25: But never doubt I love

Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed

Capítulo 25: But never doubt I love

Lunes 27/07/09

(representa que sigue siendo domingo, pero ya han pasado las 12 de la noche)

Tom

-Eso lo sabré, cuando pruebe la mercancía.

Vale, vale, vale… STOP.

Que alguien pare el mundo un momento, por favor. Apenas un segundo.

¿QUÉ?

Al principio me estaba haciendo gracia con todo esto del sexo presidiario, pero pensé que iba en broma. Estaba borracho, y las últimas veces que lo hemos intentando habían acabado fatal.

De pronto recordé un par de cosas que le había dicho, y sinceramente, recordarlas me había sentado como una patada en el estómago. Había olvidado que el día que me enteré de todo lo de mi madre, cuando salí a hablar con Bill, le dije un par de cosas de las que estaba arrepentido. Quizás arrepentido no, porque le dije que creía que estaba empezando a quererle, y eso sí es verdad, pero sí estaba avergonzado.

De lo que sí me arrepentía, y sobre todo ahora, era algo que le había dicho parecido a “no me importa si soy yo el que acaba debajo de ti”. Vamos, ¿no se lo habrá creído, verdad? ¡Bill me conoce! Sabe que estaba muy bajo de defensas, y estaba hablando por hablar…

-Bill, yo… Aquello que te dije… – me separé de él para mirarlo a los ojos seriamente, y aunque no esperaba que se acordara de aquella conversación, tenía que dejar las cosas claras antes de que todo se desmadrara demasiado. Vi que me miraba con cara interrogante, algo frustrado. Estaba claro que quería hacerlo, y yo ya le había dicho que no, varias veces. ¡Pero… por razones obvias! – que si esperas que sea yo, no… no lo puedo hacer. No puedo. – me sentía como una mierda diciendo eso, pero era como cuando tenías una exposición importante en clase; Si podías evitar salir a hacerlo, lo evitabas, y siempre esperabas que alguien hablara por ti. Soy un egoísta.

Bill me miró a los ojos y después me besó con ternura y lentitud. Primero fueron pequeños besos y después abrimos un poco nuestras bocas sin hacer nada de momento. Nuestros alientos se confundían y respirábamos en la boca del otro. De pronto, como si tuviéramos una conexión mental, ambos asomamos nuestras lenguas que empezaron a acariciarse la una a la otra. Sabíamos a café y a cigarro, pero formaba parte del momento.

Imaginaba que estaba aceptando mis palabras y simplemente nos estábamos toqueteando un poco. Y la verdad, no me venía nada mal.

Dejé de pensar y centré toda mi atención en él. Nos besábamos con energía y eso hacía que Bill tuviera la respiración entre cortada. Nos acabamos de estirar y él se posó encima de mí, poniendo las manos encima de mi pecho. Notaba como su pelo caía en cascada encima de mi cara. Se lo aparté y se lo coloqué detrás de la oreja, lo más delicadamente que pude. No quise hacer la escena demasiado burra porque sabía que si nos excedíamos, volveríamos a enfadarnos, y era lo último que necesitaba.

Casi sin cerciorarme noté que me estaba besando más apasionadamente, más fuerte incluso, y cuando se quiso incorporar mejor, se resbaló y estuvo apunto de caerse al suelo.

-¡Aaahh!- enseguida lo agarré del brazo y lo atraje de nuevo al sofá.

-Madre mía, de qué poco no te partes la crisma, chaval – me reí de su pequeño problema momentáneo y casi no me pega una hostia por ello – ¡Eehh!

Bill negó con la cabeza, dando entender que yo ya no tenía remedio y después habló.

-Oye… ¿Vamos a otro sitio? – este no me miró cuando pronunció esas palabras. Estaba rojo como un puñetero tomate. La pregunta me dejó un poco descolocado. – Aquí no cabemos muy bien. – se excusó rápidamente.

-Em, claro. – me levanté y me encaminé rápidamente hasta el pasillo. Apenas tardamos nada en encontrar mi habitación, ya que era la primera puerta que había a la derecha. Bill, en cuanto vio en qué habitación entraba, se apresuró a adelantarme. Se puso a mirar paredes, cuadros, mesa, armario… En fin, todo. – ¿Qué te parece? – dije divertido, viendo como Bill no parecía perderse ni un detalle de su alrededor.

-Una mierda. – Aaalaa… Pues nada. Ok. – Está hasta arriba de pósters horribles. Nada más que hay coches, un cantante negro, tías en bolas por todas partes… – señaló a una pequeña reliquia que justamente llevaba ahí des de los quince años, que había sacado de un calendario. La chica del mes de Octubre tenía las mejores tetas que había visto en mi vida, aunque claro, vete a saber si de verdad eran reales…

-Eeeh eeeh, un poco de respeto. El negro que tú dices, es Samy Deluxe –dije, algo indignado.

-Lo que sea… – después se estiró en la cama, así, sin más. – Mmm… La verdad es que es muy cómoda. ¿Dormiremos un poco antes de irnos? – sí, mejor cambia de tema porque como sigas insultado a mi rapero favorito…

-Claro. – enseguida me puse a mirar en los armarios – ¿Quieres algún pijama en especial? – no me contestó y puso cara extraña.

-Yo no quiero dormir aún. – se levantó y me cogió por los hombros. Después a base de empujones me fue llevando hasta mi cama, donde me estiró completamente. – Muuuucho mejor. A demás a mi no me importa dormir sin ropa.

Abrí los ojos al máximo y no pude llegar a decir nada más porque me volvió a besar, pero esta vez no había tanta pasividad. No, todo lo contrario. Me besaba con fuerza, con casi desesperación. No quise volver a cortar el momento para advertirle de los peligros de esto, así que me dejé hacer. Intenté simplemente, tomar el control.

De nuevo nuestras lenguas bailaban en una danza erótica y húmeda. Notaba hilos de saliva salir de nuestras bocas y de vez en cuando, Bill me mordía en el labio muy sensualmente. Lo cogí de la cintura, y de un pequeño giro, acabamos uno al lado del otro, tumbados. Y antes de que pasara nada, volví a dar un giro y esta vez yo estaba encima de él, como ya he dicho, tomando el control. Bill sonrió ante eso y se paseó la lengua por los dientes, haciendo que el piercing repiqueteara sensualmente tras estos. Por un momento, lo miré, medianamente indefenso debajo de mí, y hice un repaso por todo él.

Como era de esperar, noté cómo mi cosa, dejaba de estar dormida a levantarse de golpe, apretándome el pantalón.

Dios, dios… Esto se me descontrola.

De pronto Bill se apresuró a quitarse la camiseta y la tiró por el suelo.

-Joder… – no pude evitar suspirar en voz alta. Me tiré a su cuello y empecé a morderlo por todas partes mientras que Bill metía sus manos por dentro de mi propia camiseta y me empezó a arañar débilmente con las uñas. Cada sensación hacía que se me pusiera el vello de punta – Madre mía…

Bajé del cuello dejando un sendero mojado y me encaminé a su pezón izquierdo, adornado con otro piercing más. Éste, nada más notarlo pegó un brinco y empezó a arañarme más fuerte pero sin llegar a profundizar. Me cago en la puta.

No pude evitar que lo de abajo empezara a cobrar vida del todo.

Esta vez me incorporé sobre mis rodillas y me quité yo la prenda que me tapaba el pecho y la lancé en la misma dirección en donde estaba la de Bill.

Vi la cara de lujuria que estaba poniendo y no me dejó volver a estirarme encima de él ya que puso una de sus manos en mi bajo vientre y me pego un estirón de la hebilla del cinturón que me aproximó a él con violencia. Después vi como paseaba su lengua por mis abdominales, empezando por abajo y ascendiendo con un erotismo que me estaba volviendo loco. Mientras me estaba devorando lo vi desabrocharme el cinturón con algo de destreza. Lo miraba anonadado sin saber qué decir y finalmente lo tiró al suelo, haciendo un ruido metálico al chocar contra éste.

Me di cuenta que estaba insistiendo demasiado en una misma zona y yo me estaba muriendo de placer. ¿Qué…?

-Umm… chupetón de la marca Bill – dijo mientras se apoyaba con las rodillas y se ponía a mi altura. Primero me guiñó un ojo y luego volvió a besarme.

Vale, definitivamente esto se está escapando de mis manos. Estupendo. Bronca en diez minutos, ¡pero que conste que él se lo ha buscado!

Dios, empezaba a hacer tanta calor que yo ya estaba empezando a sudar. También notaba un jadeo por mi parte por culpa de las inmensas ganas que tenía de culminar esto de una puñetera vez. El moreno se separó de mí un momento, y fue para hacerse una coleta. Uh… otro que tenía calor. De pronto, me miró a los ojos, desde una perspectiva baja, y se humedeció los labios mientras ultimaba los detalles de la coleta. Sus ojos me penetraban el alma prácticamente, y parecía que me estaba diciendo tantas guarradas que no lo podía ni soportar. Dios, tenía una cara de vicio…

Entonces me rodeó con los brazos y me susurró algo al oído.

-¿Vas a comerme? – se me empezó a acelerar el pulso de una manera bestial.

-Yoyoo… – bu bum, bu bum, bu bum. – ¿Pupupupuu… Pupuedo cococo… comerte?

-Yo me dejo comer. – ¡BU BUM, BU BUM, BU BUM! Lo miré fijamente, atónito, buscando un resquicio de broma o de alguna sonrisa traviesa que después tirara por los suelos todas mis ilusiones, pero no encontré nada. Aunque estaba tan confuso que no podía ni moverme. ¿De verdad me estaba dejando hacérselo yo a él…? ¿No es una broma…? – Tom, que sí… – de pronto, toda la seguridad que le había visto en la cara, desapareció junto con su rostro, ya que lo escondió en mi pecho. Creo que estaba bastante muerto de la vergüenza, aunque eso no le impidió acabar la frase – …fóllame.

Mi acto reflejo fue de lo más estúpido, pero fue lo que pasó. Me quedé tan pillado que lo único que se me ocurrió fue abrazarlo con fuerza. ¡Tom eres tonto, así lo espantas! Parece que sientas pena por él, y se lo estés agradeciendo.

Lo solté en cuando fui consciente de ese detalle e intenté hacer ver que no había pasado. Me separé y me quité los pantalones y los calzoncillos seguidos. Me lancé encima de él pero me paré al ver su cara. Se había quedado mirándome con cara de pánico.

¿Tom tú eres tonto? Lo acabas de asustar. Dos cagadas seguidas, sí señor, al puro estilo Kaulitz. Vamos machote, arregla esto.

Le besé en el cuello con pequeños lametones e intenté tranquilizarlo.

-No pienso hacerte daño. Te lo prometo, Bill. No voy a hacer nada que no te guste. En cuanto notes algo que te desagrada, paro. – le acaricié por la espalda y nos puse de pie en el suelo. Le besaba los hombros y le olía la piel, llenándome los pulmones de su esencia. Bajé las manos hasta su culo, y lo estreché entre mis manos. Me moría de sólo pensarlo. – Si te hago un mínimo de daño, me la cortas. – cuando dije eso me separé de él y le guiñé un ojo. Quería decirle como fuera que yo estaba aquí con él, y que podía confiar en mi. Que jamás le haría daño y que haría todo lo que estuviera en mis manos para evitarlo. Bill se rió por el comentario y después simplemente asintió.

-¿Tienes… lubricantes? – le costó la vida decir esa palabra. Y yo alcé las cejas enseguida.

-¡Pues claro! – me separé de él y fui corriendo a uno de los cajones de la cómoda, donde había una caja bastante grande, y dentro de esta diferentes apartados. Sí, digamos que era mi caja del amor.

Bill abrió mucho los ojos, sorprendido. Metió la mano en la caja, y sacó cuatro potes distintos de lubricante.

-Están prácticamente todos a medias… – lo dijo sorprendido.

-Claro. Si los tengo es para que se usen… ¿Qué sabor prefieres?

Miró los botes con tristeza y luego volvió a posar la vista dentro de la caja, donde había un último bote, completamente cerrado, y lo sacó.

-Quiero este, ya que no ha sido usado con ninguna de tus putas… – dijo eso con algo de rencor, y luego añadió contento – ¡Anda! ¡De cereza! ¿Cómo que nadie lo ha querido? – pero en realidad era una pregunta retórica, la dejó en el aire y yo me dediqué a sacar un condón de la caja, y dejarlo a mano para cuando lo necesitara. Buft… ¡Madre mía, qué ganas!

Observé cómo Bill se quitaba todo lo que quedaba, más o menos de espaldas a mí, como con vergüenza. Qué estúpido, como si no le hubiera visto ya… Sonreí para mí mismo.

Pude ver la manera en la que se desnudaba de espaldas a mí, con la única luz que entraba de la calle, supongo que de las farolas que aún iluminan esos pasillos fríos y solitarios.

Me acerqué a él sigilosamente y mientras se agachaba para acabar de quitarse los pantalones, aproveché para besarle la espalda poco a poco. Noté cómo se le ponía el bello de punta.

-Dios Tom, te la estoy notando… – miré hacia mi entrepierna, y estaba justamente en el lugar deseado. Entre sus nalgas. Qué cosas. – Oye… primero podrías… ya sabes… – movió los dedos y lo entendí perfectamente.

-Ya lo tenía pensado. –dije casi poniendo los ojos en blanco. – Shht… No te preocupes, déjame a mí. – le pegué un pequeño empujón y acabó de nuevo en mi cama. Me estiré encima de él y sin pensármelo se la agarré delicadamente con una mano. Lo besé ferozmente en los labios mientras lo masturbaba y lo tranquilizaba. Bill se moría en gemidos justo en mi boca y notaba su aliento húmero pidiéndome más. Incluso, llegaba a notar pequeños espasmos cuando le tocaba por la punta. Era increíble verme a mi mismo con tanta naturalidad en estos momentos. La verdad es que sólo podía pensar en los gemidos que provenían de la boca de Bill, casi dedicándomelos al oído, haciendo que el ritmo de mi mano aumentara sin querer. – ¿Te está gustando? – lo miraba directamente pero éste tenía los ojos cerrados. Nada más decir eso intentó asentir con la cabeza.

Lo único que conseguí por su parte fue una respiración entrecortada más ruidosa que la de antes. Joder, ya ves que si le estaba gustando…

-¿Querrás que te acabe? – pregunté, paseándole suavemente la lengua por su cuello de nuevo.

-No no… Coge el lubricante, empieza ya… – aún seguía moviendo mi mano pero empecé a bajar el ritmo, su respiración también se calmó y cuando todo estuvo tranquilo, solté mi mano y le besé en los labios. Me extrañaba que Bill quisiera ir tan deprisa al tema. Normalmente eso sólo pasa cuando te aburren los preliminares y quieres ir al lio ya, pero Bill… En principio era virgen en ese sentido, ¿no se supone que quieres alargar al máximo el tiempo para que no llegue el momento del dolor? No sé, yo le pediría que me hiciera tantas pajas que se me quedara dormida la polla y pasara esa insensibilidad al culo o algo… Vale, sé que eso no existe, pero el caso es que yo retrasaría el momento al máximo.

Aunque supongo, que igual quiere que pase ya. Cuanto antes se empieza, antes se acaba.

Con algo de preocupación por los últimos pensamientos cruzados por mi mente, me levanté y rompí con los dientes, el plástico que rodeaba el lubricante por estrenar. Lo abrí, tiré ese plástico al suelo, y me unté una mano.

Me froté estas un poco para que el liquido se calentara un poco y no asustar a Bill y me tendí a su lado. Nos pusimos uno mirando al otro, estirados. Con gestos, le indiqué que pasara una de las piernas encima mío justo por mi cintura.

Aproximé mi mano y primero tanteé las nalgas yendo con sumo cuidado.

Bill contenía la respiración desde el primer momento y tenía los ojos completamente cerrados, como si le fuera a hacer algo horrible.

Descendí y llegué al punto clave. Era la primera vez que hacía esto pero confiaba en que no fuera demasiado distinto a lo que ya estaba acostumbrado de siempre. Sabía que eso no se lubricaba solo así que simplemente necesitaba ayudarle a dilatarse usando mis dedos y aquel líquido resbaladizo.

Hice presión en la entrada y noté como Bill cerraba aún más los ojos. Mierda, no me gustaba que Bill tuviera cara de estar de camino al matadero…

Mierda, esto me va a bajar la erección, seguro.

Poco a poco, poco a poco… Hacía presión a paso lento para no dañar al moreno y casi sin querer ya había metido el índice entero. Perfecto, nadie había chillado y todo seguía bajo control.

-Eh eh, ¿estás bien? ¿No te ha dolido ni nada, no…? – mi moreno pareció que se destensó al oír mi voz.

-No no… Todo bien. Sigue. – y cuando dijo eso se me aproximó más, haciendo que su rostro se perdiera de mi visión, poniendo así, su frente contra mi pecho. De nuevo el tono de su voz había sonado a automatizado, como si se estuviera obligando a ello.

Ya que el otro brazo le estaba rodeando, posé mi mano sobre su cabeza y se la acaricié mientras continuaba. Notaba que el masaje en la cabeza lo relajaba al máximo.

Saqué y metí el dedo varias veces hasta que noté que la presión disminuía y la fluidez era la perfecta para continuar con el siguiente dedo, y eso hice. Saqué completamente el que tenía y fui haciendo presión con dos. No me costó tampoco, ya que Bill parecía estar bastante más tranquilo. Volví a hacer lo de meter y sacarlos un par de veces hasta haberlo normalizado y finalmente fui a por el tercer grado.

Cuando empecé a hacer presión sí noté como Bill me arañaba un poco en el pecho.

-¿Paro? – dije casi, con pánico.

-¡No no! Es sólo que… Bueno, da igual. No pares. – no acabé de entender lo que dijo pero yo continué a lo mío. Notaba como cada vez era más difícil y tenía que hacer más fuerza, y eso me estaba costando porque sentía que le estaba doliendo y él no me lo quería decir. Me lancé a su cuello e intenté relajar a Bill al máximo lamiendo toda la superficie, besándole y succionando hasta dejarle el cuello rojo. Éste volvía a gemir de placer y conseguí así que los dedos entraran hasta el final… Hice círculos e intenté acomodar del todo la zona. Los sacaba y los metía y ya no tenía dificultad. Esto iba de puta madre.

-Sé que soy pesado, pero no quiero que estés mal… ¿Todo bien? ¿Estás seguro? – Lo miré a los ojos y vi que los tenía cerrados, como si estuviera en un trance. Lo vi abrir la boca poco a poco.

-Me… Me encanta… -me sorprendí muchísimo de esas palabras y no pude evitar hinchar el pecho de todo el aire que quería soltar en un grito de júbilo, pero que finalmente no hice.

-¿Estás seguro? ¿De verdad?

-Tom… Te voy a pegar una hostia… Como sigas preguntando… – dijo entre suspiros. Vale vale, me callo.

-¿Entonces… Me… Me pongo un condón? – era la primera vez en años que me daba vergüenza decir esa frase.

-Sí. – intenté ser lo menos brusco al separarme de él, pero no sé si lo llegué a conseguir. Las ganas que tenía eran tan inmensas que de los nervios me temblaba el pulso y me daba pánico que del tembleque, al intentar abrir el plástico, se rompiera el condón. Bajo la atenta mirada de Bill fui abriéndolo y tirando el envoltorio al suelo. Mientras me lo ponía pude ver a la cara que estaba poniendo, tenía los ojos fijos en mi polla, tanto que parecía que estaba bizqueando. ¿Estaría haciendo cálculos de tamaño? Supongo que eso es algo que le debe de preocupar ¿no?

Después de que se diera cuenta de que estaba observando el pánico en sus ojos se retractó rápidamente, alzando un poco el cuerpo y enviándome una sonrisa traviesa de lado. ¿Y esta confianza tan de golpe? No pude más que sonreír débilmente, sabiendo que no me estaba entregando toda la verdad. Lo que sí podía ver es que tenía ganas de intentarlo, y de saber qué iba a pasar, y muy en el fondo… Veía un resquicio de lujuria.

Bill, te prometo que te lo voy a hacer tan bien que vas a querer repetir…

Había desvirgado a muchas chicas a lo largo de mi vida, pero aunque fuera la primera vez con un chico también era la primera vez que me estaba importando ese hecho en concreto, y que quería que todo fuera perfecto.

Cuando ya estuve preparado, me acerqué sigilosamente y éste se fue estirando boca arriba en la cama, más y más, abriéndose de piernas.

-¿Quieres tu sexo presidiario? – dije, intentando darle morbo al asunto, y quitándole toda la atención posible al peliagudo momento. Mi Bill sonrió ampliamente y en vez de contestarme, se mordió el labio y asintió lenta y pesadamente, como si me lo estuviera pidiendo en una súplica ahogada. – Dios, te voy a comer entero.

Antes de ir directamente al tema, le volví a besar durante todo el cuello, pegando los lametones tan húmedos que resbalaba la saliva por su cuello. Supongo que estaba intentando humedecerlo… todo.

Le cogí las piernas y se las separé aún más, colocándolas encima de mis muslos. Cogí el lubricante que estaba tirado por la cama y me unté las manos. Volví a meterle tres dedos seguidos y Bill casi pegó un bote. Lo había empapado tan bien que habían entrado perfectamente a la primera, pero el pobre Bill no se lo esperaba. Creo que algo en él me estaba lanzando rayos láser.

Pero eso no bastó para quitarme el morbo, si no que todo lo contrario, me la cogí y la noté completamente tiesa. Madre mía, como me llega a poner Bill. La fui encaminando poco a poco y noté como el corazón se me iba a salir del pecho, latía tan fuerte que creo que mi moreno lo podía oír desde donde estaba.

Puse la punta en el lugar exacto y fui haciendo presión. Al principio no costó pero a medida que seguía intentándolo me costaba más y más.

Miré la cara de Bill, con todas las fracciones arrugadas y apretadas del miedo. Sin salir lo poco que había conseguido, me estiré encima de él, y pegué mis labios a sus oídos. Él me rodeó la espalda con los brazos.

-Sshh… Bill, relájate. Relájate, si te duele mucho paramos, no te preocupes… – mientras decía esto intentaba hacer más presión y mis palabras parece que surgieron efecto. Bill se estaba dejando, y me permitía entrar del todo. Me cago en la puta, qué apretado estaba. Notaba como me arañaba la espalda otra vez y eso me estaba llevando al cielo.

Insistí un poco más y finalmente la noté completamente dentro, palpitando de placer. DIOS, QUÉ APRETADO. Me cago en la puta, estaba claro que sí existía el cielo porque ya estaba en él…

-Tom, no te muevas, quédate así un poco. – me lo dijo casi con desesperación con los labios en mi oído. No me hizo falta que lo repitiera dos veces porque le hice caso al instante. Lo miré a los ojos y vi lágrimas derramadas por sus mejillas. Me entró el pánico y quise salir y tirarme por la ventana. ¿¡Porqué mierdas estaba llorando?! Tom ya no sabes follar. Genial, lo haces tan mal que con meterla, el chaval ya está llorando. Iba a hablar pero me calló enseguida. – Tranquilo, no te preocupes, es normal las primeras veces…

-¿Por qué… porqué lo sabes? – la verdad es que no me esperaba esa respuesta.

-Lo… Lo estuve mirando por internet en el móvil. – Se secó las lágrimas con una mano y después la volvió a dejar en mi espalda. Le besé con ternura, analizando las palabras que había dicho. Vaya, lo había hasta mirando en internet… Empiezo a pensar que no me merezco ni estar con él. Yo no me lo había ni planteado prácticamente y él… Negué con la cabeza, intentando volver al presente y cuando pude ver que se relajaba del todo, intenté empezar con el vaivén.

Aquello estaba tan apretado que creí que me dejaría la polla ahí dentro. ¿Y si de golpe no sale? Tom por dios, no pienses gilipolleces. Me encantaba, me estaba encantado. ¡Qué prieto! Lo notaba absolutamente todo.

-Dios Bill… Qué ganas te tenía, joder. Esto es la puta hostia. – Cada vez aumentaba más la velocidad y Bill no decía nada al respecto así que continué con aquellos movimientos. ¿Estaría llegándole al final?

Tenía entendido que los hombres tenemos el punto G por ahí, en la próstata. Yo quería que Bill disfrutara conmigo. Apreté al máximo en una envestida y Bill soltó un grito ahogado que se quedó en el aire. Volví a hacer lo mismo en la siguiente envestida y Bill volvió a poner la misma cara. Tenía los ojos en blanco y la boca abierta, jadeante y suplicante. Me estaba muriendo de sólo verlo. Noté cómo me rodeaba con las piernas haciendo que la penetración acaba de ser perfecta. Me estaba volviendo loco.

Ya no había ninguna dificultad, aquello salía y entraba perfectamente, pero era genial porque por mucho que insistiera seguía estando igual de prieto, y como era evidente, me estaba matando.

-Huummmm… – los suspiros de Bill me encantaban, y solamente quería darle más fuerte para que siguiera gimiendo más.

-Dios, me estás destrozando la polla… – oí una risa por su parte que me hizo delirar. Más deprisa, más deprisa.

Estuvimos un buen rato sin pronunciar palabra, simplemente sintiéndolo todo, cada embestida, cada simple movimiento, cada respiración en la boca del otro. Lo que estaba pasando me parecía tan irreal que parecía que estábamos en un sueño, el mejor sueño de toda mi puta vida.

-Dios mío Tom, no pares, no pares – la voz de Bill me sacó de mis pensamientos y no sólo me puse a cien de oír mi nombre en su boca, si no que me puse a mil cuando lo oí suplicar. Noté sus manos descender hasta mi trasero y apretar fuerte en mis nalgas. La madre que lo parió… Hacía presión para que la metiera más dentro.

-¿Sí? ¿Lo quieres más fuerte? – le dije mientras aumentaba la velocidad.

-Sí, más fuerte… – su voz era apenas un suspiro inaudible que se acababa cortando por sus gemidos que deseaban que lo siguiera follando. Joooder… Creo que estoy llegando yo también de lo que me está poniendo. – Madre mía, jamás pensé que esto me gustara tanto…

Nada más oírle decir eso pegué unas envestidas con mucha fuerza y noté como esta vez, si me estaba clavando las uñas hasta el fondo. ¡Aaahhh! Vale, me duele pero me pone un montón. Esto es raro. Mañana tendré marcas en el culo…

-Dios mío, que me corro – no pude evitar decirlo. Aumenté el ritmo aún más sintiendo que todos los músculos me estaban quemando, que el sudor resbalaba por mi frente y en cualquier momento podía caerle a Bill encima. Notaba como mi respiración empezaba a incluso a fallarme, a pensar que mis pulmones necesitaban ser más grandes para todo el esfuerzo que estaba haciendo. ¿Desde cuando me canso tanto follando? Vale, supongo que por el hecho de que llevo haciendo yo el trabajo todo el rato. Pero no le iba a decir tan rápido al moreno que se pusiera encima. ¿Y si le dolía más?

Va Tom, no te desconcentres. Esto de que sea la primera vez te está sacando más dudas que un examen para el que no has estudiado.

La respiración de Bill era tan sonora que era lo único que podía oír. Berreaba mínimamente pero lo hacía tan cerca de mi oreja que sentía la amenaza de cualquier mordisco. Poco a poco fue subiendo los decibelios y alzando más las piernas. Vamos, vamooooss…

-Dios, dios, dios, dios ¡¡DIOOOOOOOOOOS!! Así Tom joder, no pares no pares….Oí gritar a Bill, dejándome sordo, llegando al orgasmo. Notaba prácticamente salir ácido de mi cuerpo en vez de sudor, pero no podía parar, no podría parar, no ahora… – Joooodeeerr… – Continuó con una serie de maldiciones que perdieron sentido en cuanto las vocales se convirtieron en consonantes, y las consonantes en vocales, haciendo ininteligibles cualquiera de las palabras que intentaba decir. Chilló dejándose la garganta en ello y luego su voz disminuyó hasta extinguirse. Mi turno llegó apenas unos instantes después, donde mi moreno seguía abrazándome pero ya no hacía fuerza con las piernas para que le diera más al fondo, sino que se había relajado, respirando fuertemente.

-Oohhh jooodeeerrrr… – me corrí. Acabé con embestidas cada vez más lentas hasta que noté que ya estaba todo fuera, y luego me dejé caer encima de Bill, sin salir de él. – Buuftt…

Estuvimos unos instantes respirando profundamente hasta que noté que estaba aplastándolo. Fui a separarme cuando este me agarró fuerte.

-Sal con cuidado, por dios. Poco a poco… – el comentario me hizo reír y seguí su petición. Salí lo más despacio y cuidadosamente que pude y me estiré a su lado. Alargué el brazo en la almohada y él puso su cabeza encima, recogido un poco hacia mí. – Oye…

-Dime. – dije, sin dejar de mirar el techo, con la respiración tan acelerada que me costaba decir la palabra entera sin entrecortarme.

-Me ha gustado mucho. – lo miré enseguida, como si me hubiera dicho algo inesperado, que realmente es lo que fue, y después alargué un poco la cabeza para besarle la nariz. Joder, macho, ya no te reconozco con estas mariconadas, Tom. – Bueno es que… tú me gustas mucho. – y enterró la cabeza entre mi pecho y la axila, azorado de lo que acababa de decir, supongo.

-Y tú a mi. – entonces, caí en algo, que me dejó muy sorprendido. – ¿Sabes? Esta ha sido la primera vez que llego prácticamente al mismo tiempo con alguien… – la idea me pareció bastante curiosa. Me reí por ello.

-Tienes razón, yo igual.

Nos quedamos en silencio y pude notar como me vencían los párpados. Estaba tan pero tan a gusto, que odiaba pensar en madrugar, tener que coger el coche y volver a ese sitio otra vez. Alargué el brazo y pillé el móvil de la mesita de noche. Puse el reloj a las 9 de la mañana, y ya llegaríamos aunque fuera un poco tarde.

-Madre mía, son las 3 ya… – ¿habíamos estado dos horas? Joder. Miré a Bill y vi cómo intentaba mantener los ojos abiertos, sin demasiado éxito. – Eh… Buenas noches Bill. – le dije dándole un pequeño beso en los labios.

-Qué dices… Yo no tengo sueño… – dijo casi sin pronunciar la última palabra. – Es sólo… Ahora estoy muy relajado y… – sin querer, empezó a pasear un dedo por mi pecho, de una manera totalmente inconsciente. –Yo…

-Bill, dulces sueños. – le besé en el pelo y simplemente dejé que se durmiera al completo. Lo miré con ternura y le aparté un poco de pelo que tenía en la frente, aún llena de brillitos por el sudor de lo recién ocurrido.

Dejé el móvil en la mesita y muy a desgana intenté levantarme de la cama sin molestarle. Frunció el ceño en un segundo pero después se relajó. Salí de la habitación y entré en el baño a limpiármela un poco antes de dormir del todo.

Durante un momento me observé a mi mismo, en el espejo, viendo que lo único que me quedaba de ropa era la banda del pelo que sólo me tapaba la cara. Era curioso, recientemente no recordaba ningún polvo en el que me hubiera quitado toda la ropa, ni siquiera en mi casa. En casi todas era todo muy bestia, apenas me bajaba un poco los pantalones, y ala. Supongo que esta situación rompe con cualquier otra de las anteriores, ya que acaba de tener prácticamente el mejor sexo de toda mi vida. Bueno, en realidad, había sido el mejor sin lugar a dudas, porque por primera vez sentía algo real con la persona con la que estaba. No era un simple polvo, no era un rollo más, era… era algo indescriptible.

Me lavé un poco, sabiendo que por la mañana ya me encargaría de hacerlo mejor, y volví junto a mi moreno, que estaba más dormido que una marmota.

Me tumbé a su lado, y oyéndole respirar tranquilamente, me dormí con él.

Bill

Llevaba un rato despierto. No sabía exactamente qué hora era, pero ya entraba un poco de luz por la ventana. No podía entender siquiera como podía tener los ojos abiertos porque recuerdo caer dormido enseguida. El día de ayer en sí no había sido demasiado agitado y aunque por la noche yo no me había movido mucho, yo…

Oh, anoche.

Otra vez ese recuerdo aflorando en mi mente. Pero bueno, es normal ¿no? ¡Nos hemos acostado! ¡Joder, me he tirado a Tom Kaulitz! Bueno, ¿el se me ha tirado a mí? No Bill, no pienses en eso. El sexo fue la hostia, y es lo único en lo que debes pensar.

Joder, ya ves que si fue la hostia. Me da un poco de pavor pensar en el daño del principio, y me asusta pensar que eso pasará un par de veces más, pero las sensaciones de después son indescriptibles. Puto Mario, tenía toda la razón.

Podía verlo dormir tranquilamente a mi lado, y me hipnotizaba ver su pecho subir y bajar lentamente, como si todas las cosas de mundo estuvieran en calma, como si no importara nada más que estar durmiendo a su lado.

Sentía ganas de despertarme y sorprenderle con el desayuno o algo así, pero la nevera estaba más que vacía, y no sé si me daría tiempo a comprar algo (sin perderme), y de tenerlo todo listo para cuando despertara.

Descarté esa idea muy rápido y procuré ir a lo seguro; darme una ducha. Adoraba mirarlo dormir, pero llevaba media hora metido en la cama sin ni un ápice de sueño y a más, para variar, me estaba meando.

Intenté salir de la cama sin crear demasiados desniveles y que Tom no se diera cuenta, pero noté como hacía un gesto extraño con la cara, como si viera que algo iba mal. Me quedé estático mientras Tom recuperaba la calma y pude respirar.

Sólo me faltaba poner otro pie en el suelo, y ya estaría fuera de peligro. Mantuve un contacto visual con su rostro y hasta que la operación no estuvo completada, no dejé de observar cada mínimo posible gesto que pudiera hacer.

Salí de puntillas y recé para que la última puerta de todas fuera la ducha, no quería haber hecho todo este esfuerzo para que el sonido del agua lo acabara despertando.

Fui mirando poco a poco en cada puerta, sin adentrarme demasiado ya que era un intruso, y no merecía estar mirando.

Agradecí que el baño fuera exactamente la última puerta de todas y me metí dentro con sigilo. Comprobé que hubiera una toalla y cuando estuve apunto de encender el agua caliente, me paré en seco.

Nononono. ¡Bill, no hagas locuras! ¡Has de comprobar si hay una plancha! ¡¿Cómo vas a mojarte el pelo sin asegurarte de algo tan importante?!

Miré en todos los cajones, sin importarme nada lo que hubiera dentro, tuviera o no tuviera derecho a mirar, yo sólo quería una plancha. Mi desesperación empezó a aflorar cuando no lo encontré por ninguna parte. ¡¿Es que no usan la plancha en esta, casa o que?! Bueno, Tom… Vale, Tom no la necesita, vale. Y, su padre… vale, quizás tampoco la necesite.

Mierda, pues estoy jodido.

Me tendré que hacer una coleta y meterme dentro de la ducha procurando no mojarme las raíces. Así de paso no me quieto el maquillaje, porque apenas llevo dos tonterías dentro de la chaqueta, y no me podré ni siquiera retocar el que llevo puesto…

Encendí el agua y muy pronto estuvo caliente, me metí bajo la ducha y me limpié a fondo. Tan a fondo que cuando quise llegar a aquella parte, tan usada anoche, sentí dolor.

-Aaahhh… – si me pasaba los dedos por simplemente la entrada ya me producía una especie de escozor y dolor muy desagradables. De puta madre, lo que me faltaba. ¿Eran agujetas o dolor de verdad? Las agujetas sabía como solucionarlas, pero lo otro… Mierda, son soluciones totalmente distintas. ¿Qué coño hago?

Por lo pronto, mientras me lavaba intentaba hacerme un masaje relajante en la zona para tranquilizarla, y el dolor se fue reduciendo poco a poco.

No llegué a una tranquilidad completa pero al menos se había suavizado. Me acabé de enjabonar y me aclaré bien del todo. Volví a masajearme y esta vez volvió a funcionar, haciendo que doliera menos también.

Salí a fuera y me envolví en un albornoz que había encontrado, con una T bordada, la cual me llevaba al inevitable conclusión de que era de Tom de todas a todas.

Salí del baño y fui poco a poco, avanzando hasta la habitación. Asomé un poco la cabeza y éste seguía más dormido que antes si cabía. La lancé un beso y volví a entrecerrar la puerta.

Me alejé poco a poco y cuando llegué al final del pasillo, cerré la puerta de éste para que mis ruidos no le molestaran.

Encendí la tele lo más bajito posible y puse las noticias para poder ver qué hora era. La presentadora que hablaba tenía un bonito reloj encima, completamente virtual, que indicaba que eran las ocho y media de la mañana. Por dios, casi ni para ir a la universidad me despierto tan temprano… ¡Y eso que me he duchado y todo!

Vi que había un viejo ordenador debajo de la mesa justo al lado de las revistas, y decidí que si este no tenía contraseña, me pasearía un poco por mis redes sociales. Las echaba de menos.

El sonido del inicio de sesión de Windows Vista casi me saca una lágrima de añoranza, pero después me adentré en internet directamente. Perfecto, no me había hecho falta meter ninguna contraseña.

Sin que yo le diera a absolutamente nada, apareció un mensaje en pantalla: “Lo sentimos, estamos en construcción, volveremos lo más rápido posible”. Me quedé un tanto parado y después miré la dirección url, “campamento Kaulitz”. Oh, probablemente lo deba de tener como inicio automático. ¿Tiene la página en construcción? ¿Desde hará cuanto? Que es su negocio, por el amor de dios. El padre de Tom debería empezar a replantearse bien las cosas que hace en la vida… En fin. Miré por encima un par de redes sociales y volví a dejar el ordenador en sus sitio, esperando que nadie se hubiera dado cuenta de que lo había cogido.

Cambié de canal y dejé algo más entretenido mientras me levantaba a ver qué había en la nevera. Como no se gastó la noche anterior, aún quedaba el tetrabrik de leche y lo saqué de ahí para poner toda las cosas “posibles de ser desayunadas” en la encimera.

Seguí mirando y encontré una manzana que no tenía nada de mala pinta, también la saqué.

En definitiva sólo conseguí un par de galletas, cereales, y un par de piezas de fruta más. Sí, no está mal. Me encantaría poder hacerle Bacon con huevos o tortitas, pero lo que se tiene, es lo que hay.

-¿Bill?– la voz de mi rubio me sacó de mis pensamientos. –¡Bill!– la voz sonaba más fuerte hasta que irrumpió en el comedor, abriendo la puerta con brusquedad. Apenas llevaba unos calzoncillos puestos. Yo me quedé petrificado mirándolo.

-Emm… buenos días a ti también. – dije mientras acaba de colocar dos boles en la encimera, y les ponía cereales. Tom se me quedó mirando algo extrañado, luego con algo de alivio, y después con un poco de enfado.

-¿Pero porque no me avisas de que te vas a levantar? – dijo mientras se me aproximaba. De pronto, algo cambió su discurso muy bruscamente – Uh… Llevas mi albornoz… ¿Te has duchado sin mí? – dijo mientras me agarraba por detrás y me besaba en el cuello.

Los calores empezaron a subir por todas partes y una sonrisilla tonta se me escapó. Buft, madre mía, ya de buena mañana.

-Sí, no quería despertarte… – no le estaba siguiendo el juego porque me acordé de mi pequeña dolencia. No quería incitar el sexo si después iba a morir de dolor al intentarlo.

-Pues qué pena, ahora tendré que ducharme solo… – cuando dijo eso, empezó a desabrocharme el cinturón que mantenía mi cuerpo tapado. Me empalmé prácticamente al instante, y aun teniendo un par de capas de ropa entre mi trasero y su polla, también la pude notar empalmadísima. Buuufttt… Por dios… Vale, ahora me estoy acordando de la parte placentera de toda la movida. La quiero ahora mismo.

Tiró la bata al suelo y esta cayó como un peso muerto, tapándonos mínimamente los pies. Noté como Tom se incorporaba encima, tapándome la espalda con su torso, y me lamía el cuello. Rozaba con fuerza su pene contra mi culo, casi tanto que empezaba separarme las nalgas.

Me respiraba con brusquedad prácticamente encima de las orejas, haciendo que escuchara casi gemidos de placer. Y no era menos, yo también empezaba a hiperventilar.

Me giró y me puso mirándole. Durante un instante compartimos una mirada donde él me miraba con lujuria, y yo intentaba no apartarle los ojos de la vergüenza y de lo rojo que estaba. Nos besamos con muy poca sutileza y éste me sentó encima de la encimera, haciendo que casi se cayeron los boles de cereales que acabaron alejados de nosotros. Lo rodeé con las piernas y le puse las manos en el culo. El gesto ese me dolió un poco, pero intenté no pensar en ello.

Seguimos besándonos un rato más, casi con desesperación y de pronto, colocó las manos en mis mejillas y nos separó de golpe. Me respiró en la boca, jadeante y después empezó a bajar muy lentamente. El corazón se me estaba poniendo a mil por hora. ¿Qué coño estaba haciendo? Cada vez bajaba más y más y yo empezaba a perder la respiración. Se estaba acercando a la zona peligrosa y…

-Gracias por devolverme el albornoz, no soporto ducharme y secarme con toalla. – …pasó olímpicamente de la zona peligrosa. Alargó el brazo y cogió el objeto de deseo. Bueno, mejor no hablemos de deseo… ¡Me había dejado de piedra! Dicho esto, se encaminó a la puerta, poniéndose la prenda en un hombro, y caminando altivamente.

-¡Eeehh! ¡Pero bueno! ¿Me vas a dejar a medias?- dije, bastante indignado. – ¡Ni siquiera has comido cereales! ¡Y los estaba preparando! – me bajé, de ahí, avergonzado, y fui a taparme con una de las mantas del sofá.

Ahora, en frio, la verdad es que agradecía que no hubiera pasado nada, seguía doliéndome un poco.

-¿Quieres continuar…? – se giró lentamente, y puso una voz muy melosa mientras hablaba. Me miró directamente, y me sentí cada vez más pequeño. Vale, me vuelve a dar igual el dolor.

Me dejé embaucar por sus ojos y me tiré en el sofá, aún medio tapado por la manta. Este puso una sonrisa como si fuera un depredador que ha encontrado a la mejor presa y se me abalanzó encima. Me agarró fuerte y consiguió levantarme. Me llevó hasta su habitación, supongo porque ahí tenía el lubricante y los condones.

El corazón me iba más deprisa que anoche, y la verdad es que no sabía porqué, ya había pasado lo más fuerte, la primera vez ya estaba superada. ¿Por qué iba a ponerme nervioso ahora?

Me encantaba pensar que estábamos apunto de hacer ese típico polvo por la mañana, de recién levantados. Ese era de mis favoritos. Pero ahora… No sé, me sentía completamente atacado de los nervios. ¿Sería por el dolor, otra vez? Me costaba enfrentarme a ello…

Tom me estaba comiendo el cuello y eso me estaba encantando pero tuve que pararlo un momento. Yo sabía por experiencia que cuando una chica no me contaba qué le estaba pasando, el polvo acababa siendo una mierda, y era por no explicarme qué le pasaba.

-Tom… – este me miró enseguida, preocupado. – Esta mañana me he despertado con algo de dolor… – no quise mirarle a los ojos, tenía miedo de que se riera de mí. De soslayo pude ver que asentía seriamente.

-¿Quieres dejarlo? Entiendo que no quieras continuar… – se separó un poco más de mí, y eso me dio pánico.

-¡Nonono! Es sólo que… Lamento si me quejo demasiado o lo que sea.

-Pero no digas gilipolleces.

-Ya ya… Bueno, yo advierto. Y ah… Ten mucho, mucho cuidado. También tengo la sensación de haberme limpiado algo de sangre seca en la ducha… – no tenía pensado decirle eso, pero me salió solo. Genial Bill, tú asusta al personal. Ahora no te la va a querer meter en la vida. Uuhh… Qué marica ha sido eso.

Me miró muy seriamente por segunda vez consecutiva, y después me besó.

-Pues yo después quiero una ducha juntos.

-Sin sexo. – puso los ojos en blanco.

-¿Por qué sin sexo? ¡Cuánta más práctica, menos dolor!

-Hay que ir al campamento…

-Que les follen.

-¿Y a mi también me van a follar? – dije, divertido.

-Bueno, a ti sólo te follaré yo… – y antes de besarme, puso esa sonrisa de lado que me volvía loco. Bueno, Bill, tu procura que tu pelo no acabe bajo el agua.

.

Al final mojamos en la ducha. Sí, y al final se mojó mi pelo, también. Al final mojamos todos. Estupendo.

¡Dos polvos por la mañana seguidos! Madre mía, si que hemos empezado fuerte. Estaba como radiante. Me sentía como la típica adolescente que se sentía mayor porque empezaba a tener sexo regularmente al haber empezado una relación con un chico. Y… me estaba encantando. Sí, así de simple. Me sentía completamente lleno y feliz y de todo.

-¿Qué hora es?

-Las once y media… – la voz de Tom sonó a resaca. Como cuando te estas acordando de lo que hiciste el día anterior, completamente ebrio, fastidiando una situación futura donde vas a estar completamente sobrio. Situación donde te das cuenta de la crudeza de la situación. –Tenemos que estar ahí en menos de media hora y normalmente se tarda el doble… Alguien me va a matar.

-Sea como sea, prefiero que te maten en el campamento, y no por la carretera, ¡¡así que no corras!! – le dije, preocupado por lo evidente.

Lo acabamos de recoger todo y enfilamos hacia la puerta, para más tarde aparecer delante del coche. Me subí, con algo de pena, ya que había sido una tarde/noche/mañana increíble, pero confiaba en volver a repetirla muy pronto.

Me había sentido muy a gusto controlando los dos la casa, sentándonos a beber, a fumar, a reírnos… Me faltó poner una peli, aunque lo que hicimos a cambio tampoco estaba nada mal.

La verdad es que estaba siendo un verano increíble. No quería que se acabara por nada del mundo. Pero desgraciadamente, para el final del campamento quedaban cuatro días contados. Ya pronto me tendría que enfrentar de nuevo a los calendarios de la universidad, a nuevas materias, nuevos profesores, y nuevos dolores de cabeza…

Bueno, Bill, piensa que hasta septiembre aún hay un mes entero en medio, no te deprimas tan pronto, por dios.

-Bill… ¿Qué le pasó a tu padre? Me refiero… ¿Porqué se fue?

Llevábamos una rato de camino, apenas habíamos tenido una conversación fluida, y ciertamente, esa pregunta me desconcertó un poco.

-Oh… Pues, no lo tenemos muy claro. – hice una pequeña pausa. – Cuando se fue yo tenía siete años, así que bueno, recuerdo su cara vagamente. Ya te puedes imaginar, mi madre cortó su cara de todas las fotos. ¿Sabes esa película donde la protagonista se pone a recortar el jeto del ex, en cada fotografía, haciendo que queden muy siniestras? Pues sí, esa es mi madre. – los dos nos reímos.

-¿Cómo se llama tu madre?

-Simone. Y mi padre Gordon. Bueno, no sé si sigue vivo así que no se si hablar de él en pasado.

-¿Cómo va a estar muerto? – dijo Tom, algo extrañado.

-Ya te he dicho que no sabemos porqué se fue. Una de nuestras teorías es que tenía alguna enfermedad mortal, y no quiso que pasáramos nosotros por ella. Sin duda, esa es la teoría más alegre, porque quiere decir que aún habiéndonos abandonado, el hombre estaba bastante mal.

-Vaya, ¿qué más teorías tenéis?

-Pues bueno, las típicas. Que si se fue con otra mujer, que si ganó la lotería, que si lo habían asesinado…

-¿Perdón?

-Bueno a ver, esta última fue sólo los primeros días de su marcha, porque como no había dejado nota ni nada, pensábamos que le había pasado algo. Mi madre llamó a la policía y todo, y estos hicieron una investigación. Encontraron su paradero, pero él les dijo que no quería saber nada. Mi madre jamás pidió ningún tipo de pensión ni nada por el estilo, así que no supimos de él nunca más. – hice una pausa, donde todos aquellos recuerdos, volaron sobre mi cabeza posándose ante mis ojos durante un instante, llenándome el corazón con algo de amargura. – No nos quería.

Se hizo el silencio durante un momento.

-Oye, siento haber preguntado.

-Qué va, tú ayer me compartiste algo mucho más gordo. Me siento avergonzado del poco dramatismo que tiene mi historia al lado de la tuya. – éste ensanchó una sonrisa.

-Me muero de ganas de conocer a mi hermano, Bill. De verdad, he soñado con ello varias veces.

-¡Y qué menos! – hice una pequeña pausa que me hizo plantearme un tema crucial. – Oye, y a todo esto… Cuando encuentres a tu familia… ¿Qué harás con tu padre? ¿Lo dejarás solo? – por unos momentos, me entró pena de aquel hombre. Supongo que en el fondo, sólo quería la supervivencia de sus hijos, aunque estos vivieran separados.

-Lo meteré en la cárcel. – la frialdad de las palabras de Tom me pilló por sorpresa. Para más inri, me había contestado al instante, como si fuera algo que ya tuviera planeado desde hace tiempo. Algo que no pudiera dar lugar a dudas.

Lo miré de pronto, casi agazapado del miedo, y arrugué la frente. Éste supo que lo estaba mirando, pero no hizo nada al respecto.

-¿De verdad…?

Mi chico rubio, se limitó a asentir.

.

Llegamos al campamento casi de puntillas. Aparcamos el coche y avanzamos mirando que no hubieran moros en la costa. Era prácticamente la una del medio día y de aquí nada nos tocaba ir al comedor. Lo cual quería decir que Tom había perdido la primera hora con los niños. Había mantenido el móvil apagado, así que muy probablemente, en cuanto lo abriera, tendría mil llamadas de medio campamento.

Tom ideó el plan de fingir haberse dormido en mi cabaña, y que yo tenía la costumbre de cerrar siempre con llave (cosa que gracias a dios, es verdad). Yo sólo le veía un fallo a esa excusa, ¿le iba a decir a su padre que había estado durmiendo en la cabaña de un chico?

-Bueno… ¡En realidad no me hablo con él! No sé porqué coño tengo que darle explicaciones.

-Porque él te paga.

-Paso de su dinero…

-Entonces no podrás pagarte el viaje para buscar a tu hermano, listo.

Lo vi mirar al horizonte muy seriamente. Creo que esas palabras había calado en profundidad.

-Tienes razón. Necesito ese dinero. Le diré que estuvimos componiendo canciones y al final nos quedamos fritos. Que no fuimos ni a cenar. – Asentí ante esa idea, ya que era una buena excusa, y nos despedimos con un pequeño beso, casto y limpio.

Yo me dirigí a mi cabaña he intenté dormir lo que me había faltado esa noche.

Tuve un sueño muy extraño, dónde me encontraba con mi padre después de muchos años, pero su imagen no era como la recordaba. En realidad ya no me acordaba prácticamente nada de cómo era, pero sí sabía decir que la cara que tenía delante, no era la de él, seguro.

Supongo que hablar de mi padre, estaba removiendo cosas que hacía mucho tiempo que estaban estancadas, y sin querer, salieron a la luz inevitablemente. Ojalá supiera qué había pasado con él.

Me quedé dormido bastante rápido, pero el sonido del despertador me desveló enseguida, si quería ir a comer era lo máximo que podía dormir. Eran ya las dos, estaría todo el mundo allí disfrutando de la comida. Bostecé fuertemente y después me intenté incorporar.

-Aaaahhh… – otra vez. Me cago en todo. No pude sentarme bien ni encima de la cama de lo que me estaba doliendo el trasero. ¿Es que esto iba a durar para siempre?

Supongo que haber dejado el asunto en reposo había hecho que el dolor volviera… Pero joder, ¡me duele más ahora que antes! ¿No se supone que la práctica quita las agujetas? ¡Pues, y una mierda! ¿Qué diablos está pasando?

Intentando no pensar en ello, me levanté sintiendo el peso del poco reposo que tenía en el cuerpo, y me encaminé directo a la puerta, cojeando incluso. Perfecto, esto era bastante ridículo.

Tom

Vale, esto de estar enfadado con mi padre tiene sus ventajas. He llegado tan tarde que cuando me he dirigido directamente hacia donde yo tenía la clase ya veía a Erik haciéndome el trabajo. Me acerqué con la cabeza gacha y en cuanto me vio, se le iluminó el mundo.

-¡Tom! – dijo, mientras se acercaba corriendo. – Tío ¿estás bien? Estabas desaparecido. – Erik me dio una abrazo y me quedé casi en shock. ¿Y esto?

-Sí, emm… – no iba a decirle a él que me había quedado durmiendo en la cabaña de Bill así que desvié el tema muy rápido. – ¿Mi padre está ardiendo de la rabia, verdad? – también debía fingir una preocupación ante eso, se supone que me tiene que importar lo que esté pasando con ese hombre.

-Pues la verdad es que no lo sé. Simplemente al ver que llevabas veinte minutos de retraso con el trabajo decidí substituirte. – dijo sin más. Aunque de pronto, se le cambió el semblante. – Pero ahora que me acuerdo… Mi hermana es la que sí te anda buscando toda la mañana, y además según parece tiene muchas ganas de estrangularte. O eso es lo que lleva repitiendo todo el rato. – Mi semblante cambió de golpe.

-¿Tu hermana? ¿Pero qué quiere? – demasiado tiempo sin follármela, claro. Echa de menos mi nabo, es evidente.

-Partirte la cara, amigo.

-¿Pero por qué? – se me pasaron mil cosas por la cabeza, pero por la única que llegué a pensar que querría zurrarme era por lo mismo de antes, y es que éste verano estaba pasando de su culo, cuando normalmente siempre que teníamos un hueco, acabábamos en mi cabaña. Y bueno, éste año, yo siempre acababa en la cabaña de uno que yo me sé.

-Y yo que sé, no ves que se queja por cualquier cosa… Ve a buscarla, ya me encargo del resto de la clase, que me estaba entreteniendo. – Se estaba alejando de mí mientras decía esto, pero de pronto se paró. – Oye, ¿cómo lleváis la obra de teatro? Que ya es este jueves…

Cerré los ojos lenta y pesadamente.

Mierda.

Bueno, pensándolo bien, realmente no iba tan mal, entre Bill y yo habíamos intentado que los niños se aprendieran los diálogos pero aún faltaba pulir más de un detalle. Y con lo del grupo y todo, las nuevas canciones y toda la mierda de mi padre, era lo último que me preocupaba. Pues nada, esta tarde me pondré a saco con ellos. Espero que Bill me ayude.

-¡Bueno, estamos en ello! – aunque por la cara que puso, parecía que me había calado hace rato.

.

Llegué al comedor y nada más entrar encontré a mi padre hablando con uno de los cocineros. Veía la cara del pobre hombre y se le notaba de lejos que quería dejar de hablar con él, y continuar con su faena. Desde luego, cuando a mi padre se le da cuerda, no deja de hablar. Pero el milagro surgió, ya que en cuanto me vio entrar por la puerta, se despidió bien rápido del cocinero, y me hizo señas para que saliera un momento, a hablar con él. La verdad es que si analizábamos la situación fríamente, él era mi jefe, y si quería el dinero, tenía que acatar ordenes.

Sin decir ni mu, reculé los pasos recién dados y volví a abrir la puerta, pero esta vez para salir de ahí. Notaba la sombra pesada de mi padre en mi espalda, supongo que con la mirada fija en mí.

Ya que estaba fuera y además con el jefe, lo cual quería decir que tenía permiso de no estar en el comedor, me fui a encender un cigarro enseguida. Mientras lo buscaba en mis bolsillos, fui apoyando mi cuerpo en la pared y en cuanto lo tuve en la boca, encendiéndomelo, miré a mi padre a los ojos. Le hice una seña para que empezara.

-¿Dónde has estado? – no noté un tono desafiante, y ni mucho menos, enfadado. Simplemente, pude notar un resquicio de preocupación, y de mucha pena. Mi padre me había perdido, y era completamente consciente. No pude evitar sentir lástima. Aunque ciertamente, poco me duró ese sentimiento.

-Bill y yo nos quedamos fritos a las tantas de la noche, componiendo canciones. – primero asintió larga y lentamente, y luego hizo un chasquido con los labios.

-Tu coche no estaba. – entonces lo miré a los ojos, con el ceño fruncido y me entraron ganas de tirarle todo el humo a la cara. Pero me calmé. Respiré hondo y recapacité.

-Me lo llevé a la ciudad. Los dos estamos hasta los cojones del campamento. – solté sin tapujos. – como bebimos un poco, dormimos en casa. – creo que estaba dejando bastante claro lo que pasaba con Bill y conmigo, pero como se le ocurriera mencionar algo extraño, o juzgarme, se iba a llevar una hostia. Vi como me miraba seriamente, y luego ponía la cara más extraña que había visto en mi vida.

-Te aconsejo, que os olvidéis en cuanto acabe al campamento, porque esta historia no va a acabar bien. – dijo muy seriamente. Lo miré desafiante.

-Mira, me importa más bien poco lo que opines de este tema. A partir de ahora eres mi jefe, no mi padre. Y en cuanto acabe el campamento, ya veremos si pasas a ser sólo mi casero o me piro para siempre y dejo de ver tu puta cara, ¿me entiendes? Así que ahórrate los consejitos de padre. – éste respiró hondo y luego puso la cara muy seria.

-Está bien, pues si soy tu puto jefe, la próxima vez que faltes a una clase te hecho del puto campamento ya que tienes tantas ganas. Pero no vas a ver ni un puto duro. ¿Qué te parece? – y sin dejarme contestar, entró en el comedor.

Sentí tanta impotencia en ese instante que prácticamente destrocé el cigarro, que apenas estaba por la mitad. Lo pateé mil veces hasta acabar prácticamente enterrado en la tierra y luego intenté calmarme. Pero, fue imposible.

Justo, en aquel preciso instante, hizo su aparición un par de curvas morenas, con el pelo lleno de rastas. Se puso delante de mí, y se cruzó de brazos. Lo que me faltaba. Yo miraba al suelo, con la cabeza gacha, y en vez de levantarla, apenas alcé la mirada, sin demasiado esfuerzo, para mirarle a la cara. Le hice una seña con las cejas para que hablara.

-Hola a ti también. – dijo con algo de recelo. Me salió una risa cínica que esperaba dejar claro que no quería saber nada de amabilidades ni de los puñeteros modales.

-¿Qué es lo que pasa? – esta vez fui yo el que me crucé de brazos, y de nuevo, me volví a apoyar en la pared, la cual ya era la segunda vez que recibía mi espalda, ayudándome a soportar la mierda que me estaba trayendo la gente. Cuanta mierda hay en este puñetero mundo, joder.

-¿Qué es eso de que no voy a cantar? – dijo sin tapujos. En aquel momento abrí los ojos un montón, recordando aquella conversación que habíamos tenido el grupo entero donde habíamos considerado muy seriamente que Bill hacía mil veces mejor la parte de Erika. Intenté irme por la tangente, a ver si colaba…

-Oh vamos. Hemos hecho un par de ensayos con Bill, y el chaval no lo hace nada mal. – mientras decía esto, miraba al suelo, sabiendo que a Erika en cualquier momento le iba a salir una serpiente de las entrañas y se iba a comer las mías. Podía sentir su aura maligna, desprenderse de su cuerpo. Qué miedo.

-¿Y? – dijo, como si nada.

-Puees… Pues eso. ¿Qué más te da? Todos los años cantas tú, y Bill no va a volver el año que viene – Espero por lo que Dios más quiera, que sí vuelva.

-¿Y? – volvió a decir. Con esa voz fanfarrona que estaba empezando a sacarme de mis casillas.

-Mira, ha cambiado prácticamente toda la letra de todas las canciones, y las ha dejado perfectas. No te las podemos enseñar en lo poco que queda porque no tenemos tiempo. Y sobre todo porque se me está echando encima el teatro de los niños pequeños. – seguía sin mirarle a la cara, porque aunque sabía que era verdad todo lo que estaba diciendo, Erika era una chica que aunque era bastante independiente, le gustaba llamar la atención, y está claro que le estábamos destrozando una de las cosas que más le gustaba del verano.

Me miró con los ojos llorosos y tuve ganas de salir corriendo. Por dios, no quiero más lágrimas. Estoy hasta los cojones de los problemas. No le contesté nada de nada, ni ella parecía que fuera a decirme nada más. Yo lo único que sabía es que ella no se iba, y yo empezaba a tensar tanto la mandíbula, que me estaba haciendo incluso algo de daño.

-Este verano, casi no nos hemos visto… – y esta vez, noté como poco a poco se me estaba acercando. Alcé la cabeza muy deprisa, intentando controlar la situación. ¿Qué estaba haciendo? – Has estado completamente ausente. – Yo, como estaba recostado en la pared, los pies que estaban entrecruzados, estaban bastante separados de ésta, y ella separó los suyos, para dejar los míos en medio. Acercándose aún más. Me fui poniendo erguido lo más prudentemente que pude, vigilando sus movimientos.

-Ya, he estado algo liado… – dije, empezando a intentar apartarme de ella.

-Vámonos detrás del comedor un rato, ahí casi nunca hay gente… – entonces me empezó a rodear los hombros con sus brazos.

-Erika, tenemos que ir a comer. –intenté deshacerme de su abrazo, pero de golpe se me lanzó encima y me empezó a besar. Durante un instante me planteé qué hacer. Bill y yo habíamos decidido mantenerlo en secreto porque no era cuestión de tener a todo el mundo con el ojo puesto en nosotros, pero, ¿eso qué quería decir? ¿Tenía que mantener el resto de cosas como siempre? No, claro que no. Esto no lo podía permitir. Porque si yo me enterara que Bill hacía esto, lo mataba a él y al/a otro/a. Pero, ¿qué le decía yo a Erika? ¿Con qué motivo podía yo rechazarla sin que se diera cuenta? ¿Cuándo he rechazado yo a una chica? ¡Nunca!

Con la tontería, el beso estaba durando demasiado como para que el hecho de apartarla de golpe fuera creíble en cuanto a “primera reacción”, y eso me estaba estresando. Decidí dejar de pensar y me separé igualmente.

-Oye oye… No, lo siento – Erika me miró muy confundida. – Estoy… estoy con otra. – su cara fue de chiste, de hecho parecía que se iba aponer a reír.

-¿Con otra? ¿El gran Tom Kaulitz comprometido? Imposible… – y con un resquicio de sonrisa aun en los labios, intentó volver a abalanzarse sobre mí, pero ahora si supe pararla antes de que pasara nada.

-Que no, joder. Déjame. – me arreglé bien la camiseta, y cuando fui a entrar en el comedor, sin decirle nada más, una figura detrás de ella, se había quedado parada, mirando hacia aquí.

Era Ashley.

MIERDA.

Le intenté mandar señales telepáticos a ver si me miraba, pero ésta tenía la mirada fija en mi compañera de curro. Podía notar la ira por sus venas y no iba dirigida hacia mí. Cuando intenté llegar hasta ella, la pelirroja ya le había agarrado las rastas a la otra por detrás, y le tiraba del pelo hacia el suelo, prácticamente tirándola.

-¡¡AAAAAAHHHHH!! – chilló Erika. Me cago en la puta.

-¡Ashley! ¿Para, qué estás haciendo? – dije completamente anonadado.

-Tú cállate, que también te mereces una hostia. – dijo sin mirarme, concentrada en su actual oponente, que estaba empezando a reaccionar.

-¿Pero qué coño haces, puta? – le dijo Erika, apunto de pegarle una bofetada, que Ashley apartó con el codo. Éste acabó yendo directamente a su nariz y cuando volvió a ser visible, estaba sangrando. – ¡AARGGG! – volvió a chillar.

-¡Está conmigo! ¡Y te pienso matar, zorra! – mi cara de póker creo que no se podría describir más que con una foto. Me quedé tan en shock que no podía ni reaccionar. ¿Estaba encubriendo a Bill aplicando la venganza de todas maneras?

Apuesto a que si Bill lo hubiera visto, estaría haciendo lo mismo que ella. Bueno, si pudiera hacerlo. Porque no lo sabe nadie. Tendría que haberse tragado las ganas de pegarle. Pero sin embargo, Ashley sí podía fingir estar conmigo, para que al menos, ésta se llevara un par de puñetazos.

Tom, deja de pensar.

Se están pegando.

Tom, que se están pegando.

Mmm… dos chicas pegándose por mí…

¡TOM!

-¡ASHLEY, SUÉLTALA! – entre tanta mano revoloteando no sé como me las ingenié para poder agarrar a la pelirroja de la cintura, y sacarla del área de pelea. Pero algo acabó fallando, ya que al tenerla cogida de esa manera, no dudó en pegarme con un pie en los huevos. Lo que me hizo doblarme enseguida en el suelo, sin soltarla, pero muriéndome de dolor. – Aahhh… – más que un chillido, fue un grito ahogado.

-Te lo mereces… – le oí decir. – ¡Tom, suéltame que vuelve! – y sacando fuerzas de flaqueza, me levanté, prácticamente con una lágrima saliéndome de un ojo, solté un brazo y lo utilicé para ponérselo a Erika en el abdomen, y que no avanzara más.

-Vale, ya está por dios, parad de una vez. Las dos estáis sangrando.- Y era verdad, ya que si la morena tenía la nariz roja, a Ashley era el labio el que parecía empezar a sangrar. Notaba como Erika hacía fuerza hacia mí para intentar que la pelea continuara. Por su parte, Ashley prácticamente me estaba arañando el brazo con la que la tenía retenida, pero le resultó en vano. – ¡ME CAGO EN LA PUTA, QUE PARÉIS LAS DOS! – y sin querer, le pegué tal empujón a Erika que casi la tiré al suelo.

Ante este gesto, la morena me miró con tristeza, y luego dirigió su vista al suelo. Finalmente se dio media vuelta, y desapareció por el sitio opuesto al comedor.

-Ts… encima se va ofendida. – dijo la pelirroja, mientras se separaba de mí, y se colocaba bien toda la ropa que la chica de rastas, le había descolocado. Prácticamente tenía una manga raída, de un estirón bien dado. – Uh cuidado, un tío le da un empujoncito de nada, y se va con la cola entre las piernas… – esta estaba hablando para si sola, pero en voz alta. Después, me miró fijamente y simplemente soltó: – Tú, yo, ahora, comedor.

Me sorprendí de ese comentario, y con una cara de gilipollas, me dediqué a seguirla.

.

Otra vez volvía a no sentarme en mi sitio, y mi jefe vino a echarme la bronca, pero antes de que pronunciara ni palabra, le señalé la sangre de Ashley, dándole a entender que si estaba sentado ahí, era por que ella me necesitaba. Vi como tensaba la mandíbula de la rabia, pero acabó aceptando eso.

La pelirroja había usado una servilleta mojada para limpiarse la sangre, y yo le estaba aguantando el móvil, que con la cámara interna ésta se dedicaba a mirarse hasta que todo rastro hubiera desaparecido.

Después se levantó y fue a tirar la servilleta. Mientras yo, removía la comida que tenía en el plato, sin llegar a probar bocado. No tenía hambre.

Faltaba un cuarto de hora para las dos, y ya se estaba empezando a llenar el comedor, pero no había rastro ni de Bill, ni de mis mariconcetes, ni de Georg. Solos Ashley y yo. Creo que jamás me había visto en esta situación.

Cuando volvió, pinchó un par de macarrones y se los metió en la boca, pero acto seguido hizo cara de dolor, empezando a masticar duramente, con una expresión muy extraña tapándose la boca. Genial, ahora ya no podía comer.

-Puta rastas de mierda… – dijo en un tono de voz bajito pero que yo sí alcancé a oír. La miré con media sonrisa, y luego fingí algo de indignación. Me toqué las rastas, haciendo evidente el porqué de mi pequeña cara triste y la pelirroja después se rió. – Vale, lo siento… – Se frotó un poco el labio y fue a hablar. – Oye, siento el numerito, pero de pronto lo he sentido en la piel. Me ha invadido la rabia y…

-Ya, lo sé. Me lo he imaginado. En realidad yo soy quien me merezco la hostia.

-Sí, eso no te lo discuto, pero he oído como la apartabas y ella seguía insistiendo, así que la zorra ya estaba avisada de que tú estabas ocupado. Y como justo has dicho que “estabas con otra”, pues he visto la oportunidad bastante rápido.

-Bueno, supongo que tienes razón.

-Pero a ver, ¿en qué coño estabas pensando? ¡Apártala a la primera de cambio! – y de la rabia le dio por empujar hacia el centro de la mesa, el plato de macarrones, que de poco no acaba volcado. – joder, me siento ridícula echándote la bronca, pero ahora no puedo comer por tu culpa. – se señaló el problemita del labio, con las manos.

-A ver, en realidad te has metido tú sola…

-¡Estaba defendiendo a Bill! Soy su mejor amiga, y estaba con todo el derecho. Aparte, si lo llega a ver él, apuesto a que sólo podría habértelo recriminado “en privado” y sin que repercutiera en la cara de la otra… – puso un gesto de asco al acordarse de ella.

-Es lo mismo que he pensado yo. Y después me he imaginado la escena al revés, y me ha empezado a hervir la sangre de sólo imaginármelo. La verdad es que no sé cómo habría actuado… ¿Se lo vas a contar…? – Me daba pánico que Bill se enfadara ahora conmigo, estábamos tan bien, que sólo imaginarme que algo así pasara, me daba náuseas. Mi padre, Erika, y ahora él. No tío, no lo podría soportar.

-A ver, claro que sí. – dijo enseguida haciendo que el corazón me diera un vuelco– Y sé que eso es tema tuyo, pero tío, tengo el labio roto, y la otra tiene la nariz que parece hecha por Picasso, algo sospechará… – Fue a pegarle un sorbo al agua, y volvió a poner cara de dolor. Después continuó. – Pero… No te preocupes, yo te ayudo a maquillarlo para que no salgas mal parado. Al fin y al cavo, a mi se me han ido los estribos y yo lo he empeorado.

-Y ahora Erika se piensa que estamos liados… – le recordé, de pronto. Esta abrió los ojos y después se tapó la boca con la mano, algo estupefacta.

-Mierda tío, tienes razón. Pero bueno, no habrá que fingir nada, ¿no? – dijo, poniendo cara de asco. ¿Cómo que cara de asco? Será posible…

-No no, para nada.

Hubo un momento de silencio en donde los dos empezamos a comer. Ashley a duras penas, y con cara de tristeza, y yo poco a poco, para no dejarla sola.

-Pensarás que estoy loca… – dijo de pronto, riéndose con ironía de si misma.

-Pues un poco sí, la verdad. – de pronto, me di cuenta de algo… – Una cosa, sé que es meterme en asuntos ajenos, pero bueno, como tú lo has hecho antes, te jodes. – ésta puso los ojos en blanco y luego sonrió.

-Dime

-¿No se supone que tú quieres ver a Bill soltero? – la pelirroja empezó a ruborizarse tanto, que el moratón empezaba a difuminarse y perderse en su rostro. – Me refiero, que no llego a entender que hayas saltado a defenderle de esa manera. -Ashley perdió la mirada en el plato, y empezó a remover la comida, nerviosa. Noté como le empezaba a temblar el labio, y dudaba que fuera por el golpe. – Oye, da igual… lo siento.

-No no, tienes razón, he actuado bastante extraño. – Negó un momento con la cabeza, saliendo de sus pensamientos, y luego me miró fijamente inhalando mucho aire de golpe, para acabar soltandolo sonoramente. – A ver, en realidad estoy tan acostumbrada a ver a Bill con novia, que el hecho de que esté soltero, es algo que no suele pasar. Simplemente, cuando os he visto, he pensado en él y en su reacción, y bueno, ya lo conoces… Se habría ido llorando y todo eso. Y como yo soy “el hombre” de los dos, pues he sentido que tenía que protegerle, aunque en realidad no le deba algo así. Yo que sé, me ha salido la vena protectora. Al fin y al cavo, quiero lo mejor para él. – y mientras decía eso, creo que estaba murmurando algún maleficio en voz baja mientras miraba con incredulidad al plato, pensando en su actuación. – Soy imbécil. Repasándolo ahora, está claro que soy imbécil… – volvió a pinchar un par de macarrones y esta vez, pareció que no le costaba tanto. Pero, aún así, quise seguir preguntándole sobre el tema.

-Oye, ¿cuanto hace que te gusta Bill? Si, puedo preguntarlo, claro. – Ashley puso cara de estar pensándoselo bastante, pero después con una sonrisa me acabó contestando.

-Pues des de siempre. Y es bastante extraño, porque bueno, tú ya sabes que Bill no es que sea muy masculino… En realidad es prácticamente lo opuesto a un hombre. – después se empezó a reír mucho y agregó – ¿sabes? Yo he llegado a pensar seriamente que a mi en realidad me gustan las mujeres, y Bill es como esa pequeña posibilidad de ser hetero por ahí escondida. Como esa última oportunidad.

-¿De verdad? – mi cara de asombro llegaba al suelo.

-Te lo prometo. Porque si no, no entiendo esto. O es amor de verdad, o yo que sé… Mira a Georg, es muy mono, y es un tío de verdad, pero ya ves… No me gusta.

-¿Has estado con muchos tíos? –Tom consejero al habla, ¿dígame?

-¿Hablas de sexo exclusivamente? – asentí. – Bueno, casi con diez, incluyendo a Bill. –Crack, crack CRACK.No me acordaba. Durante un instante me entraron unos celos bastante extraños.

-¿Y entre el resto y Bill, notaste alguna diferencia? – Tom, disimula el puñetazo emocional en el estómago.

-Con Bill me gustó mucho más, pero claro eso puede ser simplemente porque me gusta él. – dijo, casi para si misma. De pronto, me sentí muy incómodo hablando de esto.

-¿De verdad quieres compartir esto conmigo? – la cara que puso me dejó petrificado. Fue como cuando le das cuerda a una chica y de pronto le dices “cállate” y ella se pensaba que estabas muy contento de hablar con ella, pero resultaba que no era así. Creo que se estaba sintiendo avergonzada de haberse empezado a abrir tanto conmigo. Me retracté enseguida. – A ver a ver, tranquila. A mi no me importa, de hecho llevo un día de cabreos con todo el mundo, así que la charla me esta animando bastante, lo digo porque estas cosas son bastante personales, e igual prefieres guardártelas… – vi como esta poco a poco se estaba relajando.

-Bueno, igual sí que es un poco incomodo hablar de Bill cuando ahora estas tú con él… ¿Volvemos al tema de mi lesbianismo? – se empezó a reír por el comentario, y yo también ensanché una sonrisa.

-¡Claro! ¿Quién dirías que está más buena de todo tu curso? Igual si te liamos con ella, acabas de descubrir qué es lo que te pasa… Yo soy un maestro con las ladys, y te puedo echar una mano. – no pude evitar guiñarle un ojo ante ese comentario.

-Buft, imposible. Esa está prohibida, pregúntale a quien quieras, pero la que está más buena de toda mi universidad es la novia de Bill. Bueno, ahora ya es su ex. – dijo sin pensarselo dos veces. Abrí los ojos como platos, y me incorporé enseguida.

-¿De verdad? ¿Enserio está tan buena? – dije sin poder creérmelo. ¿Que el marica de Bill había estado con un pibón homologado? y de pronto caí en un detalle. – Espera espera espera, ESPERA. ¿¡Y está aquí?! – dije, incrédulo. Ashley se asustó de mi reacción y se tiró hacia atrás.

-Nonononoo… E-e-eella… Ella está en Berlín. No quiso venirse. – Ashley no me miraba a la cara y eso me estaba dejando algo preocupado. De pronto volvió a mi primera pregunta. – Y sí, es una diosa del desierto. Es preciosa y esta realmente muy buena. – mierda, me entró la curiosidad.

-¿Cómo es?

-Pues… Latina, con una tez caramelo que te derrite. Casi tan alta como él, un culo impresionante, unas tetas que parecen operadas pero que según Bill, no lo son… – Ashley empezaba a recrearse ella sola en todo lo que estaba diciendo.

-Jooder… Uno, parece que hables de la profesora, ¿se le parece? Y dos, joder niña, seguro que a ti te van secretamente los coños. – dije, pegándole tal trago al agua que me la acabé. La risa de fondo de Ashley, me estaba alegrando lo que quedaba de mañana. No es que estuviéramos teniendo una conversación masculina, pero hablar de tetas culos y coños, me estaba haciendo sentir bien.

-¡Pues sí! Se parecen mucho, hay quien dice que podrían ser hermanas gemelas o parientes muy cercanas. – dijo riéndose aún. ¿Qué sería tan gracioso?

-Maaaadre mía con Bill. Se va con la crème de la crème. – dije mientras me auto señalaba, levantándome un poco la camiseta por la zona del pecho, y aireándola.

-Tsss menudos humos, colega.- dijo alzando una ceja, como fanfarroneando.

-Oye oye, ¿y si te intentamos ligar a la profe? – de pronto me emocioné yo solo con la idea. Buuufttt, lo que daba por un ver un video de eso. – Aunque el primer día ya lo intenté yo, y me dijo que si blablablá tengo novio blablablá. – dije, con voz de burla, recordando aquella primera conversación con ella. Por su parte, a Ashley se le había cambiado el semblante.

-Ya no tiene. Lo dejaron hace poco. – dijo, con una mirada reflexiva.

-¡Hostias, pues de puta madre! Yo os encierro rápidamente en una de las habitaciones del edificio de los profes y ya me dices que tal… – dije guiñándole un ojo.

-¿Dawn, bollera? No lo creo…

-Ya, bueno. Igual deberías probar con la ex de Bill, porque si ha estado con él, igual le pasa como a ti.- reflexioné muy rápido. – Aunque claro, es su ex… Y en principio las exs están prohibidas. Aunque por otro lado, tú estabas prohibida para Bill, por que a Georg le gustabas tú, y aun así, hizo lo que quiso… – de pronto me perdí en todas mis reflexiones. – En fin, estáis todos como cabras. ¿Crees que le importaría si intentas ligarte a su ex? En principio, él ya es feliz conmigo, y tú quieres olvidarte de él… Cadena de favores, de toda la vida. – creo que se me pintó una sonrisa en la cara después de esta gran reflexión. A veces soy realmente estúpido.

-Yo creo que antes, le deja ese privilegio a Georg, para que al menos moje un poco el chaval… A demás, tú ya estás maquinando, ¡y ni siquiera sé si me gustan las tías! Me gusta Bill, eso sí.

-Lo que tú quieras, pero te lo has estado planteando… – y mientras decía eso, me apoyaba lentamente en la silla, lo cual cosa me permitía una visión más amplia del resto del comedor, y justo vi a Bill acercarse de lejos. Me incorporé de golpe, y le hice señas a Ashley con los ojos y las cejas, avisándola. Ésta me entendió a la perfección y carraspeó un poco con la garganta, como si estuviera preparando para salir a un escenario, y dar lo mejor de si en una obra de teatro.

Mi chico me sonrió de lejos, caminando de una manera bastante extraña. Con la bandeja en la mano se fue acercando poco a poco hasta sentarse al lado de la pelirroja, con cara de gran confusión. Aunque sinceramente, ese sentimiento de desconcierto también se podía ver reflejado en mi rostro porque estaba siendo realmente extraña la manera en la que Bill se estaba intentando sentar.

Primero dejó la bandeja y luego fue descendiendo hasta la silla lo más lenta y pesadamente que pudo. Noté como se le habían crispado un poco las facciones al apoyarse del todo. ¿Pero qué diablos…?

De pronto caí en lo evidente.

¡¡Le dolía el culo!!

Continúa…

por administrador

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