«As the lights go down» Temporada I

Capítulo 17

– No, no, no… no quiero perder a mi bebé… Gareth – lloraba Bill desesperado

 – Tranquilo, mi amor… él estará bien – le calmaba el rubio.

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Tom entró a su casa en silencio para no despertar a su hermano, pero por como lo había visto dormir, ni un terremoto le despertaría.  Subió lentamente las escaleras y se dirigió a su habitación, pero se detuvo frente a la puerta al escuchar que el agua de la ducha del baño de su hermano corría.

Su corazón comenzó a latir rápidamente, caminó hasta la habitación de su hermano y abrió la puerta, la cama estaba vacía.

– ¿Bill? – llamó con voz temblorosa

No obtuvo respuesta, caminó hasta el baño y abrió la puerta lentamente encontrándose con un inconsciente Bill tendido en el suelo, estaba bocabajo con la cabeza ladeada hacia un lado.  Corrió al lado de su gemelo y le tomó en brazos para recostarlo en su regazo, el pobre estaba helado.

– Bill – susurraba mientras le quitaba los mechones mojados pegados en su cara

Su hermano lucía muy mal, estaba realmente pálido y sus labios ya se estaban tornando morados, respiraba débilmente. Le dio un vistazo en general, intentando pasar por alto sus partes íntimas y pudo ver que el pelinegro estaba realmente delgado.  Lo que más le alarmó fue ver la sangre que tenía en sus piernas.

Se quitó la chaqueta que llevaba puesta y cubrió a su hermano con esta, por suerte le llegaba hasta la mitad de los muslos.  Le alzó en brazos y con cuidado lo sacó del baño, a como pudo tomó una manta del armario de la habitación y luego lo llevó hasta su auto, allí le acostó en el asiento y le cubrió con la manta para hacerle entrar en calor.

Conducía como nunca antes, se pasaba de carril para rebasar otros autos, se pasó varias luces en rojo provocando el enojo de las otras personas quienes sonaban las bocinas y le gritaban groserías. Los ignoró olímpicamente, ahora solo le interesaba llegar al hospital lo más rápido posible.

Al cabo de diez minutos, un lloroso Tom entraba al hospital con un inconsciente pelinegro en brazos.

– ¡Ayuda, por favor! – lloró llamando la atención de la gente

Rápidamente, un grupo de médicos llegó a socorrerlo, segundos más tarde el moreno era llevado en una camilla a emergencias.  Una enfermera se quedó con el mayor para tomarle los datos de su hermano y qué había sucedido.  Con gran esfuerzo, a causa de sus sollozos le explicó a la mujer el estado del menor en los últimos días y como lo encontró tendido en el baño cuando llegó a casa.

A los pocos minutos, fue llevado a la sala de espera, se sentó en uno de los sillones mientras bebía un té tranquilizante que le ofreció la misma enfermera.  Mientras sostenía la bebida entre sus temblorosas manos, no podía dejar de pensar en lo que había provocado ese estado en su hermano menor, pero más o menos ya tenía una idea.  Las náuseas, los mareos, el cansancio, el sueño y la sensibilidad que presentaba el moreno solo podían significar una cosa.

– ¿Cómo no me di cuenta? – susurró tapándose la cara con una mano

¿Por qué el pelinegro no le dijo? ¿Acaso no lo sabía? ¿Lo sabía Gareth? ¿Era él el padre? Si era así, ¿cuántos meses tenía? ¿Cuándo sucedió?  Tantas preguntas retumbaban en su mente y no tenía la respuesta de ninguna.

– Thomas Kaulitz – llamó un doctor

– Sí, señor – contestó levantándose del sillón

– Su hermano está fuera de pelinegro – dijo el doctor – Todo indica que el desmayo que tuvo se dio debido a que su tensión estaba muy baja y además, ha tenido un aborto – agregó

“Aborto” 

Esa palabra resonó por su mente haciendo que se mareara y sintiera que su alma dejaba su cuerpo.

¿Cómo reaccionaría Bill cuando se lo dijeran?

– ¿Alguna vez viste que Bill presentara algún tipo de rechazo al bebé, menciono el aborto en algún momento? – preguntó el hombre

– Mi hermano sería incapaz de hacer algo así – le cortó Tom muy molesto

– Entiendo, solo pregunto – resopló el médico – Tu hermano despertará pronto, será mejor que vayas con él para que no se altere

El guitarrista le obedeció y entró a la habitación donde estaba el menor, se encontraba profundamente dormido. Pudo apreciar que su piel ya recuperaba un poco el color natural dejando atrás esa palidez enfermiza.  Se sentó al lado de la camilla y le acarició la mejilla con el dorso de la mano. Se sintió muy mal por él, no sabía que le pasaría ahora, el pobrecito había pasado por tantas penas en tan poco tiempo.  Sabía que el pelinegro era fuerte, pero perder un bebé eran palabras mayores y seguramente lo destrozaría y él, como su único apoyo, no sabría que hacer para consolarle, nunca había pasado por eso.

Tomó una mano del menor y la cubrió con las suyas, depositó un beso en ella.  Luego llevó una de sus manos hasta el plano vientre del otro, sin poder creer que allí hubo un bebé.

– ¿Por qué no me lo dijiste, Bill? – susurró

“Culpa” 

No podía evitar que el sentimiento de culpa le recorriera por dentro.  Todo lo que le había hecho a su inocente hermano mientras esperaba un bebé. Todos los golpes, llantos y corajes que le provocó. Sintió como un nudo se formaba en su garganta.

¿Había sido su culpa? ¿Bill había perdido a su bebé por todo eso?

– ¡Perdóname, Bill! – sollozó contra la mano de este – Si tan solo lo hubiera sabido…

Ya podía hacer una idea de lo que se le venía encima, rechazo y odio por parte de Bill.  Su hermano lo odiaría y con justa razón, le perdería y volvería a quedarse completamente solo.

– Tom – escuchó

Levantó la cabeza y pudo ver como su hermano comenzaba a reaccionar.

– Tom – repitió el menor intentando abrir los ojos con esfuerzo

– Aquí estoy, Bill – susurró el mayor

– ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? – preguntaba el otro haciendo un esfuerzo por incorporarse

– Espera, no te levantes – le mandó Tom deteniéndolo – Iré por el doctor

Se levantó de la sillita rápidamente y salió de la habitación, luego de unos segundos un hombre con bata blanca entraba con Tom detrás.

– ¡Hola, Bill! – saludó el doctor acercándose al menor para examinarlo

– Me duele la cabeza – suspiró el moreno llevándose una mano a ella

– Tu hermano te encontró desmayado en el baño, te llevaste un buen golpe – le explico – ¿Puedes recordar algo de lo sucedido?

Bill se quedó en silencio por unos segundos, su mente estaba confundida, pero poco a poco fue recordando lo sucedido.

– Me sentía mal – comenzó a relatar – Así que me estaba dando una ducha, de pronto comencé a marearme y a sentirme débil… luego… – tragó grueso porque sentía un nudo formándose en su garganta – Mi vientre… comenzó a doler… sentía un dolor punzante y luego… vi sangre – susurró – Entonces, supe que… – calló de pronto y los demás notaron que sus ojos se llenaban de agua

– ¿Sabías del bebé? – preguntó el doctor, el menor negó con la cabeza – ¿Entonces, cómo supiste que…?

– Porque ya me había pasado antes – le interrumpió el pelinegro

Eso le cayó como balde de agua fría a Tom.  ¿Acaso Bill ya había tenido un aborto antes? Tenía que estar de broma.

– Comprendo – suspiró el doctor – Te dejaremos en observación y te haremos unas pruebas, si todo está bien, podrás volver a casa

El pelinegro asintió, luego el doctor salió de la habitación dejando a los gemelos solos.  El mayor de ellos tenía muchas preguntas rondando en su mente y necesitaba respuestas, salió de su shock y miró a su hermano, se había dado vuelta en la cama dándole la espalda.

– Bill – llamó en voz baja

El moreno no le contestó, así que caminó Tom caminó hasta él y puso ver como su cuerpo se estremecía por el llanto, puso una de sus manos sobre el brazo del menor para demostrar que estaba con él.

– Bill…

– ¡No me toques! – sollozó el moreno quitándole la mano bruscamente – ¡Lárgate!

– ¿Qué? – dijo el mayor incrédulo

– ¡Largo! ¡No quiero verte! – gritó mirándolo con furia – ¡Lárgate!

Tom le miró desconcertado, podía ver el dolor en los ojos del menor, estaba sufriendo y no le permitía consolarle ¿Por qué?  Sus sospechas eran ciertas, Bill sabía que él era el culpable de la muerte de su bebé.

– ¿No entiendes, Tom? ¡Fuera! – lloró el menor

El guitarrista decidió obedecerle, lo menos que quería era alterar al pelinegro en su estado.  Salió de la habitación y se quedó en la sala de espera, allí una de las enfermeras se le quedó mirando extraño.

– Me ha sacado – susurró Tom sentándose en el sillón

– Tu hermano debe estar muy sensible, es normal – le intentó consolar la mujer – Pronto se recuperará

El chico asintió no muy convencido, la enfermera siguió hablando con él un rato y le dio un café.  Luego de unos minutos vieron como el doctor entraba nuevamente en la habitación de Bill. Después de unos veinte minutos el hombre salía y se dirigió a Tom.

– Le haremos más pruebas a tu hermano – anunció el hombre – Físicamente, se encuentra bien, pero emocionalmente está muy afectado.  Será mejor que vuelvas a casa para que descanses, puedes volver alrededor de las 1:00pm

Tom asintió y se levantó del sillón, se despidió de ambos médicos y salió lentamente del lugar.  Condujo hasta su casa por inercia, no podía sacar de su cabeza la imagen de su lloroso hermano, ni el sentimiento de culpa que lo invadía.  Su corazón dolía, como hace mucho no lo hacía, la maldita conexión estaba más activa que nunca.

¿Tan fuerte era el dolor que sentía su gemelo que hasta el podía sentirlo?

Cuando llegó a casa, subió a su habitación y sin siquiera cambiarse la ropa, se metió a la cama, quería dormirse, olvidarse de todo por un momento, pero sabía que no lo lograría.

– Bill – suspiró – Mi pobre pequeño…

Sintió como lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos, no sabía que pasaría a partir de ahora, solo esperaba que esa luz que irradiaba el pelinegro no se extinguiera.

&

El reloj del auto marcaba las 2:20pm, Tom conducía de vuelta a la casa en compañía de un silencioso moreno.  Desde que volvió al hospital, Bill no le había dirigido la palabra, sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y su rostro lucía muy apagado, como si la alegría hubiera abandonado su cuerpo por completo.

Cuando llegaron a casa, el pelinegro fue el primero en bajar del auto y entrar a ella, cuando el mayor lo hizo, pudo ver como su hermano se había encerrado en su habitación con llave.

Necesitaba hablarle, consolarle, demostrarle que él estaba a su lado o si el menor deseaba, recibir los gritos que le acusaran de ser el culpable de su pérdida… solo quería escuchar su voz.

Las horas pasaban y su hermano menor no se dignaba a abrir la puerta de la habitación.  Ahora se encontraba sentado contra la puerta de la habitación escuchando los sollozos del menor.  Miró el reloj de pulsera que llevaba, eran las 7:15pm, ya era hora de cenar.  Con todo esmero, había preparado una sopa para su hermano, debía alimentarse bien para recuperarse pronto. Así que, con paso decidido fue a su habitación y buscó una copia de las llaves, volvió a la de su hermano y abrió la puerta encontrándolo enrollado entre las sábanas de su cama.

– ¿Qué haces? – preguntó el pelinegro sentándose en la cama mientras se limpiaba las lágrimas que bajaban por sus mejillas

– La cena está lista – anunció el mayor intentando soñar firme

– No tengo hambre – respondió el menor tajante

– No has comido nada en todo el día, Bill – le riñó Tom

– ¿Y qué importa? – gritó el moreno molesto – ¡Déjame en paz!

– ¡Escucha, Bill! – gritó Tom de vuelta –  Sé que estás muy dolido por lo que está sucediendo y comprendo que quieras estar solo, pero no esperes que yo solo me quede cruzado de brazos viendo como sufres, sé que no es fácil… entiendo muy bien cómo te sientes

– ¿Qué vas a saber tú cómo me siento? – lloró el moreno – Estoy harto, Tom… cansando de tanto luchar… no… no logro entender porqué todo lo malo tiene que sucederme a mí – sollozó escondiendo su rostro entre sus manos

– Lo lamento, Bill… a veces la vida nos juega malas pasadas, pero debemos sobreponernos – intentó consolarle el guitarrista – ¿Acaso no fue eso lo que me dijiste cuando ya no podía más?

– ¿Tu no entiendes verdad, Tom? – preguntó el pelinegro mirando a su hermano fijamente – Tu “sufrimiento” no es nada comparado al que yo he tenido que vivir – gritó dejando que sus lágrimas corrieran libres por sus mejillas – He perdido a mi madre, te perdí a ti, tuve que dejar mi vida por salvar la de mi padre y aún así lo perdí a él también… He perdido a mi prometido y he tenido que afrontar dos abortos… ¿Aún así piensas que has sufrido?… Por favor, Tom… tu vives en un cuento de hadas… Los únicos problemas que tienes es por ser un estúpido malcriado egoísta que solo puede pensar en sí mismo sin importar lo que sientan los demás – gritó con saña – Tú no sabes que es sufrir realmente

Tom le miró perplejo intentando procesar todo lo que le gritaba.  Jamás imaginó que su hermano le fuera a decir esas crueles palabras. Así que eso era lo que pensaba sobre él realmente, así que su esfuerzo por cambiar había sido en vano.

“Un ser egoísta e insensible” 

Aguantando las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos, caminó lentamente hasta la puerta de la habitación.

– Sí he sido capaz de pensar en alguien más antes que en mí, Bill – le dijo cerrando la puerta con un sonoro portazo

El pelinegro, respirando agitadamente y apretando las sábanas entre sus manos, se maldecía por todas las horribles cosas que le había gritado al mayor.  Se había dejado llevar por el dolor y frustración que sentía en ese momento y se tuvo que desquitar con su pobre hermano que solo quería ayudarle.  Jamás debió decirle esas cosas después de los grandes esfuerzos que había hecho.

– Tom – susurró con dolor.

Continúa…

Gracias por leer, te invitamos a continuar con la lectura.

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

Un comentario en «17 As The Lights Go Down»
  1. ¡Holi de nuevo! (Mi primer comentario del fic en este nuevo sitio :D)
    Pobre Bill, es cierto que su vida ha sido terriblemente difícil con muchísimas pérdidas importantes. Sin embargo, aunque entiendo la devastación de Bill, me dolió que le hablara de esa forma a Tom. Es cierto que Tom actuó como un tirano en un principio, pero creo que si se alejó de Bill fue porque creía que lo lastimaría con sus sentimientos.
    Todo se complicó justo ahora que su relación estaba mejorando tan lindo u_u

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