18: Se pensará que soy bipolar

Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed

Capítulo 18: Se pensará que soy bipolar

(Continúa en el mismo día y momento que el anterior)

Bill

Mario era ávido con la lengua, al igual que con los movimientos, no sólo de ésta, sino de su cabeza, de sus manos y de absolutamente todo. La verdad, es que jamás pensé que sería tan bueno besando. Se le veía tan afeminado (más que yo diría, sólo que con el pelo corto), y tan chica, que lo veía demasiado frágil como para presentar esta seguridad de si mismo en momentos como este. ¡Me estaba dominando al completo!

Pero lo cierto es que me gustaba como besaba. Era el segundo chico con el que me daba un beso, y realmente no me sentía mal. Bueno sí, pero no precisamente por el hecho de que fuese de mi mismo sexo.

Más que nada, era agradable, era excitante, quizás hasta adictivo. Era curioso ver las reacciones de mi cuerpo ante una situación como esta, ver como no rechaza al nombrado, ver como acepta e incita a seguir el acto. ¡Cuando apenas hacía dos semanas, estaba orgulloso de los pechos de mi novia! Ahora, me estaba besando con un tío que estaba plano, y me daba igual. ¡Y me sentía bien! ¡Y no era como en el caso de Tom, porque estaba enarmonado de él! ¡Era un chico, y punto!

Vale… ¿Estoy vitoreando que soy gay? Genial Bill, viva la autoestima.

Bueno, lo que me hacía sentir mal, era realmente, el hecho de lo que estaba haciendo, más allá de meterle la lengua hasta el fondo a un tío. Más allá, refiriéndome a un par de metros más allá de éste.

Andy y Tom nos miraban. Bueno, puedo afirmarlo, sin saberlo, puesto que tengo los ojos cerrados, pero si los abriera… Vería sus reacciones.

¡Y está mal lo que hago! ¡Está fatal! ¡Porque Mario, es el mejor amigo de Tom, y Andy está saliendo con él! Y encima, yo me llevo bien con Andy. A más, en poco tiempo nos hemos empezado a llevar bastante bien, y sólo hace un par de días que lo conozco. Es un poco más masculino que el otro, pero afeminado al fin y al cavo. Eran una pareja tan perfecta que me fastidiaba lo que yo estaba haciendo.

Porque aunque había sido Mario quien había empezado con todo esto, yo no era menos culpable. Podría haberle frenado perfectamente, haberle dicho que no, que pasaba de darme el lote con él, delante de diez personas más, y sin embargo, estoy aquí.

Aunque bueno…

Bill, ayúdame a poner celoso a Andy… Lo necesito.

No podía simplemente no ayudarle. Me lo había pedido casi por favor, y sinceramente, con él me llevo mejor que con el rubio. Si me lo hubiera llegado a pensar en el momento de actuar, me habría encontrado con un dilema de los gordos. Supongo que por eso es mejor actuar sin pensar…

Aunque Mario se está pasando. Podría haber escogido a otra persona para ponerlo celoso.

Entiendo a Mario respecto a querer dar celos a Tom… Que diga, a Andy…

¡Mierda! ¡Se me están cruzando pensamientos! Joder, ¿tanto me importa el tío este de las rastas, como para que se meta en mi monologo interno, incluso cuando no hablo de él? ¡Ni tan solo tenía su imagen próxima!

Pero vale, ¿a quién quería engañar? También hago esto por mí. Por saber si Tom está celoso o no. Pero, mierda… tengo miedo.

Tengo miedo de abrir los ojos y descubrir que no es así. ¡Porque si es el caso, habré estado haciendo el ridículo, delante de mi mejor amiga, del chico que me gusta, delante de medio mundo adolescente, y del novio de mi acompañante!

¡No quiero imaginarme qué pasaría, si Tom se acerca a nosotros enfadado, y en vez de pararse delante de mí, pasa de largo por mi lado, y se detiene delante de Mario, le grita un par de veces que está loco por liarse con alguien delante de Andy, y ni tan sólo dedicarme una mirada!

Acabaría tirándome por un precipicio.

Pero bueno, al fin y al cabo, el beso me beneficia bastante. Porque en cuanto finalice, descubriré si realmente juega conmigo o no, si siente algo por mí, si no es un puñetero juego que empezó desde el primer momento en que cruzamos miradas…

Y si no me quiere… Igual me sirve, porque me ayudará a meterme en la cabeza que lo deje en paz, y dejarle de prestarle tanta atención.

Quizás me ayude a olvidarlo y todo.

Tsk… Qué estúpido e irreal ha sido eso último. ¿Olvidarlo? Mierda, en poco tiempo se me ha calado en lo más hondo del corazón, ha hecho una tienda de campaña en sus entrañas, y ha clavado las cuerdas con unos alfileres que aprieta y aprieta cada día… Sin intención de irse jamás.

Volví al mundo real, y vi por parte de Mario unas pequeñas intenciones de parar el beso, ya que ahora ya no me metía la lengua. De hecho, ahora solo nos dábamos cortos pero profundos besos, seguidos. Era divertido, joder. Era tremendamente genial. Pero no paró.

Juraría que podía oír algún que otro sonido de fondo, perteneciente de la gente. No sé si eran gestos de asco, o suspiros de placer, porque yo estaba totalmente en mi mundo, pero fuese lo que fuese, me daba absolutamente igual.

Pero entonces, algo me separó de Mario. Noté como me ahogaba, puesto que alguien me había cogido de la parte exterior del cuello de la camiseta y estiró hacia fuera, apretándome fuerte y con saña en mi garganta. Abrí los ojos enseguida, y pude ver que también había alguien que se estaba encargando de separar a Mario de mí, y éste, era Andy. La primera imagen fue la del moreno, con los ojos abiertos como platos, estirando los brazos para cogerme, del susto que había pillado.

A ambos nos levantaron y nos pusieron en pie, algo aturdidos, por lo que yo casi me caí al suelo, del mareo. Pero unos brazos fuertes me cogieron. me agarraron de una manera un tanto extraña, alejándome lo máximo del cuerpo de mi salvador, con una especie de distancia forzada, y con el pulso tenso.

Miré para ver quién era mi secuestrador, y me encontré de nuevo a un chico rubio, lleno de rastas en la cabeza, que al estar yo un poco encogido, me miraba desde una perspectiva alta y realmente intimidadora.

Después de cerciorase de que ya no estaba mareado, me soltó y me chilló.

-¿¡Es que no me has oído o qué?! – su voz me taladró el tímpano y me tuve que tapar una oreja con ambas manos.

-¡No! ¿Has dicho algo? – le miré desafiante. ¡Desde luego que no había dicho nada!

-¡Y una mierda! ¡Claro que nos has oído, mamón! – me sorprendió cómo me contestó, y me llegué a cuestionar de verdad, si me había hablado. Me giré para ver a Mario, pero me lo encontré mirando al suelo, y con Andy girándole la cabeza. Oh, genial, se habían enfadado más. Joder, lo hemos estropeado un montón. – ¡Llevamos media hora gritándoos! – Mario asintió con la cabeza, y yo me quedé parado. Secundaba lo que decía.

-Ah… Pupues… Yo… De verdad, que no os he oído. – miré a Tom a los ojos, y este se calmó después de ver que realmente, hablaba enserio. No tenía ni idea de que habían dicho algo… – ¿Y qué… qué queríais?

-¡Que es la una, joder! Que ya es hora de largarse… – dijo sin mirarme si quiera. ¿Y ahora qué coño ha pasado?

-¿Qué? Es imposible, hace nada he mirado la hora y aún eran las doce y media. – me sorprendí. ¡Es imposible que hubiera pasado el tiempo tan deprisa!

-Me da igual, vamos, recojamos, ya. Es hora de irse. – Tom daba vueltas de un lado a otro, con los puños apretados y cogiendo cosas del suelo, que después volvía a dejar. Estaba alterado con ganas.

Estaba enfadado. Oh dios, estaba… ¡Estaba celoso!

Se me dibujó una sonrisa traviesa en los labios y que se me fue muy difícil de disimular. ¡Oh, sí! ¡Bien, Bien! ¡Estaba celoso! ¡Seguro! ¡Segurísimo! Casi me dio por saltar ahí mismo de emoción.

No quería dejar de jugar ahora que ya sabía que definitivamente, no le era indiferente. ¡No quería! A demás, que ahora por fin era mi turno. Ahora que podría volver a saber si le molestaría, me tocase quien me tocase… Porque… ¿y si me tocaba él? ¡Oh, Dios! ¡Podría tocarme él!

Me giré y miré las caras de la gente. ¿Es posible que el resto también quisiera dejar de jugar? No creo. Las adolescentes de mierda estas, seguro que votan por seguir jugando, incluso hasta más tarde incluso de la una y media. Estaban todos sentados aún. Los únicos que estábamos de pié éramos nosotros cuatro. Incluso Ashley me miraba desde abajo.

-Pero… Yo no quiero dejar de jugar… – dije con un tono alto para que me pudiera oír, aunque con un poco de precaución, por si se enfadaba de sólo preguntarlo – Es que… Ahora que por fin es mi turno de tirar. De hecho, aún quedaba media hora, ¿cierto? – miré al resto de personas a mi alrededor, y estos asintieron casi casi, enérgicamente. ¡Nadie quería dejar de jugar, macho!

Excepto.

Mario y Andy se miraron de pronto, y compartieron una mirada larga, y profunda… Supe que se dijeron muchas cosas con esa mirada, tantas, que me dio vergüenza hasta mirarlos. Finalmente, respiraron profundamente y Mario se cogió de la cintura de su novio y se abrazó a él. Apoyó su cabeza en su hombro, y después habló.

-Nosotros no jugamos… – pero a modo cómplice, me sonrió y me guiñó el ojo.

Vale, parece que no ha ido mal la cosa al fin y al cavo. Perfecto. Todo está en orden de momento. Desvié mis ojos de ellos en cuanto los brazos de Andy rodearon fuertemente a su chico, y perdía su nariz entre el pelo, besándole este. ¡Ufff…! ¡Menos mal! ¡Pensé que se desataría una especie de apocalipsis o algo por el estilo! Mario… Creo que empezó a sollozar en silencio, sin que nadie se percatara de ello, a excepción mía y de su amante.

Y después de esto, miré expectante a Tom, encogiendo los labios hacia un lado, arrugándolos y con cara de pena, esperando lo que me decía, y este me miró desafiante.

-He dicho que no. – dijo sin apartar sus ojos de los míos.

-¡Oh, vamos! ¡Es sólo medía hora más! ¡El tiempo pasa volando!

-Tom, no seas aguafiestas – y por primera vez, que yo recordara casi, Andy habló en todo lo que llevábamos de juego. El de las rastas se giró para mirarlo, indignado, y puso cara de no entender porqué de repente, se ponía de mi lado. ¡Ja! ¡Porque AMBOS estaban celosos, de su respectivo chico! ¡Por dios, qué bien hago mi trabajo de actor! – Va, sentaos y jugad un rato.

Tom miró al resto de gente, que no era yo, y al ver sus caras, bufó fuertemente, y después escupió a un lado. Se puso cara de chulo y finalmente, recuperó su sitio anterior. Al no estar los dos novios, las chicas se aproximaron a él en un santiamén. Puse cara de asco en cuanto lo vi. Este se fijó y sonrió de lado. “¿Qué pasa?” me preguntó con la mirada. ¡Oh! ¿Me está devolviendo la jugada? Tsk, jamás.

¿¡Dónde está la puta botella?!

Miré a todas partes, y la encontré cerca de mí, difuminada con el color verde del césped y el de su cristal. La cogí con la mano y vi que estaba congelada.

Me puse a cuatro patas y la posicioné en el centro. Más tarde, le di un suave golpe en el cuello de ésta, y empezó a rodar.

Me aparté sin quitarle ojo de encima, e inconscientemente, aguanté la respiración. Noté como se me aceleraba el corazón cada vez que pasaba por delante de él, y como disminuía al salir de “la zona de peligro”.

Y… Aquello que supuse increíble, y ficticio, ocurrió. Con el corazón en un puño, y mi esperanza en el otro, el cristal se fue parando poco a poco y pasaba por delante de mí, sin pararse, para dar una vuelta de 180º más, que finalizaría delante del chico menos indicado, y más esperado por mí mismo.

Tom y yo nos miramos enseguida, justo cuanto la botella quedó parada frente a él. Ninguno de los dos se esperaba que acabaría pasando esto. Cierto es, que la imagen en la que me daba un beso con él, se había repetido en mi mente diversas veces, antes de que realmente le diera tiempo a dar una sola vuelta al objeto de vidrio, pero… ¡Pero esto era demasiado fuerte!

Si antes el corazón me iba a mil por hora, ahora ya no lo sentía. Ahora no estaba en ningún sitio que correspondiera a mi cuerpo.

Quizás se habría escondido…

¡¿Pero, qué más da si mi corazón se ha muerto?! ¡Tengo que besar a Tom! Creo que se me subieron los colores en un instante, dejándome las mejillas y la nariz roja. Tom sólo… Alzó las cejas momentáneamente.

Noté un apretón de la mano de Ash sobre la mía, pero no le hice caso. Simplemente, me posicioné lo más cerca de Tom que pude, y me acerqué a él.

Dios. ¡LE IBA A DAR UN BESO DE LA HOSTIA, DELANTE DE TODAS LAS PUTAS NIÑAS!

¡Oh, qué gozo y qué a gusto me quedaré! Le miré, pero este desvió la mirada enseguida. Entorné los ojos, extrañado, pero enseguida giré la cabeza para encajar mejor con él. Aunque bueno… ¿Qué más daba? Tom sabía perfectamente como besarse conmigo.

Y de pronto. Tom se me acercó a mí y juntó nuestros labios durante una milésima de segundo y después volvió a ponerse en su sitio. ¡No me había dado tiempo a reaccionar, y ya estaba buscando él la botella para tirar!

Me quedé… Estático. Sin saber qué hacer, qué decir, y que… Nada. Se me congeló la respiración y perdí el rumbo de la vista, acabando por no saber si mira al suelo, o al puto infinito.

¿¡YA ESTÁ?! ¡¿Esto es un beso?!

¡No! ¡A esto no se le puede llamar beso!

-Jiji… – una sonrisilla de fondo, se oyó por parte de la rubia mayor, la reina de las putas, la diva de la clase. La miré en cuanto su risa llegó a mis oídos y la fulminé con la mirada. ¿¡SE ESTÁ RIENDO DE MÍ?! OH OH… Te la estás buscando chavala, te la estás buscando.

-Bueno, ¿vuelves a tu sitio o que, chaval? – una mano me empujaba de la zona de juego y vi que se trataba del mismo chico que esta mañana me besaba con desesperación. Me ha dejado por los suelos. ¡Me la está devolviendo!

Le miré casi sin creérmelo, pero este no presentó ningún tipo de gesto que parecía que le importara lo más mínimo.

Me recogí y me senté de nuevo, cohibido y humillado, encogiendo las piernas y rodeándolas con mis brazos. No me lo podía creer, era imposible…

Tom esperó paciente a que el objeto endemoniado dejara de girar, y se paró. Se paró justo a su lado. Y de nuevo volví a oír una sonrisilla. Una sonrisilla irritante, que me daban ganas de golpear al suelo y hacerme sangre si lo requería.

Tom se aproximó a la puta mayor y la cogió de la barbilla con una mano, y con la otra la aproximó por la cintura hasta él.

Mis ojos dejaron de prestarle atención en cuanto el roce de labios pasó a palabras mayores. En cuanto las lenguas se entrecruzaron y se devoraron la una a la otra.

No sé si aparté la mirada o simplemente me quedé fijo mirando y se me empañaron los ojos, pero lo que es seguro es que dejé de participar. Si me tocaba alguna vez, daba el mismo tipo de beso que me había dado Tom. A excepción de cuando me tocó con Ash, que me dio un beso profundo y suave. Recuperé la razón en cuanto me hizo unas leves cosquillas en la mejilla y me guiñó un ojo. ¿Se habría dado cuenta de que estaba mal? Bueno, por supuesto que sí… Hay que ser gilipollas para no darse cuenta.

-Eh chicos… Son la una pasadas. – Mario me liberó de la tortura. En cuanto lo oí, giré mi cabeza y este estaba fijo en mí. Me sonrió de lado, tristemente, sin soltar la mano de su chico, y yo asentí con la mirada, agradeciéndoselo.

Puñetero Tom, ¡Cómo me había derribado con un par de segundos!

Tom

Guié a todos hasta el campo de básquet y ahí cada uno se fue por su camino.

Pero, mientras llagábamos, una especie de oleada de culpabilidad se me echó encima, apoderándose del estado de ánimo en el que yo me había sentido el rey de todo, teniendo a Bill bajo mis pies, casi pisoteado, observando cómo me besaba con tías de una cien, y devolviéndole el puñetero golpe bajo que me había propinado a mí.

Joder, ahora me sentía realmente mal al tenerlo a dos metros de mí, abrazándose a sí mismo para darse calor, hablando con la pelirroja, sin prestarme la más mínima atención.

Ahora que… Ahora que por fin nos habíamos dicho algo en lo que llevábamos de velada, y desde esta mañana. ¡Madre mía, que yo me moría por poder hablar con él! ¡Por intercambiar palabras! ¡He vitoreado interiormente lo que he podido, cuando, antes de acercarnos a la gente, me ha saludado!

Pero es que… Joder. Me ha cabreado muchísimo lo que ha hecho con Mario. ¡El juego no era así! ¡No eran esos tipos de besos! Vale, era un puuuto aburrimiento de la otra manera, ¿pero y qué le vamos a hacer? ¡Es un juego de crías adolescentes! ¡No les puedes pedir más! Yo podría haberme liado con todas las tías con las que me había tocado, y no lo he hecho.

Pero qué rabia que Mario le metiera la lengua hasta el fondo. ¡Pero si parecía una película! ¡Bill, es mío! ¿No se ha medio enamorado de mí? ¡Pues ya está! No puede permitir que nadie se le acerque como yo, joder. Sólo Tom puede acercársele y besarle de esa manera.

Mierda, me he puesto celoso. Ya he descubierto que es eso de los celos… Y no me molan nada. ¡Es estresante e irritante! ¡Hasta he tenido ganas de pegarle un puñetazo a Mario! ¡A Mario!

Y encima… Cuando me ha tocado besarme con Bill, se me ha parado el mundo. Yo ¿besarme en público con un tío? ¿Qué dirían de mí? ¿Y si me empiezan a llamar marión? ¿Y si las tías pasan de acercárseme si descubren que me gusta un chico?

No, desde luego no podía permitir que nadie se enterara. Si me besaba con Bill, si lo acorralaba contra la pared y me lo comía ahí mismo… Sólo se enteraría la pared.

Nadie más podría enterarse, ni tan solo Mario y Andy. ¡Tengo un mote por algo, joder! No pueden ir llamándome Putom verbenero por ahí, porque me pillaron con tres tías en un día, y de pronto vean que me quedado pillado de un tío. ¡No puedo, joder!

A mi padre le da un chungo si se entera. Correría la voz por todas partes, se… Se enterarían mi padre, Erika, Gustav, Erik, las chicas del campamento, Mario, Andy… Oh, dios.

Esto es demasiado complicado.

Desde luego, si hubiéramos estado solos, con la oportunidad que tenía delante, de volverme a besar con él por muy enfadados que estuviéramos, ¡no la habría desaprovechado! Pero nos veía todo el mundo.

Y después… Dios, creo que le he visto hasta llorar. ¡Me he pasado! ¡Por gilipollas! ¡Por gilipollas celoso, de mierda!

Cuando llegamos al campo de básquet, nos dispersamos todos enseguida. Las chicas me mandaron un saludo muy caluroso con algún que otro guiño de ojos o besos en la mejilla incluso, y después se iban con un “Adiós Tom…” muy meloso e incitante. Pero por primera vez, no les hice ni caso. De hecho, en cuanto una de ellas se me acercó demasiado, puse mis ojos en Bill, por si lo veía o no lo hacía.

Y sí… Bueno, realmente no sé si me miraba o simplemente estaba embobado mirando en mi dirección, pero parecía que no me quitaba los ojos encima. En cuando notó que yo también lo había mirado, desvió sus ojos a otro sitio más interesante, como los hierbajos del suelo, y se puso a darle patadas al suelo. Dios… Estaba muy molesto.

Yo… ¡Necesito hablar con él! Necesito hablar con él, y pedirle perdón! Bueno… Primero que me pida él perdón, por besarse con mi mejor amigo, y después le pido perdón por el resto de cosas.

Mierda, no se cual de los dos tiene más orgullo, si él o yo. Porque seguro que él no querrá admitir nada.

.

Había decido seguirlo. En cuanto el grupo se dispersó del todo y cada uno se cogió su camino, yo me quedé ahí en medio. Sin ganas de nada, ni de volver a mi cabaña, ni de dar una vuelta con estos dos, ni de tocar la guitarra antes de irme a dormir… Nada. Bueno sí, quería estar con Bill. Y nada más pensarlo, mi cabeza fue en dirección al camino que había tomado el moreno. Una sombra gris se movía a lo lejos, larga y delgada.

Bill.

Ni me lo pensé, me puse a correr y cuando estuve a unos… tres metros de él, aminoré la velocidad y me puse a caminar normal. Hice todo lo posible para que no me oyera y me puse a seguirlo. Y ahí estaba yo, observando cómo avanzaba, cómo se acercaba cada vez más a su cabaña, y al final del recorrido.

Me preguntaba cada dos por tres, si sería capaz de decirle algo. Si sería capaz de cómo mínimo, hacerme notar. Tenía la mejor oportunidad del mundo, para iniciar una conversación y ahora no hacía nada.

Pero, oh joder… Míralo. ¡Qué culo tiene, macho! Creo que no le había apartado la vista del mismo sitio en todo el rato. Quizás a su precioso pelo, un tanto ondeado por el aire, acariciándole el suave cuello, donde yo había paseado mi lengua libremente, esta mañana, y había marcado en él en rojo, dejando la huella de Tom, de mis besos y mi boca. ¡Oh, no hago otra cosa que acordarme de lo de esta mañana!

Auh… Creo que… He notado un pinchazo en… Auch. ¡Mierda, se me está empalmando! ¡Así no puedo pensar con claridad! ¡Arg, qué culo, coño!

No, Tom, va, has de pensar algo malo… Em… ¡Gus en ropa interior!

-Ouch… – ¡¡AAH!! Joder, no debería pensar en estas cosas. Eso ha sido demasiado fuerte. Nah, al menos me he calmado. Sólo espero que no se haya dado cuenta.

Demasiado tarde. Me paré en seco cuando vi que Bill hacía lo mismo. Me entró un sudor frío por el cuello y la respiración se me paró. Pero, cuando volvió a caminar al frente, el aire volvió a mis pulmones de la manera más placentera que jamás creí que respiraría. Vale, está claro que no me dejaré ver. Nada más hay que ver como se me ha puesto el ritmo cardíaco en cuanto pensé que se iba a girar.

En fin, mejor me doy la vuelta y me voy, porque…

Snif– un sonido que no me agradó nada sonó desde la posición de mi chico, y me puso el bello de punta. El sonido se repitió otras mil veces mientras Bill se paseaba la palma de las manos y las yemas de los dedos por toda la cara. –Joder… Otra vez… -su voz quebrada me sobresaltó.

Mierda… Se había puesto a llorar.

Crack

Algo me pilló desprevenido. Y a Bill también. En cuanto pisé la puta rama de los huevos, que petó bajo mi pié, el moreno se giró, sobresaltado, y me vio allí, inerte, entre hojas muertas y corrientes de aire heladas.

-¿Tom…? – preguntó este, mientras pasaba sus manos por toda la cara, rápidamente, supongo que evitando que viera que estaba… Llorado como un niño pequeño. No contesté, simplemente miré al suelo y me llevé una mano al cuello, como excusándome por lo que ocurría, por estar aquí sin tener que estarlo, por haberle seguido y haberle asustado… – ¿Qué coño haces aquí? – dijo con desdén. Como si me mirara con asco.

Levanté la cabeza enseguida y empecé a avanzar un par de pasos.

-Pues… Yo… Había venido a… Bueno… – intenté excusarme. Pero realmente no sé muy bien por qué lo había perseguido. Quizás mis enromes ganas de estar cerca suyo habían podido con mi conciencia y con mi razón, y sin importarme lo que vendría después de seguirle, empecé mi camino, observando cada paso, cada movimiento, cada gesto… Disfrutando de su presencia, aunque estuviera a tres metros de mí, y Bill no supiera que estaba a su lado. Sobre todo, quedándome con las ganas de decirle algo… Supongo que el hecho de que estuviera ahí, era suficiente.

-Mira, me es igual, lárgate. Ya. – sentenció. En un momento. Si darme siquiera tiempo a explicarme.

-¿Qué? ¿Por qué? –pregunté. Asombrado y dolido por su extraña reacción.

Esta vez era él quien se me aproximaba a mí, pero en su caso, con cara de enfadado y mirándome directamente, sin tapujos ni nada que esconder. Con su rabia contenida.

¿Rabia? ¡JA! ¡Soy yo el que debería estar enfadado con él! ¡Se ha medio follado a Mario delante de Andy, y delante MIO!

-¿¡Cómo que porque?! – mis tímpanos petaron.

-Oye oye, a mi no me chilles, ¡que te pego un guantazo! – le amenacé.

-¡Haré lo que me salga de los huevos, señorito van todas detrás de mí y voy hiriendo a Bill por todos lados! – me ensordeció con esto último por lo alto que lo había dicho, y me dejó mudo por el significado que contenía.

-¿Qué…? – dije anonadado. – ¡Eh! ¡Yo no he hecho una mierda! – me hice el loco. Está claro que nunca podremos ser menos que el otro. Jamás podremos admitir algo… Somos y seremos orgullosos hasta que nos muramos. ¿Por qué diablos nos pareceremos tanto, joder?

-¡Claro que sí! ¡No finjas que no sabes nada, porque no es el caso! ¡Y encima yo lo sé! –se le quebró la voz y entrecerré los ojos, sin llegar a entender del todo esa última frase – ¡Mierda, lárgate! – se giró y se encogió en sí mismo, quitándose las lagrimas que se precipitaban a salir de sus ojos de nuevo, queriéndomelas ocultar.

-¿Qué? ¡¿De qué coño me hablas?! – y volvíamos a gritar – No me pienso largar.

-No importa, ¿vale, Tom? Déjalo. Vive en tu puto mundo, donde todo es perfecto y de colorines, y déjame a mí, que ya tengo bastante conmigo mismo. –siguió caminando y me dejó a atrás.

Por unos instantes, pensé en dejarlo ir, y volverme por donde había venido, pensándome si pegarme de hostias contra un árbol, por haberlo seguido y por ser gilipollas. Pero en el último momento, eché a correr y me puse a su altura. Lo agarré del brazo y tiré de él hacia mí.

-¡Que no me pienso ir, he dicho! – Cerró los ojos, de lo fuerte que le había chillado, y después de eso me calmé – explícate de una puta vez. ¿Qué es eso que yo sé y que tú también sabes que yo sé y que se supone que debería saber que sab…? – vale, no sé qué coño he dicho, realmente, me había perdido. No sabía de qué estaba hablando…

-Tom… eres un puto cabezota. – no sé si se ría de mí, o si lo hacía por no llorar de nuevo, pero sonreí de lado por lo que me acababa de decir.

-Lo sé. Así que no podrás huir de mí…

Con una manotada se soltó de mí y después empezó a apretar los puños fuertemente, como si estuviera aguantando la rabia, y la impotencia que tenía dentro, le carcomiera las entrañas.

¿Y ahora qué coño le pasaba? ¡Pero si se estaba riendo! ¡Vaya, parece que no soy el único bipolar aquí!

-Los dibujos, Tom… – alcé las cejas lentamente y abrí los ojos de la sorpresa. Dios, ¡los dibujos! – Sé que has visto los dibujos, esta mañana. Los he encontrado diferente a como los había dejado, y estaban demasiado bien ordenados como para haberse volado por el aire.

Se me paró la respiración y me separé un par de pasos de él. Le miré, culpable, consciente de que realmente, yo sabía que él estaba colado por mí. Volvió a hablar mientras yo mantenía mi voz en una tumba.

-No es justo que me beses esta mañana, como si realmente le pusieras empeño, como si lo sintieras de verdad, y no fuese un beso más, y después no me hablas en todo el día. Vale, ahí he tenido culpa también, ya que podría haberme acercado y haberte preguntado, pero cuando nos ha tocado en la botella después… ¡Apenas me has rozado! ¿Qué pasa? ¿Te doy asco, ahora que ya sabes la verdad? ¡Y encima, sabiéndolo, te morreas con unas putas pavas, cincuenta veces, cuando podrías haberles dado un beso igual de mierda que el mío! ¡Pero no! ¡El señorito se tiene que hacer de machoman, y tiene que herir a Bill hasta al fondo! ¡No se sirve con destrozarle mentalmente todo el día! Joder, ya no sabía si ahora no me hablas por los dibujos, porque eres tonto, o… – puso pucheros de nuevo. – No… Lo que pasa aquí es que yo soy el gilipollas…

Respiré hondo. Me había cogido por los huevos.

-Bill… – hice una pausa después de pronunciar su nombre, buscando las palabras adecuadas – Yo sólo, me he sorprendido con los dibujos. No me das asco, te lo juro. Lo del beso del juego ha sido… Bueno, no importa. – ¿cómo le decía que no quería besarle en público? ¿Y si se enfada? Vale, mejor dicho: ¿Y si enfada mucho más?

-Ya… bueno. – vaciló, mirando hacia otro sitio, con los brazos cruzados y poniendo expresión de diva repelente. Intenté no hacer caso a ese irritante lenguaje corporal.

-Bill, ¿cuánto te…?

-Joder, deja de empezar las frases con mi nombre… – se estresó. – Me está empezando a poner de los nervios.

-Vale vale… – le contesté – Que… Bueno, – de nuevo me paré – ¿Cuánto te gusto? – me atreví a preguntar.

En cuanto oyó la pregunta, se escondió más la cara con el pelo, y se puso una mano en la frente.

-Joder, pues… – empezó a mover las manos y a entrelazar los dedos, del nerviosismo, supongo -Mierda, no estoy acostumbrado a esto. – se quejó, algo cohibido – Pues, a comparación a como me ha gustado alguien alguna vez… – se puso rojo, totalmente rojo – Pues mucho. – y agachó la cabeza más si cabe. Qué adorable, pensé.

Y yo me quedé con ganas de decirle lo mismo. Porque… Porque se lo quería decir. Joder, no es justo que sintiera las palabras en la boca del estómago golpearme y golpearme en la subida hasta mi boca, hasta, como dice el dicho, a la punta de la lengua. Pero… Ahí se quedaron las palabras. Y me jodía tanto… ¿¡Porqué no las podía decir?!

Las palabras se repetían en mi paladar como si se tratara de un poema que tienes que recitar en case y eres el siguiente de la lista; “Bill, estoy igual que tú.”

¡Eran simples y cortas palabras! ¡No eran complicadas ni nada por el estilo!

Pero… Jamás las llegué a decir. Jamás me salieron de la boca. ¿Por qué?

No lo sé. Quizás porque soy un cobarde de mierda, quizás porque me daba hasta miedo sincerarme por primera vez, quizás porque era tan nuevo que no sabía cómo hacerlo… O simplemente porque como ya he dicho… Soy un cobarde de mierda.

Y en lugar de decirle que también me estaba pillado…

-Pues lo siento tío, – encima me fui con chulerías – pero lo peor que puedes hacer es pillarte de mí. Soy demasiado cabrón – y ahí, vi una imagen diferente de la situación. Sin comerlo ni beberlo, había dicho ese par de posibilidades que me impedían que me sincerara. ¿Y si no soy capaz de pasar dos días con él y tirarme a una tía? ¿Y si le jodo más de lo que le estoy jodiendo ahora? Putas preguntas sin respuesta… Siempre igual. – Olvídate de mí, y quedémonos como estamos, o si lo prefieres, volvamos a ser amigos normales, o conocidos… Si quieres ni hablemos entre nosotros… Pero no hagas esto. – Creo que recé a ese Dios inexistente, por qué no aceptara esa proposición. No soportaría verle y no saludarle. Pero sobre todo, y como siempre, yo pensando con la puta polla, no soportaría estar a solas con él, y no saltarle a la boca…

¡¡Pero Tom!! ¡Dile que te gusta! No seas tonto.

-No. – dijo seco.

¿Cómo?

-¿Qué has dicho? – exclamé, anonadado. ¡Mierda, no sé a qué se refería ahora! Si a lo de no pillarse de mí, si a lo de no querer ser mi amigo… ¡¿Joder, porqué seré tan tonto!?

-Lo que has oído. No pienso olvidarme de ti. – pu pum, pu pum… pu pum, pu pum… Oh… Bill.

-¿Y por qué no si se puede saber? – la seriedad de mis palabras me sorprendió, se me había encogido el corazón de una manera que creo que hasta me hizo daño de verdad, y sin embargo había hablado alto y claro, tajante.

-Porque puedo conseguirlo.

-¿Conseguir?

-Ajá.

-¿El qué?

-A ti.

-¿A mí?

-Sí.

-¿Y por qué estás tan seguro?

-Porque lo sé… – me desafió. Parecía que las ganas de llorar se le habían ido en un segundo…

-Yo no estaría tan seguro.

-Estabas celoso… – se atrevió a decir.

-¡Ja! ¿Cuándo?

-Antes… Cuando me he besado con Mario.

El recuerdo de ese beso me llenó de pensamientos de odio. Lo había pasado realmente mal en ese momento. Oh, dios… Ya lo creo. Me había fastidiado muchísimo, y tenía un nudo en el estomago aun habiendo apartado la vista todo el rato.

-Eso es mentira. – Y yo con mi cabezonería. ¡Pero es que ahora me había picado! ¿Dónde se cree que va, yendo tan seguro de sus palabras? No podía ir con tantas seguridades. No me daba la gana.

-Sabes que no. ¡Me has apartado de encima de él, al momento!

-¿¡Al momento?! ¡Llevabais media hora dándole a la sinhueso! ¡Un poco más y hacíais una porno ahí en medio!

-¡Bueno! ¡Es igual! ¡Es un juego! ¡Y besándose así era muchísimo más divertido! – se defendió.

-¡Pero era el novio de Andy! ¡Y sabes perfectamente que estaban mal, joder! ¡A mí… A mí me daba igual! – arg. Eso me ha dolido hasta a mí. Vi como su rostro se crispaba en un momento, como arrugaba el entrecejo y ponía cara de pena y dolor. Incluso vi como se le empañaban un poco lo ojos.

-Eso sí que es mentira…

-No lo es. No te creas que todos vamos comiéndote el culo allá por donde vayas, porque no es así. – sí, sí es así… ¡Nada más hay que verle el culo, por dios!

-Vete a la mierda… – se le quebró la voz.

-Enfádate lo que quieras.

Pensé que no me contestaría y que simplemente me giraría la cara y so largaría pero de pronto, estalló.

-¡¡QUE TE DEN POR CULO GILIPOLLAS!! ¡QUE NO HAS HECHO MÁS QUE JUGAR CONMIGO! ¡SI SABES QUE ME GUSTAS, NO ME BESES! ¡NO ME JODAS MAS DE LO QUE YA ESTOY, IMBÉCIL! –y dicho esto se acercó a mí y me dio hostias a diestro y siniestro, sin mirar, alzando sus manos a mi rostro, casi sin saber a dónde. Me pegó fuerte y después me empujó. – ¡Yo tenía una puta novia, que estaba buenísima! ¿¡Vale!? – y escupió al suelo. ¿Pero, ha dicho novia? ¿Enserio ha dicho novia?

-Ah ¿entonces realmente era una chica? Desde que he visto los dibujos pensé que te hacías el hetero conmigo para acercarte a mí o algo…

-¿¡Qué!? ¡Claro que no! ¡Eres… el primer tío que me gusta! – y volvió a hacer un amago de querer pegarme.

-¿Y la dejaste por mi? ¿No era porque te habías tirado a la pelirroja? – se me estaban cruzando muchas conversaciones y había sacado una conclusión extraña, ¿o me estaba contando otra cosa él?

-¡Arg, es difícil, ¿vale?!

-¡Dímelo!

-No.

-¡Dímelo joder! ¡Y no digas después que es todo culpa mía!

-¡No, paso de gastar saliva explicándote cosas que no entenderás!

-¿Me estás llamando tonto? – sí, con todas las letras por lo que parece. Igualmente, me lo he dicho yo a mi mismo antes.

-¡Sí! ¡Eres un subnormal de mierda, calienta pollas!- ¿Calienta pollas? Venga…

-¿Qué? La única polla que habré calentado habrá sido la tuya, cariño. ¿Qué, cuantas veces te la has machacado pensando en mí?

-…

-No jodas… – me mofé exteriormente. Por interiormente, estaba alucinando. ¿Enserio lo había hecho? Vaya, pensé que sólo lo había hecho yo.

-Lárgate. – se había puesto rojo como un tomate.

-Em… Es que ahora se pone interesante. – volví a reírme. Vale, me estoy pasando.

-¡Que te vayas! ¡Que no te quiero ver! – y buscó desesperado algo en el suelo para lanzármelo. Pero solo cogió un pequeño puñado de hojas secas y me las lanzó. Ninguna llego a rozarme.

-¡¡Pues nada, me largo!! ¡Y así te dejo tranquilo! ¡Y de paso, evito que me saques un ojo con esas uñas de marica reprimido! – vale, eso me lo tendría que haber ahorrado.

-Va coño, que ya estás tardando…

Le mire con desdén antes de alejarme de él lo máximo que pude.

-A veces sí que me das asco… ¡Sobre todo cuando te comportas así!

-¡Eres tú el que se comporta mal conmigo, joder! – y era totalmente verdad.

Pero antes de que empezara la marcha para ir a buscarme y volver a pegarme de hostias, empecé a caminar rápido hasta dejar de sentir su presencia detrás de mí.

-¡¡Muérete!! – escuché de fondo.

Me cago en la puta de oros. De nuevo se ha vuelto a estropear todo. De nuevo estoy cagándola como yo únicamente sé. Cobarde Tom…

Eres un puto cobarde.

Domingo -19/07/2009

Bill

No había dormido nada de nada, y esto empezaba a ser una puta costumbre. Tsk. Saldré traumado de este puto campamento. Las palabras de Tom se habían metido en mi cabeza y cada vez que cerraba los ojos ahí estaban, sonando y rondando por mi ser como si se tratara de la voz de la conciencia que te dice lo que has hecho mal.

Pero esta vez no he hecho nada mal.

Todo lo contrario de hecho… Esta vez, por fin lo he hecho. Me he declarado, lo he conseguido. No como yo quería, pero lo he hecho.

Tenía otra perspectiva del asunto, y ahora que lo había vivido, me daba vergüenza hasta acordarme de ello. El haberlo vivo de una manera tan extraña, me entristecía. Y no sólo por la manera en la que se desarrolló el asunto, sino porque… ¡Mierda, era la primera vez que le decía a alguien que le quería, y ni tan solo se lo dije directamente! Simplemente contesté a la pregunta que me había dicho, y no me atreví a decirle “Te quiero, Tom”. Aunque, fuera eso lo que pusiera en los dibujos… No era lo mismo ni de lejos. A mí… Me hubiera gustado ver su cara, su expresión, y sobretodo… La reacción de los momentos de después. Me ha dicho que que no le disgustaba, ni que le daba asco saber que se había estado besando con un chico que estaba pillado por él, y bueno, eso, quieras o no… me alegró bastante supongo.

Busqué mi reloj y en cuanto lo encontré, me quedé flipando.

-¡Las cinco y media de la tarde! – ¿pero no era que no había dormido nada? ¿No se suponía que no he pegado ojo? Vale, supongo que me he dormido a las siete de la mañana, y ahora me he levantado. Tsk… Tiene huevos… Tom me trastorna.

Tom

Abrimos la puerta de la cabaña de Gustav. Acabábamos de ensayar, y la verdad es que esta vez fui yo el que no hizo nada bien. Tenía a Bill todo el puto rato en la cabeza. Me preguntaba, a cada puto instante, si a él también le pasaría igual.

Sé que me comporté como un capullo, y también sé, que… que puedo arreglarlo, coño. Que seré orgulloso, pero aunque sea tarde, sé cuándo lo hago mal. ¡Y aún digo más! ¡Puedo… emm… hasta pedir perdón! ¡Sí, soy capaz!

También es cierto, que no me hago responsable de lo que pase mientras me disculpe, pero… Pero prometo, nono… ¡Juro!, que ahora mismo, en cuanto deje la guitarra en mi cabaña, retomaré el mismo camino que tomé ayer, e iré a visitarle. Le diré qué es eso que realmente me pasa y que me carcome las entrañas, y por fin, me habré librado de mi conciencia.

Realmente aún no se cómo lo haré, porque me estoy acojonando vivo de sólo pensarlo, y se me pone el bello de punta de imaginármelo, pero he de hacerlo.

-Eh tío… -una voz un tanto fúnebre me sobresaltó de pronto. Me giré algo confundido, y vi a Georg. El mejor amigo de Bill. Los cuales estaban enfadados. Muy enfadados, parecía. -¿Qué te pasaba hoy? – me miró con el ceño fruncido, triste. Realmente, no me extrañó, porque era su expresión normal. Pero… Parecía realmente preocupado por mí. ¿Se imaginará que no me hablo con Bill o algo?

-Ah… Bueno, ayer me peleé con un colega. -probé suerte.

-Oh. – dijo alzando las cejas. Después, soltó aire, con la boca de lado, como riéndose y queriendo decir, “qué me vas a contar…”. – Te entiendo. – y no me preguntó nada más. De hecho, me dio un par de palmadas en la espalda. Supongo que él sabía perfectamente como estaba, y que sabía que en estos momentos, uno no quiere hablar, y menos sobre algo que no le incumbe a nadie que no eres tú o tu amigo. Georg, era un tío que realmente lo valía. Bill le había puteado. Pero no le culpo, porque yo sé perfectamente que también lo habría hecho. Yo también me habría tirado a la pelirroja, si es que realmente ese era el porqué de su enfado, porque ayer Bill me descolocó bastante…

-Bueno, ¿y tú qué? ¿Cómo estás? – esta vez fui yo quien preguntó. Este me miró sorprendido y después respiró hondo.

-Hombre… Pues tirando. – me contestó, algo fatigado y cansado, supongo que simplemente, de pensar en el tema.

-Sí, hace una semana o así que te veo hecho mierda… Me dijo Bill que no os habláis. – me atreví a comentar. Él era buena persona, y no me sacaba mi tema. Yo soy un capullo, y saco el suyo. No lo puedo evitar ¿qué voy a hacerle? Me miró de pronto, sorprendido y después asintió con lentitud.

-Sí. – dijo seco, mirando al infinito, – ¿Habláis mucho de mí? – por un instante, noté una voz esperanzada, y un brillo en sus ojos por el cual sonreí de lado. Muy en el fondo, Georg se moría por volver a hablarse con Bill, por reírse con él y con volver a ser amigos. Joder… ¿Qué tendrá el moreno para gustar tanto, coño?

-Hombre… A veces lo veo triste y le pregunto, y su respuesta es siempre, que quiere hablar contigo y no sabe cómo. – bueno, realmente la cosa no era así, más que nada, me lo había inventado bastante según hablaba, pero igual, yo sabía que Bill más de una vez estaba así por ello.

-¿En serio…? – dijo de nuevo triste y descompuesto. Por unos instantes le vi una intención de hablar y de desahogarse ahí mismo, de explicar su situación y de que yo entendiera su postura, pero finalmente, se mostró serio y dijo:- pues lo siento. Él se pasó, él me ha jodido mucho, no sé si te lo ha explicado pero me es igual, no quiero hablar de los hechos. Simplemente, quiero que el tiempo pase y ver si consigo perdonarle.

Asentí sin decir palabra y me senté en el suelo. Saqué un paquete de tabaco al cual apenas le faltaban cinco cigarrillos para que se acabara y cogí uno. Le ofrecí uno a Georg, pensando que no lo aceptaría.

-Gracias- dijo para mi sorpresa.

-Vaya, pensé que dirías que no… ¿Desde cuándo fumas?

-No… Bueno, sólo cuando estoy nervioso y de mala hostia. Me calma un poco.

-Ajá… – hubo un silencio que no me pareció del todo incómodo, pero que había finalizado totalmente el tema de conversación, así que… -Ha sido con Bill con quién me enfadé… – le cambié de tema en un segundo, como si ello lo requiriera. Puso de nuevo su vista encima de mí, más sorprendido de lo que pensé.

-¿Con Bill? – puso cara de dolor. – Estará destrozado… – soltó de pronto.

-Joder, lo conoces mucho ¿no?

-Como si fuera mi hermano… – sentenció.

-Ya veo. – hice una pausa – He de ir a pedirle perdón… – revelé así que la culpa era únicamente mía.

-¿Puedo preguntar qué ha pasado? – soltó.

-Bueno… es que…

-Oh ¡Bill! – me giré en cuanto el nombre de mi chico, salió de la boca de Georg. De pronto, una sombra que caminaba ligera, y sin tapujos, pasó por delante nuestro, a unos tres o cuatro metros, sin vernos, o más que nada, haciendo ver que no nos veía.

-Bill… – repetí, con un suspiro que deseé no haber soltado jamás. Joder, qué maricón me he vuelto… – Bill, yo… – solté al aire – Mierda, he de ir a hablar con él. ¡He decirle algo, joder! – me levanté de pronto del césped, y me paré en seco en cuanto vi que él se había parado en medio del camino. Se llevó una mano al bolsillo y descolgó el teléfono en cuanto miró el número. Noté que no lo conocía por la cara que había puesto y descolgó. Lo miré con ojo crítico y me senté de nuevo al lado de Georg. – ¿Oye… con quién habla? – genial, de puta madre. Ahora habrá quedado con su súper amiga guay del alma, ¡y yo me tendré que esperar a que esté solo! ¡Está claro que no me voy a… a… adeclragrar! Mierda, qué palabra más fea.

-No lo sé… Pero cómo sea Ashley, aquí va a arder Roma. – soltó, con rabia contendía. Miré a Bill y de pronto se puso rojo, supongo que al haber reconocido a la persona con la que hablaba o algo. ¡Y nosotros aquí! ¡Observándole! ¿Era posible que no se hubiera enterado de que estábamos aquí, de verdad?- Nah, esa cara de feliz arrogante, sólo se le pone cuando le llama alguna tía de la uni…

-¿Alguna tía? – pregunté extrañado.

– Sí, ahí donde lo ves, la mitad de las chicas de la universidad tiene algún tipo de encandilamiento con él. Tiene un encanto natural, no sé si es porque parece una de ellas, pero… – Georg paró en seco y cerró los ojos, con lentitud y con dolor casi, como si se hubiera dado cuenta que la había cagado – Vale, mierda, esto no debería haberlo dicho. Bill odia que lo comparen con una chica, o que lo llamen gay, o… Bueno, no sé, cosas de estas.

-¿Que Bill, qué? – me quedé anonadado. Lo miré, y vi en él, esa típica cara de sonrojado que pones cuando te están alagando. – O sea, que ahora Bill, está…

-Estará hablando con una chica, que misteriosamente habrá conseguido su número… – me empezó a hervir la sangre – y por la cara de “lo siento, pero no puedo quedar”, le estará diciendo que no. Bill tiene la rara costumbre de poner caras mientras habla por teléfono… Lo que no sé, es por qué le está diciendo que no. ¿Ya no está con Da… con su novia, no? – me preguntó, algo desconcertado.

-Em… No. – ¡Arg, me daba igual! ¡Todo me daba igual! ¡Lo único que quería era ir y arrancarle el teléfono de la oreja y aplastarlo contra el suelo y destrozarlo por completo! – Georg, dile a Bill que quiero hablar con él. Aprovecha que no os habláis para tener la excusa, así le dices algo por fin.

-¿¡Qué!? – contestó, casi ido. – ¿Tú estás flipando? – me dijo, fuera de sí. – ¿Estás seguro que esto es sólo tabaco? – se estaba mofando. Se puso a oler el cilindro a ver si en algún punto de este empezaba a notar algo de María o lo que fuera.

-Georg, no es ninguna broma. Va, levántate y dile que quiero hablar con él. ¡Por favor! ¡Si me ve se irá corriendo! ¡En cambio, si vas tú se te lanzará a los brazos! ¡En cuanto vea un mínimo de atención por tu parte hacia su persona, se arrodillará a tus pies! ¡Y lo sabes! Joder, tío… Hazme el favor, anda. Yo no quiero tirarme todo el resto del campamento sin decirle nada. Entiendo tu decisión por lo ocurrido, pero yo… ¡Quiero solucionarlo! – intenté que mis palabras incidieran en él, y que hicieran que en un futuro próximo, él también intentara hablar con Bill y arreglarlo.

Vi, ilusionado, cómo se levantaba con pesadez y con parsimonia. Se me aceleró el corazón de una manera bestial. Tanto que creo que el pulso empezó a jugarme las malas pasadas de siempre, me temblaba tanto que el cigarro tiraba la ceniza casi por su cuenta cuando ésta se acumulaba.

Seguí sus pasos y me puse detrás de él. Georg avanzó apenas un par de pasos más y Bill lo vio.

Se puso rígido de golpe y lo miró fijamente, con los ojos como naranjas. Se había quedado estático y no sabía qué hacer.

-Bill… – el castaño empezó a hablar y en cuanto el otro se dio cuenta de que de verdad se dirigía hacia él, cerró el móvil de un golpe y abrazó a Georg.

-¡Georg! ¡Georg! ¡Has venido! ¡Has venido! ¡Pensé que jamás vendrías! ¡Georg, te quiero, te quiero! – le abrazaba tan fuerte que la misma fuerza la hacía que mantuviera los ojos cerrados. Pensé que el castaño se dejaría aprisionar por su mejor amigo, pero al cabo de un instante, este hizo fuerza hacia afuera con los brazos y deshizo, ese especie de ataque koala. Bill no tuvo más remedio que abrir los ojos y encontrarse de golpe con mi rostro, que lo observaba con detenimiento y algo cabizbajo.

-No, no te equivoques. – La voz seria del bajista me puso la piel de gallina. – Sólo he venido para decirte que hables con Tom. – noté los ojos llorosos de Bill al separarse de su amigo.

Mierda, quizás no debería haberle dicho que fuera él. En cuanto oyó mi nombre se le crispó el rostro. Me miró con el ceño entre fruncido, algo decepcionado, y por unos momentos me sentí una verdadera mierda.

-¿Tom? ¿Tom…?- y la segunda vez que dijo mi nombre, me dejó por el suelo, pronunciándolo con asco – Yo no quiero hablar con Tom. – y no dudó en mirarme a los ojos cuando me mencionó de nuevo. – Yo quiero hablar contigo… – lo miró con cara de súplica y pasó totalmente de mí.

-No. Yo me voy, quedaos aquí o haced lo que queráis. – se giró en cuanto pudo, para que Bill no pudiera hacer algo para evitar su marcha, y antes de largarse me dio un apretón de mano a lo americano. Me cogió de la mano y tiró con fuerza hacia él, de manera que nuestros hombros se tocaban y su mano se posicionaba en mi espalda. “No le rompas más el corazón…” Y se largó.

-¡Georg! ¡Georg, vuelve! ¡Joder! ¡No te vayas, por favor! – Bill gritó con todas sus fuerzas y cuando se dio cuenta de que no le servía de nada, cayó, dejando un sonido fúnebre entre los ecos que producían sus gritos en la montaña. Después, miró al suelo.

Hizo pucheros, intentado reprimir el llanto de nuevo, y finalmente se derrumbó en la tierra, más oscura que de costumbre. Como si no le diera la luz, como si le faltara vida…

Miré al cielo.

Estaba nublado. Terriblemente nublado y ya estaban llegando las ocho de la noche. Pronto anochecería.

-Bill… – me encogí a su lado, dejando apartado lo mierdas que me había hecho sentir hacía apenas un minuto, y le rodeé lo único que se veía de él; la espalda. Bill se había puesto de cuclillas y se había rodeado las piernas de forma que hasta la cara no se la vía con todo el pelo por delante. –Bill… Yo…

-¡Déjame! – me pegó un manotazo que me hizo más daño que todas las hostias que me dio ayer. Me llevé la mano a la nariz y noté un dolor punzante en la nariz. Me pegó muy fuerte. Demasiado fuerte. Pero, ese dolor me recordó a…

…el día en que nos conocimos.

-¡Ah! – grité, y entonces me llevé las manos a la zona de daño. –Arg… – me quejé, esta vez, con un tono de resignación y dolor verdadero. – Mi nariz… Joder… Mi nariz.

En cuanto dije eso, Bill alzó la cabeza y me miró, con los ojos hundidos en lágrimas y la mirada brillante y llorosa.

-Mierda… Te… ¿Te he hecho mucho daño? – y de nuevo, otro flash back. Bill, prestándome atención después de ver, que me había herido. En aquel entonces, en el maletero del autobús, se había puesto de rodillas y se había acercado mucho a mí. Me había acariciado la cara y me había limpiado la sangre.

Sus manos… Sus manos eran tan suaves. Sus manos eran suaves como la seda. Y justo, justo en estos momentos, la mano de Bill tanteaba el mismo camino, cada vez que la acercaba un poco la alejaba, temeroso de tocarme.

Aparté yo las mías, de mi nariz, y vi que se me habían ensangrentado un poco los dedos.

Oh, genial. De nuevo me había partido alguna vena o algo por el estilo. Perfecto, lo suyo es hacerme sangrar de verdad.

-¡Oh! ¡Tom! ¡Joder, lo siento! ¡No quería hacerte tanto daño! – buscó algo entre sus bolsillos, pero no encontraba nada.

-¿Vuelves a buscar algodón de limpiar las uñas, chico de la acetona? – no pude evitar decírselo, el recuerdo de la primera vez que compartimos miradas se me había clavado en lo más hondo, y rememorar el momento, viviéndolo de verdad, era algo que me superaba…

Mi chico cogió aire sonoramente y me miró como si de repente, le estuviera explicando una historia fantástica sobre hadas y duendes, donde todo es perfecto y nada sale mal. Vi cómo los labios de Bill se separaban lentamente y se quedaban semi abiertos.

-Joder… No… No me acordaba. – se sentó a mi lado, y con sus propios dedos, me limpió la sangre. Apenas un pequeño hilo se formaba de la nariz hasta la comisura de mis labios y había dejado de sangrar hacía un par de segundos, así que este golpe no fue, ni en comparación, como el anterior.

Pero igual se me cortó la circulación, la respiración, los latidos del corazón y todo lo que estuviera en movimiento en mi cuerpo, cuando pasó sus dedos tan delicadamente y con tanto cuidado.

Éstos quedaron manchados y cuando hubo retirado toda la sangre que hubiera en mi rostro, se limpió en los pantalones negros, como si realmente no le importara mancharse.

-Vale, ¿enserio acabas de hacer eso? – quebré el momento como jamás creí que llegaría hacerlo, imaginando que quizás, rompiendo el sueño en que ambos nos habíamos metido, recordando el momento justo dónde todo empezó. Ese momento que nos llevaba directamente en un camino cuesta abajo sin frenos, que justo acababa aquí. ¿Y si ahora salía corriendo? ¿Lo habré asustado?

Pero… Sin embargo, no pasó eso. Simplemente habló claro y alto.

-¿Qué quieres ahora Tom? Estoy cansado de ti. Estoy agotado. Y seguramente hay gente que debe de haberlas pasado mucho más putas por alguien, de lo que lo estoy pasando yo por ti, pero es la primera vez que me siento tan abatido, y estoy tan derrumbado que no tengo fuerzas de nada. Creí… Creí que por fin podría hablar con Georg, porque no saco fuerzas para decirle algo, y resulta que volvías a ser tú. Resulta que de nuevo te estabas metiendo en mi vida, cuando pensé que de una vez por todas, habiéndome dejado claro tú mismo, que no querías saber nada más de mí, ahora tendría vía libre para olvidarte. Pero parece ser que no…

-Joder, Bill, pensé que iba a hablar yo… – no pude evitar sonreír de lado. ¡Lo siento, pero es que ha soltado el parrafón del año!

Bill hizo una mueca, algo que pareció una clara señal de “me río por no llorar”, y después dejó de mirarme.

-¿Qué quieres? – repitió, volviendo a estar más serio que antes.

Busqué las palabras adecuadas. Busqué UNA palabra adecuada, que no supusiera demasiado esfuerzo decirla, pero que sin embargo lo significara todo. Porque… Porque realmente sé que no era capaz de decirle la biblia en verso que me acababa de contar él.

Yo tenía el pulso acelerado de tal forma que me impedía decir más de dos palabras seguidas. Ojalá tuviera un reloj del tiempo para parar esta locura y saber qué hacer exactamente.

-Besarte.

Lo pronuncié alto y claro. También consciente de que no había nadie a nuestro alrededor, y más, con las amenazas de lluvia que gritaba el cielo. Yo podía oírle desde aquí, pero por mucho que diluviara en esos instantes, no me movería ni a golpes de palos de golf.

-¿Qué? – no se lo acababa de creer.

-Quiero besarte Bill. – ¡Eh, un record! ¡Tres palabras! ¡Por favor, un premio! No, ahora en serio… Me moría por besarle. Llevaba un día sin hacerlo y me estaba desesperando. ¡Un puto día! ¡Sólo uno!

-No… No lo entiendo. – estaba tan jodidamente desconcertado que era jodidamente encantador. Me miraba e intentaba mirarme a los dos ojos a la vez pero sin embargo se le iba la vista de uno a otro de una manera totalmente intermitente. Noté cómo le aumentaba la respiración y cómo el tórax se le llenaba más de aire cada vez que intentaba respirar.

-Que soy… Que soy un imbécil. – me insulté simplemente para que se sintiera, mejor, y de hecho, así fue. Sonrió de lado, haciendo una mueca triste y burlona al mismo tiempo, como cuando miras a un niño pequeño intentando coger algo a una mesa demasiado alta e intenta mil formas de cogerlo y sin embargo no puede.

-Ya lo sé…

-Tss… Vaya, gracias y eso. – calmé la situación.

-¿Y sólo has venido a decirme que eres imbécil?

-Sí…

-¿Sí?

-Bueno, no…

-¿No? ¿En qué quedamos? ¿Sí o no?

-Ay, yo… Mierda, ¡no lo sé!

-¿No lo sabes? Te he hecho sangrar de nuevo, ¿y no lo sabes? – Bill se reía de mí.

-Es que… ¡Joder! ¡Me pones nervioso! – me levanté, separándome un poco de él, tenerlo tan cerca me nublaba los sentidos, definitivamente.

-¿Te pongo nervioso? Me alegro. – y él, en cambio deshizo su postura y estiró las piernas, apoyó las manos detrás de su espalda y me miró. – Vamos, siéntate. Pillaré tortícolis si he de mirar hacia arriba todo el rato.

-Ya me sentaré después… – este simplemente puso cara de aburrido, y de diva sin complacer.

-Bueno, ¿qué? ¿Me dices algo o no? Creo que iré a mi cabaña a llorar un poco más, porque hago allí, más que aquí… – sin duda estaba a la defensiva.

-Pero… Bill, aún hay algo que no me has respondido.

-¿El qué?

-¿Te puedo besar? Déjame besarte, como sólo yo sé hacerlo, y después… hablamos. Estoy nervioso. Y tú me colapsas tanto que besarte a ti es un cúmulo de sensaciones que… Que me encanta. – me sinceré en un instante, y ni yo mismo me lo creí en cuanto finalicé la frase. Es cierto que me ponía como una moto el besarme con él, simplemente porque era el morbo hecho persona, pero jamás pensé que se lo diría, algo distorsionado por eso, pero se lo había dicho igual.

Bill titubó.

-Es que… No es justo ¿sabes? Tú sabes que me he pillado por ti. – se sonrojó en cuanto pronunció esa frase – y no me hace gracia besarme contigo, cuando no compartes mis sentimientos – lo dijo tan secamente como pudo. Remarcando que aunque estuviera colado por mí, igual no se avergonzaba de decirlo.

-Tú sólo déjame besarte…- ¡quería decirle que me pasaba lo mismo después de besarlo!

-Pero Tom… – sus ojos bizquearon en cuanto me agaché por completo de nuevo, mirándome la boca. Me puse muy cerca suyo. Yo sabía, que si me ponía a esta distancia, y cada vez me aproximaba más y más, éste no podría resistirse al final de todo.

-Va… Por favor.

-Es que… – y le silencié. Le silencié con mis labios una vez más. Una vez más, que sería capaz de rezarle a Dios, por que éste hiciera que se repitiera cada día, a cada instante si se pudiera. Juro que firmaría ahora mismo si me dieran a escoger.

Lo estiré en el suelo lentamente y Bill simplemente se dejó hacer. Simplemente se dejó caer en la tierra seca y en los hierbajos que habían esparcidos por todas partes, estiró los brazos, como si se hallara crucificado, bajo mi cuerpo.

Empezamos una danza de lenguas, en dónde ambos jugamos. Era muy cierto que Bill no quería besarme porque se le notaba distante y lento, pero igualmente me correspondía y eso hacía que me sintiera mejor. Un tanto recuperado después de lo mal que me habían sentando sus palabras cuando Georg estaba cerca.

De pronto, algo frio me tocó en la mejilla. Me separé enseguida de Bill, algo espantado y miré hacia arriba. Eran un gran seguido de gotitas de agua que estaban empezando a empapar el suelo. Entrecerré mis ojos mil veces de la de gotas que se me intentaban meter dentro y finalmente me rendí, para volver a mirar hacia Bill, el cual, estaba inerte y algo asustado. Se encogió y se tapó de la lluvia con mi cuerpo.

Sonreí de lado y volví a besarle con ansias. No quería dejar de hacerlo, no quería y no podía. Simplemente, ahora que tenía la oportunidad, no podía dejar escaparla así como así.

Busqué en mi memoria (escasa, todo el mundo lo sabemos), aquellas palabras que anoche no pude formular ni queriendo. ¿Cuáles eran aquellas simples y cortas palabras?

¿No sería brutal soltárselas de repente?

Me importaba una puta mierda la lluvia.

Yo solo sé que…

¡Que Bill estaba en mi boca! ¡Que Bill estaba bajo mi cuerpo! ¡¡Que Bill volvía a estar de nuevo a mi lado!! Y encima lo estaba tocando y sintiendo. ¡Estaba ahí! A mi merced, y a todo lo que yo quisiera. Parecía como una especie de marioneta, porque hacía todo lo que yo quería, todo el rato. Si le agarraba las manos y se las ponía alrededor de mi cuello, él entrelazaba los dedos, para que estas, no se deslizaran de nuevo hacia el suelo y así, cumplir mis deseos. Si yo quería ir más deprisa, él iba más deprisa. Si yo quería una sesión de besos cortos, él me los daba. Si yo quería que parara… Él paraba, desconcertado, pero paraba.

-Te tengo a mi merced. – esto era por parte del vencedor, al perdedor.

No me contestó hasta al cabo de un rato dónde ambos intercambiamos mil cosas. Me sentí tan jodidamente raro y fuera de lugar, que no sabía bien bien dónde estaba. Jamás había estado en una situación parecida, en la que “ella” me quiere, y yo “la” quiero. Jamás. Y el simple hecho de estimar a alguien, ya era algo que sobre pasaba las murallas de mi vida.

Por unos instantes, no me sentí en mi cuerpo, si no que alguien se había metido en mí y me controlaba desde dentro. ¿Yo, queriendo a alguien?

¿Era eso posible?

-Sabes que sí, me tienes a tu merced, totalmente.

Y de nuevo le besé sin dar ninguna explicación. Simplemente, me lancé a sus labios, y esta vez alcé un poco su cuerpo. La tierra que había a nuestro alrededor se estaba convirtiendo en fango, en lodo. Le agarré un poco por la espalda, y con un poco de su ayuda y sin separarnos, conseguí que los dos acabásemos apoyados a un árbol. Bueno, él apoyado y yo contra él.

La banda sonora era la lluvia caer a una velocidad increíble y el castañeo de los dientes de Bill cuando nos separamos.

-¿Volvemos a la cabaña…? – y sin preguntarme, y como si se hubiera acabado el enfado, apoyó su frente en mi cuello y hombro, y se protegió de la lluvia.

-No… Yo… Yo quiero quedarme aquí. – yo adoraba la lluvia, aunque no me dejara ver las estrellas, pero de nuevo se tapaba el sol y del cielo caía agua. Era algo casi mágico, casi tanto como el brillo de los ojos de Bill.

-Pero…

-Shh… – le tapé la boca con los dedos y le miré a los ojos. Aproximé tanto mi boca a la suya que él ya pensaba que le iba a besar, pero cuando él empezó a cerrar los ojos yo le destapé la boca y le hablé, rememorando un par de cosas vitales. – Bill… estoy igual que tú.

Y justo, su pecho, que estaba pegado al mío, dejó de sentirse. El corazón que latía en su pecho se paró un instante.

-¿Coccocom…cocomo ququueé eesesestaas… igugual quque… yoo? – aquello ya no era tartamudear, aquello era… Aquello era hablar otro puto idioma.

-Que sí, joder. Que sí… Que me estas volviendo loco. Que me has hecho perder la cabeza desde que te vi.

Ahora su pecho se llenaba de aire y se vaciaba, se llenaba y se vaciaba…

-Estás… Igual que yo. – repitió. Sin creérselo.

Le sonreí tan plenamente que creo que hasta a mí mismo se me paró el tiempo. Le acaricié las mejillas mientras el agua las mojaba, confundiendo sus gotas, con las lágrimas de Bill. Él… ¿Lloraba de felicidad?

-¿Estás… llorando? – dije incrédulo.

-Tom, me estás diciendo que… ¿Me quieres?

Cogí aire. Esas eran palabras mayores. Seguramente habría dicho que sí, pero el orgullo era demasiado y no lo hice.

-No lo sé… Pero me gustas. Me gustas. Y… soy gilipollas porque ayer te lo quise decir, pero… pero no me atrevía. No me salía.

Me abrazó con tanto empeño que casi me deja sin respiración. Me besó en el cuello sin llegar a profundizar y sin embargo sentí sus besos de una manera distinta. Distinta a todas las veces que me habían comido el cuello. Quizás porque esta vez se trataba sólo de picos sin importancia, pero estaban más cargados de sentimientos que cualquier beso húmedo de cualquier chica que me hubiera jurado amor eterno.

.

Estuvimos un rato abrazados bajo la lluvia. Sin hablar, y jugando con las manos. Yo tenía la palma abierta, y él, repasaba sin cesar el contorno de ésta, con sus dedos empapados. Nosotros, aunque pareciéramos mochos de lavar el suelo, ahora nos cubríamos un poco gracias al árbol, pero no lo suficiente como para a veces tenernos que tapar los ojos, y protegerlos de las gotas.

-Bueno… – dije así sin más. ¿Ahora ya se había acabado todo? ¿Ya no había más? Ya no había morbo ni había diversión? ¿Qué más daba si nos besábamos, no? Ambos sabemos que nos gustábamos… ¿Dónde estaba el misterio? – ¿Y ahora qué hacemos?

No sabía cómo comportarme en momentos como estos, y sin más, le pregunté.

-¿En momentos como estos? – se extrañó

-Sí… bueno. Cuando, alguien le gusta alguien y es correspondido.

-Em… ¿Cuándo dos personas se gustan, quieres decir?

-Ajá.

-Pues… No lo sé. No soy hombre de amores. Yo no creo… esto, que diga… Yo no creía mucho en el amor. Esto es nuevo.

Tardé en contestar.

-Y que lo digas.

-Bueno y… ¿Qué hacen las personas que se gustan? – me preguntó él a mí, esta vez.

-Pues yo qué sé… ¿Salen juntas, no? – Me quedé mudo después de decir esa frase. Salen juntos. Salir, juntos. Novios, pareja, compromiso, fidelidad, ¡NOVIOS! Oh Dios mío, el reto de los retos, el desafío de los desafíos, ¡el querer y no poder! ¡Jamás he salido con una chica más de tres semanas que yo recuerde, y desde luego NUNCA le he sido fiel!

-¿Salir juntos? – incluso él se sintió un tanto cohibido.

-Bueno… no sé yo Bill. Siento decirlo, pero no soy dado a eso de la fidelidad.

-Bueno, parece ser que yo tampoco. – sonreí al acordarme de la pelirroja.

-Y esto… ¿Entonces quieres…?

-¿Tú… tú quieres?

-Bueno, si tú sí, yo también…

-Em, sisi… Yo quiero…

-Pues… Esto… yo también.

-Oh, em… Esto… Genial ¿no? Pues, lo intentamos.

-Ok, de acuerdo… Lo… em… sí, bueno… Lo intentamos. – parecíamos gilipollas, sobre todo yo, con esta última frase.

-Pues esto… Parece que somos novios.

-Sí, unos novios empapados.

-Pero novios al fin y al cavo. – dijo, con una sonrisa increíble.

-Pues, si somos novios… ¿Te puedo besar siempre que quiera?

Continúa…

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