16: Simone, verdadera madre ejemplar

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 16: Simone, verdadera madre ejemplar

-¿Bill? –gritó el de trenzas bajándose de su kart corriendo desesperado hasta donde se produjo el impacto– ¿Mi amor?
-Auch – se quejó de dolor el de rastas quitándose el casco– Tomy ayúdame.
El fotógrafo empujó el vehículo ante la desesperación y notó el abollamiento que poseía el pequeño vehículo a un lado. Le tendió la mano a Bill, pero él volvió a emitir un quejido de dolor y no pudo ponerse de pie.
-¿Qué sucede? –le preguntó asustado notando como el director hacía presión en su entrepierna. Le quitó la mano y notó como el traje comenzaba a tornarse rojo oscuro.
-Algo se me ha clavado justo aquí –lloriqueó el director. Sin dudarlo el de trenzas lo tomó con cuidado entre sus brazos y lo cargó en ellos– ¿Qué…qué haces?
– Soy tu príncipe azul –bromeó Tom mientras el de rastas se sujetaba fuertemente colocando sus manos alrededor de su cuello. Sin resistirse, buscó sus labios fusionándolos mientras caminaba con Bill a carga sin importar que todos los demás empleados de la editorial estuvieran mirándolos – te amo – le susurró mirándolo con la ternura saliéndole por los poros.
-Lo besó – susurró Derek luego de tomarle una foto con su móvil, justo cuando se acercaban hasta ellos. Ninguno dejaba de cuchichear, sus chismes eran reales.
-¿Alguien puede pedir que venga un médico? Por favor – pidió el fotógrafo – lo llevaré hasta los vestuarios, está herido.
-¡Yo llamo! –sonrió ampliamente Lily – Quédense tranquilos.

Vestuarios de hombres.
Entró con sumo cuidado y lo depositó sobre una larga banqueta de madera. Le quitó los zapatos y acto seguido comenzó a quitarle el traje. Bill volvió a quejarse estirando su cabeza hacia atrás, apretando sus ojos con fuerza ante el ardor y el dolor causado por la herida
-Oh se ve mal –murmuró el de trenzas levantándole con cuidado el extremo del boxer dejando al descubierto parte de la herida en su pálida entrepierna – muy mal.
-Perdí –susurró el director– te quiero esta noche en mi casa, cuidando de mí.
-Lo pensaba hacer de todos modos –sonrió subiéndose de rodillas a la banqueta besándolo intensamente – esta noche tendrás al enfermero Tom cuidando del pobre paciente y herido Kaulitz.
-Mmm –rió contra sus labios tomándolo de la nuca justo cuando unos pasos hicieron que se separasen y sus mejillas ardieran. El fotógrafo rió ante lo que su mente comenzaba a procesar y Bill lo miró tímidamente.
-A ver, quién se nos hizo puré –dijo una voz masculina mientras abría la puerta dejándose ver, un señor mayor de cabello oscuro con un maletín en la mano.
-Mucho gusto –se apresuró a saludar tendiéndole la mano el pelinegro trenzado sentándose junto a su enamorado.
-Igualmente – asintió el médico. Su rostro se contrajo al ver la herida y el de rastas imitó el gesto– bueno, no parece tan profunda pero te debe doler espantosamente debido a la zona en la que te has lastimado. Mira lo ideal sería que te desinfecte y te coloque una venda pero deberías quitarte eso.
-¿Es…esto? –tartamudeó enrojeciéndose hasta las orejas, miró a Tom y éste le sonrió mojando sensualmente sus labios moviendo el piercing oscuro que adornaba la zona.
-Sí – respondió el hombre – y te daré una crema, para que cicatrice rápido.
-¿Alguna recomendación doctor? – preguntó el de trenzas.
– Sí una muy importante – agregó preparando todo para el vendaje- nada de abrir las piernas.
-Genial –murmuró el fotógrafo girando los ojos. Caminó hasta la puerta de modo que el doctor no lo vea, ya que le daba la espalda, e hizo un gesto con la mano justo a la altura de su propia entrepierna que Bill pudo notar y sonreír. Fingió que se golpeaba su cabeza contra la puerta, y el de rastas rió más alto. Sin mirar a Tom deslizó sus boxers hacia abajo tomándolos para cubrirse un poco y separó su pierna herida. El médico algo incómodo sanó su herida y colocó el ancho vendaje. El joven de ropas anchas alcanzó la ropa con la que habían llegado y comenzaron a vestirse una vez que se quedaron solos nuevamente.

Mansión Kaulitz
-Siéntate –ordenó Jörg a su mujer– Como te dije, es algo delicado. Creo que fuimos unos ciegos desde hace años.
-¿De qué rayos hablas? – Preguntó su mujer atemorizada mientras bebía una copa de alcohol– ¿Es sobre nuestro hijo?
-Mis empleados, los de la editorial… – empezó el padre del director nervioso– me confirmaron que Bill está en pareja.
Caroline permaneció en silencio temiendo que sus presentimientos fueran reales. Sus ojos se llenaron de lágrimas y ella carecía algo que Simone sí tenía: comprensión.
-Su pareja es el fotógrafo –dijo por fin rompiendo en silencio, mientras la mujer negaba con la cabeza como una desquiciada – ¿No qué? Es cierto, ¡no te miento! Yo también tuve mis sospechas, pero ahora…

-¡No Jörg, no, esto de este modo no… los vas a echar! – Le gritó furiosa – ¡vas y despides a tu hijo y al maldito marica!
-¡No puedo! – Interrumpió el hombre elevando la voz – justamente ellos son más profesionales que cualquiera, gracias al trabajo que brinda Trümper la gráfica de Billy Future mejoró, tanto así que ¡agotamos!
-¡Me importan un pito la revista y los negocios! – añadió aún furiosa aventando la copa contra una pared, quebrándola en mil pedazos mientras el resto de la bebida manchaba la pared, deslizándose hasta la alfombra – No seas ambicioso, piensa en tu hijo…¡Está enfermo!
-Ya encontramos una solución – murmuró intentando volver a la calma – encontramos la forma de separarlos, no falta mucho.
-¿Encontramos? – Cuestionó Caroline – ¿Quiénes? ¿Vos y quién más?
-Natalie… – respondió tenso y ella resopló.
-Siempre esa mujer – dijo molesta – siempre te ayuda, siempre es como tu mano derecha. Lo tenés a David ¿para qué? Pobre estúpido, nunca le das trabajo siempre esa zorra anda detrás de tu trasero. Adiós Jörg.
-¿Dónde vas? – resopló el hombre.
-Voy a ver a mi hijo – finalizó tomando la cartera – he sido asusta, más que tu. Tengo una copia de las llaves de su departamento, mi deber de madre es curar a mi bebé.

Departamento de Bill
La noche estaba cayendo y el frío nuevamente comenzaba a envolver la ciudad. El de rastas se incorporó en el sofá de la sala, el cual Tom había preparado para la comodidad de su pareja.

Para su suerte, Jane tuvo que consolar a una amiga por lo que les avisó que no iría a dormir. Semidesnudo bajo las abrigadas mantas bebía un poco de café, mientras el fotógrafo le explicaba a su madre lo sucedido.
– Sí mamá… – suspiró el de trenzas – ya te oí, por la niña no te preocupes me despertaré más temprano y la llevaré a la escuela… sí, no fue nada grave. Está bien le mandaré un saludo… no le exigiré nada mucho menos que separe las piernas no soy un monstruo…yo también te amo mamá…está bien, está bien le diré. Besito.
– ¿Qué dijo? – preguntó Bill mientras lo llamaba a recostarse junto a él.
– Mañana si estás mejor quiere que cenes en casa, porque Gordon nuevamente trabajará de noche – respondió quitándose las zapatillas – si gustas a dormir.
– Eso lo agregaste tu, eso no te dijo tu madre – rió el de rastas – tramposo.
– Me pillaste – sonrió Tom, deshaciéndose de los anchos pantalones cubriéndose a su lado – es que no quiero estar ni un segundo lejos de ti.
Sus miradas se iluminaron, sus sonrisas volvieron a aparecer en sus rostros. Pegaron sus frentes y sus frías narices se rozaron, sus labios se encontraron mientras sus ojos se cerraban lentamente. Las manos de Tom, con falta de comodidad se deslizaron por debajo de las mantas tomándolo por la cintura atrayéndolo lentamente hacia su cuerpo. Bill llevó sus manos al cuello del de trenzas y dejó que sus cuerpos se cruzaran enredando con sumo cuidado sus piernas.

-¿Volvió Jane? – Susurró Tom separándose apenas unos centímetros – juraría que oí un auto.
Pero el de rastas no le dio atención, al fin y al cabo su amiga tenía llaves y sabía la relación entre ellos. Volvieron a fusionar sus labios esta vez más hambrientos, deseosos, desesperados…
-Te amo –jadeó el de trenzas al mismo tiempo que una llave era depositada en la puerta y giraba la cerradura.
-¿Qué mierda se supone que es esto? –gritó Caroline sobresaltándolos y ambos se separaron con el corazón en la garganta.

Continuará…

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