«As the lights go down» Temporada I

Capítulo 13

Dos días tuvieron que pasar para que Tom Kaulitz fuera dado de alta.  En esos días le hicieron todo tipo de pruebas para descartar alguna secuela que haya podido dejar la sobredosis.  Por otra parte, los puntos de la herida de su vientre ya habían sido retirados, pero ésta aún le dolía si hacía un mal movimiento.

Estaba harto de estar allí, todo el día yendo a diferentes salas para que le hicieran las pruebas, los médicos y enfermeras tocándole a cada momento, no era como que le molestara que las chicas le tocaran, pero en ese momento no estaba de ánimo para ligarse a alguna de ellas, solo deseaba salir de allí y volver a su casa.

Aunque sabía que una vez que saliera de allí, el caos sería peor.  Tendría que soportar a la prensa, la gente de la discográfica y lo peor de todo… a Bill.  Estaba seguro de que le haría muchas preguntas, le regañaría y estaría todo el día pegado a él… sería insoportable.

Ahora mismo se encontraba sentado en la cama viendo como su hermano, alegremente, sacaba cosas del bolso que traía y las ponía sobre la cama, mientras hablaba hasta por los codos, aturdiéndolo.

– Te he traído la ropa más cómoda que encontré en tu armario, también traje esta gorra y estas gafas, afuera hay mucha gente esperando tu salida y no creo que quieras que te fotografíen así – decía el pelinegro sin parar

– ¿Tan mal me veo? – preguntó Tom

– ¡No! – se apresuró a decir Bill – Solo… creí que…

– Solo bromeaba – sonrió el mayor

Bill le imitó y luego habló de nuevo – Abajo nos espera Albert en un auto, también está un tal Saki, así que cámbiate para poder irnos

– ¿Albert? – preguntó el guitarrista – ¿Por qué? Creí que nos iríamos en mi auto – De pronto su cara se tornó en una de pánico – ¿Mi auto está bien? Dime que no lo choqué esa noche Bill

– No, Tom – respondió el menor – Tu auto está a salvo en el garaje de tu casa

– Oh, que alivio – suspiró el mayor – ¿Entonces por qué Albert? Hubiera preferido volver en mi auto

– ¿Y quién va a conducir? ¿Tú en ese estado? – preguntó el moreno

– Pues tu ¿no? – contestó Tom como si fuera obvio

– Primero, no me atrevería a tocar tu auto – dijo Bill – Segundo… yo… yo no sé conducir – agregó sintiendo un poco de vergüenza

– ¿Que no…? ¿Que no sabes conducir, Bill? – preguntó el mayor riendo – Pero tienes 22 años, Bill

– 21… aún – se defendió el menor – Prepárate para irnos – le mandó

El mayor salió de la cama mientras ahogaba una risita para no molestar a su hermano, comenzó a desnudarse sin importar que su hermano estuviera en la misa habitación, mirándole.  Bill abrió los ojos grandemente ante el descaro de su gemelo y decidió salir de allí escuchando como Tom soltaba una carcajada ¿Por qué le daba vergüenza? Había visto muchas veces a Tom sin ropa en el pasado.

Unos minutos después, Tom salía de la habitación con la ropa que su gemelo le había llevado. Junto con él, caminaron hasta el elevador que les llevaría hasta la primera planta.  Cuando ya estaban en el primer piso, las puertas del elevador se abrieron y pudieron ver la cantidad de gente que estaba aglomerada en la entrada del hospital.  Alí también estaban Albert y Saki, quienes se encargarían de sacarlos allí en una sola pieza.

– No te separes de mí – dijo Tom tomando la mano de Bill comenzando a caminar hacia ellos

Una vez que salieron del lugar, los flashes y gritos no se hicieron esperar, las personas se interponían entre el camino de los gemelos haciendo difícil que ellos y sus guardaespaldas pasaron hacia el auto.  Bill al ver la escena, no pudo evitar asustarse, lo empujaban y sentía que tiraban de él, tenía miedo de caer al suelo y que lo pisotearan con tal de tener una buena foto de su hermano.  Apretó más el agarre de la mano de Tom y él al verle tan asustado decidió pasarle el brazo sobre sus hombros para atraerlo más a él.

Una vez que lograron llegar al auto, entraron en él y dejaron el lugar rápidamente viendo como las personas seguían el auto.

– ¿Estás bien? – preguntó Tom viendo a su hermano agitado

El moreno asintió y luego le sonrió débilmente – ¿Así es siempre? – preguntó

– Todos los días, a todas horas, en cualquier lugar que vayas – contestó el guitarrista

– Es de locos – comentó el menor viendo por la ventana trasera del auto

– Sí, pero te llegas a acostumbrar – respondió el mayor acomodándose mejor en el asiento

Durante el resto del camino se quedaron en silencio, al menos el pelinegro que solo veía como Tom hablaba animadamente con sus guardaespaldas.

Cuando llegaron a casa, se despidieron de los dos hombres y entraron.  El mayor se quedó en el salón y se sentó en su sofá favorito pesadamente con una enorme sonrisa en sus labios.  Bill subió las cosas de Tom a su habitación y luego volvió a bajar al salón.

– ¿Necesitas algo? – preguntó

– No… quiero quedarme aquí… tal vez vea una película – contestó Tom buscando el control remoto de la T.V. con la vista

– ¿Se te antoja algo de comer? – preguntó Bill pasándole el remoto que estaba en la mesa debajo de la T.V.

– Mmm, no tengo hambre – contestó encendiendo la T.V.

– Tal vez algo liviano ¿unas frutas quizás? – insistió el moreno

– Sí, unas frutas estarían bien ¿Podrías ponerle un poco de jarabe de chocolate, por favor? – pidió con una sonrisa

– No debería, pero sé que la comida del hospital es horrible, así que solo por hoy te daré con jarabe – dijo el pelinegro yendo hacia la cocina

Tom rio y comenzó a cambiar los canales, películas malas, chismes, caricaturas, no encontraba nada para ver, se levantó con pesadez y caminó hasta la mesa debajo de la T.V. donde había un cajoncillo con un montón de DVD’s que había en comprado en distintos lugares para cuando viajaban en el Tour Bus.

– La saga de Harry Potter, Grave Encounters, Wonder Woman, la saga de Star Wars… oh, sí Star Wars 7, no he podido verla – sonrió guardando los demás y poniendo su elección

Volvió al sofá y se sentó cómodamente, subiendo los pies en la mesita de té mientras veía como su reproductor cargaba la película.  Bill volvió al salón y traía un enorme tazón con trozos de manzana, fresa, uva, sandía y piña con jarabe de chocolate.

– Tom aquí tienes tus… ¡Oh Dios mío, The Force Awakens! – chilló Bill tendiéndole el tazón al mayor

– ¿Ya la viste? – preguntó el mayor al verlo

– Por supuesto que sí – respondió el moreno – Fui al cine el día de estreno, sabes que me encanta Star Wars

– Yo no logré verla – comentó Tom con tristeza – Estábamos de gira cuando se estrenó y no pude ir al cine, luego la compré para verla después, pero lo olvidé

– ¿Es en serio, Tom? – preguntó el menor incrédulo

– Sí, ahora siéntate y disfrútala – le mandó Tom dejando al otro confundido – Pero no estés repitiendo los diálogos ni digas que pasará, sabes que odio cuando la gente hace eso

Bill sonrió y se sentó en uno de los sillones pequeños subiendo los pies hasta que sus rodillas quedaron contra su pecho.

– ¿Quieres un poco de fruta? – preguntó Tom – Me serviste como si fueras a alimentar un ejército

– No Tom, gracias, así estoy bien – respondió sin siquiera quitar la mirada de la T.V.

– Estás más delgado que antes Bill – comentó el mayor – Además una de las enfermeras me contó que has estado con náuseas y no comes nada

– En serio Tom, estoy bien – replicó Bill

Tom le ignoró y se levantó yendo hacia la cocina, Bill escuchaba como su hermano buscaba algo en los gabinetes de la cocina, luego volvió al salón con dos tazones de frutas y le tendió uno, después se sentó nuevamente en su cómoda posición.

– Te comerás esas frutas y hoy cenaremos lo que tú quieras – dijo Tom moviendo la mano en el típico movimiento “jedi” haciendo que Bill soltara una carcajada

– Esos trucos jedi no funcionan contra mi mente – rio el menor de manera altiva

Ambos rieron y callaron cuando la escena de apertura terminó dando inicio a la película.  Estaban sumergidos en la pantalla mientras disfrutaban de sus frutas, cuando se acabaron dejaron los tazones en la mesa y se acomodaron mejor para ver la cinta.  Tom estaba tan concentrado que casi ni pestañeaba mientras Bill, aun abrazando sus rodillas movía los labios repitiendo los diálogos.

Pasaron dos horas y la película terminó dejando a Tom en shock por la muerte de uno de sus personajes favoritos, miró a su hermano quien estaba hecho un ovillo en el sillón profundamente dormido.  Ya le extrañaba no haberlo oído llorar por la triste escena.

Subió a su habitación y buscó un manta en su armario, luego volvió al salón y cubrió su hermano con esta ya que estaba anocheciendo y comenzaba a hacer frío.

Se sentó de nuevo y comenzó a cambiar canales dejando uno de dibujos animados, le daba igual ya que estaba hablando con los G’s por medio de mensajes de texto, quienes le contaron que en las noticias de espectáculos solo salía él, pero no hablaban precisamente de su salida del hospital, hablaban de quién había salido tomado de la mano con él, los periodistas no tardaron en crear el rumor de que el guitarrista de Tokio Hotel se había enamorado nuevamente.

– No puede ser… – resopló dejando el celular a un lado y cambiado al canal de noticias

Efectivamente, fotos y vídeos tomados esa tarde aparecieron en la pantalla con la leyenda “¿Quién es la nueva pareja de Tom Kaulitz?”.

– Tendré que pedirle a Liz que se encargue de esto – murmuró tomando su celular nuevamente para enviarle un mensaje de texto a su representante

Decidió apagar la T.V. antes de que Bill se despertara y viera semejante espectáculo que se estaba montando la prensa, al ver la hora y que el menor no tenía intenciones de despertar, llamó a pedir comida.

A los 30 minutos un jovencito tocaba el timbre de la puerta, Tom caminó hacia ella viendo como el chico ponía cara de asombro.

– ¡Oh por Dios, Tom Kaulitz! – dijo el muchacho emocionado

– Sí, sí – resopló el guitarrista – ¿Cuánto te debo?

– ¿Qué? ¿Está loco? Es Tom Kaulitz, cortesía de la casa – dijo el chico – Solo… me regalaría un autógrafo para mi hermana, ella lo adora – le pidió tendiéndole una servilleta y un bolígrafo

– ¡Claro! – sonrió Tom firmando el papel

– Muchas gracias aquí tiene su comida ¡buen provecho! – sonrió entregándole a Tom la bolsa con la comida

– Aquí tienes €20, porque me has caído bien – sonrió el mayor – Buenas noches

–  Buenas noches – sonrió el muchacho retirándose

Tom cerró la puerta y dejó la bolsa con comida en la barra de la cocina, volvió al salón y movió suavemente el hombro de Bill para despertarlo.

– Hey – susurró

El pelinegro abrió los ojos lentamente, sorprendiéndose al ver a Tom tan cerca de él y la oscuridad que los rodeaba

– ¿Qué hora es? – preguntó incorporándose rápidamente

– La hora de cenar – sonrió Tom – Vamos, he comprado comida china ¿te gusta no?

El moreno asintió y siguió a su hermano hasta la cocina sentándose ambos en la barra, comenzaron a comer en silencio hasta que Tom empezó a contarle que en las noticias los trataban como pareja, haciendo que el menor se atragantara, luego de auxiliarle dándole unos golpecitos en la espalda le dijo que ya le había pedido a Liz que se encargara de eso.

Luego de cenar ambos subieron a la habitación del mayor, Tom se lavaba los dientes y se cambiaba por el pijama en el baño mientras Bill le preparaba la cama.

– ¿Te duele? – preguntó Bill una vez que Tom estuvo acostado

– Un poco – respondió el mayor acomodándose mejor en la cama

– Si necesitas algo no dudes en llamarme – sonrió Bill mientras le cubría con la manta

– Sí, mamá – se burló – Buenas noches, Bill

– Descansa, Tom – dijo Bill apagando la luz y cerrando la puerta

Se fue a su habitación y allí se alistó para acostarse, ya que como había dormido gran parte de la tarde no tenía sueño, se metió en su cama y sacó un libro para leer, pero no pasó mucho tiempo cuando sintió como le atacaban las náuseas de nuevo.  Se levantó de la cama y corrió hasta el baño para devolver todo lo que había cenado, de pronto escuchó como abrían la puerta de su habitación.

– ¿Bill, has visto mi… Bill? – llamó Tom al no verlo en la cama, caminó hasta el baño y vio a su hermano arrodillado frente el inodoro – Bill…

– No te acerques, Tom – le mandó levantándose y tiraba la cadena

Tom se quedó en la puerta viendo cómo se mojaba la cara y se lavaba los dientes nuevamente.

– ¿Qué tienes Bill? – preguntó viendo como pasaba a su lado para irse a su cama – No es normal que tenas tantas náuseas, de verdad te ves muy enfermo

– No es nada, Tom – dijo el pelinegro sentándose en su cama – He tenido mucho estrés y sabes cómo me pone eso

– Como sea, si sigues así te llevaré al médico – dijo el mayor – Ahora ve a dormir, te ves cansado

– Pero no tengo sueño – lloriqueó Bill

– Bueno, como sea, acuéstate de una vez – le mandó caminando hacia la puerta – Hasta mañana

– ¿Qué querías? – preguntó el menor metiéndose en la cama

– Nada, ya recordé donde lo había dejado – contestó restándole importancia

– Hasta mañana, Tom – dijo Bill apagando la luz de la lámpara

– Descansa – dijo el mayor cerrando la puerta

De verdad le preocupaba el estado de su hermano, estaba muy delgado, pensó que al verlo ya en casa se pondría bien. A la hora de la cena, le vio comer con mucha gana y se alegró, pero ahora al verlo botar todo de su estómago le preocupó de nuevo y lo que más le molestaba era que Bill le restaba importancia, también se le veía muy cansado.  Sabía que cuando el menor se estresaba se ponía muy mal, pero nunca lo había visto así, eso no era solo estrés, pero ahora que él ya estaba en casa le pondría cuidado y le devolvería un poco la atención que él había recibido de su parte.

Continúa…

Gracias por leer, te invitamos a continuar con la lectura.

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

Un comentario en «13 As The Lights Go Down»

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