2: Contratado y Bienvenido

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 2: Contratado y Bienvenido

-Bien – suspiró el de trenzas acomodándose en la silla frotando sus manos – estudié fotografía dos años, soy responsable en cuanto a las mujeres que debo fotografiar, trabajo con editores y photoshop de tecnología avanzada y tengo mi propio equipamiento.
-¿Tiempo? – preguntó Bill mirándose las uñas– ¿En cuánto tiempo trabajas?
– Lo más rápido que puedo – respondió con sinceridad incómodo ante la fría y distante actitud del director – en mi cámara tengo algunas fotografías, que tal que usted las vea y me dice que piensa?
– Pero en mi pc por favor – añadió el de rastas levantándose del lugar sin darle mucha atención – acompáñame a mi oficina.
Te bajaría los humitos de un golpe – pensó el fotógrafo para sus adentros siguiéndolo – está bien.
Cerró la puerta con un aire de superado y caminó rápido hasta el otro extremo de ese sector mientras unas mujeres que tipeaban en su máquina probablemente haciendo su trabajo, se giraron a ver al probable nuevo compañero. Cuchichearon sin disimular con cara de babosas y él rápidamente le guiñó el ojo a una mujer alta de anteojos: la notera de sexo.
-Bien – resopló el joven director cerrando la puerta. Caminó sensualmente hasta su silla y esperó que el muchacho le tendiera sus archivos. Los minutos comenzaron a transcurrir a medida que en la pantalla se apreciaban diferentes tipos fotografías y la boca de Bill iba abriéndose con media sonrisa cada vez más, suspiró asintiendo con la cabeza.
-Jamás vi algo así –sonrió ampliamente con la vista fija en el monitor– increíblemente trabajado, muy profesional, las luces, los tonos es perfecto.
-Gracias –añadió seriamente sacando de su bolso un álbum de más de quinientas fotografías– este es un especial mío, algo así como curriculum.
– A ver –dijo Kaulitz aún con su sonrisa mirándolo a los ojos, contagiándole el alegre gesto – me sorprendiste eh!

Cocina de la empresa.
– Realmente guapo – suspiró Jenny, la encargada de belleza y salud. Una mujer de unos veintitrés años de cabello pelirrojo y baja estatura.
– Jodidamente sexy – fingió respirar agitada Victoria, la mujer a la que el de trenzas le había guiñado un ojo, apoyándose sobre la pequeña mesa de la cocina de la empresa bajando sus gafas hasta la punta de su nariz – se podría decir que el hombre más sexy que vi en mi vida.
– Esa ropa le esconde un poco el cuerpo – comentó Natalie recogiendo su cabello rubio en una coleta sin darle importancia – además, Vicky a vos todo el mundo te parece sexy.
– A mí me dijo hermosa – añadió Violeta entrando al lugar – hablan del tipo que vino por el puesto ¿no?
– Sí – respondieron todas en tono baboso – ¿Quién es ese hombre? Que alguien me lo diga! – gritó la pelirroja.
– Hola mujeres – saludó un hombre de cabello corto, figura mediana y delgada – Mi amor tenemos que…
– Ahora no – resopló la mujer de gafas liberándose de un posible abrazo – ¿Derek quién es el joven que está en la oficina de Bill?
-¿Joven? – Preguntó sorprendido – un novio suyo, que se yo.
-Sea quien sea nos dejó locas a todas – rió Jenny – bueno gente, voy a seguir trabajando o el señorito Billy no me paga una mierda.
Todos se dirigieron a sus respectivos puestos, Victoria se disponía a retirarse cuando el rubio la sujetó del brazo fuertemente logrando que retrocediera unos pasos.
– ¿¡Qué te pasa?! – gritó intentando liberarse – Derek qué sucede?
– Ojo –respondió susurrándole cerca de su cuello– no vayas a cambiarme por ningún nuevo me entendiste?
Ella se soltó del agarre y asintió sin miedo alguno, retirándose con un caminar felino haciendo resonar sus tacones en el piso de madera.

Oficina de Bill.
– En verdad debo felicitarte –dijo el de rastas negras y blancas entregándole el álbum– creo que tendrás doble empleo si aceptas.
– ¿Doble? – preguntó ilusionado Tom guardando sus cosas en el bolso – ¿cómo sería eso?
– Trabajarías para todo lo que refiere a las modelos y el catálogo – respondió apoyando sus codos sobre el escritorio y su rostro entre sus manos – y lo que sería la editorial y la revista, doble contrato, doble sueldo.
El de trenzas sonrió ampliamente, era lo que necesitaba – Sí, si acepto.
Bill de inmediato abrió uno de sus cajones revolviéndolos buscando casi desesperado. El fotógrafo lo miraba atentamente, su estilo era tan extraño. Se levantó de su lugar buscando en los estantes, hasta que sacó una carpeta llena de folios. La hojeó hasta el final sacando una planilla a completar.
– Ten llévatelo – añadió el de rastas mientras sacaba otros papeles, estos con otro tipo de letra – y este es el contrato que necesito que firmes ahora.

– ¿Y esto? – preguntó Tom echándole un vistazo – ¿Para qué es?
– Oh, simplemente como un historial que tendrás en la empresa – respondió mientras se volvía a sentar – mañana cuando comiences a trabajar se lo das a Violeta, ella archiva esas cosas.
– ¿¡Mañana!? – exclamó tomando la lapicera – a…a…qué hora comienzo?
– A las siete de la mañana – respondió con naturalidad – de siete a ocho de la noche, con un receso de dos horas desde las doce del mediodía a las dos de la tarde; algún inconveniente?
Madrugar rayos – pensó mientras firmaba el contrato – no, no ninguno.
– Bien – aplaudió como un niño pequeño – bienvenido a Billy Future.
Se quedaron en silencio mientras el delgado director guardaba los papeles y se disponían a salir.
– Hoy mismo diré que te equipen nuevamente la oficina de edición para ti –agregó mientras todas las miradas se centraban en ellos dos– y espero que nos seas así de eficiente como nos demuestras.
– No lo dude –interrumpió Tom mirándolo a los ojos, esa mirada castaña comenzaba a incomodarlo sin saber porqué– hasta mañana entonces.
– Hasta mañana –asintió tendiéndole la mano. Enseguida se rozaron apretándolas en un suave movimiento. Un escalofrío recorrió por la espalda de Bill subiendo hasta sus mejillas para ruborizarlas por completo. Liberó su mano y Tom se retiró caminando hasta el ascensor despidiéndolo a lo lejos con la mano en alto sintiendo una rara y nueva sensación en su estómago.

-Jefe –le repitió Peter, el cadete. Un muchacho de pelo castaño y lleno de rulos– Kaulitz.
-¿Eh? –Preguntó tontamente– ¿Qué pasa?
-Le estoy hablando –respondió revoleando los ojos, pero el de rastas lo fulminó con la mirada– ¿Que si tengo que llevar el cheque al banco ahora o después?
– Después –interrumpió emocionado– ahora vas a ir y le vas a pedir a los de mantenimiento que me limpien la oficina para el fotógrafo y tu la vas a equipar.
– Pero yo… – resopló el jovencito.
– Tú vas a hacerlo ya! – le gritó sonriendo – Ah! Y que le coloquen una etiqueta en la puerta con “Tom Trümper”.
– Está bien – añadió arrastrando los pies – ya voy.
Se quedó parado en medio de todos sus empleados trabajando y caminó rápidamente hasta la ventana. Corrió la cortina viendo como el fotógrafo se retiraba en su vehículo.
– Tom Trümper – suspiró sonriendo casi inconcientemente de lo que comenzaría a sentir – que tipo más raro.

Casa de Tom.
Melisa merendaba con los cuadernos a un lado, mientras Simone planchaba el uniforme de su pequeña hija. Cuando la entrada se abrió y el de trenzas corrió a abrazar a su hermana.
– ¡Enana! – le gritó mientras la estrechaba en sus brazos – adivina qué?
– Novia nueva – resopló Melisa haciendo un puchero con sus labios – es eso?
– ¡No! – Respondió entre risas – Tom consiguió empleo! Y por dos!
– ¿¡Qué?! – Gritó Simone emocionada – mi hijo comenzará a trabajar…no se puede creer.

– Sí, mañana y muy temprano por lo que veré televisión, me ducharé y me iré a la cama –comentó el pelinegro de trenzas caminando hasta el sofá enumerando sus actividades con sus dedos – mamá!
– ¿Qué? – Preguntó pesadamente su madre desde la cocina- Tom no toques las revistas, te conozco! Acabo de comprarlas.
Su hijo sonrío maliciosamente y cogió dos de la pequeña mesa subiendo hasta su habitación. Cerró la puerta y se dejó caer de espaldas a la cama alzando una de las revistas hasta su vista cuando sus ojos se abrieron de sobremanera.
“Bill Kaulitz lanzará una nueva línea de ropa interior” – leyó en voz alta admirando la tapa. Su jefe, ese pelinegro de inocente sonrisa y profunda mirada se mostraba simplemente en boxers con un future en el elástico, posando sensualmente. Tragó saliva mientras admiraba su cuerpo, tenía un tatuaje a lo largo de su costado y una punta de algún dibujo tatuado se dejaba ver al comienzo de la prenda interior. Sus manos en sus caderas y sus piernas levemente separadas, una de sus cejas alzadas. Un decorado metálico en su pezón. Demasiado fuerte, demasiado sensual.
– ¿Me parece a mí o mi jefe es una caja de sorpresas? – suspiró cerrando los ojos dejando a un lado la imagen sabiendo que al otro día por fin se encontraría con él.

Continuará…

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Publico con autorización del autor

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