«EL AMO» Fic Toll de Chris_twc
Capítulo 43
—¿Está todo bien?— di vueltas a la verdura en mi plato, sin prestar atención a quién se había sentado frente a mí—. Quería… disculparme por lo de anoche— alcé la mirada y vi a Lindemann. Fijé mi vista en sus ojos azules y no pude despegarme de ellos—. Sé que estuve mal y no volverá a pasar. Creo que si te esfuerzas tal vez logres que Thomas cambie de parecer con respecto a lo que cree que siente. Te apoyaré.
Lo que cree que siente… ¡Bah!— Bajé la mirada, riéndome por dentro—. No necesito tu apoyo, tampoco lo necesito a él. Debería estar agradecido y sigue devolviéndome en forma de mierda todo lo bueno que hago por él.
—¿Estoy oyendo bien? ¿Acaso eso significa que estás rindiéndote? ¿Te irás de aquí?— bajé la mirada nuevamente, casi arrepentido por mis palabras.
—Me ha dado un lapso de tres días para que piense lo que quiero hacer. Si me voy, no irá detrás de mí y si me quedo, seguirá tratándome como una basura— se formó un minuto de silencio. Él parecía estar más pensativo que yo, incluso.
—¿Y cuándo empiezas a preparar tus maletas?— me levanté de la silla, cargando el plato aún lleno de comida. Su comentario no me molestó, tampoco la intención con la que lo haya dicho.
Me molestaba tener que darle la razón—. Oye, no me digas que piensas quedarte— caminó detrás de mí— ¿Has intentado pensar en lo que sería mejor para ti, siquiera?
—He intentado no hacerlo— el plato se me resbaló de las manos en cuanto intenté dejarlo en la pileta. Por suerte no se rompió, pero varios trozos de comida quedaron en el suelo—. Tú no me ayudas en nada.
—¿Lo intentaste? O sea que planeas quedarte. Estás intentando darle vuelta la cara a lo que te hace mal y eso te hará sentir aún peor.
—»Yo te apoyaré, Bill», «Tal vez logres hacer que Thomas cambie su parecer»— me burlé de él— ¿Dónde está ese Lindemann? ¿Ahora vas a juzgarme por acciones que no he cometido? ¡Eres verdaderamente una basura! ¿Sabes por qué más eres una basura? Porque es tu mejor amigo quién está en una silla de ruedas.
—Él no es mi mejor amigo y tú tampoco eres su esposo, ni siquiera sabes lo que sientes por él. Si estoy aquí es porque necesitaba un trabajo, dinero, y él me lo dio. Es todo, jamás dije que lo quisiera o lo respetara.
—¿Y no te parece eso suficiente? Él confía en ti cosas que no confía a nadie y aun así, ¿crees que él no te considera su amigo?
—Él puede considerarme lo que quiera, pero yo no soy su amigo y tú, tú no eres su puto esclavo. Joder, ese hombre está hundido en su propia mierda. Planea morir solo, no ve un futuro lejos de esa silla de ruedas. Está perdido. Él ya se ha rendido y sabes que nada ni nadie lo harán cambiar de opinión. Lo has perdido.
—¿Y si no?
—¿Sabes cuál es tu problema? Quieres creer que hay algo positivo en esto cuando la realidad es que no lo hay. Ya es suficiente, deja de ser tan infantil. Ponte de pie de una jodida vez y entiende que él no te ama y nunca te amará. No eres más que una jodida basura para él, no te valorará jamás— apreté mis manos en puños. La misma ira que había sentido hoy al momento en que él escupió esas palabras en mi rostro estaba consumiéndome justo ahora—. Deja de creer todo lo que te dicen ¡Deja de vivir en un pasado que ni siquiera fue cierto! ¡Todo estuvo lleno de mentiras!— tragué saliva y junto con ella mis palabras y mis ganas de golpear mi puño contra su rostro. Él se dio la vuelta, dispuesto a retirarse.
—Oye, Lindemann— entonces logré que se detuviera y se girara hacia mí.
No había palabras para decir. No había nada que discutirle. No podía enojarme con él por golpearme en el rostro con la misma realidad, tampoco podía culparlo por nada. Solo… solo me acerqué, rodeé su cuello y lo besé. La noche anterior, a pesar de la inmensa culpa que me invadió por la madrugada, robándome el sueño, me sentí muy bien. Por momentos sentí que él se lo merecía y yo también. Descargué mi furia en el placer que él me causaba, sin culpa a la hora de sentir sus besos en mí. ¿Y ahora? Ahora no había culpa, solo rabia acumulada en mi pecho, intentando escapar a base de suspiros agitados.
Sus brazos no tardaron en apoderar mi cintura y empujar mi cuerpo hasta la mesa. Me elevó en un abrazo hasta dejarme sentado sobre ésta. Sus apresuradas manos apretaban cada centímetro de piel que caía en ellas luego de colarse debajo de mi playera.
Nuestros labios no se despegaron en ningún momento, apenas se podía respirar, pero la sensación era totalmente diferente a ayer por la noche. Muy diferente, era como si él no fuera la misma persona… o tal vez era yo quién no era el mismo de anoche.
Ni siquiera reaccioné cuando sus dos manos me golpearon fuerte el pecho, hasta pegar mi espalda completamente a la mesa. No tardó ni siquiera tres segundos en girar mi cuerpo como si se tratara de un pedazo de papel. Mis mejillas ardieron rápidamente cuando mis pantalones se bajaron, sentí mil millones de mariposas volar en mi estómago, chocándose entre sí. Mi mente intentando detener la sensación placentera que sentí al momento en que su entrepierna rozó mi entrada. Casi podía sentir cada detalle de aquel bulto. Una de sus enormes manos alzó mi rostro, apretando mi mandíbula, mientras que con la otra mano se encargaba de colar sus dedos en mi boca.
Lindemann era brusco, casi tan brusco como mi amo, o aún más que él. Me gustaba, no podía negarlo. No recordaba haberme sentido así de vivo desde anoche. Por un segundo de placer en que reviví sensaciones que creí muertas hace meses. Mi cuerpo avanzó unos centímetros cuando me dio una leve estocada. Mordí sus dedos, rogándole sin palabras que entrara en mí e hiciera que mi cuerpo ardiera en llamas. Lo deseaba, realmente quería que sucediera, aunque no fuera mi amo.
Se dispersaron todos y cada uno de mis pensamientos cuando uno de sus dedos invadió bruscamente mi entrada. Una lágrima rodó por mi mejilla y, esta vez, recordó cuan doloroso fue la primera vez. Esta se sentía como la primera vez. Él y yo, dos completos desconocidos. Él quería tocarme y yo creí que aquella era una sensación que nadie tendría conmigo. Hoy también se sentía así, pero el placer nunca sería el mismo. Era como si algo faltara y ese algo, seguramente, era él.
—¡Joder!— Sentí una de mis piernas temblar abruptamente cuando introdujo otro dedo y comenzó a moverlos allí— ¡Maldita sea!— me quejé. Dolía, dolía horriblemente. Él intentó calmarlo, dejando besos en mi espalda, lo logró. Sus besos hacían que mi cuerpo hormigueara. Era jodidamente placentero.
—Te dolerá un poco— fueron sus palabras antes de penetrarme. Mis uñas se clavaron a la madera de la mesa y él no tardó en volverlo peor.
Comenzó a moverse rápido en poco tiempo, dejándome al instante sin aire. No supe concentrarme en lo que sentía en ese momento, como que no lo tuve del todo claro. Dolía horrores pero también me gustaba. Como si deseara que lo hiciera más fuerte y más rudo, que no tuviera el menor cuidado.
Mis cabellos se enredaron entre sus dedos cuando las embestidas comenzaron a ser demasiado bruscas, tal vez demasiado. Mordí mi labio inferior, acallando mis propios gemidos.
El aire se esforzaba por salir de mi boca, pero no podía hacer mucho ruido. Llegué al punto en que mis uñas marcaron la mesa a la fuerza. Apoyé mis manos y alcé mi cabeza, él aprovechó para morder mi cuello en ese momento. Me gustó. Me gustó demasiado.
—De nuevo… — susurré entre agitados jadeos— Por favor, hazlo otra vez…— él cumplió, cada vez con más fuerza. El dolor comenzó a ser algo más que solo dolor. Ya no podía decir que dolía, el dolor no es placentero para nadie pero ese dolor me gustaba. Quería que me doliera.
Mi cuerpo parecía volar. Me había ido del mundo real por un instante. Estaba empapado en sudor a causa del sofocante calor. Él complacía cada cosa que yo le pedía con el doble de intensidad del que yo pudiera siquiera imaginarme.
Mi mirada se pegó a la puerta, recordando que podía entrar alguien en cualquier momento. Como lo supuse, alguien estaba allí observándome, observándonos.
—¡Detente! ¡Ya, para, por favor!— apenas tuve la oportunidad, me alejé de él. El placer se desvaneció en un parpadeo y el miedo volvía a atacar. Corrí detrás de esta persona, subiéndome los pantalones en el transcurso— ¡Espera! ¡Espera, Kate, por favor!— al lograr alcanzarla, recibí una gran bofetada que me descolocó por un momento.
—¿¡Qué mierda crees que estás haciendo!? ¿¡Crees que esto es un maldito juego!?— me acaricié la mejilla, aún dolorido—. Con que solo fueron unos batidos los de anoche, ¿no? ¡Me repugnas!
—No es lo que crees, te juro que él y yo… no pasa nada entre nosotros. Por favor, no selo digas a mi amo. Fue un error, solo fue un error.
—¿A tu amo? ¿Ahora te atreves a llamarlo «tu amo»? ¿Este es el amor que dices tener por él?
Me das asco, Bill. No creí que fueras capaz de esto. Has llegado demasiado lejos— entonces la culpa regresaba— ¿Sabes lo que acabas de hacer?— mi labio inferior comenzó a temblar, quería llorar. Me sentía como un niño regañado por su madre. Me dolía que ella tuviera toda la razón— ¿Por qué fue esta vez? ¿También Lindemann quiso matar al amo y por eso te metiste con él? El amo sabrá de esto, no vas a zafar de lo que acabas de hacer. Ninguno de los dos se van a salir con la suya— ella se dio la vuelta para seguir caminando, pero la tomé del brazo. No podía permitir que se lo dijera, por más que yo mereciera lo peor de lo peor. Lo perdería para siempre si llegase a enterarse.
—No, por favor. Por favor, hablemos. No se lo digas, por favor. Haré lo que quieras, te lo juro, solo… solo no se lo digas— ella se detuvo y me miró fijo, la decepción en sus ojos provocó una molestia en mi garganta, ese mismo nudo que sentía cuando mamá me regañaba cuando era pequeño y yo sabía que era mi culpa—. Lo perderé para siempre si se entera de esto.
—Tal vez no mereces estar a su lado. Lo que hiciste no tiene nombre, Bill. ¿En qué ayudará esto a su recuperación? Si crees que esta es la manera de arreglar las cosas estás muy equivocado. Creí que eras diferente, ahora veo que eres igual que todas las personas de mierda que él tuvo en su vida. Incluyendo a Till. Los dos me dan asco.
—¡Tú te acostaste con él mientras estaba conmigo! ¿¡Por qué me lo echas en cara!?
—¡Él nunca estuvo contigo! ¿Pero sabes qué? Te prefirió antes que a mí. Me dejó de lado por ti, ¿y sabes qué hice? ¡Nada! ¡Porque nada podía hacer, él no era mío! Era tuyo y tú eres una basura que no sabe cómo arreglar sus jodidos problemas. Acostarte con este tipo no hará que él regrese a ti, has arruinado todo.
—¡No vas a decírselo!
—¡Por supuesto que no voy a decirle nada! ¡Tú lo harás!
—No.
— Si no se lo dices tú, yo lo haré y tu maldito mundo de fantasía se habrá acabado.
—¿Por qué insistes en separarme de él?
—Yo no hago esto por ti, tú me importas una mierda. Lo hago por él, porque lo único que me importa es él. Si no hablas, yo hablaré. Veamos si tienes los huevos para salir de esta solo, ya que los tienes para follarte a su mejor amigo.
—No, no, Kate…— ella subió las escaleras apresuradamente y yo me quedé parado al final de las mismas, observándola.
—No va a decírselo, tranquilo…— una mano se posó en mi hombro—. Tranquilo, Thomas no lo sabrá nunca. Si quieres, puedo…
—Aléjate de mí— yo fui quien subió las escaleras esta vez, alejándome de Lindemann.
No encontraba los insultos adecuados para referirme a mí mismo en ese momento. No encontraba manera de describir cuán imbécil fui al creer que esta era la solución a sus problemas y los míos. No se sentía tan bien ahora, el saber lo que he hecho me ha provocado la peor de las culpas y lo merezco. Merezco que la culpa revuelva mi estómago hasta hacerme vomitar. Merezco los dolores de cabeza nocturnos de tanto pensar en cuál sería la mejor manera de castigarme. Merezco ser tratado de la manera en que mi amo me trata. Merezco ya no ser llamado «su pequeño». Merezco lo peor que me pueda pasar.
Nuevamente volví a preguntármelo mientras el nudo en mi garganta se hacía cada vez más y más grande: «Maldita sea, ¿qué he hecho?»
Continúa…
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Que hiciste Bill😞