Fanfic TWC / TOLL de lyra
«Jóvenes Rebeldes: 2 Temporada»
Capítulo 9
Una vez con ropa limpia, Bill se dedicó a observar por la ventana, desde su habitación Tom tenía una preciosas vistas de los jardines que rodeaban la casa.
—Tienes que verlo en verano—explicó Tom colocándose a su espalda—Con los rosales en todo su esplendor, mi madre se encarga de cuidarlos con ayuda de Nora y su nieta Rosanna. Tiene mi edad y yo creo que el único motivo por el que viene a echar una mano a su abuela es porque le gusto.
—Seguro que tú encantado de coquetear con ella—murmuró Bill.
Le sentía tras él y se acomodó suspirando contra su pecho, sintiendo como una vez más Tom rodeaba su cintura con sus brazos y apoyaba la cara contra su cuello, besándoselo de nuevo.
—La verdad es que me sentía incómodo—confesó Tom contra su piel—La conozco desde siempre, la veo más como una hermana que otra cosa. Nunca he sentido nada más por ella ni por ninguna otra chica, y ya sé el porqué.
Bill se volvió en sus brazos y se le quedó mirando, le estaba confesando que le había estado esperando y se sintió muy halagado.
—Me ha costado mucho en aceptar mis sentimientos—siguió Tom con su confesión—Me obligaba a mirar a las chicas para ver si sentía algo por alguna de ellas pero nada. Mi cuerpo no reaccionaba, pero cada vez que te tengo cerca siento que mi corazón late con mucha fuerza y me cuesta respirar.
—Yo siento lo mismo—confesó Bill a su vez.
Tom sonrió al escucharle y se apoderó de sus labios. Le abrazó con fuerza y caminando por la habitación llegó hasta la cama donde se dejó caer con suavidad arrastrando a Bill con su cuerpo.
—Tom para—pidió Bill contra sus labios—Con tus padres en casa no…
Tom calló sus palabras con otro beso, para luego soltarle y dejar que se acomodara a su lado.
—Podemos descansar un rato aquí los dos juntos—murmuró Tom atrayéndole a su cuerpo.
Bill asintió con la cabeza y se recostó contra su pecho. Sonrió al sentir como Tom le acariciaba la espalda, centrando la mirada en la chimenea que ardía a sus pies. El fuego era hipnótico y entre eso y las caricias de Tom sus ojos se iban cerrando poco a poco.
—Si sigues así me voy a quedar dormido—murmuró Bill suspirando—Apenas pude dormir anoche de lo nervioso que estaba.
Tom le entendía, a él le pasaba lo mismo. Quería estar a solas con él, y tenían por delante casi una semana entera antes de volver a Hillerska y a sus estrictas normas.
—Podemos echarnos una siesta los dos juntos—dijo Tom sin dejar de acariciar la espalda.
—O puedes enseñarme el resto de la casa—apuntó Bill carraspeando—No quiero que tus padres piensen que vamos a pasarnos todo el tiempo encerrados en tu habitación sin salir de la cama.
Tom resopló al escucharlo, Bill no se iba a relajar hasta que sus padres se hubieran ido al día siguiente.
Se levantó con pereza y tendiéndole una mano le ayudó a levantarse entre bostezos. Sonrió al ver como con la mano que tenía libre se ahuecaba el pelo y colocaba.
—Vamos, te enseñaré la planta de abajo—dijo Tom saliendo de la habitación—Hay varios salones que se usan para las visitas, dependiendo de quien sea. Si es familia se usa el principal, si es un conocido mis padres suelen usar otro más pequeño.
— ¿Y si queréis pasar una tarde agradable viendo la tele?—quiso saber Bill.
—No solemos hacerlo mucho—murmuró Tom pensativo—De hecho, creo que no lo hemos hecho nunca. Mi padre siempre está trabajando, y mi madre entre llevar la casa con ayuda de Nora o hacer alguna visita por obligación casi no paraba en casa como para tomar un descanso y relajarse conmigo viendo la tele.
— ¿Ni siquiera cuando eras pequeño?—insistió Bill.
—No lo recuerdo, la verdad—contestó suspirando Tom—Tenía una niñera que era también institutriz, y cuando no estaba ella Nora cuidaba de mi. Pasaba más tiempo en la cocina dibujando o viendo allí la tele que con mis padres.
Bill sentía mucho escuchar eso, unos padres que no tenían tiempo para dedicar a su único hijo. Era muy triste, la verdad.
Bajaron por las escaleras y Tom le enseñó los salones de los que le había hablado. Bill se fijó que ninguno tenía ningún adorno personal, todo estaba colocado como si de un reportaje fotográfico se tratara, de esos que veía en algunas revistas.
—Y por aquí se va a la biblioteca—explicó Tom abriendo 2 puertas correderas—Podemos bajar a estudiar aquí estos días, estaremos más cómodos y si necesitamos consultar algo pues…
Bill se quedó sin habla, era una biblioteca realmente enorme. Casi más que la que había en Hillerska. Había libros por todos lados bien colocados en las 3 de sus 4 paredes. En la que estaba libre una chimenea de piedra daba calor a la estancia, y ante ella había una alfombra de piel a los pies de 2 butacas que se veían cómodas.
Y en mitad de la estancia, una amplia mesa de madera maciza con 6 sillas bien colocadas.
No pudo reprimirse y fue a echar un vistazo a los libros, notando que eran actuales y algún que otro de coleccionista que no se atrevió a tocar.
—Mis padres son aficionados a la lectura—dijo Tom sonriendo.
—Se pasarán horas aquí metidos—murmuró Bill.
—La verdad es que no, cogen el libro que quieren leer y suben al salón privado que tienen en su habitación—explicó Tom—Cuando estudiaba en el otro instituto solía hacer los deberes aquí. Era quien más hacía uso de la biblioteca, pero desde que empecé en Hillerska creo que ya nadie pone un pie en ella.
Bill no lo entendía, tantas habitaciones en una casa que apenas se usaban.
Salieron de la biblioteca y Tom le llevó a la cocina. Nada más entrar en ella fueron recibidos por un agradable aroma. Nora estaba preparando la cena y como si fuera de lo más normal Tom se puso a su lado y arremangándose le echó una mano pelando patatas.
Bill no se quedó atrás, Nora le encargó que cortara tomates para la ensalada y se dispuso a ello. Mientras, escuchaba con atención como Nora le preguntaba a Tom por sus estudios y qué tal le iba la vida en Hillerska.
Bill sonrió al escuchar como conversaban, Nora era como una segunda madre para Tom y saltaba a la vista que entre ellos había mucho cariño.
Pasaron casi una hora ayudando en la cocina, hasta que Nora metió el asado en el horno y se dedicó a limpiar las encimera con la ayuda de sus dos pinches.
El sonido del teléfono les interrumpió la tarea, Robert se asomó para informarle a Tom que tenía una llamada. Tom les dejó a solas mientras la atendía en el teléfono que había en el vestíbulo.
— ¿Te apetece un vaso de limonada fría?—ofreció Nora con una amplia sonrisa—Recién hecha, a Tom le gusta tomarla aunque no estemos en verano.
Nora abrió la nevera y sacó una jarra, pero Bill negó con la cabeza.
—Estoy algo resfriado y debo cuidar mi voz—se disculpó.
—Entonces, un té de jengibre con miel—ofreció entonces Nora—Tomado 3 veces al día ayudará a bajar la irritación de la garganta. Te lo dejo preparado y así por la noche puedes tomarte otra taza antes de irte a la cama.
Bill se lo agradeció, viendo como le preparaba el té. Tomó una taza acompañado de unas galletas caseras. Nora se sentó a su lado y tomó otra taza de té.
—Thomas es muy afortunado de tenerte—dijo de repente Nora.
—Y yo de tenerle a él—dijo Bill con sinceridad.
—Lo ha pasado muy mal—le confesó Nora en voz baja—Yo le he criado como si fuera mi hijo, veía en sus ojos que no era feliz pero desde que fue a Hillerska y te conoció sus ojos tienen un brillo especial.
Bill no pudo evitar sonrojarse al escucharlo, se sentía muy halagado por las palabras de Nora. Se veía que quería mucho a Tom, y tanto tiempo cuidando de él normal que fuera de las primeras personas que notara que debatía una lucha interior sobre a quien amar, o si sus padres lo iban a aceptar.
Casi media hora después Tom regresó a la cocina disculpándose por la tardanza.
—Lo siento, David quería confirmar unos asuntos del viaje y al saber que estaba en casa aprovechó para ponerme al día de la empresa—explicó Tom sentándose al lado de Bill y cogiendo una galleta.
Nora se levantó al momento y le sirvió un vaso de limonada bien fría que Tom le agradeció con una sonrisa.
— ¿Quieres?—preguntó a Bill, viéndole negar con la cabeza.
—Debo cuidar mi voz, Nora me ha preparado un té delicioso para mi resfriado—explicó Bill.
— ¿Te sientes mal?—preguntó Tom preocupado.
—Es un simple resfriado sin importancia—contestó Bill—Pero mi voz se puede resentir y necesito cuidarla todo lo que pueda.
—También te iría bien un baño caliente con sales de eucalipto y jengibre—apuntó Nora abriendo un armario—Tengo un bote por aquí.
—A Nora le gusta mucho los remedios caseros—explicó Tom, como si no fuera obvio—Incluso tiene un pequeño huerto donde planta ella sus propias hierbas.
Nora encontró el bote y lo dejó sobre la mesa.
—Si no puedes tomar un baño, puedo prepararte unos vahos cuando quieras—apuntó Nora.
—Gracias Nora, lo tendremos en cuenta—contestó Tom por los dos.
Sacaría tiempo de donde fuera para que Bill pudiera tomar un baño que le ayudara con el resfriado, y él sería su acompañante.
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Subieron a cambiarse para la cena, faltaba casi media hora y tras dejar sobre el lavabo el bote que Nora le había dado Bill se esmeró en arreglarse. Se aplicó un leve maquillaje, no quería asustar al padre de Tom y que pensara que sus pintas no eran las adecuadas. Se dio brillo a los labios y cepilló su pelo.
En la habitación, Tom se cambiaba de ropa y cuando Bill entró en ella se lo encontró en bóxers ante el armario eligiendo camisa.
—Tom, no provoques—picó Bill carraspeando.
El aludido se volvió alzando una ceja, estaba quieto sin hacer nada. ¿Dónde veía Bill provocación alguna?
—Vamos, que te enfrías—dijo Bill entre risas.
Tom le devolvió la sonrisa y siguió con su tarea de buscar una camisa. Bill se puso a su lado y le ayudó pasando percha por percha hasta dar con una negra a juego con sus pantalones.
El también escogió ropa de ese color y se cambiaron los dos juntos, comprobando que podían estar en una habitación con una amplia cama medio desnudos sin que pasase nada.
Aunque no sería por falta de ganas…
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La cena transcurrió con normalidad, Bill pudo comprobar que Jörg se encontraba mucho mejor y les estuvo preguntando por los deberes que les habían mandando para esa semana que tenían de vacaciones.
—Espero que os organicéis para que os de tiempo a hacer los deberes además de disfrutar de las vacaciones—pidió Jörg mirando a su hijo.
—Estudiaremos por la mañana, hasta la hora de comer y así tendremos libres las tardes—explicó Tom a su padre.
—Ambos sacáis buenas notas, debéis manteneros así—comentó Jörg con normalidad.
Bill se le quedó mirando, no sabía que sus propias notas hubieran sido tema de conversación entre Tom y su padre. ¿Quizás habría sido informado por Nolan? Siendo quien era, se le daría muy bien obtener información a cambio de una generosa donación a Hillerska…
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Terminaron de cenar y los padres subieron a acostarse, querían salir pronto al día siguiente. A solas en la que era su habitación, Bill se desmaquillaba en el baño mientras que Tom se quitaba la ropa y por consideración a su invitado se puso para dormir solo un pantalón de pijama.
Entró en el baño y con toda naturalidad se dispuso a lavarse los dientes, observando a un silencioso Bill que se lavaba con rapidez las manos.
— ¿Estás bien?—preguntó sin poderse contener.
Bill asintió con la cabeza, estaba algo molesto pero no era plan de contagiar a Tom con sus inquietudes. No quería hablar sin tener la certeza de lo que estaba pensando, que su padre le había estado investigando para saber si era o no digno de su hijo.
— ¿Te molesta la garganta?—preguntó de nuevo Tom.
Bill suspiró al escucharle, le había dado un buen motivo para su estado.
—Un poco, Nora me dijo que me dejaría más té preparado—explicó Bill.
—Espera, que te lo subo—dijo Tom terminando de lavarse los dientes.
Se secó a una toalla y salió dejándole a solas de nuevo en el baño. Espero hasta que hubiera salido del todo de la habitación y entonces entró en ella. Se puso también su pijama y se iba a meter en la cama, pero se la quedó mirando alzando una ceja. ¿En que lado le gustaba dormir a Tom?
No tuvo que esperar mucho para comprobarlo, minutos después regresaba Tom con una bandeja en las manos. Aparte del té había subido unas galletas caseras, dejó la bandeja sobre una mesa y se volvió descubriendo a Bill mirando fijamente la cama.
— ¿No te atreves a meterte en ella?—preguntó esbozando una sonrisa.
—No sé en qué lado te gusta dormir—contestó Bill sonriendo con nerviosismo él también.
Tom se le acercó y le abrazó por la espalda, besándole en el cuello.
—Ahora mismo, me da exactamente igual siempre y cuando pueda tenerte dormido entre mis brazos—susurró contra su piel.
Bill suspiró al escucharle, al final le iba a tocar a él decidirlo.
—Vamos, tómate el té antes de que se enfríe—dijo Tom soltándole.
Bill así lo hizo, comiendo también un par de galletas. Mientras Tom abría la cama echando a un lado las sábanas y dejando sobre una butaca los cojines que la adornaban. Se metió en ella y se acomodó contra las almohadas, esperando impacientemente a que Bill se reuniera con él.
Y Bill lo sabía, se tomó el resto del té y tras secarse los labios con una servilleta se puso en pie. Caminó descalzo por la habitación llevando solo un fino pantalón de pijama blanco a rayas azules y una camiseta también blanca que le quedaba corta, dejando ver su cintura y parte de su tatuaje.
Tom no podía apartar los ojos de Bill, le veía caminar por la habitación con demasiada lentitud hasta que llegó a la cama y se sentó en ella. Se tomó su tiempo en dejar sobre la mesilla los anillos que le gustaba llevar cuando no estaban en Hillerska y también se quitó una cadena con un colgante en forma de cruz que se había puesto para la cena.
Entonces se metió en la cama y se giró. Se quedaron mirando en silencio, iba a ser la primera vez que compartieran cama en condiciones y estaban los dos muy nerviosos. Iban a pasar juntos su primera noche, pero ya habían quedado que no iba a pasar nada. No esa vez, pero al día siguiente…
— ¿Apagas la luz?—preguntó Bill con timidez.
Tom asintió con la cabeza y se volvió a hacer lo que le había pedido. Se quedaron a oscuras, pero no del todo. Las ventanas no tenían persianas, solo unas pesadas cortinas de terciopelo azul que estaban medio echadas. Gracias a eso se colaba la luz de la luna y podía verse sin dificultad alguna.
Se tumbaron los dos de costado, sin dejar de mirarse en la oscuridad ni de sonreírse. Tom fue el primero en moverse, llevó una mano a la mejilla de Bill y se la acarició con suavidad sintiéndole estremecerse bajo su contacto.
Se acercó más, bajando la mano por su costado perdiéndose bajo las sábanas. La dejó en su cintura y tiró de él atrayéndole hasta que sus labios se rozaron.
Podían besarse sin pasar de ahí, ambos lo estaban deseando pero sabía que aún no era el momento.
Siguieron besándose, dejando que sus manos recorrieran a su contrario. Como Tom, que llevó su mano más abajo hasta llegar a sus nalgas, que acarició con suavidad sobre la tela del pijama.
Bill sonrió y gimió contra sus labios, llevando él su mano hasta su desnudo pecho que acarició con sus largas uñas.
Tom gruñó al sentirlo, pero no dolor. Era muy placentero, y no pudo evitar echarse a reír interrumpiendo el beso.
—Me haces cosquillas—explicó entre risas.
Bill sonrió con picardía y siguió con sus caricias sintiéndole retorcerse y que la mano que acariciaba sus nalgas apretara con suavidad haciéndole soltar un pequeño grito.
—Será mejor que durmamos—dijo Bill dejando de torturarle—Quisiera levantarme pronto para despedir a tus padre, que no piense que se me han pegado las sábanas.
Tom asintió con la cabeza y tras darle un último beso se acomodó en la cama de tal manera que Bill se vio descansando entre sus brazos. Suspiró y cerrando los ojos se acomodó contra su pecho, escuchando su corazón latir con fuerza y sabiendo que era él quien lo provocaba…
Continuará…
Gracias por leer.
Gracias a ti por escribir!!! 👏👏👏👏
a ti por leer, me alegro mucho que te vaya gustando y si te animas a ver la serie Young Royals, no te defraudará