Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed
Capítulo 26: Los renglones torcidos
Lunes – 27/07/09
Tom
Después de ver cómo Bill apenas podía poner el culo en la silla creo que se dio cuenta de que intentaba contenerme la risa. ¡Y no era para menos! Oh vamos, la situación era bastante graciosa.
Cuando este consiguió sentarse del todo bien, me miró con unos ojos de asesino que me helaron la sangre y luego volvió a la realidad.
-¿Estáis sólo los dos? – lo dijo dirigiéndose a mi pero a medida que hablaba se iba girando hacia Ashley, que tenía la cabeza un poco gacha. -¿PERO QUÉ COÑO? ¡Ashley, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado?! – dijo cogiéndole la cara, acercándose al máximo para poder inspeccionar.
-¡¡Aaauuuu…!! Bill, con más cuidado por favor. – mierda mierda, el momento se está acercando. Ahora Bill se va a poner como una fiera y me va a mandar a tomar por culo. Enterré la vista en el plato, y cogí aire.
-Ha sido culpa mía… – confesé. Bill me miró de golpe, muy sorprendido y con el entrecejo fruncido por mis recientes palabras.
-Bueno a ver a ver, culpa tuya tampoco… Yo me he metido en medio porque he querido. – Ahora su vista se dirigía a la pelirroja, que intentaba buscar las palabras adecuadas.
-Vale a ver, ¿quién coño me lo va a explicar?
-Yo – dijimos Ashley y yo a la vez. La pelirroja me miró desafiante y finalmente me rendí. – Vale, explícalo tú, Ashley.
-Gracias. Mira, estaba llegando al comedor cuando de pronto, veo a la fregona esa, la profesora de rastas, encima de Tom.
-Lo tuyo es la sutileza, eh – dije, con ironía. Bill nos miraba a los dos como en un partido de tenis, y notaba como empezaba a tensarse por momentos.
-Cállate, déjame terminar. El caso es que cuando me acerco veo que está apunto de darle un beso, y Tom la aparta. – Emmm… bueno, sí, más o menos. – Y oigo como le dice que le deje en paz, que “está con otra”. – la cara de Bill se entristeció con eso, pero él mismo era consciente de lo que habíamos hablado. Y él mismo lo quería así. – Pero la muy zorra, se le fue a lanzar encima otra vez, y me entró la rabia. Entonces la cogí de las rastas y bueno…
-Le dijo que ella era esa “otra”, y le pegó un codazo que la dejó sangrando. Yo creo que le ha roto la nariz como mínimo… Lo siento Bill, debí deshacerme de ella en cuanto se me estaba acercando un poco. – sabía que necesitaba pedirle perdón.
-¿Y porqué te has metido ahí? – dijo de golpe, mirando a Ashley. Ésta la miró como diciendo “¿Por qué iba a ser?” y Bill puso una cara que se perdía entre la ternura y la emoción. – Ojalá hubiera estado ahí… Y ojalá pudiera ir yo a pegarle una hostia. – después me miró a mí, por su cara pensé “oh oh”. – Y sí, ¿tú eres tonto? Ya sabes de qué palo va esa tía. En cuanto se te acerque más de lo debido, le dices que se vaya a tomar por culo. Oye… ¿Te besó? – dijo, muy preocupado.
-A ver, lo mínimo antes de poder reaccionar. Le rozó los labios como quien dice – intervino Ashley. Madre mía con la colega. La verdad es que se estaba portando muy bien conmigo. Pero esas palabras no parecieron tranquilizar a Bill. – pero tío, no te enfades con él. Vale que debió haber prevenido la situación, pero él se comportó en cuanto ella se excedió.
Bill se estaba tocando la sien, pensativo. Se hacía pequeños masajes y luego me miró, con mucha tristeza, pero como con algo de resignación.
-Lo dejaremos en que tienes un strike. – dijo, medio riéndose. Respiré hondo y después lo miré de una manera bastante sensual y alzando una ceja le hablé.
-¿Hay alguna manera de que me perdones? – y vi como lentamente éste ensanchaba una sonrisa, bastante sonrojado la verdad.
-Algo se me puede ocurrir… – se estaba tocando el pelo, como una niña nerviosa.
-Ehh eeeh, por dios, no quiero oír esto – dijo Ashley de golpe, tapándose los oídos.
Nosotros dos nos empezamos a reír, y de pronto me acordé de algo que estábamos hablando antes ella y yo.
-Oye oye, Bill, ¿tú conoces mucho a vuestra profesora? – Bill me miró bastante extrañado y tras pensarse bien la respuesta, me contestó. Por otro lado, Ashley se estaba empezando a encoger en su propio asiento, supongo porque ya sabría por dónde iban los tiros.
-Bueno, he tratado un par de veces con ella. – dijo, mientras cogía su vaso de agua, y se disponía a beber.
-Vale, ¿tú crees que le puedan ir las tías? Es que estaba pensando en liarla con Ashley… – de pronto, Bill se empezó a atragantar con el agua y a toser desmesuradamente. Me fui a levantar para ayudarle pero Ashley empezó a darle palmadas en la espalda y se le pasó.
-¿Te quieres liar con Dawn? – dijo mirando a Ashley, con una cara de indignación que no llegué a entender.
-No no a ver, Tom ha empezado a especular y se ha ido por las ramas. Le he comentado en plan broma que debo ser bollera, y me ha querido liar con la tía que esté más buena de la universidad. Y claro, sabes que es ella. No me lo vas a negar.
-¿Qué crees que eres bollera? ¿Qué intentas decirme con eso? – dijo mientras le dedicaba una mirada estilo escáner, de arriba abajo y con un poco de desdén.
-JAJJAJAJAJAJA – no pude evitar empezar a reír a carcajadas. – ¡Bueno, no os vayáis por la tangente! ¿Tú crees que la conseguiríamos liar con Dawn? – dije, interesado. La verdad es que me estaba molando mucho esta conversación. Hacia ya bastante (casi tres semanas, para mi es mucho) que no tonteaba con nadie más, y aunque fuera un tonteo en tercera persona, me estaba apeteciendo bastante la idea. Y nada más y nada menos que con dos tías. Buft…
-Tiene novio – dijo el moreno, bastante tajante.
-Oohhh vamos Bill, no puedo creer que digas esto. Tú siempre estás metido en los cotilleos. – dijo Ashley, mirando a los ojos a Bill desafiante, el cual le estaba sosteniendo la mirada. – Dawn lo dejó hace poco con el novio. – Y a este no le cambió el semblante.
-Pues dudo bastante que sea lesbiana… – dijo, volviendo a beber agua, ya que tenía algún resquicio de tos.
-Bueno, pero los retos siempre están bien. O me vas a decir lo contrario… – le dije, con las cejas muy alzadas, como diciéndole “¿y nosotros, qué?”. Pero no pareció hacerle gracia el comentario. ¿Y a este qué le pasa? Quizás aun sigue enfadado por lo de antes, supongo que el strike sigue en pie.
-Haced lo que queráis – dijo, con un todo vez extraño.
-¿Y ahora qué te pasa?
-¿De verdad te quieres liar con Dawn? – evitó al máximo mi comentario y miró a Ashley como si estuviera hablando con un extraño que le estaba invitando a drogas, o algo así.
-Da igual Bill, era una broma y ya está. Está buena la chica, pero ya sé que es imposible.
-Imposible is nothing – dije interrumpiendo, con una sonrisa triunfal. Pero de nuevo volvían a ignorarme. Oh vamos, si acabo de decir una gilipollez increíble. ¿No se podían reír un poco, al menos? Parecía que hablaran un idioma en clave o algo así.
-¿Y no has pensado en su ex? Igual ella sigue pensando en él. – dijo, algo teatrero.
-Oh vamos, como que tú te acordabas mucho de tu ex cuando te decidiste liar no sólo conmigo, si no con el de delante. – dijo señalándome, haciendo por fin un acto sobre mi presencia.
-Ahí tiene razón. –dije, pero de nuevo, ni puñetero caso.
-Eso ha sido un golpe bajo. – dijo Bill, pillando un tono muy de enfadado. ¿Pero a éste tío, que coño le pasa?
-Oye, me estáis tocando los cojones. Aquí hay algo que no entiendo, y me estoy empezando a cabrear mucho. ¿Por qué parece que estéis hablando de algo completamente distinto? – y de pronto se hizo el silencio. Bill se camufló del tema comiéndose la comida, y Ashley por su parte se puso a mirar el móvil. Le pegué un pequeño golpe a la mesa y éstos dieron un bote. – ¿Qué, mierdas, está, pasando? – dije separando cada palabra y pronunciándola específicamente.
-Dawn… – empezó Bill, con la voz entre cortada, como si no le pudieran salir las palabras. Hundió durante unos instantes la cara entre sus manos y después respiró profundamente. Volvió a salir con la cara completamente roja y sin atreverse a mirarme a la cara. – Dawn es mi ex. -Abrí muchísimo los ojos al mismo tiempo que Ashley apartaba los suyos hacia algún lugar no conreto del comedor. Fui a decir algo pero de golpe Bill se echó mucho para adelante, y me puso la mano en la boca – Cállate. Si alguien se entera, la pueden echar de la universidad.
De pronto, toda la conversación que habían tenido ellos dos empezaba a cobrar sentido. Y lo pero es que me estaba molestando bastante. Tsk, ¿cómo no he caído? ¡Encima, con la descripción que me había dado Ashley! Por el amor de dios, si me había dicho que parecían gemelas…
-¿Porqué no me lo contaste? – podría haberle preguntado otras mil cosas, pero después de un largo silencio, aquello fue lo primero que le quise recriminar.
-No lo sé, des de un principio te hablé de ella, y no confiaba en ti como para decírtelo. Después la bola se hizo más grande, y no supe cómo hacerlo… Lo siento. – la verdad es que de todo lo hablado no me molestaba anda más y estaba por dejarlo pasar, pero entonces recapacité en un detalle de la conversación.
-¿Y porqué mierdas has dicho que aún tenia novio? – dije algo exaltado. Bill abrió mucho los ojos y lo vi realmente en una situación comprometida. ¡Será posible!
-Pues no lo sé, supongo que intentaba decirle con señas, que las exs están prohibidas. – dijo, mirando de reojo a la pelirroja.
-Ui si, como si tú respetaras mucho el código de la amistad. – le recriminé.
-Ya estamos con eso otra vez, ¡Ya lo estoy pagando, ¿vale?! Georg es mi mejor amigo, y casi no nos hablamos. – dijo, con mucha pena en la voz. De pronto se giró a Ashley y le habló seriamente. – Oye, si realmente me dijeras que te gusta Dawn, pues yo que sé… Inténtalo. Aunque lo último que sabía de ti sobre ella, es que la odiabas. Pero si lo estás haciendo por capricho… ahórratelo. – dijo muy seriamente. – Y si, muy bien, no soy el más indicado para hablar. No se os ocurra mencionarlo otra vez.
-Oye, estoy indagando en mi sexualidad, tú deberías saber que estas cosas no son un capricho.
-Ademáááas… -interrumpí de golpe- Ahora que lo pienso, si Dawn es tú ex, igual le pasa como a Ashley. ¡Tienes una oportunidad con ella, fijo! – dije reflexionando.
De repente miré a Bill que me estaba asesinando con los ojos, poniendo una cara realmente escalofriante. Mientras la pelirroja, estallaba en carcajadas.
Miércoles – 29/07/09
Bill
Habían sido unos días mu difíciles, básicamente porque el concepto de dormir y descansar, se estaba esfumando completamente. Hoy empezaba la despedida del campamento, y había cena en la intemperie, con fogatas al lado del lago, y antes de eso, la función de teatro… Tom y yo habíamos pasado la tarde del lunes, y todo la tarde de ayer, ensayando la función y bueno, más o menos estaba todo listo. El único cambio que habíamos decidido hacer era el beso final, ya que habíamos recapacitado mejor que fuera en la mejilla, sobre todo por no involucrar algo tan importante, en niños tan pequeños. Por lo cual, incluso ellos estaban más contentos. Sí sí, esto ahora, ya verán cuando crezcan.
Y la obra no era lo único por lo que preocuparse. Después de cada ensayo con los pequeños, teníamos que ir a ensayar con el grupo de música, y eso si que era una tarea dura. No por el hecho de aprenderme las canciones, porque eso estaba bajo control, el problema era enfrentarme a salir delante de todo el mundo. Gracias a dios que eso no ocurría hasta mañana… Hoy por hoy, era una función de teatro la que me quitaba el sueño.
Bueno, la función y… Tom. Que no había vuelto a pisar su cabaña des de el lunes pasado. Que la mía fuera la más alejada de todas era una ventaja increíble. Nadie llegaba hasta ahí, y podíamos… chillar todo lo que quisiéramos.
Llevábamos una vida sexual muy activa, y no parábamos de encontrar huecos donde echar un polvo rápido.
-Quiero follarte tanto que cuando eche la vista atrás y piense en el campamento, sólo pueda acordarme de tu culo…
Esa frase era de anoche, mientras estábamos echando un polvo que acabó durando dos horas. Bueno en realidad fueron dos polvos, pero no hubo separación en medio. Nada más acordarme de esas palabras, me ruboricé tanto que tuve que taparme la cara. Aunque quizás debería haberme tapado la entrepierna, que creo que estaba empezando a crecer.
-Bill, Bill… Vuelve. Ya sé que tienes sueño, pero necesito tu ayuda con los niños. Ésta es la única escena que nos falta por pulir. – me dijo Tom, chasqueando los dedos delante de mí.
Lo miré con cara de fastidio y éste simplemente se encogió de hombros, como queriéndome decir que no teníamos más remedio. Pero había otra cosa que también me distraía con facilidad. No me esperaba para nada la conversación que tuvimos Ashley, Tom y yo. Y tampoco podía olvidar la charla que tuve más tarde con la pelirroja. Poco antes de irnos a dormir.
Eran 12 de la noche, y estábamos en las pequeñas gradas del campo de fútbol que apenas eran una estructura de hierro con tres pisos de grandes escalones donde sentarse. La mitad de los tíos de mi clase, Georg y Tom se habían puesto a jugar y eso que nosotros acabábamos de salir de un ensayo. Pero claro, no le juzgaba por querer distraerse un poco.
Ashley y yo estábamos observándoles jugar, y no tardé en encenderme un cigarro. En cuanto el pitido del árbitro anunció el inicio, nos quedamos en silencio. Yo llevaba todo el día intentando hablar con ella, y realmente que no podía. Llevaba dentro unas sensaciones totalmente contradictorias, y me recordaban a cuando Dawn se veía tanto con Erik. Yo sentía que debía apartarla de él, porque para mí, ella seguía siendo mía. Pero eso no era así, yo mismo la había dejado, y ella nada más que intentaba recuperar su vida y su felicidad.
El caso es que cuando la miraba, yo seguía viendo aquel amor que sentía por ella, aquel “no enamoramiento” pero que sí hacía que la quisiera muchísimo. Y sobre todo, en los momentos de flaqueza donde quizás me excedía mirándola demasiado, y la podía ver reír, era como si aún estuviéramos juntos. Y cuando era consciente de ese sentimiento intentaba analizar la situación y simplemente llegaba a la conclusión de que había sido importante y me costaba deshacerme de su fantasma. Aunque cierto era, que cuando Tom estaba delante, pocas cosas de alrededor tomaban mayor distracción que él.
El caso es que claro, cuando esta mañana Ashley había dicho eso, no me lo esperaba para nada. Cogí aire e intenté sacarle el tema.
-Ash… ¿Quieres que hablemos de lo de Dawn? – le dije, mirándola. Esta de pronto, apartó la vista del campo, y me miró sorprendida.
-Emm… Claro. – dijo, no demasiado convencida. – Dime.
-Primero de todo, ¿porqué crees que eres lesbiana? – dije, algo extrañado.
-Pues a ver, no es que lo piense, es simplemente que empezamos con la broma, y esa broma ya se me había pasado por la cabeza varias veces. No de una manera seria ni nada así, pero bueno, parecía una señal.
-¿No te han gustado tus relaciones con tíos?
-¿Ni a ti las tuyas con tías? – dijo de golpe, medio atacándome. Me quedé petrificado con esa respuesta, pero me quedé pensativo, queriendo contestarle.
-Claro que sí, sino no habría repetido después de la primera vez. Pero, el sexo no lo es todo, sabes? Yo me enamoré de Tom antes de acostarme con él… – Y de pronto la cara de Ashley se volvió un poema. Primero puso cara de impresión y luego de emoción. Se tapó la boca que la había abierto hasta el infinito y seguidamente se puso a reír.
-¡¿Te lo has tirado?! ¿Cómo ha sido? Bueno, si me lo quieres contar, claro… – dijo, de pronto, bajando el entusiasmo. Y de golpe, caí en el echo de que no se lo había contado a nadie, ni siquiera a Mario, que era con el primero que había insinuado que algo así pudiera llegar a pasar. Supongo que el echo de querer recuperar a Georg y Ashley me había robado tiempo de estar con los otros dos, pero no me importaba porque mis amigos, van por encima de todo.
-¡¡Claro que te lo quiero contar!! – dije, como si fuera una puñetera mujer. Ok Bill, da igual, acéptalo. – Pues a ver… Espera espera, ¡después volvemos a lo de Dawn, eeh! No te vas a librar.
-Que sí que sí, háblame del polvo.
-Pues… Supongo que lo que te estás preguntando es quién tenía cada papel, y bueno… Yo me he dejado dar por detrás. – dije muy muy rápido, para que decirlo me costara menos, y enseguida empecé a pegarle la calada más intensa que jamás le había dado a un cigarro. ¡Dios, que vergüenza! Ashley ensanchó una gran sonrisa.
-La verdad es que me lo imagina. ¡No te ofendas, eh! Es sobretodo por Tom, que no me lo imagino de otra manera.
-Lo sé, lo sé… Mario me dijo exactamente lo mismo.
-¿Y qué tal es? – su cara era de risa pero tenía el entrecejo fruncido, como si el tema fuera gracioso pero quisiera saber más sobre él, como si la curiosidad le hiciera adentrarse en un mundo oscuro. No me costó mucho saber responderle a eso.
-Genial, la verdad. – y era la puñetera verdad, joder. – Es… no sé, una pasada. Es totalmente distinto. Y muy muy placentero. – Cerré los ojos y casi me dio un espasmo de acordarme.
-Eeeeeh, que te vas a empalmar aquí en medio. – dijo dándome un golpe en el hombro. Abrí los ojos del susto y saqué la lengua mordiéndomela entre los dientes, dando a entender lo genial que llegaba a ser. – Entonces, ¿no piensas cambiar de papeles?
-Lo he pensado alguna vez, pero este se muere antes de dejarme, y como no me supone ningún problema, pues yo ya estoy bien. Supongo que en algún momento me cansaré, pero hasta que se día llegue…
-Increíble Bill, jamás pensé que te oiría decir eso. – yo simplemente asentí, dándole la última calada al cigarro, y lo apagué al tirarlo al suelo, chafándolo con la suela del zapato.
Volvimos a quedarnos en silencio.
-¿Por dónde iba? Ah sí, que el sexo no lo es todo Ash. Aunque en este caso, sea increíble – enfaticé, alzando una ceja, mientras ella se reía. – Cuando estoy con Tom las cosas que siento no tienen nada que ver con nada que haya experimentado antes. Así que yo supongo que esto es amor. Es que sólo tengo que decirte los nervios que tenía al principio, de sólo mirarlo de lejos, o la falta de respiración al acercárseme. Oh, y ya ni te cuento cuando nos hablábamos al principio, aquello era… No sé, una explosión en mi cabeza. – me estaba emocionando de sólo recordarlo. – Y eso no me había pasado ni con Dawn, ni con ninguna otra chica. También es cierto, que a raíz de esto, no veo igual a ningún otro hombre.
-¿El qué?
-Me refiero, que no sé, cuando estoy por el lago y los tíos van sin camiseta y todo eso, no tiene absolutamente nada que ver a antes de empezar a salir con Tom. Y a veces intento recordar si cuando veía a una chica en biquini, sentía la mitad de lo que siento cuando hay un chico demasiado musculoso a mi alrededor. – y fingí que me entraban calores, para poder abanicarme con la mano.
-Vaya, estoy flipando.
-Yo creo, con los temas de “cambio de acera” primero va el hecho de descubrir a ese alguien que no te puedes quitar de la cabeza y que es de tu sexo, y luego ya se experimenta. Ahora, háblame de Dawn. ¿Sientes algo cuando la ves? Bueno espera, empecemos por el principio ¿qué pensaste la primera vez que la viste?
-Puess… que era una diosa del desierto. Como todos Bill, como todos. – aclaró enseguida.
-Exacto, todos, no todas.
-Oye, las tías también podemos opinar sobre otras tías. –dijo, algo indignada.
-Sí sí, tienes toda la razón. Siguiente punto ¿Tú no la odiabas?
-¡Eso mismo pienso yo! Te prometo que más allá de esa primera impresión, no he llegado a pensar nada más “bueno” hacia ella. Ya que en cuanto empezó a salir contigo, le cogí mucha manía. El caso es que claro, como ella había estado contigo, se me pasó la misma tontería por la cabeza por ella.
-¿Pero porqué iba a querer estar con tías después de estar conmigo? Ella ha disfrutado con mi rabo, ¿vale? – solté algo indignado. -¡Y tú también!
-JAJAJAJAAJJAJA – empezó a reír escandalosamente. – ¡Y yo que sé! ¡Son de esos pensamientos fugaces, tío! Joder, mira que eres bestia hablando. El caso es que estos días que la he visto por aquí, he sabido ver su dolor detrás de esa cara de simpática profesora, y me han entrado muchas ganas de hablar con ella y no sé, desahogarnos las dos. Y no sé porqué alguna vez esas imaginaciones han acabado en beso… – dijo, ruborizándose tanto que se empezó a tapar la cara de la vergüenza. – Y cuando Tom empezó a hablar de ella no pude evitar dejar que te preguntara qué te parecía…
Respiré profundamente, sabiendo que el tema volvía a ir por un sitio un tanto peliagudo para mi gusto, pero al final acabé rindiéndome.
-Ashley, si vas a estar bien, y a ella no le vas a hacer daño, te digo ahora mismo, que sí, me parece bien. – esta me dedicó una mirada cómplice, y simplemente se dedicó a asentir lentamente mientras volvíamos las cabezas hacia el partido, que esta liderando el grupo de Georg y Tom. – Pero si por las casualidades de la vida, ella acaba aceptando algo contigo, y la dejas a la primera de cambio, te prometo que te mataré.
Y en realidad, todo lo que le había dicho sí era cierto, -bueno, menos lo de matarla, claro – pero como ya he dicho antes, esta profesora había sido muy importante para mí, y aún me salía ese sentimiento de novio celoso. Pero bueno Bill, ahora debes volver a la realidad, donde tienes una obra de teatro que acabar de fulminar para esta mismísima tarde. Esto empezaba a ponerme un poco nervioso, casi casi podía sentir los nervios de como si me tocara salir a actuar.
Tuvimos que pasar al menos una hora más repasando esa escena y finalmente les pedimos a los niños que interpretaran la obra entera antes de irnos a comer, para ver qué tal todo junto.
Tom y yo nos sentamos en el suelo con las piernas en forma de indio y nos tiramos un poco hacia atrás, apoyando las manos en el suelo.
Los niños empezaron a actuar y me estaba llegando a emocionar de lo bien que hacían algunas partes. También es cierto que algunos niños lo hacían mejor que otros, pero al fin y al cavo, son críos, no se enteran ni de la mitad de cosas que están haciendo.
De pronto mi atención se desvió completamente y mi subconsciente me traicionó al máximo. Mis ojos sin querer, y repito ¡sin querer!, se pusieron a mirar el paquete de mi novio.
¿Pero qué coño?
Se me empezó a acelerar el corazón y la respiración empezaba a serme más ruidosa. Mi vista bajaba a cada instante y no podía más que lamerme el labio y recrearme. Veía un bulto en el pantalón que evidente no era más que la forma de este, o algo de aire dentro, pero no podía dejar de imaginarme lo que sí sabía que había ciertamente debajo de la tela.
Creo que era la primera vez que le miraba ahí y sentía tanta lujuria. Sí es cierto que durante la semana, cuando estábamos apunto de hacerlo, me deshacía en ansias de que la sacara ya, pero una vez ya habíamos iniciado el juego. Jamás en una situación tan normal y corriente como esta.
De pronto algo me azotó mentalmente, sacándome de aquel trance momentáneo. Y aquello había sido la voz de Tom.
-¿Qué coño…? – vi como este tiraba el cuerpo hacia delante, para mirarme bien la cara, con el ceño fruncido pero riéndose, divertido. – ¿Qué estabas mirando? – dijo, ensanchando una sonrisa.
Me quedé estático durante un instante y no supe qué coño responder. Le pedí a mis neuronas que trabajaran lo más deprisa que pudieran, pero no parecía que estuvieran por la labor.
-Nada. –dije simplemente, con el tono de voz menos convincente del mundo, lanzándome a un suicidio inminente.
-A mi no me engañas, colega. ¿Me estabas mirando el paquete? – dijo incorporándose más acercándose hacia mí.
-¿Qué haces? Nos van a ver todos los críos. Y claro que no te estaba mirando nada. – mi mirada rehuía la suya, y tenía el corazón a mil por hora. Pero qué marica eres, Bill. Tom aguantó la respiración y se tuvo que separar de mi en cuanto fue consciente de lo primero que le había dicho.
-Lástima… – musitó, de una forma casi inaudible. Me quedé mirándolo un instante, mientras este se intentaba aguantar la risa.
-¿Lástima el qué? – le pregunté, algo picado.
-Ah no sé… Si no estás interesado en mi paquete, es una lástima porque pensaba hacer algo al respecto después de librarnos de los niños. – mientras decía eso, me miraba fijamente y levantaba una ceja, con total tranquilidad.
Un cosquilleo me inundó el estómago después de siquiera imaginármelo. Cogí tanto aire que cuando lo solté me sentí minúsculo.
Con el corazón a mil por hora no supe muy bien qué estaba haciendo, pero cuando me di cuenta, quise que la tierra me tragara. Cómo no sabía muy bien qué responderle y además habían mil ojos delante nuestro mi primer instinto fue juntar nuestras manos, que estaban apoyadas en el suelo, aguantándonos el peso.
¿Pero tú eres tonto, Bill? Te está hablando de sexo salvaje ¿y tú le das la mano? ¿Eres gilipollas o qué te pasa? Estuve apunto de apartarla de pura vergüenza, pero este entrelazó un par de dedos con los míos, y eso me hizo respirar con tranquilidad y algo de emoción.
Vale, en realidad me tomo el gesto como cuando una madre abraza a un hijo porque ha hecho algo ridículo pero aún así lo apoya porque es un amor incondicional, pero… me servía.
.
Todos los niños ya estaban sentados en el comedor y ahora estaban bajo la tutela de Gustav, que le tocaba hacer de vigilante del comedor. Tom fue a coger una bandeja pero lo agarré sutilmente de una de las trabillas del cinturón, justo de la parte de atrás, evitando así que se alejara demasiado.
Éste se quedó tenso en ese momento y aproveché para decir algo muy bajito, que sólo pudiera oír él.
-Creía que querías hacer algo al respecto… – mi voz sonaba tan sensual que me estaba poniendo a mi mismo.
No lo llegué a ver porque él estaba de espaldas a mi, pero estaba seguro de que estaba paseando la lengua por el piercing, haciendo que este se moviera frenéticamente, sólo con la idea.
Sigilosamente volvió a dejar la bandeja donde estaba.
Tom
Me giré hacia Bill para que intentara decirme qué plan tenía pero en cuanto me volteé éste había desaparecido de mi lado y ya estaba a unos cuantos metros de mi, dirigiéndose hasta el final del edificio. Lo miré con curiosidad y pude ver cómo hacia un gesto disimulado con la mano, diciéndome que me esperara mientras él seguía avanzando. Yo saqué el móvil para hacer ver que me estaba distrayendo con algo, y cuando volví a levantar la vista, el moreno estaba entrando en el baño.
Oh dios mío, sí joder.
Se paró un instante en la puerta, y sin girarse puso la mano en su baja espalda y con los dedos me hizo señas de que me acercara.
Esto estaba siendo peligroso porque eran los únicos baños que había en todo el edificio, pero Bill quería que nos lo montáramos ahí, y yo no iba a echarme para atrás.
Volví a dejar el móvil en el bolsillo y avancé poco a poco, con cautela, sin mirar a ningún sitio más que a la mesa donde estaban mis maricones. Recé porque no hubieran visto la escena y que por lo tanto no supieran quién estaba en el baño conmigo. Los vi sumergidos en una conversación entre ellos y envié un mensaje:
Chicos, tengo a una tía esperándome en el baño.
Parecieron no hacer ni puto caso al sonido del mensaje y les hice un pequeño chasquido que parecieron escuchar. Les señalé el móvil y Mario fue enseguida a comprobar qué decía. Creo que había mirado a la mesa en la que normalmente se sentaba Bill, y no supe identificar la cara que puso al descubrir que no estaba ahí. Mierda tío, éste se huele algo, seguro.
Cuando estaba apunto de entrar en el baño, noté un mensaje.
Vale tío, nosotros te cubrimos.
Casi me dio un ataque al corazón porque pensé que ya nos habían pillado sin haber siquiera pasado nada y después simplemente suspiré, riéndome y guardando el móvil.
En realidad el problema mayor no era que me pillaran follando en el baño porque aunque no fuera legal realmente, no era una falta demasiado grave. El problema era que estaba follando con un alumno, no directamente mío, pero alumno al fin y al cavo, y que además era un hombre, y eso sí dejaría a todo el mundo atónito.
Me metí dentro del baño, que estaba completamente desierto gracias a dios y busqué a Bill, que ya se había metido dentro de uno de los cubículos.
Carraspeé un poco para que supiera que ya estaba ahí y después oí un golpe que provenía de una de las puertas. Creo que jamás me había alegrado tanto de que fueran puertas enteras, y que no tuvieran ese resquicio pequeño entre el suelo y se pudieran ver los pies. Ni siquiera había ese espacio por arriba. Eran puertas completamente cerradas.
Abrí con cuidado, y me encontré a un chico moreno mirándome de soslayo, mordiéndose el labio y dibujando una sonrisa traviesa que cada vez se ensanchaba más.
Me entraron todos los calores del mundo y cerré tras de mí enseguida, con la respiración acelerándose y con un sentimiento de maldad y perversión, apoderándose de mí.
Nos lanzamos a los labios del otro con rudeza, con fuerza, y con muchas ganas. No teníamos mucho tiempo así que enseguida le metí las manos dentro de la camiseta y empecé a sobarle por todas partes. Notaba como me gemía en la oreja de puñetero placer y yo no hacía más que empezar a hiperventilar del calor que hacía.
Lo apoyé contra una de las paredes haciendo un ruido que debería haberme ahorrado, y noté como Bill enseñaba los dientes por causa de una mueca, y se aguantaba un jadeo. ¿Le habré hecho daño? No sabía la respuesta pero si era que sí, extrañamente me había puesto un montón.
Le metí las manos por dentro del pantalón y vi como Bill tiraba la cabeza hacia arriba, con la boca abierta y empezando a jadear aún más fuerte. Saqué las manos y me dispuse a levantarlo, poniendo sus piernas alrededor de mi cintura. Éste no dudó en apretar fuerte.
-Dios, te la estoy notando super dura… – me dijo, al oído, con una voz tan húmeda que me dio un escalofrío que me recorrió la espalda entera.
-Pues es por ti… – dije mientras le empezaba a morder el cuello, ferozmente, sabiendo que muy probablemente, la marca de la casa Kaulitz se vería reflejado en él más tarde. Sin poderlo evitar empecé a restregarme en él para que empezara a suplicarme. – Nótala… – dije, después de pasear mi lengua por todo el cuello hasta llegarle a la oreja.
-Tom, fóllame ya. – dijo separándonos un poco, y mordiéndose el labio.
Se fue a desabrochar el cinturón y a mi se me ocurrió una idea para hacer el polvo más fácil. Me quité la camiseta, y la puse encima de la cisterna. Cuando me giré Bill estaba despaldas a mi y se estaba quitando el pantalón, dejando en primer plano una imagen brutal de su culo. Dios. Fui hasta allí y le agarré de las nalgas sin pensármelo. Bill pegó un bote y se incorporó, mirándome divertido, pero algo confundido. Después se fijó en mí y no pudo apartar la vista de mi abdomen. Podía sentir perfectamente como me estaba comiendo con la mirada.
Sin decir palabra, lo agarré por la cintura, y lo senté encima de la cisterna con rudeza.
-Pero qué asco, Tom… – dijo, entre risas.
-Ya bueno, he puesto mi camiseta. – murmuré en sus propios labios mientras ponía cada pierna al lado del inodoro, acercándome al máximo a Bill. Le abrí las suyas y volví a restregarme. Esta vez pude notar toda su erección en la mía, cosa a la que aún no acaba de acostumbrarme, pero pude notar que estaba muy puesto, y eso me calentó aún más. – Mmm… veo que en el fondo te esta encantando.
-Shht… Cállate – dijo divertido. – Y ahora métemela joder, que nos quedamos sin tiempo. – dijo mientras me pegaba un tirón de las rastas y me dejaba con la cabeza alzada, mirándole fijamente. Se relamió el labio con sensualidad y después apoyó la cabeza en la pared, cerrando los ojos.
Lo habíamos hecho bastantes veces seguidas en lo que llevábamos de semana después del primer polvo del lunes por la noche y ya prácticamente no hacia falta ni preparar a Bill. Ahora simplemente me dedicaba a prepararlo con los dedos como mucho, sin usar lubricante, pero ahora no teníamos tiempo para tanta preocupación.
Sin pensármelo mucho, escupí en mi mano y me dirigí al lugar en cuestión. Bill lo había oído, y enseguida salió del trance en que se estaba metiendo, y me miró con los ojos muy abiertos.
-¿En serio? – dijo, entre alarmado y conformista. Tss… Si en el fondo le gustan las guarradas.
-Deja que papi Tom haga el trabajo – dije guiñándole un ojo y empujándole el trasero hacia fuera lo máximo posible para que fuera más fácil. Éste simplemente gruñó de placer. Me puse el condón en un instante y me dispuse a hacer presión sobre la entrada, que estaba empapada en mi saliva. Pude sentir las uñas de Bill que volvían a perforarme la piel. Las piernas de Bill me apretaban hacia él y poco a poco fue entrando hasta que llegó al fondo.
-Aahhh… – me gimió, en el oído. – Joder Tom, me encanta. – y me lamió los hombros y el cuello, dejando un rastro de saliva por todas partes.
Sin decir nada más, salí y entré tantas veces hasta que los dos pudiéramos llegar a la locura. Podía sentir un tintineo justo debajo del trasero de Bill, causado por alguna de las tuberías que golpeaba en la pared en cada una de mis embestidas. Los dos jadeábamos en silencio, respirando muy fuerte de manera que así podíamos exteriorizar un poco nuestras ganas de ponernos a chillar. Esto estaba siendo la polla.
Sabía que estaba tardando demasiado y que en cualquier momento podría entrar alguien en el baño y oírnos, pero no quería acelerar el momento más de lo que tenía que ser porque estaba siendo increíble.
Pero a regañadientes empecé a ir más y más deprisa y usando más fuerza haciendo que Bill jadeara de una manera muy extraña, como con quejidos ahogados, agudos y de dolor, pero que al mismo tiempo parecía que lo estuvieran volviendo loco.
Yo sí que me estaba volviendo loco, joder…
Empecé a notar como Bill se estaba tocando a si mismo en el poco espacio que quedaba entre nuestros pechos, moviendo la mano frenéticamente, acelerando también el proceso. Eso me puso tantísimo que de pronto noté todo tan intenso que acabé llegando enseguida, liberando absolutamente todo lo que tenía. Fui bajando el ritmo a causa de ello pero algo me frenó; la mano de Bill me apretaba el trasero hacia él con fuerza.
-Ni se te ocurra parar ahora – dijo casi con voz amenazadora, entre dientes, supongo que intentando ahogar algún gemido. Sin dudarlo empecé a moverme muy deprisa aunque me estaba empezando a doler la polla, que sólo quería descanso ahora mismo. Le dejé un poco de espacio a Bill para que maniobrara bien a su gusto y de pronto empezó a salpicarme encima del ombligo.
-¡Me cago…! Lksjkjdsgnkds – la mano de Bill en mi boca me había impedido que continuara chillando y yo sólo tenia ganas de mordérsela y arrancársela de cuajo.
-Tranquilo, que no te he manchado el pantalón, ahora te lo quito con un poco de papel – dijo entre cortado, y costándole respirar. Poco a poco fui saliendo de él y enseguida puso una mueca – Más cuidado por dios… – dijo, quejándose.
Estaba tan sudado y tan echo polvo que cuando me limpié un poco, me apoyé en la pared del baño y me dejé caer hasta sentarme en el suelo, a respirar profundamente. Bill se reía y me miraba y yo no podía evitar devolverle la sonrisa, con la respiración entrecortada. Se puso sus pantalones y se sentó a respirar conmigo. Me miró y me guiñó un ojo.
-Ha molado mucho… – y esta vez apoyaba la cabeza en la pared mirando hacia arriba. Podía ver que le brillaba la frente de sudor y notaba cómo sacaba la lengua como si pidiera agua. Me estaban dando unas ganas de meter algo ahí dentro… ¡Tom, por dios, que lo acabamos de hacer!
Bill
Eran las siete de la tarde y yo estaba bajo una taquicardia severa. En cualquier momento se abrirían las cortinas de un escenario bastante apañado para el poco tiempo que habían tenido los profesores de montar, y aparecería el padre de Tom para presentar la obra de los pequeños.
Yo, al contrario que mi rubio, tenía que permanecer en el público para poder ver la función, pero él se tenía que quedar a los lados del escenario, dando pequeñas instrucciones. La obra no duraba más de tres cuartos de hora así que en realidad no se iba a hacer demasiado larga, pero claro, yo ya estaba empezando a hiperventilar de los nervios.
Y pensar que mañana me toca salir a mí a cantar… ¡¡Ah, nono, no pienses en eso ahora, Bill!!
Podía ver al de las rastas pasearse de un lado a otro, como no, con Anna en sus brazos, y dando instrucciones a todo el mundo. Se preocupaba por todos, e incluso se había puesto a maquillar con cera de colores a algunos personajes. Era realmente adorable.
Los de mi clase habían ayudado mucho con los decorados de la función y estaban poniéndolos por todo el escenario. Ashley y Georg estaban los dos a mi lado y como yo, esperaban impacientes que los niños empezaran a actuar.
Ciertamente, yo ya me sabía la obra de memoria, y no sé porque no estaba ahí con ellos para ayudar, pero bueno, quizás mantenerme al margen me ayudaba a llevar mejor los nervios.
Pasó un cuarto de hora y por fin empezó a sonar la música que indicaba el inicio del espectáculo. Sentía que la respiración me faltaba pero a medida que iba transcurriendo el tiempo todos mis nervios se iban disipando poco a poco.
Era muy entretenido ver a los niños intentar interpretar una obra como esta. La verdad es que William Shakespeare cuando estaba escribiendo esta obra probablemente lo último que imaginaba es que la fueran a interpreta una clase de niños cambiando prácticamente la mitad de personajes, pero bueno. El pobre hombre se debe de estar retorciendo en la tumba, desde luego.
Era emocionante ver la cara de todos los espectadores no perderse ni un detalle. Observaban a los niños intentar decir frases (muy adaptadas) bastante complejas para la comprensión de sus pequeñas mentes. Se reían cuando alguno no entonaba bien las palabras porque no sabían ni qué significaban. La verdad es que era un mérito que las pudieran decir.
Se reían con ellos, y hacían sonidos tal que “ooohh…” en escenas de amor o incluso en los momentos donde algún niño se quedaba sin palabras.
Hubo incluso un momento donde uno de los niños se quedó petrificado y se quedó mirando al público con los ojos bien abiertos, sin saber qué decir.
Yo, que estaba en primera fila del público, tenía órdenes estrictas de que si algún niño se quedaba en blanco le hiciera señas con las manos, y al reconocerme le diría la frase. Me puse nervioso y por un instante no recordaba ni qué es lo que tenía que decir. El flash me vino de golpe, y el niño me miró, habiéndome reconocido antes de que yo pudiera hacerle una seña.
Este me leyó los labios y cuando le recité las primeras palabras yo pudo continuar él solo.
-¿Qué luz alumbra esa ventana? Es el oriente, y Julieta, el sol.
Se volvió a oír un murmullo de fondo enternecedor, donde todo el mundo había suspirado por esa frase, incluso yo, que me había puesto histérico en un instante, me sentí orgulloso de la pequeña actuación del chaval.
Miré automáticamente a Tom, y este me estaba mirando, sonriendo. Me guiñó un ojo y pude sentir como me atravesaba el pecho como si fuera una flecha en llamas. Casi podría decir que había dolido. Después me levantó el dedo pulgar en señal de “ok”, y asintió. Volvimos a mirar la obra que poco a poco estaba llegando a su fin.
La escena del beso fue la más esperada, y no noté ningún tipo de decepción entre el público cuando vieron que esa parte se realizaba sin ningún tipo de beso especial. Era en la mejilla, y la verdad es que habíamos decidido que era la mejor manera.
Una vez acabada la obra, no pude evitar girarme a ver las caras de la gente mientras todos los pequeños actores salían al escenario y empezaban a hacer pequeñas reverencias entre muchísimos aplausos. Pude ver más de una chica con los ojos llorosos, y a Mario, también que parecía que en cualquier momento se iba a deshidratar.
¡Qué buena respuesta del público, madre mía!
Nos levantamos todos y después ya nos fuimos cada uno por nuestra parte. Yo, estaba encadenado a los de mi grupo, y desgraciadamente no pude disfrutar de un rato de tranquilidad. No sólo llevaba toda la semana preparando la obra en cada tiempo libre, si no que ahora que ya estaba todo hecho, tenía que ser recluido de nuevo por tres chicos, para ensayar con el grupo.
Intenté huir con Ashley, pero la mano de Tom me agarró la camiseta por la parte de la espalda y pegó un tirón de mi, que me colocó a dos pasos de él mismo, Gustav y Georg.
Por el otro lado, la pelirroja se despedía de mi mientras que con una sonrisa en la cara, se iba con Andy y Mario a disfrutar del sol que quedaba, bañándose en el lago. ¿Y ya tienen tema de conversación estos tres? Igual Ashley va sólo para no bañarse sola…
.
El ensayo duró hasta las 11 de la noche, y ni nos presentamos en el comedor. De nuevo nos volvimos a colar más tarde, intentando robar las sobras que había. Desde luego, vivíamos al límite. Nos despedimos ahí mismo porque Gustav dormía en el edificio de profesores. Georg, Tom y yo continuamos el camino hasta que el moreno también encontró el pequeño nido que compartía con la del baño en el lago, y nosotros continuamos.
Yo sabía que la cabaña de Tom no estaba en esta dirección, pero ya hacía bastante tiempo que parecía haber renunciado a dormir ahí, y siempre se pasaba las noches conmigo.
Era extraño porque era como una convivencia para la que probablemente, si yo estuviera en la ciudad, no estaría preparado, pero que sin embargo, aquí me parecía imprescindible.
¿Cómo iba a vivir yo sabiendo que puedo despertarme todos los días a su lado y que no fuera así? Nada, era una idea increíble. Y eso lo sabía el de las rastas. Era como un pacto no hablado.
Llegamos a la cabaña y antes de nada, nos sentamos en las escaleras de subida a la puerta. Nos pusimos uno al lado del otro, y de pronto empecé a tener frío. Tom ni dijo ni una palabra pero se metió dentro de la cabaña, no sin antes darme un golpe prolongado en la espalda, como indicándome que no me moviera, que me esperara. Pude notar como se iluminaba el bosque en un tono amarillento, y es que él había abierto la luz. Sacó de dentro tres cosas, una manta para taparme, un paquete de tabaco, y un mechero.
Le sonreí mientras se sentaba a mi lado, sin apagar la luz y sin cerrar la puerta. Era una imagen muy acogedora porque los tonos naranjas me daban calidez. Era como si estuviéramos en nuestra propia casa y hubiéramos decidido salir al balcón a fumar un rato mientras oímos el sonido de una olla mientras se prepara la comida o algo así. Yo que sé. Estoy empezando a desvariar.
Encendimos los cigarros y prácticamente les dimos una calada muy fuerte al mismo tiempo. Una vez la solté me recosté en un su hombro y sin mirarme, Tom me rodeó con el brazo. Había tanta tranquilidad que podía escuchar su corazón acelerarse un poco.
La tranquilidad que me transmitía no era capaz de entenderla. Es como si sus latidos fueran los míos, como si la pequeña batería que se desprendía de su cuerpo, tuviera una melodía que me sabía de memoria, o que ya había escuchado. Casi como cuando abrazo a mi madre, que me aporta esa tranquilidad que nadie más en el mundo puede hacer.
Pues prometo, que esta vez, también sentía eso. Y provenía de Tom. ¿Qué tendría Tom que le hacía tan especial?
Sentía su protección en mí, y eso me hizo respirar sintiendo que no había ningún tipo de problema al que afrontarme, como si todo en el mundo estuviera bien, como si con él a mi lado nada fuera a ir mal. Después de unos instantes, me besó el pelo con lentitud, sintiendo perfectamente lo que me intentaba decir, pero sin palabras. Era algo así como “gracias por estar a mi lado”.
-No quiero que llegue mañana. – dije, de pronto, antes de volver a meter todo el humo posible en mi cuerpo.
-¿Estás nervioso?- dijo, mirándome sonriente. Está claro que se burla de mis pesadillas.
-No es sólo eso… Es que… No quiero separarme de ti. – Eso último lo dije prácticamente en un susurro porque me daba mucha vergüenza. El silencio que se hizo después hizo replantearme si realmente debí o no debí decir eso.
La primera respuesta que obtuve fue un beso casto y limpio en los labios, pero que duró más que tres misisipis. ¿Eso era una buena respuesta o sólo intentaba hacerme callar? Después me volvió a besar en el pelo y noté como la mano que me rodeaba, acariciaba mi brazo con dulzura.
-No nos vamos a separar. – dijo muy serio. – O como mínimo, no más de lo imprescindible. – se encogió de hombros y luego añadió: – tampoco soy mago. Ojalá pudiera hacer que todo esto durara lo que quisiéramos.
-Ya… – observé con pena cómo el cigarro se iba consumiendo, pero es que no era el cigarro lo que nos estábamos fumando, sino el tiempo… El tiempo se estaba escapando con el humo, y eso me hicieron ganas de tirarlo y apagarlo, como si eso pudiera frenar el reloj del mundo.
-¿Cómo hemos llegado a toda ésta mierda, Bill? – dijo, mirándome, intentando desviar la atención de lo que estaba pensando. Se rió.
-¿Ésta mierda? ¿Te refieres a nuestra relación? – lo dije con un tono de mujer indignada, aunque evidentemente lo estuviera fingiendo.
-¡Eh eh, no te lo tomes a mal! Ya sabes que esto me cuesta un poco… – ¿soy yo o estamos hablando de nosotros? Creo que es la primera vez desde que empezamos a salir, que realmente estamos hablando de lo que tenemos. Esa sensación me hizo sentir bien. Me hizo pensar que realmente lo que hay, es algo grande y fuerte. Que no se empieza a desmoronar aunque sea prácticamente tabú.
-Jajajaja. Ya ya, lo sé. Tranquilo. – después miré un poco a la nada, para pensar en qué contestarle. – ¿Cómo hemos llegado hasta ésta mierda? – repetí.
-Ni se te ocurra decir nada en plan “era el destino”, o “estaba escrito”… Esas ñoñerías me ponen de los nervios. – sentenció. La verdad es que no lo pensaba decir, pero si que lo había meditado un poco. ¿Es que no ha sido todo como muy directo? ¡Parecía que ya estuviera planeado con anterioridad! Como si algo en el mundo nos quisiera juntar.
-Vaya por dios, para una vez que nos ponemos tiernos… – dije, pegándole un pequeño codazo.
-¿Enserio ibas a decir que esto estaba escrito? – dijo mirándome con una ceja alzada.
-Puede… Pero sobre todo porque yo que sé, ¿no te parece raro? Desde el primer día Tom. Esto lo vimos el primer día.
-Ya lo creo. Te toqué el culo y todo. – dijo sonriéndole al pasado.
-Sólo sé que no parece casualidad.
-Bueh, dejemos el tema… Se me empieza a escamar la piel. Los niveles de cursilería están rozando un nivel muy alto. Meh Meh, alerta. – dijo mientras se levantaba y se reía de si mismo. Estaba claro que estaba más que avergonzado de hablar estas cosas. Tiró el cigarro y después me tendió la mano. La acepté y me ayudó a levantarme a su lado. Con la otra mano me apretó de la baja espalda hacia él y se inclinó hacia mí para besarme.
El beso fue de los más bonitos que habíamos llegado a tener. Suave e incluso romántico. Mi parte más femenina quiso que sonara una canción de fondo, pero se me pasó enseguida, cuando nos separamos y volvimos a la realidad.
Nos metimos dentro de la cabaña, rodeándonos, yo a él por los hombros y él a mi por la cintura, y no quise separarme de él por nada del mundo. No quería dejar de sentir su calor sobre mí, porque sabía que pronto iba a haber una separación inminente.
Y aunque en el fondo sabía que no iba a ser por mucho tiempo, el miedo se estaba apoderando de mi a pasos agigantados. Es como si un aura negra se estuviera reproduciendo sobre nuestro futuro y no nos dejara ver más allá. ¿Por qué diablos parecía todo tan poco certero? ¿Es que no era evidente lo que iba a pasar? Me iría y a los dos días estaríamos quedando en algún punto de Alemania para volver a vernos. Y así siempre y siempre. Después Tom se vendría a buscar a su hermano y estaríamos juntos todo ese tiempo. No tenía porque pasar nada.
Pero por mucho que lo pensara en la forma más positiva posible, se me creaba un vacío en el pecho inexplicable. Nos sentamos en la cama y Tom cogió la guitarra acústica, que ya descansaba en mi cabaña todos los días.
Nos sentamos apoyados en la pared. Estábamos tan cerca que nuestros brazos se tocaban perfectamente, y el mástil de la guitarra pasaba justo entre mi pecho y mis piernas dobladas hacia arriba. Estuvimos ensayando en acústico una vez más todas las canciones y finalmente repetimos un par de veces más la canción de In die Nacht, sin duda una obra de arte que expresaba todo lo que sentíamos. Aunque cabe admitir que a veces sentía hasta que se estaba quedando corta.
Cuando el sueño empezaba a poder con nosotros nos dimos una ducha juntos en donde sorprendentemente no pasó nada de nada, más que un par de besos. Recordé aquella vez donde me emborraché tanto que Tom me tuvo que mojar la nuca para que se me fuera el calor y acabamos empapados hasta arriba. Si pudiera volver al pasado y escoger cómo iba a ser nuestro primer beso, no lo habría cambiado por nada del mundo.
Nos metimos en la cama bien fresquitos, con apenas la ropa interior puesta y Tom se tumbó boca arriba. Yo me apoyé en su pecho y pude sentir su respiración subir y bajar. El chico de las rastas tomó la misma decisión de antes y me rodeó pero esta vez por la cintura, acariciándome el tattoo de estrella.
-¿Sigues preocupado? – dijo de pronto.
-Sip. – dije automáticamente, como si estuviera preparado de antes para contestar a esa pregunta. Este simplemente rió.
-Vamos Bill, ¿de verdad sigues dándole vuelas?
-Hombre, tú también estas pensando en esto si me lo has vuelto a preguntar…
-Vale, pero porque te estoy viendo bastante apagado.
-¿Tú no estás ni un poco preocupado? – me atreví a preguntar.
-La verdad es que no, porque piensa una cosa, Bill… Si esto está escrito, como hemos hipotéticamente dicho antes, lo que venga después de ahora probablemente le haga honor a lo ya vivido, ¿no crees? – dijo, achinando los ojos, mirando a la nada.
-¿A qué te refieres? – le pregunté algo confuso.
-Pues que, si todo lo que va a pasar, así como lo que ya ha pasado, está previsto de antes, no podemos más que adaptarnos a lo que vendrá. ¿De momento me sigues?
-Sí.
-Pero lo que ha pasado hasta ahora ha sido demasiado bueno, como para que se tuerza, ¿no crees?
-Claro.
-Pues eso, que yo creo que no hay de qué preocuparse, porque si el mundo escribió esto previamente para nosotros, no se lo cargará de un plumazo. No pueden plantar algo que ha tardado tanto en crecer para después arrancarlo de cuajo. – me costaba creer que Tom estuviera hablando tan profundamente, pero eso me hizo sonreír.
-Entonces… ¿Lo bueno que hemos vivido no se comparará a lo bueno que vamos a vivir?
-Lo que pasará de aquí en adelante, será tan genial Bill, que ni te acordarás de estos días. – nos miramos profundamente y yo empecé a asentir, intentando convencerme de sus palabras.
-Eso último es difícil de creer. ¿No te acordarás del campamento ni de todo esto? – dije, señalando a mi habitación pero hablando metafóricamente de todo lo vivido aquí dentro y entre estos árboles.
-No, porque estaré demasiado preocupado almacenando recuerdos nuevos, Bill. Si de aquí en un par de meses me acuerdo demasiado del campamento, querrá decir algo muy malo. – se puso serio y se me encogió el corazón de golpe. – ¿Entiendes lo que te quiero decir?
Asentí con cara de preocupado, esta conversación estaba tomando un tono esperanzador pero que cada mínima posibilidad que indicara lo contrario hacia que todo lo construido positivamente, de derrumbara hasta la más pobre sombra de lo que había sido.
-Pues espero no acordarme ni de esta conversación, entonces. – Tom me sonrió y me besó tan cerca de un ojo que tuve que cerrarlo. – Admítelo, esto sólo lo estás diciendo para intentar hacerme sentir mejor, ¿a que sí?
-Mmm… Puede. – y sacó la lengua entre los dientes en una sonrisa burlona. – ¿Funciona?
No tuve que pensarme lo que iba a decir. Con la mirada algo lánguida después de saber cual había sido su contestación a mi pregunta, le respondí.
-Sí… – y le apreté bien fuerte casi arañándolo con los dedos en el pecho.
-Así me gusta, baby. Ahora, vamos a dormir, que mañana por la mañana volvemos a ensayar… – dijo con cara de aburrido. Yo simplemente asentí e intenté dormirme encima de su pecho, notando la tranquilizadora sensación de su respiración.
El mundo ha escrito esta maravillosa historia, ¿qué demonios podría pasar para que algo saliera mal? La teoría de que si todo lo que habíamos vivido hasta ahora era demasiado bueno como para torcerse empezaba a cobrar realmente un sentido. E incluso el hecho de pensar que lo que iba a venir iba a ser mejor de lo que ya teníamos, abría una luz esperanzadora en toda esa aura negra que cubría mi imagen personal de ese futuro no tan lejano.
Era imposible que algo torciera ni uno de los renglones de nuestros recuerdos de este sitio, y no teníamos nada de lo que preocuparnos. Porque absolutamente nada, iba a salir mal.
¿Verdad?
Continúa…