«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 14: Interrupciones, sospechas y una Simone diferente
Melisa se sentó sobre su madre asustada, bañándole el rostro con el agua helada y sucia proveniente de un florero que no tardó en perderse en su cabello y deslizarse por su cuello. Abrió los ojos abatida y miró al techo intentando recordar que le había sucedido. Parpadeó varias veces y luego con la respiración comenzando a agitarse tomó a su hija por los hombros.
-¿Qué dijiste Melisa?! – le gritó Simone desesperada, asustando a la pequeña– ¿Qué un hombre ama a tu hermano?
-Yo…yo – tartamudeó la niña soltándose del brusco agarre– no dije nada…no se que dices má.
La pequeña corrió hasta su habitación encerrándose atemorizada, mientras que la madre del fotógrafo con su piel pálida como un papel se tomó la cabeza intentando pensar y comprendió más de una cosa. La salida de su hijo el viernes por la noche, la ausencia en el fin de semana y lo peor. El porqué le ocultaba el número de la revista para la cual estuvo trabajando. Su intuición maternal no fallaba, Tom algo escondía.
Se levantó con dificultad y sacudió su fina camisa. Cerró las ventanas y la puerta, juntó los colores de la pequeña y volvió al mirar el dibujo, esta vez permitiendo que una lágrima se deslizara por su húmeda mejilla. Suspiró mientras pesadamente subía la pequeña escalera caracol, cerró sus ojos con fuerza mientras se detenía ante una puerta de madera oscura. Miró detenidamente los recortes que su hijo había pegado con cinta adhesiva y le pareció imposible su relación con un hombre. Abrió la puerta y sonrió al notar el mismo desastre de siempre. Simone era conciente que Tom estaba lo suficientemente mayor como para que ella anduviese metiendo su nariz entre sus cosas, pero estaba demasiado aturdida ante las palabras de su pequeña hija. Revisó su closet mientras le ordenaba sus enormes camisetas una por una, doblándolas y alisándolas con la mano. Miró el póster de Jesica Alba en ligera ropa que tenía en la puerta y rió. Al no hallar nada, se tiró al suelo mirando debajo de la cama, pero solo encontró una gorra sucia con telas de araña. Y más telas de arañas. Se sentó en la cama pudiendo oír nuevamente en su mente las palabras de Melisa, cuando de repente miró la mesa de noche que estaba ubicada junto a la cama. Se mordió el labio asustada y llevó su mano hasta la pequeña perilla de madera redondeada y la tiró. Allí estaba, descansando una revista con un ‘Billy Future’ color dorado en el extremo. La tomó en sus manos y sus ojos se aguaron. Pasó las páginas y notó la felicidad que su hijo emanaba e inevitablemente sonrió ella también. Volvió a ponerla en su lugar, y con su corazón agitado salió de la habitación.
Oficina de Bill
El fotógrafo miró atemorizado al joven de rastas, al notar la voz del padre de Bill y la fuerza que ejercía para entrar. Aquí no tendría un lugar donde esconderse.
El director abrió los ojos como platos y empujó al de trenzas hacia el escritorio haciéndolo sentarse y casi consigue tirarlo al suelo.
– Perdón papá, estaba conversando con Trümper y me apoyé contra la puerta – mintió dejando pasar a Jörg, quien de inmediato notó los labios de ambos algo rojos y sus pechos subiendo y bajando como si les dificultara respirar. Tom no pudo mirarlo a los ojos, su mirada era amenazadora, por lo tanto se limitó a asentir con la cabeza y tomar una carpeta de imágenes que descansaba sobre el escritorio del director.
-¿Necesitabas algo papá? – preguntó Bill ante el silencio del dueño de la empresa, pero éste negó con la cabeza. Algo aún en él lo hacía dudar, la venda de sus ojos no se había caído por completo y no era el momento de hacer ningún lío en la empresa.
-Sólo quería saber como va el nuevo número… ¿Has encontrado algún tema? –fingió sin despegarle la mirada al muchacho de trenzas, y su hijo negó nervioso– Ok, volveré más tarde.
-Esta bien –murmuró Bill volviendo a cerrar la puerta– siempre estamos al filo de que nos encuentren.
-¿Tus padres siempre son así de inoportunos? –resopló el fotógrafo llamándolo con la mano. Bill sonrió y caminó lentamente hasta él sentándose en su regazo con sus piernas juntas por timidez. Buscó sus labios y los fusionó con los suyos cuidadosamente, mordiéndolos con ternura; justo cuando la puerta fue abierta nuevamente y Bill se paró asustado tirando algunos objetos del escritorio.
-Perdón –se disculpó Derek– ¿Interrumpo?
-No – respondieron los dos tensos al mismo tiempo– ¿Necesitabas algo? –remató Bill.
-Quería preguntarle a él – añadió el subdirector señalando a Tom– si te gustaría participar de la carrera de Karts.
-Oh suena interesante, claro! – agregó con sinceridad observando la planilla que el hombre le extendió– ¿Y el ganador que obtiene?
-Dinero, lo que se junte – dijo Derek – han pedido que Bill participe pero supongo que no querrá.
-¿Por qué no voy a querer? – interrumpió molesto el de rastas – si Tom corre, yo también.
Ambos se miraron desafiantes y el fotógrafo arqueó una ceja. Luego tomó el papel entre sus manos y escribió sus nombres. El subdirector salió feliz de la oficina listo para ir con un nuevo chisme.
-Voy a asesinar a alguien –bufó el de trenzas cruzándose de brazos– tengo mucho trabajo y cuando quiero estar aquí, solo contigo interrumpen. A ver esperemos a que venga otro idiota a molestar!
-Trümper! –rió el de rastas– no sea egoísta, yo tengo que chequear los trabajos de todos, soy de todos.
-Eres mío –interrumpió acercándose a él– esos todos, son solo unos idiotas de acuerdo?
Bill sonrió en silencio mientras Tom lo llevaba nuevamente contra una de las blancas paredes.
-Repite conmigo – ordenó el fotógrafo comenzando a besar la suave y blanca piel de su cuello.
-¿Qué? – suspiró derretido el director cerrando los ojos mientras su rostro ardía.
-Di “Soy tuyo Tom” – dijo el de trenzas subiendo su rostro, pegando su frente con la de Bill – repítelo.
-Soy tuyo Tom – repitió el de rastas dejando que sus labios se fundan en un nuevo y apasionado beso.
Cocina de la empresa
– Y bueno así fue, yo entré y estaban como raros. Respiraban agitados, no sostenían la mirada no lo se –susurraba Derek ante los empleados– No vi nada más, pero algo me dicen que estaban follando sobre el escritorio.
-¿Con la puerta abierta?! –gritó espantada Violeta– gracias al cielo que yo no entré, imagínate que te interrumpan en semejante momento… ya sabes todo se viene abajo…allí abajo.
-Que salvaje – jadeó Victoria tocándose el cuello como si a ella le provocara placer – es tan agh! ¿Entonces ellos participan en la carrera de mañana? ¿Por qué a Bill?
-Porque fuera de la oficina podremos comprobar si pasan tiempo así, demasiado cerca- interrumpió Lily – me encantan, lo juro! No se por qué se esconden tanto.
-Cállate viene la zorra – susurró Jenny y todos comenzaron a disimular ante la llegada de la amante de Jörg.
-Buenos días – saludó Natalie y todos le respondieron a coro – alguna noticia?
-Ninguna – respondió Derek saliendo de la cocina, seguido por Victoria y ambas secretarias.
-Nadie te quiere – rió la pelirroja justo antes de retirarse también.
-¿Y a estos que les pasa? –resopló la rubia, dirigiéndose a la mesada a preparase un café.
Durante la jornada de trabajo, Bill recogía los informes que sus empleados le entregaban al igual que las imágenes que Tom recopilaba para su labor. Sus miradas se cruzaban deseosas y enamoradas de vez en cuando, sus cuerpos se llamaban y al pasar por un mismo pasillo buscaban rozarse aunque el espacio fuera suficiente para ambos. A la hora del mediodía almorzaron juntos y luego regresaron encerrándose cada uno en su oficina para volver a sus tareas.
Al llegar la hora de volverse a casa, esperaron que la empresa quedase solitaria con sus luces ya bajas sin nadie más merodeando por ahí. Se mandaron un mensaje de texto como en toda la tarde y salieron encontrándose entre risas.
– Esto es completamente tonto – susurró Bill cerrando sus ojos al sentir la calidez del aliento del fotógrafo sobre su rostro – me vuelves completamente tonto.
El de trenzas lo tomó de la mano entrelazando sus dedos con fuerza y caminaron hasta el ascensor de camino al estacionamiento. Una vez allí, con el frío colándose entre sus ropas y el sonido de los grillos oírse a los lejos se despidieron con un tierno beso.
– Hasta mañana Trümper – saludó el director entrando en su vehículo.
– Hasta mañana Kaulitz – repitió el de trenzas para luego, marcharse cada uno en un sentido diferente.
Casa de Tom
– Si mi vida comprendo comprendo – decía Simone al teléfono – Gordon… sabes que te extraño cuando trabajas por la noche pero por otro lado es mejor así el día lo pasas conmigo… esta bien, cuídate y abrígate. Te amo.
-¿Papá no vendrá? – Preguntó Melisa, ya en pijamas esperando a su hermano para que viniese a acostarla – otra vez no vendrá.
– Mi amor, tu padre trabaja de noche a veces ya sabes – respondió la madre, mientras se disponía a colocar la mesa para la cena – Meli, pon las servilletas, Tom debe estar por llegar.
Simone aprovecharía la ausencia de su marido para conversar con su hijo mayor. Evidentemente algo sucedía, ya que demoraba poco más de cuarenta minutos de su horario de salida. No era lo que quería para su hijo pero… pero el sonido de la puerta cerrarse la sacó de sus pensamientos.
– Buenaaaaas- saludó el de trenzas y la pequeña dejó caer al suelo los tenedores para correr a saltarle encima a su hermano – Enana!
Pero Melisa se quedó callada, recordando las palabras que se le habían escapado.
– Tomi te hice un dibujo ven – lo llamó tirándole de la mano hasta la pequeña mesa de la sala – esta soy yo, este eres tu y…
-¿Ese es Bill? –rió tentado– lo hiciste como muy cabezón! Pero te quedó bonito, es para mí?
– No – negó la niña y el muchacho la miró extrañado – quiero que se lleves al chico lindo.
– Tom… – murmuró su madre desde el umbral de la puerta que unía la sala de la cocina – quiero que hablemos sobre tu relación.
-Yo no tengo ninguna… – dijo nervioso el fotógrafo.
-Quiero que hablemos sobre tu relación con tu jefe – ordenó su madre – por qué me ocultaste algo tan bonito como eso?
Tom se quedó callado ¿Acaso su madre llamaba bonito a su relación con un hombre?
-¿Desde cuando tenes secretos conmigo? –preguntó Simone con sus ojos llenos de lágrimas– ¿Tan bruja me crees como para no aceptarte?
Su hijo totalmente emocionado la abrazó fuertemente mientras la pequeña rubia observaba confundida la escena.
-¿Eres feliz? –agregó Simone mirándolo a los ojos y él solo asintió– Yo te amo hijo, así que jamás me escondas nada ¿de acuerdo? Y ahora quiero conocer a ese chico personalmente.
Tom sonrió ampliamente, sintiendo un gran alivio al saber que su madre estaba de su lado y volvió a estrujarla entre sus brazos.
Continuará…