«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 25: Efecto dominó

El plan de Natalie y Jörg estaba en marcha. Su objetivo: separar a Bill de su relación con el fotógrafo. Pero se equivocaban, ya que su malévola idea irá tirando más de a uno. La rubia guardó las pruebas, era evidente que tendría que esperar un poco para darle la noticia al ‘padre’ de su hijo. A Jörg había algo de todo el perfecto plan que no le gustaba. Él como padre jamás había sido bueno y si algún día la verdad saliese a la luz se vería en serios aprietos sobre todo hablando de dinero. Para Natalie le bastaba con que el niño que llevaba en su vientre fuera un Kaulitz era sinónimo de fortuna garantizada siempre a costa de la pobre Caroline, es decir le importaba un bledo si Bill no le creía, ya que de ser así Jörg se tendría que hacer responsable obligatoriamente.

Departamento de Bill
Jane ya podía oír las risas sonoras y uno que otro comentario proveniente de la habitación. En la cocina con su corazón en un hilo se dispuso a preparar café y galletas. Fue hasta la mesada y colocó otra de esas altas banquetas, invitando de ese modo a Tom a desayunar. Colocó tres tazas y se sentó esperando a que sus bocadillos dulces estuviesen listos. Suspiró justo cuando el muchacho de trenzas salía con un bote de perfume en su mano persiguiendo a Bill.
-¡Basta! – Rió el muchacho de rastas rodeando el sofá – una sola gota que me tires y despídete de este mundo Tom Trümper.
La muchacha se quedó petrificada. Acaso había dicho ¿Trümper? Coincidencia, definitivamente una pura coincidencia.
-Okay lo dejo en el suelo – sonrió – acércate, ven.
Bill entrecerró los ojos, frunciendo el labio dudoso y rompiendo a reír se acercó a él pero en menos de un segundo Tom se agachó tomando el pequeño frasco vertiéndoselo en la nuca inundando su espalda.
-¡No! – Gritó Bill – ahora tendré ese aroma a bebé ¡Dios! Este olor que no te sale con nada.
-Eres un bebé – añadió atrapándole sus labios suavemente, hasta que lo tomó del rostro y lo arrinconó contra el sofá. Justo cuando gimió dentro del beso, Jane causó un sonido con las tazas haciéndose notar.
-¡Oh! Jane, no te vi – se disculpó su mejor amigo, tomándole de la mano al fotógrafo caminando hasta la mesa – Buen día. Gracias por el desayuno, no te hubieses molestado.
-No es molestia consentirlos – interrumpió con una débil sonrisa – hice galletas espero que les guste.
-Gracias – fue lo único que pudo decir Tom ante el buen trato.

Empresa editorial
Por fin el fotógrafo y director retomaban su trabajo normalmente. Todos estaban a la expectativa esperando que llegaran juntos, pudiendo así volver a sus chismes de cocina. Bueno no todos, algunos estaban sumergidos en sus rollos personales.
– Charly, ¿vas a decirme qué te pasa? –dijo Gustav, el administrador de ingresos- ¡vamos hombre! Siempre has confiado en mí. Sal de ahí, lávate la cara y cuéntame.
– ¡Qué no puedo! – gritó abriendo la puerta del pequeño baño. El muchacho de cabello negro y corto, entró mirando sus ojos enrojecidos – No me entenderías.
– ¿Qué estupideces decís? – Preguntó molesto sentándose sobre la pequeña mesada de mármol del lavabo – ¿Por ser heterosexual no te entendería.
– Bueno verás – comenzó el jovencito – estoy enamorado de alguien que… creo que no me ama como yo a él.
– ¿Pero estás con ese chico?
– Sí… pero creo que me engaña y con una mujer – suspiró con sus ojos llenándose de lágrimas nuevamente – él dice que no, pero no le creo una mierda.
– Pero Char… – dijo Gustav compartiendo su tristeza – ¿cómo estás con una persona si no confías?
– No lo sé, tal vez sus imperfecciones y su buen trato me han idiotizado tanto que prefiero ser su juguete, prefiero compartirlo, prefiero que me maltrate antes que perderlo para siempre –lloró- ¿recuerdas cuanto sufrí por mi primer amor? ¿El imposible?
– Sí – asintió – por Bill, idiota.
– Ahora ese dolor no se compara al que siento ahora porque… -pero el muchacho no pudo continuar hablando, un mensaje de texto llegó a su móvil. Miró la pantalla, era él. Atemorizado le dio “leer”.
“¿Dónde está mi zorro? Acabo de llegar, te quiero en mi oficina ahora. Tenemos que hablar 😉 De: Jörg”
– ¿Es él? – Murmuró el robusto de color oscuro – ¿es ese hombre?
– Me quiere ver en la oficina – contestó mirándose al espejo, intentando borrar todo rastro de lágrimas. Estiró su camisa y arregló su cabello, saliendo sin decir más nada.
– En la oficina – se dijo Gustav a sí mismo – ¿entonces es de aquí?
El muchacho de gafas se quedó pensativo – Bill y Tom están ocupados. Yo quedo completamente descartado. Georg está en esas andadas locas con Violeta, con Lily y con la chica de la agencia más todas las modelos del mundo. Derek…no tiene esos aires. ¿Quién rayos es?

Mientras tanto, el ascensor indicaba una nueva llegada. El fotógrafo se dejó ver totalmente fresco y feliz entrando de la mano con Bill mientras todos los saludaban. El muchacho de rastas ocultaba su mirada detrás de unas finas gafas. Un corto beso y cada uno se dirigió a su propia oficina, listos para poner al día la pila de trabajo.

Oficina de Jörg
– ¿Realmente Natalie…? –Susurró Derek emocionado – ¡Oh jefe! Usted me deja siempre sin palabras. Separará al par de maricas con solo chasquear los dedos.
– La idea fue mía, pero sin mi virilidad no la podría haber llevado a cabo –sonrió con aire de superado. El gerente rió pero alguien entró sin tocar.
– ¿Y tú? ¿Qué? No te enseñaron modales niño estúpido –gritó molesto.
– Zac, retírate – ordenó Jörg.
– Sí señor – asintió el chupamedias fulminando a Charly con la mirada. Al cerrar la puerta, el jovencito comenzó a sentirse débil una vez más.
– ¿Qué? – murmuró sentándose frente a él, llevando sus manos hasta el escritorio.
– ¿Qué traes ahora? – Resopló el mayor – ¡siempre te sucede algo!
– Dame dos semanas – pidió con una lágrima recorriendo su mejilla – aléjate de mí dos semanas Jörg, necesito pensar.
El padre de Bill asintió, esperando que fuera la escapatoria y se librara del muchacho de una vez por todas. En el transcurso de esas dos semanas, no hubo cambios importantes.

Bill y Tom siguieron igual de unidos que siempre, aunque por el exceso de trabajo no pudieron volver a pasar una noche, juntos y la abstinencia los estaba torturando. Andaban de besitos por la empresa y pegados como siempre. Jane únicamente volvió a ver a Gordon una sola vez, insultándose para sus adentros por no haberle preguntado si tenía algún familiar con el nombre de Thomas Trümper. Simone tenía ese miedo todavía en su interior, dándose cuenta que cada día su marido se alejaba más y más. Melisa había mejorado en la escuela, ya que el muchacho de rastas iba cada tarde a recogerla y de camino a su casa la ayudaba con las tareas sin decirle a su madre. Jörg seguía frecuentando con Natalie, pero el día de que la mentira se desenredara había llegado.

– Pase – ordenó Bill con la mirada fija en el monitor, tecleando emocionado la nueva nota “primera relación sexual” realmente era un tema del cual moría por hablar.
– Permiso – murmuró la rubia enredista cerrando la puerta.
-¿Qué quieres? – mostró lado más frío, mirándola de arriba a abajo.
– ¿Puedo sentarme?
– No te lo he prohibido.
– ¿Aún recuerdas esa noche que hicimos el amor en mi coche?
– No recuerdo nada, no hicimos nada.
– ¡No lo niegues! No soy una prostituta.
– ¿Ah no? Qué raro, lo disimulas tan bien.
– Bill – suspiró – esa noche no utilizaste condón.

– Por supuesto que no, porque no tenía razones para usarlo – añadió molesto. Apagó la pantalla y la miró – ¿Qué mierda quieres?
Ella rápidamente fingió romper en llanto y le extendió un sobre color madera.
– ¿No me crees que pasamos la noche juntos? – Lloró – entonces mira la consecuencia que ha traído.
Él revoleó los ojos y sacó las hojas mirándolas con atención.
Natalie Franz. Positivo +
– Estoy esperando un hijo tuyo – dijo mientras en él miles de emociones comenzaban a aterrarlo.
Ahora el furioso tornado de dolor arrastraría a más de uno a las peores profundidades.

Continuará…

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