17: Un juego de adolescentes

Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed

Capítulo 17: Un juego de adolescentes

Sábado – 18 / 07 / 2009

Tom

Bill ya no estaba abrazado a mí, pero su espalda y la mía estaban pegadas a causa de lo pequeña que era la cama.

Me levanté antes. No sé si por el cantar del viento estremecedor, o por el cantar de mi mente. Quizás fueran las pequeñas sacudidas que Bill hacía cada dos por tres a causa del frío, pero no estaba del todo seguro… Lo que sí sabía a ciencia cierta, era que aún era de noche. Por mucho que mirara por la ventana una y otra vez, sólo veía oscuridad. Había mirado el reloj del móvil que había dejado en el suelo como despertador, al menos tres veces en esta última media hora, pero no avanzaba el tiempo.

Y después de haberme dormido como un niño pequeño hacía apenas cinco horas, ahora… Era incapaz.

Ya lo he dicho, quizás es porque yo mismo no me dejo dormir, porque lo mismo, el mundo es tan hijo de punta que me está haciendo preguntarme más cosas cada día, me está haciendo que me plantee una serie de cosas, que yo… Yo creí que jamás ni tan solo vería de cerca.

Los nervios, la incertidumbre, las ganas de salir corriendo, el miedo, el mal estar, los cambios de humor, la alegría, la vergüenza… Y lo cierto es que es un etcétera totalmente infinito. Porque hay tantos sentimientos como segundos tiene el tiempo.

Ahora, yo estaba estriado en la cama. Y claro, alguien que sólo haya escuchado esta frase pensaría ¿Y qué? ¿Qué hay de malo en estar estirado en la cama?

Entonces yo le diría, que había estado abrazando a un hombre, a un chico, a un tío. ¿Sabéis a lo que me refiero? Supongo que no… No todo el mundo está pasando o ha pasado algo como esto que tengo delante de mí.

Porque… porque no puede ser, que tras años y años y años, siempre, y repito, siempre, haya ido detrás de una chica con figura de reloj de arena, y que ahora… Ahora, un chico que parece una tabla de planchar, en cuanto a delgado, plano y cuadrado, me tenga en las putas nubes.

En realidad estoy harto de siempre hablar de lo mismo, de estar cuestionándome lo mismo todo el tiempo, de arder en rabia pura por no poder responderme a tales preguntas, pero…

¡Es que es normal!

¡Es normal! ¡Claro que sí! ¡Y aunque no lo sea… me da igual! ¡Estoy muy afectado por el tema, y no lo dejaré hasta que todos esos espacios en blanco se rellenen! Lo necesito, lo necesito, joder…

Siendo ya las cinco de la mañana, se cumplen dieciocho días que lo vi por primera vez. En realidad eso no es nada, apenas supera un par de semanas, y ya estoy así.

Aún no me creo ni la mitad de cosas que he hecho, ni la mitad de cosas que estoy haciendo, ni que estoy pensando, ni que… ni que nada.

Por ejemplo, aún me parece una puñetera broma lo que pasó con la foto delante de Mario y Andy. O sea, era de chiste. ¡Primero que Mario está loco! ¡Y segundo que Bill también!

Aunque yo no me libro de esa etiqueta, ¿¡En qué coño estaba yo pensando como para aceptar?! ¡Ahora esa prueba quedará en la cámara, e impresa en tinta para siempre! ¡Y es que el de la foto no soy yo, no soy yo! ¡Yo no soy así! ¡Ese es mi… estoo… hermano… gemelo… que bueeeno…! Vale Tom, deja de decir gilipolleces.

Creo que estallaré.

Al cabo de un cuarto de hora más en el que aún no había amanecido, me levanté con cuidado, sacando el edredón y las mantas de encima mío, tan lento y pausadamente como me fue posible para no despertar al bello durmiente.

¿Qué bello ni que bello?

Para no despertar a… la… horrenda marmota.

Sí, eso me gusta más.

Me posicioné con los pies en el suelo y empecé a caminar poco a poco. Se veía perfectamente, ya que estos días la luna estaba enorme y alumbraba demasiado.

Avancé un poco y llegué hasta el baño.

La verdad es que no tenía ganas de ir al baño ni nada por el estilo, pero sí necesitaba alejarme un poco de la marmota. Me colapso con él al lado, o cerca, o sabiendo que está consciente al otro lado del muro, pero como está dormido… Aprovecharé.

¡Oh mierda! ¡Qué rabia no poder controlarme delante de él!

¡Yo debería decir que no, que no, que no, y QUE NO! A todo lo que me dijera, pero cuando está delante… Es, otra historia. Es un mundo aparte. Él mismo me tele transporta a otro lugar del planeta, donde… Donde no hay razón ni mente.

Ese es el problema.

Que este hombre es brujo, y no hay más que hablar.

Haré una caza de brujas y lo llevaré a la hoguera. Entonces, lo ataré a un palo y le pondré paja, muuucha paja, y le prenderé fuego. Sí, y así se acabaría mi problema. No mas magia, no más preguntas existenciales sobre qué es lo que me gusta.

Joder, ¿de qué me sirve pensar estas cosas si después llego a la irrefutable conclusión de que saltaría en medio del ardiente fuego y lo sacaría de ahí en medio? ¿De qué me sirve pensar que puedo apartarlo del camino de una manera dolorosa, para que se joda, y vea como lo estoy pasando yo, si se que en cuanto se pincha con una aguja me dan ganas de cargarme al inventor de esta?

¡¿De qué sirve?!

¡De nada! ¡Sólo para hacerme sentir más imbécil y estúpido! ¡Más vulnerable y frágil! Más hecho mierda.

Eso es lo que demuestro, que estoy hecho mierda y que estoy empezando a caer en todas las fantasías adolescentes del amor y blablablá.

Ecks, amor. ¿Pero qué hago yo pensado en esto? ¡Qué hago yo!

Me posicioné delante del espejo y me miré. Tenía las rastas recogidas en una coleta baja y apenas un pañuelo atado por debajo de estas. Mi rostro pálido como la tenue luz que entraba por la alta ventana del baño, se mostraba desnudo ante mi reflejo, al mismo tiempo que mi reflejo desnudo se mostraba ante mí. Se me veía cansado, fatigado, ofuscado y decepcionado. Se me veía en las ojeras, en el ligero descenso del final de mis labios, como si se tratara de una mueca de dolor interno. Aunque realmente, de eso es lo que se trata, de un sufrimiento totalmente psicológico que empieza por un cosquilleo extraño en el estomago, sigue por no dejarte dormir y acaba… No sé cómo acaba, y tengo miedo a descubrirlo.

Abrí el grifo apenas un poco y puse las manos debajo del minúsculo chorro que caía desde él. En cuanto mis manos hubieron adoptado la forma de un cuenco y hubieran recogido un poco de agua me la tiré en la cara, para despejarme, para levantar un poco el ánimo y estar más despierto, aunque dentro de un rato volviera a intentar dormirme. Pero en cuanto mi cara tocó el agua casi me dieron ganas de saltar y chillar.

¡Mierda, estaba congelada!

Me aparté instintivamente y el poco agua que aún quedaba en mis manos cayó en picado hasta el suelo. Agité las manos y fue peor, porque el movimiento hacía que el aire tocara mis dedos y los congelara más, así que fui hasta la toalla/papel más cercano que hubiera y me sequé rápidamente.

Cuando estuve seco del todo, no supe calificar qué era lo que estaba más frio, si mis manos o mi cara.

Suspiré sonoramente y después me rasqué en la nuca. Mi vida se estaba convirtiendo en una puta locura.

Di un par de pasos y me puse en el umbral de la puerta. Apoyé una mano en el marco de esta y me puse mirando hacia fuera, hacia la cama de Bill, hacía él.

Me dediqué a observarlo, una vez más, sin que este lo supiera. Y me empecé a preguntar cuantas veces había hecho lo mismo en el poco tiempo que lo conocía. Si no me equivocaba, iban ya, unas tres…

La sábana subía y bajaba y se oía una leve respiración.

-Joder, es que dan ganas de comérselo… – dije susurrándole al aire. Y cuando acabé de pronunciar tal frase, me quedé pensativo, aunque sabía perfectamente no pensaba retirarlo. Me cago en la puta. – Jodido amigo con derecho a roce… – maldecía, de nuevo en voz “alta”.

Otro momento total de desvarío. ¿Amigos con derecho a roce? ¿Qué coño había sido eso?

Yo sólo sabía que en aquellos momentos, en los que acepté serlo, mi cabeza estaba en otra parte. En cuanto quedamos tapados por el edificio del comedor, todo lo que tenía a mi alrededor se fue difuminando. Y es que una vez estoy asolas con él, sin que nadie nos pueda ver, mi atención, va sola hacia Bill. Mis ganas de mirarle, de tocarle y incluso de besarle, aumentan en segundos.

Y eso me había pasado ayer. Yo, estaba tan perdido en la mirada del moreno que las palabras que decía, dejaban de tener sentido.

Su roce, sus brazos, su calor, su… su todo, me estaban empezando a volver loco. Y en aquellos momentos, no sé en qué coño estaría pensando, pero de seguro que no era del todo consciente de ello. O quizás es que aún siendo consciente, no quería frenar el momento.

Igual si que quiero ser más que amigos, besarle. Quizás… por no decir seguro.

Jamás me había pasado esto. Estoy como en una dimensión totalmente desconocida. Cada sentimiento nuevo, me llena de incertidumbre.

¿Qué coño es esto que hace que no quiera apartar mi vista de ese chico, tapado hasta arriba, de la cama? Dios, lo he pensado tantas veces que ya se me hace hasta repetitivo.

Me desapoyé del marco de la puerta y con la cabeza baja y rascándome el bajo vientre deslicé mis pies por el suelo, hasta llegar al escritorio.

Me senté en la mesa y respiré profundamente.

Delante de mí se abría paso la ventana, que con retirar un poco la cortina, me mostraba el cielo.

Un cielo oscuro, que pronto daría un amago de morir, para finalmente, dejar de existir para ser substituido por el alba.

Las estrellas, de momento, brillaban fuertemente, parpadeando y perdiéndote en su ser.

Después de analizar cada una de las que tenía al alcance, posé mi vista hacia abajo, chocándome contra la madera del escritorio.

Y en él, unos dibujos. Unos cuantos dibujos. Ceras, carboncillos, pinceles, gomas, hojas en blanco, pinturas, lápices… De todo. Incluso el agua de limpiar los pinceles, en el vaso.

Después, una foto, tamaño DIN A4, de folio normal, apoyada al lado de la ventana, y en la cual aún no había reparado, llamó mi atención.

Éramos nosotros dos.

Era LA foto, para ser más exactos. Aquella que Mario nos había hecho el miércoles anterior. Bill mirándome con cara de zorrona, yo mirándole con deseo, mientras me cogía de la camiseta, y yo le agarraba toda la pierna, casi tocándole el culo.

Oh dios, qué calor… Y cómo me estaba poniendo la puta foto. Jodido Bill, que me tienes pillado por los huevos totalmente.

Volví a dejar la imagen imprimida apoyada en el mismo sitio, y de nuevo me concentré en los dibujos.

Me quedé de piedra.

Había como unos 6 dibujos hechos. Con diferentes técnicas, con diferentes escenarios, pero con algo en común. Los modelos siempre éramos Bill y yo.

La madre que lo parió.

El primer dibujo, era una réplica exacta de la foto. Quizás más cerca incluso de lo que ya estábamos en aquel momento. Se veían perfectamente nuestras fracciones, y eran exactamente las que habíamos puesto, esa cara. Qué bien dibujaba el cabrón.

Otro dibujo era una cosa totalmente inventada. Éramos nosotros dos, en mi cama, estirados. Como lo que habíamos vivido hoy noche, pero ambos despiertos, como si también se tratara de un fotomontaje. Y esto se repetía en el resto de dibujos. Cada uno más perfecto respecto al anterior.

Sentía que se me estaba formando unas cosquillas en el estomago que no sabría identificar exactamente lo que me producían, pero más de una sonrisilla se me escapó al ver estos dibujos.

En uno de ellos, salía yo solo. Sonriente, y mirando fijamente “a cámara”.

A sí que Bill se dedicaba a dibujarme cuando no sabía qué hacer. Tiene huevos. Seguro que le gusto. Eso de que tenía novia era una trola para liarse conmigo.

Y por último, el dibujo final éramos otra vez nosotros dos. Estábamos como en la oscuridad, y joder, nos estábamos besando.

Fue el día del comedor. Bueno, el día de detrás del comedor.

Parecía que nos estuviéramos cogiendo con fuerza, como si algo nos quisiese separar, y estuviéramos evitándolo. ¿De verdad le cogía yo con tanta ansia aquel día? Con ambos brazos, rodeándolo, aprisionándolo contra mí, contra mi pecho, aceptando mi tacto. Me estaba subiendo la temperatura de sólo acordarme.

La verdad es que besaba genial. Pocas tías he besado que besaran igual que él.

No podía apartar la vista del dibujo. Era realmente perfecto. Busqué el móvil, y buscando el flash, le saqué una foto. Recé por no haberle despertado.

-Humm… – oí de fondo. Bill estaba remoloneando. Quizás habría sentido el flash.

Me quedé atento, por si volvía a decir algo, pero no. Dio un par de vueltas en la cama y después volvió a permanecer en silencio, entre sueños.

Y como si de un imán se tratara, mi vista de nuevo fue dirigida hacia aquel trozo de hoja pintada, de negro carbón que hipnotizaba como el encantador prendaba a la serpiente con su música.

De pronto, algo me llamó la atención. Algo en la firma. Después de esa enorme B de Bill, garabateada con el resto de sus letras casi ininteligibles, había una frase. Bueno, dos palabras. No sabría decir qué ponía porque desde luego eso no era inglés, y mucho menos alemán. Parecía hasta impronunciable. ¿Qué coño ponía ahí?

Y como buen zopenco que era, intenté decirlo.

-¿Te… Te… Te quiigro? – mi cara debía ser de cuadro. Estaba claro que eso sonaba a chino. De hecho, habría jurado por sólo la fonética, que lo era, si no fuera porque era evidente que no seguía siendo nuestro alfabeto. – ¿Te quiigro? – volví a repetir. Por si por segunda vez sonaba mejor que la primera. ¡Dios, qué feo! Sonaba igual de mal.

Guardé los dibujos, apilados, en una esquina de la mesa, y mientras los estaba poniendo bien se me cayó otro al suelo.

Enseguida me agaché a mirarlo. Tuve que parame a mirar detenidamente el suelo, porque aunque la luna alumbrara muchísimo, el folio blanco se escapaba de mi visión nocturna.

Al cavo de poco lo encontré y lo sostuve entre mis manos.

La circulación se me paró, el corazón dejó de sentir y mi cabeza de pensar.

No era un dibujo, era un escrito. Un simple escrito en grande, que ocupaba toda la hoja. Con carboncillo, y casi difuminado de la hojas que se le había puesto encima y lo había emborronado.

Ponía claro y en grande: “Ich liebe dich, Tom”

Te quiero, Tom. Con todas las letras, con su gran significado.

Un viento de aire frio entró por la ventana helándome entero y dándome un escalofrío. Se me puso la piel de gallina.

¿Tom, te quiero? ¿Qué representa que es eso? ¿Porqué coño tiene Bill escrito en grande que me quiere?

Ui ui… Demasiada información de golpe. Creo que me estoy saturando.

Te quiero, Tom; Te quiero, Tom.

Lo mismo que “Bill, me quiere”. ¡Bill me quiere! ¡Me quiere!

¡No me lo puedo creer! ¿Pero no representaba que era hetero? La madre que me parió. Vale, no entiendo la situación.

Esto no tiene ni pies ni cabeza. Hace poco Bill me decía que quería ser mi amigo, y por muchas bromas que hagamos hecho al respecto, siempre ha quedado claro que ambos éramos hetero y que no sentíamos anda por el otro. Siempre, siempre lo hemos dicho.

¡Aunque ahora seamos amigos con derecho a roce, eso sigue sin importar! ¡Por que no es algo que conlleve llevar un vínculo de sentimientos!

Vale, también, es de gilipollas creérselo. Está claro que es maricón, yo ya lo vi en su momento y no me cansaría de decirlo, en cuanto lo vi dije que le iban las pollas, y aquí estamos.

Suspiré.

-Ich liebe dich… – leí en “voz alta”, aún sin creérmelo del todo. Le gusto, le gusto. No sólo le gusto, si no que me quiere. Se ha enamorado.

Quizás no enamorado del todo, pero sí que está pillado por mí. Y mucho.

Vaya.

Quién iba a decir que realmente se hiciera realidad. Tanto bromear con la cosa y ahora lo tenía detrás de mí, seguramente, ansioso por que le bese. Porque me acerque a él, porque estemos juntos.

Juntos.

De nuevo un murmullo de fondo me sacó de mi mente.

-Huuummm… -esta vez sonó a un gemido de molestia. Como ese típico “huummm… cinco minutos maas”. Me volví a quedar estático, delante de una situación en la cual, no podía hacer ruido para que el durmiente a secas, no se levantara. Pero este pareció que se estaba desvelando. Me giré poco a poco ya que había estado de espaldas a él todo el rato, y pude verle como movía su brazo por toda la superficie de la cama. Buscaba y rebuscaba, pero por mucho que palpara todo lo que estuviera a su alcance, no encontraba aquello que buscaba. ¿Qué debe de estar haciendo? ¿Qué debe de estar intentando encontrar?

-¿Tom…? – su delgado y larguirucho cuerpo se alzó un poco sobre las manos que había apoyado en el colchón y miró a todas partes sin ver nada, ya que tenía el pelo por toda la cara, qué adorable… ¡Eh, ni hablar del peluquín! ¡Nada de adorable ni adorable!

¡Pero a ver! ¡Tom! ¡Que ha preguntado por ti! Por unos instantes no supe que responder, me quedé mirando en dirección a la cama sin hacer mucho más y después cogí aire. Pero Bill me volvió a interrumpir antes de que pudiera decir nada.

-¿Tom…? ¿Dónde estás? –su voz ronca de por las mañanas sonó en toda la cabaña, aún oscura por ausencia de sol.

-Sí sí… He ido al baño. – ordené todas las horas que tenía en las manos y las dejé de nuevo sobre la mesa, boca abajo. No sé si para hacer notar que lo había visto o por querer tapar su contenido.

Me apresuré a caminar directamente en su dirección, disimulando.

-¿Qué hora es? ¿Hay que levantarse ya…? – su tono seguía siendo tan remolón como en el primer gemido.

-Shh… No no… Tranquilo – le susurré, mientras apartaba las sabanas y veía como se quejaba, tapándose consigo mismo, dándose calor con las manos frotándose, hasta que finalmente me enfundé yo en el colchón, y este se relajó al quedar de nuevo tapado. – Son las cinco y cuarto…

-Oh… Duele oírlo. – y mientras volvía a quedarse dormido se giró y se quedó de cara a mí, de lado y yo hice lo mismo instintivamente. Se aproximó un poco, y aun con los ojos cerrados me puso una mano en la cintura, me atrajo mínimamente, y respiró tranquilo.

Se volvió a dormir, cogido a mí, expirando e inspirando prácticamente sobre mi nariz, ronroneando de vez en cuando, como si fuese un gatito rascándome muy suavemente con las uñas, cosa que si fuese por debajo de la camiseta me volvería jodidamente loco. ¡Y eso que ni tan sólo había movido la mano de sitio! ¡No! ¡Simplemente la tenía posada encima de mi cintura, tocándome la espalda! Y me estaba matando.

Le miré.

Le miré como otras veces lo había hecho, directamente, sin que él lo supiera. De nuevo, durmiendo. ¿Cuán repetitiva es esta escena, verdad? ¿Será que el ¿destino? quiere que me dé cuenta de algo? ¿Será que ha de pasar algo en estos instantes y no lo he sabido aprovechar? ¿Esto es una puta señal?

Vale, ¿señal de que? ¿De qué coño va a ser una señal?

¿de que también me gusta? ¿Qué me siento… atraído? Arg, me suena fatal decir la palabra atraído. ¡Yo no me siento nunca atraído!

Pero… Joder ¿y si es cierto?

Tom, analiza la puta situación.

Otra vez Pepe.

Sí, y no me iré hasta que no te des cuenta, coño.

¿Pero de que me tengo que dar cuenta, macho?

¡De que te has pillado! Repito, analiza la situación…

Analízamela tú.

¿Sabes que yo soy tú?

Que me la analices, me da igual estar hablando solo.

A ver, te besas con él constantemente y te gusta, te quedas mirándolo a todas horas, lo buscas sin cesar allá donde vayas, te molesta que se enfade contigo, te jode que haya tenido novia, te jode que te resulta tan jodidamente atractivo, ¡te agrada físicamente y lo sabes! ¡No paras de pensar en el culo que tiene, macho! ¡Que soy tu conciencia, lo sé todo tío! Te encanta como besa. Te encanta su pelo, sus labios, su experiencia, su morbo, su cara de putón, sus sonrojos y sonrisas de autosuficiencia. Te encanta todo él”

¿Suficientemente analizado?

Te has pasado.

Quizás tuviera razón, quizás ahora era un puto maricón enchochado con él. Jodido bombón que tenía delante de mis narices. Quizás sí…

Pero… Joder.

¿Pero por qué dices pero? ¿Qué hay de malo? ¿Dónde está el sentimiento de “vive el momento”, que el lunes vivimos? ¿Dónde están esas ganas de hacerlo todo, para no morirte sin haber disfrutado cada segundo? ¿Dónde?

Pues no lo sé. Esto es algo totalmente nuevo y no sé cómo actuar… Pero a la vez, quiero actuar. Mierda, esto se está complicando coño. ¡No sé cómo dar ni el primer paso! ¡Estoy en blanco, bloqueado! ¡He de dar pasos en falso todo el rato si quiero intentarlo, joder! ¡Esto es difícil, es como un reto, como algo! Joder, no sé. Algo imposible.

Así es más divertido… Si supieras qué hacer en cada momento no sería tan atractiva la idea… Improvisa.

-Así será más divertido… Sí… Podría ser. – pronuncié casi inconsciente, poco antes de volverme a dormir, aferrando yo a Bill por su cintura, y atrayéndolo a mí, juntando nuestras resultonas narices y juntando nuestras respiraciones al soltar el aire al mismo tiempo.

Bill

Pipipipipiii

Mierda. El estridente y estresante sonido que producía ése reloj despertador era taladrante y molesto. A más, lo tenía en la puta oreja, golpeándome y obligándome a despertar de ese maravilloso e increíble sueño en el que Tom dormía a mi lado y lo cogía de la camisa, acercándolo a mí.

-Joder… – otra voz que no fue ni la mía, ni la de mi subconsciente, sonó en el contexto. Pensé por un instante en que había sido una alucinación mía, pero después noté movimiento.

El calor que había en mi cintura desapareció, como cuando llevas mucho rato en una postura y al cambiar ésta, notas frio, y el colchón entero se agitó. El sonido cesó y eso fue aún más increíble. ¡No había tocado el despertador!

¿Qué coño estaba pasando? Tenía tanto sueño que no tenía fuerzas para levantar los parpados.

Sentía que había estado toda la noche pendiente de algo, o concentrado en algo, de tal manera que me había agotado.

Ni que soñar con Tom fuera tan agotador. Aunque sí que muy… placentero. ¡Oh, mierda! ¡Me ponía cachondo de solo recordar que estábamos tan juntos! Está todo tan difuminado… Pero a la vez todo tan real. Me suena incluso, el haberme levantado en medio de la noche y haber preguntado por él, como si algo me hubiera desvelado y sintiese que me faltaba algo. Pero el hecho de que me contestara me suena tan lejos… Tan imposible. ¡Pero tan deseado, joder!

-Hmm… Tom… – suspiré en voz alta, como si el hecho de llamarlo pudiera hacer que apareciera de la nada, delante de mis narices, sonriente, y expectante. Aunque fue simplemente unas ganas de decir su nombre, de nombrarlo, de sentirlo más cerca.

-¿Sí? – otra vez de nuevo, una voz de cansado sonó a escasa distancia de mi posición.

A continuación el corazón se me aceleró de golpe y me entró un espasmo. Abrí los ojos con tanta fuerza que me dolió, y sentí tan pesados los parpados que creo que me ardían los ojos en deseos de cerrarlos de nuevo.

Pero la imagen tan difuminada que tenía delante de mí, se tornó nítida e incluso demasiado clara.

Se me cortó la respiración cuando fui totalmente consciente de que tenía delante de mí, un chico, con una camiseta demasiada pequeña para lo que suele llevar siempre, con cara de dormido, con las rastas cogidas en una coleta y esparcidas por el colchón, y que estaba a punto de tocarme.

Me levanté de golpe y después de coger aire sonoramente emitiendo un sonido agudo de sorpresa, aguanté la respiración con la mano en la boca y los ojos bien abiertos.

-¡TOM! –grité.

¡Ahí estaba! ¡Estaba delante de mí! ¡Justo como yo estaba pensando! ¡QUE SÍ QUE ESTABA DURMIENDO CONMIGO!

El latido desenfrenado de mi corazón hizo eco durante unas milésimas de segundo en que nadie dijo absolutamente nada. Nada de nada.

Después, el chico de las rastas me miró interrogante y confuso y se rascó los ojos después de bostezar. Y yo aún, flipando.

-¿Qué pasa? – preguntó con voz de cansancio, como si no le diera importancia a que me estaba dando un ataque ahí mismo. ¡No lo había soñado!

-Yo yo yo… – tartamudeé. Se pensará que soy imbécil. – Es que… Pensaba que había soñado contigo, no que de verdad habías dormido aquí. – aún estaba sorprendido de mi mismo.

Ahora me empezaban a venir las imágenes de ayer. Andy y Mario querían dormir juntos, sin interrupciones, y habían echado a Tom fuera, y este me había pedido de dormir conmigo. Sí… ya me acuerdo.

Dios, ¡que tonto soy!

-Bill… Yo soy tú y me lo hago mirar. – se rió de mí.

-Ja. Ja. – me burlé sacándole la lengua.

Este se volvió a reír y me lanzó encima la almohada en la que había dormido toda la noche. ¡Hostia… olerá a él! Pero no me dio tiempo a pensar en claro mucho tiempo, ya que me dio en toda la cara, y le miré atónito.

-¿Perdón? – Tom me miraba sonriente – Ja, te has metido con la persona equivocada, cariño – le miré desafiante, con una media sonrisa de superioridad.

Este se lamió los labios y después se los mordió, como si le encantara este juego. Joder, tú sí que me encantas a mí.

¡Bill, no te desconcentres!

-¿Eso crees? – dijo con un tono un tanto seductor. ¡Es como un sueño de verdad, levantarse y tenerlo a tú lado! ¡Aún no me lo creo!

-Ajá… – alcé una ceja, poniendo voz aún más melosa.

-Te tiraré de la cama y te comerás el suelo, chaval… -se puso de pié sobre el colchón y me miró desde arriba.

-¿Nos apostamos algo? – esta vez, era yo quien se levantaba y se ponía a su altura, con dificultades ya que tenía que aguantar el equilibrio fuese como fuese sobre ese colchón.

-Lo que quieras… – cogió la almohada con la que yo había dormido y se puso en posición de combate, con las piernas un tanto separadas, una delante de la otra, y su arma blanca (y nunca mejor dicho) en alto, señalándome con ella. –Dime algo, va… Lo que quieras.

Le tomé la palabra mentalmente y me dispuse a atacar contra él. Empecé a dar cojinazos al aire a por doquier, con los ojos cerrados, por si mi daba a mí mismo, e intenté avanzar un par de pasos pequeños, dadas las dimensiones de la cama, para intentar darle más fuerte, y tiralo a bajo de esta.

Escuché “¡traidor, has empezado antes!” al menos dos veces en lo que duró el asalto de golpes a la desesperada. Hasta que noté, que algo me cogía por la cintura fuertemente y me ponía de espaldas a como estaba. Me alzó en el aire y me zarandeó.

-¡Por traidor asqueroso! – escuché en mi oreja.

-¡Bájame, capullo! ¡Esto no se vale! ¡Es una guerra de cojines! ¡Sólo de cojines!

-¡Ja! ¡Te aguantas tío! – me siguió agitando en el aire y yo empecé a mover las piernas, intentando darle patadas sin saber muy bien a dónde le estaba dando. Sé que un par de veces le di en la rodilla derecha (la cual dobló las dos veces y casi nos caemos) y en el muslo izquierdo otras tres – ¡Eeh eh! ¡Te estás pasando, cabrón! – entonces con el cojín que tenía en mano aún me empezó a dar en toda la cara, dejándome sin habla y sin respirar. – Jajajajaja – se reía de mí.

No sabía ni qué hacer para parar y sólo se me ocurrió pasarle mis piernas y agarrarle las suyas por debajo del culo. Tirar hacia mí, y doblarlo para delante.

Cuando casi me estaba comiendo las sábanas y el final del colchón puse las manos encima de éste y frené el golpe.

Me giré antes de que le diera tiempo a reaccionar a Tom y cogí mi cojín de nuevo y me puse de rodillas.

Éste lo sujetaba en alto también y volvimos a empezar la guerra.

No sé que coño pasó, pero ambos acabamos colchón abajo. Cuando vimos que nos caíamos, Tom me agarró fuerte y me tapó la cabeza con sus brazos y me cubrió con su cuerpo entero. Aunque la caída no era excesivamente alta, caerte de la cama puede llegar a hacerte bastante daño.

Caí encima de él, cubierto totalmente, y pegado a su torso.

-Arg… – se quejó.

Mierda mierda, se ha jodido la espalda, ¡seguro!

-Tom, ¡Tom! – lo llamé mientras me deshacía de su abrazo y me ponía a cuatro patas, encima suyo. – ¿Estás bien? – pregunté, un poco asustado.

-Ugh… Sí sí… No me he hecho daño… Es solo que… Ah… Tu peso ha hecho que me duela más la caída… Y pesas tanto que, dios…

¡Oh! ¡Será capullo!

Le miré con el ceño fruncido y ni me lo pensé (quizás debería haberlo hecho, pero… las cosas salen mejor sin pensarlo), le pegué un bofetón en toda la cara.

-¡AAH! – se quejó.

-¡Por insensible! – me levanté indignado.

-¡Será posible! Encima que te salvo como si fueses una damisela, evitando que te lastimaras un dedo del pie, o te rompieras una de tus delicadas uñas, y me lo devuelves así! ¡Ja, la próxima vez te buscas a otro príncipe, monada! – se levantó y se cruzó de brazos, después de hacerme una mirada de reproche.

Yo suspiré y casi me derrumbé ante sus palabras. Ai… Me parece tan difícil enfadarme con él ahora… ¡Mira qué mono es! ¡No puedo ni enfadarme en broma!

Rodé los ojos y después sonreí de lado, curvando los labios.

-Ha sido divertido… – dije, con el tono de voz como si me estuviera rindiendo. Intentando calmar la situación que se acababa de comer el buen rollo.

-Tsk… – y este también se relajó. Deshizo su postura y finalmente puso las manos en los bolsillos, que por cierto, me parecieron quilométricos.

-Bueeeno… – se había abierto un silencio que me carcomía las entrañas de nerviosismo, sin motivo alguno. Di algo Bill, di algo. – ¡Me debes algo! ¡Has dicho “lo que yo quiera”! Y dos veces a más… – me acordé.

Pero este enseguida se echó para adelante y me miró indignado.

-¿Qué? ¡Pero si he ganado yo!

-¡No, yo!

-¡Que he sido yo!

-Jodeeer… ¿Vamos a estar así todo el rato? – dije sin evitar soltar una risilla.

-Ja… Eso parece. – dijo también riéndose. -¿Porqué siempre acabamos igual? – preguntó, retórico. Yo nada más que pude encogerme de hombros y mirarle intensamente.

-Va, déjame ganar la apuesta… – puse las manos delante de mi pecho y las crucé entre ellas, estrechándolas, y le puse pucheros. – Poorfaaaa… – lloriqueé.

Este se quedó callado, sin decir nada, pero mirándome con desconfianza. ¿Qué estaría pensando? ¿Qué le estaría pasando por la cabeza ahora mismo? Quizás está intentando adivinar que es eso que quiero pedirle para la apuesta. Quizás se lo está pensando. ¡Oh, ojalá! ¡Sería tan perfecto que me dijera que sí! ¡El motivo perfecto para hacerlo!

-¿Me va a doler mucho…? – Me quedé parado – Quiero decir, ¿No me irás a tirar montaña abajo ni nada por el estilo… no? – me entró la risa nada más oír eso último. ¡Pero qué mono! ¡Dios, me lo como! ¿Montaña abajo? No, no podría hacer tal cosa. Pero ¡ja! ¡Qué bueno! – eh, ¡no te rías! ¡Tienes la mente con ideas muy descabelladas siempre, y yo no descartaría esa opción nunca!

-No, tranquilo, no te tiraré montaña abajo… -dije entre risotadas aún.

-¿Seguro? ¿Y no me vas a hacer nada extraño que haga daño? – preguntó, frunciendo el entrecejo y tirándose hacia atrás.

-Quee nooo… – dije, como si lo hubiera repetido tantas veces que me cansaba de sólo acordarme.

-Entonces… Vale. – y cerró los ojos con fuerza, medio cubriéndose la cara con las manos, encogiendo el cuerpo, como si fuera a lanzarle una tarta a la cara o algo por el estilo.

-Pero qué tonto eres… -dije bajito, mientras avanzaba hasta su posición. Me situé a apenas un paso de él y alcé las manos. Las coloqué justo al lado de donde estaban las suyas y se las cogí. Tom pareció que dio un pequeño respingo y finalmente se dejó hacer. Le posicioné las manos abajo, una a cada lado del cuerpo, y finalmente entrelacé nuestras dedos dulcemente. No me perdía ninguna de las muecas que hacía Tom, aún con los ojos cerrados, y en este último gesto le vi sonreír de lado y morderse fugazmente el labio inferior. – Pero abre los ojos… – y mientras decía eso, encogía la espalda y baja la cabeza hasta su posición. Me puse a dos centímetros de sus labios y este abrió los ojos.

Le oí coger aire del susto y sus parpados se abrieron momentáneamente por la sorpresa.

No me lo pensé ni un segundo. Uní nuestras bocas en cuanto su vista se posó en ellas, casi instintivamente. Fue una unión suave, y casta. Sin lengua, ni tan solo abriendo los labios. Una unión y punto. Después le di otro y otro y otro beso igual. Hasta que él empezó a dármelos a mí. A veces coincidíamos y nos besábamos mutuamente, otras él me besaba de sopetón y otras le sorprendía yo.

Me encantaba. Pero cuando iba a volver a besarle, esta vez en serio, cuando ya estaba a un centímetro de comérmelo entero, este me paró. Me frenó con la frente, libre de gorras, y me habló bajito, y tan próximo, que casi me rozaba los labios cuando movía los suyos.

-Tú sí que eres tonto… – me hizo cosquillas en la nariz cuando me tocó con la suya sin querer. – Mira que me tenías prácticamente a tu merced para humillarme, y sólo me besas… – mi corazón se aceleró – el beso es gratis… No hace falta que ganes una apuesta para lanzarte encía mío.

Pero no me dejó ni contestar que hizo conmigo, lo que acababa de describir él solo.

Me besó y esta vez fue un beso más apasionado. Ambos participábamos, ambos movíamos las bocas, las abríamos las cerrábamos… Jugábamos con las lenguas, con la saliva, nos mordíamos… Oh sí, me mordió el labio en barias ocasiones.

Buah, otra vez besándonos y yo como un gilipollas dándole iniciativas. Es que soy tonto. Tonto a morir.

Vale, no. Lo que he de hacer es analizar la situación. Ya lo he pensado antes. He de volver a hacerlo, ahora que estoy en medio del asunto.

Veamos, ¿qué siento ahora mismo? Me siento, a gusto, bien, genial. Lo admito, me gusta besarlo… Joder, me vuelvo loco.

Uoh… Tom lo está poniendo todo de su parte, está ansioso, está dándolo todo y cada vez me acorrala contra la pared sin tan sólo moverme. Porque cada vez demuestra mejor lo bien que lo hace y la experiencia que tiene, tan sólo de momento, en este campo. Me hace pequeño a su lado y sin embargo hace que yo me sienta el centro de atención. Como si no estuviéramos solos… Como si él, me hiciera protagonista de la escena.

Tiré la cabeza hacia delante un instante en que ambos nos quedamos respirando en la boca del otro, y casi sin darnos tiempo a descansar, queriendo retomar el control que no me había dado tiempo a recuperar, le metí la lengua hasta dentro y este se sorprendió. Después noté que se reía y de nuevo volvimos a devorarnos.

.

La madre que lo parió… Este me quiere matar. Decidido. Joder, es que me gusta.

Va, Tom prueba otra cosa… Intenta avanzar en este tema a ver si no te colapsas. ¡Si no, no avanzaré jamás! He de descubrir si de verdad me gusta o no me gusta. Vale, va, algo que me guste mucho de Bill… Algo que me guste mucho… ¿Qué fue aquello que me llamó tanto la atención cuando lo conocí? ¿Qué pasó en el autobús? Ah, sí… Que olía a acetona.

-Jeje… -me reí sin poder evitarlo.

-¿De qué te ríes? –me preguntó separándose de mí medio centímetro, mirándome fijamente.

Esos ojos marrones color miel y chocolate, tan grandes y perfectamente maquillados. Alterné los míos para poder fijarme en ambos al mismo tiempo, pero me era imposible… Sin embargo, era tan hipnotizante.

¿Fue aquello que tanto me gustó de él cuando lo conocí?

Bueno… en parte sí. Nos quedamos mirando como dos tontos enchochados con el otro. ¿Desde el principio ya se veía venir? Sí… Supongo que sí.

-De nada – susurré casi ininteligiblemente. Acto seguido le volví a besar. Sin apartar su mirada de la mía. Sin romper el contacto visual.

Una sensación se me coló por el esófago y me llegó hasta el estómago. Algo así como un… un algo muy agudo y hasta como si fuese frío, que me recorrió entero. Como cuando sientes vértigo o te pones enfrente de una situación en la que el cuerpo te hace una reacción…

Besarle con lentitud sin apartar nuestras miradas era algo que me estremecía de emoción, o de algo parecido… Joder, es todo tan desconocido que no sé ni qué coño siento. Pero se me apretaba el corazón con fuerza cada vez qué el entrecerraba los ojos de placer, cada vez que se sonrojaba porque se sentía invadido al no tener la privacidad de cerrar los ojos.

Era como una especie de “si tu no cierras los ojos, yo tampoco”.

Mierda, creo que me falta la respiración. Creo que me estoy colapsando. Esto es demasiado para mí. ¡Tengo los latidos a mil por hora, joder! Me está empezando a temblar el pulso, y sin embargo creo que mataría a la persona que osara separarnos en estos momentos.

Bill, no apartes la vista, no apartes la vista… Quédate mirando esos preciosos ojos marrón miel… No pierdas la concentración. Bésale, siéntele… Ahora que puedes Bill, hazlo. Aprieta sus manos fuertemente, acaríciaselas con los pulgares, bésale de nuevo.

De pronto noté cómo me pillaba la lengua entre sus dientes y no me dejaba escapar. Alcé las cejas sorprendido y noté como paseaba la suya por la punta de la mía, en círculos. Me dejé hacer… Puse cara de estar analizando sus movimientos, como si estuviera en un examen y yo fuese el profesor, como si al yo tener tanta experiencia, le pusiera a prueba…

Y se puso nervioso. Le puse nervioso… Y dejó de besarme.

Se empezó a reír fuera de mi boca, a apenas unos centímetros de mí y después de notar que estaba bajo mi atenta mirada (ya que ahora, después de estar tanto rato observándole, no podía dejar de hacerlo) se escondió en el espacio que hay entre mi cuello y el hombro… Dejándome el suyo casi casi, a mi merced.

Con que le apartara un poco el pelo…

¿Le beso en el cuello? Sí por dios, he de besarlo en el cuello… Moriré si no lo hago. Lo tiene tan jodidamente suave… Es como seda, es como acariciar el agua sin llegar a mojarte.

Deseé apartarle el pelo sin soltar sus manos de las mías y me hallé en un dilema.

Empecé a soplar.

-Jajajajaja – este se retorcía encima mío y se carcajeaba de lo lindo. Me entró la risa a mí también – ¿Qué haceees? –le costó decir esa frase ya que no paraba de reírse.

-Intentar apartarte el pelo sin soltarme las manos.

-¿Para qué…?

-Para comerte mejor… -cité al lobo de caperucita.

Noté cómo Bill cogía aire sonoramente y lo retenía, sin apartarse de mi hombro. Después lo soltaba haciéndome cosquillas, para finalmente darme un leve y simple mordisco por encima de la camiseta, en el hombro.

Noté como me apretaba mis manos con las suyas y las alzaba hasta llegar al nivel de mi cabeza y después con un poco de mi ayuda, apartaba su pelo, dejándome vía libre. Jo-der…

.

Vale, sentía que me iba a dar un ataque ahí mismo. ¡Y pensar que sólo nos estábamos besando joder! ¡Sólo eso! El calor sube… Y no sólo el calor.

Noté, aún con las manos en alto, como su nariz recorría mi cuello de arriba abajo, delineándomelo y cómo después, hacía el mismo camino en sentido contrario, con la lengua mojada, hasta llegar al lóbulo de mi oreja.

Me lamió, me mordió, me succionó, me… me mataba ahí mismo.

Se concentraba en una zona del cuello y lamía con avidez, mordía con ganas y me marcaba en rojo, la longitud de este.

Me hacía rozar el cielo con la punta de los dedos.

Notaba que me cansaba de hasta estar de pie, me relajaba y me gustaba tanto que las fuerzas me iban desapareciendo, era como… como si me derritiera de verdad ahí mismo.

Mis manos perdían fuerza y gracias a que él me sujetaba aún no se habían deslizado hasta llegar de nuevo al lado de mi cuerpo, pero si es cierto que poco a poco, estas descendían poco a poco.

.

Bill se está muriendo de placer, lo noto. Joder, qué bueno soy por favor. Que alguien me dé un premio.

Vi que Bill empezaba a descender las manos, como si le pesaran y yo seguí bajándolas con él.

Joder, me encantaba lo que estaba haciendo. La respiración de Bill en mi oreja me estaba poniendo muy cachondo. Creo que me iba a dar un ataque ahí en medio.

Yo… Quería hacer má. ¡Quería ir más allá!

Simplemente para saber si me gusta. Si Bill me gusta. Que de momento, todo parece apuntar que sí. Estoy empezando a pensar que soy… Maricon del todo.

¿Qué más me gustó de él cuando lo conocí? Em… El culo. Oh, ya lo creo que sí. Fue el hecho de que tenía un culo de escándalo lo que hizo que me acercara al autocar a tocárselo.

Tocárselo.

Instintivamente nuestras cuatro manos, fueron conducidas por las dos mías hasta su trasero.

El momento fue muy cómico ya que Bill se tocaba el culo a sí mismo y mis manos presionaban sobre las suyas magreándole a más no poder.

Le atraje más hasta mí y…

¡DIOS!

¡LA MADRE QUE LO PARIÓ!

¡Estaba tan cachondo como yo! Mierda… Esto no entraba en el plan.

Cabe decir que me cortó un poco el notar ese bulto contra el mío tan junto, tan… Tocándose.

Sin embargo no paré. No quise parar. Quise… ¿acostumbrarme? Volví a las andadas y mientras dejaba mi marca por todo aquel espacio libre de ropa al que correspondía su cuello, mis manos tocaban su culo y sus manos al mismo tiempo.

-Uhmm…- se le escapó a Bill.

-Vaya Baby… Así que te pone tocarte el culo. No sabía yo eso de ti… Sabía que eras creído, pero no hasta ese punto. –me reí de él en su oreja.

Y sólo obtuve una contestación de indignación.

-Oh… Será posible. – apartó sus manos enseguida y nos separó.

Creo que puse cara de pánico.

Pero acto seguido volvió a besarme colocándolas sobre mi pecho. Con mis manos y la suyas abiertas, raspándome con las uñas por los huecos entre mis dedos.

-Gr… -gruñí. Qué pasada.

-Ui, no sé quien es ahora el creído…

-Jej… – me reí y justo cuando iba a contra atacar, se cruzó con mi mirada, un reloj que había en la pared -¡Mierda! ¡Bill! ¡Es tardísimo, joder!

.

Y de pronto caí sobre un mar de piedras afiladas, me había soltado de las lianas del cielo para chocar contra las profundidades del infierno.

No… No te vayas ahora… No te vayas.

Tom se separó de mi, y buscó en un armario muy pequeño, unas mantas y unas toallas que siempre hay limpias. Divisó una bastante grande.

La cogió y sin decir absolutamente nada, a excepción de un corto y casto beso en mis labios, se metió en el baño para salir al cabo del cuarto de hora, en el que yo estuve mirando a las musarañas, empanado y pensando en que estaría haciendo ahora mismo, si enjabonarse o quitándose el jabón…

Cuando salió, iba perfectamente arreglado, con el tono de las rastas más oscuro que lo habitual, ya que las tenía aún un tanto húmedas y sin gorra. Llevaba un simple pañuelo que le cubrió la frente.

-Bill, tengo que irme pitando. Lo siento de verdad, pero se me ha pasado el rato volando y tengo que pasarme por el comedor antes que los alumnos. Nos vemos ahí – y guiñándome el ojo abrió la puerta.

-¡Espera! – grité, después de estar mudo un cuarto de hora entero.

-¿Qué? –preguntó confuso.

Le devolví el beso que me había dado él, cuando había entrado en el baño y le empujé fuera de mi cabaña.

Este sonrió seductoramente y se mordió el labio. Después lo vi avanzar a una velocidad media, girándose cada dos por tres a mírame, y yo sin soltarme de la puerta, me quedé hasta que dejó de darse la vuelta, y desapareció entre los árboles.

¡Oh dios… Creo que estoy más enamorado que antes si cabe!

¡Tom, me matarás a suspiros por ti!

.

Me metí dentro después de dejar de lado la posibilidad de que diera pasos atrás y volviera junto a mi lado, y cerré la puerta tras de mí. Me quedé apoyado en el marco de la puerta mirando al suelo y jadeando, recordado lo que acababa de pasar.

Después de perderme yo solo en las profundidades de la memoria y en el mundo de las sensaciones vividas, me comencé a mover lentamente, a pasos agigantados por toda la habitación.

Recogí un poco, puse las sábanas bien colocadas y finalmente me preparé la ropa que me tenía que poner.

Pero buscando el maquillaje que no tenía en mi neceser del baño, miré en mi escritorio.

Algo… Algo me sorprendió. Algo no estaba como tendría que estar. Los… Los dibujos estaban todos apilados boca abajo.

Yo no los había tocado. Lo último que había hecho era dejarlos de cualquier manera sobre el escritorio, para guardarlos después.

¿Qué coño?

…………

Vale, Tom los había visto.

Mierda. ¡MIERDA!

Y encima les ha dado la vuelta, ¿quiere decir eso que no quiere saber nada sobre el tema? Ha leído claramente el “ich liebe dich, Tom”, y los ha dejado boca abajo.

Sólo, me besa, no le intereso para nada más.

Genial.

¿Una pistola por favor?

Tom

Perfecto, necesito hacerme una paja YA. Creo que voy a reventar.

Es increíble, porque tengo la sensación de que me ha dejado completamente a medias, y en realidad ni le he quitado la camiseta. Buft, llevo una erección de caballo, macho.

Vale, admitido. Me gusta Bill, me gusta muchísimo Bill. Ahora ya tengo claro que no hace falta ser Einstein para cerciorarme de esto.

-Me… Me… – ¡mierda, me cuesta decirlo en voz alta! – Me gust… Me gustas, Bill. Me gustas mucho. – no sé por qué coño quise pronunciar la frase fuera de mi mente, abriéndome al mundo, pero cuando lo hice me sentí pequeño e indefenso, aunque cabe admitir que también me sentí mejor y un tanto… perdido.

Me sentía débil porque ya no era inmune a los sentimientos, pero me sentí fuerte porque me sentí lleno y ser capaz de vivir con ello.

Al final, caminando a paso normal, llegué en un santiamén al comedor donde ya me esperaban mi padre, los hermanos E (Erika, y Erik, sí), y Gus.

Justo cuando fui a cerrar la puerta del comedor, apareció la tutora de Bill, Dawn.

Yo sostuve esta abierta, para que pudiera pasar, y cuando me vio, pareció que se le congeló el mundo entero. Se me quedó mirando con los ojos abiertos de par en par y después de saludar rápidamente con la mano, salió de mi vista al instante.

¿Qué coño le pasaría a esta?

.

El comedor se llenaba de gente y poco a poco las mesas se iban acaparando de adolescentes revolucionados, jóvenes disfrutando del verano y niños que no sabían ni donde estaban. Había una gran concentración de gente pero yo me sentía más solo que la una.

No habían aparecido ni Andreas, ni Mario ni… Ni tan sólo Bill. Si no llegase a ser por Gustav ahora me estaría muriendo del aburrimiento.

Pero igualmente necesitaba ver a uno de ellos tres. ¡Lo necesitaba! A uno más que a otros, pero eso es igual.

El rato pasaba y no había indicios de nadie, y pronto ya era la hora de recoger. Hoy me tocaba a mi limpiar, así que yo me tenía que aguantar hasta que todo el mundo se fuera, y no podía salir a buscar a nadie.

Manda huevos…

Volvía a tener mono de Bill y hacía apenas una hora máximo que no lo veía.

Cada vez que se abría la puerta miraba instintivamente, pero al final me decepcionaba más, porque eran simples alumnos que se empezaban a largar. ¡Se iban! ¡O sea, nadie entraba! ¡NADIE! ¡Me estreso!

-Toc toc, ¿se puede? – una voz femenina me sacó de mis pensamientos. Yo estaba sentado y ella de pie, así que tuve que alzar la cabeza para mirarla.

Una chica, más bien bajita y pelirroja me miraba un tanto cohibida.

-¿Ashley? – dije sorprendido.

-¡Sip! – dio un pequeño respingo y después saludó con la mano. Esta chica era muy curiosa vistiendo… No era precisamente femenina que digamos, y siempre iba de blanco, pero era sexy la miraras por donde la miraras. Me levanté y me senté en la mesa, donde sólo quedaba Erik acabando de comer, en la otra punta.

-Emm… ¿Qué tal? – no sabía que preguntarle. La verdad es que no se qué pintaba ella aquí, pero desde luego no la iba a echar. No ahora que no tenía a nadie con quien hablar. A más, no me estaba mal hablar con una de las amigas de Bill, encima ayer se reconciliaron y yo no me enteré de anda de lo que pasó. ¡Se me ha olvidado preguntarle al moreno! Si es que… Joder, pierdo la cabeza por momentos.

-Bieen… Preguntándome dónde está Bill. ¿Lo has visto? Ayer, por un mensaje, me dijo que ibas a dormir en su cabaña por no sé qué de unos amigos tuyos y bueno, pensé que vendríais juntos, pero no está en ningún sitio.

Mi cara se descompuso. ¿Que quién le había dicho, qué?

Genial, o sea, de puta madre. Acababa de quedar como un maricón salido, que se inventa excusas de que sus amigos le han echando de la cabaña, para follarme al tío en cuestión. Yo mataba a Bill, yo lo mataba…

Vale Tom, tú no saques el tema y limítate a contestar.

-Pues no… No lo he visto. Yo he salido pitando de su… de la cabaña. – dije rectificando lo primero que iba a decir. Prefería evitar decir “su cabaña” porque aún quedaba peor.

-Vaya… Pues joder.

-¿Querías decirle algo? – tenía que sacar tema como fuese.

-Sí bueno, es que quería quedar esta mañana con él. Ya que ayer nos…

-Reconciliamos. –acabé yo.

-Sí, exacto. ¿Te ha dicho algo Bill? – preguntó, algo esperanzada. Joder, pobre.

-Pues… No mucho, de hecho ayer por la noche teníamos mucho sueño y enseguida nos pusimos a dormir. Me dijo que ya me lo explicaría – vale, he mentido un poco. Ahora me sabe mal.

-Oh… Vale.

-¿Me explicas tú qué pasó? Sí es que no te importa, claro. – tampoco no era plan de ir con las confianzas.

-Bueno… ¿Conoces la historia de su novia? – ¿Novia? ¿Cómo que novia? ¡Que lo han dejado!

-¿Con la que cortó por teléfono porque es de Berlín? – Ash me miró raro. Alzó una ceja y asintió lentamente, demasiado lentamente, como si estuviera analizando mis palabras. ¿No le habría contado esa parte? Oh dios, a ver si ahora me he ido de la lengua.

-Esto… sí, esa misma. ¿Qué sabes tú de todo eso? – ¿Debería contestar con sinceridad? Bueno, supongo que sí, ella es su mejor amiga, lo debe de saber todo.

-Puees… Que Bill estaba saliendo con ella y que no se por qué, os lo montasteis hace poco, y se enteraron Georg y ella. Bill se pensaba que lo habías hecho para joder, y ahora os llevabais mal los tres.

-…- Alzó de nuevo una ceja – joder, qué directo eres. -dijo sorprendida. Yo sonreí – Bueno… El caso es que yo no lo hice para joder, de hecho se me escapó. ¡Yo pensaba que ella ya sabía que había sido yo! Y bueno, hasta ayer no se lo pude explicar a Bill.

-¿Y que sabes de Georg? Bill está fatal porque lo siente mucho.

-Ya me lo dijo, ya. Pues con Georg me hablo menos que con él. Eres tú el que hablas con el grandullón! –le citó, cariñosamente.

-Sí bueno, pero en los ensayos no le pregunto por vosotros. Es muy violento el tema, y él también lo parece… Sólo hablamos de música. Aunque no se le nota muy activo últimamente. No le he querido dar caña porque sé la situación por la que está pasando, pero va empeorando.

-Pff…

Pero de pronto, la puerta se volvió a abrir. Estuve a punto de no mirar. Y de hecho, no lo hice. Pero el rostro de Ashley, que se giró inconscientemente, hizo que yo también lo hiciera.

Me topé con dos rostros conocidos. Ambos morenos oscuro, ambos con decoloraciones blancas amarillentas.

Y detrás de ellos dos, que hablaban amistosamente, apareció el tercer conocido. Un chico completamente rubio, demasiado incluso como para que fuese natural.

Andy, Mario y Bill. ¡Sí, por fin aparecían!

¡Joder, sentí deseos de tirarme encima de los tres! Miré la cara de Mario, que al cruzarse con la mía se tornó sonriente y radiante. Dejó a Bill de lado y se lanzó a mí. Me dio un gran abrazo.

-¡Putooooom! – Estaba feliz. Joder, eso de follar le había sentado bien… Puto suertudo.

-¡Eh eh, que me ahogas! – dije una vez que sentí que perdía la respiración.

Éste me soltó y después me miró con una media sonrisa.

-¡Bill! – Ashley se fue de mi lado enseguida y se tiró a los brazos de éste. Joder, ¿soy yo o ahora está más bueno que ésta mañana? ¿Es eso posible?

-Bueno Mario, veo que la noche ha ido de puta madre, ¿no? Estás súper feliz. -dije haciéndome el loco, y pasando de Bill. Quería que viniera él a saludarme a mí, pero empezó a hablar con la pelirroja.

Enseguida les perdí atención al darme cuenta del cambio de expresión de mi amigo moreno. En cuando le nombré lo que había pasado por noche se le crispó la cara.

-Pregúntale a Andreas… -dijo despectivamente, y yo me quedé a cuadros ¿Perdón? ¿Andreas? Diablos, lo ha llamado por el nombre de pila. Mierda, mierda mierda… ¡Otra vez se han enfadado!

-¿Y ahora qué coño ha pasado si se puede saber? – pregunté con un tono cansino. Como si fuese la rutina de cada día… Aún así, se me escaba alguna que otra mirada fugaz a mi otro moreno, que hablaba amistosamente con la chica.

-Que se lo preguntes a él.

-Joder, Mario, ni que fuerais críos. – me resigné – ¡Andy! Ven aquí, que aún no te he saludado. – él era mucho menos gay y me dio la mano para saludarme, y al mismo tiempo e él se le notaba más el enfado. – ¿Qué ha pasado?

Éste rodó los ojos, puesto que siempre le acababa sacando a él la información, y esta vez, no iba a ser la excepción.

-Pues el amigo, que quería cambiar los papeles por una vez y me he negado en rotundo… – vale, “el amigo” era Mario, y eso de cambiar los papeles ¿era… dejarse encular por el amigo?

Me entró la risilla.

-¿Y al final ha habido tema? –pregunté.

-Pues claro que no. O sea, sí. Pero como toda la vida. Y ahora está enfadado. – le echó una mirada asesina.

-Tsk… – Mario estaba indignado.

Pero a mí no me importaba. Yo sólo quería hablar con Bill y arrinconarlo contra la pared. Pero el muy mamón aún no me ha dicho nada. ¿Por qué no me saluda? No quiero ir yo, quiero que se acerque él. Me entraron mil ganas de preguntarle a Mario de qué hablaba con Bill cuando estaban viniendo, pero no lo hice. Supongo que porque sé que no me lo iba a explicar, Mario era un capullo en estas cosas, en el sentido de que era demasiado buen amigo, y probablemente si Bill le había pedido que no dijera nada, él no lo haría jamás.

Suspiré sin quitarle ojo de encima a Bill.

Y entonces nuestras miradas se cruzaron. Me erguí de pronto y aparté la mirada, sonrojado. Joder, ¿y ahora porque me pongo así? Me estoy amariconando.

De pronto fui consciente que en el milisegundo que nuestras miradas chocaron, no vi la emoción que estaba padeciendo yo, si no que pude notar un aura negra que provenía de él. ¿Qué diablos?

-Tom, ¿ahora qué haces? – me preguntó Mario.

-Puees… – esto primero lo dije casi sin pensar. Cuando me centré y pensé en lo que hacía por la mañana contesté – Me quedo con los niños pequeños. Tengo libre sólo para comer.

-Joder. –contestó Andy.

-Pero podéis estar conmigo dando clase. – Solté como quien no quiere la cosa. Si cuela, cuela.

-¿Todos? – y de nuevo la voz femenina de Ashley habló. Todos nos quedamos sorprendidos de que hablara. Incluso Bill la miró con medio pánico. Mierda, otra vez mirando a Bill. ¡¿Qué le voy a hacer?! ¡Ya lo he admitido! Me gusta. Me gusta… ¡Y el muy capullo no me quiere ni saludar!

– A ver, si son dos personas no pasa nada, pero… No sé, si somos más parecerá que estoy con mis amigos y aparte con los niños, no del revés. – mierda, si les decía que no, Bill se iría, y yo lo quería cerca todo el rato. – Bueno, si colaboráis los cuatro con los críos sí. ¡Pero nada de estar de cháchara todo el rato! – sentencié.

-¡Vale! – Ashley dio una palmada y finalmente un pequeño salto. Sonrió feliz, y después cogió a Bill del brazo, mirándolo. Éste la miró, le sonrió de lado y de nuevo… Ni se fijó en mí. Ya está, seguro que también anda enfadado conmigo. Oh dios mío, ¡representa que sólo las mujeres son complicadas! ¿Y ahora qué he hecho?

¿Me lo quiere explicar alguien?

De pronto, me di cuenta en un extraño movimiento de Bill. Se tocaba el pelo a cada instante y se lo ponía muy hacia delante, casi tapándole las magillas.

¿Qué hace?

Bill

Salimos todos del comedor después de que Tom hubiera cerrado con llave y caminamos en silencio. Ashley parecía que se había hecho un poco amiga de Andy y ahora iba con ellos dos. Estaban hablando de algo, pero no me importó demasiado. De hecho yo estaba en mi mundo. Tenía la vista fija en Tom, que estaba un par de metros más adelante, hacia la izquierda, hablando con Mario y gesticulando mucho con las manos.

No se de qué estarían hablando, pero se les veía concentrados.

-Ais… -suspiré bajo, casi un suspiro inaudible. Tanto, que la pelirroja y el rubio ni se habían dado cuenta.

Me sentía extraño. Realmente no quería estar enfadado con Tom, porque quería estar próximo a él, pero lo de los dibujos me ha fastidiado bastante. No sé lo que realmente ha pasado y no quiero juzgar mal por ello, pero me he quedado un tanto deshecho.

Estaba tan jodidamente emocionado y alegre que el haber visto eso me ha descompuesto.

Quizás simplemente los ha apilado del revés porque sí, o yo que sé. No quiero pensar mal todavía. No hasta hablar con él. No hasta aclararlo todo.

Y no le he dicho nada… Bueno, de hecho estaba esperando a que él me dijera algo, ¡pero no lo ha hecho! Me ha mirado tropecientas mil veces, pero ni tan sólo me ha levantado las cejas en modo de saludo, ni me ha dado la bienvenida agitando la mano. Nada de nada. Él estaba hablando con Ash cuando he llegado y yo con Mario, este ha salido disparado hacia él, y ella hacia mí, y después… Todo ha sido muy confuso.

En el fondo estaba rezando porque nos dejase ir los cuatro a dar clase con él, porque aunque no nos dijéramos nada, al menos estaba próximo.

Como mínimo, podía hacer ver que me caía encima de él, rozarle al pasar… En fin, hacerme notar descaradamente y que él se diera por aludido.

De golpe un poco de aire empezó a darnos en la cara, justo de frente, haciendo que nuestras ropas volaran un poco.

De pronto me entró el pánico.

¡Mierda, mierda! Se me mueve el pelo. No podía permitir que se me viera el cuello por ninguna de las maneras. ¡Tom me lo había dejado marcado por todas partes! Tenía al menos tres chupetones recientes, rojos como el pigmento mismo y no era plan de que lo viera… nadie. Ni sus amigos, ni mucho menos Ashley.

Es cierto, que de la emoción que tenía ayer por la noche, le envié un mensaje diciéndole que íbamos a compartir cabaña. Pero ya está.

Ash no sabe nada del tema, nada de nada. Si realmente llegaba a pasar algo entre nosotros dos, ya se lo diría.

Pero volviendo al tema de los chupetones, yo estaba deseando que Tom los viera y la boca le llegara al suelo, ya que de seguro no tiene ni idea de lo cardenales que me ha dejado.

-¿Y tú qué opinas al respecto Bill? – la voz de Andy me alteró. Sentí una mini descarga, como si me hubieran arrancado de un sueño de golpe.

-¿Eh…? Oh, perdón me he despistado. ¿De qué habláis? – me disculpé.

-Del hambre en el mundo – dijo Ash.

-¿Del qué…? –Alcé una ceja y los miré a ambos pensando que era una broma, pero ninguno de los dos parecía que decían una mentira – Pues… ¿Que es una putada? No sé…

-¡Que es broma, gilipollas! – me dijo Ash, pegándome una colleja y saltando para conseguirlo.

-Lo que pasa es que llevas todo el camino empanado y ni te has dado cuenta de que nos hemos parado. –esta vez fue de nuevo Andy.

Miré a mí alrededor y pude ver que era cierto. Estábamos en medio del campo de básquet, con el césped un tanto morroñoso, y con unas canastas algo viejas, pero cuidadas.

Estábamos en círculo y los cuatro me miraban. Incluso Tom.

Me empecé a poner nervioso.

-Ah… Ya bueno. Estoy en mi mundo. ¿Por qué nos hemos parado? –pregunté, por sacar tema.

-Estamos esperando a que Erik traiga a los niños hasta aquí – la grabe voz de Tom sonó en el contexto de la situación y pareció que hablara más fuerte, clavándose en mis tímpanos.

Me sentí obligado a mirarle a los ojos. Lo hice desde una perspectiva baja, arrugando los labios a un lado. Este alzó una ceja momentáneamente cuando nuestras miradas se cruzaron.

Dios, y pensar que este simple gesto, de mirarnos, había sido acompañado por un sinfín de besos en mi cabaña… Los nervios que se acumulan en mi estómago cada vez que lo recuerdo, no me dejaban alejar ese pensamiento por más de diez minutos.

-Ajá… -me limité a contestar. Vi como rodaba los ojos, cansado de mis esquivadas. ¡Mierda, tiene razón! ¡Lo esquivo sin motivos! ¡No tengo porque enfadarme!

Pero quiero que venga él, quiero que él me pregunte qué me pasa, que se preocupe un poco… Ya sabe que le quiero. No hace falta que me declare. Ahora le toca a él moverse. Le toca a él decir lo siguiente, aunque también preferiría decírselo en persona.

Quería sincerarme con él delante, ver su reacción, y así saber si me tengo que rendir o he de seguir a delante.

.

No nos dijimos nada en toda la mañana. Lo único que llegamos a intercambiar fueron miradas en las que se nos notaba las ganas que teníamos de hablarlos de una vez. Nos decíamos con los ojos, lo gilipollas que éramos por dejarnos llevar por el orgullo.

Tom

Me estaba enfadando con el mundo. Y sobre todo con el moreno del pelo largo. ¿¡Porque no me dice nada, cojones?! Apreté los puños con fuerza de la impotencia que me daba toda esta situación tan gilipollas, y puse cara de mala hostia.

La comida había sido normal. De lejos estaban Bill y Ash comiendo en su mesa, riéndose y hablando, pero no había rastro de Georg en ningún sitio. Yo por mi parte, estaba soportando la gilipollez de los dos maricas. Entre que no se hablaban y parecía que se odiaban, esto parecía un circo.

-Tom, dile a Andreas que me pase la sal – dijo Mario, lo más borde que pudo.

Pero a mí no me hacía falta decir ni una palabra, se contestaban sin que yo llegara a intervenir.

-Tom, dile tú a Mario Mahler López que la sal la tiene delante de sus narices. – el cual en cuanto oyó su nombre entero, soltó un grito agudo que hizo que se girara media mesa.

-¿Será posible? Tom, dile que se vaya a tomar p… jdoshlfhdwoufelasbapdowua – le tapé la boca con la mano y le señalé a mi padre y al resto de profesorado. Este se sonrojó y cayó, escondiendo la vista en su plato.

-A ver si maduráis de una vez… – dije al cavo de unos minutos.

-¿Qué? – me miró seriamente, y después negó con la cabeza. Pensé que no iba a decir nada más cuando agregó- ¿Nosotros? Pero si no le has dicho palabra a Bill en toda la mañana. Esperáis a que el otro os hable y al final pasarán días hasta que alguno se decida. – me dijo Mario.

Me quedé parado, mirándolo, con la boca abierta y el tenedor apunto de introducirse en ella. Después noté que la comida que había en él, se resbaló cayéndose de nuevo en plato. Bajé la cabeza y suspiré.

Vale, no soy el más oportuno para hablar.

-Ya, bueno… – no quise decir mucho más, ya que, no sabía bien del todo, qué decir. ¿Que me estoy comportando como un crio? Sí, es posible. Pero no pensaba decirlo en voz alta.

-¿Y si te levantas ahora mismo y le dices algo?

Le miré atónito, casi sin creerme lo que había dicho.

-¿Qué, ahora?

-Sí, claro, míralo está hablando con Ash, y está jugando con la comida del plato. No sé qué coño tiene en el pelo que no para de tocárselo como si fuera un tic nervioso, y mira al suelo mientras intercambia frases con Ash, tristes. ¡Mira qué cara! ¡Está ofuscado! Seguro que están hablando de ti, y de que no le has dicho nada. Vamos, ¿no ves que Bill es casi como una chica? A él le afectan más estas cosas. A un tío también, no te creas que no, yo mismo me pondría igual, pe…

-Tom, dile a Mario Mahler López, que no es el más indicado para hablar…

Y de pronto, los ojos de Mario, que estaban fijos en los míos, como cada vez que me habla seriamente, se crisparon en una mueca de cansancio. Suspiró, y después alzó una ceja. Giró la cabeza hasta mirar directamente a su novio (novio en crisis), y movió la cabeza como una de esas tías negras de las películas, marcando territorio.

-¿Qué has dicho?

-Lo que has oído… Nenaza. – Oh oh. Oh Oh. Andy, la has cagado. Sabes que no deberías haber dicho eso.

Noté que la mano de Mario buscaba algo en la mesa, y después de palpar y palpar todo lo que tuviera cerca, sin tan sólo mirar, sin quitarle ojo de encima a Andreas, encontró aquello que estaba intentando hallar.

No me dio tiempo a ver qué era, pero sólo sé que sus manos, que quedaron tapadas por su cuerpo, ya que ahora estaba de espaldas a mí, parecía que estuvieran destapando algo.

Miedo me dio.

-¿Qué coñ…? – Andy intentó decir algo, pero ese algo quedó silenciado y acto seguido se le unió un grito – ¡¡AAAAAAAAAAAAAH!! – ¿os acordáis de la sal? Vale, pues Mario se la tiró por toda la cabeza.

-¡Tom! ¡No gritéis! – mi padre se alarmó al oír tanto jaleo, y no sólo él se cercioró, medio comedor se dio cuenta. – ¡Bajad la voz, por el amor de dios!

Yo le miré atónito.

-¿¡Qué!?, ¡pero si yo no…!

-Ts, recoged lo que es vuestro e id a preparar la clase de ahora. A las tres has de seguir preparando el teatro con los niños, y a las nueve tienes la clase de mitad de campamento con los de catorce y dieciséis años.

Abrí los ojos y después los puse en blanco. Oh… Qué palo. Esa clase era muy aburrida. Bueno, todas lo eran, pero está en especial. Se tenía que jugar a lo que los adolescentes quisieran, y casi siempre eran juegos de mierda.

Asentí al recordatorio de mi padre y acto seguido vi a Andreas, que me pillaba las llaves de la cabaña y se largaba.

-Me voy a duchar, dile al mamonazo ese, que la ha liado mucho.

Miré a Mario y este giró la cabeza enseguida, tenía los ojos llorosos.

Suspiré. Otra vez la misma historia. Se peleaban y se reconciliaban, se peleaban y se reconciliaban, y mientras yo, como siempre, tenía que estar en medio como si fuese un cartero, un intermediario, un… No sé, el caso es que no sólo hacía de cartero, sino de confesor. Ahora me tocaría escuchar a Mario llorar, por la gran y absurda tontería de lo que les había pasado. Y más tarde, cuando me juntara con mi otro mariconcete personal, me tocaría aguantar el discurso de rabia contenida, y el “Tom, ¿y ahora qué hago? Quiero estar bien con él, pero me puede este *y aquí introducir la palabra del problema que tenían en esos momentos*”.

Pero ahora tenía a Mario delante. Junté nuestras sillas lo más próximas posibles, y le di un gran achuchón.

Le pillé desprevenido puesto que me miró con los ojos abiertos, húmedos, y dejando escapar alguna que otra lágrima.

Le miré con la boca de lado, mostrando mi desaprobación, pero que de todas formas, no le iba a decir que no llorara.

Le sequé las lágrimas con mi mano y después le abracé fuerte. Éste, aprovechó el momento y me pasó los brazos por el cuello.

-Es tan tonto… No sé lo qué he visto en él. – lloró.

-¿Qué más da lo que hayas visto? El caso es que no te es indiferente… – y una vez más, el Tom sentimental y comprensivo salió a la luz, para demostrar lo buen amigo que era.

-Ya… – y se sorbió la nariz.

-A más, lo mejor de las peleas, son siempre las reconciliaciones. – y le guiñé un ojo.

Este me miró rojo con un tomate, desde una perspectiva baja y después me besó la mejilla.

-Tom, qué haría yo sin ti, capullo integral – me dijo amistosamente.

Le di una colleja.

Bill

Eran las nueve y media de la noche, y ya estaba empezando a anochecer. Yo había estado toda la tarde metido en mi cabaña intentando avanzar algo de los deberes que tenía pendientes, y bueno, todo lo que era dibujo técnico, ya lo tenía acabado. Era lo que más odiaba, y así ya lo tenía adelantado.

También he estado componiendo un poco, pero eran letras tan absurdas que las he acabado tirando a la basura. ¡Todas hablaban de lo mismo! Del desamor, de las ganas de que ser correspondido… Ya ni me conozco… Ni se me reconocer. Yo, hablando de amor de verdad, yo, pensando en alguien las veinticuatro horas del día.

Los últimos momentos de la hora de comer han sido tan tiernos… He visto entrara la escena en que Andy salía por la puerta, indignadísimo y Mario se ponía a llorar. Después, Tom le consolaba y hacía de amigo protector.

Mario ya me había explicado un poco, el follón que habían tenido por la noche, y la verdad es que hablando me he dado cuenta que es un chico muy simpático. Aunque a veces es tan lanzado y directo que me da miedo, pero por el resto de cosas, es cariñoso y dulce. ¡Y me ha dicho que me ha pillado confianza enseguida! ¡Es un sol!

Me había quedado embobado mirando a la ventana, y de pronto empezó a sonar una melodía de fondo. ¡Mí móvil! Vaya, casi me había olvidado de que existía.

Me acerqué al único enchufe aparte del que había en el baño, dónde lo tenía conectado a la corriente, cargándose. Me agaché, y finalmente, miré la pantalla. Descolgué.

-¿Ashley? – vaya, que raro que me llamara a esta hora. ¿Llego a la cena?

-¡Bill…! Em… Bill… Biiill… Mierda, no se me ocurre nada ahora para ponerte de mote. – una voz masculina, sonó al otro lado de la línea. – Bueno, es igual. ¡Bill! ¡Que soy Mario! Me he encontrado a Ashley ahora mismo, y Tom me ha dicho que en la clase que tiene ahora, van a cenar fuera. Se ve que es una clase especial. Bueno, ha empezado hace media hora creo, pero es igual. ¿Te vienes? Ash y yo vamos a ir a buscar al capullo de mi novio a la cabaña de Tom, porque creo que se ha caído por el inodoro o algo y no aparece… Al caso, ¡¡vente!! Ni preguntas ni leches, ¡te lo ordeno! ¡Nos vemos en el campo de fútbol en media hora, ¿vale? Ha dicho Putom que nos viene a recoger ahí, que nos tiene que llevar él.

-¡Uoh Uoh! Cuánta información junta… ¡Para el carro! – este carraspeó al otro lado del teléfono. Impaciente. – ¿Dentro de media hora en el campo de básquet?

-Sí, de fútbol, de básquet, qué más da, se utiliza pelota en los dos deportes…

-Jajajaja

-¡Nos vemos ahí Bill…! ¡Biiiilll….! Mierda, no se me ocurre nada aún. – dijo ofuscado.

-Anda, date una vuelta y aclárate las ideas – me reí – ¡nos vemos ahora!

-Bye Bye.

¡¡Vale, iba a ver a Tom otra vez, y ahora si que no iba a escapar de decirle algo!! ¡Tengo que vestirme bien! ¡Y sólo tengo media hora!

¡Mierda!

¿Qué me pongo? ¡¿Qué me pongo?!

Tom

Me cago en la puta. Hace más de diez minutos que estoy esperando y no hay rastro de nadie. ¡Yo no puedo abandonar la clase así como así! ¡Cómo me pille mi padre me mata!

Joder, me estaba empezando a desesperar. Miraba el reloj a cada segundo y éste parecía retroceder dos. ¡Qué lento pasaba el tiempo, hostia!

Me senté en el suelo y empecé a arrancar hierba, como si fuera un tic nervioso. Cogía todos los hierbajos que mi mano me permitía y después dejaba que el viento se los llevara.

-Me abuuurroo… – le dije al aire, cansado de no decir nada.

Mierda, el silencio me hacía pensar demasiado. ¿Vendría Bill? Oh, ojalá que sí. Me he dicho a mí mismo que esta vez le saludaría yo. No importaba que él no viniera a hacerlo, tenía que ir yo, tenía que ser el maduro de los dos. De algo tenía que servir el golpe de atención que me había dado Mario.

Pero éste mismo sólo me había dicho que estaban Ash y él, y que si podían iban a por los otros dos. Joder, ojalá que venga.

Fruí a mirar la hora, pero de pronto…

-¡Putooom! – una voz de nenaza amariconada, sonó en la longitud del campo, justo en el extremo opuesto al mío. Giré la cabeza instintivamente y los focos del campo me dejaron ver a cuatro siluetas avanzando hasta mí.

El más alto, casi empatando con Andy, era, sin duda alguna…

-Bill. –susurré su nombre en voz alta.

Poco a poco se fueron acercando y cuando ya estaban a un metro de mí, le miré directamente. Me sorprendió que él también lo hiciera. Me sonrió. ¡¡SÍ, TOMA!! ¡¡TOMA, TOMA!! Sonreí ampliamente al instante. ¡¡ME HA SALUDADO!! Bueno, o al menos algo parecido.

-Venga, arriba os digo hola decentemente. Que tengo a los alumnos abandonados.

-¿Arriba? – oí de la pelirroja.

-Sí, preciosa, sí. Es en un plano a mitad de la montaña, no muy alto, por eso. Conecta con una pendiente bastante pronunciada, pero que se baja perfectamente, con el lago. Es muy bonito. Ya lo veréis.

-¡Ala, qué pasada! – y de nuevo la Ashley habló, saltando sonriente.

.

Llegamos en unos instantes, apenas cinco minutos, no era mucho el trozo, pero era lioso en sí,. Aunque claro está, yo podría hacerme el camino con los ojos vendados.

Llegamos a ver el final de la cuesta, infestada de arboles, cuando el cielo que se divisaba después de tantas copas verdes, apenas tenía un resquicio anaranjado en el horizonte, dándonos a entender que el día acababa de morir del todo. Entonces vimos unos brillos en el cielo.

-Perfecto – dije bajito, casi para mis adentros.

Un gran alboroto se inició detrás de mí, entre los cuatro. Hablaban y discutían sobre qué podría ser ese color y esos destellos. Más de uno me preguntó, intrigado. De hecho, me lo preguntaron todos, excepto Bill. A todas y cada una de las veces, respondí lo mismo.

-Estáis a dos pasos de descubrirlo. Esperaos, coño. – vale, mentira. La última vez que lo dije soné más borde.

Seguí subiendo la cuesta y ya empecé a ver millones de cabezas adolescentes, revoloteando por el plano. Hasta que pude ver todo el panorama entero.

-Vaya… – me sorprendí yo solo.

Detrás de mí empezaron a subir todos en hilera. Primero llegó Andy, que se colocó a un lado, y miró al frente, estupefacto. Después le siguió el novio, que se quedó más o menos igual. La siguiente la chica, que se puso a chillar casi de la emoción.

Y el último… El último casi se tropieza con el fango que había.

-Auch… – me quejé. – ¡Mierda, me has hecho daño! – Bill me había cogido fuerte en cuanto notó que iba a darse contra el suelo y me había clavado las uñas en el brazo. Las uñas de AMBAS manos, como si fuera poco.

-Lo… Lo siento, Tom. – y retirándome un poco hacia atrás, respecto a la hilera que los cinco habíamos formado mirando el alboroto que se había formado ahí, Bill me cogió el brazo entero, apoyando la cabeza. – Qué pasada…

El corazón me empezó a bombear tan deprisa que creo que Bill lo llegaba a oír. La verdad es que la escena, era ahora demasiado ñoña e incluso… vomitiva, para mi gusto. Pero bonita al fin y al cabo.

Delante de nosotros se habría paso una gran hoguera, esa hoguera que se hace con “los mayores”, a mitad de campamento, donde se juega a mierdas que ellos quieren, y que acaba a la una de la mañana. Normalmente, es entretenida, pero siempre hay un año malo en el que se te puede hacer eterna la fiesta.

Pero lo que ahora importaba, es que Bill estaba maravillado. Me apretaba el brazo con fuerza de lo que le gustaba lo que estaba viendo. Lo cierto, es que nos había quedado de puta madre la hoguera. Era perfectamente controlable, ya que estábamos en la zona más húmeda del bosque, con no sé cuantos extintores que he tenido que cargar YO SOLO, hasta aquí arriba, y con un gran descampado por delante.

La llama era bastante alta, e iluminaba los preciosos ojos de Bill.

-¿Te gusta? – le pregunté por lo bajinis.

-Me encanta… – y entonces se soltó. Lo miré extrañado. Este tenía una media sonrisa de lado, algo triste, pero era una sonrisa al fin y al cabo. ¿Qué coño le pasaría? ¿Qué coño ha podido pasar en esa hora y media en que no he estado con él para que se pusiera así? ¿No le habrá dicho Mario nada raro de mi, no? Imposible, Mario no es de esos, y menos hablando de mí. Pero joder, ¿entonces qué coño tenía conmigo? – Por cierto, – de nuevo él captó toda mi atención – Hola…

Me saludó.

Vaya, me ha saludado él. Al final lo ha hecho él. Tom, que él le haya echado más huevos que tú, tiene tela.

-Hola… – le contesté.

Éste se sonrojó y escondió la cabeza con el pelo. De pronto, algo me vino a la cabeza. La imagen del chico que tenía delante, peinándose incansablemente sus cabellos de seda negra una y otra vez, sin cesar. Me decidí por preguntarle.

-Oye… ¿Qué te pasa con el pelo? ¿Por qué no paras de taparte? – le miré interrogante, y éste volvió a alzar la cabeza a mí, con los ojos abiertos y muy sorprendido, casi cortado podría decir.

-Bububuenno… eesqueque… – miro al suelo, azorado – mimimimíralo tú mismo. -y giró la cabeza hacia un lado. Fruncí el entrecejo y alcé una mano. Con algo de miedo, aparté la cortina negra que me separaba de la visión de su cuello y de pronto ¡PAM! Unos moratones, violetas y de colores extraños me golpearon en la vista.

-¡¡La madre quee…!! – pero no pude seguir sorprendiéndome porque Bill me tapó la boca.

-Shh… ¡Calla! ¿No ves que se van a dar cuenta?

-¿Eso te lo he hecho yo…? – pregunté, lo más bajo posible, señalando con el dedo. Este se limitó a asentir, rojo como un tomate. – Uaau… – me sorprendí de mi mismo – ¿Y ya se han puesto así?

-Eso parece… – pero de golpe, se puso serio y recto, mirando al frente. Al parecer, Andy se había girado a decirnos algo. Joder, qué oportuno. Le miré y le pregunté con la mirada, algo demasiado serio, diría yo.

-¿Vamos tirando?

-Sí sí…

Bill

Llegamos al centro de todo el grupo de chicos y yo ya hacía un rato que me había separado de Tom. Mierda, no había podido evitar cogerle del brazo y apretarlo hacia mí. Las ganas habían podido conmigo, maldita sea.

Ahora íbamos por detrás de todo, yo y Ashley hablando de todo un poco. Pero no la escuchaba, de nuevo mi vista estaba clavada en la espalda y en el culo del rubio de las rastas.

Pero este se detuvo a apenas tres metros de la hoguera, y reunió a todos los chicos y chicas de la pandilla. Los más mayores deberían tener entre catorce y quince. Eran unos mocosos de todas formas.

Empezó a hablar.

-¡Hey! Chicos, buen trabajo. Me encanta como ha quedado la hoguera. Os ha quedado de puta madre, en serio. De las cinco hogueras de las que he sido yo monitor, como ahora, esta es la mejor de todas. ¡De verdad! – les felicitó. Estos vitorearon un poco – bueno, como ya he dicho antes de ausentarme, jugaremos a un par de juegos que imponga yo, y después cenaremos los bocatas que ha hecho la cocinera, y cuando acabemos os tocará a vosotros mandar. Hasta la una haremos lo que vosotros queráis. Id pensando en juegos o en cosas por el estilo, que se escogerán las que más gusten y se pondrán en práctica. También tenéis que saber, que quien quiera irse antes de la una que me lo comunique. Yo le acompañaré hasta el campo de básquet y después volverá sólo hasta su cabaña. No os tenéis que preocupar porque no hay ni hombres lobos, ni hombres del saco… – se rió.

Estuve a punto de aplaudirle por lo bien que lo había hecho. Qué hombre.

-Por cierto, hay cuatro adultos más conmigo. Os los presento y así os familiarizáis un poco con ellos.- se movió y se puso al lado de todos a medida que iba diciendo nuestros nombres. Y me llevé una gran decepción cuando me presentó igual que al resto. Bueno, ¿y qué esperaba? ¿Qué dijera algo especial al resto? No, claro que no.

Bill, eres un iluso. Ya lo has comprobado antes, sólo te quiere para besarte. ¡Ha visto los dibujos y no ha hecho ningún comentario! Eso quiere decir que sólo se aprovecha de la parte “sexual” hasta lo máximo que lo pueda alargar, sólo eso.

Suspiré.

.

La verdad es que el tiempo no pasaba ni despacio ni deprisa. Avanzaba y punto. Según a lo que jugábamos, las agujas de mi reloj se movían a más o a menos velocidad. Pero por lo general se me hacía bastante ameno estar allí. Pensaba que me iba a aburrir más, y resulta que me divertía un poco y todo.

Realmente, los días en los que me deprimo, todo a mi alrededor se convierte en una nube negra de la que no puedo salir con facilidad, y hoy pintaba ser uno de esos días. Y sin embargo estaba a gusto. No tanto como quisiera, pero a gusto.

Y con la tontería… Ya eran las doce de la noche.

Cuando miré el reloj casi no me lo creía. Tom había desaparecido mil veces a causa de los chicos que ya se iban yendo. Sobre todo por los más pequeños.

Ahora sólo quedaban un par de niñatas de dieciséis y algún que otro chico de su misma edad. Llevaban un buen rato tramando algo, no sé muy bien el qué, pero me daba grima mirarlas. Y yo ya sabía que algo bueno no estaban tramando.

Todo empezó cuando Tom se llevó al único chico menor de dieciséis, quedando así una plantilla de cinco adultos que éramos nosotros, seis chicas que parecían sacadas de una revista de adolescentes fans de Paris Hilton, y por último tres chicos más.

¡Sólo tres! También con una pinta muy parecida a la de ellas, la verdad. Esos típicos que están en las cutre-discotecas para dieciséis años y que se creen muy “cools” porque se cuelan en las de dieciocho.

El chico de las rastas que prácticamente era de mi propiedad, estaba llegando de nuevo hasta nuestro grupo, donde estábamos todos sentados en el suelo, tanto nosotros los adolescentes. Estábamos esperando a que llegara para que nos dijera otro juego o algún pasatiempo y éste, una vez se instaló con nosotros en el suelo, miró el poco fuego que nos alumbraba y se sorprendió.

-Vaya, qué pocos somos, ya ¿no? ¿Queréis seguir haciendo algo, o vamos recogiendo? No hay mucha alma de fiesta ahora… – dijo Tom, supongo que rezando por dentro para que le dijeran que sí.

-¡No, no! – una voz agudísima sonó dos cabezas más allá. La chica más pija de todas y más rubia, llamó la atención de mi chico. – ¡Nosotras tenemos un juego! – Tom puso cara de cansancio y después de coger mucho aire y soltarlo sonoramente, indicó que se explicaran. – Pues verás, hemos pensado, que ya que somos pocos y quedamos los más mayores podríamos jugar… Bueno… A la botella.

Nosotros cinco la miramos con los ojos completamente abiertos, atónitos.

-¿A la botella? – preguntó, sorprendida Ash, diciendo lo que todos teníamos en mente.

-¡Sí! ¡Va, será divertido! – le puso ojitos a Tom y este alzó una ceja. – Somos mayoría. – continuó ésta. Finalmente, mi rubio se rindió y miró al suelo.

-Está bien. Juguemos a la botella. ¿Tal cual estamos ahora? – Miré un poco cómo estábamos todos sentados y pude ver que a mi lado derecho, estaba Ash, al lado de esta, había uno de los tres chicos, le seguían dos rubias, después había otro chico, Andy, otra chica, Tom, Mario, tres chicas más y a mi lado izquierdo el tercer chico. Todos nos encogimos de hombros, como diciendo que nos daban igual las posiciones y éste fue a rebuscar entre las botellas. Volvió al cabo de un rato, con una botella de cristal, donde había habido cerveza en su momento, y que Tom y estos se habían bebido a escondidas.

La dejó en medio y todos nos quedamos mirando.

La chica de antes se puso a cuatro patas y después le dio un golpe a la botella para que rodara.

-Va, que empiezo yo. A ver con quien me ha tocado… – Puft, mira que era toooonntaa hablando. Por dios, ¿te crees más guapa por hablar como un putón de una línea telefónica?

La botella se iba parando y mi nerviosismo empezó a aumentar cada vez que pasaba lentamente por delante de mí o por delante de Tom. ¡Tom era mío! Y las putas guarras habían organizado todo esto para poder liarse con él! Qué putas.

El objeto de cristal se detuvo delante de uno de los chicos y éste sonrió. Estaría pensando “toma, me ha tocado la que está buena”, y sin embargo ella puso los ojos en blanco, estaría pensando, “joder, me ha tocado el pesado de turno”.

Incluso mientras se acercaban empecé a aburrirme, estaba pensando que probablemente pasarían tres horas hasta que pararan el beso, pero sinceramente, nada de eso ocurrió.

Se acercaron y en cuanto sus labios se tocaron, se separaron rápidamente. ¿Perdón? ¿Qué coño ha sido eso? ¡Pero si ni siquiera han abierto la boca! ¿¡Sólo se dan un pico?! JAAAAJAJAJAJAJAJAJA ¿Pero qué mierda juego es este? ¿Qué tienen, diez años? También es cierto, que el juego de la botella en sí, es muy de críos. Pero esto ya… era pasarse.

En cuanto se separaron, me quedó de pleno la cara de pasmado de Tom. También se estaría partiendo por dentro, seguro. Bueno, no sólo él, sino todos los de nuestra edad.

Ahora, el chico éste le dio a la botella.

De nuevo, los momentos de tensión me llenaron el pulso de pánico y me dejaron sin aliento casi. Me daba igual que fuera un pico, seguía siendo invadir mi propiedad. Y no sólo hablaba de mi boca, sino de la de él.

La botella se iba frenando poco a poco y se iba aproximando a mi persona. Miré con pánico como se paraba, y noté la vista de Tom fija en mí. Que me miraba con algo de rabia.

Hostia… ¿Estaría celoso?

¡Oh, Ojalá sí!

¡Ey! ¡Ahora que lo pienso! ¡Es el momento perfecto para saber si le gusto o no! ¡Si se pone demasiado celoso, es que hay algo en medio que no cuadra, como el simple hecho de que está colado por mí! ¡Dios, es perfecto! ¡Es un plan genial!

Comencé a rezar porque se parara delante de mí.

Pero una vez más, el destino me odiaba y pasó de largo, deteniéndose en… Ash. En mi Ash.

Esta simplemente rodó los ojos y se levantó. Sacó su lado rudo y cuando lo tuvo delante, le cogió del cuello de la camiseta y le plantó un beso, un beso que era un pico, pero un buen pico. ¡Eso es clase, por dios!

-Tía, eres genial. – le dije bien bajo. – pensé que me moriría del aburrimiento. Al que te toque ahora, le metes la lengua sutilmente, a ver si esto se anima un poco… – le dije con una sonrisilla.

-¿Y si me sales tú? –preguntó, igual de bajo que yo, mientras que la botella giraba y giraba.

-Entonces quedará más porno aún. – Mierda, mierda. No Bill, no vuelvas a caer en este campo. Con cualquier otra persona sí, pero Ash es… Sagrada. No puedo volver a joder así a Georg.

-Perfecto. – me contestó, con la vista fija en el cristal amarronado. Giraba y giraba, y seguía sin frenar. Hasta que lo hizo. Ya lo creo que lo hizo. Y se me cayó al mundo al suelo. – Hostias… Perfecto. Allá voy Bill.

Y se levantó, con mi mirada atenta y mi corazón parado. Se plantó delante de mi chico y le dio el beso. El mismo beso que le había dicho. Le metió la lengua algo fugazmente, pero lo hizo. Estaba a putno de darme un ataque al corazón. ¡Mierda, no entraba en el plan que pasara lo contrario! ¡No puedo ponerme celoso, yo!

Se me aceleró el pulso por decimosexta vez en el día cuando vi a Tom, girar la botella. Cada vez que pasaba por delante de mí me daba una sensación en el estómago increíblemente asfixiante. Me moría porque me tocara, pero por otro lado quería darle celos con otra persona, y si me besaba ahora, me derretiría para siempre ahí en medio, ¡y no podría hacer nada de nada! Pero ahora, a menos que le tocara alguno de sus dos amigos, me iba a acabar jodiendo yo.

Y se paró. La puñetera botella se paró. Había observado las caras de todas las chicas, rezando porque les tocara ellas, y finalmente, la chica menos estúpida de todas, la que parecía más simpática, con el pelo largo y castaño, fue la afortunada de besar a Tom. Como mínimo no fue ningún beso demasiado emocionante, cosa que no evitaba que me molestara de todas formas.

El tiempo pasaba y cada vez iban saliendo más parejas. ¡A Ash le habían tocado tres chicas! Y como parecía que alguna vez había soltado que era un poco lesbiana, se estaba poniendo las botas. La verdad es que cada vez que su botella indicaba a una figura femenina, una sonrisilla leve se dibujaba en su rostro.

Todos habían salido. Todos, menos yo… y Mario. Ambos, nos mirábamos de vez en cuando, con algún suspiro, pensando ¿Estamos gafados?

Y una de las chicas lo notó, precisamente, la primera en besar a Tom. Y digo la primera, porque ha habido una gran lista. Putas, putas, putas, putas… Todas putas.

-Oye, ahora me toca a mí de nuevo, pero le paso la botella a Mario, porque aún no le ha tocado ninguna vez… – Vaya, qué maja. Éste, que estaba en su puta nube porque pensaba que no iba a salir nunca, dio un respingo al oír su nombre. Vieron que le pasaban la botella y sonrió de lado.

-Vaya, gracias guapa. – este le guiñó un ojo, y ella se sonrojó. Andy miró la escena con cara de odio total.

El moreno la puso en el centro y le dio un golpe de muñeca. Ya ni me preocupaba por su rotación puesto que yo no iba a salir, y estaba más pendiente de que le tocara a Andy. Sería genial que se dieran un beso, quizás así se reconciliaban y todo.

¡Ay, qué bonito! ¡Ya me lo imagino! De repente, la botella se pararía delante de Andy y este se quedaría pensativo, después se levantaría resignado y se pondría delante de su enamorado. Mario lo miraría directamente, y después se fundirían en uno de esos besos tan bonitos que se dan cuando se piensan que nadie les está mirando.

¡Vale Bill, para de fantasear que te ha tocado!

Vale, ¿Qué? ¡¿Qué me ha tocado?! Miré a Mario con los ojos muy abiertos y este enseguida se dispuso a levantarse y a ponerse en medio del círculo. Me indicó con las manos que lo hiciera.

¡Oh dios, mi oportunidad! Vamos Bill, se sensual. ¡Dale envidia a Tom!

Aunque bueno, con Mario me da un poco de ¿respeto?

Mierda, lo mismo es una putada si le doy un beso a Mario con el fin de poner celoso al otro.

-Oye, esto es un aburrimiento… Bill, hagamos esto un poco más divertido. – soltó en voz alta. Creo que incluso demasiado alto, de forma que no solo lo oyera yo, si no todo el círculo. Pero esto siguiente me lo dijo bajito – Bill, ayúdame a poner celoso a Andy… Lo necesito.

Primero no supe qué decía, pero en cuanto me cogió de la cara, me aproximó a él y me besó lentamente… Lo entendí. ¡Quería que nos besáramos de verdad!

En un primer instante no supe cómo reaccionar del todo, pero después simplemente pensé, ¿qué coño? ¿Y por qué no?

Mario y yo, nos besamos delante de todos, bajo sus atentas miradas y me moría de ganas de abrir los ojos y saber qué cara tenían todos. Sobre todo Tom, evidentemente. Quería saber si estaba celoso. Necesitaba saberlo yo también.

Mario y yo jugábamos con nuestras lenguas, y realmente pude notar que besaba muy bien. Había respeto, cuidado, amor e incluso algo de lujuria. Lo hacía de puta madre, de hecho.

-¡Ehh ehh! – dos brazos distintos nos separaron a los dos. El moreno y yo nos miramos sorprendidos y con los brazos entrelazados. Entonces, unos brazos fuertes me estiraron hacia arriba, y me cogieron de la cintura – ¡Llevamos media hora diciendo que son la una! Y que ese no es el beso del juego! – los chillidos de Tom me pegaron en los tímpanos de golpe.

-¿Qué…? – yo aún estaba como ido.

-Venga a recogerlo todo, nos vamos – Tom me soltó de golpe, casi como si me tirase al suelo y después ni me miró.

¿Se ha enfadado?

¡¿Se ha puesto CELOSO?!

Continúa…

por administrador

Publico con autorización del autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!