CAPITULO 26: MÍA
Bill azota la puerta del Loft el sonido del golpe retumba por todo lugar, Pumba ladra asustado por el golpe, pero no está para consolar al pequeño cachorro, quien incluso es tan inteligente que corre de regreso a la habitación de Bill, escondiéndose debajo de la cama.
Camina hacia el mini bar llena un vaso de whisky que toma de un sorbo largo, llena un segundo, un tercero y el cuarto antes de terminarlo, lo lanza estrellándolo contra el suelo, vuelca la mesa con las botellas de licor, patea la mesa furioso imaginando que se trata de la cabeza de Jake Fritz, el imbécil que ha osado besar a Sofía.
Había estado tentado a salir del auto y romperle la cabeza, pero en lugar de eso, había bajado la ventanilla de su auto y había lanzado su encendedor al coche de al lado, para que sonara la alarma e hiciera que ese animal, dejara de besar a su chica, que no se había dado cuenta que ella estaba intentando alejarse.
Camina hacia el lugar donde sus pinturas, descubre la última que ha hecho de Sofía—Tu eres mía—hace puño sus manos—solo mía y nadie tiene derecho a poner sus manos en lo que es mío—Vuelve a cubrir la pintura.
Camina hacia su habitación entrando directamente en su vestidor, en una esquina del lugar se encuentra una caja de zapatos, levanta la tapa y encuentra su tan preciado polvo blanco, había jurado no volver hacerlo, pero en ese momento necesita más que nunca de su tan preciado elixir, para bajar la rabia que lo está consumiendo como si fuera un veneno, que está por matarlo, toma todos los implementos para preparar una pequeña línea, que entrara por su nariz, recorrerá todo su sistema nervioso central, llegando a su cerebro que enviará nuevos impulsos eléctricos, que lo harán sentirse mejor y mucho más relajado.
Camina eufórico por todo el lugar, la música cortesía de Muse, retumba por todo el lugar, Bill canta cada canción, saltando por todo el lugar, esta barrocho y demasiado drogado, para darse cuenta del desastre que es su departamento.
Corre a la puerta y la abre sin preguntar, Andreas lo mira preocupado, sus ojos están dilatados, su frente esta perlada en sudor. — ¿Qué te has metido? —cierra la puerta detrás de él, observando a Bill, saltar como si fuera un canguro.
— ¡Todo! —es la respuesta eufórica de Bill—había polvos mágicos, pastillas de colores.
— ¡Mierda! —murmura, da un par de pasos hacia Bill, para que deje de brincar como idiota.
— ¡Deja Andy!—da un manotazo al aire— ¡Soy un unicornio!
—Estas peor que una puta cabra silvestre —mira cada rincón del departamento, la mesa y las botellas de vino, en el suelo, los cojines abiertos, el suelo cubierto de plumas — ¿Bill, donde esta pumba?
—Pumba, escondido—señala, hacia su habitación.
—Creí que ya no te drogarías. ¿Qué sucedió?
Bill deja de brincar, sus ojos se vuelven oscuros, se sienta en medio de todo el desastre que es el lugar, toma un pedazo de cristal, pasa lentamente la punta de su dedo, sobre el filo dejando salir un gota de sangre, hace una mueca debido al ardor, se lleva el dedo herido a la boca y con la otra mano que ahora sostiene el pedazo de vidrio, lo clava en el único cojín que aun esta sin daño alguno.
— ¿Bill? —pasa una mano frente a sus ojos, pero es como si Bill estuviera en otra parte.
—Quiero su cabeza, para abrirla de esta misma manera.
— ¿Su cabeza? ¿La cabeza de quién?
Una aterradora sonrisa se apodera del rostro de Bill—Del imbécil, que se atrevió besar a Sofía.
—El tarado del bar.
— ¡Ese imbécil! —ríe—claro que no, hablo de otro idiota—se pone de pie, agarra Andreas por el cuello de su camisa y acerca su rostro a él—Hablo del imbécil del doctor.
— ¿Qué doctor?
— ¡Como puedes ser tan imbécil! —Lo empuja, haciéndolo trastabillar— ¿¡Quiero a Tom!? ¿¡Dónde está mi hermano!? —grita y comienza a lanzar nuevamente todo lo que tenga a su alcance, riendo al mismo tiempo.
Andreas se agacha justo cuando Bill, lanza un adorno de cristal hacia la puerta, logra escabullirse hacia la cocina, para ponerse a salvo de lo que sea que haya poseído a Bill. Andreas logra pasar junto a Bill, sin recibir ningún golpe, sigue gritando que quiere a Tom, logra llegar a la puerta, para encontrarse con un Tom preocupado, detrás de él están Georg y Gustav.
—Antes de que me regañes, ya estaba así cuando yo llegue.
Tom camina hacia a Bill tomándolo por los hombros haciéndolo retroceder hasta que su espalda da un golpe sordo en una de las columnas de metal.
— ¡Tom! —se queja, intentando soltarse
— ¿Qué te metiste?
Bill ríe como si fuera un niño que acaba de hacer una travesura.
— ¿Qué chingados te metiste? —vuelve a golpear su espalda contra el muro
—Me lastimas, suéltame idiota.
— ¿¡Andreas, que se metió!? —voltea a ver al ahora castaño, que sigue parado en la entrada del lugar, temiendo si acercarse a donde están los hermanos.
—Dijo que todo.
— ¿Qué es todo? —pregunta Georg, caminando hacia Bill, Gustav recorre el apartamento levantando lo que se pueda rescatar.
—Coca y éxtasis, seguro lo mezclo con alcohol—dice Gustav, levantando un espejo que aún tiene muestra de la droga y una bolsa transparente con un par de pastillas.
Tom mira los ojos dilatados de Bill sus labios resecos, le suelta los hombros, le da un par de segundos, antes de darle una bofetada que lo manda al suelo, Bill grita, llora y ríe todo al mismo tiempo.
— ¡Tom! —Grita Georg, poniendo de nuevo en pie a un tambaleante Bill— ¿Estas idiota? ¿Qué no ves como esta?
—Si, como una puta cabra—se acerca a Georg que aun sujeta a Bill, por el antebrazo, agarra a Bill de los cabellos y lo hace caminar hacia al baño.
— ¡Suéltame! —grita Bill, Georg los sigue.
— ¿Querías verme, que no? Aquí estoy —dice arrastrándolo hasta meterlo a la bañera, abre la llave de agua helada, haciendo que Bill, pegue un bote e intente salir de ahí, pero Tom vuelve a empujarlo—Georg, revisa todo este lugar y si encuentras cualquier droga, la tiras.
Georg cierra la puerta del baño, escuchando los gritos de Bill y procede hacer lo que le han pedido.
—No hacía falta tanta violencia—se queja Bill, sosteniendo un paquete de hielo sobre su mejilla morada.
—En realidad, te merecías más que eso—responde Tom colocando una taza de café frente a él.
— ¿Café? —arruga el rostro en una mueca de asco—entre tú y Georg me hicieron un lavado estomacal y me quieres meter eso.
—Te voy a meter el mango de este cuchillo, por el culo si no te tomas eso—interviene Georg, Bill mira a Tom en busca de ayuda, pero la mirada de Tom está llena de decepción, agacha la cabeza, deja el paquete de hielo en la mesa y toma con manos temblorosas la taza de café. Se quema la lengua, pero no se queja, sigue dando cortos sorbos a la taza, aun sin atreverse a levantar la mirada de la mesada, no se siente con fuerzas para enfrentarse a su hermano y a sus amigos.
—Espero que tengas una gran historia, para la mierda de acabas de hacer, ¿Tienes una puta de idea, de cuanto vas a tardar en sacar toda esa mierda de tu sistema? —La voz de Tom está cargada de rabia y lo molesta más el hecho de que Bill, se muestre tan sumiso y arrepentido de todo lo que hizo.
—Lo siento.
—Necesitas más que eso—responde Gustav—Ibas tan bien, Bill, ¿Qué sucedió? Para que hicieras eso.
Bill se encoje de hombros y no responde, exasperando a todos.
—Vio a Sofía besarse con un médico—responde Andreas a la pregunta que Bill, se niega responder.
—No se besaban, la estaban besando, ¡Rubio imbécil, teñido! —Grita, poniéndose de pie, Tom se pone delante de Bill, quien vuelve a sentarse en el banco y agacha la cabeza, luce como un animal apaleado—Lo siento, Andy, no debí gritarte.
— ¿Armaste todo este desmadre, por eso? —Pregunta atónito Gustav, Bill asiente—Saben que yo me largo, Bill eres mi amigo, te quiero pero en este momento, tengo ganas de meter tu cabeza en el horno.
—Yo también me voy, deberías llevarlo a casa, aquí es capaz de hacer otra más de sus pendejadas, vamos Andy, ya tuvimos bastante de la locura de Bill, para un rato—Georg, camina detrás de Gustav, con Andreas pisándole los talones, se despiden de Tom y dejan solo a ambos hermanos, sumidos en un silencio sepulcral, solo siendo roto, por los pequeños ladridos de pumba, que corre detrás de su pelota.
— ¿Qué te paso en la mano? —pregunta, viendo los nudillos de Bill, lastimados.
—Nada—intenta esconder su mano, pero su hermano es más rápido.
— ¿Bill?
—Mi puño se estrelló en el rostro de Tabatha.
—Se estrelló, ¿Cómo accidentalmente?
—La golpee, contento—responde saliendo de la cocina.
—Toma a pumba, nos vamos a casa—dice entrando a la sala, que ahora está completamente ordenada, encontrando a Bill, acostado en el sillón.
—Tom, no pienso…—Tom le toma de la camisa, poniéndolo de pie, sus narices se rozan, Bill traga al ver la mirada furiosa de su hermano.
—Me importa un demonio que quieras, ahora muévete.
***
Andreas da un sorbo a su café, mira a las personas que caminan frente a la cafetería, se pregunta porque de nuevo acepta seguirle el juego a Bill, en lugar de perder el tiempo con él, debería estar prestando atención a sus negocios, pero cuando se trata de su mejor amigo, sabe que no puede fallarle, tal vez esa es la razón por la cual siempre acude a él, porque ambos saben que Gustav y Georg, solo le ayudarían en caso de que Tom lo autorice.
Da una mirada al mensaje de WhatsApp de Bill, se supone que debe llegar en cinco minutos, lo que le da tiempo de pensar en el motivo de ese encuentro, hace casi dos semanas que no sabe nada de Bill. Solo algunas cosas que ha sabido por Georg, quien parece ser el único preocupado por el rubio, Gustav estaba tan furioso aquella vez, que dijo que si Tom, no le daba una buena paliza seria él.
Está tentado a sacar un cigarrillo, de no ser por el letrero de prohibido fumar, remueve la cuchara dentro del ahora café frio, levanta la mano llamando a la mesera, ordena una cerveza y le pide que retire el café, la chica le sonríe y se marcha tras anotar su orden, en otro momento le habría coqueteado, hasta lograr que le diera su teléfono, pero en ese momento, sigue pensando en su encuentro con Bill. Como si hubiera invocado su presencia, Bill entra en la cafetería, vestido en jeans oscuros, camisa y chaqueta negra, su cabello peinado prolijamente hacia atrás, unas enormes gafas, cubren sus ojos.
—Hola Andreas—saluda sentándose, la mesera llega en ese momento dejando la cerveza en el centro de la mesa, Bill ordena otra para él. —Pensé que no vendrías.
—No voy a mentirte, lo dude por un momento… pero ya me conoces.
—Te gano la maldita curiosidad.
—Si—responde en un tono relajado, sonriendo a Bill, quien también lo haces— ¿Entonces como estas?
—Bien, mi hermano y Georg se encargaron de hacerme sufrir una semana, pero ahora estoy bien—Andreas asiente, esperando a que continúe—Los músculos aun me duelen, pero según ellos, era la mejor manera de hacer salir todo lo que me metí.
—Estabas peor que una cabra, ¿Recuerda todo lo que hiciste o dijiste?
—Vagamente, recuerdo que alguien dijo que yo era un unicornio.
Andreas ríe—Eso lo dijiste tú.
—Oh, vaya veo que si estaba muy elevado.
— ¿Entonces qué hacemos aquí?
Bill da un largo sorbo la cerveza, consumiendo más de la mitad del líquido, sus ojos se fijan en el edificio al otro lado de la calle, Andreas sigue con la mirada el objeto de las cavilaciones de su amigo.
—Ese lugar—dice, sin dejar mirar hacia el edificio—es la razón por la que estamos aquí, ¿Sabes qué es? —desvía la mirada para ver a Andreas, quien niega con la cabeza—Ahí, es donde trabaja Jake Fritz—vuelve a mirar el edificio—deja su coche en un estacionamiento a dos cuadras, cuando puede dejar su coche en el estacionamiento que tiene este edificio. Lo cual resulta perfectamente para lo que tengo planeado.
— ¿Qué tienes planeado?
—Jake, deja su coche en el último nivel, el cual siempre esta solo para cuando termina su día de trabajo—levanta la botella vacía, haciéndole una seña a la mesera que capta rápidamente el mensaje—Aun tienes el número de ese tipo, que golpeo al imbécil de tu ex cuñado, después de que te enteraras de que había engañado a tu hermana.
—Claro…Gracias—dice a la mesera que deja dos botellas de cerveza y los vuelve a dejar solos.
—Perfecto llámalo.
—Bill, ¿Qué vas hacer? Ese hombre es un matón a sueldo.
—Exactamente eso.
— ¡Matarlo! —Chilla con voz aguda, llamando la atención de algunos comensales que están cerca de su mesa.
— ¡Shshshsh! No grites idiota—reclama—solo quiero que le deje claro que no debe meterse con lo que es mío.
—Ok, ok, Bill, creo que debemos hablar esto calma, tal vez Tom pueda darte una mejor idea de cómo vengarte de ese tipo.
—Andreas, eres mi amigo. ¿Cierto?
—Sabes que lo soy.
—Entonces haz lo que te estoy pidiendo. Y no digas ni una palabra a mi hermano, esto también incluye a Georg y Gustav.
—Bill…
Bill golpea la mesa, sobresaltando a Andreas—No lo vas hacer tu, deja de comportarte como una niña llorona con su periodo, o prefieres que contrate a otro —baja la voz—que lo mate, yo lo quiero golpearlo, una pequeña advertencia para que deje de rondar a Sofía, no dejar viuda a su esposa. Digamos que voy hacer que reenfoque sus prioridades, solo eso—sonríe, Andreas suspira, pero al final acepta.
***
Jake Fritz se despide de su paciente, anota su siguiente cita en su agenda su asistente está enferma y ha tendió que hacer todo por su cuenta, por suerte solo le faltan dos, para que pueda volver a su casa.
— ¿No tienes asistente? —mira en dirección a la voz, encontrándose con Bill quien sostiene un cigarrillo en su mano.
— ¿Puedo ayudarte en algo? —Pregunta—Puedes apagar el cigarrillo.
—Claro doctor Fritz—apaga el cigarrillo contra el brazo del sillón, Jake se cruza de brazos—lo siento no había un cenicero a la mano—se pone de pie, manteniendo una distancia entre ambos—Es un bonito consultorio, ¿Cuánto cobras, 250 o 300€?
—Sí, deseas una cita, puedo apuntarte para mañana, mi tarifa es de 300 €, supongo que esa cantidad para alguien como tu es insignificante.
—En realidad, me preguntaba cuanto se necesita para que me hagas un favor, ¿Crees poder?
—No te estoy entiendo.
—Es fácil doctor—mete la mano al interior de su chaqueta, extrae su chequera —El favor que necesito es que se aleje de Sofía Sacks. Por el bien de ella, pero sobre todo, no querrá que su esposa en su estado se entere que está intentando seducir a una pobre e inocente estudiante.
Jake palidece al escuchar esas palabras, observa a Bill para medir que tanto sabe acerca de él con Sofía, aunque no necesita de la amenaza de Bill, la misma Sofía se lo dejo claro ese día cuando se marchó corriendo después de que la alarma de un coche sonara.
— ¿Tú fuiste? —Bill sonríe con arrogancia—el que hizo que la alarma del coche sonara.
— ¡Mmm! Es bastante inteligente Doc—le palmea el hombro, Jake se hace a un lado—Escuche, estoy bastante interesado en ella, pero no estoy interesado en obstáculos y usted, usted me molesta bastante, Así que esto es sencillo, cuanto quiere por dejar de meterse en el camino de ella.
—Tú no entiendes, niño.
—Le dejo un cheque en blanco y ponga usted mismo la cantidad, pero no abuse, un millón es el límite para esto—señala el talonario.
—Sofía, no es como las mujeres que tú estás acostumbrado a tratar, así que hazme el favor de irte , antes de que llame a la policía, a tu familia no le agradara un nuevo escándalo por tu parte—el rostro de Bill se tiñe de rojo—¿En verdad crees que soy tan estúpido como para aceptar tú oferta? Escucha niño mimado, ya tuve a Sofía una vez y estoy seguro que puedo recuperarla.
Bill ladea el rostro con una mirada de confusión, que dura solo un momento, hasta que una sonrisa cargada de maldad se apodera de su angelical y atractivo rostro, Jake pestañea al ver un atisbo de locura en esa mirada y por un momento se pregunta qué tan seguro esta él, pero sobre todo ella, con este chico con poder y esa oscuridad que se asoma con la amenaza de arrasar con todo lo que tenga a su alcance solo por llegar a ella.
—Tú no estás bien de la cabeza—dice, logrando que Bill haga una mueca—necesitas ayuda, antes de que le hagas daño alguien o a ti mismo.
—Hay doctor Fritz—sacude su cabeza—en fin como quiera—responde guardando la chequera y caminando hacia la salida.
— ¡Bill! —llama, logrando que se detenga pero no se gira a verlo—Busca ayuda.
***
Jake camina por el estacionamiento parcialmente vacío, sabe que debería dejar su coche en el estacionamiento de su oficina, pero al tener que caminar un par de cuadras, le ayuda a liberar su mente de todo lo que tiene que escuchar en cada sesión, así como aclarar su mente antes de llegar a su casa, su matrimonio es un desastre, incluso su relación era un desastre desde antes, pero estaba tan acostumbrado a estar junto a Esther, que no se veía comenzado una relación nuevamente, hasta que aquella tarde después de casi un mes de terapia con Sofía, no sabía que había sido, pero un segundo estaba consolando su llanto y al segundo ella estaba ahorcadas sobre él, jadeando por alcanzar su orgasmo. Se había enamorado de ella, de todo lo que ella era, pero así de abrupto como había iniciado su relación, se había terminado y él se había resignado y se había casado con su novia de casi todo la vida.
— ¡Demonios! —escucha una voz que lo hace salir de sus pensamientos, un moreno de ojos oscuros está pateando la llanta de su coche.
— ¿Te puedo ayudar?
— ¿Tendrás un gato en tu coche, como para cambiar la mía?, hace una semana me robaron todo lo que traía en él y aun no compro uno nuevo.
—No estoy seguro, pero déjame revisar—bota la alarma de su coche, mete el maletín en el asiento trasero, camina hacia al maletero a revisar. Sin percatarse que el chico camina en su dirección.
De pronto siente un golpe en seco en la espalda que lo hace caer al suelo, intenta ponerse pie, pero le es imposible, al comenzar a sentir como patean su estómago y sus costados, gatea para alejarse de los golpes, siendo perseguido por el chico. Que vuelve a patearlo siente el sabor metálico en sus labios, intenta gritar pero no puede, luchar por que el aire le llegue a los pulmones pero siente como se le queman por dentro. No sabe cuántos minutos, lleva siendo golpeado, pero siente que en cualquier momento se va a morir, el chico le pisa una mano, cuando intenta levantarse, escucha el crujido de su mano y grita, escuchando el eco retumbar por el lugar.
—Lo lamento, Doc, pero a mí me pagaron para darle esta pequeña advertencia.
— ¿Quién? —jadea y escupe sangre, el hombre lo toma de la parte posterior del saco, poniéndolo de pie, da un puñetazo en su estómago, logrando que se encoja.
—Debió aceptar el trato—dice soltándolo—Otra cosa, nadie va a creerle que fue él quien dio la orden, al final usted tiene más que perder que él— se aleja.
***
Al otro lado del estacionamiento, Bill observa impasible al doctor arrastrarse por el suelo, escondiéndose detrás de su coche, al tiempo que observa todo el lugar, da un sorbo al vaso con agua que sostiene, Andreas mira a Bill, antes de que este se gire con una sonrisa y camine hacia la salida.
—Llama, si tanto te preocupa.
Pero no hace falta, una mujer que camina en ese momento, grita al ver a Jake, golpeado y a punto de perder la conciencia.
& Continuará &