«As the lights go down» Temporada I
Capítulo 11
“The door was open and the wind appeared
The candles blew and then dissapeared
The curtains blew and then he appeared
Saying don’t be afraid”
El pelinegro se encontraba hecho un ovillo en la cama de su hermano mientras cantaba en débiles susurros para intentar calmarse. Las lágrimas caían por su rostro llegando a perderse sobre el cubrecama.
¿Cómo había llegado a eso? ¿Qué demonios le había pasado a Tom? Esa no era la misma persona con la creció y amó con todo su ser. Esa persona era un monstruo, era como si estuviera poseído por el mismísimo Lucifer. Ya no sabía que hacer, tenía miedo, mucho, de la persona que muchas veces juró protegerlo aunque tuviera que dar su vida.
¿Qué hizo que Tom cambiara tanto? ¿Qué le había sucedido en esos siete años de ausencia?
Por más que pensara en las posibles razones no llegó a nada y poco a poco fue quedándose dormido, aislándose por un momento de la pesadilla que estaba viviendo.
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– Estoy harto de ti, Gordon – gritaba Tom subiendo las escaleras de la casa – De vivir aquí, en esto a lo que le llamas casa, estoy harto de tu forma de ver la vida, de tus fracasos, de la manera en la que lentamente nos llevas a la ruina a todos – seguía diciendo mientras entraba a su habitación.
– Lamento no ser el padre perfecto, lamento no poder darles las cosas que quisiera – gritaba Gordon caminando detrás de su hijo mayor – Pero lo importante es que estamos juntos y los quiero.
– ¿Y eso de qué nos sirve si casi ni tenemos qué comer? ¿Ya viste lo delgado que está Bill? El pobrecito está en los huesos – gritaba encarándolo – ¿Y de qué sirvió el “gran amor” que le tenías a mamá? ¿La salvó? ¡Está muerta… Está muerta por tu culpa!
– Pues esta es nuestra vida y si no te gusta te puedes largar cuando quieras, ya quiero ver cuánto sobrevives – dijo Gordon saliendo de la habitación
– ¡Jódete, Gordon! – gritó Tom
El joven de rastas rubias sacó un enorme bolso y lo colocó sobre su cama, en él comenzó a meter su ropa y otros objetos de gran valor para él sin darse cuenta que era observado por su hermanito menor, quien estaba llorando parado en la puerta.
– ¿Tom, qué estás haciendo? – preguntó sollozando
– Bill – susurró – Ven aquí
Su hermano no esperó segunda orden y corrió hasta llegar a su altura viendo con horror el bolso que alistaba el mayor.
– Tom – susurró el pelinegro – No te vayas – le pidió abrazándole fuertemente escondiendo el rostro en su cuello
– Bill – suspiró Tom correspondiéndole el abrazo dándole besos en la cabeza – No llores
– Por favor Tomi, te necesito – lloró en el cuello de su gemelo
– ¡Mírame! – le mandó el de rastas tomándole el rostro con ambas manos – Ven conmigo Bill, yo también te necesito
Vio como su hermano se separaba de él mientras negaba frenéticamente con la cabeza – No Tom… No puedo hacerlo – susurró saliendo rápidamente de la habitación.
Tom sintió como su corazón se partía en miles de pedazos en ese momento. Su hermano, su alma gemela le daba la espalda, lo traicionaba por segunda vez. Eso causó que todo el amor y bondad dentro de Tom desapareciera dando paso a rencor, ira y odio.
Terminó con su bolso y tomó el estuche de su preciada guitarra, salió de su habitación y bajó las escaleras topándose a Gordon y a Bill a los pies de ella.
– Papá – chilló el menor detrás de él suplicándole con la mirada que detuviera a su gemelo
– Él ya ha tomado una decisión Bill – dijo Gordon seriamente
Tom pasó de lado ignorándolos completamente, pero al llegar a la puerta se volteó y les miró fijamente.
– Los odio, no saben cuánto los odio – soltó con voz llena de rencor – Espero no saber nunca más de ustedes
– ¡TOM! – gritó el pelinegro
De pronto todo a su alrededor comenzó a girar, desvaneciéndose y quedando todo en blanco dejando al moreno confundido y asustado. ¿Dónde estaba? Él ya no era el niño de 15 años, ahora era el Bill de 22 años, el Bill del presente.
Miró a su alrededor buscando algo que le explicara qué estaba sucediendo, nada… no había nada, solo estaba él rodeado de una cegadora blancura. De pronto escuchó un susurro a su espalda que le crispó los nervios.
– ¿Bill?
El pelinegro volteó lentamente muriendo de miedo y lo que vio le dejó petrificado. Su hermano, Tom. Tenía la cara bañada en lágrimas y portaba una mirada suplicante y de desesperación, respiraba con dificultad y temblaba. Bill bajó la mirada poco a poco, escudriñándole hasta que vio que su gemelo se tapaba el vientre con las manos cubiertas de sangre.
– Tom – susurró Bill muy asustado
– ¡Ayúdame Bill! – pidió El mayor
&
El pelinegro despertó de golpe, agitado, sudoroso y llorando ¿Qué había sido eso?
Intentó calmarse respirando profundamente y pasando sus manos por su rostro, hasta que se fijó en la puerta, más bien en quién estaba en la puerta. Aunque estuviera oscuro podía reconocer esa silueta, la conocía tan bien.
– ¿Tom? – susurró
Pero no obtuvo respuesta, solo vio como el cuerpo de su hermano se desplomaba sobre el suelo provocando un ruido sordo. Bill se alarmó y se levantó de golpe de la cama dando rápidamente con la luz para poder ver mejor.
Vio como su hermano comenzaba a tener ligeras convulsiones y empezó a toser sangre para luego darle paso al vómito.
– ¡Oh por Dios Tom! – gritó Bill corriendo hacia él, se arrodilló a su lado y pudo apreciar de cerca su aspecto.
Estaba sudoroso y muy pálido, su rostro presentaba varios golpes y sus pupilas estaban dilatadas a más no poder y en sus manos… sangre ¿Su sueño había sido un presagio?
De pronto el mayor dejó de vomitar, lo cual Bill aprovechó para levantarlo y apoyarlo en su regazo, al hacerlo pudo notar que tenía manchada la camiseta, la levantó con miedo y pudo observar la sangrante herida que tenía su hermano en su vientre.
– ¿Por Dios Tom, qué has hecho? – preguntó Bill rompiendo a llorar
– Lo siento… Bill – susurró Tom con esfuerzo – Perdóname
De pronto, Tom comenzó a respirar con mucha dificultad, tomaba grandes bocanadas, pero el aire no lograba llegar a sus pulmones, se estaba ahogando y Bill al verlo así, se alteró.
– Tom no… –
Rápidamente el menor comenzó a buscar el celular de su hermano en los bolsillos de su pantalón, cuando dio con él, alegrándose de que no tuviera clave, marcó con sus dedos temblorosos 911. Después de unos segundos una mujer habló.
– “911 ¿cuál es su emergencia?
– Soy Bill… Bill Kaulitz… mi hermano… creo que está sufriendo una sobredosis – decía torpemente el moreno – Y tiene una herida en su vientre… estamos en Mitte, calle Tieck, casa número 236… por favor, vengan rápido está muriendo – sollozó
– Señor Kaulitz, mantenga la calma, la ayuda va en camino – le anunció la mujer
– Rápido, por favor
El pelinegro dejó el móvil a un lado y colocó a su hermano en el suelo, salió corriendo hacia el baño de la habitación y volvió con el botiquín. Se volvió a arrodillar a lado de su gemelo, tomó un gran trozo de gaza y la colocó contra la herida del vientre arrancándole un desgarrador grito al mayor.
– Lo siento, lo siento – sollozó quitando la mano – Está sangrando mucho, perdóname – La ayuda ya viene en camino – susurró acariciándole la frente – Resiste un poquito más ¿Sí?
– Bill – jadeó Tom
– Shh, estoy aquí Tom – le calmó acariciándole la mejilla
– Lo… lo siento, Bill – volvió a jadear cerrando los ojos
– ¡Tom no! ¡No te atrevas, abre los ojos! – le mandó, él mayor le obedeció con gran dificultad – Tom, por favor, no… no te atrevas a dejarme ¡Mírame! – lloraba tomándole el rostro con ambas manos – Tengo mucho miedo Tom, por favor, quédate conmigo – le pidió dándole un beso en la sudorosa frente
– Bill… –
– Yo no quería… no era mi intención decirte que… no mueras por favor – lloró apoyando su cabeza contra el pecho del mayor, su corazón parecía que explotaría en cualquier momento – No me dejes solo Tom… tu no… no quiero perderte a ti también…
– Lo… siento… Bi…
– ¡No Tom! ¡TOM!
Continúa…
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