Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed
Capítulo 10: Mi pequeña Julieta, y tú
Lunes – 6 /07 /09
Bill
-Bill…
-¿Hum…?
-Bill…
-¿Qué…?
-¡Bill! ¡Despierta!
Abrí los ojos de repente, asustado, turbado, sobresaltado.
-¡Bill! ¡No me puedo creer que te hayas quedado dormido en medio del desayuno! ¡Un poco más y se te cae la cabeza a los cereales! –la voz de Georg retumbó en mi cabeza como el sonido de una campana repiqueteando contra el duro acero.
Sentí vértigo por un momento y casi noté que me caía al suelo sin siquiera haberme movido. Tuve que mirar a un punto fijo durante un par de segundos hasta que todo dejó de moverse y mi vista quedó centrada y sin mareos.
-Oh… Mierda. -me dolía la cabeza horrores. No sé qué coño me pasaba pero lo único que quería era dormir. Notaba un latido que me golpeaba en la sien. ¿Porqué estaba tan cansado? ¿Qué había ocurrido?
Intenté visualizar en mi memoria un par de horas anteriores en las que seguramente me estaría levantado y duchándome para poder ir a desayudar… Nada. Yo quería dormir y nada más. Un flashback me inundó por completo en cuanto la puerta del comedor se abrió.
Tom.
Hacía frio. Ayer por la noche hacía frio. Y Tom… Tom me abrazó. Y yo… Yo le abracé con todas mis fuerzas. ¿Por qué? Buena pregunta.
La figura del chico con rastas avanzaba sin siquiera coger nada para comer. Se sentó en su sitio y se rascó los ojos. Tenía unas ojeras bastante notorias.
Bostezaba cada dos por tres, por lo que a consecuencia, bostecé yo. Joder, es cierto de que los bostezos se pegan.
De pronto caí en un detalle importante.
¿Él…? ¿Él… tampoco había podido dormir?
Hostia, Ahora ya sé porque coño tengo tanto sueño.
¡No he pegado ojo!
Esta noche… Dios, esta noche. Yo tenía el olor de Tom por todas partes, por cada rincón, por cualquier lugar. Tenía su esencia en cada poro de mi piel y si cerraba los ojos lo único que notaba era que las sabanas que me cubrían del frio, eran en realidad, sus brazos y su chaqueta.
A veces me jodía abrir los ojos y descubrir que en realidad, mi almohada no era su hombro y que mi colchón no era su cuerpo.
¡Me suicidaré!
¿¡Y porque Tom no se ha dignado a girar la cabeza hasta mí sitio y saludarme?! ¡Al menos con un movimiento de cabeza o algo!
-Joder… – mi labio fue mordido por mis dientes. Solo pensar que algo raro pasaba conmigo y con mis sentimientos, me escamaba la piel. No puedo. No puedo.
-¿Qué te pasa? –preguntó Georg.
Georg.
Oh dios, ¡Georg! Me cago en la puta.
-Joder… – repetí. Mis manos me taparon la cara, como queriendo no ser descubierto por el fantasma de la conciencia, para no encontrarme con pepito grillo de cara y que me saliera sola mi confesión. Esa confesión que me era imposible desvelar. Pero si no se lo decía, él… ¡Pero no podía decírselo! ¡Me mataría!
-¿Joder? A ver, ¿Qué coño te pasa? ¡Admite que te pasa algo! A mí no me lo puedes ocultar. – que listo era el jodido. Aunque he de admitir que yo siempre he sido como un puñetero libro abierto, en el que con la portada y el título ya sabes la introducción, el nudo y el desenlace.
-Yo… esto… No he podido dormir porque em… Bueeeno… – Bill, piensa algo rápido. ¡Lo que sea!
-Joder tío, yo tampoco he podido dormir.
-¡Pues porque…! –me callé -…
Espera. Para el carro. ¿Qué él tampoco? Un segundo, ¿no se supone que debería preguntarme porque no he dormido? ¡¿Pero qué clase de amigo es este que pasa de los problemas de los demás?! Bueno Bill, aprovecha la oportunidad.
-¿Y cómo es que no as dormido? – ¿Ves Georg? ¡Eso deberías haber hecho tú! ¡Preguntarme! ¡Ahora me indigno! Vale, Bill, cálmate.
-Joder, ya sé que debería habértelo explicado hace un montón porque pasó el sábado, pero… es que Ash… No se te salía de encima ni un minuto y ayer desapareciste todo el día y no sabía cómo hacer para que pudiéramos hablar.
-Georg, al grano.
-Sísí… El caso es que… Joder Bill. No sabes lo que me ha costado. Yo… ¡Fuaa!¡Que me he declarado a Ash por fin!
Toma hostia.
-Esto… ¿Ah sí? – mi faceta de futuro actor saltó a la luz.
-Sí… -su voz cansada y derrotada mostró perfectamente que, el experimento de declaración no había salido a su gusto. Y yo, aunque ya supiera la historia, me puse nervioso. Georg, ¡tantos años intentado que un simple “te quiero” saliera de sus labios y por fin lo había hecho!
-¿Y cómo pasó?
-Bueno, los detalles de donde y cómo, no importan, solo sé que estaba súper nervioso… ¡Estaba a solas con ella y dios! Creo que jamás en la vida había tartamudeado tanto. ¡Creí que me iba a morir, tío! De pronto empezamos a decir quiénes habían sido nuestros amores y ella, bueno, Empezó a hablar de ti… Y joder, me entraron los celos. Después me preguntó quien había en mi lista de amores y fua, ¡en ese momento creí que me iba a dar una taquicardia! No se lo quise contar. Me obligó haciéndome cosquillas pero bueno, con su mirada me bastaba para rendirme.
>>Y cuando respiré bien hondo yo solo sé que le había dicho te quiero y que… Joder, ¡La estaba besando!
Contuve el aire. Vale, ya sabía que iba a pasar pero desde punto de vista de Georg era diferente. Y me hacía sentir más nervioso y culpable al mismo tiempo.
-Por un momento pensé que me correspondía y la abracé. Te juro que pude sentir el cielo en mis manos. Pero pronto vi que simplemente se había quedado flipando. Qué gilipollas soy… ¿Cómo una chica como Ash se iba a fijar en mí? Ya lo sé Bill, soy un puto iluso.
-Ehh ehh… Para quieto. Nadie ha dicho que no le puedas gustar a ella. O que no le hayas gustado. Incluso que no le puedas gustar en un futuro. Desde luego si te dejas vencer si que no pasará nunca. – no sé de dónde saqué las fuerzas y las agallas para decirle eso teniendo tal “secreto” a mis espaldas pero ¡no podía verle destrozado! ¡No más de lo que ya estaba!
-De hecho, me confesó que si le gusté durante un tiempo. Y eso me jodió mucho.
¡Es verdad! A Ash le había gustado Georg, me lo dijo ayer.
-¿Y por qué te fastidió? –premio a la pregunta tonta de la mañana.
-¡Pues porque no me lo dijo en su momento! ¡Ahora ya no me sirven palabras de pasado!
-Vale, tiene lógica… – ¡Bill, despierta ya!
-Y joder, me rayé mucho y no quise hablar con ella. La evitaba y ella simplemente me llamaba desde la lejanía pidiéndome un segundo para hablar. Pero yo, estaba destrozado coño. Por fin, cuando nos quedamos solos, ayer a la hora de comer, me pidió perdón. Y lo hablamos. – ¿A la hora de comer? ¿Pero esta mujer en qué mundo vive? Que acabábamos de foll… Dios, ¿no tiene corazón esta tía o qué? – Aunque al principio estaba rara, y distante, como si sintiera mal. -ohh, cuidado, ¿Cuánto aguantó? ¿Media hora en hablar con él tan campante? – Pero bueno, lo hablamos un poco. Aunque no quedó del todo resuelto la verdad.
El silencio se cernió durante unos segundos. Mi cabeza procesaba la información recibida. Quizás yo pudiera hacer lo mismo, como si no hubiese pasado nada. Pasar del tema ¿no? No tenía porqué enterarse.
-Por cierto. No vinisteis ninguno de los dos a desayunar, y a la hora de comer no se te vio el pelo. ¿Qué te pasaba? ¡Ah! ¡Por cierto! Apareció uno de los profesores y preguntó por ti, ese que tiene rastas… Aunque bueno, ya vi que Ash te llamó inmediatamente.
¡Pum pum! ¡Pum pum! De nuevo la noticia de Tom. Otra vez se me llena la cabeza de las puñeteras dudas, y de todo lo que haga que la cordura desaparezca. De nuevo la conciencia, ese pequeño Pepito Grillo. ¡De nuevo Tom! ¡De nuevo TOM!
-Tío te has puesto blanco. – lo miré atónito. Mierda. – Oye ¿de qué lo conoces? Más de una vez te he visto con él ¿Sois colegas o algo? – Georg hablaba como si nada. Como si el hecho de hablar de él no fuese nada importante, nada en lo que poder perder la respiración, nada en lo que notar que el pulso se te escapa de los límites. ¿Porqué yo no podía hacer eso?
-Yo… Sí bueno… Nos conocimos el primer día. – estaba tartamudeando. Y si no, estaba a punto de hacerlo. Miré en dirección del chico citado y vi que removía un plato de cereales sin probar bocado. ¿En qué momento se había levantado a cogerlos?
Los removía y los miraba embobados, con la vista perdida entre tanta leche. Y de pronto…
¡Pum!
Sus ojos y los míos volvieron a coincidir una vez más. Y esta vez no era producto de mi imaginación, esta vez no estaba dando vueltas en mi cama imaginándome sus ojos perfectamente delineados en la oscuridad de mi cabaña. Sí, ya ha dicho que no he podido dormir.
Se nos paró la respiración a ambos en cuanto nuestras miradas se dieron cuenta que se miraban entre sí. A él se lo noté porque cogió aire de pronto y no vi señal alguna de que lo soltase. Y durante unos segundos me quedé observando el momento del suspiro. Del “está respirando, aún no se ha muerto”, como cuando ves a alguien fumar y esperas impaciente el momento en que suelta el humo por la boca después de inhalarlo del cigarro y parece que nunca va a ocurrir.
Respiró cuando le saludé con una sonrisa. Observé cómo me sonrió el también soltando todo el aire. Después ambos cambiamos la dirección de nuestros ojos. Parecía que la pared era más interesante. Me mordí los labios sin quererlo.
-¡Bill! ¡Te has vuelto a empanar! – Georg de nuevo. Pero esta vez giró la cabeza en dirección a dónde yo miraba antes. Y lo vio. Se dio cuenta que nos habíamos quedado mirando. -¿Pero qué…? ¿Qué estabas haciendo hace medio segundo Bill? ¡Te has quedado estático mientras lo mirabas! Cuéntamelo, ahora. ¿Qué pasa con el tío de las rastas?
-Tom… – le rectifiqué.
-Bueno, Tom, como sea. ¿Qué tienes con él?
-¡Eh! Parece que lo digas como si tuviésemos algo entre los dos de verdad.
-Quién sabe.
Me callé y respiré hondo.
Oh dios ¿se lo digo? Se lo merece ¿no? De hecho, él es más mejor amigo mío que Ash. Hemos estado juntos desde siempre y cada vez que me pasaba algo se lo contaba. Siempre me ha dado consejos, pero ¡Y si esta vez no lo acepta? ¿Y si lo ve más abominable que yo? ¿Qué pasaría si yo le confieso a Georg que siento algo raro hacia… un chico? ¿Qué me diría? ¿Se enfadaría conmigo? Lo vería repulsivo. ¡Un chico con un chico! ¿Imposible, no? Y sobre todo… Yo, con un chico. Yo, que he defendido mi heterosexualidad por encima de todo. Vale, pongamos que lo acepta, ¿cabe la posibilidad que deje de querer ser tan amigo mío, no? Los típicos chicos que se piensan que al tener un amigo gay no lo pueden tener cerca porque se acabará enamorando de ellos… No, Georg, no es así.
-¿Me lo vas a contar o que? – tic tac, tic tac, tic tac, tic tac…
-Yo… – Bill, lánzate. Necesitas hablar con alguien. Y encima que le has fastidiado mucho a Georg, ¿no le vas a contar esto? –Tío, no sé qué me pasa.
-Oh oh… Eso suena chungo. Explícame amigo. – dijo dándome una palmada en el hombro, atravesando toda la mesa, teatrero. Me sentí mejor durante un segundo. Solo un segundo.
-Georg yo… No sé qué coño pasa… No sé qué me hace sentirme así.
-¿Así? ¿Así como?
-Pues que desde el miércoles que lo conozco no hago otra cosa que buscarle, que encontrar razones para hablar con él. No hago más que mirar a todas partes para saber si esta cerca. ¡Y lo único que hago es pensar en él! – me estaba poniendo de los nervios. ¡Decirlo en voz alta era más difícil que pensarlo! ¡Estaba empezando a chillar y todo!
Vi la cara de Georg. Y cerré mis ojos.
Oh mierda, se lo había tomado mal. Seguro.
Me entraron unas ganas espantosas de ponerme a llorar, de salir corriendo, de buscar una máquina del tiempo y volver a atrás en él. ¡De que nunca hubiera pasado nada de esto! ¡No soy gay! ¡No lo soy! No…
De pronto la risa de Georg me llegó a los oídos llenándome la mente de incoherencia. ¿Y ahora que le hacía gracia? ¿Le hacía gracia verme sufrir? ¡Que estoy en crisis emocional!
-No me puedo creer lo que estoy oyendo. – Georg estaba casi feliz. Como eufórico. Le faltaba subirse a la mesa y morirse a carcajadas.
-¡Eh! ¡Yo no le veo la gracia! – estaba indignadísimo.
-¿Y te estás rayando por eso? – la simplicidad de sus palabras me dejó atónito. Sin alentó.
-Pues sí. ¡Georg! ¡Es un chico! ¡No puedo perder la cabeza por un chico!–dije casi señalando a Tom, para que se viera claro.
-Ya, ¿y? ¿No sabes lo que quiere decir la palabra gay? Hay muchos gays en este mundo eh, no es nada malo hombre. Vale sí, entiendo que estés confundido. Joder, para no estarlo, pero no le des tanta importancia. Lo mismo te inclinas más para los chicos.
Sus palabras se metían por las orejas y se quedaban clavadas en mi cerebro. La información era como cuchillos. Y a cada palabra más se clavaban. “Gay, confundido, no tiene importancia, inclinar más para los chicos…”
¿Sería eso cierto?
-Georg joder, tú no lo estás viviendo. ¡No es tan fácil estar saliendo con la tía más espectacular de toda la universidad que está buenísima y que de repente tengas a un tío en tu cabeza todo el puto día! ¡Jamás me había pasado esto! ¡Jamás me había emparanollado tanto con alguien! ¿Qué me pasa Georg? Por dios, necesito algo de ayuda.
-¿Pensar en alguien todo el día? Mm… Interesante. ¿Te pones nervioso cuando lo ves?
-Emm… ajá.- me costaba hasta decir que sí.
-Entiendo. ¿Tartamudeas a su lado?
-Yes.
-¿Le buscas constante mente?
-¡Ya te he dicho que sí joder!
-Vale vale… Bueno, mi resultado del análisis dice que… Estás enamorado.
-¿¡QUÉ?!
-Jajajajaj
-Lo estás flipando mucho. ¡De ninguna de las maneras!
-Va hombre, ¡que no es nada malo! ¡Yo me alegro! Joder, pensé que nunca te fijarías en alguien de verdad. Iré a Tom y le daré las gracias.
-¡Ni se te ocurra abrir tu bocaza!
-Jajajajaj… Me alegra que me lo hayas contado.
Tom
Vale, de nuevo me estoy rayando. No he tenido suficiente esta noche con no pegar ojo sino que encima ahora no hago otra cosa que darle vueltas al tema. ¡Llevo la misma chaqueta de ayer y aun habiendo pasado una noche entera sigue oliendo a Bill! Esto me estaba poniendo de mala hostia.
Me levanté de golpe y salí afuera a fumar. Aún quedaba una hora entera para que empezara mi primera clase. Hoy me tocaban los mayores y después de los mayores, otra vez el grupo de Anna, antes justo de comer. Que preciosidad de niña. Me alegro que cada vez hable más.
Me senté en las escaleras de un edificio que era el dormitorio de los profesores (a excepción del mío, ya que decidí quedarme mejor con mi cabaña) y saqué un cigarro. El último del paquete, por cierto.
Le prendí fuego y empecé a saborear el filtro y a sentir el humo.
Me había perdido tanto en mi mundo que no noté la figura que se había sentado a mi lado hacía escasos segundos. No tuve noción de él hasta que no oí que pronunció mi nombre, o para él, mi sinónimo.
-Hijo.
Volteé la cabeza para encontrarme con mi padre, observando con detenimiento el horizonte que desde aquí apenas dejaba ver mucho de lo espléndido que era el bosque. Pero lo mejor que había era el lago, que a horas del crespúsculo era increíble ver como se iba el sol. Y tan grande que era el lago que el sol se ponía justo en el extremo y salía por el otro extremo, dando la oportunidad de que el sol muriera siempre por el agua. Que la sangre quedara esparcida en forma de reflejo de si mismo, un reflejo que se movía por las pequeñas hondas.
-Hola… -dije desanimado. Estaba muerto. Sí, esas eran las palabras. No había dormido y no estaba yo para hacer las putas clases.
-¿Te pasa algo? Te noto raro últimamente, como si a cada vez que estás solo le des vueltas a un tema constantemente. Como ahora.
No. No me pasaba nada, ¿vale? Nada, Na-da. ¡Nada!
-No…
Mi padre me miró serio durante unos instantes que se me hicieron eternos. Finalmente, robándome mi cigarro, asintió mientras se tragaba la última calada y lo tiraba al suelo.
-No fumes, es malo. – dijo pisando la colilla, apagándola.
Me reí del comentario. Mi padre podría llegar a ser gracioso y todo. Qué dejara de fumar dice… Iluso.
De nuevo un silencio, no incómodo se apoderó de nosotros.
-Cada vez va mejor el campamento, eehh… -dije para cambiar de tema.
Una sonrisa se dibujó en su rostro, medio viejo y cansado. Pero fuerte y consciente al mismo tiempo.
-Pues sí. A más que lo del grupo de mayores… Me ha gustado. Realmente ellos no hacen mucho aquí, pero entre tanto niño pequeño ya es agradable ver a alguien que te entiende cuando le hablas. – me hizo gracia el comentario. Tenía razón en todo. Pero el grupo de mayores me traía a la mente a…
Bill.
-Ya ves. Y que lo digas. Ha sido una gran idea lo de los mayores. – Bill, Bill, Bill, otra vez Bill.
-Pues sí, y de hecho creo que te he visto un par de veces hablando con un chico. Así como… Con el pelo largo y negro. Bastante, por no decir muy alto, que va oscurillo, que se maquilla…
… Bill, sí.
-Ahh, seh. Ya sé quién dices. -Joder ¿no había más gente con la que había hablado en este tiempo o que? -¿Por qué lo preguntas?
-Nono, por nada. Es sólo… me hace gracia que te hagas amigos de los nuevos.
-Lo raro es que no lo hayas confundido con una chica. El otro día, Gustav me dijo lo mismo pero lo primero que me dijo es “¿quién es esa chica que…?”. – recuerdo la escena perfectamente. También recuerdo que no le respondí, y que lo único parecido a una respuesta que obtuvo fue “¿a qué hora quedamos para tocar con el grupo?” No recuerdo que día fue, pero solo sé que estaba de mal humor.
Pero mi padre ni se inmutó.
-¿Ah sí? Y, bueno… ¿Có-cómo se llama?
-Pues, Bill – ¿Y a este qué coño le había dado ahora? ¿Qué más le da quien es Bill? Ni que ahora le importaran mucho mis amistades o con quien hablase o dejase de hablar.
De pronto su rostro quedó mudo. Se quedó mirando al infinito como si un fantasma le hubiese pasado por a través suyo y se hubiese quedado paralizado.
-¿Papa? ¿Qué coño haces? – le pasé la mano por delante de los ojos y la moví de un lado a otro a ver si reaccionaba.
-¿Qué-qué? – dijo como saliendo de un trance. Vaya, parece que si había funcionado mi técnica. ¿Pero que le había dado? ¿Por qué se había quedado parado? –No esto, nada. ¡Me acabo de acabar de acordar de una cosa que como no la haga me matan! Te tengo que dejar ¿vale? – y casi sin darme tiempo a reaccionar ya se iba, con paso rápido y agitado, camino de a saber dónde.
-Pero que hombre tan raro.
.
-Ouuaahhh – ¡qué sueño! Acaba de finalizar la clase con los mayores y ahora tenía una única hora con los niños pequeños, así que ya tenía pensado más o menos que tenía que decirles.
La obra de teatro.
¡Hostia! La obra de teatro… ¿Cómo me despisto tanto?
¡Joder, que al final ayer no decidimos ninguna obra! ¡Por culpa de Bill se me fue la cabeza en otras cosas y al final no pensé en la historia para representar!
Llegué al comedor y vi que estaba vacío. Vale, perfecto. Era un sitio idóneo para que los niños me escucharan y no estuvieran más pendientes de un árbol que de mí, que suele pasar.
Vi a un par de las cocineras y les saludé feliz mientras cogía las mesas y las esparcía por el recinto, dejando el centro al descubierto, y dejando espacio suficiente para que los niños me observaran sentados en forma de indio y cupieran perfectamente.
Salí del establecimiento y fui en busca de ellos, que como siempre, los traía Erik justo en el campo de básquet.
Se cogieron todos de la mano y en una fila me fueron siguiendo hasta que de nuevo volvimos a pisar el suelo del comedor, tan aborrecedor y monótono como siempre.
-Vaale… Que todo el mundo se siente. – y sorprendentemente, todos se sentaron, incluso Anna, que fue lo más sorprendentemente de todo. Su vestido, que de nuevo volvía a ser verde, se esparció por el recién fregado suelo. – Bueno, hoy solo estaremos una hora juntos porque después justo nos tocará ir a comer ¿vale? – les asentía con la cabeza mientras hablaba y eso hizo que asintieran ellos también. Lo que no sé es si de verdad entendían lo que yo había dicho o solo me imitaban sin darle importancia alguna a mis palabas anteriormente dichas.
De pronto noté un tirón de mi pantalón. Bajé la mirada sorprendido y extrañado y me encontré al rostro de enormes ojos verdes. ¿Quién era si no que Anna? Con una mano me señaló al suelo, como si quisiera que me sentase.
Joder, que lista era la cría.
-Bueno, entonces, como iba diciendo, solo tenemos una hora – me iba apoyando lentamente en el suelo y vi divertido, como algunos niños que estaban más atrás asomaban las cabezas entre sus compañeros para verme mejor, y como al final, resignados, se limitaban a levantarse y ponerse unos pasos más adelante, formando una circunferencia finalmente, en el que todo el mundo me vía perfectamente. – Bueno… Como ya sabéis, y aunque seguramente nadie se acuerde, tenéis que representar una obra de teatro pequeña y simple para final del campamento, y tenemos solo tres semanas para hacerla asique… ¡Nos tenemos que poner las pilas! – vi el rostro iluminado de las niñas que se tapaban las bocas escondiendo su asombro y como finalmente se reían, felices. También vi las reacciones de los niños, con pesadez y desgana por el tema.
-¿Qué obra aremos? – una vocecilla fina se oyó de fondo. Era una de las gemelas.
Buena pregunta. Sí señor.
-Puees, estuve dándole muchas vueltas al tema – y al que no es este tema, también. – y bueno – ¡piensa una obra, vamos, en un segundo, lo primero que se te venga a la mente! – esto… es muy conocida y… eehh.. -¡Vamos Tom! ¡Usa eso que todo el mundo llama cerebro! – ¡Sí! La conocéis todos es… – ¿Es? – Romeo y Julieta. – ¡¿Romeo y Julieta?!
Vale, esta vez me he lucido. ¡No solo ayer dije que esta historia estaba casi prohibida, sino que la dijo Bill! ¿Y qué hago yo? ¡La digo! ¡Ahora tendré que adaptarla un poco a la edad de los críos! Joder.
-wuuuuuuaaaaaaa – las niñas botaban de alegría y los niños bufaban sonoramente.
-¿Entonces, habrá beso? – otra voz de niña salió por los finales.
-Eh… ¿Beso? – pero si sois críos. ¿Qué coño ven los niños de hoy en día en la tele? -¿Queréis beso? –muchas niñas asintieron enérgicamente pidiéndomelo – bueno a ver, que levanten la mano todos aquellos que quieran un beso – A votaciones ¿no?
Todas las niñas alzaron su mano y desde luego que los niños la escondieron. Era realmente divertido, de toda la vida las niñas siempre han sido más ñoñas, y los chicos…Bueno, donde hubiera un buen Acction Man que se apartaran el resto de cosas.
-Vale, pero antes de nada. ¿Todos queréis hacer la obra?
Hubieron rostros de todo tipo. Un par que no estaban seguros, otros que negaron en rotundo y unos cuantos que dijeron que sí enseguida. Entre ellos estaban Anna. Me sorprendí mucho, pero le sonreí tan ampliamente que me abrazó la pierna.
-Vale, entonces, de momento son… Anna, Julia, Eva, Marlene, Hayley… ¿Chicos? Vamos, quiero algún chico. – ninguno decía nada. – ¡Oh vamos! ¡Al menos cuatro chicos por dios!
Como si tuviesen magia mis palabras, cuatro chicos levantaron la mano, temerosos.
-¡Genial! Pues ahora tenemos a Mike, a Daniel, a Helm, y Bruno…
Bill
Sus brazos era lo único que sentía y deseaba sentir. No sé porque, pero el frío se me pasó de golpe. El calor del cuerpo de Tom era tan jodidamente cómodo que sentí que me dormiría apoyado en su cuello, dejando que mi respiración le acariciara la piel y notase como se le erizaba notoriamente. Le rodeé con más fuerza, con más ímpetu, con ganas de no soltarme jamás… Jamás.
Las palabras de Ash me vinieron a la cabeza como si de un golpe seco se tratase.
-¿No será que tu ahora eres gay y os moláis mutuamente?
¿De verdad me pasaba eso…? ¿Realmente me estaba volviendo gay…? ¿De verdad soy de la condición de la que me llevan acusando desde hace tantos y tantos años? ¿De la que me he negado en rotundo todas y cada una de las veces?
¿Maricón? ¿Gay? ¿Homosexual?
No podía ser. Sencillamente, no podía ser.
Pero por otro lado… Era la primera vez que el abrazo de alguien, sea chico o chica, me afectaba de tal manera. La primera vez que el corazón se me disparaba de esa manera al contacto de alguien.
-Yo… No sé qué pasa.
La voz asustada de Tom me sacó de mis pensamientos. ¿No sabe que pasa? Entonces, ¿él está como yo? Comparte mi mismo miedo, mis mismas dudas, mi no saber qué hacer.
Por unos instantes, me sentí bien. ¡No era el único confundido! ¡Ambos lo estábamos! ¡Ambos sentíamos que algo no estaba yendo bien! Que algo no cuadraba.
Me separé un poco de su cuerpo y lo miré directamente, a los ojos, como pocos minutos antes pero con poco espacio entre nosotros.
Si nos moviésemos un poco nuestras narices se tocarían.
Sus ojos fueron la gota que colmó el vaso y que me dio la confianza total. Estaba asustadísimo, y realmente cohibido.
-Yo… Yo tampoco sé qué coño está pasando. – dije risueño, pasándole parte de mi seguridad, y acariciándole la mejilla con la yema de mis dedos de una manera descendente. Se irguió haciendo una larga respiración, sin apartar sus ojos de los míos en ningún momento. Tragué saliva pesadamente. Por unos segundos me sentí pequeño y toda mi confianza desapareció.
De pronto me quedé quieto, estático. Su rostro se aproximó al mío pero de una manera totalmente diferente. Como si fuese algo… Automático.
-Déjame… Intentar… – ya no veía sus labios de lo cerca que estaban de mi rostro en cuanto dijo eso. Yo no sabría decir que sentía en esos momentos. El pánico rozaba la realidad y el deseo creo que le empataba. Abrí la boca instintivamente.
Noté como sus labios rozaban los míos pero no se movían. Estaban tocándose, con la boca abierta pero sin hacer ningún movimiento. Su respiración y la mía chocaban y pronto se empezaba a convertir en vaho. Pero para mí el frio ya era inexistente. Cualquier indicio de otra temperatura que no fuera el calor me sonaba hasta imposible. Pero sin embargo… Notaba que estaba temblando.
-¿Si-sigues teniendo frio? – me habló a los labios. Noté que cuando el movía los suyos, los míos eran arrastrados consigo. Tartamudeaba.
-No. Sólo… Estoy nervioso.
Y me besó. Sentí su lengua como me pedía paso, como se me insinuaba a seguir con ese verdadero juego. Nos abrazamos más si cabía y nos separamos un poco. Nuestras cabezas se acoplaban perfectamente la una a la otra, como si estuviéramos hechos con el mismo molde… como si fuésemos uno solo. Tom me tocaba el pelo y me acariciaba la mejilla como le había hecho yo anteriormente y cuando nos separábamos un poco, lo suficiente como para que pudiera verle la boca, vi me sonreía.
Estuvimos un par de momentos dándonos suaves picos sin parar, sin siquiera querer parar de sentirnos un segundo.
De repente un sonido irritante me hizo soltarme de él. Era un sonido realmente molesto, y el hecho de no saber dónde estaba y hacer lo posible por que terminase me ponía de los nervios.
-¿¿¡¡QUÉ SONIDO ES ESE??!! – chillé con todas mis fuerzas porque el sonido cada vez era peor y peor. Pero Tom solo me sonreía y se despedía con la mano.
-¡Tom! ¡¿A dónde vas?!
Pero se alejaba. Se alejaba más y más.
-¡Tom! ¡TOM!
Me erguí de repente. Mi respiración era totalmente agitada y tenía todo el cuello recubierto de sudor frío. Sudor que descendía por mi piel y me hacía poner los pelos de punta.
Mi cabaña… Mis sábanas… Mi… Jodido mundo real.
-¡Ha sido un sueñ… Pesadilla!
¡He soñado que me liaba con él! No me lo puedo creer. Mi pulso era incontable y tenía unas ganas de llorar que no podía con ellas. Un suspiro después de una gran exhalación de airé resonó por toda mi cabaña. Estaba temblando. Realmente estaba temblando.
Me… Me costaba pensar con claridad.
Me vinieron a la mente los supuestos suaves y expertos labios de Tom según mi sueño. La manera en la que sus manos me tocaban y me protegían del frio, sus caricias en mi piel, su tacto áspero y suave al mismo tiempo.
Volví a respirar hondo y volví a dejarme caer en mi cama, muerto, un poco más descansado pero, hecho mierda al fin y al cavo.
En un esfuerzo, relativamente grande a mi estado, levanté mi reloj de muñeca y miré la hora, casi sin fijarme, casi sin saber porque me interesaba saber en qué hora vivía.
-La una y medía. Uhhmmm… – después de desayunar había decidido volver a dormir un poco. “Quizás después me encuentre mejor” Pensé, bastante iluso. Y tan iluso. Dios, creo que no ha funcionado para nada.
Me rasqué la cabeza y me dirigí al baño para hacerme algún que otro arreglito antes de ir a comer. Vale, que esta mañana ya me lo había currado bastante pero quién sabe si la cabezadita que acababa de pegarme me ha destrozado el pelo o no.
.
Abrí la puerta y casi por inercia fui a coger una bandeja. Pero estaba en mi mundo y no me fijaba en lo que hacía. Lo único que tenía en lamente era la boca y la lengua de Tom, sus manos, su torso, sus ojos… En definitiva, mi sueño.
Avanzaba por la barra metálica y vi que la comida de hoy era perfecta, había unos macarrones a la boloñesa que daban gusto de ver. Humm, comería como un rey.
Alcé la bandeja al final de la barra metálica y me dirigí hacia mi sitio. Pero había algo… Algo que se me escapaba.
Cuando me aproximé a mi mesa vi a Ashley y a Georg.
Un flashback del día anterior me vino a la cabeza en un instante y mi rostro se oscureció. Tengo que hablar con Ash, no podemos dejar así a Georg y… Dawn… Oh dios, he de hablar con Dawn.
No sé cómo, de verdad que no sé cómo lo voy a compaginar todo.
Tom
Justo acababa de poner todas las mesas en su sitio que empezaban a entrar alumnos por la puerta de entrada al comedor. Reconocí a un par de mis alumnos “mayores”. Unas chicas de unos catorce años rubias y altas, unos chicos que imitaban el estilo rapero de unos trece años… No sé, eran muy majos y enrollados todos. Estaba bien.
Una vez ya estuve en mi sitio no puede evitar girar mi cabeza en dirección de la mesa de Bill.
-Tonto… -me dije a mí mismo. ¡Joder! ¡Deja de buscarle! ¡Ya aparecerá!
Bill no estaba en su sitio, no estaba en la mesa. De hecho solo estaba la pelirroja ¿Ashley? Y el castaño creo que era Georg. Ambos hablaban poco, se miraban intercambiaban un par de palabras y bajaban la mirada a su plato, como cohibidos, como si hubiera pasado algo entre ellos. Bah, tonterías. Si no está Bill no me importa.
NO.
Y si esta Bill TAMPOCO ME IMPORTA. ¿Entendido?
-… Me cago en la puta. –maldecía en voz alta mi comportamiento. No me reconocía. Yo no habría hecho esto en mi vida. Yo no voy buscando a la gente. Yo no voy detrás de las chicas. ¡Y mucho menos de los chicos!
De nuevo el sonido de la puerta me sacó de mis pensamientos. La figura esbelta de Bill se asomó por la puerta, y mi rostro se iluminó al instante.
Joder.
Iba bostezado a cada paso. Iba caminando casi como un zombie y cuando cogió la bandeja y la pasó por la barra metálica donde le iban poniendo los alimentos tampoco me miró. ¡No me miró! ¿Por qué no me ha mirado?
No te rayes, Tom. No te rayes joder.
Observaba atento como avanzaba lentamente con la bandeja en mano, caminando a su sito, y hubo un segundo en que su rostro cambió. Ahora se había tornado triste y melancólico. Algo debería haberle pasado por la mente. ¿Algo cómo lo de ayer? ¡Sí! ¡Eso que no me quiso contar! ¡Eso que hizo hacerle faltar tanto!
¿Pero qué coño es?
El tacto de algo inesperado bajo mi codo me sacó de mis pensamientos de nuevo.
Miré hacia ese lugar y vi una libreta roja, casi sin estrenar.
-¡Hostias! – exclamé alterado. ¡La puta obra de teatro! ¡He de escribirla para esta tarde! ¡¡Oh dios!!
.
Eran las cuatro de la tarde y ya había escrito la mitad de la historia. Hasta las seis tenía libre y justo a esa hora me tocaban los criajos otra vez. Pero tenía que tener ya el guión preparado para hacerles una pequeña introducción de lo que tendrán que hacer y aunque me quedaran aún dos horas… Un guión, por muy adaptado que esté no es que fuese fácil escribirlo.
Estaba concentradísimo, mordiendo el bolígrafo y mirando a la infinidad blanca del folio de papel que recién había sacado nuevo. A un lado un fajo de unos cinco papeles escritos a letra grande y desordenada aguardaban las palabras ya preparadas para ser interpretadas.
Desde luego había cambiado prácticamente todo el argumento.
-Toc toc, ¿se puede? – la voz de alguien hizo girarme a ver de quién se trataba.
-¡Bill! – de nuevo, la figura delgada del moreno apareció de la nada dejándome perplejo. Yo estaba sentado en el pié de un árbol, apoyado en este y al mirarle desde abajo se le veía… Dios… Con las hojas de fondo, verdes y vivas, con el movimiento de su pelo por el poco aire que corría, con la luz medio tapada por esas mismas hojas. Parecía un espejismo. De hecho, durante unos segundos dudé si de verdad era real o no… – ¡cla-claro! Si…sisiéntate aquí. – señalé el suelo justo a mi lado involuntariamente.
Me sonrió.
-¿Qué haces? – mi vista se posó de nuevo en el folio y se me pasó la inesperada alegría de golpe.
-Escribir el puto guión. ¡Que al final, por tu culpa, he cogido Romeo y Julieta!
-¡Oohhh! ¡¿Enserio.?! – los ojos se le iluminaron y me alumbraron como si de estrellas se tratasen. Bueno, más que estrellas… Como agujeros negros. Porque, de nuevo, me había embelesado y creía que no podía escapar, me tragaban… Me embaucaban.
Tom, reacciona joder. ¡Ten un poco de amor propio!
-Sí. – me calmé y intenté serenarme. Bill es un gran colega, y vais a pasar una tarde normal, como las anteriores ¿Vale Tom? – el caso es que ayer no puede dormir, y bueno… No pensé en ninguna historia. Y esta mañana cuando me he dado cuenta, no sabía cual decir y sin quererlo he dicho Romeo y Julieta.
Bill me miraba sorprendido. Me sentí intimidado.
-Yo tampoco.
-¿Cómo?
-Es decir… – salió de su empanada mental y negó con la cabeza rápidamente – que yo tampoco he podido dormir.
¿Ah no?
-¿Ah no? – no me contuve de preguntarle. Por un segundo me lo imaginé dando vueltas en el colchón, pensando en todo lo que había pasado. Ese abrazo tan raro que nos dimos, ese momento que compartimos, ese momento claramente activo en mi memoria. ¿Qué casualidad que esa escena sea la que mejor recuerde de toda la jornada, verdad? El resto del día de ayer, apenas eran imágenes difusas y difuminadas – ¿Y cómo que no has podido dormir?
-Pues… -se puso nervioso de golpe y empezó a tocarse la manos.
-Ya se, has pensado en mí toda la noche – dije chulesco. Rompiendo un poco el frío del momento, el estrés y la tensión que sin querer se había formado. Aunque detrás de mi faceta, había los verdaderos sentimientos que no me dejaban dormir a mí: “Dime que si has pensado en mí” – Tss, no puedes ni dormir por mi culpa, ehh.
Abrió los ojos tanto que pensé que le saldrían de las orbitas.
-¡¿Qué?! Nonononono… – dijo mirando al suelo.
¿No?
¿Por qué soy al único que le afecta esta historia? ¡Porque coño soy el único de los dos que si piensa constantemente en el contrario? ¡Porque no puedo estar tan tranquilo como él? ¿Por qué parezco una niña enamorada?
¿Enamorado? ¡Esa palabra no existe en mi vocabulario!
-Ya… Claro. – dije aún guardando la compostura. No pude evitar hacerle un guiño.
-Bueno a ver, ¿y qué tal llevas el guión?
¡Coño! ¡El guión! ¡Casi me olvido!
-Pueees, a ver, la verdad es que he cambiado prácticamente toda la historia. Ten en cuenta que tienen entre seis y siete años, no puedo traumarles con el final de la historia.
Bill se rió por el comentario. Y sin quererlo yo también sonreí. Era contagioso, jodida y placenteramente contagioso.
-Me parece bien.
-Bueno, entonces lo que he pensado es que haré la historia pues a lo típico, un chico y una chica que se ven en un baile y que se e… ena-ena-enamoran – me costó muchísimo decir la palabra con Bill delante de mí. – a primera vista y bueno… Se besan y esas cosas y descubren que sus familias son enemigas. Pero bueno, aunque Julieta estuviera comprometida con Paris hace ver a los padres que está e…enamorada de otro y bueno… Los padres los entienden y acaban bien.
La boca de Bill llegó al suelo.
-¡Pero si no tiene nada que ver! – exclamó indignado.
-¡Ya lo sé! ¡Pero no puedo ponerles que se matan en el final y tooooda la historia que hay detrás de la principal! Que si Benvolio, que si Mercurio… Dónde vas. Eso es mucho lio. A más he decidido que como el año pasado, muchos no querían hacer la obra, pues que daré a escoger quien quiera hacerla. Y claro, sobrarían muchos personajes.
Bill me miró serio. Parecía un bulldog. Daban ganas de tocarle las mejillas con los dedos a ver si cambiaba de expresión.
-Vaa… Apóyame. Encima que pongo tu historia. -le puse unos leves pucheros que le hicieron sonreír al instante. – Ayúdame.
Me miró con el rostro bajo y finalmente suspiró asintiendo.
-Está bien. ¿Por dónde te has quedado? –dijo cogiendo mis hojas ya escritas. Fue mirando un poco por encima y justo cuando fui a contestarle a su pregunta saltó: – ¿Un beso? ¿Cómo que un beso? – dijo extrañado. -¿Pero no era que tenían 6 años, Tom?
Que agudo. Él también lo ve raro.
-Sí, bueno, el caso es que esta mañana mientras preguntaba, todas las chicas querían que hubiera beso. Y claro, como hay mas chicas que chicos en la clase ha habido una pequeña votación y el pueblo ha dado su palabra. La mayoría ha decidido beso.
-Madre mía, a saber que ven en la tele.
Mi expresión era indescriptible. ¡Ha dicho lo mismo que yo he pensado esta mañana! ¿Por qué cada vez me sorprendes más Bill?
-Pues me he quedado en que Julieta le dice a su padre que no quiere a Paris.
-Ahá -mientras asintió con la cabeza. De pronto me miró medio alterado -¡Espera! ¿Ya sabes quiénes serán los personajes importantes? – preguntó expectante.
-Ah pues, la verdad es que no.
Abrió la boca indignado.
-Joder Tom. – negó con la cabeza divertido – Te olvidas de lo importante – el tono de burla de sus palabras me hacia reír.
-Puees, supongo que Julieta será Anna porque vamos, nadie es más mona que ella.
El rostro de Bill fue flipante. Vi como lentamente bajaba la cabeza, me miraba fijamente y levantaba la deja derecha notoriamente. Se me quedó mirando unos segundos que no supe que decir.
-Anna no.
-¿Cómo que no? –exclamé inmediatamente.
-Pues porque no y punto.
-Dame un motivo.
-Es gilipollas. Me odia.
El segundo que tardé en almacenar esa información en mi cerebro finalizó con unas largas y increíbles carcajadas. ¡Hostia puta!
-Jajajaja Bill, ¿Cómo la llamas gilipollas? ¡Es una niña! A más, ¿que te odia…? ¡Qué dices hombre!
-¡Qué sí!
No paraba de reír y Bill parecía que no le hacía nada de gracia. No me extrañaba, no me haría gracia a mi tampoco, pero era solo imaginarme a Anna enfadarse con él y descojonarme. Era realmente graciosa la escena.
-Bueno, es igual, Anna es Julieta y punto – la figura de Bill cruzó los brazos y miró hacia otro lado, como si le hubiese ofendido. Por un segundo me recordó a Anna. Sí, con el pelo negro como el carbón, con esa expresión de enfado momentáneo porque no la quiero coger en brazos. – Coño, si en el fondo os parecéis y todo – exclamé asombrado.
Giró la cabeza hacia mí de golpe, con los ojos súper abiertos.
-¡¿Qué?! Ni se te ocurra compárame con ella.
-Jajajaja
-Bueno, – exclamó, cambiando de tema. – Pues ahora escojo yo a Romeo.
-Está bien… – dios, si es que era un puto crio pequeño. Era Anna tamaño por tres y en chico.
-Emm… – miró al infinito pensando en el niño que se pasaría el resto de semanas ensayando el papel – ¡Ya se! ¿Ese niño que tiene rastas, también hace la obra? – preguntó inseguro.
-¿Mike? Em, sí. ¿Por?
-¿Cómo que por? Pues porque será Romeo.
-¿Qué? ¡¿Porque?! ¿No crees que Daniel o Helm pegan más?
-No se quienes son, pero no. ¡Mike!
-¡Pero si es una especie de mini yo! ¡Yo jamás me enamoraría de nadie!
-¡Oh! ¿Y yo sí? Pero ¿ves? Al ser un mini tú, Anna se lo tomará con más ganas y se quitará de encima enseguida. – exclamó sonriente.
Me callé. Sin saber que decir. ¿Y qué le contestaba yo ahora?
-Bueno. Está bien. Cómo quieras.
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Bill me acompañaba en la clase que hacía escasos minutos había comenzado. Observé sorprendido cómo los niños, por pura inercia ya se ponían solos en redonda, para que pudieran vernos bien.
-Joder, qué bien enseñados los tienes. -parecía que no era el único sorprendido.
-Ya… Tsk, qué esperas. – ante el comentario, simplemente se rió.
Cuando todos dejaron de hablar y se dieron cuenta a que yo estaba ahí, empecé ha hablar.
-A ver. Ya he decido cual iba a ser la obra, y ya tengo el guión y todo hecho. Entonces, ahora los que no hacen la obra, al principio de cada clase les diré un par de actividades. Entonces se alejarán y se pondrán a hacerlas y cada cierto rato iré a ver qué tal lo llevan.
Estos asintieron.
-Ahora jugaréis a básquet.
-Emm… Gracias Bill, pero el profesor soy yo. –exclamé mirándole. Este simplemente me miró y alzó las manos como queriendo decir “vale vale, ya paro”.
-Pues eso, haced grupos y yo llevo los balones y ahora os explico a los que hacen la obra lo que tenéis que hacer ¿ok?
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-A ver, es muy sencillo. La historia es simple, un chico y una chica se enamoran aunque sus padres se lo prohíben pero al final acaban juntos. Él se llama Romeo y ella Julieta. Lo que pasa, es que Julieta está comprometida con un chico que se llama Paris. Pero se deshacen de él y consiguen estar juntos para siempre.
-Wuuaaa… – exclamaron las niñas, incluida Anna.
Bill rodó los ojos.
-Vale, ahora diré los personajes ¿vale? – Me senté en el suelo imitándoles y Bill siguió mis pasos enseguida – Bueno, Julieta será… Anna. – oí un gran “ooohh… Esa quería ser yo” por parte del resto de chicas y un grito ahogado por parte de ella, que me miró con el dedo en la boca, nerviosa. Yo simplemente le toqué el pelo y le acaricié la mejilla. Después vi como asentía lentamente. – Vale, y Romeo será… Mike. – lo siguiente me hizo reír mucho. El resto de chicos vitorearon y el pobre me miró con cara de “¿Por qué yooo?”. –Jajajajaj – le puse el puño delante suyo y él me chocó con el suyo con desgana. Yo le daba ánimos al pobre.
-Pero pero, yo no quiero besar a Mike. – la voz de fondo era la de Anna. La miré inmediatamente.
-¿Qué? ¡Nonono, yo no quiero besar a nadie…! –la aguda voz de Mike era graciosísima.
-Síii siiii… ¡Beso! ¡Beso! – el resto de chicas y chicos empezaron a mofarse de ellos y a insistir en el beso. Que críos eran todos, madre mía.
-¡Pero vamos! ¡Si no pasa nada! –intenté darles ánimos.
-¡Yo quiero que Romeo seas tú! ¡Yo si te quiero dar un beso a ti! – mi sonrisa se ensanchó y me sentí alargadísimo. Anna alargaba las manos para que la cogiera y la pusiera en mis rodillas y casi sin pensármelo la cogí y le di un fuerte beso en la mejilla. En cambio, sentí una presencia maligna de fondo.
-Pues lo siento mucho pero es Mike. Te tendrás que conformar, monina.
Miré hacia atrás sin poder creérmelo. ¿Enserio Bill había dicho eso? Cuando me topé con su cara noté su mirada intensa.
-Pero pero… – Mike seguía sin estar de acuerdo.
Bill se arrodilló delante de él y mirándole directamente le sonrió angelicalmente.
-Mira, un beso de ese tipo no es nada. Es como esto, mira: – y se dio un suave beso en la mano – ¿ves? Casi no es nada. Hazlo tú, vamos – Mike repitió el gesto con miedo. – ¿A que no has notado nada?
Este negó con la cabeza, secundado sus palabras.
-¡Pues ya esta! ¡A más, puedes darle un beso así a todo el mundo! ¡No es un beso de “amor verdadero”! Es un beso… Normal y corriente. -intenté seguir yo. – Se lo puedes dar a todo el mundo.
Mike miró al suelo, pensativo.
-¿A todo el mundo? –repitió mis palabras, interrogante.
-Em… sí, claro. – dije seguro de mí mismo. Bill también afirmaba con la cabeza.
-Si le das un beso a él yo le daré un beso a ella.
Por unos segundos me quedé parado, estático. ¿Que qué? ¿De verdad acababa de decirme eso? Lo miré fijamente sin acabármelo de creer. ¿Qué… Qué yo besara a Bi-Bill? ¡No! ¡No! ¡Noo! Ay Dios. ¡Y ahora qué coño hago! ¡No puedo darle un beso a Bill! ¡Me va a dar algo si lo hago! ¡No puedo!
Vale, lo mejor es dejar a parte el tema del beso. Mejor digo que no y ya está.
Joder, si digo eso entonces todo lo que he dicho hasta ahora no servirá de nada y me tomarán por mentiroso. Y a estas edades uno se trauma fácilmente.
Es sólo un beso ¿no? Sólo un beso. No tiene porque repercutir jamás en mí.
De pronto me vinieron a la mente las palabras que leí una vez en un libro. Citaba algo así como esto;
”Un beso es solo un beso ¿entiendes? Sólo tiene la importancia que tú quieras darle. Puede no significar nada… o puede cambiarlo todo”
No cambiará nada. No cambiará nada.
-Bill… – le miré, y este parecía estar en trance. –¿Bill? – volví a decir su nombre y este me miró medio asustado. – Bueno esto… Bill, va, dame un beso.
Bill
-Bueno esto… Bill, va, dame un beso. – exclamó. ¿Seguro, inseguro? No lo sabría decir. De hecho ahora no sabría contestar a nada. Mi mente se había fugado con mi cordura y realmente ahora yo no era yo. En esos momentos mi corazón era lo que iba más deprisa que todo, era lo único que se oía. Mi mente estaba en silencio, había dejado de pensar para abandonarse a cualquier otra cosa. No quería procesar información. No quería que esta situación se juntara con la razón. Con lo que está bien o mal. Simplemente actuar.
Eso debía hacer.
Los ojos de Tom me miraban con seguridad, pero en el fondo de esos pozos de color marrón se le notaban que estaba acojonado. Aunque algo me decía que era mi propio reflejo.
-Bill… Vamos tío. – lo miré tan fijamente que el fondo empezó a difuminarse. ¿Enserio me estaba diciendo eso? ¿Enserio quería que le besara? Sí. ¡Sí! ¡Sí quería!
Pero… ¿Quería yo?
¡No! ¡No quiero pensar!
La figura de Tom se aproximó a mí y noté como colocaba una mano en mi cintura. Ahí si noté que su pulso temblaba un poco.
-Sí sí… -dije casi sin saber que decía. Casi sin saber en qué año vivía. Respondía por responder. Ahora como ya he dicho, mi mente se había ido de vacaciones.
Tom ladeó la cabeza a un lado mientras sus pupilas se clavan en las mías, amenazantes, advirtiéndome. Advirtiéndome de que me iba a besar. ¡Que de verdad lo iba a hacer! Que mi sueñ…pesadilla, se iba a hacer realidad.
Vale, empezaba a hiperventilar notoriamente y me faltaba el aire. Empecé a notar mucho calor y las ganas de salir corriendo iban en augmento. Me estaba mareando. Me estaba entrando un yuyu… ¡Me faltaba el aire! ¡Oh dios!
-Bill tranquilo. Que ambos hemos dicho que no es nada. – me susurró a dos segundos de mis labios. ¡Abría notado mi nerviosismo? ¿Habría notado mi ataque de estrés? ¿Le daba igual? ¿Sí verdad? ¡Me apoyaba! ¡Estaba de mi lado! ESTABA a mi lado.
Y yo lo único que debía hacer era… dejarme.
Dejarme besar.
Vale Bill, te estás rayando mucho… ¡Es un pico! ¡Eso no tiene emoción, no dura nada! ¡No te pongas más nervioso por algo así!
Tom estaba a medio centímetro de mí y cuando supe que ya no había marcha atrás, también coloqué bien mi rostro para que encajaran perfectamente los labios y nos besamos.
Ambos pusimos los labios y ambos nos besamos el uno al otro. Un pico realmente compartido. Ambos notamos al otro… Ambos estuvimos más de dos segundos sin querer separarnos.
Ambos notamos que el corazón nos iba a mil por hora. A ambos se nos paró el tiempo.
Bueno, a ambos no sé, la verdad. Pero a mí sí. Y sinceramente, no me quería ni separar de él. ¿Quería continuar el beso? Yo… Sí. Creo que sí.
Ay dios mío Tom… ¿Qué has hecho conmigo?
Georg necesito hablar contigo.
Finalmente y con lentitud nos separamos, notando que nuestros labios se separaban aún sin quererlo realmente. Y aunque el beso había sido una mierda, temporalmente hablando, se me había hecho hasta largo. Largo en el sentido bueno de la palabra… Perfecto.
Joder Bill, ¿Te gusta Tom? ¿Es eso lo que me pasa? ¿Realmente me gusta Tom? ¡Tenía que hablar con Georg ya!
Abrimos los ojos al mismo tiempo y nos separamos medio centímetro. Nuestras miradas encajaron y al instante sonreímos mientras nos separábamos rapidísimamente. Avergonzados, rojos, ruborizados.
-¿Ve-veis? – dijo Tom, sonriente, radiante. – un beso es… sólo un beso. Todo depende de la importancia que le quieras dar. -esas palabras… Me hicieron estremecer.
Las caras de todos fueron… para hacerles una foto. Casi me entra la risa floja de verles tan embelesados y flipando.
.
A la hora de la cena no dije ni una puñetera palabra. De hecho lo único que hacía era remover la comida que había en el plato y observar discretamente como Tom disimulaba que también me observaba.
Esa noche… Tampoco podría dormir.
Bill
En un arrebato de indecisión acerca de qué hacer con el tiempo muerto que me esperaba esta noche, que tras haber vivido un beso con el chico que me atormenta, seguro pasaría en vela, decidí indagar en el pasado.
Me acerqué a mi segunda maleta y saqué una bolsa donde tenía una carpeta. En ella había muchas cosas, de hecho tantas cosas que no se podrían mirar todas. Quizás eso no importa, quizás lo que es importante es fijarse en los detalles que hacían de mi pasado, un pasado al que recordar sin miedo.
Pues muchas veces, hay gente que tiene miedo de dar la espalda al presente y fijarse en aquello que hizo una vez, en aquello que ha hecho que su presente sea como es. Puede, que el hecho de no pensarse las cosas dos veces antes de hacerlas, hace que tu “hoy” no sea como de pequeño sueñas. Pero puede que el hecho de lanzarse a la piscina sin pensarlo, sin sacar conclusiones que te hagan echarte atrás, sean las que te den un motivo por el que seguir luchando, al pie del cañón. Aunque con diecinueve años no tengo ni voz ni palabra como para poder decir estas cosas he de confesar que hay temas en los que uno no sabe que hacer, y no sabe qué pensar… He tenido la inmensa suerte de haber tenido una vida que no me ha dado elecciones difíciles, ni dilemas morales complicados como, para que el hecho de escoger entre algo y algo, me suponga una pérdida tan grande que te duele eso, mirar atrás, y ver, que si hubieras escogido el otro camino, ahora… Nada sería como es.
Supongo que ahora me hallaba en un momento, que aun sin llegar a tales medidas, se le asemejaba a mi punto de vista. Es posible que yo ¿Sienta algo por un chico? ¿Qué debo hacer? ¿Hacer caso omiso o… por el contrario, dejarme llevar hasta saber dónde me puede llevar?
Mi carpeta estaba hasta arriba de dibujos de cuando era más pequeño, o de cuando empecé mi bachillerato. Me hacía gracia descubrir los enormes fallos que había aprendido a corregir a lo largo de los años, y lo mucho que en aquel entonces, me costaba encontrar cuando me decían que estaba mal.
Cosas a carboncillo, cosas con grafito de un único color, a lápiz normal, a sombras, dibujos de cubos simples, montajes de cubos más complejos… Todo ello era la unión de mis primeros trabajos de bachillerato. ¿Por qué la llevaba encima? Porque me hacía sonreír.
De hecho es un peso innecesario a los ojos de personas que no creen en que, el hecho de reírse del paso, es bueno.
Las hojas pasaban y cada vez veía más dibujos de cosas de fuera de horas escolares. Garabatos de dibujillos manga con tres personajes centrales; yo, Ash y Georg. Incluso pequeños cómics que hacíamos en las horas aburridas en las que montábamos nuestras propias paranoias y nos sumergíamos en un mundo en que el poderoso Georg tenía que salvar a la princesa Ashley de las grandes ymasculinasgarras de Bill,el machotemalvado.
-Jajajajajaj – me reía yo solo. ¡La de veces que me picaba con el tema de que parezco una chica! ¡Si tenía que remarcar mi hombría por todas partes! ¡Ni me acordaba de ese detalle!
Vale, ahora no es que haya cambiado mucho la cosa, pero antes era aún más exagerado incluso.
También descubrí que tenía guardadas en la carpeta, pequeñas y largas conversaciones que manteníamos en clase los tres. Conversaciones en las que cada uno tenía un bolígrafo de un color diferente y íbamos poniendo cosas, después pasábamos la hoja al siguiente y este contestaba, hasta volver de nuevo a ti.
Madre mía, eran tiempos brutales.
De pronto un montón de recortes de revista inundaron mi vista. En ellos había diferentes personajes famosos a los cuales les habíamos pintado la cara. ¡Pero hacía ya mucho tiempo de esos personajes! Beyonce, Rihanna, incluso la Hannah Montana esa, aparecían llenas de bigotes improvisados o con barba de tres días… Otra paranoia monumental fue aquella en la que pillamos una foto del Papa y le marcamos un buen paquete. “¡Mas quisiera él! ¡Seguro que la tenía pequeña y por culpa de su padre! La genética es muy mala”. Palabras textuales que había escritas al lado.
-Jajajajaj ¡Dios mío! – y nunca mejor dicho – ¡Qué mal estábamos!
De pronto un documento que no identifiqué a primera vista me llenó de curiosidad. Era una carta. O eso parecía, puesto que parecía un relato.
”Es posible que no le hagas mucho caso a este trozo de papel con un par de palabras, pero…
Aunque me lleve tres días entregártelo por puros nervios, te la daré, lo juro.
No sé si te has dado cuenta, pero llevo muchísimo tiempo que siento arder el mundo cuando te veo aparecer, o siento que mi pulso aumenta por segundos en cuanto se que vas ha parecer al girar la esquina. Me muero en deseos de que llegue el próximo día para volver a mirarte, porque siento que cada día me enamoro más y más de ti.
Y lo peor de todo es que no llagarás nunca a comprender el sentimiento que albergan estas palabras, porque cuanto más tiembla el bolígrafo a la hora de escribir, más cuesta sacar esas palabras de dentro, y tú te niegas en rotundo a aceptar el amor. Ahora mismo, estoy hecha un matojo de líos y me muero de vergüenza de pensar qué pueda pasar cuando la leas y me contestes. Sé que me rechazarás, y sé que no sientes ni una cuarta parte de lo que yo siento, pero aunque me lleve un mes de no hablar contigo como castigo, me arriesgaré. Porque aunque no consiga nada, al menos lo habré intentado. Porque por ti siento que lo arriesgaría todo…
No tienes ni idea de lo que me está costando explicar esto, y cada una de las lágrimas que me trague a partir de ahora, o que se verán reflejadas en este folio con una mancha oscura serán el reflejo de ello, pues en mi vida me había enamorado así.
¡Es tan bello querer respirar siempre tu aire! ¡Es tan precioso sentir que me derrito totalmente al oír tu risa! ¡Al verte sonreír!
Incluso el ponerse nerviosa cuando te tengo enfrente es algo que no cambiaría por anda del mundo. Tartamudear al hablarte, y ponerme roja cuando se que te diriges a mí.
No llegaré a entender cómo llegaste a influir tanto en mí, quizás el amor a primera vista si existe, y aunque a principios de este curso hemos hablado ya bastante aún siento que estás muy lejos de mi alcance. Ojalá algún día seamos amigos de los buenos. ¡Y he de decir que ese amigo tuyo, Georg, es simpatiquísimo! Aunque tartamudea un poco cuando me habla pero bueno, ¿será normal, no?
Me has prendado de tal manera… Aún no me lo creo. ¡Y sólo hace un mes que empezamos juntos el bachillerato! Pero joder… Bill, eres precioso, eres increíble, gracioso, me haces feliz a cada instante.
Me gustaría darte un abrazo y no soltarte nunca.
Me gustaría que me dijeras todo esto a mí.
Y sé que me tocará vivir la parte mala de esta etapa. Porque aunque no te guste nadie a tales medidas como para enamorarte, cada vez que te veo babear por la rubia de segundo, me entran ganas de matar a alguien… Bill, está saliendo con el chico más increíble de todo el instituto… Dudo que pase algo.
¡Sí, soy celosa! ¡Jamás lo había sido! Pero Bill, me has cambiado totalmente. ¿Qué has hecho conmigo?”
¿Por qué tengo la jodida sensación de que todas estas sensaciones me suenan? ¡¿Por qué coincido con todas y cada una de las confesiones?!
”¿Sabes? Al principio me era muy difícil aceptar que estuviera pensando en ti las veinticuatro horas del día, porque yo misma me decía a mi misma: ¿Qué haces? ¿Por qué te pillas por alguien? ¡Gustarte alguien es de bobadas! Lo único que hace es desconcentrarte…
Pero joder… ¡Me era imposible esquivarte cuando me hablabas y sonreías! ¡Necesitaba verte a todas horas! ¡Necesitaba buscarte a todas horas! Y no sé porque… ¡Aún no sé porque! ¡Era una fuerza que tiraba de mí!”
Una fuerza que tira de ti… Una fuerza… ¿Qué es esa fuerza?
Pero no quiero darle más vueltas a la cabeza… Lo que es… es. Y no hay más. Ojalá algún día te enamores. Ojalá algún día te falte la respiración al ver a esa persona con la que sueñas a todas horas. Ojalá algún día me entiendas.
Te quiere,
Ashley
¡¡OH DIOS MIO!! ¡La carta que me escribió Ash al principio de todo! ¡En la que se me confesaba! No me acordaba de ella… Yo… ¡Joder! Recuerdo como le dije que no sentía lo mismo por ella. Recuerdo como me miraba desde abajo con la frente arrugada y con unas futuras lágrimas que se derramarían por su rostro momentos más tardes. Lo que también recuerdo es cómo le pedí que si me podía quedar la carta. Realmente me gustaron las palabras. Aunque no entendía ni la mitad de sensaciones.
Y eso es lo que más me asusta. Que ahora, es mi pulso el que tiembla con cada una de las letras escritas, que ahora soy yo el que vive todas estas frases redactadas a dolor y conciencia.
Ahora, soy yo al que se le oprime el pecho por alguien.
Sí, yo.
Debería lanzarme a la piscina. Debería dejarme llevar.
Mañana intentaré que el hecho de que sea un chico esa persona especial no me afecte.
Tom… ¿Te quiero?
Continúa…