Fanfic TWC / TOLL de lyra
«Jóvenes Rebeldes: 2 Temporada»
Capítulo 12
Se quedaron mirando en silencio con la respiración agitada, sabían lo que iba a pasar esa noche. No lo habían expresado en voz alta, no hacía falta.
Pero estaban los dos muy nerviosos, y eso saltaba a la vista.
—Necesito ir un momento al baño—murmuró Bill carraspeando.
No esperó respuesta alguna, casi corrió hacia el y cerró la puerta. Fue en busca de su neceser y lo abrió con manos temblorosas. Era una tontería pero quería estar radiante, se aplicó un leve maquillaje y se dio vaselina en los labios, sonriendo al notar su sabor afrutado. El mismo que notaría Tom con cada beso que le diera.
Se pasó el cepillo por el pelo y una vez preparado cogió aire y salió del baño.
Tom continuaba donde le había dejado, de espaldas a él miraba por la ventana. Se acercó sin hacer ruido y como tanto le gustaba hacer a Tom, rodeó su cintura con sus brazos y le atrajo a su cuerpo.
Sonrió al notar las manos de Tom acariciar sus brazos, y como inclinaba la cabeza dejándole sitio para que besara su cuello. Así lo hizo, sintiendo un escalofrío al notar como le latía el pulso. Puso los labios sobre su vena, besándola al compas de esos latidos que cada vez se iban acelerando.
Sentía a Tom estremecerse en sus brazos y sujetarle con firmeza las muñecas. Alzó la mirada y sonrió al ver su cara reflejada en la ventana, con los ojos cerrados tenía los labios separados y gemía sin poder evitarlo.
— ¿Seguimos así toda la noche, o…?—empezó a preguntar Bill contra su piel.
Tom se echó a reír y moviéndose giró en sus brazos. Puso una mano en su nuca y le atrajo, apoderándose de sus labios. Caminaron dando vueltas por la habitación hasta llegar a la cama. Entonces se separaron y llevando las manos al borde de la camiseta que Tom llevaba, Bill empezó a subírsela lentamente.
Tom le ayudó levantando los brazos, viendo como una vez despojada de ella la arrojaba a un lado de la habitación. Se le quedó mirando sonriendo, era su turno. Imitó sus movimientos, quitándole con lentitud la prenda y arrojándola también al suelo.
Entonces llevó las manos a sus pantalones, se los desabrochó lentamente y se arrodilló en el suelo mientras se lo bajaba. Le dejó en bóxer, con su palpitante miembro a la altura de sus labios. No se lo pensó dos veces y le besó sobre la tela, separando los labios y succionando.
Bill gemía desesperado con los ojos cerrados, bajando las manos hasta su cabeza y moviendo sin poder controlarse las caderas contra sus labios.
Sentía las manos de Tom en sus nalgas, acariciándoselas también a través de sus bóxer. No le estaba tocando directamente y le estaba enloqueciendo con sus caricias. No se imaginaba como podía ser cuando estuvieran piel con piel…
Minutos después Tom se incorporó con rapidez, no podía aguantarse las ganas más. El mismo se llevó las manos a sus pantalones y desabrochó. Se los quitó con rapidez quedándose en bóxer también al tiempo que se descalzaba usando los pies. Bill le imitó y segundos después se miraron con la respiración agitada, ambos en ropa interior.
Tom fue el primero en deshacerse de ella, arrojándola también al suelo. Bill se le quedó mirando sintiendo que se sonrojaba, no podía apartar los ojos de esa erección con la que le apuntaba. No era el único, gracias a sus caricias él también sentía su miembro aprisionado por la tela, queriendo ser liberado.
Cogió aire para infundirse valor y llevando las manos a las caderas empezó a bajarse con lentitud los bóxer para deleite de Tom. Pero entonces le vio negar con la cabeza, se quedó quieto pensando que iba a ser la primera vez que estarían desnudos el uno ante el otro.
Para él no era más difícil, tenía asumida su sexualidad desde hacía años. Pero para Tom quizás la situación era algo más complicada, hacía poco que había aceptado que eran los chicos por quien suspiraba, y en esos momentos iba a tener uno desnudo ante él.
Aunque tampoco era que se sintiera avergonzado cuando puso sus labios sobre su miembro y besó haciéndole estremecer… Pero Bill solo quería centrarse en que disfrutara, que fuera una noche que jamás olvidara.
Entonces Tom se movió, rodeó la cama y de un fuerte tirón echó hacia atrás las sábanas. Regresó a su lado y tendiéndole una mano Bill se cogió a ella sin dudarlo.
Le envolvió en sus brazos apoderándose de sus labios. Se pegó todo lo que pudo a su cuerpo, frotándose contra su estómago. Bill cerró los ojos gimiendo desesperado, sintiendo como Tom caminaba hacia la cama y le acostaba con suavidad de espalda acomodándose él sobre su cuerpo. Se dejaron llevar sin pensar con nerviosismo que para los dos iba a ser su primera vez.
Entonces Tom abandonó sus labios, empezó a bajar por su cuello dejando tras de sí un rastro de húmedos besos. Bill gemía con los ojos cerrados, sintiendo sus labios besar cada centímetro de su desnudez, su lengua lamerle con suavidad su piel.
Fue bajando por su agitado pecho sin dejar de besarle hasta llegar a su estómago. Se paró unos segundos, cogiendo aire y respirando profundo. Entonces llevó sus manos a los bóxer que Bill aún llevaba puestos y tiró de ellos hacia abajo.
Bill le ayudó alzando las caderas, dejando que se los quitara del todo. Tom se quedó sin habla al tenerle al fin desnudo ante sus ojos. No lo pensó dos veces, inclinó la cabeza y separando los labios le recibió entero en su boca.
Bill no pudo evitar tensarse al sentirse aprisionado por sus labios. Abrió los ojos de golpe, no se pensaba que Tom fuera tan lanzado. Creía que iba a estar algo cortado, pero todo lo contrario. Se lanzó a besarle ahí abajo, a pasar con lentitud su lengua de arriba abajo, y a succionar mientras movía la cabeza haciéndole entrar y salir de su boca.
Soltó un profundo gemido, bajó las manos y le ayudó a marcar el ritmo al tiempo que alzaba sus caderas desesperado. Entonces sintió las manos de Tom bajo sus nalgas, separándolas y colando con decisión un dedo en su interior. Se quejó sin poder evitarlo, le había pillado desprevenido.
Tom alzó la cabeza y se le quedó mirando preocupado.
— ¿Te he hecho daño?—preguntó con la respiración entrecortada.
Bill asintió con la cabeza suspirando, necesitaba un poco de tiempo para adaptarse a ese dedo. Entonces sintió que Tom lo sacaba con suavidad e incorporándose se estiró para abrir el cajón de la mesilla. Le observó con curiosidad, como sacaba una pequeña ayuda que tragándose la vergüenza había comprado hacía unas semanas en la farmacia del pueblo de al lado.
Como bien había dicho Bill, en el pueblo se conocían todos y no quería que llegara a los oídos de Hillerska lo que había estado comprando para esas vacaciones tan deseadas.
Bill se quedó mirando un pequeño tubo de lubricante junto con un par de condones. Sonrió al verlos, él también tenía condones en su neceser que con las prisas se había olvidado de cogerlos, pero no había pensando en el lubricante. Al parecer Tom había sido más sensato, o más bien más lanzado.
Cogió el tubo de lubricante y se echó una cantidad generosa en sus dedos. Dejó el tubo a un lado y siguió por donde lo había dejado. Se acomodó entre sus piernas alzadas y coló de nuevo un dedo en su interior, descubriendo que de esa manera era más cómodo para los dos.
Escuchó a Bill gemir esa vez de placer, acomodándose mejor bajo él con las manos puestas sobre el colchón retorcía la sábana entre sus dedos dejando que le penetrara con los dedos una y otra vez.
A Tom le gustaba ver la expresión de su cara, como sonreía y gemía con sus movimientos. Y como iban respondiendo sus cuerpos, sentía a Bill ponerse más duro cada vez. Y él no se quedaba atrás, lucía una erección que dolía mantener.
Se movió con rapidez, sacó los dedos de su cuerpo y cogiendo uno de los condones se lo puso con cuidado. Usó más lubricante para no hacerle ningún daño y una vez preparado se colocó con suavidad sobre él sintiendo a Bill acomodarse bajo su cuerpo.
Llevó su erección a sus nalgas, rozándoselas con ella, deseando estar dentro. No se hizo de rogar, con una mano la dirigió a su entrada y fue penetrando poco a poco en su cuerpo.
Bill no pudo evitar ponerse un poco tenso, le sentía avanzar con mucho cuidado parando cuando arrugaba la frente jadeando. Pero pasados unos segundos su cuerpo se adaptó al de Tom y pudieron moverse con más facilidad.
Solo entonces se dejaron llevar, Bill se abrazó a su cuerpo con manos y piernas, alzando las caderas al ritmo de sus movimientos.
Tom entraba y salía con facilidad de su cuerpo, moviendo las caderas al compás de las suyas. Con sus manos puestas en su cintura acariciaba su suave piel, sintiendo como se erizaba a su contacto.
Hasta que empezó a sentir la necesidad de acelerar las embestidas, sintiendo que a Bill le pasaba lo mismo. Quería sentirse pleno, alzó las caderas todo lo que pudo para que le penetrara en profundidad y se apoderó de sus labios gimiendo contra ellos cuando su cuerpo reaccionó.
Tom llevó una mano a su miembro haciéndole derramarse entre sus dedos, entonces aceleró el ritmo de las embestidas y se derramó en su interior, no pudiendo evitar soltar un grito descontrolado.
Se quedaron jadeando, sentían que les faltaba el aliento y una felicidad les embargaba. Se miraron a los ojos y rompieron a reír. Tom se movió y salió con lentitud de su cuerpo, acomodándose a su lado en la cama.
Bajó una mano con discreción y se deshizo del condón usado tirándolo al suelo del lado de su cama, obligándose a recodar al día siguiente deshacerse de él antes de que entrara Elizabeth a hacer la cama.
Sintió como Bill se movía y buscaba refugio entre sus brazos. Le rodeó con ellos, y bajó la cara para besar su pelo.
— ¿Estás bien?—preguntó entre jadeos.
—Mejor que nunca—respondió Bill suspirando.
Tom sonrió al escucharlo, él también se sentía como nunca lo había hecho. Estaba agotado, eran tales las ganas de hacerlo con Bill por primera vez que se había dejado todas sus fuerzas en el intento.
Se incorporó y cogiendo las sábanas cubrió con ellas sus agitados cuerpos. Le estrechó en sus brazos y cerrando los ojos se dispusieron a descansar.
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Fue el primero en despertarse, acostumbrado como estaba a madrugar en Hillerska Tom abrió los ojos y se quedó mirando el techo de su habitación con una amplia sonrisa en los labios. A sus oídos llegaba la suave respiración de Bill, quien acostado a su lado le daba la espalda.
Se giró y sin poderse contener se abrazó con suavidad a su dormido cuerpo enterrando la cara en la curva de su cuello. Empezó a besar y lamer su piel mientras que con sus manos le acariciaba el pecho. Empezó a sentir como poco a poco se iba despertando y su cuerpo reaccionando, había bajado una mano por su estómago hasta su miembro, empezando a sentirlo duro entre sus dedos.
Sonrió contra su piel y no se detuvo en sus acciones, siguió besándole y lamiendo su piel mientras que le masajeaba con lentitud escuchando como gemía y suspiraba.
—Tom….—le escuchó en un susurro.
Sintió una de sus manos ir en su búsqueda, como le rozaba la cadera y bajaba hasta su presa. No pudo evitar mover contra esa mano sus caderas, empezando a frotarse contra ella sintiendo un escalofrío recorrer sus espalda.
Entonces se movió con rapidez, se incorporó y haciéndole rodar se acomodó sobre él. Se apoderó de sus labios y empezaron a besarse mientras sus sexos se frotaban. Así había sido su primera vez, aunque esa vez no había ropa de por medio que molestara.
Siguieron así hasta que cada uno obtuvo un poderoso orgasmo que les dejó sin aliento. Se derramaron sobre su contrario entre jadeos prolongados, se quedaron mirando fijamente a los ojos y solo pudieron sonreír sin poder articular palabra.
Esperaron a que sus respiraciones se normalizaran, sin dejar de mirarse y rozar sus labios con breves besos.
— ¿Será así todas las mañanas?—preguntó Bill, acomodándose bajo su cuerpo.
—Siempre que te tenga desnudo en mi cama, así te daré los buenos días—contestó Tom con firmeza.
—Me robas la energía—susurró Bill ahogando un bostezo—No sé como voy a poder salir de la cama y ponerme a estudiar.
—Es pronto aún, podemos dormir un poco más—dijo Tom moviéndose.
Se echó a su lado atrayéndolo a sus brazos, sonriendo al sentirle abrazarse a su cuerpo con ambas manos. Pero no pudieron dormir ninguno de los dos, se quedaron mirándose con firmeza a los ojos mientras que sus labios se buscaban hambrientos, besándose una y otra vez hasta sentir que les faltaba el aliento.
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Solo decidieron abandonar la cama cuando sus estómagos protestaron por hambre. Si seguían así, pasarían toda la mañana allí metidos sin dejar de besarse y acariciarse.
— ¿Compartimos la ducha?—preguntó Tom incorporándose en la cama.
Bill no tuvo que pensárselo dos veces, asintió con la cabeza y salió de la cama seguido de Tom, quien se acordó de recoger el condón usado que aún estaba en el suelo. Entraron en el baño y se deshizo de el con discreción tirándolo en el inodoro mientras que Bill ya estaba en la ducha regulando el agua.
Corrió tras él y abrazándolo por la espalda empezó a llenarle el cuello de besos mientras que el agua caía sobre ellos. Con una mano cogió jabón y empezó a lavar sus cuerpos, haciéndole girar entre sus brazos para tener mejor acceso.
Entonces Bill tomó el control, enterrando él también la cara en la curva de su cuello empezó a besarle y lamer su piel. Tom gemía con los ojos cerrados, alzando la cabeza para darle mejor acceso.
Entonces le sintió empezar a bajar por su cuello, llegar a su pecho y querer ir más abajo. Sabía donde se dirigía, pero se lo impidió cogiéndole con firmeza por los brazos.
Bill se le quedó mirando sin entender, había frenado de golpe sus caricias y le miraba con una extraña expresión en la cara.
— ¿He hecho algo mal?—quiso saber Bill entre jadeos.
—No, perdona—se disculpó Tom carraspeando—Es que ahora no me apetece, solo es eso.
Se sentía idiota inventándose una excusa así, cuando en el fondo se moría de ganas. Pero había recordado una frase que le dijera Georg los primeros días que pasó en Hillerska, que no se acercara a Bill a no ser que estuviera buscando que le hicieran una mamada.
Fue una frase estúpida, pero al saber cuáles eran las intenciones de Bill en la ducha no pudo evitar recordarla y negarse en rotundo. No quería pensar que era para lo único que servía Bill, le había demostrado que valía para mucho más.
Cortó el agua y dio la ducha por finalizada. Salió el primero y cogiendo un albornoz se envolvió en el ajustándolo a su cuerpo. Cogió otro y le ayudó a Bill a ponérselo.
—Se nos hace tarde—murmuró Tom como excusa—Esta noche hemos quedado y fijo que llegaremos tarde a casa, si mañana nos saltamos la hora de estudio mejor adelantar hoy algunos deberes.
Bill tuvo que conformarse con esa excusa, de momento. Sabía que había pasado algo y que Tom se negaba a contárselo. Le daría tiempo, pero no podía pasarlo por alto. Entre ellos debía haber una confianza plena, se podían decir todo lo que sentían en cada momento porque para eso eran pareja ¿no?
Se dieron prisa en arreglarse y bajaron a desayunar, no si antes tener Tom la delicadeza de quitar las sábanas de la cama y meterlas en el cubo de ropa sucia que bajó él mismo a la cocina. No le parecía adecuado que Elizabeth tuviera que encargarse de recoger o limpiar cualquier rastro que hubieran dejado de esa noche tan apasionada que habían pasado.
Entró en el cuarto de lavandería y plancha que había en la cocina y metió toda la ropa en la lavadora que también puso en marcha. Se reunió luego con Bill en la cocina y desayunaron en silencio.
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Media hora después estaban sentados en la biblioteca repasando los deberes que les quedaban por hacer, decidiendo empezar con los ejercicios de matemáticas que les habían mandando.
O esa era la intención, Tom se había puesto ya con ellos cuando la voz de Bill le interrumpió.
— ¿Puedo saber que ha pasado arriba?
Tom maldijo por lo bajo al escucharle, estaba claro que no se había creído la tonta excusa que le había dado. No quería contarle la verdad, que supiera de las crueles palabras que había tenido que escuchar de sus compañeros de internado. Aunque Bill ya le había advertido que estaba enterado de los comentarios que le hacían a su espalda, tener que contarle uno de ellos a la cara no era lo que había planeado.
—Tom, si hay algo que te haya incomodado debería saberlo—insistió Bill—Tenemos ya la confianza suficiente como para contárnoslo todo ¿no? No quiero que haya secretos entre nosotros, y si hay algo de mi que te haya molestado por favor no te lo calles.
Tom asintió con la cabeza, en parte tenía toda la razón. Cerró su cuaderno de ejercicios y recostándose en la silla se le quedó mirando.
—Yo…no quiero que pienses que lo que me estabas haciendo no me gustaba porque todo lo contrario—dejó Tom bien claro—Pero…es que no me sentía cómodo sabiendo que… lo que me querías hacer.
Bill se mordió el labio, la verdad era que le había costado mucho decidirse a hacerlo pero como Tom no tuvo ningún reparo en hacérselo a él la noche anterior sentía que se lo debía.
—No quería que lo hicieras porque en Hillerska alguien mencionó que sólo servías para eso—murmuró Tom cogiéndole de la mano—Y….bueno, me acordé de repente y no quería que tú te sintieras incómodo.
Bill le escuchaba en silencio, cogiendo aire con esfuerzo. Había escuchado de todo en Hillerska, comparándole con una mujer por su aspecto afeminado pero algo a lo que ya estaba acostumbrado. Pero lo que Tom le acababa de contar…era lo más cruel que jamás había escuchado.
—No te lo quería contar para no ponerte triste—susurró Tom acariciando con suavidad su mejilla—Lo siento mucho Bill, me lo tenía que haber callado.
—Yo te pedí una explicación, no es culpa tuya—murmuró Bill carraspeando—Como ya te dije, ese tipo de comentarios lo he escuchado en Hillerska así que no debería sorprenderme.
—Pero no deberían interferir en nuestra relación, y lo están haciendo—dijo Tom resoplando.
—No dejaremos que lo hagan—dijo Bill mirándole con firmeza—Debemos olvidarnos, y la próxima vez que yo quiera satisfacerte, pues cierras los ojos y lo disfrutas.
Tom no pudo evitar sonreír al escucharle, se había repuesto en un segundo dejando atrás la tristeza que había sentido. Y tenía toda la razón, habían luchado mucho para estar juntos, no podían dejar que nada se interpusiera entre ellos y como bien decía Bill, la próxima vez solo se iba a concentrar en el amor que le estaba demostrando con sus caricias y besos. Y en nada mas.
Continuará…
Gracias por leer.