«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 26: Mentiroso dolido
Su mente se quedó en blanco, su cuerpo comenzó a temblar, sus manos dejaron caer esa prueba y sus ojos comenzaron a expulsar gotitas por sí solos. La voz se apagó, su mirada se perdió en un solo recuerdo: Tom. ¿Cómo reaccionaría? ¿Y si lo tratara de infiel? ¿Si lo dejaba para siempre? ¿Por qué su felicidad se tuvo que derrumbar así?
– No dirás nada – resopló Natalie levantándose de su lugar – no te obligo a que lo reconozcas ¿sabes? No es mi intención atraparte con un hijo.
– Hipócrita – murmuró Bill entre dientes – si sabías que estaba tomado ¿¡Por qué mierda permitiste que sucediera!?
– Estabas exaltado y rogabas por más – respondió con una sonrisa en su rostro.
– Mentira, yo no lo recuerdo. ¡Joder que es imposible!
– Podes pensar lo que se te venga en gana, pero serás padre Bill. Estás bastante maduro como para aceptarlo –añadió saliendo de la oficina.
Se agarró la cabeza rompiendo a llorar con fuerza. Una vida era una vida, pero él no la había buscado mucho menos se imaginaba a Natalie como la madre de sus hijos. Días atrás él y Tom habían hablado de adoptar en un futuro y ahora… ahora se veía en la deriva. No quería cruzarse con el fotógrafo, sentía mucho miedo. Mucha culpa. Apagó el monitor, era imposible retomar la nota, no tenía concentración. Suspiró y giró su silla mirando hacia el ventanal, donde el sol traspasaba a través de las blancas y finas cortinas. Si tan sólo pudiera recordar algo… apoyó su cabeza entre sus manos, aún con lágrimas corriendo su perfecto maquillaje. Su estómago completamente cerrado, su alma presa de la ‘infidelidad’ cometida tiempo atrás. Su corazón en un hilo, un hilo del cual pendía su amor, el amor que Tom le daba cada uno de sus días.
Oficina de Jörg
– Adelante – dijo con mala gana el hombre, chequeando los cientos de carpetas que estaban sobre su escritorio. Resopló aturdido justo cuando Natalie se dejó ver sonriente, cerrando la puerta y deslizándose sobre ella sensualmente – ¿listo?
– Así es – suspiró victoriosa – se ha creído detalle por detalle.
– Oh por los cielos – rió acercándose a ella – brillante, solo unos días o incluso horas y el marica del fotógrafo andará llorando por los rincones.
– Con su corazoncito destrozado – fingió pena llevando sus manos hasta la nuca del hombre.
– Se lo merecen, sinceramente si hay algo que no comprendo son a los homosexuales – agregó comenzando a besar su cuello.
Charly observaba la escena desde lejos, los podía ver. No tenía la seguridad de quien era la acompañante de aquel hombre pero ya estaba seguro que Jörg era un hijo de perra sin sentimientos.
– Hipócrita, mentiroso, hijo de puta – susurró rompiendo en llantos en medio de la oficina. Georg se volteó a verlo, al igual que el resto de los empleados – algún día te haré pagar maldito.
Narra Bill
La tarde ya había caído, y seguía sin el valor de ir hasta la oficina de Tom. Siempre me fugaba para besarnos descontroladamente a escondidas, para ser más ciertos cada diez minutos o quince. Pero llevaba tres horas encerrado, pensando, culpándome, odiándome. Si hay algo que tenía en claro, es que tenía, debía decírselo. No iba a resistir ocultándole algo tan fuerte y serio como esto. Me asusté cuando la puerta de mi oficina fue insistentemente golpeada, presioné mis ojos y pregunté con voz ronca quién era. Alivio, solo era Victoria informándome que se retiraría más temprano. Suspiré, sabía que no iba a poder evadir esta situación mucho tiempo más. Sabía que estirar la soga no iba a ser útil ya que en algún momento se iba a debilitar. Otro toque, seguramente se olvidó de avisarme algo. Abrí la puerta algo molesto, y allí lo ví. Me sonrió como siempre, con ese encanto nato que posee y me tomó de la cintura besando mis labios con ternura. Cerró la puerta a sus espaldas y me perdí. Me olvidé del mundo sintiendo como me acariciaba, como me llevaba a la gloria con tan solo unir nuestros labios. Me mordió levemente mientras me miraba firmemente a los ojos y por fin me debilité. Me alejé un poco y mis ojos se llenaron de lágrimas. Lágrimas que nuevamente eran impulsadas por la puta culpa. Tomó mi mentón y me miró preocupado, asustado, casi nervioso diría yo. Y ahí sin decir más me aferré a su pecho llorando con fuerza, sintiendo como su corazón palpitaba con fuerza sin comprender nada. Me acarició el cabello suavemente susurrando que me calmara repitiéndome que estaba conmigo sin decirme cuanto me amaba. Pero cuando me decía, ‘deja de llorar y dime que sucede’ esa maldita palabra retumbaba en mi mente positivo, positivo, positivo. Entonces, tomé una bocanada de aire y lo miré.
– Tom tengo que decirte algo muy fuerte –dije con mi voz rasposa y lastimada.
– Dime bebé – me susurró aún con sus manos en mi cintura.
– Yo jamás te engañé ¿de acuerdo? – fue lo primero que dije, en cierto modo para defenderme.
Él me soltó echándose hacia atrás. La distancia me hizo temblar.
– ¿De qué hablas? – preguntó nervioso.
– Natalie, yo…ella dice que una noche ella y yo… – lloré no resistí – te juro que no lo recuerdo, papá me había enviado por trabajo, estaba tomando tranquilamente. Apareció ella y le pedí que me avisara…- sollocé violentamente – si llegaba el tipo, le advertí que cuidara mi trago y me fui hasta el baño. Luego, luego… salimos a fumar y ya no recuerdo más nada.
– ¿Te drogó? – cuestionó sorprendido. Debo admitir que eso me detuvo, jamás había pensando en esa posibilidad. Pero aun así, había algo más.
– Yo. Yo no lo sé – contesté secándome las lágrimas – no recuerdo nada mi amor.
– No me enfadaré – me sonrió – se que no lo hiciste con intenciones, además eres mío.
– Pero hay algo más Tomi – dije con mi labio inferior temblando – ella dice estar esperando un hijo mío.
Noté como toda expresión se borró de su rostro, como su mirada se fijó en el suelo y su hermosa mirada castaña se nublaba por lágrimas.
– Lo siento – susurré acercándome a él – sabes que te amo, pero no me dejes por algo que no quise hacer.
– No me toques –añadió entre dientes– esto sí que no lo esperaba. Realmente no me imaginaba algo semejante ¿Cómo mierda puede ser?
Estaba fuera de sí, comenzó a caminar por toda la oficina. Yo lo miraba, estaba enloqueciendo.
– ¡Es una vida! – Me gritó sobresaltándome – es algo que nosotros no podemos crear, ¿entiendes eso Bill? Es un niño… es tu niño.
– Pero mi amor, lo sé. Solamente no quiero tenerte lejos es que…
– Tienes que estar con ella – me interrumpió – con la madre de tu hijo.
– ¿Tom te estás escuchando? – Pregunté molesto – Que yo vaya a tener un hijo no significa que tenga que estar con ella. No la veo como mujer, te amo a ti. ¡No mezclemos las cosas!
– Habló el perfecto – suspiró – sabes puedo aprovechar el momento para decirte la verdad.
– ¿Qué? – pregunté sorprendido.
– Pensaba dejarte esta noche – al decir esas palabras no entendía nada. Ahora sí que no entendía nada, a nadie. ¿Qué les pasaba a todos?
– ¿Qué? ¿Dejarme? ¿Es broma? – susurré en un hilo de voz sintiéndome… usado por todos.
– ¡Jugué con tus putos sentimientos, vete con Natalie, olvídame no me importas! – gritó el de trenzas roto por dentro al ver las lágrimas de Bill bañar sus mejillas – no me importas, ni tu hijo tampoco.
– No… no entiendo – murmuró Bill partido en dos – qué sucede, ¿Dónde está mi Tomi? Creí que me entenderías, que me apoyarías. Que me ayudarías a salir adelante no que saldrías con semejante idiotez.
– ¡A tu Tomi solo le importaba follarte! ¿Comprendes? -le gritó tomándolo de los hombros- fuiste el pañuelo del rato, ¡ahora te quiero lejos! Debería agradecerle a Natalie por ponerme todo tan sencillo.
– Te amo Tom, mírame – lloró el de rastas – ¿la promesa de estar juntos?
– ¿Cuál promesa? No seas inocente – interrumpió, con un nudo atorado en su garganta – no te lo repetiré más. Que seas feliz con la rubia. Muérete, se feliz. Mi juego terminó espero que también te hayas divertido.
– Tom… – lloró mientras la puerta de su oficina era azotada.
Narra Tom
Otra vez, una vez más el orgullo y la furia se habían apoderado de mí. Hasta tal punto que estaba cegado pero me moría por dentro. Un hijo… le iba a dar un hijo. ¡Maldita sea! Solo quiero extinguirme en este preciso momento. Jamás mi pecho se sintió así. Era un mentiroso. Sí, un mentiroso pero ahora solo quería alejarme de él, de la empresa y de todos. Ahora quería morirme.
Continuará…