24: Perdiendo el control

CAPITULO 24 PERDIENDO EL CONTROL

Loud Like Love de Placebo, se escucha a todo volumen, Bill esta tendido en el sillón blanco que ocupa la mitad de la sala de su Loft, su mirada está puesta en el techo de cristal del lugar, de sus labios se escapa el humo del cigarrillo que reposa en su mano izquierda, el cachorro de buldog ingles descansa sobre su abdomen, mueve uno de sus pies al compás de las canciones que se van reproduciendo, mientras tanto en su mente se sigue repitiendo la imagen de Nina besándolo, vuelve a llevar el cigarrillo a sus labios, dando una larga calada, sostiene el humo hasta que esté llena sus pulmones por completo, entonces comienza a liberarlo lentamente, observando cómo se eleva hasta que se desvanece. Su respiración es suave y calmada, los ojos comienzan arderle, ha pasado casi un minuto desde su último parpadeo, termina el cigarrillo, dejando la colilla en  el cenicero de la mesa de centro, tras la última expulsión de humo, cierra los ojos, dejando que el sueño lo envuelva, acaricia el lomo del cachorro y se deja arrullar por la voz del Brian Molko que interpreta Bosco, quedándose profundamente dormido.

El sonido del teléfono le hace abrir los ojos, tiene la camiseta sudada, la música se ha detenido y lo único que se escucha es el sonido de cláxones y las sirenas de la calle, aun aturdido toma su teléfono, la pantalla se ilumina y le muestra la nueva llamada perdida de Tabatha, observa la hora en la pantalla son cerca de las tres de la tarde, se pasa las manos por el rostro, limpiando los restos de sudor, deja el teléfono sobre la mesa y se pone de pie, se saca la camisa blanca que lleva, pasándosela por el torso, para limpiar los rastros de sudor que tiene en el cuerpo, camina hacia el baño, mientras se desnuda, puede que afuera aun este nevando pero él siente que ha pasado casi dos horas bajo el sol abrazador de alguna playa del Caribe, mientras el agua helada golpea su cuerpo, cierra de nuevo los ojos, recordando algunos fragmentos de su sueño, lo único que puede recordar son esos dos pares de ojos verdes, los primeros le miraban picaros tras un antifaz negro y los segundos lo miraban con si estuvieran estudiando sus movimientos, pero a pesar de que parecía ser los ojos de la misma persona, había algo en los primeros que le decían que no se trataban de  esos ojos verdes, que lo tenían hechizados desde hace meses, esa mirada, ese escalofrió que recorre su piel, tiene el sello de otra persona, una que odia con toda su alma, una que había arruinado su vida.

Sarah—aprieta la mandíbula, mientras ese nombre se escapa de sus labios como si fuera veneno. Corta el agua y se envuelve en una toalla negra, se detiene en el espejo, observando todo los tatuajes que ahora cubren su piel, había comenzado cuando era muy joven con ellos, los primeros habían sido pequeños y hechos solo por curiosidad, después de conocer a Sarah y probar las cosas que ella le había enseñado, cosas que le causaron demasiados problemas, comenzó hacerlos más grandes,  por la razón de que entre más grandes, más dolor infringía a su alma y calmaba un poco el dolor que sentía por dentro, un jodido dolor que parecía tener el tamaño de un agujero negro, todo por dejarse enredar por una puta que lo único que hizo fue destruir al chico que un día fue. O tal vez nunca fue como él pensaba y ella solo ayudo a sacar ese lado que tan vehementemente se negaba a liberar por no dañar a Tom.

Nuevamente el sonido del teléfono, lo saca de sus cavilaciones, deja caer la toalla y camina desnudo por el lugar,  toma un par de bóxer negros y unos pantalones del mismo color, un jersey gris, sus botas negras, se acomoda el cabello húmedo con las manos, toma un par de collares, sus anillos, su reloj, su chaqueta negra, guarda en los bolsillos su teléfono y las llaves del lugar, el ladrido de pumba lo detiene en la puerta, se voltea y observa al pequeño animal sentando en medio del lugar, se inclina y le rasca la parte trasera de las orejas, se pone de pie y camina de nuevo a la cocina, llena el plato de agua y coloca algunas croquetas en el plato, vuelve acariciar al pequeño animal y tras prometerle volver pronto, sale del Loft.

Estaciona el coche en la plaza del hospital que tiene asignada a su disposición, observa algunos médicos y personal administrativos pasar por el frente de su vehículo, algunos lo miran con recelo, otros simplemente lo ignoran, esos que lo ignoran son los que más le agradan. Desciende del vehículo, se justa la bufanda y camina hacia la entrada del hospital, en el lobby se encuentra con Christofh, el imbécil que se encarga de su servicio comunitario.

Llegas tarde Kaulitz.

Buenas tarde Christofh—saluda—Las calles están nevadas, no pretenderás que mate por el camino o por el contrario  que mate a alguien.

Como sea muévete.

Schulz y Christofh están en la oficina del primero conversando sobre las horas que Bill ha estado en el hospital y las diferentes actividades que desempeña.

Oye, Alice—la regordeta secretaria de Schulz, levanta la mirada de la computadora, le sonríe a Bill, que tiene que contener las ganas de rodar los ojos, por la estúpida sonrisa que la mujer le dedica—Veo que el collar te queda de maravilla—alaga, es una baratija pero seguro esa mujer siente que es la joya más espectacular que ha recibido, sin duda es igual de estúpida que Tabatha, ven algo que parece ser fino y son felices—¿La doctora Sacks ya regreso?

La mujer le mira a través del cristal de sus gruesas gafas—Aun está de vacaciones, todos los estudiantes se incorporan la próxima semana—responde, Bill le dedica una brillante sonrisa—la van a mover de rotación, dejara de estar de pediatría, la pasaran al área de urgencias.

Bill chasquea la lengua en respuesta, la puerta de la oficina de Schulz se abre, ambos hombres salen aun conversando, se estrechan la mano y tras un par de intercambio de comentarios, Bill y Christofh se alejan de la oficina de Schulz.

El doctor Schulz está encantado con el trabajo que has hecho y el hecho que hayas salido limpio en los últimos exámenes, me complace.

Soy un buen chico, Christofh—el hombre  rueda los ojos, le da una suave palmada.

Seguro Kaulitz, ahora solo necesitas completar el programa de control de ira  y tu sentencia se irá reduciendo.

Se aprieta el tabique de la nariz, después de apagar el motor del autor, sale del coche y tras poner la alarma, camina hacia el ascensor pulsa el botón para que las puertas se abran, una vez dentro, presiona el número que lo llevara al piso que desea. Las puertas del ascensor se abren en el último piso, camina por el largo pasillo, saca el juego de llaves que tiene en el bolsillo interno de su chaqueta, el olor a fresias es lo primero que invade su nariz, cuando cierra la puerta detrás de él. Observa el lugar aún hay cajas que no han sido desempacadas, camina hacia la cocina guiado por el ruido de la licuadora, Tabatha lleva solo una camisa larga con el número trece pintado en la espalada, debajo de eso, lleva un bóxer blanco y su cabello cae suelto y lacio.

Se aclara la garganta, llamando la atención de Tabatha, quien se gira a verlo.

Veo que aún no has podido acomodar este lugar.

He estado ocupada—responde, volviéndole a dar la espalda, vaciando un líquido verde en un vaso de cristal, Bill hace una mueca de asco, la ve rodear la barra y volver a la sala, sentándose en el suelo para continuar sacando cosas de una de las cajas. — ¿Dónde estabas?

Ocupado—camina alrededor de ella, sentándose en uno de los sillones—No me has dicho, si te gusta el lugar.

Es un lugar muy bonito, mucho mejor que mi antiguo apartamento.

Te prometí que te daría todo lo que siempre has soñado—saca un cigarrillo y el encendedor del interior de su chaqueta, Tabatha lo observa por unos segundos y continua sacando cosas—Siempre cumplo lo que prometo.

Lo sé.

Recuerdas nuestro trato ¿Cierto? —se lleva el cigarrillo a los labios, dando una larga calada al cigarrillo.

Sí.

Repítelo

Tú me darás, los lujos que siempre soñé y… y yo a cambio, estaré dispuesta a complacerte siempre que lo desees, sin preguntas.

Buena chica—le palmea la cabeza—Ahora desnúdate y ve a la cama, tengo cosas que hacer.

Ahora no puedo.

Tabatha, hace una semana que no te follo, no me vengas con pendejadas.

Lo sé pero estoy teniendo mi periodo, ¿oh es que acaso no te importa?

Mmm—apaga el cigarrillo en el cenicero que esta frente a él—bueno en ese caso, usa tu boca.

Tabatha, se pone de pie y camina hacia él, se pone de cuclillas, desata las botas, lleva sus manos al cinturón, después al botón y finalmente al cierre, baja los pantalones con algo de dificultad, son malditamente entallados y le cuesta un poco de trabajo, termina de bajar los bóxer, está desnudo de cintura para abajo, el miembro de Bill se irgue, Tabatha lleva su diestra a él, antes de inclinarse y engullirlo, siente las manos de él, enredarse en sus cabellos, comenzando a marcar el ritmo, siente ligeros tirones en el cabello, lo toma con más fuerza y mayor profundidad, los gemidos de Bill, llegan a sus oídos, siente el sabor salado del presemen, enreda su lengua en la cabeza , continua lamiendo y succionando, Bill sigue tirando de ella, siente su orgasmo en la punta de los dedos, así como también siente como ella intenta alejarse y terminar el trabajo con su mano, pero no le da oportunidad, jala de su cabello una vez más y sin darle tiempo, la obliga a tragarse todo. Es consciente de la arcada que choca contra su pene, cuando Tabatha lucha por tragar y no vomitar en el intento, suelta sus cabellos al tiempo que su miembro abandona la cálida y húmeda boca de ella, se pone de pie, toma  su ropa y camina desnudo al baño, ese será su segunda ducha rápida del día. Regresa a la sala completamente arreglado su cabello aun húmedo y mal peinado, Tabatha está sentada en el sillón, donde antes estuviera él, lleva unos jeans, y una blusa azul claro,  tiene una extraña expresión en su rostro que llama la atención de Bill.

¿Todo bien?

Sí, ya sabes cosas de Edén—responde, dejando el celular en la mesita de centro— te quedas a comer ¿o estás muy ocupado?

Tengo que ver a Tom, pero puede esperar un rato más—Bill responde con una sonrisa. No era su intención quedarse con ella, pero había algo en su actitud que le daba curiosidad, no era remordimiento, por lo hace unos momentos, ella era una puta, su puta y Bill, le estaba dando más de lo que había dado a cualquiera de su clase.

Tabatha sonríe, toma el teléfono y encarga dos ensaladas y dos sándwiches, mientras esperan a que llegue el pedido, Bill decide ayudarle a terminar de colocar las cosas que aún le faltan en su lugar. Solo para matar el tiempo.

Treinta minutos más tarde ambos están teniendo un aburrido almuerzo en la mesa central de la sala, la televisión está en un canal de música, aun volumen lo bastante considerable para que puedan hablar.

La chica nueva, no recuerdo su nombre.

Eva—responde en un tono despectivo, odia a la chica, solo por la razón de ser bonita y más joven que ella. En el mundo en que trabaja una cara y un cuerpo bonito, son lo más importante, pero nada es más importante que la juventud, los clientes siempre buscan alguien joven y más bonita. — ¿Qué sucede con ella?

Te sigue causando problemas.

No. En realidad no me causa ninguno, solo rivalidad, pero no es gran cosa, le falta mucha experiencia.

Que a ti te sobra—le acaricia el muslo, recibiendo una sonrisa.

Por suerte a ti te encanta—se inclina sobre él, apoderándose de sus labios. Bill la sienta en su regazo, su lengua se abre paso en el interior de su boca, por desgracia para ambos, su boca no tiene ese sabor a dulce de cereza, que lo dejo hechizado desde hace días, rompe el beso, limpia el hilo de saliva que quedo en los labios de ella, la vuelve a sentar a su lado— ¿Pasa algo? —Pregunta.

Todo le encantaría decir, pero solo niega, Tabatha se pone de pie y toma los platos y los vasos, desapareciendo en la cocina, Bill se pasa las manos por el rostro.

Bill, estás raro. ¿Dime qué te pasa?

Ya te dije que nada—se pone de pie, Toma su chaqueta y comienza guardad sus cosas, en el interior de los bolsillo. —Muñeca siempre es un placer cogerte—la toma por el mentón y le da un corto beso, cuando ella intenta profundizarlos, Bill la separa.

¿Por qué me rechazas?

No, te rechazo, me has dicho que estas en tus días y la verdad no se me antoja metértela así.

Tabatha deja escapar un jadeo o una carcajada—Podrías, no ser tan explícito.

¡Oh! Cariño, no te hagas la ofendida, entre tú y yo este término es el más usado. Prefieres que te diga que no se antoja hacer el amor, contigo así, Tabatha, no me hagas cuestionarme, otra vez porque sigo contigo. Eres una puta, muy hermosa pero solo eso y para eso te pago, y te pago mucho mejor de lo que en realidad deberías estar ganando.

Ella también es una puta— dice, dando un par de pasos, para alejarse de Bill.

¿Ella? ¿Ella quién?

Sabes de quien hablo, no te hagas el imbécil.

Tabatha—dice Bill, apretándose el puente de la nariz—no me hagas perder el control, dime de quien chingados estás hablando.

¡Hablo de la puta de Nina!—sisea—Crees no me di cuenta que la besaste en año nuevo, en verdad crees que soy tan estúpida para no ver, que si hubiera sido por ti, te la habrías cogido en medio del lugar.

Tabatha, no digas estupideces.

¡Yo te vi!, No son estupideces.

Bill estalla en carcajadas al escuchar su rabieta.

¿Quieres que me disculpe contigo? Con una puta a la que le pago por qué me abra las piernas y me haga un par de mamadas. No seas ridicu…—Tabatha lo abofetea, el rostro de Bill gira y su mirada se pierde en el gran ventanal del lugar.

Bill, siente un fuerte zumbido en su oído, además de su respiración agitada y la de Tabatha, gira el rostro y siente una sensación de dejavu,  su mano se cierra en un puño, que impacta contra el pómulo y labio de Tabatha, haciéndola perder el equilibrio, Bill llega hasta ella en menos de dos zancadas, la toma por el cabello, poniéndola de pie,  un pequeño hilo de sangre comienza a salir de la comisura de su labio. Bill pasa su mano por su labio, limpiando el rastro de sangre. —Escúchame bien, pedazo de mierda, en tu vida me vuelvas a poner una mano encima, has entendido—tira de su cabello, con más fuerza, Tabatha, grita y lleva sus manos hacia las de Bill, para que le suelte el cabello.

¡Suéltame! —pide entre lágrimas.

¿Por qué habría de hacerlo? Me has abofeteado, ¿Quién chingados crees que eres?

¡Perdón! Bill, lo lamento tanto—coloca una de sus manos sobre su pecho, mientras sus ojos, siguen dejando escapar más lágrimas, Bill suelta lentamente los mechones de cabello de entre sus dedos.

La observa con la cabeza inclinada, su cuerpo temblando producto de los sollozos, pero nada de eso logra calmar la furia que siente burbujear en su interior.

Eres una puta, solo eso—Tabatha asiente—No vuelvas a comparar a Nina contigo.

¡Pero lo es! ¡Ambos lo sabemos! —grita, Bill la abofetea, tan fuerte que vuelve a caer al suelo, Tabatha tiembla y se encoje  sobre ella, justo a tiempo, para recibir la primera patada de Bill, grita y balbucea pidiéndole que se detenga, pero parece que nada surte efecto en Bill, que parece estar disfrutando verla en ese estado—¡Para, Bill! ¡Por favor, ya no me golpees! — grita, Bill se detiene, dándole un par de segundos para que pueda ponerse de pie y alejarse lo suficiente, tiene el cabello revuelto, el labio le sangra y siente un ojo a punto de salirse de su cuenca, así como un jodido dolor en todo el cuerpo, le duele demasiado el simple hecho de intentar respirar, Bill camina tras ella, como un toro embravecido, Tabatha corre, hacia la cocina, tomando un cuchillo, haciendo que Bill se detenga. — ¡Aléjate! —grita blandiendo el arma.

¿Me vas a enterrar eso? —pregunta riendo

Sí.

No, eres capaz, de hacer eso.

No, me subestimes—mueve el cuchillo, cortando el aire.

Bill ladea el rostro hacia un lado, levanta sus manos en señal de rendición —Ok, ok—da un par de pasos hacia atrás, observando a Tabatha aun con el cuchillo—Suelta el cuchillo, vamos Tabatha, suelta esa cosa—extiende su mano, pero solo recibe un grito y un nuevo ataque de ella.

¡Aléjate! —grita, es un destrate entre lágrimas y sangre que corre por su rostro. Bill, la estudia por un segundo, apoyada con una mano contra la mesada detrás de ella, la mano que sostiene el cuchillo tiembla, da un paso rápido al frente, sin que ella lo espere y toma la mano que sostiene el cuchillo, Tabatha grita y se jalonea, hasta que Bill la hace soltar el cuchillo, para darle un par de bofetadas más.

¡Estás loca! —Grita tomándola por los hombros y zarandeándola—Ibas a matarme con esa cosa.

¡ya basta! —dobla sus piernas y se arrodilla, aun sujetada por Bill—Lo siento, lo siento, lo siento.

Bill frunce el ceño, volviéndola a ponerse de pie, la conduce de nueva a la sala, colocándola en el sillón , luce como una muñeca de trapo roto y aunque eso debería ser suficiente, para que siente pena, se encuentra lo bastante divertido con esa situación, se da la vuelta y camina hacia el baño donde toma una toalla  y la coloca debajo del chorro de agua, regresa a la sala y se sienta frente a ella, le toma el mentón, Tabatha, se encoje sobre sí misma.

Tranquila, solo voy a limpiarte. Eres un jodido desastre—dice, comenzando a pasar la toalla por su rostro, eliminando cualquier rastro de sangre que pueda tener.

Lo siento—vuelve a murmurar.

Seguro que si—dice, poniéndose de pie, ahora para caminar hacia la cocina, remplazando la toalla ensangrentada por una nueva con un par de hielos, Tabatha lo mira con sus grandes ojos azules, que están completamente irritados por las lágrimas. Coloca el paño con hielo sobre su mejilla que está comenzando a amoratarse—No, me gusta, te ves fea—dice, como reproche.

Lo siento—vuelve a murmurar.

Pero te lo merecías, ¿cierto? —Tabatha asiente—te he comprado este lugar, solo para ti, te estoy dando una mensualidad por demás generosa, solo por una cuantas horas de placer—dice en el tono, que se usa para hacerle entender a un niño sobre lo que está bien y lo que está mal—Pero me haces enojar y me haces perder el control. ¿Crees que disfrute dándote, este paliza?

No—murmura en un tono roto.

Así es, eres una mujer hermosa—dice Bill, poniéndose de pie, dejando que Tabatha, se coloque de nuevo, la toalla—arruinar tu bello rostro y tu perfecto cuerpo con golpes, es como arruinar una obra maestra al tratar de restaurarla, odio que mis juguetes se pongan feos e inservibles, así que la próxima vez, limítate a tus obligaciones, ¿estamos de acuerdo cariño? —recibe un asentimiento— ¡Excelente! —Aplaude feliz—llamare a alguien para que venga a revisarte esos golpes, no te di tan fuerte como para provocarte una hemorragia interna, pero no está demás que te revisen.

Gracias.

No, cariño, no me agradezcas lo hago porque te aprecio—le deja un beso en la frente y camina hacia la puerta—No, te preocupes, llamare a Otto, para que avise de tu ausencia por un par de semanas y cuando desaparezcan los moretones, llámame, estaré ansioso por cogerte como me gusta.

Tabatha, observa la puerta cerrarse, antes de tomar su teléfono—No puedo, seguir haciendo esto—dice, a la persona del otro lado de la línea y finaliza la llamada.

& Continuará   &

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