19: Lejos de ti, cerca del peligro

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 19: Lejos de ti, cerca del peligro

Sin comprender, el pelinegro de trenzas ingresó nuevamente en el departamento buscó sus prendas y las de Bill. Una vez vestidos de pie a cabeza, Tom dejó que esos policías colocaran las plateadas ‘cadenas’ en sus muñecas como él las llamó en sus pensamientos en esos momentos. Un silencio sepulcral reinó en el lugar y unas lágrimas de inexplicable dolor fueron las partícipes del momento en el que ambos fueron metidos al patrullero de la policía. El director no pudo emitir palabra alguna solo siguió a los uniformados tragándose sus malos pensamientos. Ambos en aquellos asientos traseros, mirándose sin saber que decir no tuvieron más opciones. Bill se acercó contra el fotógrafo y lo tomó de sus manos dejándole un fugaz y corto beso en sus labios, mientras una lágrima se desprendía de los dos.
-No te dejaré solo mi amor – susurró el de rastas dejándole sentir su tibio aliento – jamás ¿entendes?
Tom asintió nervioso, asustado, tenso. Luego otro enorme y duro silencio hasta que el joven Kaulitz se animó a hablar.
-Thomas no mató a nadie –dijo con un nudo en su garganta, en voz alta conteniendo el llanto– estaba conmigo, estábamos juntos. Si durmió en mi departamento ¿Cómo es posible…
-Eso debe decírselo al juez y al comisario –interrumpió quien conducía aquel transporte– mientras tanto guarden silencio, saben que cualquier palabra puede ser usada en su contra.
Tom tragó saliva comenzando a desesperarse. Aún no comprendía con claridad como su ‘suegra’ había sido asesinada, mientras que el débil muchacho de rastas intentaba hacerse la idea de que la muerte era la de su madre. Al llegar, los dos fueron llevados hasta una pequeña oficina donde el comisario releía la carta hallada, escrita por puño y letra de Caroline.

“…Si algún día, llegase a sucederme algo, busquen a Thomas Trümper la pareja de mi hijo y empleado de mi marido. Él me ha amenazado con matarme por no aceptar esa enfermiza relación…” – leyó en voz alta justo cuando el par de enamorados ingresaban a la oficina del comisario Hëlem, seguido de los mismos policías que los habían trasladado.

– Buenos días – saludó el hombre de traje señalándoles los dos pequeños bancos de color azul, situados frente a su escritorio – ya les habrán dicho…lo sucedido.
-Mi…mi madre – susurró Bill con un fuerte dolor atravesando su cuerpo – ¿ha muerto?
-Su madre fue asesinada. Lo siento – añadió el comisario – anoche, con un arma.
-¿Existe la posibilidad de un suicidio? – Interrumpió el de rastas – ¿mi padre? Mierda esto no es posible.
-Todo será investigado joven, no se preocupe – dijo molesto ante la situación. Tom quiso abrazarlo pero aún tenía las esposas presionando en sus muñecas y golpeó el piso con fuerza – tu madre ha dejado una carta, escrita por ella misma en la que se defiende o previene de algún ataque suyo.
-¿Ataque mío? – Agregó el fotógrafo – ¿cómo podría matar a alguien estando con mi pareja? ¿Es posible estar en dos lugares al mismo tiempo? ¡Por Dios! ¡Un poco de sentido común!
-Mi deber es detenerte hasta que se realice la investigación – ordenó el comisario.
-¡No! – Gritó Bill saltando de su lugar – ¡No! ¡A Tom no por favor! ¿Cuánto tiempo duran esas cosas?
-No te puedo responder eso – suspiró Hëlem – pueden ser dos días, dos semanas, un mes…
De inmediato se giró tomando entre sus manos el rostro del de trenzas fijando su castaña mirada sobre la suya.
-Escúchame – le susurró moviendo lentamente sus ojos – ahora mismo conseguiré el mejor abogado ¿de acuerdo? No te preocupes por nada mi amor, te juro que se probará toda esta estupidez.
-Lo siento – murmuró Tom – yo no le deseaba esto a tu madre. Por favor no cometas ninguna…cosa allí afuera, no te preocupes por mí. Tengo miedo que te lastimen.
-No seas tonto – sonrió con lágrimas escapando de sus ojos y lo besó con fuerza. Sintieron sus lenguas rozarse cálidamente, en una suave caricia de amor y suspiró apoyando su frente contra la de Tom.
– Nadie podrá hacerme daño – sonrió Bill. Pero nuevamente se equivocaba.

Cuarto de Hotel, mediodía
Clásico de Jörg, después de un momento sexual su cigarro tranquilizante y un buen vino. Natalie, arreglaba sus cabellos aún bajo las sábanas con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.
-¿Y ahora que sigue? –Preguntó la rubia emocionada ante lo ocurrido– Millonario, viudo ¿tercer paso?
-Te daré algo que necesitaras –respondió el padre de Bill recordando sacar el pequeño frasco del bolsillo de su saco– esta droga no tarda más de cinco minuto en hacer efecto. Esta noche le diré a Bill que debe entrevistar a alguien importante y que ha quedado en el Nach… ya sabes esos viejos de negocios. Pero te lo cruzas le invitas un trago y luego, tienes poco menos de cinco, diez minutos para llevarlo hasta cerca de tu coche.

-Y hacerle creer que hicimos el amor allí – sonrió ante la tentadora trampa.
-Ni se te ocurra tocarle un pelo ¿de acuerdo? –añadió molesto – no me gusta repetirte a quien perteneces.
-No hace falta –susurró sensualmente enredándolo nuevamente hasta tumbarlo en la cama y disfrutar de él. Mientras un mensaje de texto entraba en su móvil. Jörg, era amante profundo del sexo y aunque nadie lo supiese no tenía límites.

¿Me estás cambiando o me parece a mí? Que yo no me entere Kaulitz que me pones los cuernos… ¿Por qué rayos no me atiendes? Tu zorro te ama. Recibido a las 13:05 hs De: El Zorro.”
Nadie imaginaba que ese hombre que demostraba estar en contra de la homosexualidad se revolcaba con uno de sus empleados. Así es, con uno de sus empleados.

Narra Bill
Fue tan fuerte para mí. Aún no caía que mi madre me había dejado y que se había marchado enojada conmigo. Eso me lastimaba bastante y era mi culpa. Sí mía. Por esconderme y no enfrentar lo que realmente quería en su momento. En la mañana me costó mucho ver como se llevaban a Tomy hasta las celdas de la comisaría, se lo veía tan apagado. Mi corazón rompía cada vez más a cada paso que daba en ese frío y terrible lugar. Pero yo tenía una parte que me brindaba tranquilidad: saber que él era inocente. Ese mismo mediodía, acordé con Richter mi abogado. Él se encargaría de probar que Tom no tenía nada que ver y no parar de buscar a la rata asquerosa que me quitó a mi madre.

Por la tarde fui al hospital y debo asumir que es muy fuerte entrar en esos sitios donde…ya sabes, todos descansan en paz. Temblaba constantemente, no por frío. Por dolor, por temor, por ira, por bronca, por tristeza. Y ahí la ví, descansando con su inmortal elegancia con sus ojitos cerrados y sus rasgos tan femeninos y delicados, algo similares a los míos. Acaricié su helada mejilla y la disculpé. Una vez que el señor se retiró tomé su mano y le dije “en el fondo siempre fuiste buena madre, y te debo mucho ¿sabes? Comprendo tu rechazo, tal vez querías otra cosa para mi vida. Pero así soy feliz mamá, y no te preocupes jamás podría guardarte rencor alguno. Siempre te amaré y a partir de ahora serás otro de mis ángeles guardianes”
Desgarrado por dentro dejé ese lugar para ir al dúplex y darle la noticia a Jane quien lloró conmigo dándome apoyo. Después de un relajante baño de inmersión, papá me llamó. Se notaba extraño, pero me dijo que ‘un empresario’ quería verme en Nach esa noche y cuando de trabajo se trata no tengo más remedio.

Mansión Kaulitz
-¿Cuánto Amir? ¿Cuánto? –gritó Jörg furioso– te doy lo suficiente como para que te alejes de la ciudad y estés ajeno a esto.
-Está bien está bien, mañana sacaré los pasajes –asintió atemorizado aceptando el sobre con dinero– prometo no serle de ningún problema señor.
-Así me gusta chiquito – rió el hombre – bien agradecido.

Eso es lo que usted cree – pensó para sus adentros mientras fingía una sonrisa.

Nach, bar. Noche
Bill delicadamente arreglado, había reservado una zona del bar para él y el empresario que esperaba, pero era inútil nadie llegaba. Un muchacho se acercó y le dejó otro trago, que comenzó a beber nervioso mientras mordía el sorbete. Miró su móvil y chequeó la hora…era demasiado tarde.
-Hola – le saludó una femenina voz pero por el juego de las luces le costó reconocer el rostro – Bill, siento lo de tu madre.
-Oh Natie, gracias – respondió mirando hacia todos lados justo cuando ella se sentó a su lado – oye necesito ir al baño, estoy esperando a alguien. Si llega, un señor de traje ¿le decís que me espere por favor?
-Sí, claro no hay problema – sonrió ampliamente. El de rastas le devolvió el gesto y apresurado se levantó caminando en dirección hacia los baños.
-Qué estúpido – rió la rubia sacando de su cartera el frasco con la peligrosa sustancia. Lo llevó hasta la copa del pelinegro y vertió poco más de cinco gotas. Lo cerró fuertemente y agitó un poco, mezclándola con la bebida alcohólica.
Al cabo de unos minutos el muchacho regresó resoplando.
-No vino nadie – dijo ella – ¿me acompañas al estacionamiento? Necesito fumar tranquila.
-Claro – sonrió ingenuamente caminando detrás de la muchacha con la copa en su mano.

Al salir respiraron el frío y puro aire que la noche les regalaba. Ante el nerviosismo Bill bebió todo el contenido, mientras la mujer encendía un cigarro hasta llevarlo a su boca inhalando la nicotina.
-Que fuerte es esto – rió estúpidamente el de rastas – estoy jodidamente mareado.
-Que sexy estás esta noche – susurró acercándose hasta él justo cuando la copa caía al suelo haciéndose añicos y Bill se desplomaba en sus brazos. Ahora se desataba la verdadera acción.

Continuará…

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