Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed
Capítulo 11: Hoy me has hablando en sueños
Miércoles – 8/07/09
Bill
Al pasar por delante de la mesa de profesores y toparme con tres miradas totalmente distintas se me hizo una especie de triple flashback que me dejó paralizado un instante.
La primera persona a la que vi fue a Dawn. Dawn… Ella me miraba con una mirada distante, perdida, con melancolía y cansancio. Quizás de esperar un mínimo interés por mí parte en su persona. Quizás de esperar una señal de amor que hacía que fuéramos una pareja. Quizás de insistir tanto en que me fijara un poco en ella. Quizás de maquillarse tanto y ponerse tan guapa para mí y que yo no le comentara nada al respecto… Quizás de mí. Pero al mismo tiempo sin ganas ni voluntad de irse de mi lado.
Y yo no sabía qué hacer. ¿Debería contarle lo de Ash? Ella debería saberlo, pero joder… ¡Georg también debería saberlo! Quizás debería decirle solo que “he estado con otra chica”. No joder, ella no se lo merece. Ella no puede estar con un chico como yo. Y yo… no debería dejar que la gente se enamorase de mí. Porque después siempre sale todo mal. Yo no estoy hecho para que me quieran. Siempre hay alguien llorando.
He de hablar con ella… Sea como sea. Y contarle “la verdad” o como mínimo, parte de ella.
El siguiente rostro fue el más chocante para mí. El padre de Tom, Jörg, también me saludaba. Y no sé cómo ni porque pero me sentó raro. Incluso habiendo mantenido ayer tarde una conversación con él… Una conversación que no podría olvidar.
Flash Back
Eran las seis de la tarde y Tom andaba perdido por ahí, de tal manera que por muchas vueltas que daba no lograba encontrarle. Y eso me exasperaba. ¡Necesitaba verle! ¡Necesitaba saber si de verdad aquello que pensé ayer noche era real! ¿De verdad me estaba enamorando? Quizás sí… Y era un “quizás” en el tono mas asustadizo que se pueda imaginar. No quería comprobarlo pero, ayer me juré que observaría mi situación desde un puto de vista subjetivo, como si Tom fuese una chica. Como si esto que me estaba pasando me pasara con una mujer. ¡A ver qué coño me pasaba!
De verdad que juré comprobarlo.
Daba vueltas sin sentido, casi sin fijarme a dónde mis pies me llevaban, sino a donde mi cerebro me conducía, pensando: ¿Estará cerca? ¿Habrá pasado por aquí? ¿Estará muy lejos?
Lo sé, absurdo. Tom me gusta… Sí, me gusta. ¡Acéptalo Bill!
-Me gusta… Me gusta…
Me repetía en voz alta, como si se tratara de un examen que me preguntaban al día siguiente. Como si una lección del libro de texto se tratara.
Pero esas palabras, son aquellas que por mucho que las digas en voz alta nunca se te quedan y que encima… Siempre te acaban preguntando.
-¿Te gusta? ¿Quién te gusta? – una voz de fondo me sacó de golpe de mi examen mental.
Me giré de pronto encontrándome un rostro mayor, no demasiado, pero lo suficiente como para darle los cuarenta. Me quedé sorprendido viéndome de frente con el padre de Tom. ¿Jörg…?
-¿Qué, qué? Esto… – ¡y ahora que le digo! ¡No solo no recordaba no haber hablado nunca con él, sino que estaba hablando de su hijo! – pupupues… nadie… Ya sabe… cosas de los jóvenes…
Me miró sorprendido y puso cara de ofendido. Después de dudarlo un momento me rodeó con un brazo y con la otra mano me lo pellizcó. Se le notaba tenso igualmente.
-Ehhh… ¡Qué yo sigo siendo un chaval! – bromeó con una sonrisa en la boca. Qué simpático. Aunque bueno… no se qué coño quiere conseguir con todo esto. Me separé sin que se notara mucho el poco interés que tenía por nuestro contacto y quedamos uno frente al otro.
Por un instante creí reconocer a alguien en él. Aunque solo por un instante. Después, esa imagen clara que se me había formado en mi cabeza se desvaneció como el humo. Bueno, es el padre de Tom, seria eso.
Y como si el destino quisiera, nos sentamos uno al lado del otro en la tierra. Mierda, después siempre acabo con mis pantalones negros hechos un cromo, casi con barro y hierva.
-¿Sabes?, creo que tu eres el chico que va siempre con mi hijo… –dijo como quien no quiere la cosa, mirándome amigablemente. Abrí tanto los ojos que debí parecer gilipollas. – eheh, tranquilo. No pasa nada. Ya me parece bien. Todos estos años lo único que hacía era ir con chicas de aquí para allí. Y la única vez que le veía con compañía masculina era cuando estaban en el grupo ensayando, con Gustav.
¿Siempre le veía con chicas?
-¿Siempre estaba con chicas, Tom? – no me aguanté de preguntar. No puede. Noté que algo empezaba a arder en mi interior, y no supe descifrar que era eso que sentía…
Jörg ensanchó la sonrisa, como si estuviera orgulloso.
-Sí bueno… Sólo espero no acabar abuelo tan joven. – abrí la boca indignado. ¡Así que era un mujeriego! ¡Un puto mujeriego! Se me pasaron por la mente un montón de imágenes grotescas, con Tom en la oscuridad y un montón de chicas sin rostro pidiendo que les diera más fuerte. ¿Y si… Y si solo quiere embaucarme? ¿Y si todo este jueguecito de miradas, palabras provocadoras y abracitos es sólo un cebo para ponerme también en su lista? ¡¿Y si ahora se está follando a una y por eso no lo encuentro?! Arrugué el ceño notoriamente durante un segundo, hasta que me di cuenta que él había cambiado si expresión. -¿Porqué lo preguntas? – me dijo extrañado, alzando una ceja. Ai dios ¡Este se huele algo!
-No, nada… Y sí. Soy yo el que va con tu hijo. Me llamo Bill – dije mientras extendía mi mano y se la daba. Me miró pensativo durante un segundo y entonces me la estrechó fuertemente. Pero en el último instante, justo cuando nos separábamos juraría que había notado un amago de caricia, una caricia… ¿nostálgica?
-Ya lo sabía, ya le había preguntado a mi hijo sobre ti, pero ahora mismo no estaba muy seguro de que fueras o no fueras tú… -dijo excusándose.
-Ah, ¿Ah sí? – ¿habían hablado de mí? De pronto ese órgano llamado corazón empezó a latir más fuerte – ¿y… qué dijo?
-Puees… – no sabía que contestarme. ¡Claro que no lo sabía! ¿Qué clase de pregunta es esta Bill? ¡Que es su padre! – No sé, que eras simpático y eso. Yo que sé, lo típico de amigos. – contestó mientras se sacaba un cigarro del bolsillo. Medité mientras se lo encendía. Tanto tardé en decir algo en claro que cuando echó el humo por la boca me miró esperando una respuesta.
-Pues… Sí… É-el también es muy simpático.
Casi no me dio tiempo a acabar la frase que me cortó.
-¿Oye, te puedo hacer una pregunta? – me miró directamente, sin tapujos. Su mirada se iluminó momentáneamente por el brillo de cigarro.
Se me cortó la respiración. Mierda, mierda, mierda. ¡Me ha calado! ¡Vale, invéntate una excusa! ¡Rápido Bill!
-Esto… sí claro, dispara. – nono, no dispares. Tú tómate tu tiempo.
Cogió aire notoriamente durante unos segundos. Ai madre, parece que es algo difícil de contar. “nono, no hay nada entre su hijo y yo… Es solo… bueno, creo que él me gusta” Vale, no puedo decirle eso. He de pensar mejor. Vamos Bill, demuestra que puedes pensar.
-Es que llevo un par de días observando y bueno… Me recuerdas muchísimo a una amiga mía de hace muchísimo tiempo. Dudo que ella se acuerde de mí siquiera. Y tampoco quiero que la molestes conmigo si es que de verdad la conoces pero… ¿Tu… tu madre cómo se llama?
Me quedé totalmente descolocado, sin saber qué decir. ¿Había escuchado lo que acababa de escuchar? No me estaba preguntando nada que tuviese que ver con Tom… De hecho ni siquiera nada que tuviese que ver con el campamento ni sus posibles monitores.
Tardé un poco en recopilar toda la información y en decir algo.
-Simone…
Cogió aire fuertemente y finalmente lo soltó en una sonrisa, en una forzadísima sonrisa. Preferí no preguntarle.
-Vaya… Pues yo… Yo conocí a tu madre chaval. – me dijo dándome un par de palmadas en el hombro.
Lo miré atónito. ¡Vaya! ¡Qué fuerte! ¡Mi madre y el padre de Tom se conocían! El momento se me tornó rosa de pronto.
-¿Enserio?-dije eufórico. -¡Cómo mola! ¿Y cómo os conocisteis?- las sensaciones me habían cambiado de pronto. Casi se me había olvidado la posible “utilización” por parte de Tom a mi persona. ¡He dicho casi! La imagen de mi madre y su padre tomando un cubata o un café, se me antojó de lo más adorable y me acaparó todo el pensamiento.
-Pues bueno, en la escuela secundaría. Era una compañera de clase mía. Alguna vez nos había tocado hacer algún que otro trabajo, juntos. Pero bueno, ella ni se acordará de mí. – imaginé a mi madre y al padre de Tom con una enorme cartulina de algún color vistoso haciendo un título en grande para presentar algún trabajo oral y exponerlo en clase. Me los imaginaba discutiendo por qué imágenes pegar y qué poner en cada una de las cartulinas. Incluso en mi imagen mental salía el momento de la exposición, en la que alguno de los dos se quedaba en blanco delante de toda la clase
-¿Y porqué dejasteis de ser amigos? –la idea de que hubiese habido una amistad así en un pasado que ahora no estaba, sonaba demasiado triste.
-Bueno, si te soy sincero me fui yo, porque ella no me hacía caso. – lo soltó hasta cómico, como si las heridas del pasado ya se lo hubiesen cerrado y ahora solo eran anécdotas de las que reírse. – Yo me enamoré mucho de tu madre… Pero ella no me quería. Ya sabes, cosas de jóvenes. -repitió mis palabras.
¡Pero qué es esto! ¿Acaso viene de herencia familiar dejarme mal o qué? Dios, como se notan que son familia…
Igualmente me interesó todo aquello que me decía.
-Vaya, qué fuerte… Si le hubieras gustado lo mismo ahora tú serías mi padre.
Jörg parecía divertido.
-¿Sí, no? Ironías del destino… -parecía mofarse de todo ello. Era graciosa la situación.
Pero dejé de sonreír en cuanto un pequeño detalle se me cruzó por la mente. En cuanto el recuerdo de un rostro suave y prácticamente perfecto, me inundó el cerebro, una vez más. ¡Tom!
-Ala, pero si tú hubieras sido mi padre… Tom ni hubiera existido. -mi voz sonaba fúnebre y el hecho de que realmente Tom no hubiera llegado a estar en este mundo me aterraba y me ponía los pelos de punta.
-Sí bueno… Cambiemos de tema, anda. Esto se está volviendo muy raro.
-¡No no! Yo quiero seguir hablando de esto. Es entretenido y siempre me ha gustado escuchar las historias de los demás. Adoro cuando alguien tiene algo que contar. ¿Cómo te enamoraste de mi madre? Se me hace raro hablar de esto porque, bueno… es mi madre y eso, pero ¿Qué te gustó de ella? – observé atento sus movimientos y sus palabras.
-Pues yo que sé… No tenía ni tu edad cuando me gustaba. Ya te he dicho que era en la escuela secundaria. Yo salí de ahí con los dieciséis… Y tu madre me debía gustar pues a los… ¿Catorce? Sí, una cosa así. Chico, hace mucho tiempo, no le des más vueltas a la cabeza. Supongo que porque era guapa y punto. Aunque he de admitir que tenía una sonrisa radiante, que has heredado.
Arrugué en ceño, medio decepcionado.
-Vale vale, ya no digo nada más… -me había quedado trastocado y no sabía que más decir para romper esta tensión tan fuerte que se había creado en un momento.
-Y a ella… ¿Cómo le va? –parecía que le costaba hablar.
Medité unos instantes.
-Pues le va bien y eso. No sé… Consiguió ser doctora de hospital pediátrico y no se… No la veo demasiado, porque trabaja mucho, pero ella está contentísima con su trabajo.
-Vaya… -parecía impresionado, y feliz incluso de oír esas noticias -¿Y como que se metió a doctora pediátrica? Jamás me contó nada al respecto de esos planes de futuro.-comentó extrañado.
-Ya bueno, es que tiene una especie de “trauma” – Jörg me miró interrogante – se ve que cuando yo nací la mujer que había al lado de mi madre había tenido gemelos –la mirada se le quebró un instante- y bueno, se ve que los del hospital habían tenido problemas o algo raro… Y uno de los dos niños se murió. -los ojos de Jörg esta vez se mantuvieron impasibles, fijos en un punto en el suelo. – Se ve que la marcó tanto el llanto y la desesperación de aquella madre que desde entonces no tuvo otro sueño que el impedir que esto jamás volviera a pasar. Bueh, ya sabes, mi madre es un poco peliculera.
El padre de Tom asintió sin más.
-¿Y qué tal con tu pa-padre? –parecía que realmente estaba interesado.
-¿Mi padre? Yo no tengo de eso… Nos abandonó cuando yo tenía cinco años.
Por un momento se me oscureció el mundo. Recordar las noches de llanto de mi madre por culpa de ese cabrón que la dejó tirada sin ningún tipo de explicación, había que se creara un agujero negro en mi estómago, y este doliera más y más.
-Vaya… – por un instante, creí ver en Jörg, una mirada de “no me esperaba esa respuesta”. Bueno, supongo que nadie se espera que alguien le cuenta que lo abandonó su padre de pequeño. – Lo siento chico. –me dijo sin más.
Yo me levanté y sin despedirme con nada más que una mirada, me largué de ahí.
Fin Flashback
La última mirada de la mesa de profesores, y la que no podía evitar ni aún queriendo, era la de mi rubio y lleno de rastas, Tom. Me sonreía desde una mirada baja y ladeaba la boca, con un gesto que escandalizaría a cualquier chica. Ayer pasé un día… Creí que me desmayaría cada vez que dirigía sus ojos a los míos. Estuvimos con su guitarra y bueno… Aunque no me atreví a cantarle nada, le prometí que le enseñaría alguna de mis creaciones. Igualmente me deleitó con su preciosa música y su dominio de la guitarra, moviendo los dedos frenéticamente y con mucha maestría. No sé porque, pero eso me había puesto bastante malo… Pero malo, de… Sí, de cachondo.
Flash Back
Tenía la mala leche pintada en la cara, hablar con Jörg me había puesto de los nervios, no soportaba que nadie me hablase de ese capullo que dejó preñada y abandonada a mi madre cuando vio la oportunidad. Avanzaba y le iba dando puñetazos a los árboles, patadas a las piedras, y me mordía la mandíbula hasta notarla tensa del todo. Necesitaba algo para distraerme… ¡Necesitaba algo que me sacara ese tema de la cabeza!
¿Qué me podría distraer tanto como para olvidarme? ¿Qué me podría alejar de la realidad tanto como para no preocuparme de nada?
Muchas veces me habían dicho que el amor era lo básico en esta vida, que era lo que te hacía sentirte libre y fuera de tensiones, que el estar con la persona a la que amas es lo que te hace disiparte del resto del mundo y borrarte todas y cada una de tus preocupaciones… Pero para que eso pase, has de tener a ese alguien. Y aun teniendo ese alguien hay que estar enamorado, y yo podía tener tantos “alguien” como quisiese que no encontraba la persona perfecta. Ni siquiera mi Dawn me llenaba de esa manera.
-Tom…- exclamé en voz alta, pero bajito.
Mis ojos se abrieron como platos. ¡¿Enserio he dicho lo que acabo de decir?! ¡No me lo puedo creer! ¡Pero si ni tan solo estaba pensando en él! Joder, mira que me han dicho veces que cuando alguien te gusta a veces dices su nombre en voz alta aunque no venga a cuento pero…
Vale sí, lo prometí, he de averiguar si me gusta o no. He de hacerlo. ¡He de encontrar a Tom!
Aún así, las seis de la tarde se aproximaban rápidamente y no había indicios de ninguna rasta por la espesura del bosque.
Lo mismo lo que había pensado antes era cierto ¿Y si está con una chica? ¡No me puedo creer que sea tan mujeriego! Bueno, en realidad no se de qué me sorprendo. Se le notaba a leguas. Siempre diciendo lo super “cool” y genial que es con las tías, cómo le van todas detrás. Vale sí, eran indirectas directísimas de su “muy creída hombría” pero, quería creer que no tenía ninguna chica con la que follar mientras no está conmigo… Que si se pone cachondo después de un abrazo no se dedique a buscar números en su agenda. Que se haga una paja como hice yo… Argg… Recordar la escena en la que no había forma humana de que se me bajara la erección era como una tortura. Después del abrazo y de estar dando vueltas en mi cama sin poder dormir y pensando cada momento en cómo de duros tenía los brazos y el abdomen pues… Se me había creado otro pequeño problema. ¡Estuve incluso tentado de llamar a Dawn en medio de la noche! Pero me pareció muy cruel, bueno es que es muy cruel, aparte que era tardísimo. Y si me daba una ducha de agua fría era peor porque después me congelaría por el frío de la cabaña y no dormiría ni aunque me chutara un frasco de somníferos.
Así que tuve que recurrir al antiguo y eficaz método, un par o tres de veces.
¡Cómo me jodió!
Y quiero… quiero que el también pase por lo mismo que yo. Quiero que también se mate a pajas pensando en mí. ¡No quiero que tenga chicas detrás! ¡Tom va a por mí, y por nadie más!
De pronto se abrió la espesura del bosque y vi una cabaña a lo lejos de las que salían tres personas. Tres figuras adolescentes.
Me fijé más, y lo primero que vi y que no pude evitar, fue observar que una de esas personas era… Él. Tom. Noté como el corazón se me aceleraba a mil por hora.
Ese era un signo de enamoramiento ¿no? Sí, supongo que sí.
Llevaba una gran funda de guitarra a la espalda, con su guitarra dentro, supongo. Y detrás de él había una chica que también lucía en la cabeza unas largas y recogidas rastas. Vaya, si era Erika. Y justo detrás, cerrando la puerta desde dentro se despedía de ellos Gustav, el otro profesor, rubio y con el pelo muy corto. Aún no había tenido el gusto de poder hablar con él pero… Parecía la mar de majo. Y me recordaba a ese estilo de amigo como Georg… Quizás ellos dos se llevarían bien.
Estuve a nada de enderezar mi paso hasta ellos cuando de pronto vi como Erika cogía la mano de Tom y la estrechaba con la suya, alzándola en el aire y balanceándola, jugando. Alcé una ceja observando los movimientos, con total desaprobación.
Vaya, esto también parece un signo de algo. Pero de ese algo que no quiero. ¡Se folla a Erika! ¡Seguro!
Y vaya, esto es otro signo de enamoramiento ¿no? ¿Estoy celoso? Se podría decir que sí.
¡Joder, se supone que no me puede afectar! ¡No! ¡No puede! He de resistirme por mucho que…
¡¿LA ESTA BESANDO?!
Sí, lo está haciendo. Cojonudo. O sea, ¿ayer me da un beso y hoy se olvida totalmente? Bueno, ya sé que fue un puto pico sin importancia y que a más totalmente obligado, pero… ¿No se ha rayado ni un poquito? ¿Nada de nada?
¿Por qué solo me importó a mí?
¡Arg! ¡No me puedo creer que le esté metiendo mano por debajo de la camiseta en medio del bosque! ¡Tom, no te dejes sobar el culo de esa manera! La rabia me aumentaba en segundos. En décimas de segundo. ¡En milésimas de segundo!
¡¡No es justo!!
Mierda, sí es justo. Bueno, igual la expresión no es así del todo, porque en veradad, yo hago lo mismo. Representa que tengo novia. Nono, nada de representa, yo TENGO novia.
A más es que no podía apartar la mirada de encima. ¡Es como cuando estas viendo algo asqueroso y te acercas más para verlo! ¿Quizás es que sólo me quiero hacer notar?
¡Buena idea! ¡Bill, haz algo para que note que estás aquí!
Vale ¿Y qué hago?
Me iba apoyando en un árbol mientras iba pensado las posibles posibilidades. Podría fingir un desmayo, quizás le da por hacerme el boca bo… ¡NO! Bueno, ¿Sí? ¡Ag! ¡Bill, piensa menos con la polla, por Dios!
Podría hacer ver que no le veo y paso por delante. Hombre, no es mala idea. Aunque podría ir en plan ”interrumpiendo” diciendo que los niños le buscan. ¿Qué cruel, no? Ja, mejor. ¡Por mujeriego y utilizador! Vale a ver, ¿Cómo me acerco? ¿Cóm…?
-¡AAAAHHHH! – grité. Lo primero que noté fue que no encontraba mi sujeción por ningún lado. ¡El tronco del árbol había desaparecido! ¡Juro que estaba ahí! ¡Antes estaba! Y lo siguiente que recuerdo es un gran dolor en mi trasero. -auuu… -me quejé, tocándomelo y dándole un pequeño masaje. Pero noté algo raro mientras me sobaba el culo. Algo no iba bien. No será que…
Enseguida me miré las manos, alertado.
-¡Mierda! ¡Me he roto una uña, joder! – grité casi sin ser consciente de mi alrededor. ¡Joder! ¡Mi manicura, coño!
Entonces me di cuenta. Volteé la cabeza y me encontré a dos personas mirando en mi dirección. Dos rostros totalmente distintos con unas reacciones totalmente distintas. Primero la miré a ella y vi en su mirada una gran expresión de sorpresa y unas ganas de reír que no podría con ellas, y en Tom vi… Vi que quería salir por patas ya mismo. ¿Tan poco se alegraba de verme? Ah, se me olvidada… Que hasta hace medio minuto estaba muy ocupado.
Le miré directamente y después volví a mirar a mi uña. Joder, se me había partido del todo.
Oí unos pasos acercarse pisando las pocas hojas del suelo y sonreí satisfecho. Ja, fijo que es Tom. No ha tardado nada en venir a buscarme.
-¿Necesitas ayuda?- esa voz me desconcentró del todo. Miré inmediatamente a la persona que me hablaba. Por un momento me faltó voz con la que hablar. Me quedé atónito al cruzar miradas con Erika por primera vez en todo lo que llevaba de campamento. Tenía los ojos muy bonitos y una piel fina. Las rastas eran oscuras pero por las puntas ya las tenía cada vez más claritas de lo largo que tenía ya el pelo. -¿Estás bien? –me dijo al ver que no le respondía.
Asentí mientras observaba como se acercaba Tom, mirando al suelo, a paso lento, y con las manos en los bolsillos. Ella al ver que medio medio ya le había respondido con mi movimiento de cabeza se alejó un poco y sonrió.
-¿Cómo te llamas? –parecía hasta simpática. Aunque nunca se sabe cómo es una persona hasta tratarla bien, incluso habiendo sido grandes amigos te pueden llegar a sorprender de qué manera…
-Bill –otra voz contestó por mí. – ¿Dejándote caer por aquí? – dijo chistoso Tom. Erika empezó a reírse de una manera escandalosa, y yo simplemente le alcé la deja y esbocé una media sonrisa que no me devolvió. El ambiente se había vuelto tenso del todo.
-Si bueno… Te estaba buscando. – frunció el entrecejo sin entender. – me aburría mucho. –me excusé. Pero igualmente este seguía sorprendido. Creo que el beso que nos dimos no le gustó. Y como si una espina se me hubiera atragantado en la garganta empecé a sentir pinchazos por todos lados, y unas ganas terribles de dar la vuelta y dejarle con ella de nuevo. ¿No le había gustado el beso…?
Recuerdo lo radiante que estaba en cuanto no separamos, ese rubor de mejillas que se le había dibujado en el rostro mientras hablaba entrecortándose y cómo le costaba mirarme a mí de nuevo. Era imposible que no le hubiera gustado…
¿Y si lo que pasa es que él está igual que yo? ¡Lo mismo tampoco acepta que pueda haber algo en medio de ambos! Quizás está enfadado consigo mismo porque le gustó demasiado, aun habiendo sido una mierda beso.
Vaya… No somos tan diferentes.
Aunque claro, todo esto son suposiciones Bill, no te emociones antes de tiempo.
-¿Ya os conocíais vosotros dos? – exclamó Erika señalándonos a ambos con los dedos. Nosotros nos miramos a los ojos fijamente. Iba a responder algo cuando de pronto sonó un móvil. Erika lo buscó en sus bolsillos. – ¡Mierda! ¡Ya son las seis! Joder, menos mal que me pongo la alarma que si no… Bueno, ¡me voy! Que tengo clases.
Tom asintió y lo siguiente que vi fue Erika volviéndole a comer los morros. Yo me quedé estático, sin poder mover ni un musculo, como antes, como cuando le metía mano tan descaradamente. Y Tom parecía que no le importara nada que yo estuviese delante. Parecía que esta sonreía. ¿Lo hace para provocarme? ¿Para ponerme celoso? ¡Pues no lo conseguirá! ¡No! No… ¿vale?
¡¡OH DIOS ACABAD YA!! ¡QUE OS DARÁ TIEMPO HA HACER UNA PELI PORNO HA ESTE PASO!
No pude evitarlo y desvié la mirada a otro lado. Creo que hasta estuve aguantando la respiración hasta que no se separaron y ella me saludara con la mano, despidiéndose.
El cuerpo se me había quedado destrozado. No sé porque pero me sentía cansado, e incluso dentro de todo el remolino de sensaciones que habían en mí, una de ellas era que me sentía humillado… Respiré bien fuerte antes de decirle, a mi posible, y muy a mi pesar, enamorado, “adiós”.
Me giré y volví para andar el camino andado hasta mi aburrida y solitaria cabaña.
-¿Pero no era que me buscabas? ¿Ahora por qué te vas? – se me cortó la respiración y contuve el aire de nuevo, y esta vez por prácticamente el mismo motivo: Tom.
Me giré y le vi medio sonriente y con las manos en los bolsillos de nuevo. Parecía que había cambiado la expresión totalmente. Antes parecía hasta molesto de mirarme, ahora… Parecía como cuando estábamos en un día normal. Volví a respirar y no me estuve de responderle la sonrisa.
Quizás por no quedar mal o quizás porque realmente lo quería, pero después me arrepentí.
¡Dios vuelvo a estar hecho un lío!
Ayer a la noche parecía tan jodidamente fácil. ¡Lo único que tenía que hacer era mirarle en un punto de vista subjetivo, y punto! Simplemente dejarme llevar por la situación. Ahora… ¡Ahora lo único que tengo es miedo! ¡Miedo de descubrir el porqué de ese dolor de estómago que me ha dado cuando he visto que se besaban estos dos! A más… ¡Miedo a descubrir que realmente podría estar enamorándome de él! Me asusta pensar que es posible que realmente lo único que quiere de mí, es que yo también esté en su larga lista de ligues veraniegos. Y no quiero vivir esa sensación tan horrible de estar colado por alguien que no quiere saber nada de ti después de un poco de jugueteo esporádico.
Enamorarse de alguien y no ser correspondido.
¿Pude haber algo peor?
De momento me duele imaginarlo… No quiero ni vivirlo.
De verdad que no quiero.
-Es que… estoy un poco cansado. Te he buscado por todo el bosque y he dado mil vueltas. -menuda escusa. Hacía falta mucho más que eso para que yo me sintiese fatigado. Desde luego no hacía mucho deporte, pero hasta aquí aguantaba – No pensé que estarías foll… Bueno, montándotl… En fin, ¡con Erika! – dije, ya cansado de buscar una palabra adecuada. ¡Qué difícil se me estaba haciendo!
Tom me miró incrédulo.
-¿Montándomelo con Erika? ¡No hombre no, y menos con en la cabaña de Gustav! – hostias, Gustav, no me acordaba de él. Dentro de la cabaña también estaba el otro profesor. – Simplemente estábamos ensayando un poco con el grupo. -dijo señalando con el dedo pulgar hacia su espalda, hacia su guitarra.
Vaya, eso lo explicaba todo. Bueno, no. ¡Todo no!
-¿Y por qué os estabais besando de esa manera? –creo que la fuerza me había vuelto al cuerpo, ya no me sentía tan débil, ni mareado, ni nada por el estilo. Había recuperado tanto mi estado anterior que hasta le estaba hablando con exigencias, con un tono de voz un poco por encima de lo normal. ¿Y ahora qué coño pasaba?
-Pues porque… -empezó a excusarse. Pero de pronto se paró y me miró directamente – ¿Y a ti que más te da? ¡Tú tienes novia! – me acusó. Por unos instantes pensé que me había dejado fuera de juego con esa simple frase, que aun habiendo reflexionado sobre ella de otra forma para contrarrestarle, me afectó al cavo del rato. Era cierto…Todo lo que él pudiera hacer con Erika lo podía hacer con Dawn, no podía pedirle explicaciones de nada. Pero enseguida se me ocurrió algo con lo que dejarle a él callado.
-¿Y ahora a qué viene lo de mi novia? ¡Te excusas tu actos ante mí diciendo que yo hago lo mismo? Ni que fuéramos una pareja y te defendieras diciéndome “que yo también te he puesto los cuernos” –moví mis dedos haciendo ver que hacían de comillas – Yo solo te lo preguntaba porque creía que me habías dicho que no tenías novia. No por cualquier otra cosa en especial. De hecho, ahora pensándolo… ¿Por qué me has dicho lo de mi novia? ¿A caso te acuerdas muy amenudeo de ella? Estás celoso. ¿Verdad? – no sé de dónde saqué los huevos para decir todo aquello. Lo único que sé es que cuanto más decía, más alzaba la voz, y más a gusto me quedaba. ¡Aunque ni yo mismo supiera lo que estaba diciendo, y muy a pesar de liarme con mis propias palabras al hablar!
Su cara era para hacerle una foto. Me empecé a reír sin darle tiempo a decir nada. ¡Madre mía, no podía aguantarme la risa!
-Eh, ya vale de reírte, más quisieras tú que yo me pusiera celoso de algo como esto. A mí las relaciones me dan igual. Yo no tendría relación con nadie porque eso me quitaría la libertad de poder acostarme con quien más quisiera. Así que paso. Si yo quisiera follarte o algo por el estilo, me la sudaría mucho tu novia, es a ti a quién debería importarte. A más, tú mismo dijiste que no estabas enamorado, ¿me equivoco? Pues ale. –un silencio se apoderó de nosotros. Joder con el tío, pelea bien, ehh. Ahora ya no sabía ni qué decirle. Parecía que se había levantado con el pie izquierdo… ¡Parecía enfadado de verdad! Joder Bill, has de arreglarlo. – Bueno, ¿al final qué? ¿Te quedas o te vas? – esto último había recuperado su fuerza y su tono amistoso. ¡Oh dios! ¡Menos mal! Pude respirar tranquilo.
-Sí,sí… -tardé un poco en contestar y en salir de shock – Me quedo. Realmente que me aburría mucho.- ya prácticamente no me acordaba de la conversación que había mantenido hacia una escasa hora con su padre.
.
-Va, venga, tócame algo. Ahora ya tienes la guitarra. – Llevábamos una hora o así sentados en una piedra enorme que hacía acantilado. Tom me había enseñado uno de sus dos lugares favoritos. Este era el que iba en segundo lugar. Se había de escalar un poco y llegabas a una pequeña cima de piedra desde donde se podía ver la civilización. “Estar aquí de noche es brutal… Observar las luces de fondo en medio de la oscuridad es hipnotizante, y lo mejor es que te encuentras lo suficientemente lejos de la luz artificial como para que si miras hacia arriba, puedes ver todas las estrellas”, me había explicado, con tono soñador. Era la primera vez que le oía hablar así de algo. Con tono dulce y cuidadoso. “Pero con la luz del sol, la vista pierde mucho, otro día ya te enseñaré el otro lugar, ese sí que te gustará” me había prometido. Ahora, después de haber fumado un poco y haber hablado de todo, se me había venido a la mente la conversación del domingo a la noche. ¡Que Tom me toque la guitarra!
-¿Qué? Si hombre. ¡Primero me has de cantar tú algo! – contrarrestó, hábil.
Mierda.
Recurrí a lo que mejor se me da.
-Vaaaa… -lloriqueé. – ¡Porfa! ¡Algo cortito, algo que hayas compuesto tú! Fijo que alguna vez te has puesto a tocar la guitarra con los de tu clase. ¿A que sí? Vaaa… -observé cómo le cambiaba la expresión y cómo titubeaba. – Y después… canto algo. – ja, qué chiste.
Me miró serio y después asintió con la cabeza. Le sonreí, radiante, y este apartó la mirada de mí al instante, cohibido. No pude evitar morderme el labio.
Observé, atento, cómo sacaba una guitarra acústica y una eléctrica del mismo estuche.
-¡Pero qué coño! – me quedé flipando. -¿Pero cómo puedes con las dos guitarras? ¿Es una doble funda o algo? ¡¡Joder!!
-Jajajaja – se reía de mi reacción – sí, es una doble funda. Es que a veces toco canciones más lentas con las que la eléctrica no me es de mucha ayuda, asique ahorré para la acústica, que a más, pesa menos. Pero bueno, llevo muchos años cargando equipajes como el tuyo –me sentenció. Creo que me puse rojo. – así que estoy acostumbrado.- mientras hablaba iba sacando y colocándose la guitarra acústica, negra con detalles en blanco.
Rodeé mis piernas y observé impaciente cómo tocaba las cuerdas y se aseguraba de que estaba bien afinada, cosa que no entendí puesto que representaba que la acababa de utilizar con su grupo… Lo mismo estaba nervioso. Ojalá.
-A ver qué te parece, no te esperes gran cosa, eeh -me advirtió.
Asentí y enseguida empecé a oír el sonido de las cuerdas en mis oídos. Tom cerraba los ojos y se sumergía en su mundo. Veía claramente como su concentración estaba al máximo, como si su alrededor no existiera, como si solo estuviéramos él, y su guitarra. Se relamía los labios, se los mordía, hacía rotar su piercing, respiraba por la boca fuertemente… ¡Dios, ver tocar a Tom era algo realmente erótico! Notaba como el calor aumentaba, y no era precisamente por que fuese verano. De hecho, a las siete de la tarde que ya eran empezaba a refrescar aquí.
Por unos instantes abrió los ojos y me miró. Me pilló mirándole embobado, con mi boca se mi abierta, apunto de babear seguramente, fijándome sobretodo en sus labios, en su expresión, en sus manos fuertes y decididas… En todo él. Y cuando noté que me miraba no puede apartarle la vista de sus ojos hasta que vi que sonrió triunfante. Entonces giré la vista, incluso avergonzado.
-Ja… -le oí decir, divertido. – ¿Quieres que te traiga un plato o algo para las babas? – me dijo sarcástico, y pasándose la lengua por lo dientes, triunfante. Ni me quejé. Y no me quejé porque era absurdo. ¡Porque no podría defender ni aunque quisiera joder! Simplemente le aparté la vista, medianamente enfadado, con los mofletes hinchados. – Jajajaja- se reía como un niño. Joder, qué mono.
Unos instantes más tarde paró de tocar esa preciosa melodía, que aunque no la había oído nunca, me había llegado muy hondo, casi emocionándome tanto como para llorar.
Sentí deseos de implorarle que no dejara de tocarla. ¡Que nunca dejara de tocar las cuerdas de esa guitarra! ¡Que parase el tiempo si hacía falta para que el momento fuese eterno!
-Va, ahora te toca a ti. ¡Te toca cantar!
Oh,¡Mierda!
Joder joder. ¡No quiero cantar! El pulso empezaba a acelerárseme y a temblarme la voz. ¿Qué escusa le ponía? Ai mierda ¡Que nervios coño! ¿Es que para qué mierdas le dices nada, Bill?
-¿Qué? Esto, es que… – la cara de Tom cambió cuanto vio que pensaba escabullirme.
-¡Eh eh! ¡Ni se te ocurra ahora decirme que no, eh! ¡Vamos, no sales tu de aquí de una pieza como no me cantes algo!
-Joder… Es que… ¡No tengo aquí mis canciones! Y no me las sé de memoria. ¡Yo tengo una libreta llena de canciones! Escritas por mí y eso… – Tom alzó una ceja y me miró, esperando que siguiera excusándome, más impaciente que otra cosa.. –Mira, mañana… Quedamos y te canto mis canciones.
Le vi pensárselo un poco.
-Está bien. Pero espero que tengas muchiiiisimas, para poder compensarme. ¡Porque cantarás hasta que te sangre la garganta! – me amenazó, riéndose.
Suspiré. Joder. ¿Cómo puede un futuro actor… tener miedo escénico?
Fin Flashback
¡Hoy tenía que cantarle! Ai dios mío, ¡¡QUE ME DA ALGO!! No entendía como me ponía tan nervioso en cuanto tenía que hacer algo delante de alguien. Si era espontáneo me salía perfectamente, pero si antes me tenía que concienciar, yo… Bueno, reza un poco para que no se acuerde.
Agaché la cabeza y me fui pitando a mi mesa, donde hablaban animadamente Ash y Georg. Joder, me alegro que se lleven bien de nuevo, ¡pero me parece tan cruel! ¡Siempre pienso que he de decirle algo a Georg pero nunca hago nada!
Me senté al lado de Ash que ya había empezado a comer su carne con patatas y ambos me saludaron con la mano. Georg me quedaba de frente y a mi espalda estaba la mesa de Tom, no quería compartir contacto visual con él.
-¡Hey! Bill, hoy tampoco no has venido a desayunar tío… – me dijo Georg.
-Ya, últimamente me voy a dormir muy tarde y después por la mañana estoy reventado y no tengo manera de levantarme con ganas. -exclamé llevándome a la boca mi ansiada comida. Recordar tantas cosas creo que me había hecho volver el hambre de golpe.
Comía a toda velocidad y no sé porqué. Estaba nervioso, estaba aceleradísimo, no sé que me pasaba, pero quería acabar de una vez. En cambio ellos dos se lo tomaban con calma, comían y bebían con total tranquilidad y ni reparaban en mi acelerada actitud. De hecho ¡hablaban bien felices ambos! Yo… Tenía un mal presentimiento. Bueno, precisamente malo no pero, ¡Un presentimiento raro! ¡Eso sí!
Al cavo de unos diez minutos vi como Georg me tocaba en el brazo y mi indicaba que girara la cabeza hacia atrás.
Obedecí… Con miedo.
-¡Bill! – oh oh… Esa voz, esa voz es de Tom. Me encontré con su figura a menos de medio metro de mí. – ¿Cómo quedamos hoy?- me dijo sonriente. ¡Mierda! Ese era mi presentimiento, ¡seguro!
De pronto noté que una mano me apretaba en el muslo, bastante arriba y bastante fuerte. Era Ash. Oh dios, se había puesto cachonda sólo de verlo. Y lo sé porque cada vez que veíamos una película en la que salía un tío que estaba bueno me hacía eso. ¡Se ha puesto cachonda en decimas de segundo! ¡Puto Tom! ¿Pero cómo lo hace? Creo que a mí también me ha subido la temperatura. ¡Y eso que hace nada lo he visto!
-Pues esto… -no sabía que contestar. Oía la risa divertida de Georg de fondo. Joder, que capullo, que él sabe que las estoy pasando putas por culpa de Tom. -Pues podríamos… Esto…
-¿Me paso por tu cabaña? –dijo como si nada. Miré a Ash avergonzado y su cara fue flipante. ¡Pero cómo se le ocurre decir semejante cosa en voz alta! ¡Parece que diga “¿en tu casa o en la mía?”! Oh dios, que me muero aquí mismo.
-Pues… esto…
-Va tío, decídete. Recuerda que me debes algo. – y me guiñó un ojo. ¡Será posible! Creo que Tom notaba que me estaba poniendo nervoso, y no sólo eso, sino que encima hacía todo esto adrede. Que cabrón ¡Cuando le pille lo mato!
-Vale… Pásate por mi cabaña cuando quieras. – joder, me ha quedado muy de puta ¿no?
Tom sonrió de lado, seductor.
-Ok, perfecto. – me dijo haciéndome un pequeño y corto rozamiento en mi barbilla con el dedo índice. Noté como la mano de Ash volvía a apretarme y como se volvía a aflojar, pero casi me quedé sin circulación cuando Tom dijo: – Bueno, adiós… ¿Era Georg verdad? –Supongo que Georg asintió, pero lo que estaba seguro es que después se dieron la mano. Mis ojos no podían apartarse de los de él. Era como una especie de droga. – y… adiós preciosa. –y le guiñó el ojo a la pelirroja antes de desaparecer casi como el humo.
¿PERDON? ¡¿Qué acababa de hacer?! Me giré a Georg y ambos teníamos la misma expresión.
-¿Pero que se ha creído este hombre? – dijimos lo mismo al unísono. Después negamos con la cabeza, viendo como Ash seguía en su mundo, flipando con lo que MI Tom le había dicho.
Tom
La cabaña de Bill cada vez estaba más cerca, y yo me acercaba a pasos agigantados hasta ella, me moría de ganas de escuchar a Bill cantar.
Me puse enfrente de la puerta y sin llamar ni nada saqué la llave que había robado de la cabaña de mi padre, donde estaban todas las copias de todas las llaves. Abrí sigilosamente y cuando ya me hallaba dentro me encontré con una sorpresa.
Bill… Bill estaba durmiendo. Estaba estirado en su cama, con un montón de papeles por encima de él y un montón de lápices esparcidos.
¿Qué se supone que hace? ¡Que habíamos quedado! ¡Ya eran las cuatro y media macho!
Me senté en el borde de la cama y lo observe en silencio un momento. Estaba precioso, respiraba lentamente y se le hinchaba el pecho, después al expirar volvía a bajársele para volver a subirle más tarde. Abrazaba su cuerpo con los brazos y movía un poco los pies. Daban ganas de coger una manta y taparle.
De pronto reparé en todos los papeles de su alrededor.
Cogí un par y vi, sorprendido que todo eran poesías.
-Vaya… Sus canciones. -susurré. Después me di cuenta que había hablado y me tapé la boca con la mano inmediatamente. Bill arrugó el ceño un instante. Después ya volvió a dormirse, tranquilo. Uff…
Miré un par de títulos y me de diqué a leerlas un poco por encima. Aunque bueno, eso solo al principio, después todas y cada una de sus palabras, me embaucaron completamente. Sus letras… Dios, ¡Qué buenas eran!
Tenían sentimiento, tenían voz… No hacía falta que nadie les pusiera música porque ya decían ellas solas qué melodía tenían, ya cantaban las letras por sí mismas. De hecho, leerlas era como viajar en un profundo sueño, como si ya las hubiera oído en alguna parte antes. Sólo tenía que concentrarme bien y acordarme de la melodía de todas.
Cogí una hoja y un lápiz y empecé a ponerles acordes. Lo bueno de saberse todos y cada uno de los sonidos de cada acorde era esto, componer una canción sin necesidad de tu guitarra. Me senté en el suelo, cerca de la puerta de entrada al baño y empecé a hacer volar mi imaginación, y una especie de recuerdos difuminados en un sueño.
.
-Humm… -oí de fondo.
Eran las seis y media, llevaba dos horas estudiando las canciones, llevaba dos horas viendo a Bill dormir, llevaba viviendo una de las mejores dos horas de mi vida. ¡Aquellas canciones eran una puta obra de arte! ¡Te sumergían de que manera y te embaucaban hasta poderte matar!
Miré en dirección a la voz y vi a Bill cómo decía algo sin moverse de la cama.
¿Estaría hablando en sueños?
Me levanté de mi posición y me acerqué a él. Bill cambiaba de posición cada dos por tres. Parecía nervioso.
-Tom… – oí decirle. De pronto el corazón empezó a funcionarme muy deprisa y deseé no despertar a Bill con mis propios latidos. Diablos, se debían de oír hasta en la luna. ¿Ha dicho mi nombre realmente?
-Dime… -no me retuve de decírselo. Había sonado hasta desesperado.
-Tom… Besm…
-¿Qué? –no entendía lo que decía. ¡Oh Tom!, vuelve a las canciones por dios, no te dejes embaucar por un pobre muchacho en el séptimo cielo.
-Bésame…
Alto ahí. ¡¿Qué ha dicho?! Me acerqué muchísimo y puse mi oreja cerca de su boca por si volvía a hablar pero estuvo un rato largo respirando únicamente.
Creo que se me había parado el corazón. Si antes se escuchaba en prácticamente otro planeta, ahora ni yo mismo llegaba a siguiera a atinar con algo que me dijera que ese órgano seguía funcionando. No notaba nada, estaba… En shock.
Y de nuevo me temblaba el pulso como tantas otras veces y cómo no, por culpa de la misma persona… Bill. El puñetero Bill. El condenado me tenía… ¿Hipnotizado? No, yo diría que mucho más que eso.
-Bill, despiértate… – ya estaba cansado de esperar coño. ¡Eran las 7, me cago en la puta! – Bill… Llevas mucho tiempo durmiendo ya. – le empezaba a tambalear y tambalear pero hasta que no me puse a saltar encima de su cama ni se inmutó. -¡BILL!-estallé.
-¡AAAAAAAAAAH! –chilló del susto. Me empecé a reír yo solo – ¡¿QUÉ PASA?! – dijo mirando a todos lados, asustado. Sonreí, contento. – ¡TOM! ¿Qué haces aquí? – me dijo señalándome, aún dentro de shock, supongo.
-¿Cómo que qué hago aquí? – dejé de saltar y me senté a su lado en la cama. -¡Que habíamos quedado gilipollas! – le dije sin más. Vi como abría los ojos y cómo se tapa la boca con las manos. Parece que no se acordaba.
-¡COÑO! Mierda, tienes razón, ¡Joder, perdona! ¡Me había quedado dormido revisando las canciones para cuand…! ¿Y mis canciones? – se paró en seco, y después de mirar por toda la cama su rostro pareció evolucionar hasta parecer que realmente estaba alarmándose. -¿¡Dónde están?! – que gracioso. Se levantó y empezó a buscarlas por todas partes.
Mientras, yo me ponía las manos en la nuca y me estiraba en su cama.
-Son realmente increíbles. Y ahora me las cantarás todas. Tooodaaaas.
Bill se giró hacia mí al oírme decir eso.
-¿Las has cogido tú…? – dijo con miedo y casi con vergüenza.
-Yes. –contesté sin más. Señalé al rincón donde había estado con mis partituras y se cercó. Al ver una gran montaña de papeles respiró hondo y las cogió del suelo.
-Así que… ¿Te han gustado? – sonrió entrecortado, acercándose de nuevo a su cama, queriéndose sentar de nuevo.
Sin pensármelo mucho, me quité las zapatillas y me puse sentado en forma de indio. Este hizo lo mismo y se sentó enfrente mío, con la cabeza gacha y un leve rubor en sus mejillas, por la vergüenza supongo.
-Son brutales. Va, cántamelas… Llevo desde las cuatro y media aquí, así que llevas dos horas y media de retraso. – dije bromista.
-¿¡Desde las cuatro y media!? – me dijo atónito. – ¿Y qué has hecho tanto tiempo? ¿Cómo has podido entrar? – le enseñé la copia de seguridad al instante. – Ya veo… Pero igualmente, ¿Qué has hecho hasta ahora?
-Pues… verte dormir, componer un poco, leerme tus canciones… Cosas de estas. – dije sin más, alegre.
-Uhm…
-¿Sabes qué?
-¿Qué?
-Hablas en sueños… – alcé una ceja y ensanché una sonrisa sin llegar a mostrar mis dientes. Era una sonrisa pícara de niño pequeño, pero con otras intenciones más adultas.
Bill me miró fijamente, sin podérselo creer.
-¿Que qué? ¿Y… qué digo?
-Pues… Querías algo.
-El..el… ¿el qué?
Medité unos instantes.
-Te lo diré después.
Y Bill calló como si se lo hubiera mandado, prácticamente como si fuera una orden. Creo que no quiere ni saberlo. Esto iba a ser divertido.
.
-Va Bill… No es tan difícil. Empieza a cantar, vamos. – delante de mí estaba el moreno con la cabeza cabizbaja mirando directamente hacia las sabanas, respirando fuertemente y con el pulso a mil por hora. Estaba realmente nervioso. Estaba sudando a chorretones y creo que le dolía el estomago de la manera en la que se lo apretaba fuertemente. -¿Qué te pasa? –dije aproximándome a él. Baje mi cabeza a su nivel y con mi mano le levanté la barbilla. La imagen que vi me chocó mucho, y tiré la cabeza hacia atrás. Bill tenía los ojos acuosos y se mordía el labio fuertemente casi tanto que empezaba a dejarse marca.
-Tom… Tengo miedo escénico. No puedo, no puedo… ¡Me pongo muy nervioso! Creo que me voy a poner a llorar… – balbuceó. Yo le miré, sorprendido.
-Pero que dices hombre, ¿No era que querías ser actor?
Bill se tapó la cara con las manos y respiró hondo, con pesadez, sonoramente. Parecía que le había dolido y todo.
-Sí joder, ¡Qué trauma! ¡No me puedo creer que tenga miedo escénico y quiera ser actor! – dijo con la mano en el pecho, oprimiéndoselo, y aguantando las ganas de llorar. –Nunca lograré mi sueño… Lo sé.
-¡Qué dices! ¿Tú eres tonto? Claro que lo conseguirás. Lo único que tienes que hacer es salir en público más veces.
-¡Qué dices! ¡Tu sí que estás tonto! Pero si a mí me cuesta hasta ensayar. Cuando hacía obras de teatro de pequeño era lo peor, y lo que más me gustaba hacer… Joder, es ¡Inexplicable!
-Apuesto que te pones más nervioso con otras cosas. No puede ser que te pongas tan nervioso por algo así, y a más cuando solo estoy yo de público. -dije sin poder creérmelo.
-Pues va a ser que sí. No hay nada que me ponga más nervioso.
-Mentira. El lunes, cuando estábamos con los niños y te tenía que dar un beso estabas como un tomate. ¡Ahí sí que tenías vergüenza! – solté. Bill calló y yo sonreí triunfante, – Yo te pongo más nervioso que cualquier otra cosa. – afirmé, seguro de mi mismo.
-N..no. -reprochó.
-Sí, y te lo puedo demostrar cuando quiera. – Tom, vuelve a la cabaña, al momento real, a Bill intentando cantar. – ¡Pero bueno! ¡Ahora no joder, que ahora me has de cantar! – Bill me miró de nuevo y cogió aire, le cual tardó mucho en soltar. Entonces empezó a respirar entrecortada mente. – va, yo escojo una canción y tú la cantas ¿sí? – Asintió con los ojos cerrados. Empecé a revisar de nuevo los papeles por encima y saqué una canción al azar, me habían gustado todas tanto que no podría escoger. –Emm… 1000 Meere. –Buah, esa es brutal.
Mi muchacho moreno la cogió en sus manos y vi que de repente el papel tenía Parkinson. Me entraron unas ganas tremendas de reír pero me aguanté, pobrecillo. Lo que si hice fue colocarme una mano encima de una de sus rodillas, dándole confianza. Me miró y volvió a asentir.
Cogió aire, y empezó a cantar.
Se me paró la respiración.
-Die Straßen leer,ich dreh mich umDie Nacht hat mich verlorenEin kalter Wind… – cantaba con los ojos cerrados para no verme supongo, pero eso no me importaba. Lo único que ahora me importaba era la voz de Bill… Oh dios mío, era preciosa. Era suave, era melodiosa, era tranquilizadora… Si tuviera una madre con la que poder comparar la tranquilidad que me estaba dando la voz de Bill, haría esa comparación sin dudarlo. De pronto, me sentía protegido, calentito, y acompañado. No sapría llegar a describir del todo las sensaciones, pero de nuevo, estaba reviviendo un sueño. El mejor sueño de mi vida. El moreno tenía una de esas voces que no te ves con corazón de interrumpir, que prácticamente sería un delito. Te penetraba en los oídos como si se tratase de algo totalmente mágico. ¡Era genial oír a Bill cantar! Noté que se acercaba al estribillo… – Wir müssen nur noch 1.000 Meere weitDurch 1.000 dunkle Jahre ohne Zeit1.000 Sterne ziehen vorbei Wir müssen nur noch 1.000 Meere weitNoch 1.000-mal durch die Unendlichkeit. Dann sind wir endlich frei…
-Bill… Lo haces perfecto. Va, cántame ahora otra. Em… – va Tom, piensa rápido antes de que se rompa esta magia.- ¡Spring nicht! ¡Esa es increíble, Bill!
Y sin decir nada la buscó entre todos los papeles y se la puso frente a sus ojos, la acarició con los dedos y de nuevo su voz resonó en toda la cabaña, volviéndome a dejar el corazón parado.
-Über den Dächern ist es so kalt und so still, Ich schweig deinen Namen weil Du ihn jetzt nicht hören willst Der Abgrund der Stadt verschlingt jede Träne die fällt Da unten ist nichts mehr was Dich hier oben noch hält… – la letra de esta canción me hacía estremecer. Era preciosa y daba la terrible sensación de que Bill, en algún momento de su vida de verdad hubiera tenido ganas de saltar alguna vez desde un sitio muy alto, precipitándose al vacío. – Ich schrei in die Nacht für Dich, lass mich nicht im Stich. Spring nicht. Die Lichter fangen Dich nicht sie betrügen Dich, Spring nicht. Erinner Dich, an Dich und mich, Die Welt da unten zählt nicht. Bitte spring nicht… – de pronto me di cuenta de algo increíble. La música que le había puesto a esta canción, concordaba prácticamente a la perfección con lo que Bill estaba cantando. Esa idea me hizo estremecer.
-Joder Bill… Qué pasada. Qué bien cantas. No sé ni qué decir. Bueno sí, que tienes unas pedazo de letras, increíbles. ¿Estás seguro que no quieres ser cantante en vez de actor?
Este sonrió y se sorbió la nariz un poco. Parecía que casi estaba a punto de llorar de nuevo, aunque ya se estaba recuperando cada vez más.
-¿Quieres intentarlo con otra? – lo mismo ahora le gustaba y todo.
Pareció dudar pero en el último momento acepto.
-Pero esta vez… Escojo yo. – sentenció. Yo sonreí de acuerdo y simplemente le señalé todas las hojas que habían esparcidas por las sabanas desechas y le permití que cogiera la que quisiera. -Ésta es la que más les gustaba a Ash y a Georg.
-¿Cuál es? –pero no me dio tiempo a seguir hablando que ya empezó a cantar.
-Das Fernster öffnet sich nicht mehr, Hier drin ist’s voll von dir und mehr, Und vor mir geht die, letzte Kerze aus. Ich warte schon ne Ewigkeit, Endlich ist es jetzt so weit und draußen ziehn die schwarzen Wolken auf… – ya sabía cuál era. Ciertamente esta era la que más me había impactado de todas. El estribillo era sin duda alguna, la mejor parte – Ich muss durch den Monsun… Hinter die Welt, Ans Ende der Zeit Bis kein Regen mehr fällt Gegen den Sturm Am Abgrund entlang Und wenn ich nicht mehr kann Denke ich daran Irgendwann laufen wir zusammen Weil uns einfach nichts mehr halten kann Durch den Monsun Dann wird alles gut… Dann wird alles gut… Alles gut…
Estaba callado, sin saber qué decir. Tenía la piel de gallina y nada que saliera de mi boca podría compararse con lo que había salido de la suya. Ni un alago, piropo, cumplido… nada. Aquello era un momento irrompible.
-Tom… Di algo, anda. – me decía nervioso Bill, apretándome la mano que yo le había puesto sobre su rodilla, pidiéndome soporte.
-Qué quieres que te diga. Yo… Joder Bill. Me siento ridículo a tu lado ahora.
Bill abrió la boca a la par que los ojos y se levantó un poco.
-¡Pero qué dices! No digas gilipolleces.
-Va enserio. Quiero grabar estas canciones. Cuando salgamos del campamento iremos a un estudio profesional y les diremos de grabarte.
-¿Nos seguiremos viendo después del campamento? – me dijo sorprendido. Y yo de pronto, caí en lo mismo. ¿Después del campamento que pasará?
-Pues… supongo… No sé. – dije algo pensativo, mirando a la nada.
Nos quedamos en silencio un rato y de pronto recordé algo. Una sonrisa traviesa se me dibujo en los labios inmediatamente. Bill se percató y me miró desconfiado.
-¿Qué estás pensando? –dijo precavido, alzando una ceja y mirándome con algo de miedo.
Saqué mi mano de su rodilla y le cogí de los tobillos, estirándole las piernas, y pegándole un tirón de manera que quedara estirado en su cama. Bill se encogió asustado.
-¿Qué haces?
Me coloqué a cuatro patas encima suyo y le susurré lentamente.
-Me estaba acordando de lo que decías en sueños… -no se porque actuaba de ese modo pero no podía evitarlo. Era divertido, era emocionante, era el inicio de un juego perverso.
Me acerqué cuidadosamente al rostro de Bill y observe todos y cada uno de sus rasgos, perfectos, finos, jodida y atrayentemente femeninos. Le acaricié una mejilla con la mano.
-¿Qué… qué he dicho? – hablaba con dificultades, con la respiración agitadísima, golpeándome en la nariz.
Sonreí y le agarré la cara con una sola mano, obligándole a mirarme fijamente, y me acercaba peligrosamente a su deseo. Después me estiré encima suyo juntando nuestros cuerpos totalmente y quitándole todas las posibilidades de escapar puse mi otra mano de manera que le fuera imposible levantarse.
-Pues sencillo… Querías que te besara… – le hablaba a veinte centímetros de distancia, los suficientes como para ver su reacción. Hoy el moreno moriría de un ataque al corazón. – Bill, ¿Quieres que te bese? – le pregunté, provocándole. Ya te tengo en mis manos. Tú solo dime que sí. Dímelo…
Me acerqué un poco más y le puse la mano en el corazón.
-¿Ves? Lo tienes a mil por hora como mínimo. Yo te pongo más nervioso que cualquier otra cosa… Va Bill, dímelo… Dime de nuevo ese “bésame”.
Ya no le veía nada más que la boca si miraba hacia abajo y sus ojos si mirada de frente. Estaba realmente cerca, tanto que si sacara la lengua le rozaría los labios.
-Yo… Bésa…
-¿Uhmm? –le incitaba a seguir hablando. ¡Vamos Bill, dilo! ¡Di que quieres que te bese! Yo cada vez aproximaba más nuestras bocas, para que cuando me dijera que sí enseguida tuviera lo que quería… Digo, lo que Bill quería. Noté como algo iba creciendo debajo de mi ombligo y creo que al moreno le estaba pasando lo mismo.
-Bésame…
¡PIPIPIPIPIPIPIPIPIIIII!
Un sonido y una cosa vibrando en mi pantalón rompieron todo el momento. Como si me hubieran dado una hostia en toda la cara, volví en mí. De nuevo me di cuenta de lo que estaba haciendo.
Bill también parecía haber salido del trance. Bill… Bill me miraba con la respiración parada.
Me levanté de pronto de un salto. Rompiendo nuestro contacto totalmente. No me podía creer lo que estaba a punto de pasar. No… No.
-Bill… esto…
-Calla, no digas nada. -dijo con voz pesada. Parecía que me entendía mejor de lo que creía. – creo que te han enviado un sms o algo ¿no? –dijo señalándome el pantalón.
-¡Ah, sí! – dije. Ya no me acordaba. Busqué con desgana mi móvil entre mis largos bolsillos. Tardé en encontrarlo por el nerviosismo y mi tembleque de manos. Miré de quién era: “Mario”. ¡Hostia! ¡Si era Mario!
-¿Quién es? –oí de Bill. Lo miré con una sonrisa repentina que se me borró en cuanto vi la postura del moreno. Había apoyado la espalda en la pared, y tenía las piernas dobladas. En una de ellas tenía un brazo reposado, y el otro brazo fue usado para dirigirse un cigarro a la boca que justo acababa de encender. Joder, qué calor. ¡Tom, reacciona!
La sonrisa me volvió a aparecer en cuanto recordé el sms de nuevo.
-¡Es uno de mis dos mejores amigos! ¡Es Mario!
-¿Aquellos que son pareja?
-Joder, qué memoria tienes. ¡Sí! ¡Esos mismos!
-¿Y qué te dice…? –me decía con desgana.
Lo abrí.
“Putoooom! Espero que no te hayas olvidado de nosotros. Aunque por lo que dijiste no te gusta mucho el campamento, así que no te nos habrás quitado de la mente ni un momento ¿verdad? (; ¡El lunes venos a buscar a Düsseldorf que nos vamos contigo eh! Andy y yo lo estamos pasando de puta madre de crucero. ¡Ya tenemos ganas de verte! ¡Adiós Putoom! ¡Te queremos! No te rías de nuestros jetos… ¬_¬”
¿De sus jetos? ¿Qué jetos? De pronto vi una foto adjunta con el mensaje. Le di enseguida.
-jajajajajajajaja – en la foto salían ambos totalmente de verano con el mar de fondo. Pero ambos llevaban unas gafas de sol enormes que les cubrían casi toda la cara. – ¡Putos maricones! ¡Bill! ¡El lunes los conocerás! ¡Dicen que se vienen al campamento! Ya casi ni me acordaba.
-Anda, que bien. –me dijo más soso que él solo.
-Sisi, ya veo que alegría hay en el ambiente… – a mí se me había subido la adrenalina de golpe y no me importaba nada más que el hecho de que iba a ver a mis marioconcetes personales dentro de poco.
-Oye, son las nueve… Me voy a dar una ducha de agua fría. Nos vemos en la cena. – Bill parecía decaído del todo.
-Oye Bill… ¿Estás bien? – se me oscureció el rosto en cuanto recordé los momentos pasados. No sé qué coño me había pasado. Se me había ido de las manos todo el tema. Todo. Y lo peor es que en un principio lo podía haber parado pero, no pude. Más bien, no… no quise.
-Sí, de puta madre. ¿Te vas? – se levantó y apagó el cigarro con los dedos, más tarde lo dejó encima del escritorio.
Me encaminé hacia él que ya se estaba metiendo en el cuarto de baño y lo cogí del brazo, obligándole a que me mirara.
-A ver, dime ahora mismo que coño te pasa. –Y le miré fijamente.
Me miró serio y pensativo durante unos segundos que se me hicieron jodidamente eternos y después, estalló.
-Tú. Tú eres lo que me pasa. Que no se qué coño me pasa contigo, que me… me dan ganas de saltar de un puto acantilado cada vez que te tengo delante de lo nervioso que me pones, que llevo una puta semana intentando descifrar que es esto que me pasa. ¡¿Porque me cuesta tanto dormir cuando pienso en ti?! Y lo peor de todo es que parece que me estés utilizando, porque a veces te comportas como si te pasara lo mismo que a mí, pero otras veces justo todo lo contrario. ¿Qué ha estado a punto de pasar Tom? ¡QUÉ! ¡¿LO HAS HECHO PARA REÍRTE DE MÍ?! ¡PUES RÍETE!
Me quedé callado sin poder responderle.
-Vete.
-Pero…
-Tom, vete.
Bill
Volvía a estar de nuevo en el comedor. Observando de lejos el rostro de Tom, triste y apagado. Ahora me sentía como una mierda al haberle tratado así pero me he sentido tan humillado… No solo con él, sino conmigo mismo. Es muy jodido de explicar.
Más de una vez se volteaba a mirarme y parecía que me suplicara con la mirada. ¿Pero qué me suplicaba? ¿Perdón? ¿Perdón por qué? Yo no estaba tan seguro de que me hubiera desagradado la escena de mi cama pero… ¡ARG!
-¿Bill te pasa algo? –oí a Georg.
Le miré a él y luego miré a mi plato. Lo aparté de mí.
-No tengo hambre. – ¡Como me gustaría poder explicarle lo de esta tarde! ¡Pero no podía con Ash delante! Y sobre todo, por mis remordimientos.
Aunque de pronto, el Bill egoísta que todos conocemos se mostró, y se le encendió la bombillita del mal.
Saqué por debajo de la mesa mi móvil y escribí.
“Georg… Me he enfadado con Tom…”
Cuando le di a enviar miré fijamente a Georg, rezando porque no le diera por decir en voz alta que había recibido un mensaje y que era mío. Y justo como yo quería, simplemente sacó el móvil a un nivel bajo y me miró interrogante. Me puse un dedo en la boca como diciéndole “Shh, no digas nada”. Este obedeció y prosiguió a leerlo.
“¿Qué ha pasado…?”Me contestó.
“Pues no lo sé, iba todo bien. Y bueno, he empezado a tontear conmigo y yo me he dejado llevar y… Creo que me ha utilizado. ¡Pero por otro lado creo que él está igual que yo!”
“¿Y si lo hablas con él…?”
“No lo reconocería… Es muy macho… Pero eso no es lo peor.”
“¿Qué hay peor?”
“Darse cuenta que sí estoy enamorado de él. Georg… ¡¡Me he enamorado!!”
Continúa…