«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 17: Toda amenaza trae sus consecuencias

Saltaron de la cama atemorizados y de inmediato una mano del de trenzas se aferró a la cintura de Bill, no sólo marcando territorio sino también como símbolo de protección. Caroline negando con la cabeza, frotándose las manos cerró la puerta y caminó hasta frente de ellos. Los miró de arriba a abajo, notando sus desnudas piernas y la pequeña herida del de rastas.
-¿Qué le hiciste? – Susurró la madre del director acercándose amenazadoramente a ellos – ¿Qué le estabas haciendo a mi bebé?
-No le he hecho nada –respondió de inmediato el fotógrafo – fue en las carreras de…
-No hablo de eso, no no –interrumpió la mujer comenzando a enfurecer– ¿Hablo de cómo lo engatusaste? ¿Cómo lo transformaste en un marica? ¿Cómo le contagiaste la enfermedad? ¿Lo drogaste, lo alcoholizaste o le hiciste algún trabajo de magia negra?
-Mamá… – suspiró Bill al notar las idioteces que su madre comenzaba a fabular – por favor…no empieces.
-¡Cállate! – Ordenó Caroline acercándose aún más hacia ellos – devuélveme a mi hijo.
-Su hijo me ama – agregó nervioso Tom – y yo lo amo a él. No estamos enfermos, estamos enamorados.
-¡No! –volvió a gritar– ustedes tienen que ver a un psiquíatra, están mal. Él no es mi hijo ¿entendiste? No es mi hijo, mi hijo no es un maldito puto, no es…
-¡Basta! –gritó el fotógrafo notando como los ojos del director comenzaban a llenarse de lágrimas ante el ofensivo rechazo de su madre– No le voy a permitir qué le hable así, ¡usted no tiene ningún derecho!
-Soy su madre –refutó la castaña- ¿Qué? ¿Me vas a pegar?
-Soy capaz hasta de matar por él – dijo casi sin pensarlo y volvió junto a un Bill ya roto en llanto – usted no sabe ser madre, usted está enferma porque no tiene corazón, ¡no tiene un puto sentimiento! Apuesto a que ni siquiera sabe el verdadero significado del amor.
-Tu no vas a decirme lo que es ser madre –añadió entre dientes– algún día vas a rogarme Bill Kaulitz y ese día te voy a repetir que no eres mi hijo. El día que te arrastres ante mí suplicándome un centavo de toda la herencia de mi familia ahí diré que para los malditos maricones no habrá más que las migajas y la basura.

Sin decir más, la mujer volvió a mirarlos de pie a cabeza resoplando, cerrando la puerta violentamente. El muchacho de rastas miró a un punto en la pared mientras su vista comenzaba a nublarse por el llanto que quería emprender un exilio desde sus ojos. Una lágrima se desprendió y bajó por su mejilla. Tom de inmediato lo abrazó, atrapando la pequeña gotita salada con sus labios, besándolo fuertemente consiguiendo que un sollozo de dolor naciera desde su pecho siendo el inicio de un infrenable llanto.
-Me odia, me odia – lloró Bill – ¿Por qué mis padres me odian?
-No te odian mi amor – le susurró acariciándole lentamente la cabeza – sólo que tal vez…ellos no querían algo como esto para tu vida.
-¿Esto? – Preguntó mirándolo a los ojos con su maquillaje corrido – ¿esto? Y ¿qué es esto Tom? Acaso ¿no es amor? ¿No es la misma clase de amor que tuvieron mis padres al casarse? Cuando yo te digo que te amo, se que es amor. No es enfermedad.
-Son unos imbéciles que jamás comprenderán nada – suspiró volviendo a estrecharlo en sus brazos – pero siempre estaremos juntos. Nada ni nadie nos podrá separar.
-¿Me lo prometes? –agregó el director sentándose lentamente en el sillón– ¿prometes que jamás me dejaras? Aunque no tenga ni un centavo de mi familia… ¿Estaremos juntos?
– Quiero mi vida contigo, ¿entiendes? No me importa que seas el director editorial más famoso, no me interesa si eres un pobre indigente que vive debajo de un puente, un verdulero, un camionero o una celebridad. Nada ni nadie me va a alejar de ti – sonrió el de trenzas – te amo Billy.

Mansión Kaulitz
-Sí amor…claro, no tenemos que perder la oportunidad…no te preocupes, no te preocupes. Ya veré cualquier cosilla te llamo ¿de acuerdo? … Yo también princesa…igual muñeca, no te preocupes…te dejo viene mi mujer adiós – finalizó Jörg la llamada justo cuando Caroline entraba echando chispas, furiosa y con algunas lágrimas de ira mojando su rostro.
-¿Qué crees? ¿Qué crees Jörg? – Gritó como loca – ¡Estaban juntos, casi desnudos!
-Los pillaste en… ya sabes – tragó saliva el hombre y ella negó con la cabeza – ¿Algo te sucedió?
-Me amenazó – respondió sentándose sobre el sofá de la enorme sala bebiendo del vaso de whisky de su marido – ¡el maldito fotógrafo tuvo la puta cara de amenazarme de muerte! Me las van a pagar, no le dejaré ni un puto centavo a mi hijo, dalo por hecho.
-¿Qué harás con la fortuna de tus padres? – Cuestionó interesado – llama a un abogado ahora mismo, tengo el teléfono o deja una carta o ¡algo mujer! ¡Pero ya!

– Eso haré ahora mismo, dejaré una carta que diga que los bienes, la empresa se lo dejo a mi marido y que si algún día llega a pasarme algo…investiguen a Tom… – agregó levantándose desesperada caminando hasta el despacho – Tom… ¿cuánto?
-Trümper – dijo de inmediato sonriendo satisfecho. Una vez Caroline encerrada en su oficina, tomó nuevamente su celular discando al número de su última llamada entrante.
Jörg era ambicioso y eso no era ninguna novedad. Pero jamás pensó que una jugada podría ganarla tan rápido. Ante la amenaza que había recibido su mujer, había descubierto que podía matar dos pájaros de un tiro en muy poco tiempo: heredar la fortuna de su mujer… y separar a su hijo del fotógrafo. Jörg, era de esos tipos capaz de todo por unos cuantos billetes, unas joyas y un techo estable. Su madre, abuela de Bill había sido una prostituta y su padre un violador. ¿Qué podría esperarse? Su infancia la vivió junto a su abuela materna, quién vivía encerrada en bingos y casino…transmitiéndole ese vicio, esa ambición y ese incontrolable deseo por el dinero.
El tiempo transcurría y solo dos llamados le bastaron para conseguir su propósito. Derek, como siempre es uno de esos inútiles que hacen de todo para conseguir un ascenso en su trabajo…lo que sea, incluso hasta matar. Aunque jamás había cometido un delito semejante, la propuesta era tentadora “Te doy el puesto de gerente general en la editorial a cambio de la cabeza de mi mujer esta misma noche”

Sin dudarlo más aceptó. El subdirector, dormía con un arma bajo su almohada, arma que empleaba como seguridad… cargada con tres balas. Las mismas que acabarían con la vida de Caroline esa madrugada. Pero con esto Jörg no simplemente conseguía ser el heredero, no. La amenaza de Tom había sido la llave perfecta para abrir la gran puerta a los problemas que se avecinaban. El padre de Bill, luego de acordar con Derek salió al jardín con su fino cigarro habano y su vaso de whisky discando el número de su rubia amante comentándole como sería desarrollado su plan. “¿Comprendes amor? El imbécil de Zac se ensuciará las manos y nosotros disfrutaremos a costa de mi mujer y mi hijo. Con la amenaza del marica todo se nos hizo más fácil. Así que ve preparando tu cuerpecito, con Tom dentro de la cárcel mi pobre y dolido hijo estará más vulnerable y Natie…sos irresistible” La amante de Jörg no estaba muy segura de ese cambio de planes, pero tampoco le parecía mala idea. Ella creía que hubiese sido de mayor ayuda que su presa sea el pelinegro de trenzas, pero sí era cierto que ella podía fingir comprensión para el director.
Sin más rodeos el crimen se llevó a cabo esa misma madrugada. La mujer de Jörg tomó su ducha como cada noche, mientras él aseguró sentirse mal y quedarse en la oficina trabajando. Derek entró con el permiso del mismo hombre, completamente cubierto, con guantes de lana negros y el arma ya cargada lista para gatillar.

Departamento de Bill
-Mañana cuando vayamos a cenar a tu casa –susurró el director con sus ojos brillando en medio de la oscuridad– quiero dormir contigo…pero…
-Pero? – Sonrió Tom – ya se, quieres dormir en mi cama. Es pequeña.
-Quiero…quiero –Bill sintió su corazón bombear muy fuerte mientras sus mejillas comenzaban a arder– ¡me da vergüenza!
-No seas tonto –rió el de trenzas apegándolo a su cuerpo – dime.
-Quiero que me enseñes a hacer el amor –murmuró mordiéndose el labio bajando su cabeza escondiéndola entre las mantas.
-¿Bill? –dijo seriamente el fotógrafo y él ante la voz ronca lo miró- ¿Qué te enseñe? Pero si yo tampoco estuve jamás con un hombre.
-Pero yo no estuve con nadie –agregó tímidamente– juro que… ahora, pero… mi pierna y…
Tom lo besó hambrientamente mientras se derretían en el cálido sofá.

Mansión Kaulitz
Caminaba nervioso de un lado a otro, mientras su empleado subía las escaleras dispuesto a todo. Resoplaba a cada paso que daba sobre la alfombra de su despacho moviendo abruptamente el vaso en el cual solo quedaban los rastros del hielo.
Mientras tanto Caroline caminaba desnuda por toda la habitación, buscando su ropa de dormir justo cuando la puerta se abrió lentamente y una mano se depositó sobre sus labios impidiéndole gritar.

-Shh señora –murmuró el hombre impostando la voz– le llegó la hora ¿sabe? Llegó la hora que deje de ocupar espacio y consumir tanto aire. Diosito allí arriba está esperándola.
Ella atemorizada presionó sus uñas en aquel brazo cubierto por lana negra que la oprimía justo cuando un ardor y un dolor punzante atravesó a la alturas de su sien y lo único que vio a partir de allí fue una completa oscuridad.
Derek, sacó de su bolsillo un pañuelo de papel limpiando de su rostro las gotitas de sangre que lo habían salpicado y salió de la habitación con sus pies cubiertos por una bolsa de plástico. El imbécil resultó ser bastante listo.
Y si creían que la llegada de Chantelle había sido un problema, es porque no tenían idea de lo que la muerte de Caroline desencadenaría en la vida de todos.

Continuará…

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