«As the lights go down» Temporada I

Capítulo 12

El pelinegro se tomaba el tercer té de tilo de la noche, se encontraba en la sala de espera del hospital mientras a su hermano le atendían en emergencias.  El doctor Hubert, quien atendió a Tom, salió al cabo de una hora y media para comentarle a Bill el estado de su gemelo.  Efectivamente, Tom había sufrido una fuerte sobredosis debido a que esa noche había consumido LSD, anfetaminas, cocaína y alcohol e, exceso.  Era un milagro que Tom no hubiera sufrido un paro cardiaco.  Por otro lado, la herida ya había sido curada y por suerte no había comprometido ningún órgano vital.

El guitarrista ya estaba fuera de peligro mortal, pero ahora deberían esperar a que despertara para saber si habría alguna secuela y qué fue lo que ocurrió esa noche.

El doctor Hubert le comentó a Bill que pasarían al mayor a sala de recuperación y también le indicó que podría pasar a verlo pero que no esperara que despertara esa misma noche, luego de la sobredosis y la anestesia para suturarle la herida, Tom dormiría al menos unas veinticuatro horas.

Una vez que el mayor estuvo instalado en su habitación, el doctor le indicó a Bill que podía pasar a verlo, se despidió de él y se retiró de la habitación para darles privacidad al menor.

Bill caminó nerviosamente por la habitación, tomó una silla que estaba por la ventana y la colocó al lado de la cama de su hermano, se sentó en ella mientras observaba la tranquilidad con la que “descansaba” su hermano.

– Tom – susurró tomándole la mano con suavidad, estaba tan fría

A pesar de todo lo que Tom le había hecho pasar las últimas semanas, le dolía de sobremanera ver a su hermano mayor en ese estado.

¿Cómo pudo llegar hasta ese extremo? ¿Qué había hecho la vida con Tom?

Bill jamás imaginó que su dulce gemelo llegaría alguna vez a eso, cuando era jóvenes y aún estaban juntos, Tom era el ser más bueno que él podía conocer, siempre cuidando a los demás, siempre cuidando de su amado hermano menor.  El pelinegro era lo más importante en la vida de Tom, lo mimaba, lo protegía y lo amaba, sin importar dejarse él mismo de lado. Por otro parte, para Bill su hermano mayor también era todo para él, también le mimaba y le amaba incondicionalmente.  Al ser gemelos idénticos, creían fielmente en que ambos eran una sola persona, nacieron juntos, vivirían juntos y morirían juntos.

Esa fue la promesa que le hicieron a su madre antes de que muriera, siempre estarían juntos, cuidando uno del otro, nada ni nadie podría separarlos.  Pero todo eso cambió cuando cumplieron 15 años.  Su mentalidad ya no era la misma, Tom se había convertido en un chico malcriado contra Gordon, lo culpaba de la muerte de su madre y de su situación económica. Por su parte, Bill seguía siendo muy dócil y obediente, a pesar del carácter de Tom, seguían siendo inseparables hasta que apareció él… Jeremy Albrecht, el primer novio de Bill y la peor pesadilla para Tom.

Los gemelos ya no pasaban juntos como antes, Bill ya no pasaba en casa, siempre salía con su novio, dejando a Tom en segundo plano.  El único momento que compartían era en las noches, el menor buscaba a su hermano para contarle sobre lo feliz que estaba con su novio, lo cual molestaba al jovencito de rastas ya que el a pesar de salir con chicas nunca dejó a su gemelo de lado.

Poco a poco Bill fue separándose de su hermano al ver que ya no lo necesitaba, pero cuando quiso recuperar la relación que tenían antes, ya era muy tarde, Tom se iba de casa.  Allí fue cuando perdió a su amado hermano y cuando volvió a encontrarlo él ya era otra persona… Solo porque él no estuvo para cuidarlo.

– ¿Por qué Tom? – sollozó contra la fría mano de su hermano – ¿Por qué tuvo que ser así?

El pelinegro rompió a llorar amargamente, dolor, pena y culpa era todo lo que sentía en ese momento.  Levantó la cabeza y miró con sus ojos llorosos el rostro de su hermano, físicamente seguía siendo su Tom, pero su alma y corazón habían sido cambiados por los de otra persona.

– ¿Por qué… por qué te haces esto Tom? – preguntó acariciándole la frente mientras seguía con su llanto – No tengo idea de qué te ha pasado, pero yo sé… yo sé que el Tom que yo conozco sigue ahí, solo está oculto detrás de una máscara… por favor Tom, vuelve – lloró besando la mano del mayor – Eres lo único que tengo en el mundo y yo… Dios, no quiero perderte… sé que dije cosas horribles, sé que dije que… ojalá murieras pero era mentira – sollozó desesperado – ¿Sabes? Me asusté mucho al verte llegar así a casa… creí que te perdería para siempre… tuve mucho miedo Tom y quiero decirte que… que no te odio… sé que suena tonto luego de cómo nos llevamos últimamente, pero… ¡Joder Tom! Eres mi hermano, jamás podré odiarte

Y así era, a pesar de todos los insultos, golpes y demás, Bill no podía odiarle, estaba biológicamente “programado para amarlo”, sí sentía mucha lástima por él. Sabía que Tom no era feliz con su vida, él mismo se lo hizo saber al gritar que era la peor mierda del mundo y por eso estaba solo. Su hermano sufría, pero no podía decírselo a nadie porque su imagen y orgullo no se lo permitía.  Bill se odió a sí mismo por no haberse dado cuenta más antes, pero ya era tarde para lamentarse, ahora tenía que ver hacia el presente, esta vez ayudaría a su hermano al ser el mismo de antes.

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– ¿Pero cuándo va a despertar? – gritaba el pelinegro en el despacho del doctor

– Bill, la sobredosis que tuvo tu hermano fue muy fuerte, es común que los pacientes después de algo así queden en coma – explicó el doctor Hubert intentando calmar al menor

– Pero ya han pasado dos malditas semanas y mi hermano no da señales de querer despertar – gritó dando un manotazo en el escritorio – ¿Cuánto más tardará?

– Eso no se puede saber – respondió el doctor

– ¡Ni una mierda, eso es lo que usted sabe! – gritó Bill caminando para salir del despacho

Caminaba furioso por el pasillo del hospital que le llevaría a la habitación de su hermano.  Estaba harto de la situación, el doctor solo le daba falsas esperanzas, sabía que Tom estaba bien, pero necesitaba verlo despierto para poder estar tranquilo.

Entró a la habitación del mayor y se sentó en la silla de siempre, estaba muy preocupado, su hermano se veía muy demacrado, estaba pálido y un poco más delgado.

– Hola – susurró el modelo acariciándole la mejilla como ya era costumbre – Mira todo lo que te han enviado – sonrió con esfuerzo mirando a su alrededor

La habitación estaba llena de regalos que le habían enviado. Peluches, flores y globos decoraban el lugar.  Desde el primer día que en las noticias apareció lo de Tom, comenzaron a llegar obsequios de parte de sus fans, compañeros de banda y la gente de la discográfica.  Los G’s habían ido a visitarlo, también Liz la representante y David el productor.  Bill había ido a verlo todos los días, a pesar de no sentirse bien, no quería perderse el momento en el que Tom despertara.

– ¿Cuándo vas a despertar, perezoso? – preguntó cubriendo la mano del mayor con las suyas – ¿Tan cómodo estás en ese mundo de los sueños? Aunque suene raro, te extraño, la casa no es lo mismo sin ti, nadie me pone doble trabajo – rio débilmente

La verdad era que Bill sí había tenido trabajo, siempre que volvía de visitar a Tom, buscaba en internet información sobre las mejores clínicas de rehabilitación de Berlín, había encontrado varias que llamaron su atención, la mayoría de ellas decían que el tratamiento duraría menos de 90 días, pero esto dependía de cuál fuera la motivación del paciente para querer dejar las drogas.  Eso lo llevó a preguntarse cuál sería la motivación de Tom ¿la banda? ¿él mismo quizás? Pero esa no era la única pregunta, faltaba la más importante ¿aceptaría Tom la ayuda?  Bill esperaba que sí, tal vez su hermano le quebraría dos costillas cuando le preguntara, pero si así lograba que asistiera a una de esas clínicas, valdría la pena.

Al ser las 8:30pm decidió que era hora de volver a casa para descansar. Se despidió dándole un beso en la frente, una vez fuera del hospital tomó un taxi y volvió a casa, últimamente estaba muy cansado, el estrés debía estarle pasando la factura.

&

No sabía que hora era, pero por la oscuridad del lugar le indicó que debía ser de madrugada.  Su móvil sonaba estrepitosamente, perforando sus oídos, con una mueca de molestia lo tomó y contestó sin siquiera mirar el número.

– Hola – contestó con voz ronca

– “Bill, habla el doctor Hubert”- escuchó abriendo los ojos de golpe – “Tom, está llamándote… está reaccionando”

– ¿Qué? – gritó el pelinegro sintiendo como sus ojos se llenaban de agua – Yo… voy enseguida

Se levantó rápidamente de la cama y se quitó el pijama para ponerse la misma ropa que usó el día anterior, tomó su móvil, cartera y llaves, salió corriendo de la casa mientras llamaba un taxi, el cual llegó unos minutos después.  Al cabo de 15 minutos, Bill corría por los pasillos del hospital hasta que vio al doctor Hubert.

– Doctor – jadeó Bill cansado de la loca carrera que traía

– Hola Bill – sonrió el doctor al verlo – Creo que alguien quiere verte – rio – Aún está un poco aturdido, así que no lo bombardees con preguntas

El pelinegro asintió y rápidamente caminó hasta el final del pasillo para llegar a la habitación en la que estaba su gemelo.  Abrió la puerta nerviosamente y pudo ver como Tom miraba hacia la ventana, ajeno a que él había llegado.

– Tom – susurró Bill haciendo que volteara a verlo

No pudo evitar romper a llorar y correr a su lado, le abrazó fuertemente escondiendo su rostro en el cuello del mayor.

– No sabes cuánto me alegra que hayas despertado – lloraba contra el cuello de su hermano – Me has dado un gran susto, idiota, pero ya estás aquí – tomó el rostro del mayor entre sus manos y sonrió – Dios, Tom no vuelvas a hacerme esto – le pidió para luego darle un beso en la mejilla

– Bill – llamó Tom con esfuerzo y voz ronca

– No te esfuerces – dijo acariciándole el cabello – Ya tendremos tiempo para hablar

– Eres… eres un llorón – rio el mayor logrando hacer reír a Bill

– ¿No me ves desde hace dos semanas y eso es lo que me dices? – rio el menor haciendo referencia a lo que Tom le dijo la primera vez que le vio después de siete años, ambos rieron

– Gracias – susurró Tom – Gracias por no dejarme

– No tienes que agradecer nada, Tom – sonrió Bill.

Continúa…

Gracias por leer, te invitamos a continuar con la lectura.

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

Un comentario en «12 As The Lights Go Down»

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