
Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed
Capítulo 27: Mi Revolución (P.1)
30/07/09
Bill
–Bill-mi giré al oír mi nombre pero no vi a nadie que me mirara en toda la mesa. Me sorprendí porque juraría haber oído que me llamaban pero después simplemente volví a sumergirme en mi café. Era la primera vez en semanas prácticamente que asistía a la hora del desayuno en el comedor. Hoy nos teníamos que despertar temprano para poder ensayar ya que por la tarde era el concierto. La cara de sueño que había en nuestras caras era para pintarla en un cuadro. Los únicos que estaban como una rosa eran Andy, Mario y Ashley, que ya estaban hasta los cojones de ir a vernos ensayar, y se dedicaban dormir lo que no dormíamos nosotros. –Pss, Bill.– otra vez volví a oír mi nombre y miré hacia la derecha, de donde provenía. ¿Mario? Lo miré interrogante y me hizo señas para que mirara por debajo de la mesa.
Con un bostezo muy fingido, tiré el cuerpo para atrás y pude ver cómo colocaba una servilleta encima de mis piernas. Había algo escrito:No te vas a escapar, quiero que me lo cuentes TODO.
Abrí los ojos muchísimo y arrugué la servilleta enseguida, con un ataque de pánico por miedo a que alguien la leyera. Probablemente me había puesto hasta rojo de la vergüenza. Intenté pensar rápido una excusa que fuera medianamente creíble.
-¡Oh, Mario! Me falta hacer un retrato para los deberes impuestos para el verano, te importa venir media hora a mi cabaña y te uso de modelo? – se giraron todos ante mi comentario y maldecí al mundo por ello. Joder, había una conversación entre ellos, porqué de pronto todos se giraban ante este comentario tan inútil.
-¡Los cojones! Tienes veinte mil dibujos Bill, usa uno de esos porque tenemos que ir a ensayar! – fue precisamente mi rubio el que no me dejó llevar a cabo mi cometido.
-Oh vamos, déjale. Seguro que puede hacer tan rápido que ni notáis nuestra ausencia. – me ayudó el moreno.
-Que no, que no. ¡Hoy es el concierto, Mario! – de pronto el susodicho se levantó de golpe de la mesa y me agarró del brazo, tirando fuerte hacia arriba.
-Mira, entre que acabáis de desayunar y eso nosotros ya acabamos. ¡Ale, hasta ahora! – no me dejó ni hablar que ya estaba tirando de mí hacia fuera del comedor.
–¡Pero qué fuerte! ¿Nadie vais a decir nada?– oí a mi rubio quejarse de fondo.
En cuanto salimos fuera el moreno me llevó casi arrastras hasta la parte de atrás del edificio. La verdad es que ese lugar estaba albergando ya demasiados secretos. Nos sentamos en una especie de roca que había apenas un par de metros de la pared, ya prácticamente en la entrada de la espesura del bosque. Me quedé en silencio hasta que me pegó un codazo en las costillas.
-¡AAUU!- me quejé.
-¡Pero será posible! Ellos quejándose de que no tenemos tiempo y tú aquí sentado sin decir nada. ¡Vamos, al grano! – me puse rojo de oírle.
-Bueno pues a ver… Supongo que quieres saber si al final hubo o no hubo… – me puse rojo.
-¡Pues claro que hubo! No soy gilipollas, lo que quiero que me cuentes es cómo fue. Oh, y se me cuentas que tal folla Tom, también querré oírlo… -dijo riéndose por lo bajo. Alcé una ceja, como mostrando un poco de desconformidad con su comentario, pero divertido al mismo tiempo.
-Joder pues… Fue en su casa, en Düsseldorf, se puso en plan romántico y hicimos “una escapada”. Después se nos hizo tan tarde que en vez de volvernos al campamento, nos pusimos a dormir en su casa.
-Ui, qué poco típico de Tom. ¿Estás seguro de que era él? – casi achinó los ojos diciendo esto. – Oh vamos, entiende mi confusión, ¡es el tío más vago del planeta tierra! Y Düsseldorf está bastante lejos… Debía estar realmente desesperado por el polvo.
-¡Qué va, qué va! Como a mí me daba vergüenza admitir que no me importaba ser yo el primero en intentarlo, pues simplemente empecé a toquetearle y eso… Y él no paraba de decir: “Pero Bill, porqué haces esto, que después ninguno quiere y nos enfadamos…”
-¡Oh, qué fuerte! Me cago en la puta Bill, lo tienes cogido por los huevos.
-Cuando se dio cuenta de por dónde iban los tiros, no paró de decir “si te hago daño, paramos eh!” “no te preocupes que yo estoy aquí, y no te voy a hacer daño”. Hubo un momento donde tuve que pedirle que se callara y todo porque me ponía más nervioso…
-Oh dios, qué atento es… – de pronto se puso a mirar al infinito, con las manos en los mofletes, y con los ojos brillando. Éste se estaba montando la escena en su cabeza, seguro…
-Eh Mario, vuelve. – le chasqueé en la cara con los dedos, y pareció que le acababa de despertar del mejor sueño de su vida. Y la verdad, no era para menos… Tom me estaba sorprendiendo de una manera inimaginable.
-Vale vale, ahora dime, ¿qué tal fue? ¿Cómo lo viviste?
-¡Mucho mejor de lo que me creía! Santo cielo, mira que soy gilipollas… Tendría que haber cedido antes. Lo hemos hecho bastantes veces desde entonces… – dije riéndome de lado.
-¡JAJAJJAJAJA! Estaba clarísimo, chaval.
-Ya, tendría que haber decidido esto mucho antes…
-¿Y él? ¿Se dejó hacer algo? – preguntó de pronto. Si hubiera estado bebiendo algo, se lo habría tirado a la cara de sólo oír la pregunta.
-¿Qué? ¡Imposible! Ni se lo planteé.
-¿Enserio? ¿Ni siquiera la puntita? – me empecé a reír a carcajada limpia. – ¿Ni rozarle la entrada con la polla? – no podía parar de descojonarme, de hecho, empezaba a perder el aire. – ¿Ni un dedito?
-¡Mario! ¿Pero es que no sabes de quién hablamos? – me puse la mano en la cara, y recé por no mancharla de maquillaje, apuesto a que podía pasar cualquier desgracia aunque fuera con un solo roce.
-Y mejor no pregunto si te la chupó, ¿no? – dijo casi sin esperar una respuesta.
-Pues claro que no lo hizo. Doy gracias que me hizo una paja antes de nada.
-Pues sí…
Mario iba a seguir preguntándome pero de pronto el sonido de algo estridente nos obligó a prestarle más que a nosotros mismos. El moreno miró dentro de su bolsillo y sacó de este su teléfono móvil, que llevaba la palabra “Putom” escrita en la llamada entrante que parecía estar teniendo lugar.
-Anda, hablando del rey de Roma… Tu novio. – me puse un poco colorado de oírle decir eso. Enseguida le dio a descolgar. Noté que iba a hablar, pero un chillido estridente al otro lado de la línea lo imposibilitó. – ¡Joder, qué humos! ¡Que ya vamos! Pero si apenas nos habéis dado diez minutos, joder… – se calló un instante, con cara enfadado, escuchando lo que le estaba diciendo mi novio. – Que siiii, que ya vaaaaamooosss… – no tardó en colgar ni un instante. De hecho creo que no le dejó ni terminar de hablar.
-Creo que estaba un poco enfadado, ¿no?
-¿Un poco? ¿Estás seguro que folláis lo suficiente? – la pregunta era retórica, pero casi me dieron ganas de chillarle por la acusación. – Tengo una idea mejor, la próxima vez que lo estéis haciendo, le das un pequeño empujoncito, se la metes sin querer, y no pares hasta que se corra. Ya verás que le cambiará el mundo.
-Estás como una puta cabra. – pero evidentemente, no pude más que reírme por ello.
Tom
Notaba que Bill estaba de los puñeteros nervios. No le culpaba por ello ya que yo mismo en persona había experimentado su fobia a cantar en público, pero el echo de que él estuviera así, me estaba empezando a poner nervioso a mí.
Lo observé sentado en las escaleras que subían al escenario que habían montando para la obra de teatro de ayer y que aún seguía en pie para nuestro concierto. Se estaba fumando el cuarto cigarro en media hora y eso empezaba a no ser demasiado saludable. Podía ver desde donde estaba, que le temblaba el pulso tanto, que no le hacía falta sacudir el cigarro para que callera la ceniza. Incluso entorpecía el paso de la gente que estaba montando los instrumentos, pero él parecía no darse ni cuenta.
El segundo problema es que Erika no paraba de pasearse por aquí y por allí dándome golpes “sin querer” con el hombro cada dos por tres, evidentemente por lo enfadada que estaba. Aún iba tosiendo un poco y eso era clara señal de que igualmente hoy no iba a poder cantar con nosotros, pero eso ella no lo admitiría en la vida. Además se podía notar cómo tenía una parte de la cara más blanca, justo por la nariz, ya que estaba tapada con un maquillaje demasiado claro para lo morena que se había puesto, intentando tapar el moratón que aún tenía del golpe que le había dado Ashley, que cada vez que se cruzaban, saltaban chispas de sus miradas. Estas dos podían saltar en cualquier momento.
Mi única petición era que no intentase sabotear el concierto de ninguna de las maneras.
Bill y yo habíamos pasado la noche ensayando con el grupo, y más tarde en su cabaña seguimos preparando la canción final y todo parecía que iba a salir de perlas. Habíamos trabajado muy duro y en principio no tenía porque ir mal la cosa. Claro que, no recordaba lo realmente malos que eran los nervios de Bill. Los había superado delante de mí, los había superado delante del grupo y de sus amigos, pero… Jamás se había enfrentado a hacerlo delante de tanto público. Iban a estar todas las clases, la de todos los pequeños, los grupos de instituto, los de su propia universidad… Vale mierda, ahora me estoy empezando a poner nervioso yo.
Me acerqué a Bill y éste notó mi presencia acercándose ya que enseguida levantó la vista y la puso en mis ojos. Alcé las cejas y le sonreí de lado, y este simplemente soltó mucho aire mientras hundía su cara en sus manos. Vale, no lo estoy arreglando.
-Eh oye, déjame que me acabe tu cigarro, que ya estas fumando demasiado. – me quejé, quitándole el quinto piti de las manos, recién encendido.
-Y una mierda, devuélvemelo. – dijo intentando forcejear. Me lo metí enseguida en la boca y le pegué una calada tan larga que casi se lo dejé a la mitad. – Me cago en ti… Que sepas que me sacaré otro.
Puse los ojos en blanco y suspiré, soltando todo el humo que había retenido en mis pulmones.
-Bill, creo que te va dar un desmayo o algo, le estas dejando sin oxígeno a tu cerebro. A ver si te vas a desmayar o algo. – dije sentándome a su lado, dejando el máximo espacio a mi derecha para que pudieran trabajar los operarios con las cosas técnicas de las luces el sonido y todo eso.
-Ya me esta dando un desmayo, Tom. No me he enfrentado a esto en mi vida, me va a dar un ataque al corazón. – dijo casi hiperventilando.
-Bill Bill, mírame. – dije cogiéndole de los hombros y abriendo mucho los ojos. Este repitió mi gesto y me miró profundamente. – Oye, no es para tanto, ¿vale? No vas a perder absolutamente nada, no hay un concurso de talentos ni nada así, no vas a salir a demostrar nada. Sales a divertirte e intentar divertir a la gente. – intentaba consolarlo exprimiendo todos y cada uno de los miedos que se me pudieran ocurrir, e intentaba rebatirlos lo mejor posible. No podía dejar hueco sin cubrir. – Probablemente pensarán que tienes unos huevos bien puestos para salir ahí fuera y ponerte a cantar, así que ya tienes el respeto del público sin haber abierto la boca. Y por el amor de dios Bill, nadie es perfecto, si por algún motivo te equivocaras, nadie lo tendría en cuenta porque nadie en todo el público podría hacerlo mejor que tú. Ni Erika. – no sé si hablar de “equivocaciones” y cosas así servía para calmar al chaval, pero bueno, yo lo intento a mi manera tío, si no lo consigo… Al menos lo he intentado.
Bill se rió al acordarse de Erika, y yo me reí con él.
-Ya no es miedo a equivocarme… El problema es no saber ni decir la primera nota. Me da pánico que la música suene y yo me quede en blanco o que aun cantándolo mentalmente, no sea capaz de exteriorizarlo del todo, y simplemente me quede con la boca abierta sin pronunciar palabra.
-Bill, yo estaré contigo ahí arriba. Si tienes cualquier duda, yo me pondré a tu lado y me miras a mí. Haces un poco de teatro, los cantantes interaccionan muchísimo con el resto del grupo. ¡La de veces que está el típico imbécil que pilla las baquetas y empieza a hacer el estúpido tocando un poco! A eso me refiero Bill, te me acercas cuando entres en pánico y me miras, y si te olvidas de la letra fíjate en mí, porque yo la estaré cantando en voz baja, sólo tienes que leerme los labios. O puedes ir con Georg, él también te dará su apoyo. – mis palabras cada vez eran más cursis, pero lo último que quería es que Bill se pusiera de los nervios.
Noté como el temblor de sus manos empezaba disminuir y cogía aire más lentamente. De pronto lo vi asentir lentamente hasta empezar a ser mas constante y efusivo.
-Tienes razón… No estoy solo, no estoy solo… – empezaba a repetirse constantemente, y cuando creí que iba a decirme algo a mí, aprovechó para robarme el cigarro y darle la última calada que le quedaba. Robó todo el humo posible, y después de lanzar al colilla, expulsó el humo fuertemente, como si sintiera que toda la mierda estaba saliendo de ahí. Las inseguridades, los nervios, las nauseas…
-Estás increíble, cabe añadir. – dije de golpe, dándole un codazo suave, riéndome un poco. – Si tuviéramos un poco de tiempo, te prometo que nos íbamos de aquí y te lo hacía salvajemente. – esto último se lo dije muy cerca del oído, y pude notar como sus mejillas habían empezado a irradiar calor, poniéndose rojas como un tomate. Se le escapó una risilla tonta, y después me miró con la lengua entre los dientes y una sonrisa traviesa que me estaba empezando a cuestionar si realmente deberíamos gastar el poco tiempo que teníamos hasta separarnos haciendo un concierto, en vez de estar follando como conejos.
-¿Sí…? ¿Por qué no vamos igualmente…? Ni que sea algo rapidísimo… – dijo fijándose en mi piercing, que no paraba de mover de un lado al otro, enloqueciendo poco a poco.
-Pues…
-Chicos, todo listo. En cinco minutos se abre el telón. – dijo Gustav, pasando al lado nuestro.
-¡¡AAAAAAHHH!! – el chillido de Bill me dejó tan sordo que tuve que taparme el oído al instante.
-¿¡Pero qué coño!? – dije, mirándole con incredulidad.
-¡¡Perdón, perdón!! Me ha salido solo… No quería, de verdad. – dijo casi poniendo pucheros. – ¡Me ha nacido de dentro! – dijo poniéndose de pie empezando a dar saltitos. ¿Se supone que eso lo tranquiliza?
-Vale Bill, tranquilo. Respira profundamente y subamos la escenario. Tengo que colocarme bien la guitarra y asegurarme de que tengo las púas necesarias, y asegurarme que el pedal funciona… – empezaba a estresarme para los cinco minutos que quedaban y mi atención en Bill empezaba a disminuir.
Empecé a subir las escaleras metiéndome en mi propio mundo, repasando la lista mental de cosas que debía comprobar antes de empezar el concierto pero de pronto me quedé estático. Noté como alguien me agarraba de la mano mientras subía las escaleras, y cuando me giré a ver quién era, Bill me devolvió a realidad con una cara de espanto. Intentaba aguantar el llanto y me cogía la mano con fuerza, buscando un apoyo en mí.
Le sonreí y tiré de él con fuerza, metiéndonos en el escenario, que estaba totalmente cubierto por las cortinas. No había nadie así que le besé instintivamente.
-Eh, eh… Tranquilo. Estoy aquí. – y cuando Bill iba a devolverme el beso, alguien se había metido dentro del escenario también.
-Oh em… siento interrumpir, pero ya casi estamos. – la voz de Georg nos tranquilizó a los dos, y Bill se tiró encima suyo enseguida. – ¡¡Eehh!! – dijo mientras lo rodeaba instintivamente. – Oh… ¿Bill? ¿Estás teniendo un ataque de pánico? – Este simplemente asintió encima de su hombro, y el castaño sonrió y le paseó la mano por la espalda. – Vale colega, tranquilo. Estamos aquí contigo.
Se separaron y se miraron a la cara. Ambos asintieron y Bill soltó aire sonoramente. Después sólo empezó a repasar las letras y a colocarse bien delante del micro. Gustav no tardó en entrar.
-Tres minutos, chicos. – dijo, golpeando las baquetas con emoción. – Oye, le ponemos nombre al grupo en un plis ¿o qué?
-Si hombre, como si nos fuéramos a hacer famosos… – dijo Bill, riéndose, clamando los nervios, interactuando con normalidad.
-¿Os imagináis? Viajaríamos por todo el mundo. – empezó a fantasear Georg.
-¡Dios, y tendríamos millones de fans! – dije, uniéndome al castaño. Se me caía la baba de sólo pensarlo.
-Y nos pasaríamos la vida en autocarabana, los cuatro juntos, y de hotel en hotel… – continuó a Gustav, con la mirada perdida.
-Yo quisiera ir a Tokio. Si llegamos a ir a Tokio sería brutal, ¿no os parece? – Bill de nuevo, que parecía mucho más tranquilo.
-Uh, ¡a mí me da miedo ir a Tokio! ¡Imagínate que estamos en un hotel y queremos cualquier cosa, pero no tenemos ni zorra de japonés! ¿Y si nos perdemos alguno? Ai ai, qué mal rollo. – Georg se pronunció enseguida.
-¡Pero si llegamos a ir a Tokio, quiere decir que seríamos tan famosos, que tendríamos interpretes, y guardas de seguridad, y ¡personas que harían todo eso por nosotros! – Bill empezaba a sacar la diva que llevaba dentro, el mundo del espectáculo y del lujo empezaba a rescatar al Bill atrevido y con ganas de demostrar al mundo que él podía con todo. Empezaba incluso a mirar con cara de diva presumida, lamiéndose los labios y mirando desafiadoramente.
-Yo voto por llamarnos Tokio Hotel. – dije, sin apartar la mirada de él. – Como si fuera una meta o algo así. ¿Qué os parece?
Durante un instante se hizo el silencio y yo me sentí estúpido de proponer el nombre, pero no sé, me pareció muy adecuado para la conversación que estábamos teniendo, ¿no? De pronto se empezaron a mirar entre si, asintiendo con algo de felicidad en los rostros.
-Hecho. Bill, ¿lo anuncias? – dijo Gustav, mirándole. Este simplemente respiró hondo y asintió.
.
El telón se abrió, y dejó paso a una multitud que no esperábamos. Por lo menos yo, que estaba acostumbrado a tener un público muchísimo más joven, y más escaso. Este año los universitarios estaban en primera fila, aunque supongo sólo para ver qué es lo que iba a hacer Bill, ya que todos lo conocían en ese grupo.
Vi como el susodicho se había quedado un poco estático y temí por si se había desmayado de pie o algo así. Intenté reaccionar por él, hablando yo desde mi propio micro, pero finalmente consiguió volver a la vida.
-¡Em, hola a todos! – intentó parecer efusivo, pero simplemente sonó forzado. – Muchas gracias por estar aquí, aunque no tengáis otro remedio. – todos nos reímos, incluyendo el público, y eso hizo bajar mucho las tensiones. – Al final hemos escogido un nombre para el grupo, y se llama Tokio Hotel. Espero que os gusten las canciones, y a disfrutar.
En el público se oyó un fuerte aplauso y algunas de las chicas de la primera fila empezaron a chillar el nombre de Bill escandalosamente. Está claro que la mentalidad de las de artes es muy abierta. O todas son muy progres, o son lesbianas, o yo que sé… ¿Cómo era posible que Bill acabara agradando a las chicas? A ver, siempre estaba el típico grupito que lo odiaban, junto con los tíos, pero había una mayoría de chicas que suspiraban al verlo.
Justo donde estaban arremolinadas todas estas chicas, estaba Ashley en medio, chillando como loca mientras las notas de mi guitarra empezaban a entonar los acordes de Übers Ende der Welt.
De tantas veces que había estado con nosotras ella se sabía la letra, y por su puesto entre los profesores también había cierto fanatismo de veterano.
Bill empezó con la voz entre cortada y algo nervioso. No se movía del sitio y parecía estático. Pasaron unos instantes y tono de voz no variaba lo más mínimo, cosa que me puso muy nervioso porque pronto llegaba el estribillo, donde tendría que animarse un poco más si quería conquistar al público. Habíamos decidido empezar por esta porque era bastante cañera y queríamos enseguida empalizar, pero si seguía así, no íbamos a conseguir nada de nada.
Me puse a su altura y me gire a mirarlo, tocando la guitarra cerca de él. Se giró enseguida, algo sobresaltado y yo le guiñé un ojo para que se tranquilizara. Empezó a sacudir a cabeza para desestresarse y justo cuando llegó el estribillo, las luces fueron disminuyendo, dejando casi a oscuras el escenario, apenas con la poca luz que daba el ocaso. Bill cogió aire y se puso a mirar al público, finalmente colocó un pié delante del otro y tiró su cuerpo hacia delante para poder darle toda la fuerza a su voz justo cuando llegaba el estribillo, llenando de luz todo el escenario, y haciendo que todos saltaran de la emoción.
¡¡Qué pasada!!
Pedazo remontada de Bill. Chillaba como nunca lo había hecho en un ensayo, dejándonos a todos atónitos. Incluso en según qué partes, donde tenía que bajar la voz lo hacía totalmente diferente, como más sensual, más melódico, atrayendo al público, y a mi incluso, a la locura.
Sin duda lo estaba haciendo de puta madre. Ashley cantaba con nosotros y me estaban dando ganas hasta de subirla al escenario. Georg y yo nos mirábamos atónitos, con las mandíbulas por el suelo, flipando del carácter que estaba transformando a Bill de golpe.
La canción acabó y primero dejó al público en silencio, que finalmente acabaron remontando en un increíble y caluroso aplauso.
-¡¡BILL TE QUEREMOS!! – se oyó de unas chicas que estaban justo debajo. Este les devolvió una increíble sonrisa que mostraba todos sus perfectos dientes. Después sacó la lengua y empezó a pasearse el piercing de la lengua. ¿Pero qué coño? A ver si a este se le va a subir los humos…
-¡Muchísimas gracias por el recibimiento! – dije yo, intentando quitar un poco de atención en él. Oh vamos, yo siempre he sido el guaperas del grupo, incluso cuando había una chica de verdad cantando (espero que jamás se me escape esto en voz alta, porque Bill me mata), yo seguía siendo el centro de atención. En algunos bares de Düsseldorf cuando nos juntábamos de vez en cuando, yo era el más querido. Puto Bill, llega aquí, y lo revoluciona todo.
Qué coño, a mí me tiene revolucionado.
Seguimos por Wo sind eure Hände la única canción donde yo intervenía con la voz en algún momento. Bueno, Georg y yo.
Esta vez, Bill empezó más animado y con más ritmo en el cuerpo, en vez de moverse según el aire que tenía que coger para darle o no más emoción, se movía por el escenario paseándose cerca de Georg. Este sonría al pasarse por su lado y Bill le puso un brazo en el hombro mientras continuaba cantando. Justo en el momento en que los dos íbamos a cantar, Bill nos señaló con los brazos.
-Wo sind eure Hände… – cantamos al unísono. En ese momento los chillidos de las chicas se intensificaron, dejándonos casi sordos. ¡Oh dios mío, qué pasada! Bill se puso teatrero y se llevó una mano a la boca en plan:Huuummm qué chicos que tenemos eeh. Y finalmente guiñó el ojo. ¿Pero quién coño era este y dónde estaba Bill? Aunque cabe admitir, que me estaba poniendo un montón esa actitud que estaba teniendo de golpe.
La nueva diva volvió a su sitio y colocó el micro de nuevo en su respectivo pie metálico, y acabó la canción para dar paso a otra más. Esta vez volvió a tensarse mucho, porque si las anteriores eran del antiguo grupo, en esta ocasión, Bill mostraba su verdadero yo al resto del mundo con una canción completamente suya. Empezaba a notar el nerviosismo en sus manos, que volvían a agarrar el micro que no hacía ni un segundo que había dejado ahí, con las manos temblorosas y el pulso taquicárdico.
Esta vez tocaba Spring Nicht, una canción realmente triste y conmovedora que más de una vez me había puesto la piel de gallina. No sabía muy bien a quién iba dirigida o si era para él mismo, pero jamás se lo llegué a preguntar. Su voz sonaba muy leve y muy lejana. Sabía que él no estaba del todo conforme con mostrar algo tan profundo, pero supongo que en el fondo lo estaba deseando. Lo vi coger muchísimo aire en todas las veces que había un parón de la letra, y finalmente se acabó soltando en el estribillo. Pero no miraba al público, no miraba a ninguna parte. Tenía la mente fuera de este mundo, y de vez en cuando se aislaba tanto que cerraba los ojos para no ver a nadie más.
De nuevo el bello se me erizaba de verlo sentir lo que estaba cantando, y de escuchar la letra de la canción.
-…Dann spring ich für dich.
En ese momento, aún habiendo ensayado esta canción mil veces, se me congeló el corazón y la respiración, y casi pude ver a más de una chica que se había emocionado, soltando alguna lágrima. Por lo pronto Bill se giró y me miró, algo preocupado. Asentí, intentando transmitirle mi aprobación, que lo había hecho muy bien, y este simplemente soltó aire, empezando a sonreírme.
Esto estaba yendo de putísima madre.
Esta vez le siguió una canción igual de triste, que me hacía plantearme qué le pasaba a Bill para haber escrito esas canciones, qué cosas le habían sucedido antes de que yo apareciera en su vida que le hubieran llevado a deslizar el lápiz por un folio blanco y que acabara sacando una canción titulada Rette Mich. Y lo peor de todo, es que era ahora cuando intentaba entrar en su cabeza y saber porqué diablos escribiría algo así, no antes, cuando había oído estas canciones cientos de veces.
Esta vez, y no era de extrañar, las reacciones fueron igual que la anterior vez, haciendo incluso que alguno que otro se atreviera a alzar un mechero y encender la llama durante un rato, para que la escena fuera aún más memorable. “Ven y sálvame”…
Hicimos un puente enseguida y no dio tiempo a que el público vitoreara la canción que el ritmo de Leb die Sekunde empezó a inundar el escenario. Bill se liberó de golpe de todas las tensiones de la anterior canción y volvió a sacar la diva que estaba empezando a florecer en él. Y lo de flor está bien escogido, porque está siendo bastante marica, la verdad… ¡Tom esto tampoco lo sueltes en voz alta!
El ritmo se apoderaba del cuerpo de Bill y parecía incluso que estaba saltando y dando pequeños brincos al compás de la música. Con algunos movimientos de manos fingía que hacía él los solos de guitarra y fruncía el ceño mientras se reía de si mismo. Bill estaba disfrutando muchísimo de la experiencia por lo que veía, y no era para menos, estaba teniendo un recibimiento increíble.
De nuevo una de las antiguas. De las primeras que estuvimos variando la letra juntos, donde si hubiera tenido bragas, se me habrían caído al suelo enseguida. Bill se paseaba arriba y abajo del escenario interactuando tanto con Georg como con Gustav, y aunque apenas se me acercaba a mí, no lo veía mal porque así levantaba menos sospechas de cualquier cosa. Pero hubo una parte en esa canción, que me dejó atónito.
-Vor der Tür Alarm… – y de pronto se puso a cantarme a mí, dejando de mirar al público, centrando toda su atención completamente en mi persona. ¿Qué coño…? – die ganze Welt ruft an – no me quitaba los ojos de encima, y yo empezaba a sonreír traviesamente de lado. – Alle zerren an mir, – no pude evitar girarme hacia él, poniéndonos uno delante del otro, de perfil al público, dónde él cantaba para mí y yo le tocaba la guitarra – Ich will mit keiner ausser Dir – ante esa frase, ambos sonreímos y como si hubiera estado pensado, nos giramos lentamente al público y yo alcé un poco el hombro, para que él pudiera colocar su brazo ahí mientras finalizaba la estrofa para darle paso al estribillo. – Reden, Reden… – supongo que ahora entendéis lo de que se me habrían caído las bragas.
¡BUAH, adrenalina al máximo! No sabía qué coño pensar sobre lo que acaba de pasar pero yo tenía una sonrisa de tonto que no podía borrarla de la cara. Tenía pánico de mirar al público porque estaba claro que lo que acababa de pasar no era normal. Lo único que hice fue dedicarme a mirar a mi guitarra y a Bill, que ya empezaba a menear hasta el culo.
Seguimos con un par de canciones más como Letze Tag, y Schei, pero finalmente le tocó el turno a la joya de la corona. Sin duda, todos habíamos dicho que la mejor se tenía que dejar para al final. Bueno, la última antes de la sorpresa.
Y habíamos estado completamente de acuerdo que la última tenía que ser Durch den Monsun. Esta era de él, de su propia cosecha y sin duda no sólo era lo mejor que tenía Bill en si mismo, si no que era lo mejor que tenía el nuevo grupo llamado Tokio Hotel. La verdad es que sonaba bien y todo. Tokio Hotel.
Si con el resto de canciones habíamos tenido una acogida brutal, con esta podíamos flipar de lo que estaba llegando a gustar. La gente no se la sabía porque era la primera vez que la oía, pero se notaba como intentaban entonar las partes del estribillo que les empezaban a sonar de haberlas repetido antes. Y esta vez, aun siendo una canción escrita por él mismo, se sentía libre de cantarla, de mostrarse. No como en Spring Nicht o en Rette mich, que se lo notaba muchísimo que estaba bastante intranquilo de lo que estaba haciendo.
Él se meneaba por todo el escenario, y como era pequeño tenía que evitarnos a nosotros, a los cables y a todo lo que hubiera por medio. Pero lo estaba haciendo de tal manera que parecía que había nacido para esto. Prácticamente bailaba y pedaleaba con los pies al ritmo de la música. Se le podía ver la expresión en la cara de que estaba sintiendo todas y cada una de las palabras que decía, y no sólo eso, hacía que las sintiera el resto del público.
Finalmente la canción acabó y con ello un aplauso ensordecedor que nos llenó de emoción a todos. Bill iba a empezar a despedirse pero enseguida oímos como todo el puñetero público estaba pidiendo un bis. Incluso algunos decían directamente “Durch den Monsun” entre gritos.
Nos miramos entre todos y no dudamos en volver a empezar de nuevo, donde esta vez, mucha más gente empezaba a tararear la música junto con Bill, incluso algunos ya podían cantar el estribillo a la perfección.
Bill tenía los ojos vidriosos y la cara roja como un tomate. Sabía que estaba empezando a emocionarse y eso me emocionaba a mí aún más. ¡Qué puñetera pasada, joder!
Cuando acabó la canción finalmente, me acerqué al moreno y le puse una mano en la espalda y le hice señas a Gustav para que bajara de la batería. Este se puso a mi lado y me cogió de la cintura. Georg repitió el gesto y se puso al lado de Bill. Los cuatro nos pusimos a hacer reverencias mientras el público nos aplaudía.
Nos empezamos a separar y el bajista fue el primero en abandonar el escenario, seguido muy próximo de Gustav, dejándonos a solas en el escenario. Pero no tardaron en volver, esta vez con dos taburetes y mi guitarra acústica.
Colocamos los taburetes en el centro del escenario y mientras Bill se acomodaba el micro yo me dedicaba a enchufar la guitarra a los amplificadores.
-Bueno, esta es una última sorpresa, algo bastante más cursi y como podéis ver, en acústico. Es una canción que compusimos una tarde, y bueno, la queríamos compartir con todos. – dijo Bill, sin atreverse a mirar a nadie más que al suelo, o de refilón a Ashley, simplemente buscándola, porque hacía un buen rato que había desaparecido de la primera fila.
Nos quedamos en silencio, y la luz de los focos pasó a ser tan tenue, que parecía que estaban apagados. Empecé con el punteo y lenta pero progresivamente volvimos estar iluminados, pero esta vez con un tono azul que era perfecto para la canción.
La verdad es que no sabía qué opiniones esperar de esta canción, pero no era algo que me acabara de preocupar porque mañana mismo se acababa el campamento, y no volvería a ver a nadie más de los que estaban ahí, más allá de los profesores, que bueno, ya eran mayorcitos para saber qué deben o no juzgar en una persona. Mierda tío, me siento como un gay reprimido que piensa que tiene todo el derecho del mundo a salir del armario porque estamos en pleno siglo XXI y la gente debería dejar de ser tan retrógrada. A ver, que en cierta medida es así, pero no soy gay, a mí me gusta Bill, punto.
Bueno Tom, suda de lo que estás pensando porque te harás la picha un lío con los acordes.
Ashley
¡Vaya mierda, justo mi madre me tenía que llamar en Durch den Monsun! Menos mal que han hecho un bis… Pero joder, ahora era imposible avanzar hasta donde estaba antes. ¿Cómo coño es posible que se hayan revolucionado tanto las muchachas? ¡Pero si conocen a Bill desde hace un montón! Vale que ya tenía un pequeño séquito de zorras, pero ¿y el otro resto? ¿Dónde ha quedado lo de Diva maricona? En fin, la hipocresía de las niñas pijas de papá y su puta madre.
El concierto se acababa y estaban tocando una canción en acústico que no había oído jamás. El punteo de la guitarra ya era increíble pero más lo fue cuando Bill empezó a cantar. Una oleada de sentimientos se apoderaron de mí, dejándome muda.
La letra sin duda hablaba de una conexión enorme entre dos personas. Si la canción era nueva, probablemente la letra era de Bill, ¿pero hacia quién iba? Para Dawn fijo que no… Igual iba hacia Georg, en plan muy buenos amigos que jamás se separarán. ¿No era una letra muy profunda para ser dirigida a Tom?
Pero claro, no sé que mierdas me estaba planteando, esa canción no podía ir para nadie más que para el de las rastas. Podías ver cada mirada que le dedicaba mientras sujetaba el micro gentilmente, dejando a la vista sus cuidadas uñas. Vaya cojones de hacerlo así, delante de todo el mundo.
Estaba empezando a dejar de pensar, y a escuchar la melodía simplemente, y a detenerme en todas y cada una de las palabras. Era una canción increíblemente bonita, y se me estaba erizando el bello de todo el cuerpo. Una parte de mí estaba chillando por dentro por no ser la protagonista de esas letras, pero por otro lado veía a Bill tan absorto en Tom, que sentía hasta vergüenza de estar mirando algo tan íntimo. Me gustaba que Bill fuera tan feliz, y que por primera vez en su vida, sí sienta realmente algo por alguien.
De pronto, algo me sacó de mis pensamientos.
-Perdón. – una chica, con una voz un tanto temblorosa, había pasado por mi lado, apartando abruptamente a todo el mundo, incluyéndome a mí. Miré con mucho desconcierto a la chica que ya estaba de espaldas a mí, huyendo de ahí, y tuve un mal presentimiento. La empecé a seguir instintivamente y podía ver como paseaba sus manos por su rostro. ¿Estaría llorando…?
De pronto, aceleró aún más el paso y pude verla de cuerpo completo, ya saliendo de la multitud. El color caramelo de su piel, era inconfundible incluso a la luz de la luna. Mierda, era Dawn.
No sé porqué, pero la volví a perseguir aún sabiendo que era ella. Aún sabiendo qué es lo que pasaba, aún sabiendo que la persona por la que estaba llorando, casi me había estado apunto de hacer llorar a mí hacía unos instantes.
Estaba acelerando el paso y a mí me estaba empezando a costar seguirle el ritmo con normalidad. ¿Pero porque corría? Tuve que apretar el paso yo también, ya que empezaba a ser cada vez más y más oscuro, y empezaba a difuminarse su figura.
De pronto escuché un golpe y la vi desplomarse en el suelo.
-¡Dawn!- grité sin pensar, abalanzándome sobre ella, y con la intención de ayudarle a levantarse. Cuando estuve a su altura esta se había incorporado con las piernas dobladas, y la cabeza enterrada entre los brazos cruzados, temblando tanto que parecía que se estuviera congelando en pleno Polo norte. Le puse un brazo en la espalda, con miedo de que me rechazara enseguida, pero esta continuó llorando, metida en su mundo. – Eh… Dawn, ¿te has hecho daño? – le dije, sentándome a su lado.
De pronto, desenterró la cabeza con lentitud, y el ceño fruncido. Me miró atentamente y luego, con la voz casi en un susurro ahogado dijo algo.
-¿Ashley…? – se intentó quitar un par de lágrimas de las mejillas de paso que intentaba limpiarse los ojos. Después de asegurarse de que era yo, volvió a intentar desaparecer del mundo, pero esta vez tapándose la cara con las manos. – Lo que me faltaba…
Ante ese comentario me quedé bastante en shock. ¿Qué coño…? ¿Y ahora porque me decía esto? Vale sí, yo era la zorra que llevaba rondando a su novio desde siempre, y la puta que se lo consiguió tirar cuando estaban aún juntos pero… ¿Tanto rencor?
Vale sí, me merezco su desprecio. No sé qué coño pretendía…
-Ya, oye… Es que te he visto salir corriendo del concierto, y no he podido evitarlo.
-¿No es evidente por lo que he salido de ahí? – dijo mostrando su cara de incredulidad, roja y empapada por las lágrimas. – ¿Y porqué coño me has seguido? – la última vez que hablé con ella también lloraba, y yo intentaba ser simpática, igual que ahora, pero esta vez, la morena parecía que me odiaba, y no era para menos.
-Pues, no lo sé la verdad… – me sinceré. Estaba claro que no tenía ni zorra de porqué me había ido en su “rescate”, por decirlo de alguna manera, aunque supongo que en el fondo, algo intuía…
Vi como se intentaba incorporar y yo me levanté enseguida para tenderle mi mano, y ayudarla. Primero me miró con algo de desdén, pero luego simplemente asintió y aceptó mi ayuda, no demasiado segura de lo que estaba haciendo. Se encaminó en el sentido opuesto al concierto, y empezó a caminar. Al principio cojeaba un poco, así que de nuevo me puse a seguirla por miedo a que le pasara otra vez algo, y pudiera sufrir una caída peor.
Me miró de refilón, y me preguntó con la mirada que qué hacía. Yo simplemente me encogí de hombros, y sonreí tristemente, intentando excusarme. Esta simplemente segó con la cabeza mientras que también se le escapaba una pequeña sonrisa. Era extraño, porque al mismo tiempo seguía secándose las lágrimas. Parecía un alma en pena. Y yo una especie de guardián.
Llegamos a la zona de los edificios donde estaban los tres del comedor, las habitaciones de los profesores, y un edificio que era exactamente igual que el del comedor exteriormente, pero que por dentro había canastas, porterías, y cosas para divertirse en el caso de que a fuera no se pudiera.
En el centro de los tres, había una explanada chiquitina, con un par de bancos, y las dos nos sentamos en uno de ellos. La verdad es que me sentía como una intrusa, y eso era raro.
Por primera vez, me fijé en el atuendo de Dawn. Ella llevaba una sudadera gris, bastante ancha, y unos vaqueros ceñidos que me sentdificio que ervaba una sudadera gris, bastante ancha, y unos de ellos. La verdad es que me sentdificio que erñidos medio rotos por las rodillas. Finalmente, unas zapatillas deportivas. Aún así, el pelo lo llevaba suelto y liso.
Estaba realmente rara, ya que normalmente iba siempre muy ajustada, con tops coloridos y faldas claritas. Era como una muñeca Barbie, pero hoy… Parecía que iba al gimnasio. Lo peor es que me estaba gustando mucho más así, que de costumbre.
-Hoy vas… diferente. – estuve buscando durante unos instantes, la palabra correcta, porque decirle algo así a una chica en ese estado, podía ser horrible. Incluso yo, que no soy demasiado femenina me lo podría tomar a mal.
Ésta dejó de fijarse en el cielo, o en la nada, y se miró los brazos, con una sonrisa cínica en el rostro. ¿Qué estaría pensando?
-Ya bueno, ya sabes las nuevas tendencias de Bill… – rió, con dureza. Después empezó a negar con la cabeza y sacó un paquete de tabaco del bolsillo central del pantalón. ¿Desde cuando fumaba? – Ríete si quieres.
-¿Cómo? ¿Te has vestido así por Bill? – dije, incrédula. Esta me ofreció un cigarro y no dudé en coger uno. De pronto, la llama del mechero me hipnotizó, ya que era lo único que brillaba sin contar el concierto de fondo, que ahora sólo tenía un par de CD’s puestos, mientras el resto bailaba tranquilamente. El sonido de fondo era medianamente lejano, pero si parábamos atención aún podíamos reconocer las canciones que estaban sonando.
-Sí tía, no sé… Soy gilipollas. – dijo pegándole una calada intensa al cigarro. Esta vez, la punta quemándose de este, brillaba para nosotras dándole un poco de encanto rojizo, entre todo este azul tan frío. Y mierda, empezaba a refrescar cada vez más. Miré un momento al cielo, y las estrellas que antes se veían increíbles sobre nosotros, ahora estaban tapadas por nubes. Vaya, parece que va llover.
-Dawn, yo… Lo siento mucho. – ese vómito de palabras me salió sin siquiera pensarlo. Hubo un silencio donde pude identificar un sonido leve, como de suspiro que provenía de ella. Supo enseguida porqué le estaba pidiendo perdón, aunque yo sabía que no iba a servir de nada.
-Era Bill el que me tenía que dar esas disculpas. – dijo secamente. – tú no me debías nada, a quien deberías pedir perdón es a ti misma, por permitirte tirarte a alguien que ya estaba ocupado.
-Yo lo vi antes… – dije, como quien no quiere la cosa. No pudimos evitar reírnos las dos, y las cosas se calmaron un poco.
-Yo creo que Bill es demasiado poco convencional como para tener una relación estándar, por eso veo que le va el rollo alumno-profesor… – dijo, mientras señalaba a la masa de gente lejana.
-Y que lo digas. Tendría que haberme metido a magisterio o algo. – mencioné, entre risas. De pronto me puse muy seria. – Quiero que sepas, que no lo pude evitar. Se me pasó mil veces por la cabeza pararlo, pero… Yo no sabía si eso podría repetirse en un futuro. Y bueno, no hace falta ser un genio para darse cuenta que estaba muy pillada de Bill…
-De verdad, déjalo. No quiero volver a oír hablar del tema. – su voz sonaba cansada, abatida, como si llevara un peso encima, enorme. Y no era para menos, la verdad. – Ya que insistes en quedarte… Háblame de Georg. Ese es otro que se le veía años luz que estaba loco por ti. ¿Qué le pasa? ¿Porqué no te gusta? Yo creo que es un chico muy atractivo. Y no lo digo por decir.
La verdad es que la pregunta me vino tan de sopetón, que me quedé muda en un instante. Cogí aire mientras aprovechaba el tiempo para pensar y sólo se me ocurrió lo obvio y más fácil.
-Porque nunca me ha llamado la atención. – dije, sin más. – Mentira, hubo una época en la que me enfadé mucho con Bill y Georg estuvo a mi lado y pensé que me había enamorado, pero en cuanto volvió Bill a estar bien conmigo, se me pasó. Lo quiero mucho y eso, y siempre querré que esté a mi lado, pero realmente, jamás lo he visto como nada más. Aquello fue una manera de defenderme de mi tristeza por Bill o algo así. Una distracción. Me gusta su manera de ser, pero no tiene las cualidades para estar conmigo, por decirlo de alguna manera. Sí que igual podría tirármelo y eso, pero, me sabría mal hacerlo si él me quiere y yo no se lo devuelvo. – un pinchazo me atravesó el corazón, porque yo misma había vivido esa experiencia.
-Uh… Yo también he oído ese “crack” de ahí dentro…- y con la mano que sujetaba el cigarro, me dio dos golpecitos con los dedos, justo en el centro del pecho, tirando hacia el corazón. No pude más que soltar aire, entre una risa forzada.
-Ya bueno… De todas maneras, Georg es demasiado macho para mi gusto. – un aire helado, me dejó la piel de gallina, que aún estando debajo de una chaqueta, se estremecía del frío. Jooder…
-¿Demasiado macho…? – dijo riéndose. Después de eso, incluso llegó a sacar una gran carcajada, que hizo que yo misma me riera de ello. – ¿Qué diablos quieres decir con eso? – dijo, entre suspiros finales. Si tú supieras…
-Yo que sé.
De pronto, mi respuesta casi se quedó ensordecida o más bien tapada por el ruido de un trueno escandalosamente sonoro. ¡Coño! No nos dio tiempo casi ni a chillar del susto que empezaron a caer gotarrones alrededor nuestro. Nos levantamos enseguida del banco y fuimos corriendo al edificio más cercano. Justo era el edificio de las habitaciones de los profesores. Dawn sacó las llaves enseguida, y abrió la puerta con rapidez. Aquella acción no había durado ni un minuto y ya estábamos empapadas de arriba abajo. ¡Qué locura de lluvia! ¡Eran gotas enormes y parecía prácticamente una ducha a presión o algo así!
Nos metimos dentro y cuando estábamos apunto de volver a cerrar oímos un ruido muy fuerte de fuera. Pero esta vez no fue momentáneo como el trueno de antes, para nada. Era causado por los golpes del granizo chocando contra el suelo.
-Me cago en la puta… – dijimos, casi al unísono, mirando a todas partes del exterior. El repiqueteo del granizo contra el suelo, era realmente alarmante. Se salíamos fuera, seguro que de los golpes nos quedábamos tontas.
-Dios, yo debería ayudar a todos los alumnos, – Dawn no se lo pensó ni un segundo y salió a fuera. Puse cara de pánico y alargué el brazo tanto y tan rápido, que la pillé al vuelo. – AAAAAHHH – no supe si era por el dolor la lluvia o porque la había pillado desprevenida.
-¿Estás tonta? Tranquilízate. – le señalé el edificio del comedor, con bastante gente en la puerta. – mira, ya se están encargando, será mejor que nos esperemos a que cese la lluvia o vas a resultar herida por intentar hacerte la heroína.
Por si fuera poco, el aire empezaba a soplar en nuestra dirección y el agua estaba entrando dentro del edificio. Las dos nos apresuramos a cerrar con fuerza y a consecuencia dimos un gran portazo. Nos apoyamos, contra la puerta y cuando nos cercioramos de que estaba bien cerrada fue cuando nos separamos.
-Joder, qué frío que está haciendo… – dije, frotándome los brazos, intentando darme calor a mi misma. A su vez, Dawn estaba haciendo lo mismo mientras que pensaba en algo.
-Oye, vayamos a la sala de profesores, ahí creo que hay mantas y un par de sofás. – la miré sorprendida. La sala de profesores siempre me había parecido ese lugar prohibido al que nunca un alumno podría poner los pies, y que por lo menos debían de tener ahí dentro miles de cosas importantes. Cierto es, que la sala del campamento no tendría nada que ver con la de la universidad por ejemplo, donde igual están todos los archivos de exámenes y cosas así. Qué privilegio, madre mía.
Me dediqué a seguirla, y no pude evitar bajar la mirada a su culo, que aunque estuviera medio tapado por la sudadera, se podía ver como se contoneaba a cada paso que daba. Madre mía. Llegó a la puerta y la abrió, quedándose ella fuera, y haciendo señales para que yo pasara primero. Le sonreí ampliamente y seguí sus instrucciones. Cerró detrás de mí e intentó abrir una luz, pero parecía que se había ido en todo el edificio.
-Mierda… Yo quería prepararme un café caliente… – maldijo en voz alta. Miré a mi alrededor y efectivamente encontré un rincón con una mesa grande empotrada en la pared, una nevera pequeña, y una cafetera enorme.
-Joder, qué bien lo tenéis montado. – dije mientras me apoderaba de la mitad del sofá. Busqué a Dawn al no obtener respuesta y la vi rebuscando en vete tú a saber qué armarios que había por todas partes. Abría puertas y las cerraba por doquier.
-Diablos, no encuentro las puñeteras mantas. – portazo tras portazo, avanzaba entre los armarios.
-¿Te ayudo? – dije, poniéndome en pie sin pensar. La vi asentir y me puse a mirar dentro de un armario chiquitín que había justo a mi lado. Tuve una gran sorpresa cuando al abrirlo, me encontré con algo que no creería ver. – Oh dios mío. Dawn, si no encuentras mantas, no habrá demasiado problema con el substitutivo que he encontrado… – dije, cogiendo un par de botellas de dentro del armario – ¡Tequila! – dije, con una sonrisa pintada en la cara.
Dawn me miró muy parada y sorprendida, y después se rió.
-Hostias, creo que me dijeron que esas son botellas confiscadas de los menores. – dijo, acercándose a mi y cogiendo una de ellas. La inspeccionó a fondo y luego se frotó la frente. – La verdad es que me vendría de putisima madre un trago ahora…
Nada más oír eso fui en busca de un par de vasos pero no fui capaz de encontrar más que tazas de café.
-¿A morro? Es que no encuentro vasos normales, y mucho menos de chupitos.
-Vale pero espera, vamos a mi habitación. Si entran los profesores igual me cae una bronca del siglo. En mi habitación te puedes esconder junto con la botella dentro del baño. Yo fingiré que no me encontraba bien o algo… – casi hablaba sola mientras salía de ahí con la botella de Tequila prácticamente entera, en la mano.
Vale Ash, analiza la situación. Te estás yendo con la ex de Bill, la profesora buenorra de historia, con una botella de alcohol que os beberéis a palo seco, y a su habitación… ¡FLIPA! Aunque lo de “la ex de Bill” es lo que me tira más para atrás, pero… Él me ha dado el consentimiento, ¿no?
Subimos un piso hacia arriba y nos encontramos con un largo corredor de puertas blancas, y justo al final a la derecha Dawn encontró su cuarto y lo abrió con llaves. De nuevo, me dejó pasar a mi primero y cerró la puerta tras de nosotras.
La habitación era muy normal, había un armario, una cama, y aunque había poca luz, se intuía un televisor.
-Joder, os ponen tele y todo. ¡Ya lo creo que debí de haber estudiado magisterio!
Dawn se metió dentro del baño y de ahí sacó un vaso, que parece que quería usar como cenicero. Después se sentó en el borde de la cama de costado, y se apoyó en la pared, dejando una pierna doblada encima del colchón, y la otra colgando casi tocando el suelo.
Yo me senté lo más próxima a ella, de indio, en el otro lado de la cama.
La vi encenderse un cigarro y pedirme que abriera la botella mientras tenía el mechero en la mano.
-Oye, esto no puede salir de aquí. Si se enteran de que me he puesto a beber a escondidas con una alumna… Me cortan en rodajas. – dijo, riéndose y mostrándome una hilera de preciosos y bonitos dientes blancos como perlas.
-Soy una tumba. – y le pegué un trago rápido al tequila, para ir abriendo el paladar. – BBBBBRRRR – dije, sacudiendo mucho la cabeza. – Uh, quema un poco. – le tendí la botella y ella me pasó el cigarrillo. Maaadre mía como se estaba poniendo la cosa.
Bill
La situación el comedor estaba mejorando. Llevábamos casi media hora y fuera la cosa no parecía que apaciguara ni un poco así que Algunos profesores estaban asignando a algunos de los alumnos mayores, como yo, para que entretuviéramos a los niños con linternas, apartando las mesas y haciendo círculos en el suelo mientras contábamos historias.
Mientras, los profesores salían con paraguas a intentar rescatar todos los equipos técnicos de fuera, que se ve que eran muy caros y con la pedrada se iban a destrozar.
Anna estaba en mi regazo, Tom me la había encasquetado específicamente porque sabía que sólo yo podía pasarme por un sustituto de él, y la pobre niña estaba entrando en pánico, así que la tenía sentada entre mis piernas, con la espalda apoyada en mi pecho, mientras intentaba distraer el resto de chicos.
Les expliqué situaciones graciosas de mi vida pero cada vez que oía la puerta de entrada, deseaba que fuera Tom diciendo que no tenían que volver a salir. No es que me preocupara de que le pasara algo malo porque no podía pasarle nada, pero simplemente quería tenerlo cerca de mí, donde yo pudiera saber como estaba.
-Oye, hoy has estado increíble, tío. – una voz grabe se puso a mi lado, y yo me sobresalté. Me giré de sopetón y pude ver que era Georg el que se había acomodado en el suelo. Me hubiera gustado verme la cara porque imagino que habría estado entre incredulidad y mucho amor contenido que no sabía como liberar sin volver a agobiarlo. – La verdad es que imaginaba que te quedarías mudo en el escenario y que Tom o yo te hubiéramos tenido que rescatar cantando nosotros en vez de tú.
-Ya lo creo, ya. Yo pensaba lo mismo, pero toda la charla de antes sobre un reconocimiento mundial, y toda esa mierda del famoseo, me ha dado el empujón para mostrarme un poco. Ya me conoces, que soy bastante… ¿Social? – esa no era la palabra, pero él ya sabía que me molaban ese tipo de estilo de vida.
-No si ya, no hace falta que lo jures. – De pronto se volvió a abrir la puerta y miré como entraban completamente empapados Tom y su padre, les seguían Erika y Erik pero en cuanto dejaron un par de cosas dentro de la cocina, salieron disparados de nuevo hacia fuera. Se me debió de notar el nerviosismo porque Georg enseguida intentó sacarme el único tema que me hacía no pensar en Tom… Hablar de Tom. – ¿Cómo lo lleváis? Bueno em… Esta conversación es rara pero… Ya me entiendes… – me dio un par de codazos entre las costillas que de qué poco no le daba a la niña, y me guiñó un ojo un par de veces.
Me puse rojo como un tomate y miré a ver si los niños seguían absortos en una tertulia que se habían creado ellos solos, hablando de cosas sin sentidos unos con ellos. Perfecto, parecen prácticamente abducidos, no se enteraran de nada.
-Sí, tío. – dije, mordiéndome el labio. – El domingo por la noche. – especifiqué.
-Joder, de puta madre. – sabía que Georg intentaba seguir preguntando, pero estaba demasiado cohibido con el tema.
-Sí, yo soy el de abajo… – primero me miró con cara rara.
-¿El de abaj…? Aaahhh.. AAAHHH… Aaaaaaaammmm… – dijo, asintiendo lento y profundamente. Me estaba partiendo el culo de verlo. Se estaba poniendo rojo.
-Y me lo imaginaba peor, la verdad. – solté, como si fuera un comentario de “¿Y qué conclusión sacamos de todo esto?”, pues he ahí la respuesta.
-¿Y sólo el domingo o…?
-La verdad es que he perdido la cuenta. – dije, sinceramente. Georg esbozó una gran sonrisa y me estrujó fuertemente con un brazo.
-Serás mamon… – bien bien, poco a poco iba recuperando a mi mejor amigo, y no había cosa en el mundo que me emocionara más. Creo que hablando con él ya casi ni oía la puerta abrirse y cerrarse, casi ni me fijaba en si Tom volvía para quedarse hasta que amainara la tormenta.
Continúa…