«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 13: Padres… ¿pequeños inconvenientes?
Tom se paró asustado del sofá y corrió hasta la habitación de Bill miró a todos lados buscando un sitio para esconderse, cuando descubrió que el closet estaba vacío. Como pudo se metió y cerró la puerta espiando por una pequeña hendidura de luz.
Mientras tanto, el de rastas aún nervioso abrió la puerta dejando pasar a su madre.
-¿Qué haces aquí tan temprano? – preguntó entre molesto y a la defensiva cerrando la puerta después de que ella ingresara.
-No me hables en ese tono – agregó enojada la madre – vine a visitarte, en realidad Jörg me dijo que te irías anoche y no le creí. Por eso vine a comprobar si era cierto, me asusté al no ver tu auto afuera.
– Bueno ya me ves acá vivito y coleando, déjame dormir – pidió casi corriéndola de su departamento – mamá solo a ti se te puede ocurrir venir tan temprano sabes como me pongo a la mañana.
-Ay me hago pis – pensó Tom para sus adentros aún encerrado en el placard – vete madre de Bill, rayos!
-Se buen niño y sírveme un café – sugirió Caroline sentándose cómodamente en el sofá cuando vio la bandeja que los enamorados habían dejado la noche anterior – ¿Bill estás con alguien? ¿Porque hay dos vasos?
-Jane – respondió rápidamente – ella está duchándose.
-¿¡Está?! – Gritó la madre emocionada- hace cuanto que no veo a esa chica, Jane!
-¡No! – Negó él nervioso colocándose en el umbral de la puerta con los brazos extendidos – no la molestes pobrecita, está mal, muy triste y quiere estar sola. Por eso déjame conversar tranquilo con ella te prometo ir a casa más tarde.
-Oh lo siento – susurró la mujer – ¿Qué le pasa?
-Ya sabes…desamores y esas cosas – mintió Bill llevando a su madre hasta la entrada del departamento – nos vemos mamá, luego te llamo.
-Más te vale – reprochó Caroline – cuídate hijo, te amo.
Cerró la puerta y se acercó a la ventana, esperó que su madre se marchara y corrió a la habitación en busca de Tom.
-¿Mi amor? – llamó el de rastas hasta que la puerta del pequeño baño se abrió– ¡Que susto! Ya se fue.
-Que divina tu madre, venir a estas horas de la madrugada – se quejó el de trenzas acercándose a él – pero bueno, ya estoy despierto.
Bill le sonrió mientras el fotógrafo tomándolo de las caderas lo llevaba contra las puertas del closet. El de rastas sintió su espalda chocar contra la fría madera mientras Tom recorría su cuello con sus labios lenta y seductoramente. Mientras tanto una de sus manos acariciaba el pecho del pelinegro director hasta encontrarse con ese adorno metálico que tomó entre sus dedos tirando un poco de él. Con su otra mano presionó desde las delgadas caderas de Bill contra su cuerpo hasta que dejó escapar un jadeo y se separó con cuidado.
– Me encantas – susurró el fotógrafo – quisiera devorarte a besos por completo. Te amo, te amo de una manera que…
Los ojos de Bill brillaron ante las bonitas palabras que estaba oyendo, hasta que su móvil sonó desde la sala.
-¿Es mi celular o el tuyo? – Preguntó Tom caminando hasta el sofá – el mío.
Entre quejas atendió escuchando la furiosa voz de Chantelle que no lo dejaba hablar. El de rastas aún respirando agitado lo miraba atentamente a medida que las expresiones de Tom cambiaban.
-¡Cállate! –le gritó por fin fuera de sí– mira, a ver si entiendes. No eres ni mi pareja, ni mi novia, ni mi mujer para pedirme explicaciones ok? Y eso de trabajar para tu persona olvídalo, consíguete otro que lo haga… sí hay alguien más en mi vida, estoy enamorado del ser más dulce… ¡Muérete! Adiós.
Bill sonrió ampliamente acercándose hasta a él para abrazarlo emocionado. Tom finalizó la llamada y tomándolo del mentón lo besó con ahínco, casi mordiendo sus labios hasta dejar que cayera sobre el sillón debajo de él. Ambos pasaron un fin de semana tranquilo, juntos y amándose sin ir más allá. Fueron al cine, a cenar y de compras. El de trenzas sin darle explicaciones le dijo a su madre que se ausentaría por mucho trabajo y le prometió regresar el lunes por la noche. Jane al llegar al departamento el domingo por la mañana fue puesta en alerta sobre lo sucedido con la madre del director. Melisa a pesar de la ausencia de su hermano se sentía feliz, sabía que su Tomy estaba con ‘el chico lindo’ como ella le decía, y saber que estaba sintiéndose bien la conformaba. Derek junto a los demás empleados habían pasado el fin de semana en Nach, como lo hacían habitualmente pensando en las probables opciones de quien ocuparía el puesto de director luego de la ida del diseñador. Jenny levantó apuestas y como siempre no hubo más que alcohol, sexo y chisme barato en toda la trasnoche. La mañana del lunes había llegado para todos. Algunos con cierto mal humor y pocas ganas. Para el padre del director por ejemplo.
-¿Entonces, ese es el rumor que se corre por la oficina? –preguntó Jörg molesto levantándose de la cama, para luego encender un cigarro y expulsar el humo molesto –mi hijo no tiene ni un puto límite.
-Sólo te digo lo que se comenta –resopló Natalie cubriendo su desnudez bajo las sabanas– algunos aseguran que tu hijito adorado y el fotógrafo están juntos, otros como yo solo lo sospechamos.
-¿Mi hijo no es homosexual verdad? –le preguntó a la rubia, y ella se limitó a responder revoleando los ojos– sinceramente, has sido su pareja…
-Para mí no lo es –respondió comenzando a vestirse– pero es virgen y eso lo sabes, y también es lo que te acrecienta dudas. ¿Qué hombre se le niega a una mujer como él lo hizo conmigo?
Jörg se quedó pensativo, dispuesto a averiguar que era lo que pasaba realmente por la mente de su hijo. Se vistió molesto, le dejó un beso a su amante y partió rumbo a la oficina.
Empresa editorial
Cada uno de los empleados, concentrados en sus respectivas maquinas trabajaban arduamente para el nuevo número de la revista cuando el sonido del ascensor los desconcertó.
-¡Buenos días! –saludó feliz el de rastas. Llevaba su cabello recogido dejando su perfecto rostro totalmente expuesto, sus ojos perfectamente maquillados con sombra azul oscura, una camiseta de mangas cortas suelta al cuerpo y unos pantalones negros marcando sus largas y finas piernas.
Todos se voltearon a verlo, y sin comprender que hacía allí lo saludaron sonrientes. Pero sus sonrisas se borraron al notar su compañía: Tom vestido a estrenar, con su mirada detrás de unas gafas oscuras entró algo mal humorado siguiéndolo hasta su oficina.
-Cambia esa cara –suspiró el director luego de cerrar la puerta, apoyándose sobre ésta– Tom ¿Tanto te importa lo que digan?
-No es eso –se quejó acercándose hasta él – solamente que me gustaría no tener que escondernos.
-Papá trabaja aquí…sabes que a mi tampoco –Bill bajó la mirada mientras el fotógrafo aprovechaba para apoyarse contra él fuertemente – augh, amo tu cuerpo.
-Y yo el tuyo mi flaquito cabezón – murmuró el de trenzas atrapando sus labios – muero por alejarnos de ‘todos’ y estar solos tu y yo. Solos. Juntos.
-Te amo – sonrió el director aferrándose fuertemente dejando que sus labios se conecten, sus lenguas se acaricien en un suave y húmedo movimiento y que sus corazones latan tan fuerte de modo que sus pechos se inflen hasta ruborizar sus mejillas.
Cocina de la empresa.
-¿Te anoto o no? – preguntó por tercera vez el subdirector– ¿Georg irás?
-Carrera de Karts, claro! – Respondió por fin el castaño – Gustav también irá como cada año, anótalo.
-¿Puedo ir? Puedo, puedo, puedo? – Saltó emocionada Violeta – Derek no seas machista.
-No podes, es para hombres –resopló escribiendo los nombres de los empleados en una pequeña planilla– Victoria levantará las apuestas… ¿Quién me falta inscribir?
-Pregúntale a Bill – sugirió Lily ilusionada– apuesto a que es bueno corriendo esas cosas.
-Es para empleados, qué parte de ‘es para empleados’ no logras comprender?!- le gritó molesto – él es el jefe imbécil!
-¿Y a Thomas? –añadió rápidamente Victoria, y su amante sonrió ampliamente. Se dispuso a salir de la oficina cuando se encontró con el dueño con una expresión sumamente enojada.
-Señor – saludó el subdirector – buenos días.
-Buenos días Zac – respondió rápidamente el padre de Bill. Él siempre llamaba por el apellido a sus empleados, sobre todo cuando estaba molesto –¿Llegó mi hijo?
– Sí señor en su oficina – dijo Derek. Jörg caminó rápidamente hasta la oficina de su hijo dispuesto a conversar seriamente con él.
-Te amo –respiró agitado el fotógrafo presionando fuertemente a Bill contra la puerta, casi restregándose contra él justo cuando su padre intentó abrir, pero ‘algo’ se lo impidió.
Casa de Tom.
Melisa se había ausentado a clases. Simone limpiaba la casa con las ventanas abiertas, mientras tenía en su reproductor de audio música francesa. La pequeña estaba sentada en la mesa con todos sus marcadores de color y hojas en blanco esparcidos por doquier. Sonriente dibujaba mientras movía sus pequeños pies al ritmo de la canción, los cuales colgaban en el aire.
– eli levanta eso de la mesa – ordenó su madre – te traeré el desayuno.
La pequeña no la escuchó y continuó con su obra de arte, como Tom llamaba a sus pequeños y sencillos dibujos.
Tomó el marcador negro y lo destapó con sus dientes, dejando el capuchón en su boca. Trazó unas líneas negras y una circunferencia. Luego abrió otro color rosa y pintó el interior del pequeño círculo. Acto seguido tomó otros colores dibujando un pequeño y delgado cuerpo. Volvió a tomar el marcador negro y esta vez intentó dibujar unas trenzas algo cubiertas por una pequeña gorra. Repitió el procedimiento y luego dibujó a una pequeña niña de vestido rosado y cabello rubio. Sonrió satisfecha justo cuando Simone apareció por detrás de la pequeña.
-¿Verdad que está bonito mamá? – preguntó Melisa enseñándole la hoja. Simone sonrió ampliamente asintiendo con la cabeza – Ésta soy yo.
-Y ese es tu hermano supongo – rió la madre – quién es esa muchacha?
-Él es Bill, lo toma de la mano a Tomy porque lo ama –respondió con total naturalidad.
-¿Cuál Bill? – Cuestionó Simone nerviosa– ¿Lo ama?
– Bill, el chico lindo… el chico lindo que le gusta a Tomi y que… -pero la niña no pudo continuar hablando. Simone sintió un mareo y cayó redonda al suelo– creo que metí la pata…
Continuará….