23: Cambio de rumbo

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 23: Cambio de rumbo

Y la pasión se desató. Bill separó aún más sus temblorosas piernas llevándolas hasta las caderas del fotógrafo aferrándose para no volar como si un tornado se avecinara. El tornado destructivo del mismísimo placer. Podía a sentir a Tom dentro de él, mientras él arañaba su espalda marcándosela notoriamente, consiguiendo que se arqueara ante el estimulante ardor.
-Te amo – le susurró al oído el pelinegro de trenzas, hundiendo su rostro en la curva de la perdición, allí donde el perfume de Bill se mezclaba con las gotitas de sudor que descendían por su piel, ese aroma embriagante que estaba enloqueciéndolo. Aquella curva entre su delicado cuello y su delgado hombro, allí donde marcaba con sus dientes y sus labios pequeñas succiones. Continuó moviéndose cada vez más rápido sintiendo los suspiros y jadeos del de rastas bicolores darle justo en su nuca, incentivándolo a continuar, rogando por más.
-Y yo a ti, yo a ti –murmuró moviendo su pelvis, causando que el fotógrafo se corriera en su interior. Tom abrió sus ojos, su cuerpo parecía haber recibido una potente descarga eléctrica. Pasó su lengua por sus labios, comiéndose con la mirada.
– Parece que Billy es malo – sonrió con la lujuria caminando por su mente – te ayudaré con eso.
El joven director se sonrojó notoriamente, suspirando y riendo al mismo tiempo. El de trenzas le tomó la mano ayudándolo a sentarse con cierta dificultad. Luego se arrodilló en el suelo y desde allí lo miró a los ojos mientras acercaba su rostro nuevamente al adorno metálico de su pezón. Lo tomó entre sus labios, moviendo su lengua suavemente mientras cerraba sus ojos, como un bebé en pleno amamantamiento. Sus manos acariciaban ambas piernas desnudas de su enamorado, causándole un excitante escalofrío poniéndole la piel de gallina. Liberó la rosada tetilla y besó su abdomen haciéndolo reír ante el sonido de los cortos y pequeños besos y las cosquillas que estos causaban. Tom se detuvo y volvió a mirarlo, dudoso de sus planes. Algunos de sus dedos acariciaron con dedicación esa intimidad aún despierta en toda su longitud. La respiración de Bill volvió a entre cortarse y sus ojos se cerraron lentamente entreabriendo un poco sus labios ante la exquisita caricia.
De repente, las manos del fotógrafo parecían haberse alejado, apenado se dispuso a abrir nuevamente sus ojos cuando un dulce contacto hizo que los apretara aún más fuerte. La húmeda lengua y el cálido aliento dando justo en esa zona; lo hizo debilitarse, sus brazos flaquearon un poco y sintió como su cuerpo se derretía poco a poco. Tom jamás había echo un acto como el que ahora experimentaba y hasta le había parecido algo repugnante, pero saber que Bill era el dueño todo se transformaba en perfecto. Como un niño como un dulce, saboreó desde arriba hasta abajo únicamente con su lengua observando cada tanto el rostro admirable de su enamorado. Se detuvo esperando alguna reacción, y justo cuando el muchacho de rastas intentaba reincorporarse, lo devoró por completo arrancándole un fuerte gemido de su garganta obteniendo como resultado la semilla escurrirse entre sus dedos.
Limpió sus manos en las sabanas y se sentó a su lado. Permanecieron en silencio, sus agitadas respiraciones eran la dulce melodía de la noche. El sudor que los cubría podría ser el mar, sus tibios alientos el viento, sus cuerpos los valles y su amor la vida fundamental para ese paraíso que acaban de crear con la unión de sus almas y sus corazones.
-Creí que mi primera vez sería perfecta –suspiró Bill sin mirarlo a los ojos. Él permaneció callado ¿qué? ¿Acaso no era perfecta? ¿Había fallado?– pero…esto ha sido más que perfecto. Inigualable, increíblemente precioso.
-Oh mi amor –sonrió Tom abrazándolo– para mí, hasta ahora es lo más bonito que pude haber vivido. Y si no fuera por tu existencia, jamás y escúchame: jamás de los jamases lo hubiese sentido, realmente no tienes idea.
Una mirada mutua, una sonrisa compartida y un pequeño beso fueron suficientes para hacerse saber cuan importante era ese momento, cuan especial y qué no darían para congelar el tiempo y detenerse así. Los dos desnudos, amándose en la oscuridad sin que nada ni nadie les impida ser felices.

Casa Trümper
Simone había acabado de lavar los platos y acostado a su hija. Como cada noche en la que ella la acostaba le había leído el clásico “Caperucita Roja” en la que la pequeña Melisa había imaginado a su hermano como el lobo, a Bill como Caperucita, a su madre como la abuela del cuento y a su padre, Gordon como el cazador. Claro que en su mente ella tenía otra versión. El lobo no comía a la abuela y se enamoraba de Caperucita. Pero tal vez, su punto de vista acerca del cazador no estaba tan errado. La madre de los Trümper, se había recostado en el sofá para mirar un poco de televisión, cuando la llegada de su marido realmente la sorprendió.

-¿Qué haces aquí? – Preguntó nerviosa, luego de que él la saludara con un corto beso en los labios – ¿Acaso no trabajabas hoy?
-Mi jefe me ha dado el día libre – respondió sonriente, pero la expresión tensa de su mujer lo alteró un poco – ¿Tenías otro plan esta noche?
-No es eso, no digas ridiculeces – resopló notando que pronto vendría otra de sus discusiones de siempre.
-¿Tom? ¿Dónde rayos está ese vago? – rió su padre – hace rato que con mi hijo no conversamos de hombre a hombre.
Simone tragó saliva, y sus nervios ya eran imposibles de disimular.
-De nuevo no está ¿verdad? –gritó Gordon – mañana debe de ir a trabajar y ¡mira no más la hora que es! Su jefe se cansará…lo despedirá y de nuevo a ser un vago mujeriego.
-Lo dudo mucho – añadió casi inconcientemente la mujer, deseando luego tragarse sus palabras. Gordon era el único que le faltaba enterarse de la pareja que conformaba su hijo con Bill y el momento había llegado.
-¿Qué dudas? – Agregó el señor Trümper, sentándose junto a su nerviosa mujer – ¿Lo de vago o lo de mujeriego?
– Ambas cosas – murmuró cerrando los ojos, ya había entregado a las tiernas ovejas al mismísimo diablo.
-Vago, bien puede ser. Tal vez me equivoque y sí haya asentado cabeza – sonrió Gordon con un tono melancólico al recordar las andadas de su hijo – pero ¿mujeriego? Oh, amor vamos que nuestro hijo es anti-compromiso.

– Malas noticias entonces – suspiró Simone – ha encontrado la persona que lo ha cambiado, ahora está realmente enamorado.
-¿Qué?- dijo en un hilo de voz, totalmente sorprendido – Mi hijo se… ¿ha enamorado? Pero… ¿quién fue la suertuda que lo logró?
Simone permaneció en silencio. Su marido le repitió tres veces la misma pregunta comenzando a tensarse ante la expresión de ella.
– Yo… – tartamudeó – yo no te he dicho… en ningún momento…em…que sea una mujer.
Una tonelada de hielo cayendo sobre su cabeza helando hasta sus huesos.
-¿Qué mierda estás diciendo? – Gritó casi saltando del sillón – ¡Simone por dios nuestro hijo no es homosexual!
-Nuestro hijo – pronunció con valentía – es feliz así y punto.
-¿Y son tan mal agradecidos que me lo ocultaban? –susurró dolido– se pensaron que yo sería tan basura… ¿pensaron que lo iba a golpear? ¿Qué lo iba a correr de la casa? Me han desilusionado, jamás confías en mí.
-No mezcles las cosas Gordon –interrumpió ella. Pero él no le hizo caso, tomó las llaves de su pequeña camioneta y salió de la casa completamente abatido.
-Ay Simone Simone – se dijo a sí misma en voz alta ¿Por qué no cierras tu bocota? Te va a dejar…él te dejará. Ya se va a beber de nuevo.

Narra Jane
No pude con el dolor en todo el santo día. Lo único que pude hacer fue llorar, era mi único modo de quitar lo que llevaba dentro del pecho. Caminé y caminé alejándome de la ciudad. Mis amigas me llamaban desesperadas pero no les atendí ¿Nunca sintieron esa necesidad de estar completamente solas, para pensar…para recordar? Mis pies y mis ojos ya no daban más. La noche había caído hace rato y yo seguía caminando sin rumbo, con los tacos de las botas causándome un dolor muy fuerte, no tanto como el que sentía en mi interior al recordar cuanto amaba a Bill. Miré el cielo, las estrellas hoy no brillaban claramente para mí. Sabía que bajo las sábanas de la habitación de ‘él’ estaban siendo felices. Como dolía dios mío. Me cansé y me detuve frente a una infinita cerca de maderas y alambres que daba frente a un pequeño y oscuro campo. Saqué mi móvil y leí los últimos tres mensajes.

Ya te dije Jane, no te encierres busca alguien que esté dispuesto a amarte ¿cuánto más podrás resistir si vivís atada a ese amor? De: Mar”
Suspiré, tan masoquista fui tantos años que me daba igual vivir así.
“¿Dónde estás? Salgamos a distraernos. De: Luz”
Como si fuera sencillo, con mis latidos desapareciendo a cada segundo, ellas no sabían lo que era enamorarse de su mejor amigo.
“Pasa esta cadena a cuatro personas y esta misma noche encontrarás al amor de tu vida”. Me reí en silencio ante el mensaje, y como tonta lo hice; solo para gastar dinero. Si el amor de mi vida estaba bajo mi mismo techo, no correspondido; pero lo era. De repente encontré lo que tanto ansiaba llegar, un bar nocturno. Moría por beber y comer algo. Entré y de inmediato el aroma a cigarro y alcohol, se impregnó en mis narices. Uno que otro imbécil me gritó chorradas, pero yo con la frente en alto me senté en la barra y pedí un sándwich y un trago fuerte.
Mientras tanto me sumergí en mis pensamientos, hasta que un perfume de hombre me desconcertó. Miré a mi derecha y vi a un hombre de espaldas hacer su pedido. No pude despegar la mirada de él, se enderezó y notó como lo observaba ¡qué vergüenza! Me sonrió tímidamente, y para mi suerte se acercó más a mí. Justo a ambos nos trajeron lo que habíamos encargado y al mismo tiempo agradecimos. Mierda me estaba incomodando su presencia, mis mejillas estaban ardiendo. Juraría que sus gestos se me hicieron algo familiares. Sus ojos, su nariz…su sonrisa.
-Te conozco – dijo por fin el hombre dando a conocer su voz – la periodista de televisión ¿cierto?
-Así es – añadió con timidez la morena – mucho gusto, mi nombre lo sabrás… es Jane.
– Igualmente – le sonrió ampliamente tomándole de la mano – Gordon Trümper.

Continuará…

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