Fanfic TWC / TOLL de lyra
«Jóvenes Rebeldes: 2 Temporada»
Capítulo 13
Se dieron prisa en hacer los deberes, y tal y como habían planeado tras la comida siguieron para adelantar todo lo que al día siguiente no pudieran hacer. Sabían que saliendo de fiesta aunque no llegasen demasiado tarde querían disfrutar todo lo que pudieran y al día siguiente no iban a estar para concentrarse en su tarea.
Eran las 7 de la tarde cuando decidieron cerrar los libros y empezar a arreglarse, Tom había recibido un mensaje de Matthew donde le decía que podían adelantar la hora de recogida y cenar los 4 juntos. Les pareció una buena idea, a Bill le gustaría conocer más a los amigos de Tom y en una discoteca con la música a todo volumen iba a ser muy difícil conversar.
Tenían una mesa reservada para las 8, asi que media hora antes pasarían a recogerlos. Mientras que Tom hablaba con Nora para que el servicio se tomara la noche libre, Bill ya estaba en el baño arreglándose el pelo. Se lo dejó perfectamente liso y empezó a maquillarse con esmero.
Cuando Tom se reunió con él ya casi había terminado. Se apoyó en el marco de la puerta sonriendo sin poder evitarlo.
—Estás muy guapo—dijo Tom con firmeza—Si fueras así a clase, me costaría concentrarme.
Bill se sonrojó ante sus palabras, pero sabía que era imposible que se presentar en Hillerska tan arreglado como estaba, seguro que entonces los comentarios que hicieran sobre él se multiplicarían.
Nunca quiso llamar la atención más de lo que ya lo hacía, porque casi todos sus compañeros se creían los dueños del lugar solo por el hecho de tener más dinero que él, y la educación no era una de sus virtudes. Decían lo que les pasaba por la cabeza sin consideración alguna, sin importarles ser crueles con sus palabras o que hicieran tanto daño que había días que terminaba encerrado en un baño llorando.
Suspiró y termino de arreglarse, no quería que Tom notara que sus palabras le habían hecho acordarse de los crueles comentarios que escuchaba. No, habían prometido que no permitirían que interfirieran en su relación y lo que tenía que hacer era alejarlos de su mente y concentrarse en la maravillosa noche que tenían por delante.
Dejó su neceser recogido y se reunió con Tom que ya se estaba vistiendo. Abrió el armario que ambos compartían y escogió un modelo todo negro para esa noche. Tom le había comentado que el restaurante al que iban era de los mejores y elegantes. Y no quería que sus ropas dijeran que no estaba a la altura de sus acompañantes.
Escogió una camiseta ajustada negra de media manga, unos vaqueros del mismo color y también muy ajustados, y complementó el modelo con una chaqueta de cuero negra. Se calzó una botas de medio tacón y adornó su cuello con una cadena plateada de la que colgaba una cruz negra.
Por su parte, Tom también había decidido que el negro fuera el color de esa noche. Lo único que le diferenciaba de Bill es que sus ropas no eran tan ajustadas. Vestía una camisa de seda negra, pantalones de vestir y una americana muy elegante.
Sentado a los pies de la cama le veía terminar de arreglarse ante el espejo, como se acicalaba el pelo y comprobaba que el maquillaje estaba perfecto. Se pudo en pie y acercándose se colocó a su espalda, besándole en el cuello como tanto le gustaba hacer.
— ¿Puedo hacerte un regalo?—susurró Tom contra su piel.
Bill se le quedó mirando a través del espejo, ¿qué regalo le iba a hacer? Y él no tenía nada que darle a cambio.
Le vio meter la mano en el bolsillo trasero de sus pantalones y sacar una bolsita de terciopelo negra que él mismo abrió y sacó el contenido dejándoselo ver.
Era una cadena plateada, de la que colgaba una estrella de 5 puntas también de plata.
—Es preciosa—murmuró Bill al verla.
—Es como el tatuaje de tu cadera—explicó Tom sonriendo— ¿Te la puedo poner?
Bill asintió de inmediato con la cabeza, echándose a un lado el pelo para que tuviera mejor acceso. Una vez puesta, Tom cerró el cierre y le besó de nuevo en el cuello.
—Lee la inscripción—pidió contra su piel.
Bill cogió la estrella entre sus dedos y volteó, descubriendo una T grabada y bajo ella una fecha.
—La primera vez que te vi—explicó emocionado Tom—Mi primer día en Hillerska, cuando cantaste solo para mi. No podía apartar los ojos de ti, y entonces lo supe. No pararía hasta que fueras mío…
Bill se estremeció entre sus brazos, estaba abrumado por el regalo y su significado.
—Nunca me la voy a quitar—prometió Bill—Y te debo un regalo.
—Esta noche podrás pagarme—susurró Tom sonriendo.
Bill le devolvió la sonrisa de inmediato, no pudiendo evitar sonrojarse.
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Terminados de arreglarse bajaron a esperar a sus invitados en uno de los salones, Nora les había dejado unos refrescos y algo de picar mientras esperaban. Por suerte fueron puntuales y Robert les hizo pasar al salón donde Bill conoció a Peter.
—Te alabo el gusto, Thomas—dijo Peter sin poder contenerse—Bill es guapísimo, no sé donde lo tenías escondido.
Bill se sonrojó al escucharle, tanto él como Matthew se habían quedado sin habla al verle.
—Bueno, si mi novio ya ha dejado de babear nos podemos ir—murmuró Matthew carraspeando.
Bill se echó a reír, le gustaba escuchar ese tipo de comentarios y a Tom también, orgulloso de que su novio fuera el centro de atención.
Cogieron sus abrigos y entraron en la limusina de Matthew. El chófer arrancó y minutos después disfrutaban de una exquisita cena. Bill pudo comprobar con envidia lo enamorados que estaban Peter y Matthew, como se cogían de la mano en la mesa y se dedicaban algún que otro beso sin importarles que alguien les viera y se escandalizara.
El y Tom estaban algo más cortados, tras la difusión del video era normal que algunas miradas estuvieran puestos en ellos esperando que hicieran algo ante sus ojos. Era normal sentirse así, llevaban juntos aún poco tiempo pero en cuanto se acostumbraran a ignorar la miradas podían sentirse igual de cómodos con sus amigos.
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Terminada la cena se dirigieron al local del que Matthew les había hablado. Había gente haciendo cola para entrar, pero por suerte ellos no tuvieron que esperar. Matthew se dirigió al portero y no tuvo que decir nada, le reconoció al momento y quitando el cordón rojo que impedía que la gente entrara les dejo pasar con una inclinación de cabeza.
Cogido a la mano de Tom, Bill no podía evitar sentirse nervioso. Se sentía fuera de lugar, rodeado de los hijos de las mejores familias de la alta sociedad muchos de los cuales eran conocedores de cómo había salido a la luz su relación.
Pero tal y como había dicho Matthew, era un local muy discreto y aparte de alguna mirada o cuchicheo no fueron molestados con alguna pregunta incómoda.
Todo lo contrario, Bill pudo observar como era recibido Tom por aquellos hijos que al igual que él habían aceptado que su condición sexual podía ser un lastre para su familia pero aún así la habían aceptado con la cabeza bien alta.
Se sentía observados por todos, Tom se encargaba de que no se quedara atrás tomándole de la cintura con su mano para que no se separara de su lado mientras le iba presentando algunos rostros que reconocía.
Bill pudo comprobar como era bien recibido, ni una mirada altiva ni comentario incómodo. Nada que ver con los habitantes de Hillerska que parecía que les debía la vida.
Hechas las presentaciones fueron al reservado donde Peter y Matthew les esperaban para abrir una botella de champán y brindar.
Sentados en un cómodo sofá trataban de conversar pero la música estaba a un nivel que lo dificultaba y entonces Tom se levantó y tendiéndole una mano le sacó a bailar.
Se dirigieron a la pista de baile y Bill perdió la noción del tiempo que se pasó bailando entre los brazos de Tom. La música era agradable y se sumergió en ella dejándose llevar, concentrándose en mover sus caderas al compás de ella y dejar que Tom le guiara en algunos pasos poniendo las manos en su cintura.
Era como si no hubiera nadie más, como si la pista de baile fuera solo para ellos. Se dejaron llevar y olvidando que eran observados se fundieron en apasionados besos girando al compás de la música que parecía no querer cesar.
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Media hora después tomaron un descanso, necesitaban recuperar el aliento. Regresaron al reservado y disculpándose ante sus nuevos amigos Bill se fue al baño a refrescarse acompañado de Peter.
Entonces Matthew no pudo estar más tiempo callado, había estado observando a la pareja y necesitaba soltarlo.
—Se os ve muy enamorados—comentó con una amplia sonrisa en los labios.
Tom le devolvió la sonrisa asintiendo con la cabeza. Desde la primera vez que viera a Bill había empezado a experimentar sensaciones nuevas y no podía evitar temblar de emoción cada vez que le tenía cerca.
— ¿Puedo preguntarte algo….muy personal?—empezó a decir Matthew carraspeando— ¿Tú y Bill ya….?
No hizo falta que le respondiera, el rubor de Tom y la sonrisa que iluminó su rostro se lo confirmó.
—Se os nota—dijo sonriendo Matthew—Ayer cuando nos vimos os noté algo tensos y hoy en cambio parece que lleváis juntos toda la vida. La primera vez nunca se olvida, más si es con alguien especial.
—Ha sido maravilloso—admitió Tom—Pensé que íbamos a estar algo cortados por la situación pero ha sido todo lo contrario, ambos lo estábamos deseando desde hace tiempo.
—Brindo por vosotros—dijo Matthew alzando su copa.
Tom cogió la suya y la alzó con él, vaciándola de un trago.
—Por cierto, ¿sabías que tu primo se veía con Felice Ehrencrona?—preguntó de repente Matthew cambiando radicalmente de tema.
—Si, algo me habían dicho—murmuró Tom carraspeando—Que se les había visto juntos en Navidades.
—Pues le ha dejado—dijo para su sorpresa Matthew—Y al parecer tú tienes la culpa.
Tom se le quedó mirando sin entender. No conocía en persona a Felice, ¿de qué podía tener la culpa él?
—Quiero decir, que Felice se enteró del video y que había sido él el autor—se explicó Matthew—Tuvieron una buena discusión y terminó dejándole. Le dijo que no podía salir con nadie que fuera capaz de hacer esas cosas y encima a su propia familia.
Tom le escuchaba sin poder creerse lo que estaba oyendo, fijo que su primo estaría pensando que la culpa era suya y planeando una nueva venganza.
—Te cuidado con Andreas—le advirtió Matthew como si le hubiera leído la mente—A saber de lo que es capaz de hacer.
Tom asintió con la cabeza, cuando regresara a Hillerska ya podía andarse con mucho cuidado.
Minutos después Peter y Bill se reunieron con ellos y pidieron otra botella de champán. No teniendo que conducir ninguno no se controlaron con las bebidas y cuando terminó la fiesta y regresaron a casa la pareja estaba demasiado alegre como para poder controlarse.
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Echaron a correr escaleras arribas sin poder evitar reírse por el camino, parándose de vez en cuando para fundirse en tiernos besos que parecían no terminar nunca.
Nada más entrar por la puerta de la habitación sus labios se fundieron en un profundo beso mientras se desnudaban el uno al otro tirando al suelo la ropa mientras no podían evitar de gemir y reírse contra sus labios.
Una vez desnudos del todo, Tom estiró una mano y echó hacia atrás la ropa de la cama. Entonces se abrazó a su cuerpo y se apoderó de sus labios sin dejar de frotarse contra él. Le sentía algo tenso en sus brazos, pero gracias a sus caricias poco a poco se fue relajando y segundos después le respondía al beso con avidez.
Se dejaron caer con suavidad en la cama, quedando Tom debajo esa vez con Bill a horcajadas sobre él. Si separar sus labios ni un momento alargó una mano y cogió de la mesilla el lubricante para prepararse, dejando los condones a un lado.
Llevó las manos a las nalgas de Bill y le fue preparando sonriendo al escuchar sus jadeaos cuando sentía sus dedos entrar y salir de su cuerpo.
El tampoco se quedaba quieto, movía sus caderas de atrás a delante frotando su miembro contra el suyo, ambos duros desde que entraran por la puerta.
Una vez preparado, Bill se movió acomodándose mejor sobre su estómago sintiendo como Tom cogía su miembro y lubricaba antes de dirigirlo a su entrada.
—Se te olvida….—empezó a decir Bill contra sus labios.
— ¿Te importa que no lo usemos?—susurró Tom contra los suyos—Eres el único con el que he estado y sé que yo soy el único para ti también. Estamos seguros.
Viéndolo así, Bill le tenía que dar la razón. Ambos habían llegado vírgenes a su primera vez y aunque habían prometido ir con cuidado, no habiendo nadie más de por medio podían saltarse esa norma si siempre iban a ser ellos dos. Y así iba a ser.
Asintió con la cabeza para deleite de Tom, quien empezó a entrar poco a poco en su cuerpo notando que la resistencia de la noche anterior ya no existía gracias al lubricante y a que ya no era la primera vez.
—Quiero sentirte contra mi piel—susurró Tom avanzando en su cuerpo—Y que me sientas derramarme dentro, que mi calidez te llene y te haga explotar en mis brazos.
Bill solo pudo gemir como respuesta, sus palabras le hacían excitarse a la vez que le sentía entrar en él con lentitud y suavidad. Se incorporó y bajando las manos las apoyó en su estómago ayudando así a llevar el ritmo, lento al principio para luego acelerarlo cuando sintió que iba a estallar de placer.
No pasó mucho tiempo, minutos después cerraba los ojos y separaba los labios emitiendo gemidos prolongados cuando le sintió derramarse en su interior mientras que él mismo lo hacía entre sus dedos.
Una vez ambos saciados, Bill se dejó caer sobre su agitado pecho entre risas y jadeos. Tom le imitó y cogiendo las sábanas las echó sobre sus cuerpos. Estaban ambos realmente exhaustos, y con Bill entre sus brazos Tom se dispuso a dormir con una amplia sonrisa en los labios.
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Al día siguiente, Tom despertó y lo primero que hizo al abrir los ojos fue girarse para observar a Bill durmiendo a su lado. Se le quedó mirando, su largo pelo moreno extendido por la almohada y su desnuda espalda llamándole. Quería abrazarse a él y volver a quedarse dormido plácidamente, pero tenía otra idea rondando por su cabeza.
Se levantó con cuidado de no despertarlo y acordándose de cubrir su desnudez abrió un cajón y cogió unos pantalones de pijama que se puso con rapidez. Cogió una camiseta también y salió con sigilo de la habitación.
Caminó descalzo por el pasillo, un reloj que había colgado en una pared le mostró que faltaba poco para las 8 de la mañana. Nora bajaría a la cocina de un momento a otro, y se dio prisa.
Entró en la cocina y él mismo preparó un desayuno para dos. Quería desayunar con Bill en la cama, era la segunda vez que hacían el amor y quería hacer una pequeña celebración.
No faltaba de nada, tenía zumo de naranja, café recién hecho y un bol con fresas con nata. Y mientras terminaba de prepararlo todo entró Nora y se le quedó mirando extrañada.
—Si tu madre te viera descalzo…—empezó a decir Nora arrugando la frente.
Tom sonrió al escucharla, siempre que su madre no estaba en casa él podía relajarse un poco, no había que seguir sus estrictas reglas. Como vestirse para desayunar, cuando le apetecía estar aún en pijama.
— ¿Te hecho una mano?—preguntó Nora, señalando la bandeja—Si me das 10 minutos preparo unas tortitas.
—Creo que tenemos suficiente, gracias—dijo Tom negando con la cabeza—Pero podías hacerlas por si nos entra hambre a media mañana.
— ¿Bill no se siente bien?—interrogó Nora, extrañada de que no bajara a desayunar.
—Pues…no mucho la verdad—mintió con descaro Tom—Creo que es su garganta, ayer se resintió por el frío y por eso he decidido subirle el desayuno, que descanse un poco más.
—Dile de mi parte que se acuerde de los vahos de eucalipto—le recordó Nora—O que se dé un baño. Le prepararé un poco más de té para luego.
Tom asintió con la cabeza y cogiendo la bandeja salió de la cocina dejando a Nora trabajar. Sin su madre en casa el servicio se tomaba un respiro, estando él no hacía falta que siguiera su horario estricto como recoger su habitación antes de las 9 de la mañana. Tom contaba con eso, con que Elizabeth se entretuviera limpiando otra parte de la casa hasta que Bill y él decidieran abandonar su nidito de amor.
Esa mañana, quería remolonear un poco más. Y con esa idea en mente regresó a la habitación.
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Bill seguía plácidamente dormido, se había dado la vuelta y tumbado boca abajo tenía la cara casi enterrada bajo la almohada. Tom sonrió al verlo y tras cerrar la puerta tras él dejó la bandeja a su lado en la mesilla. Se desnudó de nuevo y se metió bajo las sábanas, cogió una fresa que untó con nata y la acercó todo lo que pudo a la nariz de Bill.
No tuvo que esperar mucho tiempo, segundos después el agradable aroma de la fruta hacía reaccionar a Bill. Le vio arrugar la frente y separar los labios pasándose la lengua por ellos. Sonrió y le untó nata en los labios, viéndole saborearla con deleite.
Entonces abrió los ojos y se le quedó mirando. Esbozó una sonrisa y separando los labios comió de la fresa que Tom le ofrecía.
—Te he traído el desayuno—explicó Tom incorporándose.
Bill le imitó y sentándose en la cama le vio coger la bandeja y dejarla con cuidado sobre sus rodillas.
—Hay café recién hecho y zumo de naranjas—explicó Tom—Ah, y fresas con nata como ya has probado. Y Nora está haciendo tortitas para más tarde.
— ¿No se extrañará de que no bajemos a desayunar?—preguntó Bill, cogiendo un vaso de zumo.
—Le he dicho que no te sentías bien y subía a cuidarte—explicó Tom con toda naturalidad.
Bill se le quedó mirando alzando una ceja, ¿qué le había contado exactamente a Nora?
— ¿Le has dicho que anoche tú y yo…nos hemos acostado?—no pudo contenerse a preguntar.
Tom sonrió al escucharle, esa era precisamente una información que no pensaba compartir con nadie.
—No, tranquilo—dijo Tom sin dejar de sonreír—Le he dicho que tenías molestias en la garganta y te ibas a quedar descansando en la cama.
Bill respiró algo más aliviado, por muy bien que le cayera Nora no quería informarle de lo que habían estado haciendo.
—Además, seguro que ya lo sabe—siguió diciendo Tom—No es un secreto que estamos compartiendo cama con la bendición de mis padres, sabrá que si no lo hemos hecho la primera noche sería la siguiente y el resto de las vacaciones. Pero no debes preocuparte de nada, todo el servicio es muy discreto y Nora no te va a hacer ninguna pregunta incómoda.
—Lo sé pero…no sé si voy a poder mirarla a la cara cuando me cruce con ella—murmuró Bill mordiéndose el labio.
—Vamos Bill, no debes pensar en lo que va a decir la gente—dijo Tom con firmeza—Solo piensa que lo de anoche fue maravilloso y que somos libre de volverlo a repetir las veces que queramos.
Bill lo sabía, no podía pasarse todo el tiempo pensando en que la gente que le rodeaba sabía con claridad lo que había pasado en esas cuatro paredes, o que lo llevaba escrito en la cara.
—Tu padre por ejemplo—dijo de repente Tom—Cuando te dio permiso para que vinieras, no creerás que pensaba que íbamos a pasarnos todas las vacaciones estudiando.
Bill solo esbozó una tímida sonrisa como respuesta, sabía que su padre sabía de sobra lo que iban a hacer. Incluso la otra tarde había recibido un mensaje suyo preguntándole si todo iba bien. Le había contado el agradable recibimiento de los padres de Tom, pero no le habló de la beca que ya tenía asegurada para la universidad que él escogiera, quería hacerlo en persona y no a través del móvil.
—Había pensado que luego nos podíamos dar un baño—dijo Tom tomándose de un trago su café—Nora me lo ha recordado, que te dieras un baño con el eucalipto que te dio. Y creo que lo voy a compartir contigo.
— ¿Te olvidas que prometimos estudiar por las mañanas?—le recordó Bill.
— ¿Y tú de que hoy íbamos a empezar más tarde?—preguntó Tom a su vez—Ayer nos lo pasamos genial en la fiesta y no nos hemos pasado mucho con la bebida, pero mi cabeza no está preparada para ponerse a pensar.
Ahí Bill le tuvo que dar la razón, de buena gana se quedaba en la cama y seguía durmiendo el resto de la mañana. Pero la idea que había tenido Tom de darse un baño juntos rondaba por su cabeza, y no podía evitar sonreír al imaginarse a los dos desnudos dándose un placentero baño de espuma.
Continuará…
Gracias por el apoyo.