23: La Maldición del 23

Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed

Capítulo 23: La Maldición del 23

Jueves-23/07/09

Bill

Me levanté algo aturdido. Tenía un dolor de cabeza impresionante y todo me daba vueltas. Supongo que era por las inmensas ganas de seguir durmiendo que tenía. No había pegado ojo en toda la noche, dándole vueltas a todo y a nada.

Me giré y busqué el reloj en la mesita de noche. Lo miré sorprendido al encontrarme con la increíble cifra de las doce del medio día. ¿Ya era tan jodidamente tarde…?

Cerré los ojos y extendí los brazos, ocupando toda la superficie, y de pronto me incorporé., sobresaltado. Miré a todos lados y después me levanté, saliendo incluso de la cama.

-¿Tom? – le llamé. ¡Se había quedado a dormir! No era posible que no estuviera… -¿¡Tom!? – grité más fuerte. Aunque, de qué servía. Con un susurro me habría escuchado igual, esto no era mucho más grande que una habitación pequeña.

Así que el rastas se había ido… Bueno, era normal, ya que él trabaja, pero…

Un sentimiento que no sabría cómo describir, se me metió en el estómago. Lo único que puedo decir, es que esa sensación era como si gráficamente se pudiera representar con el color negro. Un amargo momento en el que no me creía, porqué Tom, se había ido sin despedirse.

Dejé caer los hombros, algo decepcionado y triste, y cuando me dirigí hacia el baño para darme una merecida ducha, mi vista, detectó algo encima de la mesa que no me sonaba que estuviera ahí de antes. Realmente, desde lejos, era sólo un folio en blanco, como uno de los cientos de miles que tengo yo solo en mi cuarto de Berlín, y uno de los cientos que tenía aquí. ¿Pero, qué tenía ese folio diferente? No lo sé, pero, me acerqué.

Era un dibujo, con algo escrito. Me fijé lo primero de todo en lo que había dibujado, ya que… Llamaba bastante la atención. Era, una especie de ¿persona? ¿sí, seguro que eso era una persona? ¿Y estaba…? ¿Estirada? Bueno, no sabía realmente muy bien qué era, ya que la forma era un tanto amorfa, pero… Me hizo gracia. Sí, cada vez que lo miraba más, parecía más una persona. Tenía el pelo liso, y parecía que estuviera durmiendo. Tenía un ojo mucho más arriba que el otro, y la boca se salía del eje de las líneas faciales.

Desistí de intentar entender un poco más el dibujo, y empecé a leer lo que ponía. Como no había nadie, decidí leerlo en voz alta.

–Buenos días dormilón…– empezaba. ¿Buenos días dormilón? ¡Esto es de Tom! –No te he querido despertar, porque estaba seguro que me pegarías una hostia ya que estabas muy dormido…-¿Cómo? Vale, podría ser cierto, puedo tener malos despertares. –Pero bueno, imagino que si te has despertado un poco confuso por no verme, e incluso algo dolido porque no te he despertado, ¡esta carta te anime un poco! Simplemente, te quiero decir que me voy a currar, y que no te asustes de no verme. Olvida todo lo que te dije anoche, porque… estaba muy mal. Y tranquilo, ya te explicaré lo que me pasó… Bueno, ¡hasta la hora de comer!– un par de espacios en blanco más en los que al final de estos me ponía:-no te has dado cuenta, pero me acabo de acercar a darte un beso de buenos días… Bueno, te debo un beso en el que estés consciente. ¡Ciao!–y por último… –PD: eres tú el del dibujo. Sé que no soy Picasso, ¡pero algo tenía que intentar! Me ha encantado ver todo el repertorio que tienes sólo mío en dibujos, y quería hacer algo parecido.-¿Comor? ¿qué la cosa esta con un ojo mirando pa’ cada lado del mundo soy yo? Lo miré algo crítico y torcí sin querer la boca como con una poco de miedo y asco. A ver, no es que me repulsara ni nada por el estilo, ¡pero dios mío! Soy horrible, bueno, más bien dicho, salgo horrible.

Finalmente sonreí de lado, apreciando enormemente el gesto y guardé ambas cosas en mi carpeta de dibujos, en el apartado de “mejor dibujados” como si fuera uno de mis pocos dibujos tesoros personales cuales, si pierdo o algo, me muero, así que ahí no le pasaría nada a la carta. Miré al fondo de mi cabaña y suspiré. Me estiré en mi cama y me quedé pensando. Tsk, otro día que no iría a desayunar, genial…

Me estiré en el lado de la cama donde había dormido Tom y agarré la almohada como si fuera un peluche enorme y lo estrujé entre mis brazos. Cogí aire intensamente y pude notar que aún olía a él. Lo solté con una sonrisa enorme en la cara y probablemente con los ojos muy achinados de la felicidad. Yo creo que si alguien me viera, diría que voy fumado o algo peor.

Me estiré y miré al techo. Me puse a pensar en qué podía hacer yo para verle más feliz. Me sabía fatal todo lo que había pasado anoche. Sabía que yo no tenía nada que ver con lo que le estaba pasando, pero como novio suyo, sentía la responsabilidad de intentar mejorar su estado de ánimo fuera como fuera. Aunque en realidad no sabía porqué estaba pensando tanto. Está claro qué es lo que quiere. Y yo sabía que eso le haría feliz. Pero no estaba preparado.

De pronto las palabras de Mario me vinieron a la cabeza.

-Mira, si de verdad crees que lo puedes llegar a pasar demasiado mal, inténtalo tú solo antes… Puedes intentar de meterte los dedos tú solo.

Me puse rojo de solo imaginarlo.

No.

Nunca.

Jamás de los jamases.

.

Fui hacia el baño, tan acongojado que me costaba avanzar. ¿Enserio estaba apunto de hacer lo que… Me negaba en rotundo? ¡Es que… No me lo puedo creer! Pero, tenía que como mínimo, intentarlo ¿no? ¡Vale sí, había recapacitado! Pero es que me acordé de Tom, y de la noche anterior y de cómo lo encontré tan desprotegido y tan acongojado… Bueno es que el pobre estaba hecho mierda.

Yo sabía que por mucho que me dijera que con mi presencia le sobraba no me iba a servir de nada. Necesitaba hacer algo por él. Lo que fuera. Y aquí estoy, porque muy en el fondo, ayer yo… Yo quería darle más, más que un beso. Yo, ayer por la noche, realmente… Me replanteé tan seriamente el intentarlo, pero llegando hasta el final… Y eso que Tom, me había dicho que quizás acababa él de pasivo, pero… Me daba igual, si él estaba dispuesto a intentarlo (o como mínimo, eso decía), yo… Yo también. Sobre todo sabiendo, que Tom nunca lo haría. Lo dijo en un momento de tal debilidad que… ¡Me moría por saber porqué estaba así!

Hoy, en cuanto lo vuelva a ver, le preguntaré. Se lo tengo que preguntar, he de saber qué le pasa.

En fin, mi camino hasta el baño estaba en su trecha final, y mis fuerzas le estaban empatando. Sisi, yo tenía muy claro que debía hacerlo, como mínimo mentalmente, pero… ¿físicamente? ¡Mi cuerpo no me dejaba avanzar!

Por unos instantes me vi súper ridículo, como si lo que estuviera haciendo no tuviera sentido, yo debía enfrentarme a ello con dos cojones por delante, y así debía de hacerlo. Era por Tom, por lo mucho que lo quería.

Ni me lo pensé, cogí aire y me metí dentro del baño. Cerré con una fuerza innecesaria la puerta y me topé con todos aquellos garabatos que habían escritos detrás de esta, todos hablando sobre MI chico de rastas. ¡Y sí! ¡Precisamente por ese chico de rastas debía hacerlo!

Me puse dentro de la ducha (realmente no se porqué, pero así lo hice) y me bajé los pantalones junto con los bóxers y los tiré fuera del cuadrilátero de cerámica. Respiré hondo un par de veces y doblé un poco las rodillas, separando las piernas.

Mi mano descendió un poco hasta tocarme el principio de la baja espalda, notaba como el pulso me temblaba fuertemente, aunque fuera una tontería y nadie me viera, pero me estaba poniendo de los nervios.

-A ver Bill, simplemente piensa que si no te gusta ya está, será suficiente como para ir a Tom y explicárselo. Sabes que es medio mono/chimpancé en algunos aspectos, pero supongo que lo acabará entendiendo. – me dije a mí mismo en voz alta mientras sentía cómo mi mano descendía más y más.

De pronto paré.

Esto era ridículo, habían mil formas más de hacer esto sin que pareciera que me estaba haciendo un examen rectal. No, todo esto era demasiado frío.

Salí de la ducha y la miré fijamente, en general. Las baldosas, el grifo, el suelo de cerámica.

Respiré hondo y me acabé de desnudar del todo, tirando la camiseta justo donde había dejado el resto de ropa. Con toda la calma que pude me dirigí al armario de las toallas y cogí una, dejándola colgada cerca de puerta de la ducha.

Respiré hondo y me metí dentro. Encendí el agua y cuando me aseguré de que ésta estaba empezando a calentarse, me metí debajo del chorro. ¡Es que de verdad, estaba siendo demasiado peliculero! Estas cosas se tienen que hacer sin tanto drama. Noté enseguida el calor rozándome por todas partes y me tranquilicé. Como ya había pensado antes, si no me gusta, es lo que hay. Por lo menos lo habré intentado, y se lo puedo explicar perfectamente a Tom, seguro que me entenderá… ¿Verdad?

Vale Bill, de nuevo te estás alterando. Tranquilízate.

Me dispuse a seguir la ducha como hasta ahora, con total normalidad, asegurando que el agua me mojaba por completo. Me toqueteé el pelo y lo limpié con champú, haciendo mucha espuma y haciéndome un masaje relajante. Qué bien… Exacto Bill, coge aire y disfruta. No me aclaré el jabón y dejé que este suavizara mi pelo y lo dejara bien sano.

Salté al siguiente paso y me llené las manos de gel que no dudé en esparcirme por los brazos y por el pecho, intentando también simularme un masaje relajante y agradable.

Lo estaba consiguiendo y eso me estaba alegrando, me estaba incitando a seguir y a no parar por nada del mundo. Era el momento, yo podía hacerlo…

Volví a untarme las manos en gel y esta vez me llené los muslos y las rodillas haciendo pequeños masajes circulares y llenándolo todo de espuma. Subí poco a poco y me salté la parte principal para pasar al ombligo, y por correspondiente a la barriga, juntando finalmente ese jabón con el que ya había en el pecho.

Por fin decidí lavarme las partes e intenté tocármela un poco, para que el placer entrara en juego, y poco a poco me fui encorvando hasta que me puse de cuclillas en el suelo y acabé apoyando las rodillas en él. Noté como el agua me hacia cosquillas en la baja espalda, cayendo a borbotones.

Con la mano temblorosa y llena de espuma procedí a acariciarme primeramente las nalgas. Puse la frente contra la cerámica de la paredy poco a poco fui llegando al punto clave. Tenía el corazón a mil por hora y estaba poniéndome muy nervioso otra vez.

-Vamos Bill, tranquilízate, no te has dado la ducha más relajante de tu vida para que tires todo por la borda… – me dije a mi mismo, enfadándome.

Decidí usar el dedo corazón, y empecé con un poco de presión en la entrada.

-¡Bill, que te relajes, coño! Sí, sí, estoy en ello, gracias. – Me auto contesté.

Solté el aire que había estado cogiendo y poco a poco fui haciendo más y más presión. De pronto me di cuenta que tenia los ojos cerrados al máximo y casi me hacia daño a mi mismo, y me fui destensando. Vale, vale, esto no duele. No sé si es por el jabón o por el agua o por yo que sé, pero ni costaba ni dolía.

No dejé de apretar hasta que me di cuenta que estaba totalmente dentro.

-Em… esto es muy muy raro. – No pude evitar comentarlo en voz alta. Quizás porque el hecho de oír alguna voz, me daba la compañía y el soporte que esta situación necesitaba. Decidí seguir haciendo de comentarista del partido: – Vale, está entero. Primera parte superada. Aunque es una sensación muy extraña.

No sé, notar una presión en ese sitio era como sentir que… bueno, ya sabéis, como si necesitara ir al baño con urgencia.

Mantuve el dedo dentro al menos un minuto entero, intentando acostumbrarme a aquella presencia extraña y finalmente fue así. Con un poco de lentitud lo saqué casi hasta el final, y otra vez aquella sensación de ir al baño me inundó. Ah… qué cosa tan horrible.

-Bill estate quieto. Date tiempo. Total, al final irás a la hora de comer. Ya no te da tiempo a desayunar.

Con la misma lentitud de antes volví a introducir el mismo dedo, para ver si esta vez era más cómodo. Poco a poco, poco a poco. Me di cuenta de que no era para nada doloso, simplemente molesto, y eso hizo que me diera cuenta de lo tensa que tenia la espalda que poco a poco se fue liberando de ese malestar para acabar relajada y tranquila. Solté el aire y me dediqué a sentir el agua calentita resbalando por mi espalda, y llegando hasta la palma de mi mano, que introducía y sacaba el dedo con lentitud.

-Bien Bill, ¡perfecto! Lo estás haciendo de puta madre. Siguiente nivel.

De nuevo volví a sentir que todo se encogía y se tensaba, un pequeño espasmo fue su consecuencia. Vale, está claro que un solo dedo no iba a doler ¿Pasaría ahora?

Cerré los ojos y me apresuré a ello. Cuanto más tarde peor. Saqué el dedo que estaba y empecé a hacer presión con ese y con su vecino, el anular.

Esta vez empecé a pasarlo bastante mal. Por mucha presión que pusiera (presión, no fuerza), no había esa facilidad que había tenido con el dedo corazón. Eso me puso nervioso, porque significaba que si le ponía más empeño me dolería.

-Bill, no te rajes. Hazlo hoy, y si no te gusta, no tendrás que hacerlo nunca más. – De nuevo mi voz me tranquilizó, y lo mejor es que vi esas palabras como el consejo más apropiado.

Apreté con fuerza y una mueca se apoderó de mi cara. Había presión y dolor, no tanto como me lo imaginaba, pero temblaba sólo de pensar que si dos dedos me dolían, Tom me partiría por la mitad. Sobre todo ahora que ya se la he visto… Es que joder, la tiene enorme.

Ya iba por la mitad, y sentí que la parte más dolora había pasado, así que volví a destensarme y de pronto, el siguiente cacho de dedos que faltaba, entró como si nada. ¡Válgame Dios! Bill, se te había olvidado la parte más importante… ¡Relaja la raja!

Perfecto. Me quedé así un rato hasta que de nuevo me volví a acostumbrar.

-Ya van dos Bill ¡Ya van dos! – Cierto era que no estaba llegando a disfrutar, que eso era lo realmente importante, pero de lo que estaba seguro, es de que mi chico si iba a hacerlo, y eso me llenaba de emoción con solo pensarlo.

Volví a intentar hacer movimientos, abriéndolos un poco, e intentando sacarlos y meterlos a fin de que me sintiera cómodo, cosa que jamás pasó, pero dejé de sentirme extraño, para dejar paso a una sensación de tranquilidad: “tampoco es para tanto”. La peor parte ya ha pasado.

Los saqué e intenté un escalón más, el último. A partir de ahí, ya dejaría paso a Tom.

Respiré hondo y solté el aire con la máxima tranquilidad. Esta vez supe exactamente que tenía que estar lo más relajado posible. Puse los tres dedos centrales formando un triangulo y de nuevo volví al tema. Presiona, presiona, relájate. Presiona, presiona, relájate.

Pero esta vez si que me estaba doliendo, y yo no estaba en tensión. No los conseguí meter enteros. Los saqué y me apoyé en una pared. Apoyé el culo en la cerámica ya caliente por el agua vaporosa, y me rodeé las piernas con los brazos, frustrado. Noté unas palpitaciones en el recto, y eso no me hizo ninguna gracia. Al final cesaron muy rápido.

Me quedé debajo del agua un rato y salí más tarde, algo cabizbajo.

.

-Dos dedos y medio.

Mario me miraba con la boca llena de comida, y con cara de imbécil. Debía de pensar que la virgen me había visitado esta noche y que me había vuelto majara, y bueno, igual no iba demasiado mal encaminado.

Estábamos prácticamente solos en el comedor. Yo había salido a dibujar un rato al pie del lago, mucho antes de la hora de comer, para despejarme un rato, y justo me encontré a Mario dándose un baño él solo. Enseguida lo llamé y me saludó de lejos, radiante y con el cuerpo lleno de brillitos por el agua y la luz del sol. Me puse a dibujar, y evidentemente consideré perfecto usarlo a él como modelo. Al cavo de media hora, salió del agua y se estiró a mi lado, colocando una toalla, para disfrutar del cálido sol que apenas duraba hasta media tarde.

Fue muy gracioso porque ninguno habíamos desayunado y nos sonó la barriga al mismo tiempo. Nos moríamos de hambre.

Fuimos justo a la hora en la que la cocina ya servía la comida, pero nadie acudía aun. Así que excepto un par de personas más, Mario y yo éramos los únicos presentes en el comedor.

-¿Queh dishes…? – dijo con la boca llena.

La verdad es que él era la única persona con la que podía hablar del tema, así que en cuanto vi la oportunidad tan clara, no dudé ni un segundo en contárselo.

-Pues eso… Dos dedos y medio… – Esta vez me costó mucho más decirlo. La fuerza y la valentía que había conseguido antes se había quedado justo ahí, en ese ”antes”.

Vi como Mario entrecerraba los ojos y calculaba algo muy fríamente. A todo esto, su mandíbula se movía poco a poco pero sin pausa, acabando de masticar toda la comida que se había metido de golpe. De pronto, le hice tragárselo todo de golpe, del espasmo que me había dado.

-¡Por cierto! – dije, y ahí se ahogó el pobre, del susto. – Que llevo ya un buen tiempo preguntándomelo… ¿Sabes español?

-Pues sí, sí sé. –dijo algo extrañado. ¿Porque se extrañaba? ¿Es que nunca había dicho algo delante de él? Aunque después se le iluminó el rostro. –Entonces, imagino por tu pregunta, que tú también, ¿verdad? – esta vez su tono era mucho más alegre.

-¡Sí! Cuando era pequeño mi madre contrató a una chica para que me cuidara, una niñera. Estaba de Erasmus al principio, pero al final se quedó a vivir cerca de casa. El caso es que ella era española, y le preguntó a mi madre que si quería que me hablara en español, ya que cuando se es pequeño, es el mejor momento para aprender idiomas, y mi madre le dijo que sí enseguida. Estuvo cuidándome hasta por lo menos los quince, sin exagerar (bueno, mi madre es la exagerada, ya ves), y claro siempre hablando con ella en español, al final dominé la lengua perfectamente. Aunque yo he notado por tu acento, que eres de Latinoamérica, ¿no?

-¡Pues sí! ¡Más o menos! – De pronto cambió el idioma – Yo realmente soy de aquí, pero la familia de mi madre es de Perú, cuando ella tenía apenas 5 años, decidieron volver, pero ella regresó a Alemania cuando creció. Al quedarse embarazada tomó la decisión de que me hablaría en castellano para que yo lo aprendiera. Y ya ves.

-Oh, Mario Mario Mario… – dije, con los ojos en órbita.

-¿Qué, qué, qué?- Dijo intentando mirar hacia donde yo, sin encontrar nada interesante.

-Mario… Podemos hablar… ¡Sin que nadie se entere de lo que decimos!

Abrimos los ojos hasta el máximo mirándonos. De pronto Freddy Mercuri y su “We are the champions” resonó en la cabeza de ambos mientras una lágrima de emoción se resbalaba por mi mejilla y entrelazábamos nuestras manos con alegría y… STOP.

Bill, esta vez te has pasado.

-¡Oh dios mío! Tienes razón – Era increíble imaginar que a partir de ahora nadie podría entendernos si habláramos entre nosotros en castellano, que podríamos intercambiar palabras “en clave” sin tener que estar tres horas en intentar codificarlas para que las entienda el otro. ¡Era genial! – Vale, pues volvamos al tema. ¿Qué me decías de los dedos? No he entendido nada de nada.

Suspiré, la verdad es que aunque nadie pudiera entenderme, porque habíamos empezado a hablar en el otro idioma, seguía costándome un poco poder hablar de este tema.

-Pues que, te hice caso Mario. Esta mañana cuando me di cuenta que Tom ya no estaba me metí en la ducha y bueno… Sólo podía acordarme de lo mal que estaba él anoche, y de cómo podía hacer algo para que todo estuviera bien, que se alegrara. Y pues eso, lo he intentado, y he conseguido meter dos dedos y medio.

A Mario se le había crispado un poco la cara en mitad de mi discurso, y supe enseguida porqué.

-Tom… Tienes razón. Se me puso a llorar por teléfono cuando llamó. ¿Se puede preguntar qué es lo que le pasaba…? – Tanteó. Yo simplemente negué con la cabeza.

-No me lo ha dicho ni a mí. Simplemente, nos fuimos a mi cabaña y nos pusimos a dormir. Dios Mario, en la vida me había sentido tan inútil. No sabía qué hacer ni decir, y tampoco quería que me contara lo que le pasaba si él no quería… Simplemente dejó a entender que cuando estuviera preparado ya me lo contaría.

-Joder… Ha tenido que pasar algo muy chungo. – Miré al plato y asentí con tristeza. – ¡Va! ¡Va! ¡Nada de derrumbarse, Bill! ¿Qué me decías? Dos dedos y medio ¡Wau! – dijo, muy feliz, sincero y asombrado, cosa que no esperaba. ¿Era acaso una proeza? – ¿Y qué tal? Qué ha pasado con el medio dedo que faltaba? – dijo poniendo una sonrisa amplia.

Yo también sonreí por ese comentario, por un instante se me pasaron los dolores de cabeza por el problema de mi chico, y se me cambió la personalidad. Eché el cuerpo hacia delante para hablar con más confidencialidad con Mario, y puse casi cara de chica, como si ahora mismo fuera a decir “Es que, la dependienta de MAC es imbécil, me ha mirado fatal…”.

-Pues verás, estaba como muy nervioso cuando iba por el segundo, porque con el primero todo ha sido muy fácil y rápido, pero me había tensado tanto con el siguiente que me dolía. Cuando de pronto me relajo y ¡ala! Entra casi solo, teniendo en cuenta que ya llevaba eso un buen rato preparándome. El caso es que me sentía hasta con confianza porque no me estaba doliendo demasiado, pero cuando he ido a por el tercero, ya no ha habido manera… – Puse voz triste de nuevo, y me quedé mirando mi tenedor, jugar con la comida que no llegaba a comer.

-¡Pero si es que es normal! Bill, la primera vez va a doler siempre. Yo simplemente te dije que hicieras eso para ver si te sentías cómodo, o por el contrario, totalmente asqueado. La parte en la que te has querido centrar hoy, es tarea de Tom. Ya se encargará él de hacerlo lo mejor posible para que duela lo mínimo e imprescindible.

-Ya, también tienes razón… Pero me imagino pasándolo mal delante de él, y eso no me gusta. Prefería acostumbrarme yo solo para después no hacerle pasar el mal trago…

-Oh vamos Bill. ¿Le vas a quitar el placer a un hombre de desvirgar a alguien? Él espera que lo vayas a pasar mal, al fin y al cavo es la primera vez. ¿Qué pasaría si de pronto lo estáis intentando y entra de puta madre sin dolor y sin nada? No se va a creer que no lo has hecho nunca… – Mmm. Eso me dio qué pensar. ¿Había disfrutado yo desvirgando a alguna chica? Bueno, la verdad es que hacía tiempo que no me pasaba eso, pero las veces en las que me había pasado, había sido un poco asqueroso por eso de la sangre, y los gritos de dolor… ¿De verdad a Tom le iban esas cosas? – Piensa que es un macho-men, le gusta sentirse importante. ¿Y qué hay mas importante que la primera vez de alguien? – Oh… visto así.

-Mierda Mario, me has leído el pensamiento.

-Bueno, pues eso. ¿Qué tal? ¿Ha sido muy desagradable? – me preguntó por una crónica de la situación.

-Pues a ver… No ha sido ninguna maravilla. No he intentado que me gustara porque se me estaba haciendo muy raro.

-¿Qué? ¿No lo intentabas para que te gustara? ¿Porqué no? Es lo básico. ¿No te has hecho una paja mientras te tocabas o algo?

-Em… Nop.

-¿Y porque no? – se extrañó.

-Pues no lo sé la verdad. Yo sólo quería comprobar que no lo iba a pasar demasiado mal, que no era una sensación horrible y yo que sé… Que pudiera soportarlo. Y la verdad, he llegado a la conclusión de que no es demasiado molesto, y que es soportable. Si me acaba gustando, que sea por Tom. Porque él me haya echo disfrutarlo.

Mario me miró de lado, pensando en lo que había dicho y después se encogió de hombros.

-Está bien tío. Si tú lo ves bien así, perfecto. Mola que hayas llegado a esa conclusión. Ahora, la siguiente pregunta es… ¿Para cuándo el polvo? – Ensanchó una sonrisa que fijo habría dejado ciego al que le hubiera reflejado la luz de sus blanquísimos dientes.

-¡Ay ay! ¡Yo que sé! Cuando sea, Mario. Cuando tenga que ser. – Me estremecí con la pregunta. Vale que hubiera aceptado, pero eso no indicaba que lo esperara con ansias.

De pronto, un sonido nos hizo girarnos los dos al mismo tiempo. La puerta del comedor se abrió, y fue mi rubio de las rastas el que la mantuvo abierta hasta que todos los niños hubieran entrado. Me quedé embelesado mientras lo veía contar cabecitas, asegurándose que ninguno se le había perdido en el bosque. Mario se giró enseguida para mirarme y alzó las cejas dos veces como diciendo “aaandaaa… ¡mira quien ha llegado!”. Y yo lo miré a él con los ojos fuera de si mismos, diciéndole “¡Cállate! ¡Tú no sabes nada!”. Él enseguida me devolvió un efusivo gesto de asentimiento mientras podía escuchar prácticamente un “sisi tio, todo bajo control. Soy una tumba”. Rodé los ojos mientras me reía, y miré mi plato lleno de comida. Joder aún no había empezado casi. Disimulé así y empecé a comer.

Tom

Veinte… Veintiuno… Veintidós… ¡Y veintitrés! Perfecto, todos los piojosos ya estaban en el comedor. Comprobé que todos cogieran la bandeja y los cubiertos y que se pusieran en la cola. Poco a poco fueron recibiendo la comida y cuando por fin se sentaron todos en las mesas, pude descansar en paz. ¡A por mi bandeja! Diablos, estoy muerto de hambre.

Era increíble lo bien que había pasado la mañana. Apenas había tenido dos bajones contados, pero bueno, mas que excusables. Todo lo que había vivido ayer… Dios. Otra vez no, Tom, que ibas muy bien, coge la bandeja y a comer. ¡Ñam! Hamburguesas y patatas fritas. Realmente lo necesitaba.

En cuanto todo lo tuve servido miré a la mesa donde siempre estaban todos y me emocioné de encontrar a Mario y a Bill comiendo. Aunque por un instante se me crispó el mundo. ¿De que estarían hablando? No es que puedan contarse nada raro, pero vamos… Imagino que Bill sabe que no le había dicho nada a Mario, ¿verdad?

Bill me miró y me sonrió ampliamente. Me saludó con la mano, y todos lo sentimientos que había tenido antes, desaparecieron con el vaivén de sus dedos, indicándome que me acercara.

La verdad es que me moría de ganas, pero yo tenía un sitio indicado en la mesa de profesores, y alguna vez ya se me había pasado, cosa que no era conveniente. Yo tenia que reservar mi posición como profesor del campamento. Bueno, ¿qué coño? A quién no le guste, que me lo diga, y ya veremos si le hago caso.

Me encaminé feliz hacia él, bueno ellos, y me senté al lado de Mario, para no ser demasiado evidente. Creo que eso molestó un poco a Bill ya que me puso una cara rara. ¡Pero es que era a Mario a quien tenía más cerca! ¿No iba a cantar mucho si daba toooda la vuelta a la mesa para poder sentarme junto a él? Bueno, da igual.

-¡Hola Putom! – me dijo el mariconcete de las mechas rosas.

-Hola maricona – le devolví, sonriente. – Hola Bill. – Creo que sonó demasiado serio, pero lo intenté arreglar con una sonrisa. -¿Qué tal ha ido la mañana, señores? –intenté desviar la atención de ese saludo tan pobre y con tanto que desear.

-¿Perdón? ¿Desapareces anoche entre sollozos y hoy estás radiante? ¿Qué coño te pasa? – Uh… Mierda. Ayer llamé a Mario prácticamente llorando. Pegué un suspiro y bajé la cabeza, con cansancio. – Lo siento Tom si no quieres hablar del tema, pero al menos menciónalo un momento.

-Ya ya… Iba a pedir perdón. Ya lo explicare cuando sea adecuado. Simplemente, olvidadlo, ¿vale? Eso intento hacer yo, y sería de gran ayuda si ninguno me lo recordáis. – hablé lo más serio que pude, y después continué con la pregunta de antes – Bueno chicos, ¿qué tal la mañana?

-Bueno, yo me he despertado tan tarde que no he ido a desayunar – Esta vez fue Bill. Tss ¿qué se piensa? ¿Que no me he dado cuenta? Estudio tus movimientos baby. – Y cuando he decidido salir de la cabaña me he ido un rato a pintar al lago y mira con quién me he encontrado. Como ninguno hemos desayunado hemos venido muy pronto a comer.

-Ahá, exactamente. ¿Y mi novio?

-Pues… No tengo ni ide… – De pronto me quedé en blanco. Mi padre acababa de entrar por la puerta. Cogí aire y esperé que nadie se hubiera percatado de lo tenso que me puse enseguida. Pero como era de esperar, Bill lo notó enseguida. Miró a mi padre con un interrogante y luego a mi. No comentó nada. Bien Bill, gracias.

-¿Oye qué haces aquí sentado? – ¿Pero qué coño? ¿¡QUÉ MIERDAS HACE ESTE HABLÁNDOME?! – Tom deberías estar donde los profesores. – La madre que lo trajo…

-Paso. – Le contesté simplemente porque estaban Bill y Mario delante, que si no le cruzaba la cara.

Jörg se me quedó mirando, o al menos eso intuí, porque no quería ni fijarme.

-Tom, ya llevas un par de días en esta mesa, deberías comer en la de siempre, es la de los profesores.

-Que paso he dicho, joder. Pírate.

-Tom…

-¡Que te pires! – chillé muy enfadado. Tensé la mandíbula al máximo y después pinché el tenedor en la comida, quitándole importancia al asunto. No quería una batería de preguntas en cuanto se fuera. Algo que por cierto, fue imposible…

En cuanto mi padre se fue, Mario intervino.

-¡Pero tío! ¿Cómo le hablas así a tu padre? – me dijo, incluso molesto, dándome un pequeño golpe en el brazo.

-Nada, me he cabreado con él esta mañana y ahora estamos un poco, picados. Eso es todo. – Sabía que no había contestado del todo a lo que me decía, pero lo que yo había dicho servía para todo el resto de las preguntas.

-Vale tío, entendido.

De pronto, un silencio marcó del todo el resto de la comida y yo me sumergí de nuevo en un mar lleno de tormenta, que amenazaba con granizo destrozando todo lo que tenía a mi alrededor. Lo peor fue, que no me estaba dando ni cuenta, porque en mi cabeza nada más que oía a mi padre hablando, y repitiendo una y otra vez lo mismo “En las ecografías había algo raro… Ya no eras sólo tú, erais tú… y tu hermano gemelo”.

Hermano gemelo.

Hermano gemelo.

Hermano.

Mi hermano.

Mío.

Bill

Mario y yo nos esperamos a que Tom acabara de comer, y la verdad que no tardó mucho. Fue una comida express después de lo que había pasado con su padre. Algo me decía que no estaba siendo del todo sincero con nosotros, y que algo muy chungo le estaba pasando con su viejo. Fuera lo que fuera, sólo él es quien nos lo puede explicar, y ya sería el momento cuando él quisiera.

El sonido del móvil de Mario nos sacó a todos de aquella tensión tan palpable. Miramos curiosos quien podría ser pero en cuanto oímos por parte de Mario exactamente la palabra “Mi amooor”, rodamos los ojos al mismo tiempo y volvimos al estado de silencio principal. Yo lo miraba atentamente mientras comía, y lo estudiaba poco a poco.

Jamás me había fijado tan detenidamente en él. Algo en su cara me resultaba muy familiar, pero no llegaba a adivinar el qué. Me encantaba la forma de su nariz, tan suave y respingona, y sobre todo, no podía quitarle el ojo encima del piercing que llevaba en el labio. Puft…

Pero entonces, le miré a los ojos, y los vi hundidos, perdidos, y eso hizo que se me encogiera el corazón.

Una vez hubo finalizado el plato se levantó y lo dejó en el montón de los que estaban sucios y abrió la puerta del comedor. ¡Eh eh! ¿Pero qué coño…? Ah, vale vale, estaba sujetando la puerta, indicándonos para salir.

Cogí mi móvil que estaba encima de la mesa y arrastré a Mario por una de las mangas de su camiseta hacia la puerta, éste refunfuñó pero acabó saliendo del recinto por si solo. Aunque bueno, salió de ahí sólo para despedirse de nosotros.

-¡Chicos! Mi novio me requiere. –Y nos guiñó un ojo. Sí, ya sabemos para qué te requiere…- ¡Ciao!

Se despidió con la mano mientras se iba, y nosotros le devolvimos el gesto, para sumirnos de nuevo en el silencio. Vale. Ok.

-Oye… ¿Seguro que no quieres hablar de lo de ayer? Estabas bastante… Afectado. Incluso ahora mismo, comiendo. – le dije. O se lo decía ya o estaría toda la tarde esperando a decírselo. Prefería un no por respuesta ya, y así pasar la tarde haciendo algo más provechoso.

Tom me miró muy seriamente a los ojos y yo fruncí el ceño, intentando leerle el pensamiento, pero no pude. Finalmente negó con la cabeza y me habló.

-Necesito despejarme, no volver a lo mismo. – Y de pronto se le cambió un poco la expresión. Puso una sonrisa de lado y después de mirar a ambos lados, me tendió la mano – Quiero enseñarte algo que creo que te gustará.

La cogí la mano y solamente me estiró el brazo para que lo siguiera, pero eso ya me había parecido lo suficientemente cariñoso y me emocioné de que intentara pasar la tarde tranquilamente.

-¿Y dónde vamos exactamente? – quise saber, divertido.

-Bueno, es una tontería en realidad, pero siempre agrada mucho la primera vez. Así que lo dejaré en misterio. Pero advierto que se tarda en llegar.

.

Llevábamos más de tres cuartos de hora subiendo montaña y yo me estaba ahogando en mi propio ser. Me flaqueaban las piernas y el sol me estaba quemando el cuello. Suerte que llevaba una camiseta, que si no a saber cómo de rojos deberían estar mis hombros a estas alturas.

Por otra parte, Tom… Sí se había quitado la suya, y justo lo tenía delante de mi, subiendo la montaña, con la espalda llena de sudor y brillos del sol. Era más moreno que yo, aunque sin exagerar, y sinceramente, me lo estaba comiendo con la mirada.

No hace falta ni hablar del momento en el que se la ha quitado, que ha sabido exactamente la cara de pasmado que he puesto. Joder, qué bueno está mi novio.

Esa era una de las cosas buenas de aquella expedición; el primer plano del culo de mi chico, subiendo la montaña, y con subir un poquitito la mirada, te encontrabas con su enorme y curtida espalda. ¡Oh Bill, qué pensamientos tan impuros! Si una monja me oyera… Qué risa.

Seguía concentrado mirando el asunto y no pude evitar morderme el labio. Yo creo que hasta me había puesto a bizquear de lo centrada que tenía la mirada. Sin querer me empecé a morder el labio y a lamerlo un poco… Entonces Tom se giró.

-Bill, ¿estás muy cansad…? ¡JAJA! ¿Y esa cara de pervertido? – Me dijo cayéndose casi de la risa. Tapándose los abdominales con los brazos, aguantándose la risa. Yo por un instante no me di cuenta del momento, porque no podía dejar de mirarle los brazos y el pecho, pero de pronto…

-¿QUÉ QUÉ? Perdona pero hay un paisaje mucho más bonito alrededor que mirarte ese culo! – Y de pronto fue cuando me dediqué a mirar a mi alrededor, y pude comprobar que estábamos subiendo muchísimo, y que habían unas vistas increíbles del campamento y de… bueno de todo. Dios mío.

-Uno; Yo no he dicho que me estuvieras mirando el culo – Uh. Error. Te ha pillado Bill. – Dos; por la cara que acabas de poner, apuesto que ni te habías fijado en el resto de las vistas… – Dijo con una voz socarrona y provocativa. Se sacudió el piercing del labio con la lengua. Maldito seas.

Lo miré fijamente y al instante tuve que separar nuestros ojos porque sabía que ya no podía replicar nada. Él simplemente ensanchó una amplia sonrisa y se me acercó, abriendo una bolsa que habíamos recogido de la oficina de su padre, con botellas dentro.

De esta me sacó la que parecía haberse mantenido más fresquita.

-Ten bebe un poco de agua, que te asaltan los calores por todas partes. Estás rojísimo. Mañana te picará la cara y se te caerá la piel. – Dijo riéndose

¡¿Qué qué?! ¿!Que mi piel qué?!

-Estás de coña ¿no? – Dije cogiendo el agua y pegando un sorbo que acabó en absorción de la mitad del contenido. Después puse un puchero tocándome las mejillas, y acariciándomelas, preocupado. – Este cutis siempre se tiene que mantener perfecto.

-¡Tss! Siempre tan masculino… No te preocupes, cuando lleguemos te pones algo de crema que también he traído. ¡Te habría dicho que te la pusieras antes, pero no creí que te fuera a coger tan pronto! La verdad es que estás hecho un vaso de leche… – se mofó.

-Bueno bueno, tanta palabrería. ¿Cuándo llegamos? Esto empieza a parecerme una broma.

-Ya mismo. – Y dicho esto, nos metimos por en medio de unos arboles y no había pasado ni un minuto que empecé a oír un sonido bastante fuerte y estruendoso. Salimos de entre los árboles, y pudimos ver un río. El río que llevaba el agua hasta el lago del campamento.

En cuanto llegamos Tom se cruzó de brazos y me miró, expectante. Supongo que querría ver mi cara cuando me cerciorara de cada detalle. Y supongo que se estuvo riendo mucho por dentro, porque la evolución de mi expresión pasó de ser algo parecido a la confusión a ser de asombro y máxima ilusión.

El agua era muy bajita y si avanzábamos un par de pasos ya nos hundíamos en lo que al principio era apenas la sensación de meterse en un charco lleno de piedras, pero que por mucho que avanzaras el agua apenas iba a llegarte por debajo de las rodillas. De hecho, la superficie tenía grandes piedras por el centro y podrías tumbarte encima de lo grandes que eran. El río era muy tranquilo y poco caudaloso, supongo que porque estábamos tan arriba que aquí empezaba y no era demasiado agresivo. A mi derecha el río continuaba montaña arriba de manera pausada pero con unas preciosas y pequeñas cascadas causadas por rocas en medio del camino, nada significativo, pero a mi derecha… La vista se me perdía de golpe. Había como un tajo en medio del río, y este desaparecía, y lo siguiente que veías eran montañas a lo lejos y poco más. ¿Pero qué…?

Me acerqué con cautela y enseguida Tom vino a cogerme de un brazo, como si me estuviera protegiendo de lo que pudiera pasar.

Avancé poco a poco y llegué hasta el final del riachuelo, obligándome echar el cuerpo un poco hacia a delante, para poder ver qué había más allá. Tom me cogió más fuerte aún del brazo.

Pude comprobar que se trataba de una cascada que daba a una especie de lago pequeño que daba pie a un río aún más grande y caudaloso, que continuaría su curso hasta convertirse en el lago del campamento.

-¡Una cascada!

-De hecho… Tres.

-¿Tres? – Me puse de puntillas por si conseguía ver algo, pero no fue el caso.

-Sí, en cuanto caemos por la primera, si avanzamos un poco nos encontramos con otra un poco más alta, y después con otra también un poco más alta. –Se calló un momento, y luego continuó. -Bueno, en realidad hay cuatro si contamos la que hay antes de esta, pero es demasiado peligrosa. La montaña aún sigue muchos metros más arriba, y si llegáramos a subir un poco debajo de la cima, encontraríamos la cascada. Es genial pensar que se amaina tanto el río en este punto.

Tom

Me encanaba la cara que había puesto al descubrirlo todo. Recordaba aquella conversación donde Bill quería tirarse por una cascada, y me dije a mi mismo que yo lo llevaría algún día. Si, lo recuerdo perfectamente.

-¿Muy peligrosa…? ¿Fue ahí dónde…? – Intentó acabar la frase pero parece que me dejó a la espera, intentando que lo adivinara yo.

-¿Dónde fue el qué?

-Pues hombre… Ya sabes, lo que me dijiste, Tom.

-¿Qué yo te dije qué…?

-¡Tom por dios! Aquel amigo tuyo que estuvo en coma un año y se quedo tetrapléjico o algo así me dijiste… – Me miraba con los ojos entristecidos, y culpable por tener que decir en voz alta lo que me estaba explicando. Oh mierda, la historia de Matt… ¿Al final no le conté que era mentira?

-Oh… Sí, claro… – Mierda tío, ¿qué coño hago? ¿Enserio que al final no le dije que era mentira? Joder Tom, como te pasas con él. Al final parece que no me acordaba tan bien de esa conversación como yo pensaba. ¿Debería contarle la verdad ahora o esperarme a que el momento bonito haya pasado para que no se estropee todo? Hombre, la verdad que dicho así, no sé ni cómo me lo planteo. Sí, mejor me espero. – Pero no quiero hablar de esto ahora. – ni lo miré a la cara, no quería que se me notara que estaba mintiendo.

-Entiendo entiendo.

-¡Perfecto! ¿No era esto lo que querías, chico? – Dije radiante mientras abría los brazos mostrándole así todo lo que había alrededor. – No sólo una cascada, sino tres.

Primero me miró frunciendo un poco el ceño, sin llegar a entender, y luego vi como miraba a un punto perdido, recordando aquel momento donde me pedía las aventuras peliculeras.

-¡Me has traído porque te acordabas de que te lo pedí! – dijo atónito.

-Joder, ¿porqué lo dices tan sorprendido? Ni que yo tuviera una memoria de pez, tío.

Se rió y se lanzó encima mío. Me abrazó fuerte y luego mi miró a los ojos un instante y me besó dulcemente en los labios.

-¡Vamos vamos! ¡¡Quiero saltar!! – tantas ansias tenia de ello, que simplemente con hablar ya estaba dando brincos en el agua, chapoteándolo todo. Lo cogí por el brazo antes de que se despistara y se cayera por la cascada antes de tiempo. – Eeehh, que no soy estúpido. – y cuando me dijo eso me sacó la lengua. Qué desagradecido.

-Vale veamos. En esta primera cascada llevo a los niños que superan la edad de los 10 así que espero que no te mates en esta, porque sería bastante patético. – Bill puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.- Así que para salir ileso tienes que seguir todas las instrucciones que te diga.

Bill asintió, divertido.

-Dígame profesor, yo le haré caso en todo. Supongo que si me estoy apunto de ahogar, vendrá a salvarme la vida, ¿verdad? – dijo con tono juguetón.

-Vaya Vaya Bill, así que te va el rollo alumno-maestro… No sabía yo eso de ti. – Dije divertido y tocándole la barbilla mientras me acercaba sugerentemente. – No te preocupes que te haré el boca a boca como mínimo.- Noté como a Bill se le tensaron los músculos y antes de que me dejara besarlo me apartó.

-¡Bueno, bueno! Que yo quiero saltar ya, explícame de una vez las normas. – se había puesto nervioso por un momento e incluso reacio. ¿Qué coño? Lo miré a los ojos un segundo pero no logré ver qué le pasaba exactamente. – ¿Qué pasa? ¿Porqué me miras? – decidí dejarlo estar.

-Nada nada, da igual. – Negué rápidamente con la cabeza, como desentendiéndome de lo que acababa de pasar e inicié de nuevo el discurso de las normas. – Lo primero de todo es… quitarse la camiseta, Bill. – dije de pronto, dándome cuenta de lo evidente. Este puso cara de “Ups”, y sonrió. Después salimos los dos del agua y nos dirigimos a donde había dejado la bolsa con las cosas.

Bill se quitó la camiseta sin mirarme, y no pude evitar devorar con la mirada todo los tattoos que tenía. El de la estrella… Madre mía, ese tattoo está ahí sólo para volverme loco.

Salí de mis pensamientos y volví a guardar la bolsa en el sitio de siempre y volvimos una vez más al agua.

Pasito a pasito y cogidos de la mano para que Bill no se resbalara, acabamos justo donde antes, delante de la cascada.

-¡Va Tom, que quiero saltar ya!

-¡Que sí que sí! Vale veamos, lo primero de todo es no ponerse nervioso y estar seguro de ti mismo, puede que en esta cascada no tengas porqué tener miedo, pero mientras avanzamos el recorrido todo se volverá un poco más peligroso y cualquier gesto de nerviosismo puede crear un incidente. ¿Entendido?

-Sí.

-¿Sí? Creí que dirías “Sí profesor” y luego me guiñarías un ojo. Ya sabes, por lo del rollo de profe y el alumno. – le dije volviéndole a nombrar la broma de antes, alcé las cejas un par de veces en sentido provocador pero este no pareció cambiar la cara ni un ápice.

-Continua. – ¿Pero ahora qué le pasaba?

-Voooy. Segundo. Cuando vayas a saltar intenta saltar hacia adelante lo máximo que puedas para evitar que te puedas dar o raspar en la espalda con alguna piedra que pueda estar sobresaliendo.

-Sí.

-Tercero. Ahora el agua que estamos tocando está medianamente templada porque apenas hay y no tiene demasiado movimiento por lo tanto coge mucho calor del sol, pero la de abajo ni te lo imaginas lo fría que puede estar. Así que no te asustes y cuando llegues abajo ponte a nadar para entrar en calor lo más rápido posible.

-Vale.

-Finalmente, nada de saltos olímpicos ni nada extraño. Tírate lo más recto que puedas sin torcerte, ya que depende de cómo caigas, si te caes de plancha contra la superficie puedes llegar a hacerte muchísimo daño, sobre todo en la última caída. – Puso cara de horror cuando me oyó.

-¿Y cómo dejas que los niños salten? ¡Desde arriba tú eso no lo puedes controlar! ¡Estáis locos!

-No hombre no, normalmente cuando hacemos esto, hay tres profesores, en el peor de los casos dos, que siempre solemos ser Erika y yo, ella está abajo, comprobando que ningún niño se tire de alguna manera extraña, y si fuera el caso, ella está ahí para intentar frenar la caída o intentar cogerlo… etc.

-Ah… Erika. – dijo, con un tono un tanto extraño.

-¿Qué pasa?- Bill me evitó la mirada y se dispuso a mirar a la cascada, como si ya fuera a saltar.-¡Eh eh! Espérate. ¿Porqué lo has dicho de esa manera?

-Nada, es sólo que… ¿Esa tía te va detrás, no? – ¿Er comor? ¿A qué venía esto? ¿Mi moreno estaba celoso? Me reí un poco.

-Bueno… En los viejos tiempo sí, pero ahora ya no, o eso tengo entendido.

-Ah…

-¿A qué viene tod…?

-¿Os habéis acostado? – Zaska. Me dejó la palabra en la boca.

-Pues claro. – ¿es que no es obvio? – ¿Te vas a enfadar? – pregunté, un poco atónito.

-No no, claro que no. Es solo… Quería saberlo. ¿Y este año? ¿Te la has tirado este año?

-Em… – No lo recordaba. ¿Lo había hecho? Ah sí, el primer o el segundo día, después de pillar un calentón por culpa del que tenía delante. – Sí, pero tú y yo apenas nos conocíamos. Eh eh, ¡tú te tiraste a Ashley y ya hablábamos mucho! De hecho, tenías novia. Si llega a estar aquí te la habrías tirado todos los días… – se rió cínicamente por lo último que dije.

-No no, si no te estoy echando nada en cara, es solo que bueno, como la había visto rondándote alguna vez, me preguntaba si te la habías tirado, aunque supongo que era una pregunta tonta. ¡Va, vamos a saltar de una puñetera vez!

Lo miré un tanto extrañado pero divertido al mismo tiempo. Luego volví a la tierra.

-¡Sí, exacto! Un poco de diversión. ¿Quieres tirarte tú primero? ¿Los dos a la vez? ¿O alguna sugerencia que tengas?

-Mmm… Yo primero.

-¡Muy bien! Pilla algo de carrerilla y cuando saltes intenta nadar apartándote de donde estés, no sea que te salte encima de tu cabeza cuando yo llegue. Y recuerda lo fría que está el agua, intenta saltar alejado de…

-Sí sí, qué pesado eres. Aparta. – Entonces me empujó con su brazo mientras hacía marcha atrás con los ojos concentrados en el punto final de la cascada. Cogió aire, se puso en posición de correr y salió disparado hasta que en la punta, pegó un salto. Yo también corrí para asomarme y asegurarme de que estaba bien. -¡¡IUUUJUUUU!! – su grito de júbilo resonó en toda la montaña y sin haber saltado yo, sentí llenarme de vida y de emoción, como si fuera la primera vez. Se zambulló en el agua y dejó una montón de espuma alrededor de dónde había caído. Esperé un rato a que saliera a la superficie pero no lo hizo. Quizás fue solo los nervios que tuve de que le pasara algo, pero yo sentía que tardaba mucho en salir. Se me puso el corazón a mil por hora y estuve apunto de saltar cuando… – ¡¡AAAAAAHHHH!! ¡¡CONGELACIÓN CONGELACIÓN!! ¡¡QUÉ FRIIIIIO, COÑOOO!!- solté todo el aire que había contenido y empecé a reírme desmesuradamente.

-¡¡JAJAJAJ!! ¡Vaaa, apártate que voy yo!

Me separé de donde estaba y tracé un pequeño camino hacia atrás que sería el desfiladero hacia la caída. Me puse yo también en posición de salida y en menos de un instante ya estaba corriendo. Salté pero intentando ir hacia arriba, para que la caída fuera aún más alta, y recé por que Bill se hubiera apartado ya. Yo también lancé el mismo grito de liberación y me zambullí en el agua congelada. ¡AAAHHHR! Tom aguántalo, que has estado mil veces aquí. Intenté salir a la superficie y me encontré a Bill moviendo los brazos sin parar, frenéticamente mientras se me acercaba a toda velocidad.

-Tooooom – dijo melosamente pero con una pena fingida – que tengo friiioooooww – me estaba poniendo pucheritos y prácticamente estaba nadando como un patito recién nacido, chapoteando por todas partes, y yendo muy torpemente intentando llegar hacia mí.

Me acerqué y lo abracé con fuerza. Pude ver que tenía todo el cuello con la piel de gallina. Ju, qué gracia. Lo apreté con fuerza aunque sabía que eso era una tontería porque no iba a servir de nada, pero mentalmente siempre ayuda.

-¿Estás bien? ¿Qué tal ha ido el salto?

-El salto bien, la caída también, pero el quedarme esperando ¡horrible! Vamos vamos, ¿qué hay que hacer? ¡Necesito movimiento!

-Bien vale, ¿ves ahí delante cómo el rio continua con una pequeña pendiente y se va ensanchando un poco? – Bill asintió con la cabeza – Bien, pues a partir de ahí empiezan unos pequeños rápidos donde nos lleva la corriente. Solamente hay que ponerse estirado en el agua con los brazos cruzados y procurar no desestabilizarse. Aunque si lo prefieres puedes ponerte en mi pecho en forma de cuchara, y nos dejamos arrastrar juntos, que esto yo ya lo he hecho varias veces. ¿Qué te parece?

-Emm… No he entendido mucho qué quieres decir, pero si crees que va a ser más seguro y que voy a entrar en calor acepto ahora mismo.

-Mira nademos un poco.

Fuimos uno al lado del otro, avanzando por el río, y enseguida vimos lo que yo decía; el río empezaba a hacer pequeños zigzags y parecía haber suficiente corriente para que te arrastrara, Al haber desniveles si formaban rápidos y era realmente emocionante pasar por ahí.

Cogí a Bill de una mano y lo puse justo delante de mí, su espalda me tocaba el pecho. Nos pusimos justo en una zona dónde era fácil dejarse llevar si no te soltabas de una roca que estaba perfectamente posicionada. Me agarré con un brazo y con el otro rodeé a Bill. Levanté los pies y noté cómo la corriente se los intentaba llevar y Bill se vio obligado a levantar los suyos también, como si estuviéramos en una hamaca.

-¡Aaahhhh!

-Tranquilo tranquilo. Vale ahora me soltaré de la roca y no quiero que cambies tu posición por nada del mundo.

-Vale vale – dijo muy enérgicamente, pero cagado de miedo.

-Tres… Dos… Uno… – Noté cómo Bill se tensó y me agarró el brazo con fuerza. Al haberme soltado acabé de rodearlo bien. Con ayuda de los hombros, que eran como una especie de timón que me ayudaban a manejar un poco el equilibrio, y de la poca corriente que había al principio pude colocarme más o menos en el centro del río y dejarnos llevar por la corriente que poco a poco fue yendo más deprisa. – ¡WWWWUOOOOOO!! – Grité emocionado. Bill chilló conmigo también mientras el agua nos llevaba de un lado al otro.

Hubo un momento dónde casi nos la pegamos contra una piedra pero entre Bill y yo pudimos esquivarla. De qué poco no me mata Bill del susto.

La corriente nos arrastró un par de minutos increíbles y pronto acabamos cerca de la próxima cascada.

Bill

Esto estaba siendo… Increíble.

La última cascada fue la mejor de todas sin duda, y aunque no me atreví a saltar solo, cuando estuve en el aire, me solté de la mano de Tom para vivir aquel momento tan genial al completo. Al llegar a bajo parece que él no se lo tomó muy bien, pero enseguida se lo expliqué.

Al final de todo el recorrido acabamos en la parte más alejada del lago que ya era conocido y nos pusimos a hacer guerra de agua o de ahogar al otro.

En una de esas, Tom me abrazó y nos besamos en medio del lago. Creo que era la primera vez que nos besábamos en un sitio tan abierto, y tan… de día. Me dio vergüenza al principio, pero después me dejé llevar. Imaginaba que no iba a ver nadie por allí, así que enseguida lo abracé por el cuello y la cabeza mientras que él me rodeaba la cintura y nos besábamos prácticamente con ternura. Lento y bonito. Muy bonito.

Creo que podía notar el calor en mis mejillas, seguro que me estaba ruborizando.

-¿¡PERO QUÉ VEN MIS OJOS?!

La piel de la espalda se me erizó completamente del susto y Tom y yo nos separamos enseguida. Con una taquicardia encima miramos al lugar de dónde provenía esa voz. Notaba que el corazón se me iba a petar dentro del pecho.

Eran Ashley y Georg.

Me quedé estático y boquiabierto. Primero porque: Uno, ¿Ya volvían a ser amigos? Dos, ¿Qué coño hacían tan alejados del campamento? Empecé por lo segundo.

-¿¡Qué hacéis tan lejos!? – intenté desviar al máximo la atención de lo que acababa de pasar. Miré de reojo a Tom y este miraba al agua completamente rojo.

-No estamos tan lejos… – dijeron al unísono Tom y Ashley.

Me quedé callado.

-No no, la pregunta es ¿qué coño está pasando? – Soltó Ashley un tanto indignada.

Joder, lo que faltaba… Ahora que estaba bien con todo el mundo se me iba a enfadar ella. De pronto fui consciente de algo. ¿Realmente estaba bien con Georg? Lo de la cena del otro día fue algo extraño, el abrazo que me devolvió fue bastante forzado. Quizás Ashley habló con él y sólo me perdonó porque ella se lo había dicho. O quizás simplemente no estaba preparado para abrazarme. No sabía nada. El caso es que se lo tenía que preguntar ya.

-Pues esto… Yo… – no sabía muy bien qué decirle. Volví a desviar el tema. – ¿Cuándo os habéis reconciliado tan bien?

-No no, a mí no me trates de tonta. ¡No te vayas por la tangente! ¿Qué está pasando aquí? – en la última pregunta separó cada palabra con fuerza.

-¿Es que acaso no es evidente, Ashley? – esta vez fue Georg el que habló. Yo ya tenía el aire para contestar la primera tontería que se me ocurriera y lo solté de golpe de la sorpresa. Noté que su voz era monótona y con cero emoción, ni buena ni mala, pero al menos era una contestación. La cuestión es que Georg sabía lo mucho que me gustaba Tom, vale que no le había dicho nada de nuestra relación, pero… ¡Porque no nos hablábamos! ¿Se estaría enfadando por no explicárselo?

-¿¿Pero es que tú ya sabías algo de todo esto??

-Pues claro que sí. Hay que estar ciego para no verlo. Así que déjalos, no le pongas ahora en un compromiso, ya hablaréis. – el corazón me latía a mil por hora de la emoción, de la alegría que estaba sintiendo por sus palabras.

-Bill, ¡¿Entonces al final si eres gay?! ¡¿Después de todo lo que has vivido?! ¿¡De todo lo que te han dicho?! No me lo puedo creer Bill. Esto es imposible.– casi me chilló. Me dolieron en el alma esas acusaciones. No estaba yo sufriendo lo suficiente como para que ahora me viniera ella y me dijera las cosas de esta manera.

-Ashley, cállate. – Esta se giró de pronto a Georg muy ofendida y fue a intentar replicar cuando de pronto este volvió a hablar – calla la puta boca. Y será mejor que le pidas perdón.

Había dejado de mirarles y ahora mi vista estaba también fija en el agua, flipando. Recordando las palabras de Ashely una y otra vez. Creo que después de las últimas palabras de Georg esta me miró, pero no sé si bajó el enfado de verme tan hecho polvo. Simplemente hubo un gran silencio después. No quería ni imaginarme como estaba Tom en estos momentos. Seguro que estaba buscando un agujero en el que meterse.

-Esto… – y de pronto oí su voz. Me giré para ver lo que iba a decir pero no agregaba nada más.

-Eh tío, tengo una pelota de playa en la orilla, ¿hacemos un partido uno contra uno de fútbol? – el tono de Georg había cambiado totalmente y esta vez hablaba con mi novio. Le hablaba como a un colega más, como si nada de lo que acabada de pasar fuera demasiado importante. De hecho, parecía incluso como si nunca hubiera existido.

A Tom se le iluminó el mundo y lo miró sonriendo.

-¡Sí, claro! – casi salta de la alegría – ¡Ja, te pienso machacar!

-¡Eso ya lo veremos!

Los dos salieron corriendo lo máximo que les dejaba avanzar el agua. Ashley y yo nos miramos durante sólo un segundo, pero la mirada que compartimos pareció interminable. Había dolor, y rencor; por ambas partes.

Ambos fuimos también al mismo sitio donde el resto de los chicos pero la energía que ellos desprendían hacía cuestionarse si nos habían llegado a robar la nuestra, ya que parecía que estuviéramos de camino a un funeral… con familias enfrentadas.

.

Nos sentamos en la orilla del río, con los pies dentro del agua y el sol dándonos en la cara levemente. Ya debía de ser tarde porque el sol estaba dejando de dar tanta calor.

Hubo un silencio que contrarrestaba los chillidos de los otros dos, mientras ellos se lo pasaban bien, nosotros no sabíamos ni qué decirnos. Muy a regañadientes, opté por empezar yo.

-Llevamos desde el domingo en una “relación”. Por llamarlo de alguna manera. – solté, seco y desanimado. La verdad es que se lo quería contar a Ash, pero no de esta manera.

-¿Por qué no me lo has dicho antes?

-Porque no quise. – y esa es la pura verdad. No quería decírselo aún.

-¿Y me lo ibas a contar?

-Claro que sí.

Volvimos a quedarnos en silencio. Me fastidiaba que fuera yo el que empezara a hablar, y ella continuara con el mismo tema, sin centrarse en el daño que me había llegado a hacer. Ni que fuera mencionarlo y pedirme perdón.

-¿Eres gay, Bill? – cerré los ojos con fuerza. Encima esto.

-¿Por qué me lo preguntas en ese tono?- sonaba a que me estaba juzgando con crueldad.

-Creo que es evidente. -¿Intentaba darme pena diciéndome indirectamente que le acababa de romper el corazón? Tss, Por favor.

-Mira Ashley, creo que eres lo suficientemente lista como para saber el calvario que estoy pasando como para que encima me vengas con estas. Lo que me has dicho antes me ha dolido, y mucho. – Fue a decir algo pero la corté. Me estaba entrando mucha rabia. – ¿Es que crees que es fácil darse cuenta de algo así? ¡Soy el primero en ser consciente de toda la mierda que he vivido, Ashley! Era a mi a quien insultaban, ¿recuerdas? Claro que lo recuerdas… No hace ni un minuto que me lo has dicho, así, como si nada.

-Bill…

-Déjame acabar. – cogí aire e intenté transmitir lo que iba a decir con el peor tono de voz posible. Me estaban entrando muchas ganas de hacerle sufrir lo que me estaba ocurriendo en esos instantes. Quería que le hirviera el estómago en náuseas. Se había pasado mucho esta vez. – No necesito ese tono de indignación que has puesto, lo siento pero si eso es lo que me vas a dar a cambio a partir de ahora, te lo puedes ahorrar. Siento mucho que te hayas ido a enamorar de alguien como yo, pero es lo que hay. Ni siquiera has intentado pedirme perdón. Yo ya soy mayor como para poder decidir cuando explicar algo a alguien, sin tener que excusarme por ello. ¡Te lo iba a contar, por dios!

-Bill lo siento. – dijo lo más rápido posible. – Me he puesto celosa. Estabas libre por fin, y había tenido una oportunidad contigo, y se acababa de esfumar. Me ha dolido. Lo siento por lo que he dicho, de verdad.

-No me lo puedo creer… ¿Es que no aprendes? Ashley, eres terreno vedado. Por mucho que yo me enamorara de ti, estaría prohibido. Georg va por encima de muchas cosas, y sinceramente, me arrepiento de lo que pasó. – la verdad es que mentí. Pero prefería que Ashley se quedara con esas palabras, para que de una vez por todas, pasara página. – Él no se merece lo que le hice. Ya lo has visto hoy, no sé ni siquiera si realmente nos hemos arreglado, y me ha defendido enseguida. Yo no me lo merezco a él. Es demasiado buena persona… Soy un verdadero hijo de puta.- Esta parte en realidad la dije para mí, pero la solté en voz alta. Como esos pensamientos que derivan sin querer. Pero todo lo que estaba diciendo era verdad.

Escuché un puchero a mi lado, y me giré para encontrarme con una Ashley completamente roja y con los mofletes hinchados. Estaba hiperventilando y notaba perfectamente como intentaba aguantar el llanto, de una manera totalmente fallida. Los ojos los tenía tan rojos que se le inundaron de lágrimas enseguida, que se amontonaron y acabaron por descender por sus mejillas.

Me partía el corazón verla así.

Pero no hice nada.

-Pégame. Me merezco una hostia por tu parte. No debí seguirte el rollo aquel día. – Vi como se recogía las piernas y se las rodeaba, escondiendo la cabeza entre las rodillas, y se ponía a sollozar, lo más silenciosamente que podía.

Y sin poderlo evitar… yo también lloré. Primero fueron un par de lágrimas que no supe controlar. Pero luego me faltaba la respiración y me ahogaba con intentarlo. Me entraban pequeñas convulsiones y cerré los ojos con fuerza, notando como el maquillaje iba a empezar a desteñirse por todo mi rostro.

Un mar de sentimientos se apoderaron de mi ser. Podía verme a través de una ventana, una ventana que me atrevía a abrir justo ahora y que lo que desvelaba era a un Bill con un bidón de gasolina rociando todo lo que había a su paso, para después lanzar una cerilla y conseguir así, quemar todas las cosas que estaban cerca. Y mientras él, en el centro, mirando hacia arriba, el único sitio donde no había fuego; a las nubes. A sus fantasías. ¿Serían Tom esas fantasías? ¿Era eso en lo único que pensaba mientras todo lo demás ardía?

Podía oír los chillidos de desesperación e incluso sentía el olor a carne quemada.

Yo haciéndole tantísimo daño a Ashley. Bill, con los sentimientos no se juega. Deberían cortarte la polla por lo que hiciste.

Decepcionar a Georg de esta manera. De la peor de las maneras diría yo.

Pero un sonido me llamó la atención por encima del resto, y sobre todo fue por la cercanía de esa voz. Era el llanto de pánico de una voz femenina. Dawn ardía justo en mis pies y yo ni siquiera notaba el insoportable calor que desprendía. Dawn me miraba con los ojos abiertos y tiraba de mi pantalón intentando llamarme la atención. Se desgarraba la voz y pedía que la ayudara, pero yo… Yo era un gilipollas que sonreía mirando las nubes, y que era el que más se merecía acabar reducido a cenizas.

Estuvimos por lo menos diez minutos sin decirnos nada, y cada vez controlábamos mejor el llanto, con alguna que otra recaída. Esto era muy extraño, pero sentía que necesitaba cada uno de los lamentos que se escapaban de mí.

-No se lo cuentes a nadie, por favor… -musité, por fin.

-¿Quién lo sabe?

-…-Lo pensé durante unos instantes. – Que estemos saliendo, Mario y ahora tú. Que sepan que Tom y yo tenemos algo raro entre manos… Georg y Dawn. – Ashley me miró de sopetón con los ojos muy abiertos. Podía ver lo realmente rojos e hinchados que estaban.

-¿¡Dawn?!

-Shht! Tom no sabe que ella es mi ex… – le dije, poniéndome el dedo en boca, indicándole que cerrara el pico. – Sí… Cuando le expliqué lo que había pasado, – hice una pausa, para que se aclarara perfectamente a lo que me refería – pensé que merecía saberlo.

-¿Y… qué tal?

-Pues fatal para ella, está claro. – hice una pequeña pausa – Aunque el tema clave, no se lo tomó a mal. Digamos que no me juzgó por lo que me estaba pasando. – dije con un poco de sorna.

-Ya… Ella es mejor que yo hasta en apoyarte en cosas así.

La verdad es que no supe qué contestarle y nos volvimos a quedar en silencio. Al no sentirse nuestras voces pudimos oír las de los otros dos chicos, que jugaban a fútbol detrás nuestro. Me emocionaba pensar que se llevaban tan bien entre ellos. Sobre todo me encantaba ver a cada uno ser feliz. A Tom divertirse y a Georg reírse, porque hacía bastante tiempo que no lo hacía. Eso me hizo recordar algo…

-¿Desde cuando os habéis arreglado tú y Georg? ¿Qué me he perdido? – No quise sonar demasiado desafiante porque yo tampoco le había confiado nada a ella, pero el tono me siguió saliendo bastante monótono y serio por la situación en sí.

-Hace un par de días tuvimos una charla. Bueno, primero fue una charla, después fue una pelea, y luego fue casi un monólogo compartido donde yo primero soltaba todo lo que sentía, y luego él. Llegamos a la conclusión de que tenemos los tres, es algo difícil de explicar, pero aún más de sentenciar. Asi que bueno, siguen habiendo momentos de tensión pero… Nos hablábamos casi normal. Imagino que debes de estar deseando hablar con él.

-Mucho.

-Pues tendrás que esperarte a que él se te acerque. Él considera que tu parte es el triple de peor que la mía, porque “yo hacía un par de días que sabía que me quería” – las comillas era porque ella sabía eso desde hacía siglos, ya que era más que evidente – en cambio tú, en principio eres su mejor amigo, ¿verdad? Pues sabías eso desde que me conocisteis.

-He intentado hablar con él cientos de veces.

-Pero antes no quería saber nada. Ahora ha recapacitado, así que está esperando a que vuelvas.

Asentí con la cabeza y respiré fuerte.

-Está bien.

-Oye… ¿Me perdonas? – dijo con miedo, con pavor. Sabía que me había afectado mucho.

-Sí, claro que te perdono – no costó nada responderle, era verdad. Ella era mi mejor amiga. – Pero… No me pidas que estemos como siempre al menos hasta mañana.

-Lo entiendo.

Nos levantamos y fuimos a buscar al resto de chicos, que se habían sentado con la pelota en los pies, a fumarse un cigarro. Sin decir nada nos pusimos cada uno al lado del correspondiente, por decirlo de alguna manera y con la mirada le pedí un cigarro a Tom, que le echó una mirada a Georg y este me abrió el paquete con una mano. Lo sacudió hacia arriba y un par de cigarros quedaron levantados del resto, haciendo así más fácil el poder cogerlos. Cogí uno y después desvió el paquete hacia Ashley, que también decidió fumar.

.

Pudimos ver como finalmente el sol desaparecía entre las montañas dejándolo todo prácticamente a oscuras y dejándonos a todos la piel de gallina. Georg nos prestó una de las dos toallas que habían traído para que nos tapáramos ya que nosotros habíamos venido con lo puesto.

-Tom, aún tenemos arriba la mochila.

-No te preocupes, la iré a buscar mañana pasado, que me toca excursión.

Asentí. Enseguida nos levantamos todos y enfilamos el camino hasta nuestras cabañas. Nos separamos en cierto punto y Tom y yo nos dirigimos a la mía. Una vez que llegamos me dio un beso justo enfrente de la puerta.

-Nos vemos en el comedor en media hora. – y guiñó un ojo mientras se iba.

Se iba y ya quería que volviera. Media hora me parecía un infierno.

Continúa…

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