24: Mentiras, verdades y promesas

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 24: Mentiras, verdades y promesas

Gordon y Jane conversaron toda la noche, rieron, bebieron, comieron. Algo en ellos los unía involuntariamente, una fuerza interior los estaba atrayendo poco a poco.
-Oh se me ha hecho tarde – suspiró ella dejando el dinero sobre la barra, debajo de la trasparente copa – debo irme, fue un gusto para mí conversar con usted.
-Deja de tratarme de ‘usted’ me haces sentir más viejo – añadió el hombre acompañándola hasta la puerta. Salieron y el frío los hizo temblar a ambos; ella rió tímidamente y le dejó un fugaz beso en la mejilla. En silencio comenzó a caminar por la oscura calle – ¡Jane!
-¿Sí? – Dijo ella desde lejos – dime.
-Te llevo – sonrió Gordon invitándola a subir a su camioneta.

Mansión Kaulitz
-¿Cómo pudiste hacer eso? – preguntó asombrado un joven muchacho disfrazado con una capa negra, al estilo ‘El Zorro’– pero… Derek, lo mandarás a la cárcel?
-Claro que no – suspiró Jörg, ya en boxers sentado sobre la cama. La misma cama en la que esa mañana estuvo su rubia amante– recién vine de pagarles al comisario y al juez. Son mis amigos, les dije que cierren la causa como suicidio y el mes que viene leerán el testamento probablemente. Obviamente ante la suma que les ofrecí no se resistieron.
-No puedo creerlo – negó el jovencito espantado – es que…yo te miro y no me pareces capaz de tanto.
-Ven aquí tortolito – le sonrió tomándolo de la mano – lo importante es que ahora te tendré sin inconvenientes.
-¿Blanquearas nuestra relación? – Preguntó ‘él’ con los ojos brillosos – ¿les dirás a lo de la empresa que soy tu pareja?
-No es tiempo – excusó el padre de Bill – pero pronto se lo diremos.
-Mierda Jörg – se quejó – yo te amo, incluso más que cualquier persona en este mundo y lo único que haces es postergarme, siempre quedo como tu plato de segunda mesa. Eso no es justo.
-Mi amor, tenme paciencia – rogó el mayor y el muchacho revoleó los ojos acomodándose entre sus piernas comenzando a besar su desnudo pecho listo para enredarse bajo las sábanas con él.

Casa Trümper
Llegó exhausto, entre risas por las copas de más y las anécdotas de esa joven mujer. Para su suerte, había alcanzado a anotar el número de su móvil e intentaría ser más que su seguidor. Subió pesadamente las escaleras, dejando sus zapatos en el camino; luego ingresó en su habitación donde su esposa descansaba tranquilamente dándole la espalda, aún con la luz del velador encendida. Resopló al recordar la discusión previa a su salida y se recostó en la cama sin quitarse la ropa mirando al techo. ¿Su hijo con otro hombre? No… ¿En qué había fallado él como padre?
-¿De dónde venís? – susurró Simone girándose, con los ojos llorosos mirándolo fijamente – con ese olor a tabaco y a alcohol.
-De tomar con los muchachos – mintió el señor Trümper – descansa, mañana hablaremos bien.
Ella dolida se acercó hasta él sollozando sobre su pecho, aferrándose con ese temor que crecía con los años: perderlo para siempre.

Departamento de Bill
Sin causar el mínimo ruido, entró al dúplex casi en puntitas de pies cuando oyó claramente unos gemidos y sonidos provenientes de la habitación del muchacho de rastas.
– Oh Bill – gimió una ronca voz, de inmediato la reconoció y cerró los ojos, intentando hacer de cuenta que no había oído nada. Con su corazón debilitado una vez más, y unas lágrimas que batallaban por escapar de sus oscuros ojos se dispuso a irse a dormir, aunque moría por beber algo para su fuerte dolor de cabeza.
En la oscuridad de la habitación, con ese aroma a sexo, a lujuria a amor, era la tercera vez en la noche, que lo poseía con delicadeza y salvajismo al mismo tiempo. Su cuerpo se transformaba en su adicción a cada embestida, desenfrenándolo hasta perder la conciencia. Sus manos recorrían ese delgado y frágil cuerpo, al igual que sus labios marcando territorio. El joven director, tenía sus rodillas sobre la cama y ambas piernas levemente separadas. Sus blancas y oscuras rastas caían sobre uno de sus hombros, mientras que en el otro Tom lo mordía a medida que entraba y salía de él. Bill separó su espalda del pecho del fotógrafo para luego apoyar sus manos sobre la cama logrando una penetración más profunda. El de trenzas, totalmente embriagado ante el acto sexual, lo tomó de las caderas presionándolo contra su entrepierna alcanzando así, nuevamente el éxtasis esta vez juntos. Sus cuerpos cayeron agotados sobre la cama, con sus pechos subiendo y bajando ante la entrecortada respiración.
-No puedo más – susurró mientras sus mejillas se encendían – mierda Tom, toco el cielo con las manos.
-Bebé –sonrió el de trenzas- ¿Me dejarás pasar el resto de mi vida a tu lado, amándote cada noche, besándote cada mañana, abrazándote cada tarde?
– Por supuesto que sí – añadió abrazándolo, descansando parte de su sudado cuerpo sobre el de su enamorado – pase lo que pase, siempre estaremos juntos.

-Mira Bill, el día que yo no esté más… – comenzó a decir con sinceridad.
-No digas eso – lo interrumpió mirándolo a los ojos – no me dejarás nunca Tomi.
-Escúchame – suspiró quitándole parte del cabello de su delicado rostro – yo no se si algo pueda sucederme, mañana o en unos meses o hasta años, pero quiero que siempre recuerdes cuanto te amo ¿si? Seré quien te cuide desde donde esté encargándome de que sigas siendo feliz.
-No – agregó al borde del llanto – el día que te vayas, me iré detrás de tuyo ¿entiendes?
-¡No! – Exclamó Tom reincorporándose, sentándose sobre la cama– cuando yo no esté, serás feliz y formaras una familia ¿de acuerdo? Yo se que me seguirás amando y que no me olvidaras como yo a ti, pero prométeme que si me voy primero buscaras una persona que te ame y formaras una bonita familia a la que amaras mucho. Prométemelo.
-Te lo prometo – dijo ya con una lágrima recorriendo su mejilla – pero…no volveré a estar con otro hombre que no seas vos.
-¿Por qué? – cuestionó tomándolo entre sus brazos.
-Porque te di lo más sagrado, y solamente será tuyo…sobretodo mi virginidad de ‘ya sabes donde’. Nadie más tendrá acceso – respondió con sus mejillas levemente rosadas – únicamente Tom Trümper puede pasar.
-Por mí viviría allí – bromeó acariciándole su espalda baja con el fin de provocarlo.

– Cochino – rió Bill – yo te dejaría vivir ahí, ¿tienes ganas de volver a pasar?
Ambos rieron sonoramente ante sus indirectas y de inmediato, el fotógrafo lo cargó en sus brazos sentándolo sobre sus piernas listo para volver a hacerle el amor. A la mañana siguiente, cada centímetro de su cuerpo dolía fatalmente. Abrió sus ojos y se encontró con la cama vacía. Levantó su cabeza y notó la puerta del baño entreabierta y el sonido de la ducha como la dulce y cálida melodía. Frotó sus ojos sentándose sobre el extremo de la cama y su espalda crujió.
-Auch –se quejó tirándose el cabello hacia atrás – me duele todito.
Se levantó con más quejas ante el dolor de sus músculos y envuelto en las sábanas entró al baño encontrándose con Tom de espaldas tomando un baño. Se mordió el labio inferior al notar como un hilo de espuma recorría su ancha y bien marcada espalda y se perdía entre sus piernas. ¡Genial! Se estaba enloqueciendo nuevamente. Sonrió ampliamente ante la idea que acababa de cruzársele por la cabeza, y dejó caer la blanca tela que lo envolvía dejando expuesto todo su cuerpo. Caminó hasta la ducha y corrió la cortina sorprendiendo al fotógrafo por las espaldas.
-Buen día – lo saludó mientras el agua comenzaba a mojar su cuerpo también. Tom llevó sus manos a su cintura apegándolo contra su desnudo y empapado cuerpo.
-Buen día mi amor – repitió el de trenzas comenzando a devorar sus labios.

Lentamente lo arrinconó contra los helados y mojados azulejos levantando rápidamente sus piernas hasta subirlo sujeto a sus caderas – que bonita forma de levantarme.
-Te amo – susurró Bill.
-Di tómame – murmuró contra sus labios ya excitado comenzando a prepararlo- dilo.
-Tómame – ordenó dejandose amar – tómame, dueño mío.

Mansión Kaulitz
Desgastado ante la noche agitada que tuvo con su Zorro, Jörg desayunaba junto a la piscina mientras leía el periódico como todas las mañanas. Llevó la taza de porcelana a sus labios bebiendo un buen sorbo justo cuando una voz lo sobresaltándolo causando que se manchara su costosa y fina camisa, justo su favorita.
-Maldición – dijo entre dientes observando como una Natalie callada se sentaba ante él – me asustaste Natie.
-Buenos días amor – lo saludó en voz baja – ¿Cómo dormiste?
-Pensándote – mintió mientras con una servilleta de papel absorbía el líquido que había quemado su piel – ¿Tu preciosa?
-No tan bien – añadió, para luego quedarse callada unos cinco minutos.
-¿Sucede algo? – Habló por fin él rompiendo el silencio, algo asustado ante alguna cosa relacionada con su amante que pudiese haber oído – te noto extraña.
-Es que, creo que esto del plan saldrá mejor de lo que esperábamos – sonrió entre feliz y angustiada – pero tengo mucho miedo que todo se nos vaya al diablo.

-No me asustes Natalie – tragó serio, prestando atención por fin al sobre color madera que traía entre sus inquietas manos – ¿Qué traes?
-Ábrelo – le ordenó extendiéndoselas. Jörg intrigado rompió el borde y sacó dos papeles en blanco y negro. Miró el primero, unos exámenes de ¿orina y sangre? Temeroso, pasó la hoja y vió la siguiente. Dos pequeños cuadraditos de una… ¿ecografía?
-Joder Natie, eres… genial – suspiró con una amplia sonrisa – ¿Dónde los falsificaste?
-No son falsos – agregó acariciando su vientre – estoy esperando un hijo tuyo Jörg.
-¿Qué? – murmuró empalideciendo.
-Que en unos meses serás padre… o más bien abuelo – rió ante la idea.
-¿Te das cuenta por qué te amo rubia? – Jörg le acarició su abdomen con suavidad comprendiendo su plan – así que aquí está creciendo el primogénito de mi hijo. ¡Felicidades señora Kaulitz!

Continuará…

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