2. Revelaciones

Capítulo 2. Revelaciones

¡Georg!

El aludido se volvió y frunció el ceño al ver a su compañero, venía corriendo hacia él, y se cruzó de brazos mientras esperaba a que llegue a su altura.

¿Qué haces aquí? ¿Quién está defendiendo a Saori?—preguntó muy enfadado.

Somos muchos contra ellos, tranquilo que la he dejado en buenas manos. Solo he venido a ver que tal está Bill—se defendió Tom.

Está durmiendo, volvamos al combate—dijo Georg echando a andar.

¿Vas a dejarle solo?—preguntó Tom cogiéndole del brazo— ¿Y si se pone peor? ¿O necesita algo?

Me ha dejado bien claro que no quiere que le siga tratando como el hermano pequeño que es, y solo es un simple arañazo—explicó Georg sin inmutarse—Si quieres, quédate a hacerle compañía. Yo regreso a proteger a Saori. 

Con un brusco movimiento se soltó del agarre de su compañero y siguió con su camino. Lo mejor en esos momentos era no quedarse a solas con su hermano, viéndole tan desvalido y tumbado medio desnudo en su cama.

Tom vio alejarse a su amigo y negó con la cabeza. Odiaba la manera en la que a veces trataba a su hermano pequeño. Tenía que dejar de pensar en él como en uno más de los caballeros, ver que en realidad no era más que un niño falto de afecto.

Entró en la mansión y se dirigió a la habitación de su otro compañero, quitándose por el camino el casco y la armadura. Sabía que no le necesitaban para defender a Saori, entre los demás podrían con ese enemigo que había cometido el fallo de pensar que no estaban a su altura.

Se paró ante la puerta y esperó, agudizando el oído. Le había parecido escuchar un leve gemido. Abrió la puerta despacio y se asomó, viendo a su amigo tumbado de lado en la cama, cubierto apenas con una sábana que dejaba al descubierto su desnuda espalda.

Desde donde estaba podía ver la venda que le cubría el bajo vientre, y una de sus manos sujetarse la herida, calmando el dolor intenso que debía sentir.

Entró del todo en la habitación y se acercó a la cama. Se inclinó todo lo que pudo sin despertarle, su suave respiración le indicaba que estaba sumido en un errático sueño, con los labios separados y dejando escapar de ellos unos gemidos incontrolados.

Extendió una mano y le rozó con suavidad el pelo, apartándoselo a un lado hasta rozar su suave piel. Subió más la mano y la dejó descansar en su ardiente frente. Se mordió los labios al comprobar que tenía fiebre, y era mucha.

Maldijo al hermano mayor, que se fue sin importarle que el más débil de sus compañeros estuviera herido y sufriendo.

Se acercó más, cogiendo el borde de la sábana para taparlo por completo, pero hubo algo que se lo impidió. Agachó la mirada y se observó la muñeca, una de las cadenas de su amigo se la rodeaba y apretaba con cuidado.

Sabía que si se mostraba relajado no le haría daño. Esas cadenas tenían vida propia a veces, o eso era lo que aparentaba. Porque si su dueño estaba sumido en un profundo sueño, ¿quién las manejaba?

No tuvo tiempo de contestarse a sí mismo. De repente sintió un fuerte tirón. Fue alzado en el aire y ahora las cadenas le sujetaban las dos manos por alto, sintiendo como otra de ellas le cogía por los pies con firmeza.

Dejó escapar un gemido de dolor al sentir como su espalda chocaba contra la pared con fuerza. Cerró los ojos por el impacto mientras jadeaba tratando de recuperar el aliento. 

Pegasus…

Abrió los ojos al momento. Ante él se encontraba su compañero, de rodillas en la cama y con una extraña mirada. Nunca antes le había llamado de esa manera, con ese tono empleado. Hasta juraría que la voz le era distinta, más melosa y femenina.

Estaba a punto de preguntarle si se sentía bien cuando lo que vio le dejó otra vez sin aliento. Vio como su compañero se puso de pie bajando de la cama. Como se desabrochaba los pantalones que llevaba y se los bajaba, arrastrando la ropa interior con ellos. 

Le vio caminar desnudo en su dirección, parándose a unos escasos pasos y levantar una mano con la que le acarició con suavidad la mejilla.

¿Bill? —logró preguntar con voz ronca.

Pero su amigo negó con la cabeza mientras sonreía. Se fijó en su sonrisa, de entre todos sus amigos, siempre le pareció la más dulce.

Te he estado esperando, Pegasusle dijo con esa voz cantarina.

¡Bill!—llamó Tom con firmeza.

Pero su amigo negó de nuevo y dio un paso más en su dirección. 

Ayudaste en mi rescate, te mereces un premio por esosusurró muy cerca de él.

¿Rescate? ¿De qué estás hablando, Bill? —preguntó Tom arrugando la frente

Me rescataste cuando mi padre me encadenó a las rocasexplicó “Bill” con un hilo de voz—Y no me llamo Bill, soy Andrómeda.

Antes de que pudiera replicar, sus labios se vieron apoderados por los de su amigo, que sin ser consciente de todo lo que estaba pasando, le besaba con toda la pasión acumulada en su joven e inexperimentado cuerpo.

Continuará…

por lyra

Escritora del fandom

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