
Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed
Capítulo 20: Plan B, de Bill
(el mismo día que el anterior capítulo)
Bill
-¿Preparado para el mejor concierto de tu vida?
No sabría describir muy bien que sentía en esos momentos. Solamente un par de palabras como “cosquilleo”, “estómago”, e incluso “vértigo” eran las que me atrevería a mencionar. La falta de aire durante un instante también me hizo secuelas en la mente.
Y… Y me estaba empezado a poner nervioso de estas sensaciones tan horribles.
Vale, no eran horribles ni mucho menos, de hecho, algunas veces me hacían sonreír como un puto niño pequeño y sólo quería que el tiempo se detuviera por un instante, pero…
Pero yo no era así, joder. Jamás he sido así.
Mierda, había cambiado mucho en poco tiempo. ¿Desde cuando reacciono de esta manera?
Vale que esté enamorado, pero… ¿Alguien enamorado se siente de esta manera?
¿Cómo si el pecho le fuera a explotar cada dos por tres? ¿Cómo si la respiración se anulara para siempre en un solo instante, por un gesto tan pequeño? Me emocionaba a la mínima, y me entraban ganas de lanzarme a su cuello por algo inferior aún.
Pero es que no me siento bien después de un rato. Porque me estoy tornando débil y poca cosa. Como si todo lo que parezco ser, (maricón, flacucho, sin palabra ni voto, dependiente de alguien, sin fuerzas para levantar un folio de papel…), realmente lo fuera. ¡Y no es así!
Yo, hace un par de semanas era… Joder, hetero. Un hombre de arriba a bajo. Que bueno, no quiero decir que los gays no sean… Seamos… hombres. Pero el tópico de machomen de toda la vida, no se cierne al tópico de un gay.
Y esto me estaba poniendo de los nervios.
Yo era decidido, sabía qué quería, hablaba con propiedad, y no trabándome cada dos por tres, temblando o simplemente tartamudeando, y es que… ¡Yo iba seguro de mi mismo, con la cabeza bien alta!
Pero ahora… Me estaba pillando de un tío, bueno, mejor dicho, YA estaba pillado de un tío. Pero es que, si como mínimo este tío, fuera más afeminado que yo y pareciera una tía, pues aún…
¡Pero no!
Era un chico completamente heterosexual (o como mínimo hasta hace poco), con el cuerpo de un futbolista de élite, mujeriego (o eso me habían explicado Andreas y Mario, yo solo le había visto con una chica en estas dos semanas y media), y…
¡Y joder, que yo parecía la tía en esta relación! (Relación, relación, relación… Estoy con Tom en una relación… Aún me cuesta creerlo)
¡¿Veis?! ¡A esto me refiero! ¿Suspirando por que estoy con él? ¿Dónde se habrá visto? Es que de verdad, no sólo parezco la mujer, sino que me comporto como tal.
Me emocionaba por gilipolleces, o por ñoñerías… Y no debería. ¡Yo tendría que comportarme como un macho machote de los de verdad! ¡Cómo Tom! Sí sí… De esos con sonrisa de autosuficiencia, que escupen a un lado cuando están caminado o hablando contigo, como si tal, ¡Cómo si estuvieran marcando su territorio o algo!
Pero bueno, al fin i al cavo, detrás de todos estos pensamientos y de este “Bill el hetero”, estaba “Bill el tonto enamorado”, por llamarlo de alguna manera. El Bill al que le gustaba cogerse de la mano, aunque se tratara de un gesto demasiado cursi. El que le gustaba mirarle a los ojos y sonrojarse, el que siente su corazón salirse del pecho cuando roza ÉL sus dedos con los tuyos a propósito…Incluso me encantaba abrazarme a él bien fuerte, como si yo me tratara de poner a salvo entre sus brazos.
Mierda, de pensar en sus brazos ahora mismo, me han entrado ganas de dar un brinco y darle un beso en los labios.
¡Sólo hay que ver qué me ha dicho! ¡Un concierto privado! ¡Para mí! ¿Es o no es para tirarse encima suyo y dejarle sin respiración?
-Em… Claro. ¿Por qué no? – dije, algo indiferente, alzando los hombros y curvando los labios como quien no quiere la cosa, sobretodo para que no se me notara demasiado alterado frente a la situación.
Este me miró con una ceja alzada y después sonrió mientras asentía lentamente con cara de “este tío es tonto” y dijo:
-Vale, pues perfecto. ¡Andando! – mierda, mira qué mono. Parece incluso que esté emocionado.
Evidentemente, me puse a seguirle inmediatamente. Me pegué un poco a él, casi juntando nuestros brazos, que alguna vez se acababan tocando irremediablemente.
Sé, que no podía estar pensando en ser más masculino, y de repente comportarme de esta manera, pero.. La carne es débil, y la verdad es que hay momentos de flaqueza en los que, no sé porqué necesito su contacto, tocarlo, sentirlo, notar cómo su calor me alcanza aunque fuese de una manera tan efímera como la de un roce cualquiera, incluso indirectamente, con su camiseta y la mía, o su pantalón y el mío… Lo que fuera. Una camiseta con su contacto, suya, deél.
Algo que fuera él en algún sentido, y que después de ello significara que estoy tocando algo que me pertenece…
Porque ahora, Tom me pertenece por completo. Desde el momento en que me dijo de ser novios, en ese preciso instante, una cadena invisible nos ató a ambos, de una manera simbólica y totalmente estúpida, pero de lo que yo estaba totalmente enorgullecido.
Aunque Bueno… antes ya había estado con decenas de tías, algunas tan impresionantes como Dawn, y sin embargo jamás me había dado cuenta de una conexión como esta, y de esa necesidad de contacto.
Lo que sí es cierto, es que yo lo había notado por parte de ellas. Sí, recuerdo la sensación de aburrimiento que crecía en mí cada vez que notaba esa desesperación de contacto por parte de ellas. La pesadez de los actos acababa haciendo que por mi parte fuera hasta forzado. Buscando mi mano incontables veces, agarrándome los brazos, o directamente, me cogían de la cintura y me, prácticamente, obligaban a que las rodeara por los hombros. Pero antes de intervenir de esta manera, ellas me rozaban los dedos sutilmente (sí, algo así como lo que yo le hago a Tom…), y me intentaban lanzar indirectas para que fuera yo quién diese la iniciativa.
Pero…
Jamás funcionó. Bueno, mentira, con Dawn sí, pero porque yo ya he sabido que ella ha sido la única que me ha llegado a tocar la patata en un cierto grado.
El resto de chicas eran sexo, diversión, incluso una demostración de heterosexualidad frente al instituto/universidad, y em… ¿Sexo de nuevo? Pero bueno, no debería acordarme ahora de ellas, porque lo tenía ahora a él. Y es todo tan nuevo que… ¡¡Es emocionante y me siento tan vivo por todo lo que siento!! Ais Bill… Va a resultar que si eres un maricón de cuidado.
.
Pasó un rato en el que hablamos de todo un poco, como siempre, y cuando ya faltaba poco para llegar a su cabaña y despedirnos del aire libre, Tom me cogió de la mano, así por que sí. Me noté enseguida, como una sonrisa dulce, se me escapaba rebeldemente de la boca, sin poder evitarlo. ¿desde cuando Tom es tan así? ¿Está intentado imitar a unos novios de verdad?
No quise girarme y mirarle para que no se notara que me había sonrojado un poco y que estaba emocionado por ello.
Sin embargo, me sorprendí porque empezó a hablar.
-¿Sabes? – dijo – Ayer, que no nos vimos en todo el puñetero día – remarcó, por lo cual me volví a reír. Vaya, parece que estuvo ansioso por encontrarse conmigo… – vi a mi padre.
Yo me quedé un poco pillado por lo que acababa de decir. A ver, a mi me encanta y me parece perfecto que lo viera, que pasara lo que quisiera y tal, pero ¿y a mí que me contaba? O sea, a ver, ya me gustaría a mí tener un padre al que poder ver, pero… Es como si yo ahora le digo que mi madre me ha llamado al móvil. No es nada interesante de lo que hablar la verdad. Pero bueno, yo por no cortarle el rollo le pregunté.
-Anda… ¿y que te dijo? – “me interesé”. Esperaba no haber sonado demasiado falso o algo por el estilo. Me apretó fuerte la mano y después me acarició con el pulgar. Me pareció de lo más tierno, pero de lo más fuera de contexto posible, ¿me habla de su padre y me acaricia? Más tarde lo entendí.
-Me preguntó por ti. Pero fue algo exagerado. – mencionó. Algo serio.
Me sorprendí muchísimo y lo miré de golpe, con los ojos como platos.
-¡Qué dices! ¿Enserio? – salté – ¿Y qué le dijiste tú? ¿Qué te preguntó? – Joder, ¡qué fuerte! No podía ser que nos hubieran pillado ya. Oh vamos, que hoy hacíamos tres días, no tres semanas, ni nada por el estilo.
-Pues… de todo. Que cómo nos llevábamos, que nos vemos mucho, que siempre estoy contigo, que te miro demasiado… – creo que me subió la sangre a las mejillas por eso último.
-Bueno es que… Somos muy buenos amigos – bromeé, y le guiñé un ojo.
-¿Si, no? – rió – No a ver… Me machacó mucho con el tema y… Mierda, creo que algo notó. Bueno, es que lo nota él solo por como nos comportamos supongo. Admite que siempre nos buscamos el uno al otro…
-Sí… Cierto – admití, no demasiado orgulloso de ello. Vaya, ¿tanto se nota cómo le beso el culo con los ojos a todas horas?
-Tío, mi viejo estaba muy raro… Como demasiado interesado y ¿asustado? Joder, no sé.
-¿Pero se lo dijiste? – casi chillé, alarmado de cojones.
-¡No, no! Claro que no. – sentenció – Pero estoy seguro de que algo se huele… Y mierda, no creo que se piense que somos precisamente colegas. Como mínimo nuestro comportamiento no lo es algunas veces… ¿Y si nos ha visto alguna vez? – se le notó algo preocupado.
-¿Crees que se podría enfadar mucho o algo? Quiero decir, no todos los padres sueñan precisamente en tener un hijo que tenga novio – creo que notó el hecho de que no quise mencionar la palabra “gay”. Si yo mismo me negaba a serlo, teniéndole como novio, no iba a decir lo contrario de él, claro…
-Hombre, a mí me la suda mucho lo que piense, es mi puta vida y hago lo que me sale de los cojones con ella, pero… Sí, lo mismo se enfada o se desilusiona y… Me llevo bastante bien con él, y me jodería que se llevara un chasco o algo. Tenemos nuestros momentos pero, es mi padre, ya sabes…
Lo cierto es que esas palabras me llegaron bastante hondo. Él tenía padre, y yo me moría de envidia. Lo cierto es que era guay su padre, pero me asustaba pensar que podría decepcionarse por algo así… Debería aceptarlo ¿no? Al fin y al cabo es su hijo, y le ha de querer pase lo que pase…
Aunque bueno, mi madre no se escapa mucho de ese perfil un tanto clásico por así llamarlo.
.
No volvimos a hablar del tema y cuando estábamos apunto de llegar a su cabaña, que de hecho, Tom ya estaba sacando sus llaves del pantalón, oímos un murmuro, como si alguien estuviera cerca de nosotros.
Entonces ambos retiramos la mano del otro.
Al instante.
Nos miramos algo sorprendidos y avergonzados y finalmente nos paramos en medio del camino.
Las voces dejaron de sonar y ambos miramos al suelo, sin saber bien bien qué decir.
¡Nos habíamos negado claramente el uno al otro! ¡Y sin pensarlo siquiera! Simplemente, por pensar que nos podrían ver dados de la mano… Y aquello había despertado un instinto de repelo increíble.Aquello dio qué pensar y ambos llegamos a la misma conclusión.
-Bueno, por lo que parece ninguno de los dos está demasiado entusiasmado en ir proclamando la buena nueva. – soltó Tom.
-Ya, de hecho… Creo que aún no nos hemos besado en público, ¿cierto?
-Cierto.
-No es que no quiera que se sepa, es sólo que ya sabes toda la posible burla que pueda haber detrás. Paso de que me llamen maricón. – dije con la voz algo triste.
-Sí… de que nos pongan etiquetas o algo por el estilo. – Tom dijo estas palabras bastante más nervioso que molesto por la situación, estaba claro que a él le había ido demasiado bien en el instituto y esto era algo nuevo y desde luego desagradable.
Vaya, estábamos los dos de acuerdo en algo… ¡Increíble! Continuamos hacia delante, como si nada hubiera pasado, pero seguimos hablando de ello.
-Entonces… Mejor lo dejamos en secreto una temporada, ¿no? – de nuevo fue mi rastas el que habló, haciendo hincapié en el tema de la clandestinidad.
-Sí, estoy de acuerdo.
-¿Se lo explicarás a la pelirroja…? – me cuestionó, sacando a la luz el tema de los mejores amigos. Ese era un tema aparte del resto del campamento.
-Ash… – dije, cansado de que no le llamaran por su nombre – Pues, supongo que sí… Algún día de estos. Bueno, no estoy muy seguro. ¿Tú se lo explicarás a Mario y Andreas?
-Supongo… ¡No lo sé! Tengo miedo de saber qué van a pensar. Y mira que son gays, eh… Pero es que tengo una reputación con ellos…
-Pero son tus mejores amigos… No seas tonto.
-A ver, ¿te digo lo mismo de Ashley? – me retó.
-Bueno… Tienes razón… ¿Lo dejamos en secreto completamente, no? – pregunté, cansado de tanto rodeo. Estaba claro que ninguno quería ir paseándose como la pareja feliz que de momento no éramos, y mucho menos liberal.
-Sí, será mejor que sí. – yo simplemente le sonreí ampliamente.
.
Tom estaba delante de mí, con la guitarra entre sus piernas, las cuales estaban sentadas en forma de indio, y ambos estábamos encima de la cama. Yo le observaba embobado y él me sonreía cuando me miraba. Le había hecho prometer que me cantaría al menos una canción de las que hace con su grupo, y él finalmente había aceptado.
Tenía delante suyo la letra de una canción llamada “Reden”, y era bastante gracioso verle parar y advertirme “Aquí, el tono de voz es mucho más alto, pero yo no llego a tanto…” y seguir como si no hubiera pasado nada.
Me gustó muchísimo el concierto privado que me había hecho y me hizo mucha gracia oírle cantar. Sobre todo el estribillo de la canción, con esa voz tan grabe que tenía y lo fina que debería de ser en realidad la voz de Erika, la cantante del grupo.
-Bill, prueba de cantarla tú. Va, la ensayamos un poco ahora y después la acabamos cantando entera. Es muy fácil, ya puedes ver tú mismo que se repite mucho.
-¿Qué? – dije alarmado. -¡¿Estás flipando?! No no no… Que me saldrá muy mal. Y deshonraré la canción o haré algo ridículo, y joder, que ya sabes que me pongo muy nervioso con todo esto de cantar en publico y actuar y… Oh dios, Tom, piensa antes de hablar.
Este rodó los ojos.
-Qué va, no seas tonto hombre.
-¿Y si componemos una nosotros dos? Yo pongo la letra y tú la música. – salté algo emocionado. La verdad es que sería precioso poder hacer una canción entre los dos.
…
¡¡Marica Bill, eres un marica!!
…
Bah, y orgulloso. A la mierda con todo, hostia.
-¿Quieres componer algo? ¿De verdad? – se extrañó éste, pero estaba algo animado y todo. – Si tu sacas letra, yo le saco música. Te lo prometo.
De pronto, algo me asaltó a la cabeza.
-Bueno… bueno ya que ayer no nos vimos decidí empezar una canción que está a medias, creo que hasta te eché de menos… -mierda, no se lo iba a contar, qué vergüenza. Tom sonrió triunfante y se tocó el piercing de la boca con la lengua. Oh… – el caso es que, la tengo a la mitad, y me he quedado en blanco con el estribillo. Si quieres me ayudas un poco y mientras le sacas la melodía al principio, yo pienso en el resto.
-¡Sí! ¡Claro! – saltó este, alegre. – Pero… ¿hay que ir a buscar la letra a tu cabaña?
-¿Eh? Ah, nono… me la he aprendido de memoria, llevo todo el día tarareándola y buscando algo con lo que acabar el puto estribillo. -me quejé.
-Va, cántamela, y escríbela en un papel después para que yo tenga la letra delante. – dijo como si nada. Mierda, que tengo pánico escénico.
-Tom… Yo… me pongo nervioso, y lo sabes, joder… – este levantó la vista de su guitarra, ya que la estaba poniendo con cuidado, a un lado suyo.
-Oh vamos Bill, no deberías tener vergüenza, y menos cuando sólo hay una persona, ¡que soy yo! Respira hondo y simplemente canta. ¿Has visto como yo he tocado la guitarra sin estar nervioso? Pues haz lo mismo… Libérate de ese miedo.
Le hice caso y respiré bien hondo, casi tanto que creo que un poco más y me pongo a toser.
-Vale, ahí va… – cerré los ojos, y me imaginé solo en la habitación de mi casa, con la ventana abierta, con el sol apunto de ponerse, los colores anaranjados y con una brisa aireándome el pelo – In mir… wird es langsam kalt… wie lang könn wir beide hier noch sein.. Bleib hier, die shatten wölln mir höln, Doch wennwir gehn wir nur su Zweit… Du bist, alles was ich bin, und alles was durch meine Adern fliesst. Immer werden wir uns tragen Egal wohin wir fahrn egal wie trief… Ich will da nicht allein sein, lass uns gemeinsam… – y ahí me quedé. ¡Oh, todo el día buscando algo que rime y que quede bien, y no había manera!
-Eh… Me encanta – dijo, después de haber restado embobado todo este tiempo.
-Sí bueno… Pero me he encallado ahí. No se qué coño poner ahí en medio.
-A ver, repite eso último… – dejó de mirarme y puso la cara de lado, poniendo una de sus orejas lo más próxima a mí, como si ello le diera inspiración o algo.
Carraspeé la garganta y finalmente, canté.
-Ich will da nicht allein sein, lass uns gemeinsam… – y ahí puse cara de dolor, ¡Era como esas personas, que entonan mal una frase, y parece que las vayan a seguir, y sin embargo se quedan ahí! Te quedas media hora expectante a que continúe, ¡y no lo hacen! Pues esto era lo mismo.
-Lass uns gemeinsam… In die Nacht. – finalizó Tom, que miraba al infinito, con una pequeña sonrisa en el rostro – Joder, me siento gilipollas metiendo la noche en cada contexto, ¡pero es que esta vez, rimaba y todo! – se excusó.
Yo me había quedado embobado, flipando con lo que acababa de decir, ¡había acabado con mi tormento en un instante! ¡Y así de fácil!
-¡No, no! ¡Me encanta! -cité lo mismo que me había dicho él antes – Es perfecto… Es… Sencillamente perfecto.
Y a partir de aquí, la tarde se fue tejiendo en notas musicales, y en solos de guitarra que ponían el bello de punta. Afinábamos partes de la letra o cambiábamos tonos de voz para que todo concordara mejor.
-Tom… – le llamé. Este estaba ocupado apuntando un par de notas sobre el papel dónde teníamos escrita la letra y después me miró, algo sorprendido. – Que… Me encanta estar contigo, me encanta todo esto, y me… Me encantas tú.
Mi novio apartó la guitarra de entre medio de ambos y me aproximó a él. Me besó de tal manera que no dejé de sentir esas mariposas recorrer mi estómago en ningún momento. Le rodeé tan fuerte que sentí todos sus músculos en mis brazos y en mi toso, y finalmente, tras separarnos, pegó su frente con la mía.
-Tú sí que me encantas.
Mario
Serían las nueve de la noche, y Andy y yo deberíamos estar yendo ya hacia el comedor. Habíamos estado un rato largo en el lago, observando a un par de amigos y amigas que también se estaban bañando. Aparte de ellos, no había nadie más, y se respiraba tranquilidad por todas partes.
Andy seguía en el agua mientras yo le observaba, en mi toalla, con las piernas encogidas y los brazos rodeándolas.Me deshacía en suspiros mientras le veía jugar él solo con el agua. Esta le llegaba por la cintura, ya que por esta zona, había un desnivel, como una especie de gran escalón, y claro, la mitad de niños ya empezaban a bucear, y los adultos, caminaban con dificultades. Estaba guapo de todas las maneras, y ahora estaba increíble con el cuerpo que le sobresalía del agua, lleno de gotas y con el pelo, chorreante. Se zambullía cada dos por tres, se iba de aquí para allí, y alguna vez salía del agua para tirarme agua con los dedos.
Y parecía que quería repetir el momento.
Lo vi mirarme un instante, y en cuanto notó que no le retiraba la mirada, sonrió de lado y se zambulló dentro del agua. Salió a la superficie justo en el momento del desnivel, y sacó todo el cuerpo.Andy llevaba un rato intentando meterme en el agua, pero yo ya había tenido suficiente, y ahora ya empezaba a hacer un poco de frío. Apenas quedaría medía hora de la luz tenue que alumbraba el sol, y yo ya me había bañado hacía rato.
Así que, por mucho que insistiera en decirme que me metiera, yo le negaba en rotundo. Pero entonces… le vi, acercándose rápidamente, con los mofletes inflados y chorreando por todas partes. Enseguida me levanté, huyendo.
-¡No, Andy! ¡Ni se te ocurra! – el muy capullo llevaba la boca llena de agua ¡y pensaba tirármela encima a la mínima que pudiese!
Me lanzó la mitad en cuanto mi vio un poco cerca, y con un poco de suerte, conseguí esquivarle. No sin antes, notar un poco en el brazo. Enseguida se me puso la piel de gallina.
¡Estaba muy fría!
-¡Aaah! ¡Andy joder, no seas así! ¡Sabes que no quiero meterme en el agua! – le dije cuando ya no supe dónde esconderme. Andy estaba ya a medio metro y solo supe encogerme en mi mismo, casi como un ovillo en el suelo y cubrirme la cabeza con los brazos. Pero de nada me sirvió, ya que Andy me rodeó y me puso de pie. Me abrazó fuerte y me puso pecho contra espalda, sintiendo en mi nuca su respiración. Me había empapado totalmente, y sentía que me estaba congelando por momentos. Apreté fuerte la mandíbula aunque evidentemente no me sirvió de nada, el frío aún estaba ahí y no iba a poder cambiarlo.
-Eres un capullo integral.
Pero algo me tenía aún en tensión. El agua que retenía aún en su boca y por el cual no podía replicar a mis insultos. De pronto me puse estático y con los ojos abiertísimos. Había colocado su boca bajo el lóbulo de mi oreja, justamente detrás y me pasó los labios húmedos.
No se si lo que quería era excitarme, pero desde luego no lo consiguió. De hecho, sentí un escalofrío y la piel se me puso de gallina de nuevo, en un instante.
Lentamente soltó el agua de su boca y esta descendió por mi cuello con cuidado, pasando por mis hombros y perdiéndose en diferentes direcciones. Una de ellas fue por el pecho, dónde Andy colocó sus manos y apretó, haciendo que el agua se deslizara entre sus dedos.
Y eso… eso si que me puso mucho. Creo que notó perfectamente, como se me endurecían los pezones… Aunque no hizo ninguna mención.
Finalmente, soltó todo el agua para finalmente darme un pequeño beso tras la oreja.
-Vámonos al agua… La peor parte ya la has pasado… – me susurró. Y mientras, se movía en dirección a la orilla, a paso lento pero seguro, teniéndome en una nube.
-Esto no es justo… – dije rindiéndome totalmente. Puse mis manos sobre las suyas y este me las estrechó. Las separó de mi pecho y me volvió a rodear la cintura, entrecruzando los brazos. – Pero sólo cinco minutos. Que ya es tarde, y hay que ir a cenar…
-¿Qué mejor que un chapuzón antes de comer algo? – se rió este tras de mí.
-Sí claro. – dije irónicamente.
Al poco rato ya tenía el agua a un paso, que no tardé en dar. El agua me rozó los dedos y volví a sentir deseos de correr. ¡Mierda, ya me había acostumbrado a Andy, ahora él estaba caliente, y esto esta muy frío!
-Tío, ¡está helada!
-Qué va… Tú piensa que es psicológico y listo. – rió.
Andy me soltó y se puso a mi lado, cogiéndome de la mano e incitándome a seguir avanzando poco a poco. Yo le hacía caso muy a mi pesar, y finalmente tuve el agua por los tobillos. Me acostumbré rápido.
Pero de golpe, Andy pegó un tirón de mí y me cogió en brazos. Saltó hacía delante y ambos caímos en la zona de desnivel, que al no ser demasiado profunda, nos cubrió enteros, pero topamos de culo contra el suelo.
Enseguida me espabilé y salí a la superficie, encontrándome que el agua ya me cubría por encima del ombligo.
-¡¡AANDYY!! ¡TE JURO QUE TE MATO! – chillé histérico.
Este me miraba más sonriente que nadie en este mundo y pronto se me abalanzó encima para besarme fuertemente. Sin lenguas. Simplemente haciendo una larga unión de nuestros labios.
Me quedé estático, simplemente, no me lo esperaba. Vale, que era de gilipollas no pensar que pasaría algo así, pero simplemente, ¡no tan rápido! No me había dado tiempo a acostumbrarme, hostias.
Me pasó las manos por la espalda y por la cintura enérgicamente, mientras que separaba y juntaba nuestras bocas a cada segundo.Finalmente me estrechó un poco el culo y luego me apartó todo el pelo que tenía en la cara. Apenas pude mirarle bien ya que tenía prácticamente los ojos tapados.
-Qué escandaloso eres… – sonrió. Y entonces cortó todo el romanticismo. De tal manera que inflé los mofletes y le pegué débilmente, en la cara, sin querer hacerle demasiado daño.
-¡Me has atacado a traición!
-Oh vamos, a tu paso habríamos tardado mil años… Y lo sabes. – sentenció, haciendo que no pudiera siquiera replicar. Vale, tenía razón…
Negué con la cabeza, sonriente y me alejé un poco de él. Poco a poco me fui encogiendo de piernas y metiéndome en el agua con una cara de dolor en el rostro bastante notoria. Finalmente, me puse de rodillas en la tierra del fondo y sólo sobresalía la mitad de mi cuello. Como mínimo, que el aire no me congelara del todo.
Andy se unió a mí y acabó en mi nivel. A él le sobresalían los hombros.
Le miré, sonriente de lado y acabé tiritando sin querer.
Me abracé a él y nos quedamos un instante así. Sin decir nada, porque hay veces en los que no hace falta decir absolutamente nada, ¿para qué? ¿Para secundar aquello que ya se sabe? Te quiero, diríamos los dos. Pero es algo que es tan jodidamente evidente…
Me pregunto porque las personas que se corresponden, no son capaces de decirlo… ¡Bueno, realmente, con mirarse, es algo que ya se sabe! ¿Porqué huir si sabes que te van a corresponder?
Esto es algo… Que me hizo recordar un caso un tanto cercano.
-Andy…
-¿Hum?
Tanteé un segundo con el silencio, mientras que con mi dedo la dibujaba corazoncitos en el pecho. Estaba buscando las palabras correctas antes de hablar.
-¿Tú también crees que hay algo entre ellos? – creo que no hacía falta ni decir de quiénes estábamos hablando. Nuestro mejor amigo rastafari, se había hecho muy colega del chico moreno de pelo largo. Bill perdía el culo por Tom, seguro. Y creo que Andy también opinaba igual.
-… – primero compartió mi estilo, alargándose con un silencio – Pues la verdad es que sí… – contestó finalmente. – Sobretodo se le nota a Bill. Que aunque no hubiera nada entre ellos dos, se le ve a dos horas, que se está enamorando de Tom.
-Cierto. Desde el primer día que a ese chico se le ve mucho que le gusta. – recordaba perfectamente el día de la foto, en donde más o menos nos compinchamos para que se hicieran aquella foto, o dónde le enseñé aquella en la que Tom salía sin camiseta. Qué cara puso, madre mía. – Lo que no entiendo, es por qué nos ocultó que es gay. Oh vamos, está muy pillado de Tom.
Andy asintió, secundando mis palabras, y finalmente dijo algo.
-Lo mismo, se está dando cuenta ahora, Mario. Quién sabe, lo mismo hasta que no se ha encontrado con el chico adecuado, no ha sabido darse cuenta. Aunque bueno…
-Adivino lo que vas a decir; tiene unas pintas de gay que no se le aguantan, ¿cierto? – le leí el pensamiento. A primera respuesta, éste se rió e hizo que el agua se moviera, creando diminutas hondas a nuestro alrededor.
-Exacto. – un nuevo silencio se cernió en el ambiente. – ¿Y tú qué piensas sobre Tom? – aventuró a preguntar.
Bufé fuertemente ante la pregunta. Realmente no lo tenía muy claro.
-Si te soy sincero… No lo sé. Pero realmente, me gustaría pensar que sí. Que sí hay algo entre ellos. Tom necesita una lección en esta vida, y enamorarse sería un gran paso. Lleva demasiado tiempo como rey de las nenas, y verse vulnerable ante un tío sería realmente un golpe bajo, que le daría un par de lecciones. Quizás si se siente como una de esas nenas, aprenda a tratarlas un poco mejor.
-Pero yo ya no hablo de que estén juntos, si no de que si a Tom le gusta.
-Ah… Bueno. Sí, creo que sí. Se comporta muy raro, siempre lo mira a todas horas, sobretodo en el comedor, o cuando estamos por ahí, siempre lo está buscando por todas las esquinas. Él se cree que no sabemos que a quién busca es a Bill, pero está claro que sí. A más, jamás había hecho tantas migas con un chico después de nosotros. ¡Y cuando se encuentran, parece que se embobe con él!
-Jaja, ¡ya ves! ¡Se queda como tonto! – ambos recordamos esa cara de lelo que pone cuando lo ve aparecer por el comedor, un poco más tarde que el resto del campamento. Y como sonríe cuando Bill pasa con la bandeja, recogiendo su comida.
-Entonces… Si uno está enamorado del otro… ¡Seguro que algún roce han tenido! Por que vamos, Bill está pillado hasta los huesos, y el otro está en proceso… – salté emocionado. Dando un pequeño brinco en el agua, que mojó a Andy. Este se quejó con una mueca de dolor. Le miré con cara de “te lo debía”. Pero parece que no hizo mucho caso.
-Buah, Tom liado con un tío… Da morbo, ¿eh? – confesó.
-Ya ves… – y yo no me quedé corto – a más, ¡con ese bombón! ¿Has visto a Bill? ¡Madre del amor hermoso, qué bueno está, joder!
-Mario, no me hables en español que no me entero, coño. Hasta septiembre no empiezo las clases de nuevo y ahora en vacaciones, estoy desconectado totalmente. – Le saqué la lengua aún sonriente, me encantaba que Andy gastara algo de su tiempo intentando aprender castellano. ¡Es tan mono! ¡Y sólo por mí!
-Ais…Te quiero.
–Yo también mi amogr…– pobrecillo, la fonética no es lo suyo. En fin, enseguida cambié la expresión de la cara.
-Bueno, no nos desviemos del tema, tío. Entonces, ¡hay que hacer lo que sea para juntarlos, Andy! No podemos dejar que se queden así como así.
-Cierto.
-Aunque… bueno. Lo mismo ya están juntos… Quién sabe.
-¿Juntos? No creo, nos lo habría dicho, ¿no? – soltó, algo confuso – somos sus mejores amigos… – entonces su voz se entristeció, como si el hecho de que nos lo estuvieran ocultando, fuese algo que quebrantara nuestra amistad.
-No sé yo eh, cari… Lo mismo es demasiado orgulloso para admitirlo, sobre todo a nosotros, que somos quienes más le conocemos, y jamás habríamos imaginado algo por el estilo… O lo mismo, no lo tiene ni siquiera, muy claro y prefiere esperarse, o… O quizás le da vergüenza. – barajé muchas posibilidades.
-¿Vergüenza? ¿De nosotros? ¡pero si somos nosotros los maricones! – sentenció de golpe.
-Tsk, qué basto eres hijo – le regañé. Se rió. – Bueno, pero… ¿Recuerdas lo que nos costó decírselo nosotros a él? Teníamos mucho miedo de que nos juzgara y nos diera de lado, ¿cierto? – le recordé. Andy puso mala cara, como si aquel recuerdo le doliera.
-Cierto pero… Es porque Tom, en aquel entonces, era demasiado machista y teníamos miedo de que realmente, fuera homofóbico o algo… Pero es que, joder, en este caso, como acabo de decir, ¡nosotros mismo somos gays!
-Pero igualmente, salir del armario, es algo chungo. Confesar que te gusta un chico, ya no solo a ti mismo, sino al resto de personas, por muy mejores amigos que sean, es algo difícil…
-Bueno, supongo que tienes razón…. – admitió finalmente. Le miré sonriente y le abracé fuerte de nuevo.
-Bueno, entonces mejor no intervenir. Podríamos liarla más, y hacer que Tom se enfade con nosotros… Necesitará tiempo, seguro, y claro que, estaremos ahí para cuando necesite explicarlo. Pero hasta entonces, nos encargaremos sólo de observar el asunto.
Andy no contestó. De hecho, creo que tenía algo en la garganta que deseaba salir, pero no era capaz. Finalmente, lo soltó.
-Bueno, a Tom no le decimos, nada. Pero tú, que te estas empezando a llevar muy bien con Bill, ¡le sonsacas si hay algo! A él no le debemos ninguna larga amistad para respetar ese “tiempo que necesite” para aclarar su identidad sexual. Así que, con la excusa de que estamos preocupados por Tom, se lo sonsacas.
Me quedé con la boca abierta, observándole.
-¡Pero Andy! ¡Eso es cargarse el plan de antes! ¿Dónde esta el hecho de no intervenir y observar las circunstancias? – me miró en silencio. Y yo… Débil como yo solo, sonreí de lado. – Esta bien, saldrá mi lado maruja y cotilla en todo este asunto.
-Hoy mismo.
-¿Hoy mismo?
-Sí, con la excusa de que queremos dormir otra vez en la cama de Tom, solos – creo que me subió la sangre a las mejillas y me ruboricé como nunca – yo hablo con él a solas, para que no sea demasiado evidente, y tú hablas con Bill.
-¿Hoy aremos cosas feas…? – me desvié totalmente del tema, pero es que en cuanto escuché “en la cama de Tom, solos”, el resto de cosas ya no tenían sentido ni contexto. Bajé la mano y le apreté la entrepierna
Este pegó un bote y después, retirando con cuidado esa mano, sonrió de lado.
-Va nene, ahora no, que estamos maquinando un plan maestro… – se le habían subido los colores a la cara y era difícil tomarle enserio. Pero después de un par de segundos, me alejé de él.
-Esta bien, genial. Hagámoslo. Tú te llevas a Tom hacia un lado para preguntarle privadamente sobre lo de dormir en su cama otra vez, y yo de paso le pregunto a Bill, si tienen algo…
Este sonrió con malicia y después sacó la lengua, divertido. Realmente no deberíamos estar haciendo esto, porque es violar la intimidad de la gente pero… ¡Qué le den al mundo! Los gays somos marujas de nacimiento, ¿no? Pues a acarrear responsabilidades. No podemos deshonrar a los nuestros.
-Bueno, vamos saliendo ya, que deben ser pasadas y media… Tendríamos que estar llegando al comedor. – me dijo mi rubio, saliendo del agua, prácticamente negra ya. El sol ya apenas dejaba entrever algo de naranja entre las montañas.
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Estábamos cerca del comedor, de hecho, a lo lejos ya veíamos los tres edificios importantes, junto con el comedor, estaban la sala de oficinas, y después el edificio de los profesores, y todos los servicios, como las cocineras, etc.… Creo que él único que tenía cabaña era el pringado de Tom.Avanzamos con lentitud, ambos estábamos cansados y yo tenía algo de sueño. Íbamos agarrados de la cintura y yo cada vez me apoyaba más en él.
Cada uno llevaba su bolsa en la mano, con la toalla, y todo lo necesario, y yo empezaba a sentir que la mía se caía. Mierda tio, me estoy sobando.
-Mario, imagínate… – empezó Andy. – Que Tom… Es gay. – sentí como si algo me golpeara de golpe. No me esperaba para nada que dijera eso. O sea, me había quedado en shock. Claro, detrás de todo este asunto, se llega a la conclusión, de que Tom es gay. En otras palabras, que le puede gustar cualquier otro chico de su alrededor, incluso alguno de nosotros… Creo que me iba a explotar la cabeza. Sentí como si de pronto me hubieran tirado un cubo de agua fría, y me hubieran levantado.
-Hostia, pues ahora que lo dices… – me había incorporado y ahora simplemente avanzábamos, lentamente, mirándonos con cara de pasmados.
Andy se empezó a reír.
-Dios, te imaginas a Tom diciendo “Tíos, mirad que bueno está ese” – me empecé a reír con él escandalosamente. ¡Sería demasiado imposible verle decir eso! Sonaría demasiado raro.
-Hombre, la verdad es que no se si es gay… lo mismo, lo único que le pasa es que se ha enamorado de Bill, o bueno, simplemente le gusta, no sé. Pero quizás, ahora se lo pone delante sin ropa, y le da un gatillazo o algo por el estilo… Aun que, no estoy muy seguro. Lo mismo es bisexual de golpe…
-¿Crees que solo se ha enamorado de Bill como persona? – intuyó Andy.
-Sí, ¿porqué no? Tom está tan acostumbrado a las tías y a sus curvas que dudo mucho que se fijara en Bill por el físico. Quizás por lo guapo que puede ser, pero solo porque parece una muñequita de porcelana. Pero no por otra cosa… A Tom, le gusta Bill por como es, no por… Bueno, por el físico, el exterior… lo que sea.
-A lo mejor…
-Yo soy un claro ejemplo, tío. – Andy alzó la ceja – Yo tengo clarísimo que me ponen las pollas. Pero sin embargo me enamoré mucho de Victoria. ¿Te acuerdas? – Andy frunció el entrecejo esta vez. Se quedó pensando y finalmente puso cara de sorpresa.
-¡Ah sí! Aquella chica de tu casa de Lima. Que la conociste el verano que te fuiste de vacaciones un mes entero. Sí, el verano antes de empezar a salir tu y yo.
Sonreí ampliamente, ¡madre mía, qué bien se acuerda de todo!
-Exacto. Estuve muy pillado de ella. Y tiene tetas y coño, ¿sabes? O sea, nada que ver contigo, ni con las pollas. Pero no sé…
Y justo Andy abrió la puerta del comedor. Madre mía, entre una cosa y la otra ya habíamos llegado y yo sin darme cuenta. El tema quedó por zanjado y enseguida buscamos a nuestro amigo con la mirada. Y no hablábamos de Tom. No, si queríamos que el plan funcionara, teníamos que sentarnos a solas con Bill, y que entonces, Tom, al ver que no estábamos con él en la mesa de profesores, se acercara a nosotros y se quedase en nuestra mesa.
Lo importante sobre todo, era que la pelirroja no estuviera con Bill. Por que nosotros no sabíamos si se lo había explicado a ella o no, pero para no cometer errores, preferíamos que solo estuviera Bill. Y sí, gracias al cielo, encontramos a Bill, aún solo en la barra, cogiendo la bandeja para que le pusieran la comida.
Corrimos y nos pusimos a su altura. De pié, avanzando con lentitud, mientras nos íbamos poniendo los platos, las servilletas, los cubiertos, los vasos… Etc.
-¡Bill! – grité a su lado.
Éste pegó un bote y me miró sorprendido. No se lo esperaba, claro. Pero en cuanto puso su mirada en mí, sonrió ampliamente.
-¡Mario! ¿Qué tal estás? – dijo, alegre como él solo. Pero se le cambió la cara en cuanto se cercioró lo que la señora de la comida le había echado en el primer plato. Era algo… ¿verde? ¿Era eso de color verde exactamente? – Arg… – dijo bajito, mientras seguía arrastrando la bandeja por las barras de metal y se ponía enfrente de otra cocinera.
-Bien bien, aquí. ¿Te importa que nos sentemos contigo? – primera fase del plan.
-¿Eh? – el pobre se había quedado mirando aún la cosa de color indefinido mientras que en el otro plato, le iban poniendo carne con patatas. Esto le alegró bastante. – ¡No, claro que no! ¡Veníos! Me ha llamado Ash, que estaba enferma, así que comería solo… – ¿Ash?
-¿La pelirroja?
-Ahá. – contestó. ¡Vaya, perfecto! Más redondo no podía salir el plan. Esto se iba poniendo interesante. – pero… ¿Y Tom? ¿Lo vais ha dejar solo a él? – dijo algo confuso. Oh, qué mono. Se preocupa por su nene.
-No, claro que no. Es psicología. Ya verás, en cuanto vea que estamos contigo, se vendrá. Seguro. Ya verás, ahora, mientras pases por delante de la mesa de profesores, salúdale como quien no quiere la cosa, que nosotros haremos lo mismo. En medio minuto se sentará a nuestro lado.
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-Mmm… Tom. Me gustaría decirte algo.
Segunda parte del plan. Andy empezaba a decir que tenían que ausentarse un momento, e iba poco a poco, como es debido.
Evidentemente, Tom, en cuanto notó que no nos sentábamos con él, se cogió su bandeja de comida y se puso a nuestro lado, sentándose con una sonrisa radiante en la boca. ¿Quizás porque veía que tenía una excusa para comer con su supuesto amado sin que se viera evidente que quería estar con él?
Vimos como primero miraba a Bill, feliz como él solo, y cómo este, se sonrojaba levemente. Después, se puso serio, negó, con la cabeza medio disimuladamente y miró a Tom, le saludó con un levantamiento de cejas a lo: “What‘s up, man?”, y después volvió a su plato. ¿Y este comportamiento? Parece que Bill se quiera hacer el interesante… Tom simplemente, sonrió de lado.
Estuvimos comiendo y hablando de todo un poco y finalmente, después de hacer mil señas a Andy, con el tenedor, con la cuchara y dándole patadas por debajo de la mesa, se decidió a hablar. ¡Estaba claro, que si él no se llevaba a Tom, yo no podía hablar con Bill!
-Claro tío, dispara – contestó este, mientras se quitaba algo de Kétchup que tenía en la boca.
-No bueno… Es que… – le di otra patada por debajo de la mesa – ¡Hm! Bueno, es que tendría que ser en privado… Ya sabes.
Tom lo miró desconfiado, con una ceja alzada y haciéndole un escáner.
-¿Qué más te da? ¿En privado? ¿Qué no sabe tu novio? – ay madre, que ya la está liando.
-No bueno… Es que me da vergüenza.
-¿Vergüenza? Oh, vamos tío… No me hagas que me levante. – ¡Pero qué vago, joder!
-Que tires ya, joder – soltó de pronto Andy, casi con la vena del cuello marcada. Tom se sobresaltó y finalmente obedeció. En cuanto ambos se levantaron, Andy me guiñó un ojo y lo se llevó hasta la puerta del comedor.
Bill me miró interrogante.
-¿Tú sabes algo de todo esto? – me preguntó, confuso. Los miraba a tientas, y alternaba su mirada dirigiéndose a mí. ¿Qué le contesto? ¿Qué sí? ¿Qué no?
-Ni idea… – mentí a lo descarado.
Bill se encogió de hombros y siguió comiendo. Me estaba preguntando cómo sacarle el tema. En cierto modo, es bastante difícil, no hay confianza como para preguntárselo muy directamente, pero tampoco era plan de empezar con otro tema intentando direccionarlo hasta este otro… Podría pasarme media hora, y Andy no creo que tardara mucho en pedirle a Tom la cabaña como picadero. Va, Mario, o te lanzas o pierdes una oportunidad de oro.
-Bill… – tanteé.
-¿Hum? – me dijo este, con comida en la boca.
-¿Te puedo hacer una pregunta? – dije sutilmente.
-Clagro… go que quiegas… -Mira el listo, hablando con la boca llena. Bueno Mario, a la de ya. O se lo dices, o se lo dices.
-Bueno, es que… Inevitablemente, me he fijado un poco en vosotros… Y bueno…
-¿Nosotgros? – finalmente acabó de tragar – ¡Ah! Lo siento. ¿Qué nosotros?- creo que se estaba empezando a poner un poco serio.
-Sí, ya sabes. Tú y Tom.
-Ahá… ¿Y? – sisi, se estaba poniendo tenso por momentos.
-Bueno, es que… Oye, ¿a ti te gusta Tom, verdad? – Bill se escandalizó enseguida. Se puso la mano en el pecho y abrió la boca, como si estuviera indignado. Un gesto bastante gay por cierto.
-¿Yo? ¡Qué va, ya te dije que no soy gay…! – y otra vez con la teoría esa… Ahí decidí intervenir.
-A ver, no te estoy preguntando que si te van los chicos, Bill. Sólo te pregunto si te gusta Tom. A ver, que aquí donde me ves, maricón perdido, estuve enamorado de una chica eh… No porque sea un pasivo de cuidado quiera decir que no me pueda enamorar de una chica. Y lo mismo por ti. – creo que me puse demasiado serio. Y Bill se me quedó mirando embobado. De pronto, una sonrisilla se le asomó por la comisura de los labios. Sus ojos brillaban.
-¿Enserio te gustó una chica…?
-Me enamoré de ella. Y te prometo que tengo un gran amor por los nabos, chaval. – este se rió levemente por mi comentario, para finalmente, callarse como una tumba. Se puso serio.
–¿¡Otra vez, tio?! ¿¡Me vas a estar desalojando cada dos días o qué?!
–Shh… baja la voz Tom, no hace falta que chilles.
Abrí los ojos desmesuradamente. ¡Mierda, Tom es un puto escandaloso de mierda! Bill salió de su trance y los miró algo divertido. Después negó con la cabeza y suspiró fuertemente.
-Sí. -¿Sí? Por un instante no lo pillé. Y él lo dedujo con mirarme a la cara. Volvió a bufar, algo cohibido – Que sí… Que me gusta Tom. – confesó.
Cogí mucho aire, y sentí que se me llenaba el pecho de una sensación increíble. ¿Por qué? No lo sé ni yo, pero me hizo muchísima ilusión que me lo contara, que se atrevería, que me lo confiara. Aun que bueno, prácticamente le había coaccionado a hacerlo…
-¿Y a él? ¿A él le gustas? – Ya que estamos, le sigo preguntando. El moreno se quedó callado un instante, mirando su comida.
-No lo sé. Creo que no… Bueno, ¿tú lo has visto? ¡Es demasiado macho como para fijarse en alguien como yo! – dijo, algo inseguro de sus palabras.
-Ya bueno… Yo no estaría tan seguro – enseguida volvió a fijar su vista en mí, algo contrariado por mi respuesta, mirándome expectante – yo creo que está igual de pillado de ti que tú de él.
-Sí, bueno… Quién sabe. – suspiró – Ojala. – y sonrió tan ampliamente que me mordí el labio sin querer, creo que hasta sonrosándome. Joder, qué sonrisa.
–Qué guapo eres, joder…– se lo dije en castellano porque sabía que no me iba a entender. Está claro que algo así no se lo podía soltar a la cara así porque sí, así que ya que tenía tantas ganas de decírselo, se lo dije en otro idioma. ¿Os imagináis la cara que habría puesto si se lo suelto así? Seguro que me miraría peor de cómo lo está haciendo ahora.
Bill se había quedado estático, y no supe muy bien porqué, y cuando este iba a decir algo, aparecieron los dos de nuevo. Andy iba sonriente y Tom con cara de circunstancias.
Bill
Tom me acababa de explicar que de nuevo, Andy y Mario se quedarían la cabaña para hacer sus cosas, y que esta noche, dormiría conmigo. Ni me ha preguntado ni nada, me lo ha afirmado. “Bill, hoy duermo en tu cabaña”. Y listo, no más rayadas. ¡Menuda geta que tenía el colega!
Bueno, es lo que tiene que sea mi novio. Le he hecho prometer que no dormiría en el suelo y antes de contestar, me ha mirado algo extrañado.
-¿Porqué iba a dormir en el suelo? La última vez, lo hice porque sabía que si estabas a mi lado, me iba a lanzar para comerte… Vale que después me quedé dormido, pero fue porque tenía demasiado sueño de estar sin poder dormir… Pero ahora, ¿qué más te da si te como, cierto?– me había dicho. Mirándome directamente a los ojos. Cuando Mario y Andreas ya se habían ido por su camino, y nosotros estábamos apunto de llegar a mi cabaña. Después de pronunciar esa frase me rodeó la cintura con los brazos y paseó su lengua a lo largo de mi cuello. –Humm…– soltó después. Sentí una punzada bajo el estómago que me puso rojo del todo.
Dios, los dos solos en la cabaña. Vale sí, como esta tarde pero… Pero, la canción nos había entretenido demasiado y entre pitos y flautas ya era la hora de cenar. Ahora, se trata de dormir… De compartir cama, de estar despiertos hasta que el cuerpo aguante…
Oh, me estaba poniendo nervioso por momentos. Sentí que la respiración se me atragantaba cada poco, y eso… Era un mal presagio.
Comencé a jugar con mis dedos, tocándomelos, moviéndolos, crujiéndolos… lo que sea. Pero era un tic nervioso, y creo que no me tranquilizaba nada.
¿Y ahora qué coño me pasa?
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Llegamos a la cabaña y tras abrir, en un silencio sepulcral, encendí las luces.
Estaba todo bastante desordenado, y sentí algo de vergüenza. Joder, debería arreglarlo todo un poco antes de salir, que después aparecen imprevistos como estos, y uno no tiene la casa visible…
Algo de ropa estaba esparcida por todas partes, y mis pinturas tiradas por encima de la cama (que gracias a dios, sí que estaba hecha), y aparte de eso, el escritorio lleno de folios en blanco y de deberes por acabar.
Intenté calmarme de ese repentino ataque de nervios que había sufrido y me puse a recoger la habitación, así, como si fuese lo más normal del mundo.
Antes de nada, tenía que demostrar seguridad frente a la situación (fuese la que quiera que fuese), y de esta manera, empecé a poner los papeles en su sitio, bajo la mirada de Tom que no sabía muy bien qué decir o qué hacer. Me ponía el pelo tras la oreja mientras me agachaba a recoger las cosas que habían encima de la cama. Sobretodo, las pinturas, que como me descuidara, la sombra de ojos mancharía toda la sábana, y quedaría bastante mal, la verdad.
Me dirigí al baño sin decir nada y abrí el pequeño armario, el típico pegado a la pared y al espejo, que casi no cabe de nada, pero que para algo sirve. Saqué el pequeño baso que había robado del comedor, y puse los objetos que eran largos, como el pincel de la sombra, el eyeliner, etc… Y el resto de cosas, como la sombra propia, o el pote, lo dejé en la estantería que había, minúscula, pero útil al fin y al cavo.
-Madre mía Bill, ¿cómo te puede caber todo esto? – escuché de fondo. Me quedé un poco pillado y asomé mi cabeza por la puerta del baño, encontrándome con un Tom curioso y que había cogido la ropa que había esparcida por encima de la cama, lanzada así como así por que “no combinaba con lo que llevaba puesto”. Al final, uno sale, y piensa, “bah, ya lo recogeré cuando vuelva…”. En fin.
Tom, estaba con una camiseta mía, normal, que se la había puesto en el pecho y se la esparcía por el torso haciendo ver que se la probaba. Dios, a comparación de su camiseta, esta parecía tres tallas más pequeña de lo que ya era.
-Jajaj Tom, no te quedaría bien – me reí.
-Hostias, ya ves. Como el puto culo me iría esto… Enserio, ¿Cómo te embutes aquí dentro? ¡Es imposible, macho!
Me acerqué sonriente a él, y sin poder evitarlo miré hacia la cama. ¡Ey! ¿Dónde está toda la ropa? Puse el ceño fruncido y empecé a buscar, algo extrañado.
-Tom, ¿qué coño…? – empecé.
-Si buscas tu ropa, la he doblado un poco así a mi estilo, y la he dejado ahí, encima de la silla. Es que ibas con tanta parsimonia, solo para guardar las pinturas, que si ibas a doblar todo eso con la misma rapidez, creo que habría muerto… Miré la pila de ropa que había encima de la silla, y me mordí el labio de gozo. ¡Joder, qué gracioso!
-Em… ¿gracias? – dije mirándole, de lado, con una media sonrisilla de interesante. Este sólo me pegó un ligero puñetazo en el brazo y después rodó los ojos. – Bueno a ver, si quieres te dejo lo mismo que la última vez, para que duermas y tal. – dije, apartándome de su mirada, en cuanto noté que esta se acentuaba demasiado.
-Sí, bueno… – dijo, como si no le hiciera caso a lo que yo le estaba diciendo, y es que de un golpe, me agarró de la cintura, y me pegó un empujón. Ambos estábamos ya de un principio, cerca de la cama y evidentemente, caí en el centro. Éste, se puso encima de mí a cuatro patas. Se me puso a dos centímetros de la boca y me habló – Bill que… Bueno, estaba yo pensando, que estamos solos en una cama y eso… – noté su respiración agitada en mis propios labios, y la presión de su pecho contra el mío hizo que yo mismo notara mis propias palpitaciones. ¡Debe de pensar que tengo un ataque cardíaco! Se acercó tan peligrosamente a mi boca, que solo se me ocurrió cerrar los ojos con fuerza y esperar. ¿Pero que coño estoy haciendo? Cuando pensé que me iba a besar, pasó a mi cuello, lentamente, forzando su respiración para que la notara en mi oreja, y sintiera ese subir y bajar, ese movimiento, y ohh… Mierda, me mordió en el cuello, tras el lóbulo.
-Eh sí, eh esto… Cierto… pero, ¿y el pijama? – joder joder joder, me estaba poniendo muy nervioso. ¡Tanto que había dicho esa gilipollez! ¿A quién se le ocurre repetir eso? ¡Está claro que pasaba del tema!
-¿Eh? – dijo, como dentro de un sueño. – Creo que… Si me dejas dormir en gallumbos me irá perfecto.
Hostias. ¿En gallumbos?
-Em… Sí sí, claro – y decidí callarme ahí. A saber qué más era yo capaz de soltar por mi preciosa boquita…
Acto seguido, se quitó la camiseta delante de mis narices, y esta vez si me besó. Con fuerza, con lujuria y algo salvaje. ¿Y ahora que le pasaba? Noté su torso caliente a través de mi camiseta, y empecé a sofocarme. Estaba duro allá donde tocaras, pero también era suave.
Joder, me encantaba.
¡Bill, Bill! ¿Dónde han quedado las tetas? ¡¿Y las curvas?!
No, no, no… Bill, no pienses en eso. Piensa que esto te gusta y que encima lo tienes delante. ¡Joder, que Tom es el tío que está más bueno en todo el puto campamento! ¡Aprovecha esta oportunidad de sobarlo a tú gusto, como mínimo para no defraudar a las decenas de chicas que desean tu sitio!
Noté cómo sus manos se filtraron por debajo de mi camiseta, con algo de inseguridad pero ya acostumbrado a mí. Acabó quitándomela con lentitud, sensualmente, y mirándome a los ojos fijamente. El momento en que perdimos el contacto por que la camiseta estaba en mi cara, se me hizo eterno, después el pelo me cayó en todo el rostro y por los hombros, quedando muy peliculero.
Tom tiró la camiseta al aire.
-Te queda sexy el pelo así… – soltó, revolviéndome más el pelo si cabía, para finalmente, apartármelo de la cara y besarme de nuevo. Puso las manos en mi cintura, y empezó a descender y ascender con avidez.
Yo repasaba con mis uñas sutilmente toda su espalda. Yo ya empezaba a reaccionar y dios, de qué manera. ¡Me estaba poniendo muy cachondo, joder! Me hacía cosquillas sin querer mientras me acariciaba y eso hacía que mi cuerpo se pegara al suyo por el espasmo. Madre mía, a veces me impulsaba tanto hacia arriba que Tom se elevaba conmigo. Dios, esos movimientos me estaban matando por dentro. ¡Qué calor! ¡Qué calentón, joder!
-Bill… ¿Vamos a follar, vale? – casi afirmó. No tardó nada en empezar a desabrocharse el pantalón.
A mí se me paró el corazón ahí mismo. ¿Que, qué? Empecé a sentir mucho pánico.
-No no no no – me levanté de debajo suyo y le abroché el pantalón yo solo, sin pensar que detrás de la tela habían cosas que no debería tocar. Al menos, no aún… Tom me miró raro y con cara de ído. Pero de pronto, negó con la cabeza, como si el hecho de que le estuviera rechazando solo fuera un pequeño delirio y no le hacía mucho caso. Me apoyó un poco contra la pared de la cabecera de la cama, volviéndose a desabrochar los pantalones esta vez, con mis propias manos, que eran movidas por las suyas, besándome con ansias. – ¡Qué no! ¡Que no, que no…! – me escurrí como pude y salí de la cama, alarmado y con el calentón por los suelos.
-¿¡Cómo que no!? – creo que Tom estaba más alterado que yo.
Me puse a respirar fuertemente mientras me tranquilizaba. Me di un par de vueltas por la habitación. Madre mía, esa frase me había taladrado la mente y ahora no me dejaba pensar con claridad. Le miré directamente, sin poder contestarle nada, con mis ojos reflejando algo de miedo y los suyos algo enfadados. Oh, genial, lo que me faltaba… Ahora se ha cabreado.
-…
-¿Qué pasa ahora? – dijo algo cansino. Se sentó en forma de indio en mi cama, y cruzó los brazos, con cara de expectación, pidiéndome una explicación, inmediata, a la de YA.
Respiré hondo un par de veces.
-A ver… Yo lo siento, pero esto de meter cosas en agujeros que no deberían ser profanados… ¡Me da mal royo! Tío, que joder… Vale que dé placer, pero en serio… Yo no estoy preparado para algo así. Yo acepté un par de cosas en cuanto empezamos a salir, como que ambos nos empalmemos, ninguno tenga tetas, y estas cosas… ¡Y tú estarías pensando lo mismo, y lo sabes! Pero no acepté nada de encular a nadie, o como mínimo, yo aun no lo tenía tan cercano…
El de las rastas me miraba como si fuera tonto, como si me hubieran pegado en la cabeza o algo, y no razonara con normalidad.
-Sí, ya… ¿Y qué? – esperé a que acabara la frase o que le agregara algo, pero este lo no hizo. Me exasperé.
-A ver, ¿qué de qué, tío? – escupí.
-Pues que coño, a joderse y a aguantarse. A mí no me hace tampoco especial gracia, pero es lo que toca. Y yo quiero follar.
-¡Que no, que no! Que yo paso…
-¿Pero cómo que pasas? ¿Hasta cuando? A ver tío, que al campamento le queda una semana y dos días…
-¿Y qué? ¿No piensas verme después o como va la cosa? – Ui… esto estaba pasando de castaño oscuro.
-¡Sí, claro que sí! Pero ¡¿vamos a estar toda la puta semana sin hacer una mierda?!
-¡No lo sé, ¿vale?! ¡Dame un respiro!
-A ver Bill… Puede que tú solo hayas follado con tres tías en tu vida, ¡pero yo me he hecho esa cifra en un solo día! ¡Necesito follar! – Abrí los ojos como platos y lo miré algo flipando.
-Lo que tú tienes es un problema, chaval… – ¡Con tres en un solo día! ¿Pero de que iba este tío? Vale que sea un campeón en este tema, pero eso es exagerado.
-Sí, tengo un empalme de caballo y parece que no vas a hacer nada al respecto… Ese es mi puto problema.- me contestó, muy borde. ¿Quería bordarías? Las iba a tener.
-Pues hazte una puta paja, que no es tan difícil. – me dirigí al armario y busqué mi pijama. Yo ya me había enfriado de golpe, y ahora solo quería dormir, a dos metros del salido este.
-Házmela tú, no te jode. – y se empezó a bajar los pantalones enseguida.
-¡Eh eh eh… guárdatela dónde esta! – salté alterado. Nada más me faltaba que me sacara la polla. Me miró con algo de asco y se levantó. Se me puso de espaldas a dónde estaba yo. Me quedé un momento en silencio y luego sentí cómo rebuscaba algo entre un bolso que estaba tirado por el suelo. ¿Qué diablos hace? Que es mi bolso.
Estuve apunto de saltar a decirle algo pero de pronto sacó de él lo que se supone había estado buscando todo este rato; los cigarros.
Sacó uno como si se tratara de su propio paquete de tabaco y luego no le costó mucho encontrar el mechero. Tiró el paquete dentro del bolso como si fuera un trapo viejo y se dispuso a salir de la habitación. Lo miré con recelo y fui a coger otro cigarro. Como era mi cabaña no me importó ponerme a fumar ahí.
Tom tardó más de un cuarto de hora en volver dentro y a mí aún se me pasaba el mal estar. Joder, se supone que tiene que respetar ese tipo de decisiones, no enfadarse por ello… ¡Es como si fuera mi primera vez de nuevo! Estoy nervioso, es algo raro.
-Tsk… – le escuché de fondo al mismo tiempo que abrió la puerta. Supongo que se esperaba verme dormido, y eso le decepcionó. Se quitó los pantalones con rudeza y los tiró por ahí. Lamento admitir que no pude evitar fijarme en el paquete en cuanto éste quedó medianamente visible. Se volteó y volvió por el camino en que se había ido. Se puso frente a la cama y agregó algo más – Ponte en la otra punta, que yo me pondré en esta.
Cerré los ojos y respiré hondo.
Mierda, se había enfadado mucho.
Continúa…
Hola, personita. Buenas tardes/noches/días. Hago este comentario para pedir, que, por favor, actualicen. Ha pasado un mes y 6 días, desde la última actualización, y llevo 4 días sin dormir bien, esperando la actualización. Por favor, pido de antemano, la tan esperada actualización. Gracias. 🙃