocarlo.

—Deberías. Estás hablando con un verdadero asesino. Puedo matarte de mil maneras y hacerte sufrir incontables torturas si así lo quiero. Tienes todas las razones del mundo para temer.

—Tú pareces estar muy asustado ahora. Temes perder tu debilidad más grande, ¿no es cierto? Temes que le pase algo a tu lindo niño.

—No tengo debilidad. No tocarás a mi pequeño porque es mío y nadie se mete con lo que es mío.

—Él es tu debilidad. Ese muchacho es tu más grande debilidad.

—No.

—¿Crees que no sé a cuantos has matado por ese hermoso regalo del cielo? Sé todo sobre ustedes, recuerda eso, Thomas. Sé lo que haces y lo que no haces y sé cuanto te importa ese pequeño muchacho.

—Muchas personas saben sobre mí.

—Y todas tienen una razón para matarte.

—Todas.

—Entonces tardarás mucho en saber quien soy— Me encontraba solo a unos pasos de esa persona— Seguro no estás muy lejos.

—Tal vez no— me acerqué a ese tipo y golpeé su espalda fuertemente, tirándolo al suelo. Su teléfono celular voló unos cuantos metros lejos de él.

—¿¡Qué mierda crees que estás haciendo!?— Gritó el hombre, furioso. Luego de esto se levantó a buscar los trozos de su teléfono hecho trizas.

—Sujeto equivocado— La voz a través de mi teléfono seguía sonando— Yo creí que serías más inteligente.

—¿¡Dónde mierda estás!?

—Buenas noches, Thomas. Espero que no te moleste dormir solo hoy— La llamada se cortó y en ese momento me di la vuelta. Mi pequeño… él ya no estaba.

Mi desesperación aumentó en un cien por ciento. Comencé a caminar por el lugar, intentando encontrarlo. Tal vez esa llamada era un broma, tal vez mi pequeño aún estaba aquí.

—¡Bill! ¡Bill!— Busqué en todo el estacionamiento, no estaba— ¡Bill! ¡Pequeño!— Me desesperé, comencé a dar vueltas en círculo durante toda la noche, intentando hallarlo, pero era inútil. No estaba, mi pequeño había desaparecido. Mi pequeño no estaba.

Horas más tarde, recibí un mensaje de texto, de aquel mismo número desconocido: «Él está aquí conmigo, no busques inútilmente».

Continúa… 

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